PERIS ROMANO: “AHORA MISMO HAY TEXTOS EN TEATRO QUE PODRÍAN SER PELÍCULAS CON MUCHO PÚBLICO POTENCIAL”

15 octubre, 2015

Entrevista: Alberto Pérez Castaños. 

Fotos: Nacho Méndez.

Peluquería y maquillaje: María Manuela Cruz

Estilismo: García Madrid

Pocas comedias en el circuito teatral de Madrid pueden presumir de lo mismo que ‘Los miércoles no existen’: cinco temporadas de éxito –con la quinta recién estrenada– y una adaptación a cine a punto de ver la luz. El artífice de todo esto es Peris Romano. Tras debutar como director de largos junto a Rodrigo Sorogoyen con ‘8 citas’ en el año 2008, rodar unos cuantos cortometrajes (‘Trío’, ‘El efecto Rubik’, ‘Llámame Parker’…) y dirigir televisión, Peris se pasó al teatro con la comedia generacional-musical ‘Los miércoles no existen’. Y no le fue nada mal.

Gracias a ese éxito, mañana, 16 de octubre, se estrena la versión cinematográfica, para la que Peris se ha rodeado de caras conocidas a las que ha hecho bailar y cantar: Gorka Otxoa, Inma Cuesta, Eduardo Noriega, María León, Alexandra Jiménez… Un reparto de lujo para una película que tiene todos los ingredientes para convertirse, al igual que su hermana teatral, en todo un éxito.

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Vestuario: García Madrid.

‘Los miércoles no existen’ ha estado dos años cosechando éxitos en varios teatros de Madrid, ¿en qué momento te ofrecen hacer una adaptación cinematográfica?

La obra, en un principio, nació como guión de película, pero cuando ya lo tengo terminado y me pongo a moverlo por productoras, tanteo un poco y nadie está en disposición de producir: acaba de llegar la crisis de golpe, empieza a haber mucho miedo en el sector y, en lugar de quemarlo llevándolo de productora en productora para que me digan que no, como el teatro alternativo estaba en auge, lo monté e intenté hacer la peli que yo quería pero a pie de público. Así, en vez de que haya productores que se lean el guión, les llamo para que vengan a ver la función. Tenía seis semanas, que era el plazo inicial con el que empezó la obra, porque era mi primera experiencia en el teatro y no tenía ni idea de cómo podía salir el experimento, pero salió bien y las seis semanas se convirtieron en trece, las trece en un cambio de teatro y otros cuatro meses y así hemos ido empalmando hasta llevar dos años. Pero siempre nació como peli. Por eso, cuando empezamos a arrancar la tercera temporada recibo varias ofertas y me decanté por la que más se acercaba a la idea de película que quería hacer.

Vamos, que tenías razón desde el principio: ese guión que nadie se atrevía a producir era una película y tenía que hacerse…

No es cuestión de razón. Yo creo que cuando nos lanzamos a hacer un proyecto personal nos mueven muchas razones, dependiendo del momento en el que vivamos. Una, la principal, es cómo puedo generar mis ingresos. Mucha gente lo piensa diciendo: “lo hago con dos-tres actores, escribo y dirijo, hago también las luces…”, pero yo lo pensé en grande, esa fue la diferencia. Pensarlo así, de una manera más ambiciosa, con dos repartos a la vez, dos direcciones totalmente distintas buscando en una algo más tipo cine independiente y en otra más comedia comercial, me permitió ir probándolo con el público, recoger sus opiniones… Es un working progress que como paso previo a la película ha sido muy enriquecedor. Ahora bien, no tengo a los mismos actores en la película que en la función, así que todo lo que he ido viviendo en el teatro lo he trasladado al cine pero con el estilo personal de cada actor.

Entonces, ¿qué es lo que te llevas de estos dos años en el teatro?

Me llevo el trabajo actoral, el confiar en ellos y aporten haciendo el texto y el personaje suyo. Desde ese momento es una colaboración mutua, porque tú a lo mejor has escrito un texto que apuntaba a un sitio pero lo que termina de rematarlo es el trabajo con los actores y con el equipo. También me llevo el feedback con el público. Cuando vas a ver una cosa tuya ves gente que se ríe, gente que no, ves las emociones de manera más evidente. Aunque también tiene su lado malo; cuando sale una mala función no puedes parar, te frustras…

El guión original era de cine, luego lo adaptaste a teatro y creció, como dices, con los actores. ¿Cómo ha sido esa nueva readaptación del texto al cine?

Inicialmente, la película que llevo por primera vez al teatro es una cosa, con el trabajo con los actores se convierte en otra y en el proceso de función y con respuesta del público se convirtió en otra distinta. Ha evolucionado mucho. Para empezar, en un principio no era musical. Arranco con una comedia urbana, pero en teatro pensé en añadir esa parte de banda sonora que se convirtió en un elemento más de la obra cuando los actores hacían coros o alguna coreografía. Funcionaba tan bien con el público que hubiera sido un poco tonto no trasladarlo a la película. Esa es una diferencia bastante grande respecto al guión original.

De hecho, las canciones que añades en la película tiene peso en la propia trama. ¿Hasta qué punto es un riesgo hacer algo así? ¿Has tenido algún problema para incluir alguna canción o tenido que adaptar la historia a la canción que querías añadir?

Hay un poco de todo. Muchas de las canciones que ya utilizaba en la obra de teatro eran canciones en las que pensaba cuando escribía, porque definían bastante bien la secuencia. Pero lo asociaba porque me encanta escribir con música, entonces en ese tracklist que tienes para escribir te coincide con un momento puntual y dices: “qué bien funciona”, como si encajase la letra con lo que estabas escribiendo. La canción estaba por un lado y la escena por otro y las he hecho coincidir, nunca he adaptado la canción a la escena o viceversa. Lo único ha sido que, para la película, por cuestiones de derechos, ha habido que componer tres canciones porque, por ejemplo, ‘Dirty Dancing’ costaba una pasta. Obviamente, con dinero lo puedes todo, pero los productores tenían claro que esto no era un musical, que había que darle importancia a la música pero que el presupuesto había que destinarlo a otras cosas más importantes. Al final, lo que se canta en la película, lo que cuentan esas canciones, son el momento vital o personal por el que está pasando el personaje; para ver su línea de pensamiento de otra manera que no sea gestual o corporal. Lo que diferencia esto del musical es que aquí no se para todo de repente y se ponen a bailar y cantar, está integrado, es algo distinto. Lo hacía Dennis Potter hace años en series británicas; de repente un personaje miraba a cámara y se ponía a cantar con intención dramática, “ahorrándose” así líneas de diálogo.

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‘Los miércoles no existen’ ha tenido cuatro temporadas de éxito absoluto –y una quinta en marcha– antes de su salto al cine, ¿da esto cierta tranquilidad de cara al estreno?

A un estreno, a menos que seas uno de los directores tops que todos conocen –que seguro que también van cagados–, siempre vas inseguro. Nunca sabes cómo va a reaccionar el público. Lo mismo te estrenan la última de ‘Stars Wars’ y no va nadie a verla, sin que signifique eso que es una buena o mala película. Pero sí da tranquilidad de cara a ser resultadista; ya sé que algunas situaciones funcionan porque se han testeado con 50.000 espectadores. Porque lo bueno de esto es que, tras las funciones, siempre hay un blog que saca una crítica, o comentarios en el canal de ventas donde pone lo que más ha gustado y lo que menos. Yo me quedaba siempre con lo que menos había gustado porque, al fin y al cabo, como guionista de comedia siempre quieres contentar a mucha gente. Con ese muestreo tan amplio sí he hecho caso de algunas críticas, tomándolas de manera constructiva. Incluso para reforzar cosas que ya habían funcionado. Así que, al trasladarlo a la pantalla esperas que el público lo reciba igual de bien o incluso mejor, porque puedes ver en un primer plano en cine algo que en el teatro ni te diste cuenta.

