FERNANDO NAVARRO: “SER LO MÁS IRRESPETUOSOS POSIBLE NOS PARECIÓ LO MÁS RESPETUOSO CON UN AUTOR COMO VÁZQUEZ”

4 septiembre, 2015

Por Alberto Pérez Castaños. 

A mediados de los 60, Manuel Vázquez creó uno de los personajes más célebres del cómic español: Anacleto, agente secreto. Hoy, 4 de septiembre de 2015, Anacleto se vuelve a poner la pajarita y a encenderse un pitillo gracias al director Javier Ruiz Caldera y a los guionistas Fernando Navarro, Breixo Corral y Pablo Alén. En esta adaptación del realizador catalán, el agente del flequillo negro ahora tiene el pelo canoso, se encuentra al borde de la jubilación y está encarnado por Imanol Arias. Además, tiene un hijo, Adolfo, con el que no se lleva muy bien: Quim Gutiérrez.

En Bloguionistas quisimos charlar un rato con Fernando Navarro, uno de los guionistas de la película y que, además, en 2016 estrenará ‘Toro’, el próximo largometraje del director Kike Maíllo. 

Los autores del guión de ‘Anacleto: Agente secreto’ sois tú y Pablo Alén y Breixo Corral, que ya formaron pareja creativa en ‘Tres bodas de más’. ¿Cómo empiezas a escribir con los guionistas del último éxito de Javier Ruiz Caldera?

El proyecto surge cuando Paco Ramos, de Zeta Cinema, me ofrece la adaptación. Para Paco solo había un director posible, Javier Ruiz Caldera, y Javi y yo nos conocíamos de antes del estreno de ‘Spanish Movie’ y llevábamos tiempo buscando algo que escribir juntos. Así que todo cuadró perfecto. Estuvimos bastante tiempo buscando el tono. Escribimos bastantes tratamientos. Trabajamos mucho y muy duro.

Después de cuatro versiones, muy asentadas, mi siguiente guión, ‘Toro’ estaba en pleno desarrollo y requería mucho trabajo y eso coincidió con que Javi pensó que Pablo y Breixo –que acababan de hacer con él ‘Tres Bodas de Más’– podrían hacer una reescritura final en la que aportaran algunos chistes más. De hecho, Javi siempre somete a sus guiones a reescrituras de gente de fuera que aporten más y más chistes. Pablo y Breixo tienen muchísimo talento para el humor, y no solo trajeron muy buenos gags sino que aportaron ideas nuevas muy interesantes, que acabaron dando forma al guión que finalmente se rodó.

Me ha parecido un acierto la actualización del personaje de Anacleto (Imanol Arias), verlo a punto de jubilarse, y que su hijo (Quim Gutiérrez) tome el protagonismo. Sin embargo, también me parece una decisión arriesgada, ¿en qué momento la tomasteis y por qué?

Estuvo claro desde el principio. La idea fue: hagamos de Anacleto un héroe de acción. Javi y yo éramos fans de Anacleto pero habían dejado de publicarse en los setenta. Así que decidimos huir de la idea de una película retro o deudora en exceso del Universo Bruguera. Yo soy lector fiel de Marvel desde que soy niño y el lenguaje del cómic adaptado al cine me interesa mucho, así que la idea fue escribir un tebeo más contemporáneo, con héroes a la vez realistas y demenciales. Necesitábamos un punto de vista más cercano para contar la historia y para contar a un personaje como Anacleto y de ahí surgió la posibilidad de crearle un hijo. Ese hijo éramos nosotros, nuestro punto de vista. Alguien que pudiera “infiltrarse” en un cómic desde fuera para acabar formando parte de él.

Una de las cosas más difíciles de adaptar cómics de humor es lograr mantener el tono. Muchas veces son gags físicos muy bestias y complicados de rodar, otras veces chistes que quizás no funcionan igual de bien en pantalla que en papel… ¿Qué directrices seguisteis para la adaptación?

