AITOR GABILONDO: DE CARNICERO EN DONOSTIA A REPUTADO “SHOWRUNNER”

27 febrero, 2018

Foto_Aitor Gabilondo

Texto: Nico Romero

Algunos de los últimos éxitos de audiencia han pasado por sus teclas. Hoy Aitor Gabilondo nos habla de su carrera, desde “El príncipe” y “Allí abajo” hasta las futuras “Vivir sin permiso” y “Patria”. En esta primera parte de la entrevista, charlamos sobre sus comienzos en este mundo y sobre su etapa en “Plano a plano”, que se cierra ahora con la emisión en Telecinco de “La verdad”.

INICIOS

¿Cuándo y por qué decidiste que te gustaba contar historias?

Tuve una infancia un tanto limitada debido a problemas de salud y eso generó en mí una gran ansia de aventura. Como era imposible llevar una vida aventurera, que era en realidad lo que yo deseaba, me tuve que conformar con imaginármelas y después empecé a escribirlas. Pero nunca pensé en convertirme en escritor. Había terminado Formación Profesional Agropecuaria y trabajaba en la carnicería de mis padres cuando un día, de pura casualidad, el guardavinos del mercado municipal (que es como llamábamos allí al guarda jurado) me pasó un tríptico donde se anunciaba un curso de cine y me lancé. Era el año 94 y desde entonces vivo de escribir. Empecé sin tan siquiera saber lo que era una productora y ahora tengo una.

¿Quién te dio tu primera oportunidad?

Michel Gaztambide. Impartía guion en aquel curso y fue la primera persona que confió en mí y quien me abrió las puertas del mundo laboral. También me ayudó Paco Pino, director de casting, que lamentablemente falleció muy joven. Y Laura Belloso, que por aquel entonces trabajaba en Videomedia y me puso en contacto con la productora, donde empecé a escribir sketches para un programa. ¡Qué tiempos! Los mandaba desde el fax de la caja de ahorros de un pequeño pueblo al que me fui a vivir.

El sector ha cambiado mucho desde entonces ¿Qué consejo le darías a un guionista que esté empezando ahora?

Si lo que quiere es escribir, el consejo es sencillo: que escriba. Si lo que quiere es vivir de escribir, entonces le diría alguna cosa más. La primera que se desprenda cuanto antes de su complejo de genio, que deje de ver tantas series, que salga de su cuarto y se abra al mundo y escriba lo que ve y de la manera en la que lo ve. Lo segundo que le diría es que proteja su sensibilidad con uñas y dientes, ya que el combate diario por la supervivencia laboral nos embrutece a todos. También le diría que no se mida con los demás, que tenga paciencia y que siga siendo él o ella misma siempre, sin interrupción.

¿Y a un guionista que quiere ser “showrunner”?

Es difícil responder a eso. Los guionistas vamos adquiriendo mayor peso específico en la industria. Hemos dejado de ser considerados poco menos que secretarias bien pagadas y eso es positivo y justo. Pero eso no capacita automáticamente a todos los guionistas para ser “showrunner” ni anula otros modelos de productores ejecutivos, que han existido y siguen existiendo y que son igual de válidos. El consejo que le daría es que se lo piense bien. Porque más allá de la palabreja, ser “showrunner” no es tener la última palabra sobre el guion o elegir el casting o a los directores… ser “showrunner” o productor ejecutivo es ser el responsable de todo, estar expuesto a que te partan la cara, a perder dinero, a fracasar y a no tener a nadie más arriba a quien echar la culpa. Y hace falta también la determinación para creer en tu proyecto durante mucho tiempo, porque el tiempo y las dificultades van debilitando tus fuerzas y tú mismo puedes ir perdiendo la fe y cansándote.

¿Cuál ha sido tu mayor batalla contra el tiempo?

Las mayores guerras que he librado, las he perdido. Historias que no se llegaron a hacer. Tardé diez o doce años en conseguir que una cadena se interesara por un proyecto mío. Alea Media es mi tercera empresa. La primera la hice con otros cuatro guionistas (Ignacio del Moral, Verónica Fernández, Joan Barbero y Xabi Puerta) y era la habitual empresa de contenidos, pero sin terminar de dar el paso de convertirnos en productores de verdad, de los que se juegan el dinero. Fuimos inmediatamente absorbidos por el grupo Zeta e hicimos tres series: “El síndrome de Ulises”, “Cazadores de hombres” y “El porvenir es largo”. Luego lo dejé. Estuve haciendo otras series hasta que apareció César Benítez, para el que había trabajado en “El Comisario”, pero al que no conocía personalmente.

Foto4_Airtor Gabilondo

PLANO A PLANO

Y fundasteis “Plano a plano”

La productora la fundó César. Yo me incorporé dos años después, en 2010. En una comida le conté que estaba pensando en crear mi propia productora y él tuvo la generosidad de ofrecerme que nos asociáramos. Fue una alianza de intereses. Yo quería llegar y él quería volver. Yo aportaba juventud, ideas y fuerza. Él experiencia, contactos y financiación. Los primeros años fueron durísimos, ya que no había manera de colocar ningún proyecto, pero eso nos unió mucho personalmente, y a ninguno de los dos se nos pasó por la cabeza abandonar. Resistimos y fuimos recompensados con el éxito.

¿Y cómo fue el proceso para llegar a crear un éxito de audiencia como “El príncipe”

César y yo compartíamos el pasado en “El Comisario”, así que, con ese “background” lo lógico era empezar esta nueva etapa con una serie policiaca. Rescaté de mi cajón un guion que había escrito hacía años y que no había conseguido vender (en el que, por cierto, ya existían los personajes de Morey y Fran) y al mismo tiempo leí una noticia sobre el barrio del Príncipe. Uní las dos cosas y escribí el piloto. Todas las cadenas lo rechazaron. Pero no cejamos hasta lograr que Vasile se lo leyera. Nos pidió que le diéramos mayor peso a la historia de amor de los protagonistas y lo demás ya es historia… fue un proceso de dos años y pico muy duro, donde hice la mili como productor.

Y tras el éxito os embarcásteis en otro éxito…

Sí, en “Allí Abajo”. Yo llevaba tiempo dando la murga con el tema de que la comedia que gusta en el norte de España no gusta en el sur y viceversa. Decía que había una especie de muro de cristal a la altura de Madrid.

Un muro que las risas no pueden traspasar.

Exacto. Y le dije a César: “Tenemos que hacer una comedia que una el norte y el sur, que guste en todas partes ¿Y si llevamos un personaje del norte al sur o viceversa? ¿Qué pasará? ¿Se reirán todos?”. César me recordó que se había hecho una película en Francia, “Bienvenidos al norte”, que era un poco eso, y yo pensé que Oscar Terol, por su experiencia en “Vaya Semanita”, era la persona ideal para el proyecto. Le llamamos e hicimos un primer guion. En Telecinco no lo quisieron, en Antena 3 no se decidían y la cosa se quedó ahí. Pero entonces llegó el tsunami de “8 apellidos vascos” y ahí sí, los de Antena 3 no dejaron pasar la oportunidad. Se sumaron entonces Marta Sánchez y Olatz Arroyo como guionistas. Le dimos otra vuelta más a la serie, se estrenó y fue un éxito.

¿Participaste en el proceso creativo de “El caso”?

Siempre participo, aunque ahí principalmente fui productor ejecutivo. Es un proyecto de Fernando Guillén-Cuervo que nos llegó de TVE. Fernando López Puig nos dijo que llevaban tiempo queriendo producirla, así que nos lanzamos. Pese a que no funcionó de audiencia, me siento muy orgulloso de haber participado. Creo que era una buena serie.