Para la película has cambiado la gran mayoría del elenco que había en la obra de teatro, ¿por qué? ¿cómo ha afectado eso a lo conseguido en la función con el trabajo actoral?

Con dos repartos y catorce actores ya era un problema de inicio a la hora de elegir. Si hubiese hecho tres películas y le hubiera dado a cada uno de los actores su personaje hubiese salido de distinta forma. Pero una vez entra un productor y una cadena de televisión quieren resultados y en un porcentaje tienes que ceder, sobre todo a la hora de elegir un reparto atractivo y llamativo. Son todos muy buenos actores que le han dado a los personajes una nueva visión más profunda. Además, todos han visto la función, así que de una manera u otra también se han nutrido de sus compañeros. También es algo que te renueva a la hora de enfrentarte al reparto, te vuelve a entusiasmar y te vuelves a implicar. Aunque también tengo unas ganas de hacer otras cosas que me muero, porque son muchos años de mi vida con esta historia. He ido haciendo algún corto o algún capítulo para una serie de televisión, pero como proyecto personal llevo con este muchos años. Le voy a deber mucho a ‘Los miércoles no existen’ en ese sentido.

Tanto la obra como la película beben de esa comedia madrileña que hacían Fernando Colomo o Emilio Martínez-Lázaro y David Trueba en los 90, que fue un subgénero que tuvo mucho éxito y que luego dejó de hacerse…

Totalmente. Incluso de Berlanga, que no era comedia madrileña como tal pero sí era Madrid en los años 60-70. Pero sí, he bebido mucho de ellos. Al final es una mezcla de referencias porque también soy de la generación de ‘Clerks’, ‘Alta fidelidad’ o de Kundera y sus relatos cortos –que era lo que estaba de moda entre los guionistas de cuando yo empecé–, toda la música de los 90… También me ha influido Armero, que primero con ‘Todo es mentira’ y luego con ‘Nada en la nevera’ abrió una puerta a esa comedia madrileña que es verdad que nos ha seguido esperando desde hace mucho años. Sin embargo, en cuanto a estética y puesta en escena las referencias creo que son más europeas o más cercanas al cine independiente americano que a lo que hacemos aquí. Todos los directores de mi generación han bebido de todos estos referentes y la mezcla de todos ellos intenta captar a un público muy amplio que lleva viendo cine 20 años.

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Vestuario: García Madrid.

Esa comedia siempre ha sido muy generacional. ‘Los miércoles no existen’ lo es, así como la mayoría de tu obra previa, ¿escribes este tipo de historias por tu cercanía a ellas –tienes prácticamente la misma edad de los personajes– o porque te parece una etapa especialmente interesante?

Bueno, para empezar, creo que es verdad que no se hace este tipo de comedia generacional, o comedia joven, o comedia urbana, porque quizás las ultimas que se hicieron no funcionaron y supongo que por eso se veía como un género agotado. ‘Los miércoles no existen’ es una historia que llevo escribiendo varios años, son diez historias y seis personajes y yo he sido alguno de ellos en estos últimos diez años de mi vida, tantos en los personajes femeninos como en los masculinos. De repente se me ocurría una escena por un momento que yo he vivido o que ha sido cercano a mi grupo de amigos y me llevaban a construir esa historia. A partir de ahí, la edad sí que influye mucho. Ahora tengo 36 y me siento bastante identificado en todo lo que pasa en la fase de los 30. Para un proyecto personal como este creo que sí es interesante escribir de lo que sabes, de lo que conoces y esas experiencias personales ayudan mucho a darle cercanía al guión, sobre todo cuando crees que tu historia puede llegar a mucha gente indistintamente de la edad. ‘Los miércoles no existen’ se ha aprovechado de eso, porque mucha gente ha ido a ver la obra y se ha sentido identificada con las situaciones, se ha reído, se ha emocionado… Y quizás alguien se ha ido dándole vueltas a la obra porque le ha removido alguna situación que a él le ha pasado. Esta sensación, por ejemplo, no pasa si vas a ver un thriller de Fincher, que es la leche y que me entusiasma como cinéfilo, pero a lo mejor tal y como la has visto se te olvida.