Las principal directriz era: ‘Anacleto’ es una película de acción. Queríamos, de alguna manera, refundar una franquicia que no existía realmente. Había que ser más o menos fiel, plagar el guión de guiños al tebeo, a los chistes originales y a los personajes. Pero, al mismo tiempo, iba a ser la hija bastarda, más violenta, más salvaje, más adulta. Y, sobre todo, tenía que ser muy entretenida y con un ritmo que no decayera nunca. Edgar Wright, Mathew Vaughan y Álex de la Iglesia marcaron el camino de este tipo de películas. Humor. Acción. Violencia.

Fue un encargo increíble, de estas cosas que dices: “no me va a volver a pasar”. Yo soy muy fan de Walter Hill, es uno de mis maestros y fue uno de los primeros en adaptar el lenguaje del tebeo al cine con ‘The Warriors’, por ejemplo. Y no es tan fácil que te hagan un encargo de un tebeo en España y cuando pasa es como un sueño, ya no tanto por los personajes, sino sobre todo por el lenguaje. Por eso nosotros decidimos hacer un cómic, y un cómic incluye desde ‘Sin City’ hasta los Mortadelos de Fesser, e incluso las pelis de Edwar Wright, que tienen un tono de cómic. Y Javi es un estilista y eso nos permitió estilizar la realidad, pudiendo hacer cosas que no se pueden hacer, por ejemplo, en ‘Tres bodas de más’ o yo mismo en otros guiones.

En una comedia de acción como ‘Anacleto: Agente secreto’ se juega mucho a hacer humor desde la realización. Muchos directores de este tipo de comedias como, por ejemplo, Edgar Wright, que has nombrado antes, escriben o coescriben sus propios guiones; sin embargo, Caldera no escribe, ¿trabajasteis en algún momento de la escritura con el director este tipo de situaciones?

El guión se ha trabajado con Javi secuencia por secuencia. De manera exhaustiva y perfeccionista. Hay secuencias de acción como la pelea con el chino o el asalto a la Masía, que Javi y yo coreografiamos en papel ya desde las primeras versiones del tratamiento. Cuando escribes acción y además escribes chistes integrados en esa acción, lo mejor es estar cerca del director, escribirlos con él, probarlos y desarrollarlos con él. Sus ideas, la puesta en escena, lo que se puede y no se puede rodar, debe estar lo máximo posible integrado en el papel.

¿Qué ha sido más complicado, escribir una comedia de acción o que la comedia sea la adaptación de un personaje tan emblemático como el de Vázquez?

A mi no me resulta especialmente complicado escribir acción. Ni me siento incómodo en la comedia. Lo de Vázquez sí era mucho más difícil. Para empezar, Vázquez era un genio absoluto. Del humor, del despropósito. Y adaptar sus personajes era complicadísimo porque la mayoría de las historietas de Anacleto no tenían mucho desarrollo dramático. No daban para un guión de noventa páginas. Eran una sucesión de chistes brillantes, de ideas estupendas, de dibujos increíbles. Así que usamos sus personajes, nos inventamos otros nuevos, decidimos olvidarnos de él para construir la narrativa de la película y volvimos a él cuando había que rematar chistes, pensar diálogos, aportar detalles. Ser lo más irrespetuoso posible nos pareció lo más respetuoso con un autor como él.

¿Crees que a Vázquez le gustaría vuestra adaptación?

Yo creo que nosotros le gustaríamos a Vázquez. Para que viera la película antes tendríamos que haber quedado con él e invitarlo a un vino. Probablemente le divertiría una cosa y es que la película es cien por cien española. Fue uno de nuestros empeños, que fuese una película española estilizada. Muchos cineastas se desentienden de España porque la ven cutre. Y lo es. Pero para hacer comedia, o para hacer thriller es muy interesante. Yo admiro mucho las películas de Alberto Rodríguez y Rafael Cobos, por ejemplo, porque son muy autóctonas. Por eso pusimos tanto empeño en hacer una película castiza.

Casi todas las adaptaciones de clásicos del cómic español han contado con continuación, ¿sabes ya si habrá más misiones para vuestro Anacleto en el futuro?

Nosotros no podemos tomar esa decisión. Dependerá de la respuesta del público a la película. Pero no es un secreto que estaríamos felices de volver al mundo de Anacleto.

