COMO LOS CULOS

7 noviembre, 2013

por Sergio Barrejón.

Debo de ser un escritor lamentable. Porque desde que publiqué, hace un par de semanas, un post cuyo subtexto venía a ser “dejad de mandarme guiones, que no tengo tiempo de leerlos, y en muchos casos ni siquiera ganas”, me han llegado montones de correos de guionistas jóvenes pidiendo que me lea sus guiones.

He leído y releído aquel post y no debo de ser buen escritor, porque yo creo que el mensaje está bien explicado, no sabría cómo mejorarlo significativamente. Así que he llegado a la conclusión de que el error tal vez no esté en el emisor, sino en el receptor.

Como explica George Lakoff en su revelador libro No pienses en un elefante, las personas tendemos a fijar nuestro pensamiento en forma de “marcos”. Y tendemos, por tanto, a rechazar aquellas ideas que no “encajen” en el marco. El triunfo de una idea rompedora, argumenta Lakoff, necesita de la creación previa de un nuevo marco de pensamiento. Porque si intentamos encajarla en marcos obsoletos, la gente tenderá a rechazarla. Y es que al cerebro le resulta más fácil aceptar marcos nuevos que desechar marcos que ya están en uso. La conclusión, por tanto, es: “No discutas con tu adversario usando su lenguaje. Crea un lenguaje nuevo”.

Podría pasarme horas hablando de esto –y no lo haría tan bien como Lakoff– pero vamos a lo que vamos: he llegado a la conclusión de que no tiene sentido decir a los aspirantes que no te manden sus guiones. Porque ellos funcionan con un marco de pensamiento que les empuja a ello. Les han contado que ésa es la manera de entrar en la industria, y decirles ahora que “no, ésa no es la manera” es simplemente discutir con el lenguaje del adversario. Intentar encajar en su marco algo que no entra. Así que habrá que empezar de cero:

HOLA CHAVALES, ¿QUÉ TAL?

Hoy os voy a dar mi opinión sobre cómo tenéis que vestir. Tíos: se acabaron las camisas de cuadros, los pantalones pitillo y las barbitas recortadas. A partir de ahora os quiero afeitados, con chaqueta, camisa por dentro y chinos. Y zapatos negros o marrones, nada de deportivas.

Y ahora pasemos a las chicas y mis opiniones sobre la altura del tacón, el largo de la falda y la conveniencia o no del maquillaje.

¿Queréis escupirme ya o tengo que seguir un poco más?

¿Queréis que pase a deciros qué música tenéis que escuchar y por qué deberíais ser vegetarianos?

No, ¿verdad? Porque NADIE me ha pedido mi opinión. Porque vosotros sabéis mejor que nadie lo que tenéis que poneros o lo que tenéis que escuchar.

¿Estamos de acuerdo en esto?

OK. Ahora explicadme por qué, en el nombre de Dios, me pedís mi puñetera opinión cuando se trata de vuestros guiones, que son –o deberían ser– mucho más importantes en vuestra vida que esos ridículos pantalones pitillo o esos insalubres tacones de aguja.

¿Qué sentido tiene que tú, estudiante de Comunicación, con un Máster de Guión y 28 añazos bien puestos, le pidas su opinión sobre tus guiones a un cuarentón que se gana la vida con las telenovelas?

La hora de pedir permiso para ser guionista se acabó. El que escribe guiones es guionista, y el que pide opiniones es estudiante. Y el que sigue estudiando al filo de los treinta, ¿sabéis lo que es? Es SOSPECHOSO.

Escribir es decirle al mundo: “Aquí estoy yo, y así es como veo las cosas. Y si no te gustan, búscate otra cosa que leer”.

Pedir opiniones es lo contrario a escribir.

Entiendo que has crecido en una sociedad entre cuyos marcos de pensamiento se hallaba uno que decía: “Si vas a la Universidad saldrás con trabajo y tendrás un futuro digno”. Entiendo que has madurado en una sociedad donde uno de los programas más vistos de televisión era uno que te decía que “si te eligen para esta academia y sigues las indicaciones de tus profesores, al final te espera EL TRIUNFO”.

Entiendo que todo eso ha podido influir en tus marcos de pensamiento. Pero eh, mira a tu alrededor. El plan no funciona. Nos han engañado. ¿Qué hacemos? ¿Seguimos enviando emails como una polilla dándose contra una bombilla o intentamos otra vía?