Me ha resultado curioso ver cómo has recuperado, dándoles una segunda vida en ‘Los miércoles no existen’, trabajos tuyos anteriores como ‘Trío’ y ‘En plan romántico’. ¿Hay alguna razón para esto?

Como te he dicho antes, esta es una historia que llevo escribiendo ya muchos años. Ahora lo ves como una película pero llega un momento en esos años de escritura en los que tienes unas ganas de rodar que te mueres. Entonces, descontextualizas esa historia que tienes para un guión y la haces como pieza única en un formato corto, y de repente pruebas cosas de cara a esa hipotética y futura película que a lo mejor haces en algún momento. En mi caso me lo tomé como un aprendizaje y como una manera de seguir aprovechando el audiovisual. ¿Para qué vas a generar un texto nuevo que no te convence si ya tienes uno que funciona? Pasó algo parecido con ‘Whiplash’; al principio era un corto y se ha terminado haciendo un largometraje. Al corto ya se le veía algo, se hizo para buscar financiación y salió bien. Pues esto es lo mismo. Si quieres llamar la atención de esos productores que son los que hipotéticamente te pueden dar trabajo en algún momento, tu carta de presentación es un cortometraje. Y cuanto más ruido haga ese cortometraje, más feedback más tener de productores que tienen ganas de saber quién es el chico nuevo. Ahora mismo hay muchos chicos nuevos y muchas chicas nuevas y está muy complicado. Si ‘Los miércoles no existen’ en teatro ha conseguido algo es abrir una puerta que mucha gente de la profesión no sabía que podíamos abrir. Ahora vivimos un momento súper dulce en ese aspecto, porque ves que hay cortos que a veces vienen de un microteatro, u obras que se convierten en películas. Ahora mismo hay textos en teatro que podrían ser películas con mucho público potencial. A lo mejor no lo vemos en cine porque la producción está sufriendo lo que está sufriendo, pero en teatro hay cosas espectaculares que podrían renovar nuestro audiovisual. Hay que aprovechar esto que coincide con el público parece volver a interesarse por las películas que hacemos en España.

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Ya debutaste en el largometraje con ‘8 citas’, junto a Rodrigo Sorogoyen. Además, también has escrito y dirigido el corto ‘Time After Time’ junto a Pablo Silva, ¿con qué te quedas de dirigir en pareja?

Yo creo que no es malo. Más allá de experiencias personales dónde con el paso del tiempo cada uno toma un camino y esa amistad se reduzca, creo que es bueno trabajar en equipo. Cuando empiezas, lo que necesitas es alguien a tu lado que te esté reforzando, que te esté diciendo que lo que estás haciendo está mal o está bien. No eres una figura solitaria desde el principio, y así tienes un apoyo con el que, si congenias y trabajas bien, tienes un frontón de puta madre con el que devolverte la pelota y contrastar lo que estás haciendo. Una vez pasas por esa fase de trabajar en equipo ya puedes evolucionar a trabajar solo y contar tus propias historias con tu visión. Eso sí, como cada uno vaya para un lado, puede ser una cagada trabajar en equipo. Pero yo he disfrutado mucho trabajando así, porque lo he hecho a menudo y si vuelve a surgir la oportunidad de trabajar con alguien en un proyecto interesante, genial.

Has sacado tu trabajo como director de televisión. Te iba a decir que, a lo mejor, por trabajar en series, tienes más asimilado ese espíritu de trabajo en equipo…