 

LA VERDAD

Telecinco estrena ahora “La verdad”. Háblame un poco de cómo surgió la idea para esta serie…

Después del éxito de “El Príncipe” buscábamos un nuevo proyecto para Telecinco. Yo había leído varias historias de desaparecidos y me había impresionado mucho la de aquella austriaca, Natascha Kampusch. También había leído la historia de una chica de León, Naika Méndez, que había vuelto a su casa once años después de haber desaparecido y que entró en su casa como si nada. Los padres no le querían preguntar para no ofenderla. Nunca explicó dónde había estado todo ese tiempo. Por esas fechas vi además un documental que se llamaba “El Impostor”, que cuenta la historia de un francés que había suplantado la identidad de un desaparecido norteamericano. Con todo eso en la cabeza fue con lo que empecé a escribir “La Verdad”.

¿Cuál fue la mayor dificultad que encontraste al escribir esta serie?

“La verdad” fue difícil de escribir. Estaba obsesionado con despegarme lo más posible de “El Príncipe”, que era una serie de sentimientos primarios, de emociones muy a flor de piel (celos, amor, odio…). Con “La Verdad” quería hacer algo más sofisticado, con personajes más retorcidos, una historia más norteña. Me apetecía indagar por ahí. Virginia Yagüe me miraba como si fuera un psicópata, jaja.

¿Es más turbia que la futura “Vivir sin permiso”?

Sí, yo creo que sí. Porque “Vivir sin permiso” es básicamente una saga familiar con sentimientos y relaciones muy reconocibles. En “La Verdad” todo es mucho más turbio. Todos los personajes ocultan sus verdaderos sentimientos. La escritura de “La Verdad” coincidió además con el anuncio de la llegada de las nuevas plataformas, que no sabíamos muy bien qué iban a hacer pero que teníamos la intuición de que buscaban historias más sofisticadas, alejadas de nuestros parámetros habituales (luego la cosa no ha sido tan así, pero eso era lo que creíamos entonces) y pienso que eso me contaminó.

¿Por qué decidiste salir de “Plano a plano”?

“Plano a Plano” fue una aventura apasionante, pero la pasión nunca es eterna. Tras los éxitos de “El Príncipe” y “Allí Abajo”, la productora entró en una nueva etapa, más acorde a los intereses y necesidades de César que a los míos. Vi claro que mi etapa allí había terminado y me marché. “Plano” sigue viento en popa y yo, por mi parte, estoy muy feliz en Alea Media, así que todos contentos.

Todo el contenido sobre “La verdad” y Aitor Gabilondo en Escribir en serie


ENTREVISTA CON IVÁN ALEDO, MONTADOR DE “EL PRÍNCIPE”

6 febrero, 2014

por Carlos López

El principe

La primera vez que visité una sala de montaje pensé que montadores y guionistas éramos individuos de la misma especie. Vi que el montador hacía doble clic sobre la carpeta de su escritorio con el título de la película y que dentro guardaba diferentes versiones, croquis, escenas aún a medio camino… Sí, vale, su ordenador tenía una pantalla más grande que la mía, y él tenía dos pantallas más que yo, pero viéndolo allí sentado, solo, contra la pared, tecleando y moviendo el ratón, me pareció que el rodaje era un mero trámite, que alguna vez el guionista enviaría su carpeta directamente al montador, de escritorio a escritorio. No es cierto, ni mucho menos, el rodaje es donde realmente se pone en pie la historia, donde se la pone a prueba, aunque si uno ve los vídeos del making of de Gravity no sabría si llamarle a eso rodaje.