Habéis estado AÑOS escuchando a profesores deciros cómo tienes que hacer las cosas. Y, seamos serios, la mayor parte de lo que habéis oído eran gilipolleces. Os parecían gilipolleces cuando las oíais. Habéis aguantado sentados en la silla porque se suponía que eso es lo que había que hacer. He visto las caras de muchos de mis alumnos. Decían: “Menudo gilipollas”. Y probablemente tuvieran razón.

Yo, dando clase. Ved las caras del personal. “¡Matadme!”, están pensando.

¿Por qué le sigues pidiendo la opinión a gilipollas? ¿No has tenido ya bastante?

¿De qué puede servirte mi opinión? Si te digo que tu guión es muy malo, ¿qué vas a hacer? ¿Comértelo? Lo más seguro es que no me creas.

¿Y si te digo que es muy bueno? Ahí es más probable que me creas. Pero ¿de qué sirve? ¿Qué vas a hacer con esa información? ¿Lo vas a poner en la portada? “Al gilipollas ése que escribe en un blog le ha gustado”. Como reclamo para productores no suena muy prometedor.

La única opinión que te interesa es la de la gente que podría invertir su tiempo, su talento y/o su dinero en tu trabajo. Punto final. ¿Has escrito un guión? ¿Tu conciencia te dice que es bueno? Enséñalo a gente que haga producción. Enséñalo a actores (no a colegas con gracejo, a ACTORES de verdad). Enséñaselo al concejal de Cultura de tu pueblo. Enséñaselo a tu tío político. Sí, el frutero, ése que compró un piso a tocateja. Pídele pasta.

La única excepción que conozco a esto son los compañeros de clase con los que sintonizabas especialmente. O ese puñado de amigos que se dedican a esto y que ven la vida y el cine de una manera afín a la tuya. Las opiniones de esa gente pueden serte útiles. La mía no.

Existe, naturalmente, una manera de rentabilizar la opinión de un profesional, que es pedirle un análisis. Que sea lea tu guión tres o cuatro veces, lo subraye, lo anote, y te escriba un informe de tres o cuatro páginas. Pero eso, lógicamente, cuesta dinero. Y no es de eso de lo que estamos hablando. Estamos hablando de que tienes que equivocarte. QUIERES equivocarte. Necesitas hacer un par de cortos malos. Tus cinco años de carrera, el máster y los diecisiete seminarios no son NADA comparado con lo que vas a aprender de ese corto HORRIBLE que te empeñaste en hacer.

Pedir la opinión de alguien que no va a trabajar contigo es un subterfugio, un parapeto, una defensa contra la terrible evidencia de que ahora el que opina aquí eres tú.

Tú eres el autor.

Tú has escrito esta mierda.

A ti te toca defenderla en público.

Y sí, es muy probable que la gente LA ODIE. ¿Y qué? Dime qué autor de los que admiras no se dio una vez una bofetada monumental. Sal ahí a buscar esa bofetada. Cuanto antes te lleves la primera, mejor. Porque es la opinión del público –pero como público, no como lector a lector- la que te interesa, la que te va a dar de comer.

Una vez asistí a un taller de teatro que impartía José Luis Alonso de Santos. Al final del taller, un alumno se le acercó y le preguntó si podría leerse una obra que había escrito, a ver si era buena.

—Es muy buena— dijo Alonso de Santos.

—P… pero si no se la ha leído.

—Bueno, pero la has escrito, ¿no? Toda enterita. Y la has encuadernado, y se la quieres enseñar a tus profesores. No harías todo eso si no fuera buena, ¿verdad?

Me pareció una manera brillante de quitarse de encima a aquel pesado. Yo voy a probar otra. Al próximo desconocido que me envíe un email con un guión adjunto le contestaré diciendo:

—He leído tu guión. Es una basura. Métetelo en el culo y no vuelvas a escribir nunca nada, fracasado.

Si el que me lo envía es escritor, le importará un carajo mi opinión.

Si el que me lo envía le da la más mínima importancia a esa contestación… es que no es escritor.

Y para ser coherente con mi opinión sobre las opiniones, los comentarios a este post quedarán cerrados. Que tengáis un buen día.

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MÍRAME A LOS OJOS

8 mayo, 2013

por Sergio Barrejón.

Cuando yo empezaba a escribir guiones, uno de los errores más comunes de los principiantes consistía en sacar cincuenta fotocopias del primer guión de largometraje, encuadernarlas y enviarlas a las productoras así, a lo loco. Y luego esperar a ser descubierto.

Así que, además de ser un error de principiante, era un error caro. Había que AHORRAR para luego despilfarrar el dinero en fotocopias y canutillos como un tarado. Porque en aquella época, queridos niños, internet era algo raro que te sonaba que tenían los americanos, pero que no sabías muy bien qué era ni para qué coño servía. Probablemente no sería más que una moda absurda, como la de los teléfonos móviles. ¿Quién necesita llevar un teléfono encima todo el día? De esa época hablo.

Jaja, qué viejuno.

Sí, es gracioso, ¿eh? Los teléfonos móviles e internet siguen aquí, yo sigo aquí… y la mala costumbre de enviar los guiones sin que nadie te los haya pedido también sigue aquí. Ahora ni siquiera es caro. Ni siquiera hay que ahorrar. Ni siquiera hay que VESTIRSE para enviar tu primera obra maestra ahí fuera. Simplemente googleas un poco, entras en el buscador de empresas de FAPAE, localizas una productora de las tochas y un email de contacto y BOOM:

Hola, os envío mi guión “Resacón en La Vera”, es una comedia súper original que puede REVENTAR la taquilla. Hay muchas risas, sexo, fiesta… No es la típica comedieta sin gracia que se estrena en España, en plan con Javier Cámara haciendo el monguer y que no le interesa a nadie. El reparto sería Mario Casas, Amaia Salamanca y Miguel Ángel Silvestre. Éxito seguro. Está ambientada en Extremadura, en La Vera, de donde yo soy, así que conozco bien de lo que hablo.  Bueno, os la leéis y me decís algo. Chao.

Es un email inventado. Pero os juro que emails como éste, con su .pdf adjunto (a veces ni eso: directamente un miserable .doc), se reciben muy habitualmente en las grandes productoras. En ese tono. Con sugerencias de casting. Con esa garantía de éxito. Con comentarios despreciando otras películas. A veces, despreciendo películas de esa misma productora.

Es un caso extremo, sí. Pero es un caso extremo que se da, fácilmente, una vez por semana. Así está España, amigos. Y os he ahorrado una reproducción realista de la ortografía de ese tipo de emails.

Naturalmente, las probabilidades que tiene un guión presentado así de ser no ya producido, sino siquiera leído, son CERO. Lo cual, supongo, es la buena noticia. La mala noticia es que un guión bien presentado, con una carta correcta y amable (en la que naturalmente no se incluye el guión adjunto, sino que se pide permiso para enviarlo),  tiene las mismas posibilidades de ser producido. Cero patatero.

Ya está el viejuno intentando desanimar a los que empezamos. Éste lo que quiere es que no enviemos nuestros guiones para que no le quitemos el trabajo. Malditos subvencionados SGAEcanonSindeguerracivil.

CALMA. Dejad que me explique con un ejemplo. El pasado 22 de abril, en el festival de Málaga, se estrenó una película con guión mío. Exactamente cinco años después de haber entregado el guión. Y era un encargo, ojo. O sea, han sido cinco años de intentar financiar el proyecto, producirlo y posproducirlo.

Hacer una película requiere mucho tiempo de trabajo. Años. Y durante esos años, las personas implicadas en la película van a tener que pasar una tremenda cantidad de tiempo juntas. Tanto, tantísimo tiempo, que es lógico que los productores no se contenten con saber si el guión es bueno. También quieren saber lo ha escrito una buena persona. Si va a ser soportable trabajar con esa persona.

Poneos en la piel del productor. Le pasan un informe muy positivo de un guión que ha llegado por email. Un guión de un completo desconocido. Lo lee y no está mal. Qué coño, está bien. Incluso ve por dónde meterle mano. Este personaje es perfecto para Darín. Eso ya son ventas internacionales. El 90% son interiores, esto lo puedo rodar en 4 semanas. ¿Podríamos llevárnoslo a Colombia? Dan unos incentivos muy jugosos. Con tres días de exteriores en Madrid da el pego. Y el personaje de la hermana es perfecto para Catalina Sandino…

Pero de pronto empieza a hacerse otras preguntas. Un momento. ¿Quién es este tío? Sólo tiene dos créditos en IMDB: dos cortos, uno de ellos del Notodo, en plan Juan Palomo. ¿Y si resulta que tiene un ego del tamaño de Pamplona? ¿Y si le digo de poner a Darín y me dice que ni de coña, que el personaje tiene que ser español? ¿Quiero pasarme dos años de mi vida lidiando con este tío que ni siquiera ha venido en persona a presentar su proyecto?

Hay muchas más preguntas, en realidad. Una de las peores es ¿Quién va a poner pasta en una peli dirigida por un desconocido? A la que sigue, naturalmente: ¿Dejará que lo dirija otro? Pero ¿quién? Porque el productor sabe que 9 de cada 10 directores que aceptan reunirse con él para hablar de un proyecto escrito por otra persona lo hacen sólo por sacarse una comida gratis… Durante la cual no dejarán de hablar de su propio proyecto. El productor sabe que sólo 1 de cada 10 directores aceptan realmente encargos. Y entonces cierra el iPad, se deja de leer guiones que nunca saldrán adelante y sigue con lo que estaba haciendo. Pero centrémonos en el final del párrafo anterior: lo de pasar dos años de su vida con un desconocido.

Habréis oído muchas veces eso de que aquí lo que vale no es el talento, sino los contactos. Que todo se mueve por enchufe. Y que a la playa hay que ir temprano. Lo último nunca lo he tenido claro, pero lo otro sí: no es cierto. O al menos, no es exactamente cierto. Lo que sí es cierto, y muy comprensible, es que la mayor parte de los productores optan por el viejo refrán: más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer.

El cine es un trabajo de equipo. Una película sólo puede salir bien si el equipo rema en la misma dirección (y lo hace en la dirección correcta, claro). Remar en la misma dirección es básicamente una cuestión de comunicación. Todos los equipos deben comunicarse, saber hacia dónde dirigirse. Todos. No sólo en el rodaje. La buena comunicación empieza en ti. Si no eres capaz de comunicar las virtudes de tu propia historia, mal empezamos. Enviar el guión por email (o por correo) no es una buena manera de comunicarse. Hay que ir al despacho de productor. Hay que mirarse a los ojos. Explicar qué película quieres hacer. Qué es lo que te hizo escribirla, qué es lo que te apasiona de la historia. Por qué crees que puede funcionar.

El cine es un trabajo de equipo, y tu primer compañero de equipo es el productor. Enviar el guión por email no vale para nada. Levanta el teléfono y pide una cita. Sé claro y directo. Si no tienes experiencia, no intentes tirarte el rollo. Pero tampoco pidas perdón por haber nacido. En esta profesión no se piden currículos. Eres guionista, tienes un proyecto que crees que puede interesarles y te gustaría reunirte cinco minutos con el productor para contárselo. Simplemente eso.

No sólo es la manera más razonable de hacer las cosas. También es la más segura: tú también quieres mirar a los ojos al productor y estar seguro de que no es un loco con más ego que Pamplona, de que no va a poner a Angie Cepeda en el papel de la abuela con Alzheimer.

Naturalmente, lo decisivo es lo que ocurre después en el despacho del productor, si consigues la cita y si lo que veis en vuestros respectivos ojos pinta bien. En el mejor de los casos, será el principio de una larga travesía del desierto que muy pocas veces (pero algunas) acaba en fama, dinero y oropeles. Pero eso ya no me cabe en este post. Si quieres saber más al respecto, tendrás que venir a mi clase El oficio de guionista. Es el 18 de mayo en Madrid. Inscribirse cuesta 5€ y el resto es paga-lo-que-quieras. Todavía hay plazas. Si te interesa, rellena este formulario. Y si quieres más información, haz click en esta imagen.

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CONSULTORIO LEGAL CON TOMÁS ROSÓN

19 mayo, 2011

por Sergio Barrejón.

De vez en cuando, llegan al email de bloguionistas consultas de tipo legal que, por prudencia, no nos atrevemos a contestar. Normalmente, lo que hacemos es sugerir a los lectores que consulten con un abogado.

Yo, personalmente, suelo recomendar a todo el mundo que acuda a Tomás Rosón. Abogado en ejercicio desde hace cuarto de siglo, Tomás Rosón ha sido asesor legal del sindicato ALMA y de la entidad de gestión DAMA desde sus inicios. En 2002 fundó la firma Gravina Abogados, desde la que ofrece sus servicios a los socios de ALMA y DAMA a precios muy ventajosos.

Hace dos semanas, el lector A.M.R. nos escribió unas preguntas que ya son viejas conocidas entre los guionistas de largometraje que intentan hacer llegar sus obras a las grandes productoras. Concretamente, son preguntas que se ha hecho todo aquel que haya visitado la página en que Filmax establece las condiciones bajo las cuales recibe guiones no solicitados:

Hola,

os planteo una pregunta por si pudiera ser motivo de comentario en vuestro blog:

Recientemente he acabado biblia, tratamiento y guión de una serie de televisión. Me disponía a enviar todo el material a Castelao, una filial de Filmax que ha producido una serie (Polseres vermelles) con un tono que se ajusta bien a lo que yo propongo.

El caso es que en Castelao (Filmax) tienen como requisito indispensable firmar el siguiente documento:

Como veis el documento priva al guionista de casi cualquier derecho existente, pero el punto V es particularmente terrible. Cito:

“El DECLARANTE renuncia toda acción y reclamación judicial o extrajudicial contra CASTELAO relativa a la vulneración de propiedad intelectual, plagio y/o uso de material en dominio público que pueda estar incluido en el PROYECTO.”

Dicho esto mi pregunta es: 

1.- El punto V, ¿es legal?

2.- El punto V, ¿es habitual?

3.- El punto IV, sobre la exclusividad, ¿es habitual? 

En mi opinión todos los puntos del contrato son un completo abuso; exclusividad, cesión de derechos de por vida, cesión de tu propiedad intelectual… pero agradecería vuestra visión del asunto.

Un saludo y enhorabuena por el blog!

Esta vez, en lugar de derivar al lector a Tomás Rosón, decidí probar a llamar yo mismo a Tomás y proponerle que contestase él directamente, aquí en Bloguionistas. Aceptó sin dudarlo, y sin pedir nada a cambio. Y ésta es su respuesta:

Lo primero a considerar es qué significa la cláusula V, y de ella cabe destacar que no se refiere a las infracciones sobre el material original aportado (obviamente una renuncia a una acción por plagio sobre tal material sería nula, pues el plagio es un delito, y los derechos morales de propiedad intelectual, como el de paternidad de la obra, irrenunciables), sino a las infracciones del material de dominio público incluido en el proyecto, por lo que parece una forma sibilina de apropiarse más que de obras, de ideas que no son protegibles desde el punto de vista de la propiedad intelectual: por ejemplo, de la idea de hacer una obra sobre un personaje histórico determinado. Para proteger estas ideas precisamente se usan cláusulas de confidencialidad que dicen exactamente lo contrario de lo que se recoge en ese documento. Puede consultarse un modelo en la página de ALMA (descargable sólo para afiliados).

La cláusula IV no es de exclusividad, sino una garantía del autor de que su obra es original e inédita y que no se ha movido en productoras o concursos. No es ilegal en sí misma.

Con carácter general, no obstante, y desde el punto de vista de un guionista profesional, es poco recomendable suscribir documentos como éste, pues aunque está pésimamente formulado en términos legales y deja muchos agujeros, “barre para casa”: sin conllevar obligación alguna a Castelao (que ni siquiera está obligada a contestar), en la práctica se convierte en una opción de compra a su favor gratuita por seis meses, y no hay porqué regalar a nadie una opción que cuesta dinero en el mercado: los guionistas profesionales que valoran su trabajo no dan a las productoras opciones gratuitas, sino remuneradas.

La razón es clara: la empresa tendrá mucho más interés en colocar los proyectos que le cuesten dinero: de hecho, si pagan, es que tienen interés en desarrollarlo. Por otra parte, no se tardan seis meses en leer un proyecto y evaluar el posible interés, sino un mes a lo sumo, que sería un plazo razonable para dejar una obra en depósito.

En seis meses, Castelao podría no sólo entregar el proyecto a terceros (cosa que se autoriza en el documento) sino moverlo por las televisiones y, además, “quemarlo” ofreciéndolo junto con otros igualmente gratuitos, e incluso, siendo malpensados, simplemente retirarlo de la circulación para que no haga sombra a otros proyectos que le interese colocar a dichas televisiones.

Además de enviarme su respuesta, y siendo como es una persona ocupadísima, Tomás Rosón me pidió que dejase claro que la colaboración que podía ofrecer a este blog sería esporádica y sólo para asuntos de interés general.

Así que todos aquellos que tengáis una duda legal y queráis la opinión clara y directa de un especialista, podéis contactar con Tomás Rosón en Gravina Abogados.

Muchas gracias, Tomás.



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