Foto de Eva Manzano

Fernando Navarro con Carlos Areces caracterizado como el villano Vázquez. Foto: Eva Manzano.

Estuviste en el rodaje, como se puede ver en esta foto con Carlos Areces. ¿Eres de los guionistas a los que les gusta ir al set?

No me gusta mucho. Y a ellos tampoco les suele gustar que vaya el guionista. Sin embargo, en el caso del rodaje de ‘Anacleto’ había muchos amigos: los actores, parte del equipo técnico, así que me pasé un par de días a saludar. Creo que el guionista es una presencia incómoda y es mejor no estar mucho por allí y dejarlos hacer sus trabajo. Hay algunos compañeros que van porque trabajan con los actores –caso de Rafael Cobos– o porque son los asistentes del director –como Mateo Gil– o que simplemente aprovechan los rodajes porque saben que quieren dirigir y aprenden mucho.

Así que no eres de los de compartir tu opinión con el director…

Bueno, fui dos días y hubo uno que creo que sí le dije a Javi algo que no terminaba de ver e hicimos algún cambio sobre la marcha, pero esto depende mucho de los directores. Javi, por ejemplo, es muy celoso de su trabajo. Él siempre se encierra con el guión y con el montador antes de rodar y trabaja sobre el texto.

¿Sabes qué tipo de trabajo previo hace sobre el guión?

Javi tiene espíritu de montador –es montador, de hecho–, y los montadores son como escritores; reescriben la película. Yo creo que Javi lo que hace es montarla en su cabeza antes de rodarla. Tiene una cabeza privilegiada. Cuando coge el guión se imagina cómo lo va a rodar, qué le sirve y qué no. Sabe perfectamente lo que va a hacer y por eso tiene ese control del material y hace esas películas tan redondas.

Caldera es uno de los directores que más trabajan en la actualidad, que más éxito tiene y que más guiones de guionistas diferentes ha rodado. ¿No crees que esto demuestra la importante que es tanto para la industria como para los guionistas que existan figuras así, que debería haber más Calderas?

Javi es un director muy inteligente. Muy exigente con las historias y los guiones y que ha asumido una posición muy discreta y muy humilde respecto al guión: él no escribe y no quiere escribir. Como la mayoría de sus directores de cabecera, por otra parte. Pero eso no quiere decir que no esté detrás de cada una de las cuatro películas que ha dirigido. Al contrario. Su visión impregna cada página del guión. No me atrevería a decir que para una industria es mejor o peor que haya directores no guionistas, porque estamos rodeados de cineastas muy buenos (Javier Rebollo, Jonás Trueba, Carlos Vermut, Cobeaga) que escriben su propio material. Para mí, como espectador, no hay diferencia. Lo importante es el resultado, no el proceso. A Javi o a Jota les viene bien contar con escritores y a otros no tan bien. No hay una fórmula.

Recientemente ha terminado el rodaje de ‘Toro’, el guión que has escrito junto a Rafael Cobos y que dirige Kike Maíllo. En este cuestionario que contestaste hace un tiempo en Bloguionistas dijiste que fue una escritura muy complicada, ¿por qué?

Escribir ‘Toro’ junto a Rafael Cobos para Kike Maíllo ha sido una de las mejores experiencias profesionales que he tenido. La más intensa, sin duda. Rafael es de los mejores guionistas de este país. Un gran compañero y un amigo. ‘Toro’ es, de nuevo, un guión de acción total y su escritura nos llevó por cuatro ciudades distintas por circunstancias personales de los implicados. Kike sabía que yo estaba escribiendo el Anacleto con Javi. Empezamos a pensar en hacer algo juntos y terminamos dándole vueltas a un guión. En ese punto llamé a Rafael Cobos, con el que estaba deseando escribir. Como por aquel momento estábamos pasando por algunas situaciones personales algo convulsas éramos como una banda de rock en plena huida hacia delante. Y eso se refleja en el guión, que es muy salvaje, muy violento. Recibimos total apoyo del productor, Enrique López Lavigne, que era como el cuarto miembro del grupo y se metió en la película desde el principio. Ha sido el mejor proceso de mi vida, muy salvaje. Nunca me lo voy a pasar mejor. Repetiría mañana.