El montador es un narrador, tiene la cabeza amueblada por el mismo interiorista. La única diferencia –y es una diferencia que lo cambia todo– es que el montador trabaja con los ingredientes contados y el guionista puede cocinar con todo lo que se imagine, incluso lo inimaginable. Los montadores, claro, sólo trabajan con el material ya rodado, pero saben interpretarlo con otra luz, descubren dobles fondos a la historia a base de descodificar las imágenes que le van llegando día a día del set. Ese es su único rumbo: no lo que estaba previsto, no lo que costó rodarlo, sino qué trasmite, qué cuenta. Y qué puede contar si lo cambias de sitio. Y a veces te quitan de un plumazo bloques enteros, o los cambian de lugar, o alteran el orden de los diálogos de una escena. Y uno alucina. Porque cambia todo el sentido, sí, pero de alguna manera ya estaba ahí.

Por eso un guionista siempre aprende cuando habla con un montador, y seguro que a éste le sucede lo mismo cuando trata con guionistas. A Iván Aledo lo conocía hace ya unos años, de la mano del director Jesús Mora. Creo que recuerdo cada vez que le he visto trabajar: porque no han sido muchas y porque cada vez aprendí algo. A veces deja caer una opinión sobre la historia en la que está trabajando, y aunque suele ser una idea de hondo calado, en absoluto improvisada, Iván la deja caer achinando los ojos, como si cometiera una travesura. Iván Aledo es grande, y es uno de los grandes. Ha montado películas de Berlanga, de Médem, de Piñeyro, de Martínez Lázaro. Y ahora está terminando de montar la serie El Príncipe, que esta semana ha estrenado Telecinco (y puedes ver online aquí).

Tengo que decir que para mí ha sido un privilegio trabajar en el equipo de guión de la serie. La compañía no puede ser más talentosa (Aitor Gabilondo como creador y Verónica Fernández, Joan Barbero y Susana Sánchez Carvajal firmando guiones) y el proyecto tiene una envergadura de vértigo. El parto ha sido complicado, cómo no, es una serie cara y la emite un canal privado que necesita amortizarla con un elevado dato de audiencia, así que para llegar a puerto hay que atravesar muchas tormentas. Además, es una serie cuyas tramas van acumulando sorpresas capítulo tras capítulo, de manera que a la vuelta de los cuatro primeros el material es nitroglicerina para el guionista: agítese con precaución.

El trabajo en una serie de televisión es también peculiar para un montador, por el ritmo agotador que se le impone y porque va descubriendo la evolución de los personajes a medida que le llegan a la mesa de edición. Junto a Iván Aledo, en la edición de El Príncipe ha estado Javier Laffaille, además de Enrique DomínguezLouis Trouillet como ayudantes y Rafa Medrano como coordinador de postproducción. Me he permitido robarle un tiempo que no tiene a Iván Aledo para que respondiese a estas preguntas para vosotros. Como era de esperar, os regala generosamente algunas perlas para conservar. Muchas gracias, Iván.

¿Cuál es tu relación con el guión a lo largo de tu trabajo en una película? ¿Sigues todo el proceso, las diferentes versiones? ¿Montas siguiendo el guión, con él delante?

Normalmente me llega el guión de la penúltima versión antes de rodaje y casi empiezo a leer el guión cuando comienza el rodaje no suelo ver ni seguir el proceso hasta llegar ahí, mi visión de el guión es pues la del verbo casi hecho carne.

Cuando trabajas en una serie de televisión, ¿tienes información de lo que va a suceder en la temporada o vas conociendo la serie según te llegan los guiones? ¿No temes desvelar algo o no subrayar algo necesario?

No tengo una información detallada ni oficial de ese tipo de cosas, pero tengo mis “confidentes”, los directores , algún director de producción al que tengo cerca, por no decir encima, a diario. Me gusta que me informen así . . “ creemos que Fran no va a ser tan malo, que tiene su corazoncito, ya verás más adelante”. De alguna manera disfruto manteniendo la misma “inocencia” del espectador. En el fondo mi trabajo consiste en ser uno de los primeros espectadores de la serie.

Hay guionistas que prefieren seguir la trama y guionistas más proclives a seguir al personaje. ¿Cómo sigue un montador al personaje?

Mirándole a los ojos, siempre.