Es que yo creo que esto es un trabajo en equipo totalmente. Aunque tú hayas escrito la película y la vayas a dirigir, sin toda la gente de la que te tienes que rodear para hacerla no hay nada. Puede ser un equipo “capitaneado”, “comandado”, llámalo como quieras, donde haces una convocatoria como en el fútbol para tener a los mejores y sacar a cada uno el mayor rendimiento para que el equipo sea la hostia y ese partido lo ganes 5-0, por hacerte un símil rápido y futbolero. ¿Sabes qué pasa? Cuando trabajas en tele muchas veces tienes que dirigir como otros quieren que dirijas. No tienes la libertad que a ti te gustaría. A lo mejor tú piensas en hacer las cosas de una manera pero “arriba” quieren que haya un gag cada tres minutos… Hay tantos condicionantes que, bueno, vas ganando tablas y cuando llegas a cierto número de capítulos ya sabes de manera instintiva qué tienes que hacer y cómo lo tienes que hacer. Yo he estado en series que empezabas en junio a trabajarlas y tenían un nombre y cuando llegaba septiembre la serie no tenía nada que ver con lo que habías empezado y un nombre distinto. A veces, en un proyecto personal, eso puede contaminarte, porque a lo mejor no estás haciendo lo que tú quieres hacer, sino lo que sabes que va a gustar a este sector o a este target de público. Cuando trabajas solo aprendes también a contar tu historia y a atraer al público a eso que has hecho tú. Eso ha sido ‘Los miércoles no existen’ para mí.

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Vestuario: García Madrid.

Ahora mismo estás trabajando en dos proyectos televisivos bastante importantes como son la adaptación de la novela ‘La sonata del silencio’ y la segunda temporada de ‘El ministerio del tiempo’, ¿crees que él éxito de la obra también te ha vuelto a abrir las puertas de la televisión?

Creo que sí, pero que también es una suma de factores entre la experiencia acumulada, y que eres tan bueno como tu último trabajo. El teatro ha sido un escaparate para todos los que hemos formado parte del proyecto, nos puso en el mapa como se suele decir.  Y en mi caso, me ha permitido que mucha gente de la profesión pudiera ver algo distinto a lo que venía haciendo, o ver algo mío por primera vez. Como Javier Olivares, que después de verla en dos ocasiones, me dio la oportunidad de incorporarme al ‘El ministerio del tiempo’. ¿Qué vio? Hay que preguntárselo a él. Me considero un afortunado por poder vivir un momento tan dulce como este y con los tiempos que corren, pero son 15 años de “pelea” hasta llegar aquí. Y los que me quedan.  

¿No crees que el crecimiento del drama en nuestra televisión ha sido muy superior que el de la comedia, que se ha quedado bastante estancada?

La comedia en televisión es muy difícil porque te tienes que dirigir a un sector tan amplio que tiene que gustar al niño, al padre, al abuelo y hasta al perro. Escribir para un target tan amplio y durante 70 minutos es muy complicado. Es más fácil construir dramas con esa estructura y esas líneas que comedias, dónde lo que se hace es repetir la fórmula de ‘Médico de familia’, ‘Los Serrano’ o ‘Aquí no hay quién viva’, que es lo que más funcionó en en el género. Las cadenas sólo quieren eso y es muy difícil sacarlas de ahí. Se han hecho algunos intentos absurdos, como adaptar ‘Cheers’, cuando aquí hay guionistas de muchísimo talento que te pueden escribir diez sitcoms estupendas sin necesidad de recurrir a comprar los derechos de una serie de los años 80. Otro ejemplo es ‘Vida loca’ o, ‘Con el culo al aire’, que al final se desinfló. Con ‘Algo que celebrar’ pasó lo mismo. Ante estas cosas no sabes qué hacer como guionista. Ahora parece que Movistar parece que abre la puerta a recibir proyectos más en la línea del formato americano, series de 40 minutos, de ocho o diez capítulos, de atmósfera, de personajes, con público concreto… Eso es música para los oídos de cualquier guionista. Pero, ¿qué pasa? Que representa un porcentaje muy bajo para todos los que somos, y lo que sigue dándonos de comer es la televisión generalista. ‘El ministerio del tiempo’, por ejemplo, es un intento de hacer algo distinto: tiene comedia, tiene historia, tiene aventura, tiene ciencia ficción… Tiene un montón de elementos. Ojalá esta sea la puerta que se abra para que vengan detrás un montón de series diferentes.

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MARTÍNEZ-LÁZARO, EL APELLIDO COMPUESTO DEL ÉXITO

7 octubre, 2015

Por Alberto Pérez Castaños. 