Tus dos últimos guiones, ‘Toro’ y ‘Anacleto: Agente secreto’, los has escrito con guionistas para directores no guionistas. Sin embargo, también has escrito con directores. ¿Encuentras diferencias a hacerlo con unos o con otros?

Yo suelo trabajar codo con codo con el director, sea o no escritor. No suelo escribir un primer borrador sin saber quién lo va a dirigir, como mucho un primer tratamiento y a veces ni eso. Para mí la visión del director es la visión global de la película ­–que no del guión– y es la que quiero conocer y la que debo potenciar. Si no estoy de acuerdo con algo, argumentaré cómo lo veo yo, porque conozco muy bien a los personajes y la trama, pero él es quién tomará las decisiones en el set y en montaje. Mi manera de trabajar en ese sentido es siempre con un director detrás, aunque escriba con otro compañero. Lo importante es que todo el mundo esté de acuerdo en el tono, en la historia y los personajes. Si involucras al director desde la primera versión ahorras mucho tiempo, porque avanzáis hacia el mismo sitio. Por eso, en mi caso no noto una diferencia.

Esa actitud ahora es más posible porque ya llevas muchos años escribiendo y relacionándote con productores pero, ¿cómo lo hacías cuando empezaste?

Al principio empecé a trabajar con el director Gonzalo López Gallego. Vendimos algún guión fuera y aprendí mucho el oficio. Luego me fui cruzando con productores y tuve suerte. Siempre pensé que era mejor ir de la mano de alguien, porque confío en el trabajo de los directores y de los productores, porque ellos son los que hacen las películas, los que encuentran el dinero… Me gusta mucho trabajar con productores mano a mano; con Enrique Lavigne, con Paco Ramos… Pero si me preguntas qué debe hacer el que esté empezando, creo que lo mejor es ir con un director; buscar un director de cortos, que también esté empezando, y asociarte con él. Es mejor que ir solo a una productora.

También andas escribiendo la próxima película de Jaume Balagueró, ‘Muse’, ¿qué puedes contar sobre este proyecto?

Aún poca cosa. Es la primera película en inglés de Jaume desde ‘Frágiles’. El guión es un thriller sobrenatural ambientado en un campus universitario, con la literatura y la poesía como trasfondo y una mitología, creo, bastante original. Ha sido un proceso muy interesante para un guionista. Adaptar una novela de género, trabajar en el guión con Jaume, que es un referente mundial para el cine de género, hacer un thriller con sus propias reglas, escribir secuencias terroríficas. Estoy deseando que empiecen a rodar.


ENTREVISTA A ENRIQUE LÓPEZ LAVIGNE

28 abril, 2014

Entrevista y fotos por Alberto Pérez Castaños y Vicente Bendicho Cascant

Enrique López Lavigne es, sin duda alguna, uno de los productores más importantes y en forma de España. A los mandos de su productora, Apaches, en los últimos años ha trabajado en proyectos como “Lo Imposible”, “Open Windows”, “Gente en sitios”, “Extraterrestre”, “Tres bodas de más” o “Fin”. Su último reto es “Purgatorio”, de Pau Teixidor, con la que compitió en la Sección Oficial del Festival de Málaga. “Purgatorio” es un proyecto diferente y especial, tal y como contó Luis Moreno, su guionista, en la entrevista que le hicimos.

En el rato que pudimos pasar con Enrique tras presentar la película en Málaga aprovechamos para preguntarle sobre su experiencia involucrándose en un proyecto tan ambicioso como el de “Purgatorio” y para hablar sobre su carrera y la situación actual de la industria.

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El productor Enrique López Lavigne

Con Purgatorio te has enfrentado a un gran reto dentro de tu carrera como productor debido a las características tan especiales del proyecto. Tu productora, Apaches, junto a Atresmedia, se ha encargado de materializar el guión de Luis Moreno, ganador del concurso de Cine365, con la dirección de Pau Teixidor. Has estado muy presente en el proceso creativo, ¿qué conclusiones has sacado de esta experiencia?

Había algo de experimental en el proyecto que me asustaba. Teníamos poco tiempo y éramos un equipo muy pequeño y mi mayor miedo era lograr que coincidiesen la voz del guionista, que es la que gana el concurso y la que ha hecho que la película tenga nombre y apellidos, y la voz “invitada”, que es la del director, que es la que va a guiar el proyecto. Sabíamos que habría que pasar por cierta tensión hasta que la dos voces se adaptaran la una a la otra. Por eso creo que, finalmente, el proyecto tiene muchísima personalidad, porque hemos respetado todas las voces, pero siempre anteponiendo la visión del guionista, que es el autor de la historia.

Sin duda, lo mejor es que, lo que en principio era un experimento de una edición se va a convertir en algo continuo. Estamos consiguiendo dinero de un operador de telefonía y de una televisión para algo que ahora mismo es muy difícil: que un guionista novel y un director novel puedan hacer una película. Quién sabe cómo serán las siguientes ediciones, pero de momento, con lo que se ha hecho hemos logrado llegar hasta la Sección Oficial del Festival de Málaga y ya nos están pidiendo ir a festivales fuera de España, y las críticas están siendo buenas. Es una maravilla que de un planteamiento tan pequeñito pero muy valiente hayamos logrado todo esto.

Además de con el modelo de producción, con Purgatorio también vais a experimentar con nuevas formas de distribución: a parte de en cines se podrá ver en VOD, en versión reducida…

Es un experimento interesante porque son caminos nuevos para nosotros. Como dices, VOD, versión reducida… Todos estos términos son nuevos aquí. Son diferentes ventanas para disfrutar del producto, y no debe ser una vergüenza que sean nuevos, sino que lo interesante de esta iniciativa es que su objetivo es plantear alternativas para esas películas que, por sus características, no pueden competir comercialmente con otras producciones. Son vías diferentes que en otros países ya se llevan a cabo con éxito. Tenemos que empezar a hacerle ver a la gente que hay que pagar por lo que ven, por lo que esto ya no es un trabajo solo comercial, sino también pedagógico, que el público sepa que tienen diferentes formas de disfrutar del producto de manera legal.

Esto es un camino largo y no pretendemos tener éxito a las primeras de cambio, pero tenemos que caminarlo. Ahí están los ejemplos de Carmina o revienta o Gente en sitios: la gente las ha comprado en DVD, las ha visto en VOD cuando había que verlas, las han ido a ver al cine… Hay que ir poco a poco. Veremos dentro de diez años como estamos, pero yo estoy seguro de que todo estará más regulado, más controlado, que habrá más beneficios por VOD de los que hay ahora mismo… Es de cajón. Si está sucediendo en el mercado anglosajón, ¿por qué no en el nuestro?

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Eres un productor con títulos muy dispares: has participado en proyectos relativamente pequeños como Gente en sitios o Extraterrestre, en superproducciones como Lo imposible o en comedias taquilleras como Tres bodas de más. ¿Qué buscas en un guion?

Busco que tenga personalidad. Creo que el cine europeo tiene que apostar por la personalidad para poder convivir con el cine anglosajón. Y, sobre todo, busco apasionarme con los proyectos. Muchos de los proyectos ni siquiera nos los ofrecen, simplemente nos involucramos porque creemos en el guion. A veces también originamos nuestras propias películas desde Apaches o, como en el caso de Purgatorio, nos involucramos por el reto que supone y porque creemos que es necesario abrir líneas y alternativas al sistema de producción tradicional.

Hay una cosa que sí es una constante en las veintisiete películas que he hecho y es que son retos. Cuando hicimos Lo imposible era una película ciertamente imposible de hacer en España. En esa línea también hicimos 28 semanas después, una secuela de una película de zombis de un director anglosajón. La gente decía que nunca se había hecho algo igual (una secuela, grabada en el extranjero y además de un género tan poco familiar para la industria española), pero ya lo hizo Jorge Grau en los setenta con No profanar los sueños de los muertos.

En fin, siempre buscamos caminos que no se hayan transitado excesivamente. Esto aporta sorpresas muy positivas en algunas ocasiones y muy negativas en otras. Es decir, la cuota de penalización cuando abres camino también la conozco bien y no me asusta porque me he dado cuenta de que muchas veces algunas películas que son penalizadas por este factor después han servido para otras cosas. Éste es el caso de Extraterrestre, que me permitió descubrir las características del cine de bajo coste y entender la vida y el medio natural de estas películas, que muchas veces suelen funcionar mejor en el mercado internacional que en las salas del mercado local. Pero esto no pasa solo en España, de hecho, muchas películas de autores extranjeros funcionan mejor que en sus propios territorios. Cuando era distribuidor, traje a España películas como Reservoir dogs o Clerks y en su momento fueron un desastre en taquilla, pero sirvieron para proyectar la carrera de dos directores interesantes como Tarantino o Kevin Smith.

En este sentido, aunque valoro el resultado de taquilla del fin de semana, no creo en los conceptos de éxito y fracaso que hemos importado del mercado anglosajón. Yo creo que el cine tiene un recorrido mucho más profundo. A veces puede servir para proyectar la carrera de un director o de un guionista o para contar una historia de una forma distinta que años más tarde se descubren sus claves. Ése es el común denominador de las películas en las que he participado.

Además de las características de la película, también supongo que a la hora de elegir proyecto tendrás en cuenta que esté involucrada gente que conozcas y que confíes en ella, ¿no?

Sí, eso es fundamental. Igual que te digo que me es muy difícil apostar por un director que no sea gracioso para hacer una comedia, me cuesta mucho involucrarme en una película de género cuyo guionista o director no sea capaz de envolverte contándote la historia.

Me gusta establecer relaciones de largo plazo con la gente con la que trabajo. Eso quiere decir que, a pesar de ser muy exigente y algo conflictivo como productor, que lo soy, no suelo tener relaciones exclusivamente por interés, sino que me gusta establecerlas de forma profunda; es decir, me gusta que, aunque me pelee mucho con esa persona, poder hablarme tres películas más tarde. Me gusta establecer vínculos con la gente con la que trabajo.

Por ejemplo, en Gente en sitios, nos involucramos porque conozco a Juan desde hace veinte años, cuando hicimos juntos El asombroso mundo de Borjamari y Pocholo. Nos hizo ilusión en su momento hacer esta película por abrir el camino de la anticomedia, la antipelícula de risa, algo que ahora se llama post-humor. Vete tú a saber si algún día nos devuelven los carnés de director que en su día nos quitaron.

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Nos ha dicho un amigo guionista que eres un productor atípico porque te lees los guiones. ¿Es cierto ese tópico de que los productores no leen guiones?

Antes sí que era así porque durante veinte años hemos vivido en una especie de nirvana en el que había varias plataformas que compraban y subastaban películas porque para un productor era un chollo hacer una película por la cantidad de dinero que te daban y por la cantidad de plataformas que estaban interesadas en comprarlas. Para ellos eran sobresueldos, por lo que no tenían ningún interés en leer los guiones.

Ahora todo esto ya no existe. Cuando haces una película te juegas mucho. Yo, por ejemplo, me juego mucho sobre todo en el mercado internacional por lo que no me puedo arriesgar a hacer una mala película y que la gente piense que me da igual ocho que ochenta. Por eso, considero que es muy importante leerse los guiones, aunque confieso también que me cuesta mucho encontrar el momento para hacerlo porque creo que se debe hacer sin ninguna distracción para así poder sumergirte en la historia. A veces me he encontrado con historias muy bien escritas que no me dicen nada y, en cambio, también he encontrado narraciones muy torpes pero con buenas ideas, que creo que puliéndolas juntos se puede sacar algo que es nuevo y que puede significar algo.

También es verdad que no leo tantos como me gustaría, porque solo somos dos en Apaches, Belén y yo. También está Javi, que ha sido clave en Purgatorio y que me ayuda en las películas de bajo presupuesto y está Bea, la directora financiera. Solo somos cuatro en la oficina. Y, aunque valoro el trabajo de los lectores de guion, considero que un guion que vayas a producir tiene que pasar por tus manos. Puedes tener informes, pero con los informes no puedes hacer una película. Al final tienes que arremangarte y bajar a la arena.

Por desgracia, es una realidad que en España no hay un mercado de guion como tal. Por esto, lo más habitual es que un guionista se tenga que aliar con un director para vender una película. ¿Crees que eso es un problema o es básicamente la forma que tenemos de funcionar aquí?

Efectivamente, es una realidad y una desgracia. Por esto son tan importantes iniciativas como la que se ha llevado a cabo a la hora de gestar Purgatorio, porque le dan al guionista las mismas armas que al director. De hecho, el guionista está en una posición de favor porque es el que impone el proyecto. Tanto el director como el productor se acoplan al guion que ya existe y aportan su visión. En este sentido es una iniciativa que se parece mucho a la forma de trabajar de los grandes estudios. Creo que a través de esta iniciativa se equipara el papel del guionista y del director.

Al margen de esto, en general, es todo lo contrario. Hay muy pocos directores que lean bien guiones ajenos (de los pocos que se me ocurren es Javier Ruiz Caldera), por esto, no hay nada mejor para un director que encontrar a un guionista de raza. Es, por ejemplo, el caso de Bayona con Sergio G. Sánchez. Cuando un director encuentra un guionista con una voz propia y con la que además simpatiza, no lo suele dejar escapar. Luego sí que es verdad que existen algunos casos de fabuladores o narradores que escriben muy bueno guiones y que los dirigen ellos mismos, como Nacho Vigalondo. Me parece muy difícil ver a Vigalondo dirigiendo una película con guion ajeno. Para los guionistas, obviamente, lo más sencillo es trabajar con un director. Aunque no es lo ideal, por desgracia es la realidad.

Si te saliera un hijo guionista, ¿qué le recomendarías que escribiera justo ahora?

Si quiere tener éxito comercial, le diría que escribiera comedia. En muchas cosas, España es el reflejo de Italia y la italianización del cine es una necesidad casi inmediata. Debemos volver a conectar con el público a través de la comedia. Le diría que escribiese género sin perder la personalidad para el cine internacional, ya que, a pesar de que el género ha perdido su valor comercial en España (de hecho muchas películas de género internacionales muy buenas ni siquiera se estrenan aquí). Tenemos una tradición muy buena de género a nivel internacional porque nos gusta subvertir las normas y eso es algo que solo nos atrevemos los españoles, junto a los coreanos y a los mejicanos, principalmente.

Pero sobre todo, le diría que escribiese mucha televisión. Creo que actualmente estamos iniciando una época dorada en cuanto a calidad. Hay productoras como Boomerang que están apostando por la calidad y que son ambiciosas tanto en el concepto como en el formato. Creo que cada vez se escribe mejor, se dirige mejor y se produce mejor. Ahora se produce con menos gasto y pensando más en el producto que en el interés económico ajeno. Volviendo a la pregunta, es muy difícil prever lo que va a triunfar, pero sí que creo que los años que vienen son años de comedia.

¿Por qué crees que de repente han empezado a funcionar tan bien comedias como Tres bodas de más, La gran familia española y Ocho apellidos vascos?

En realidad la comedia siempre ha sido nuestro género. Si lo piensas, los directores españoles más brillantes como Berlanga o Buñuel son gente que ha manejado los códigos de la comedia de forma magistral. Nos cuesta hacer drama. Por ejemplo, Saura siempre se ha llevado el drama a una comedia esperpéntica o surrealista. Creo que nos cuesta mucho contar las cosas de una manera seria porque tenemos un pudor muy especial que hace único nuestro cine. Creo que la comedia es una forma de reconciliarte, tiene algo de catarsis, que es lo que necesitamos en estos momentos. Las tres películas que triunfaron el año pasado fueron tres comedias: Las brujas de Zugarramurdi, La gran familia española y Tres bodas de más. Creo que todavía tenemos que conocernos a nosotros mismos y la comedia es un medio excepcional para hacerlo.

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