Por regla general, los guiones de televisión tienen mucho más diálogo que en cine. ¿Buscas el silencio o es algo prohibido en televisión?

Los guiones en estas series mandan tanto… Apenas se ruedan silencios, y apenas se montan. Los silencios trato de construirlos al montar planos del que escucha en lugar del que habla, de lo que se ve en lugar del que mira. En esos momentos, como espectador que soy , aprovecho para “distraerme” y pensar en lo que está pasando por encima de lo que se está diciendo. Confío en que los espectadores de verdad hagan algo parecido.

Cuando hablamos no decimos exactamente lo que pensamos ni mucho menos lo que sentimos, en la ficción pasa un poco lo mismo y como en la vida es cuando estamos callados, pensando para nosotros mismos, cuando expresamos casi todo.

Que no salga de aquí pero tengo una hermosa colección de silencios que no monto, que confecciono en mis ratos libres, pocos.

¿Visitas los rodajes, los decorados… o prefieres mantenerte al margen para no contaminar la mirada?

La frecuencia de mis visitas depende de la calidad del catering. Va, fuera de bromas, me encantan los rodajes, no sé cómo hay gente que dice que le parecen aburridos, pero prefiero no ir a los “míos”, no pinto nada allí, no tengo nada que hacer y al rato me pongo muy nervioso. No me hace falta para nada, es incuso mejor para tener la mirada del espectador, la credibilidad de los espacios y de los personajes.

Como ocurre en El Príncipe, cada vez es más frecuente el uso generalizado de fondos digitales. ¿En qué medida complica eso el montaje, y no sólo la técnica, sino también narrativamente?

Bueno, nos vamos acostumbrando. Se rueda y se monta con una idea bastante precisa de cómo van a ser esos fondos, los actores también suelen tener esa información en el momento de rodar y … bueno, no deja de ser una de tantas “mentiras” que usamos en el cine necesarias para contar una verdad.

Como relatos audiovisuales, ¿cuál te parece la diferencia fundamental entre el lenguaje de televisión y de cine?

Quiero creer que no hay ninguna, quiero creer que no hay ninguna, quiero creer que no hay ninguna . . . A ver si así repitiéndolo consigo que sea verdad…

Y que no me cueste un disgusto.

Lo que sí es muy distinto es el lenguaje no tanto de cada secuencia si no el de una narración de más de quince horas, ojalá se conviertan en sesenta, que la mayor parte de los espectadores ve por entregas. Eso sí es diferente, y apasionante de verdad, también en el montaje.

¿Cree que un guionista debe escribir pensando en el montaje (sugerir aperturas de secuencia, precisar cortes, o saltos en medio de una escena…)?

Cuando escribís ya estáis montando, se nota que contáis con ello y me encanta. Cada vez está mas asumido lo que es el montaje en la narración audiovisual y como interactuamos entre nosotros…De alguna manera estamos muy unidos, no sólo por ser “los olvidados” si no por que creo que guión y en cierta medida montaje somos el “alma” de la película. El problema no es sólo que el alma no se vea, si no que incluso se duda de su existencia.

Has leído muchos guiones en tu profesión. Supongo que de estilos muy diferentes. Háblame de esos estilos que te encuentras y de cuáles son tus preferencias.

Thelma Rittwagen decía que había dos clases de guiones, los guiones rimmel y los guiones tornillo, haciendo referencia, creo, a los guiones más literarios o a los más prácticos. A mí me suelen gustar más leer y trabajar con los primeros y más aún con los que tienen “alma”, mucha, los que no hay quien entienda, los imposibles de rodar. Lo malo es que claro, que casi nunca se ruedan.

Yo he tenido la inmensa suerte de estar en unos cuantos de estos, que se han rodado, y de los que han salido magníficas películas, de esas que te hacen entrar en ciertos bares con la cabeza bien alta. Otro día hablamos de ellos, si quieres.

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