Fotos: Héctor Beltrán. 

Ya ha pasado más de un año desde ‘Ocho apellidos vascos’ y aún se sigue hablando de ella. El boom ha aguantado prácticamente hasta el estreno de su secuela, el próximo 20 de noviembre. Otra medalla más para la colección de la película. Sus responsables: dos guionistas jóvenes pero ya maestros de la comedia, y un director veterano y todavía más maestro en el género. Ayer, uno de esos guionistas –Borja Cobeaga– y ese director –Emilio Martínez-Lázaro– se reunieron en la Cineteca del Matadero de Madrid. El guionista entrevistó al director haciendo un repaso de su trayectoria, inaugurando así una nueva temporada de Los Martes de DAMA con ‘Martínez Lázaro, los apellidos del éxito’.

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Emilio Martínez-Lázaro y Borja Cobeaga.

Para iniciar esta conversación entre guionista y director, Borja Cobeaga resumió de manera perfecta la carrera de Emilio Martínez-Lázaro: es un director que ha llevado al cine y ha hecho reír a tres generaciones distintas. En los 90 fue la comedia madrileña con ese tándem que hizo con David Trueba al guión y que dio como resultado dos películas míticas: ‘Amo tu cama rica’ (1991) y ‘Los peores años de nuestra vida’ (1994). A principios del 2000 volvió a reventar taquillas, esta vez con la comedia musical: ‘El otro lado de la cama’ (2002) y su secuela, ‘Los dos lados de la cama’ (2005), esta vez con David Serrano escribiendo. Y, diez años después, los apellidos vascos. Casi nada.

Lo curioso es que son comedias muy distintas pero todas agradan al gran público. ¿Es consciente de eso el director? “Siempre he sabido lo que me gustaba”, respondió a Cobeaga, “no he cambiado mi punto de vista, tengo gustos invariables en comedia”, y nombró a Howard Hawks y a Ernest Lubitsch y ‘Ser o no ser’.

El nombre de Martínez-Lázaro siempre ha estado asociado a la comedia, pero él aseguró que no se trata de una asociación buscada. No olvidemos que su primera película, ‘Las palabras de Max’ (1978) era un drama y ganó el Oso de Oro en el Festival de Berlín. Según contó, la película que le abrió los ojos en cuanto a comedia se refiere fue ‘Ópera prima’ (1980), de Fernando Trueba: “Es una comedia personal pero con sentido del espectáculo”, dijo. Tras eso, el director empezó a experimentar con el género: ‘Sus sueños dorados’ (1980), ‘Todo va mal’ (1984), ‘El juego más divertido’ (1987) y la que fue la siguiente parada de Cobeaga en el repaso a la filmografía de Martínez-Lázaro: ‘La mujer lunática’ (1990), el capítulo del director dentro de la serie de Televisión Española ‘La mujer de tu vida’. Lo escribió y lo dirigió él mismo y lo produjo junto a Fernando Trueba: “Es un homenaje claro al cine americano de los años 30 y 40”, explicó. Curiosidad: los títulos del crédito son de Juan Carlos Eguillor, tío de Borja Cobeaga.

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Emilio Martínez-Lázaro.

Siendo el madrileño un director que ha hecho tanto drama como comedia, Cobeaga le preguntó por las diferencias a la hora de prepararse. Martínez-Lázaro dice que para dirigir drama prepara una dirección más cerrada, mientras que para la comedia lo deja más abierto. “Ahí entra en juego la vis cómica, que es algo muy sutil”, dijo, “y decirle a los actores que hagan la escena tal y como te la habías imaginado es una novatada”.

Tras pasar por las antes mencionadas ‘Amo tu cama rica’ y ‘Los peores años de nuestra vida’ –proyección de momentazos de Gabino Diego en esta última incluida– Cobeaga y Martínez-Lázaro repasaron el siguiente mega-éxito del madrileño: ‘El otro lado de la cama’. Para hacerlo, Borja puso este fragmento:

Esa patada junto a ese indignado “¿qué está pasando aquí?” de Javier, el personaje de Ernesto Alterio, levantó una carcajada entre los asistentes. No es para menos. Entrevistador y entrevistado analizaron la escena: “Es un momento mítico de la comedia española”, opinó Cobeaga. Algo con lo que estaba de acuerdo Martínez-Lázaro, que explicó que fue una idea de Ernesto Alterio. “Aunque ese momento no existiría sin el brillante diálogo anterior”, dijo.

Otro momento que todo el mundo recuerda de ‘El otro lado de la cama’ es la aparición del niño melón. Cobeaga no lo proyectó, hizo una cosa mejor: explicar su origen, para goce de los asistentes. Borja contó que, una noche, estaba en un bar de Malasaña con Nacho Vigalondo –¿soy yo o una anécdota que empieza así sólo puede molar?– cuando un chino entró vendiendo unos llaveros. Vieron uno que les hacía gracia: un muñeco con cabeza de melón al que no dudaron en bautizar como “niño melón”. Al parecer, el chino estuvo de acuerdo con ese nombre. Le contaron esta broma a David Serrano y el resto, bueno, ya se sabe.

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Borja Cobeaga.

Al final, de lo que menos se habló fue de ‘Ocho apellidos vascos’. Pero fue por falta de tiempo, más que por otra cosa. Estos encuentros siempre se quedan cortos. Aún así, se rascaron minutos para hablar del fenómeno y, sobre todo, de su secuela. Director y guionista nos pusieron los dientes largos diciendo que ya habían visto la película. Borja Cobeaga dijo que estaba contento con el resultado, que los actores siguen en estado de gracia, incluidos los nuevos, y que en breve podremos ver el tráiler. Una pena no haberlo visto ayer mismo. Hubiese sido un buen cierre a ‘Martínez Lázaro: los apellidos del éxito’.

“Por cierto, eso está mal, Martínez-Lázaro es un apellido compuesto”, bromeó Emilio al terminar refiriéndose al título de la conferencia proyectado en la pantalla. “Es que ‘Martínez-Lázaro, el apellido compuesto del éxito’ no quedaba bien. No dejes que la realidad te estropee un buen título de conferencia”, se defendió Cobeaga. Lo dicho, dos maestros.

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MARTÍNEZ-LÁZARO, COBEAGA Y LA FÓRMULA DEL ÉXITO

23 septiembre, 2015

El director Emilio Martínez-Lázaro tiene una especie de fórmula del éxito: buscarse un guionista-director joven y “robarle” un guión de comedia para dirigirlo él. La repite una vez por década: en el ’91 con David Trueba y Amo tu cama rica; en 2002 con David Serrano y El otro lado de la cama, y el año pasado con Cobeaga y los apellidos.

Foto: Sergio Enríquez-Nistal

Emilio Martínez-Lázaro y Borja Cobeaga. Foto: Sergio Enríquez-Nistal

Si queréis saber más sobre esta hábil maniobra y otros secretos para petarlo, no faltéis al diálogo que mantendrá Martínez-Lázaro con Borja Cobeaga el próximo 6 de octubre en la Cineteca de Matadero (Madrid), que bajo el título Los apellidos del éxito inaugurará la nueva temporada de Los martes de DAMA.

En esta temporada, también regalaremos entradas para los lectores del blog. Aunque los precios son de chufla (2€ para estudiantes de audiovisual y 5€ para el resto), siempre mola que te regalen cosas, y sobre todo, estar seguro de que no te quedarás sin un asiento. Porque lo que empezó siendo un insider tip, ahora ya corre de boca en boca, y con mucha frecuencia los martes de DAMA agotan las localidades.

Así que no esperes más. Rellena este formulario si quieres conseguir una de las dos entradas gratis que regalamos para Los apellidos del éxito, el martes 6 de octubre a las 19:00 en la Cineteca de Matadero. Tienes una semana para participar: hasta el miércoles 30 de septiembre estaremos recibiendo vuestros correos.

(Participar en esta promoción supone que has leído y aceptas lo que se dice en nuestro disclaimer sobre Protección de Datos personales.)

Sergio Barrejón.


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