DALE UNA VUELTA

24 mayo, 2019

“Dale una vuelta”. Una mítica frase que los guionistas hemos sufrido de muchos directores; ahora algunos guionistas se han tomado la maldita frase al pie de la letra y le han dado la vuelta a la situación; han ocupado el lugar de sus directores para tomar las riendas de sus propios programas.

En ficción, los guionistas se están convirtiendo en showrunners y están asumiendo la responsabilidad total en las series en las que trabajan; pero en los programas de entretenimiento, a veces menospreciados incluso desde el propio gremio de los guionistas, está surgiendo un fenómeno parecido que está pasando más desapercibido y que creo que merece tener algo más de repercusión.

Hablo de gente brillante como Ángel Cotobal, Gerard Florejachs, Cristina López, Juan Cruz, Jose A. Pérez Ledo, Pablo López, Roger Rubio, Vicente Sánchez, Jaume Buixó…Igual no os suenan sus nombres (aunque deberían si sois guionistas), pero son el “dream team” del guión de programas en nuestro país.

Ahora podéis verlos en los títulos de créditos como directores de algunos de los mejores programas que hay en emisión: “Polonia”, “Ese programa del que usted me habla”, “Las que faltaban”, “Cero en Historia”, “Órbita Laika”, “LocoMundo”, “Està Passant”…

No están todos los que son, pero sí son todos los que están; aunque no todas, hay una falta brutal de mujeres dirigiendo y escribiendo en nuestra televisión, un mal endémico de nuestra profesión, una deuda histórica que tenemos el deber de corregir entre todos.

Ahora mismo casi todos los programas de humor y entretenimiento de la parrilla de #0 de Movistar están dirigidos por guionistas; igual no es casualidad que el director de programas de entretenimiento de la cadena, Edu Arroyo, fuera guionista y director de programas míticos como el primer “Caiga quien Caiga”, “Noche Hache” o “Estas no son las noticias”.

¡Y se nota! Los programas dirigidos por guionistas, según mi experiencia, cuidan mucho más las escaletas, los contenidos y los equipos creativos.

Espero que esta tendencia se confirme y que una nueva generación de guionistas brillantes como

Tomás Fuentes, Pilar de Francisco, David Martos, Júlia Cot, Laura Márquez, Nuria Roca o Javi Valera den un paso adelante y pasen a la dirección. (Aquí ya empezamos a ver más nombres de mujer, afortunadamente)

Esta siendo un pequeño paso para algunos guionistas, pero un gran paso para la profesión.

En los últimos años ya hemos conseguido algo que nos parecía impensable hace un tiempo, organizarnos en un sindicato, ALMA (corred a afiliarse, insensatos); la próxima lucha será conseguir que haya más compañeros en puestos directivos, ejerciendo de jefes de contenidos, de responsables en las cadenas y en las productoras; y, puestos a soñar, cobrar lo que nos pertenece por nuestros derechos de autor.

(Ay la SGAE)

Parafraseando a @kubelik (Otra gran guionista, Isabel Vázquez) “En España, ese país donde los guionistas tributamos en el grupo de pintores y ceramistas y los rejoneadores tienen epígrafe propio en el IAE”, ahora los guionistas son directores de programas.

Para los indecisos termino con un gran consejo que me dio mi gran amigo y compañero de profesión, Ángel: “Si no diriges tú, es probable que tu próximo jefe sea alguien que no tenga ni puta idea”.

Guardar como… Guión definitivo V2.

Javier Durán (Subdirector de Late Motiv)


ESCUADRÓN CONTRA LA MUERTE

31 octubre, 2011

Por Daniel Castro

Este fin de semana se ha celebrado en Madrid (y simultáneamente en cuatro ciudades sudamericanas) un festival llamado 4 + 1. La selección es muy cuidada y permite ver un puñado de buenas películas que, en muchos casos, no se podrán ver nunca en pantalla grande en nuestro país. Son películas que se podrían clasificar en eso que se suele llamar “cine de autor”.

Tranquilos, ya me acerco a lo que quiero contar, esto ha sido un  párrafo de presentación.

Después de ver el jueves la maravillosa “El chico de la bicicleta” de los hermanos Dardenne, que trata sobre un chico abandonado que, después de ser abandonado por su padre, entra en un centro de menores, el sábado pensaba ir a ver otra de las pelis que me habían recomendado: “Meek’s cutoff” de Kelly Reichardt. Me metí en la web de Sensacine para leer algo sobre ella. Copio un párrafo de esa página:

Tres de tres. Kelly Reichardt lleva tres obras maestras consecutivas. La primera fue ‘Old Joy’, crónica de la desintegración de una amistad y el desgarro que deja tras de sí. La segunda fue ‘Wendy y Lucy (Wendy and Lucy)’, un viaje interior hacia la pérdida y la desolación. Y ahora nos llega con la que es, seguramente, la mejor de las tres: ‘Meek’s Cutoff’, auténtico western de áridos pasaje (…)

Cuando leí este párrafo, no pude evitar sonreírme. Sin haber visto ninguna película de Reichardt (y asumiendo que muy posiblemente sean estupendas) me llamó la atención que, según el escritor de esa nota, todas ellas hablaran de asuntos tan tristes (Esos adjetivos, esos sustantivos: desintegración, desgarro, pérdida, desolación, áridos paisajes…)

Un rápido vistazo a la programación del festival nos ofreces más ejemplos: hay películas sobre skaters adictos a la destrucción y la ultraviolencia, varios viajes al interior de las mentes de autores más o menos atormentados por el amor y/o el dolor, historias ambientadas en un correccional noruego de principios del siglo XX, etc.

En resumen, como muchos de vosotros ya habríais pensado sin esta introducción: el cine de prestigio crítico, el que acapara premios en los festivales y estrellas en las revistas especializadas tiende a ser un cine algo pesimista. En los comentarios sobre este tipo de cine suelen abundar frases como: “una crítica sin concesiones”, “el director disecciona como un cirujano”,  “un golpe al sueño americano”, “una mirada lúcida y sin piedad”… Como me pasó a mi leyendo ese párrafo sobre la carrera de Reichardt, leer varias sinopsis de cine alternativo seguidas puede resultar incluso (involuntariamente) gracioso.

Ahora, un poco de entretenimiento

Por oposición a las características del cine alternativo podemos deducir cómo es el otro, el mayoritario. Mientras uno trata de mirar (y dirigir la mirada del espectador) hacia la realidad, haciendo hincapié en lo más oscuro de esto, el cine más comercial trata de ofrecer una versión amable de la realidad o, simplemente, de no mostrarla. Se ofrece una visión amable de la realidad, por ejemplo, escribiendo finales felices. Una película en la que una valiente mujer derrota a una gran empresa química permite que el espectador se reafirme en la bondad del sistema (¿Quién puede negar que nuestra sociedad funciona si una mujer armada sólo de un buen escote es capaz de vencer a una gran multinacional?). Una película en la que un joven bastante vulgar es capaz de detener una invasión extraterrestre distrae al espectador, le entretiene y, a la vez, le transmite una serie de valores positivos sobre su capacidad de superarse y, en algunos casos, también le proporciona una buena dosis de xenofobia o miedo al otro.

Dos de las palabras que más se suelen emplear para hablar del cine más comercial son “distracción” y “entretenimiento”. Me parece bastante curioso que en otros contextos, éstas sean palabras negativas. Se atribuye un accidente de tráfico a que el conductor se distrajo cambiando de emisora de radio y no se fijó en lo importante (ese camión cargado de Toyotas que venía de frente). Se dice que alguien se entretuvo mirando porno en Internet en lugar de entregar su trabajo a tiempo y que esto tuvo algo que ver con su despido.

Sin embargo, en el cine comercial, estas son unas características que suelen verse como positivas: una película “ayuda a pasar el rato”, “no es muy buena pero es entretenida”. En este sentido, el cine cumpliría una función parecida a la de un sudoku (un sudoku que, por cierto, ni siquiera haría falta rellenar. Sería casi como ver a alguien resolver un sudoku). El cine sería algo que permitiría entretener a los espectadores, distraerles con historias que, mientras fueran vistas, parecieran de gran importancia (la destrucción del mundo tal y como lo conocemos suele ser el argumento de muchos bestsellers y películas de entretenimiento) y, cuando acabaran, dejaran al espectador tranquilo, con un estado de ánimo positivo, con la sensación de haber visto algo acabado, de lo que no ha aprendido gran cosa y que no ha cuestionado de ninguna manera sus opiniones previas o, incluso, las ha reafirmado.

Una de mis dudas sobre este concepto del cine como “entretenimiento” es ¿de qué se supone que nos tiene que entretener el cine? ¿Por qué es bueno que una película nos distraiga? ¿Qué es lo que no debemos ver o pensar? ¿Por qué asumimos que es positivo que el espectador, durante un par de horas, aparte la mirada de la realidad o detenga sus pensamientos? ¿No hay detrás de este concepto del cine como entretenimiento una visión pesimista del ser humano, como alguien que necesita ser distraído para no angustiarse? ¿No resulta algo triste que, del poco tiempo que tenemos para estar en el mundo, dediquemos la mejor parte (nuestro “tiempo libre”) a tratar de distraernos pensando en otra cosa?

El cine comercial sería, tal vez, lo que necesitamos para conjurar los miedos que nos angustian cuando no estamos distraídos. Los monstruos que salen de debajo de la cama y nos susurran al oído oscuras palabras. Nos dicen justo lo contrario que las películas comerciales, nos dicen que, para nosotros, hagamos lo que hagamos, todo va a acabar mal. Hagamos lo que hagamos, moriremos. Solos.

Visto así, ¿qué hay de malo en que una película nos permita olvidar esta información durante hora y media, aunque sea a costa de ver tramas previsibles y estúpidas persecuciones de camiones?

PD: Esta es una canción sobre las preocupaciones que se empeñan en seguirnos a todas partes. Escrita por alguien que sabe de lo que habla.


A %d blogueros les gusta esto: