10 ERRORES FRECUENTES DE LOS ESTUDIANTES DE GUIÓN (II)

18 enero, 2016

Continúo repasando los errores más comunes que he observado entre mis alumnos en los años que llevo dando clase de guión. Puedes leer la primera parte aquí: 10 errores frecuentes de los estudiantes de guión (I)

6. Pasar demasiado tiempo delante del ordenador. Uno no llega a ser escritor si pasa más tiempo en las redes sociales que leyendo libros. Que viendo películas. Que asistiendo al teatro y a conciertos. Y ninguna de esas cosas debería ocupar más tiempo que el que se dedica a escribir. Como además conviene hacer algo de ejercicio al día, dormir siete horas y relacionarse con los amigos y la familia, alguien que está realmente dedicado a formarse como guionista no debería tener tiempo de entrar en Facebook. Y si un estudiante realmente considera que el tiempo que pasa en las redes sociales es importante para su carrera, entonces debería dedicarle un tiempo fijo cada día. Debería planificar y administrar correctamente el tiempo que invierte ante el ordenador. Y recordar que, con las mismas manos con las que teclea, podría agarrar un bolígrafo y un cuaderno. Y escribir fuera de casa, lejos de las pantallas y las distracciones.

7. No pasar suficiente tiempo delante del ordenador. No existe nadie tan ingenuo como para pensar en llegar al equipo olímpico de atletismo sin entrenar todos los días durante AÑOS. Sin embargo, muchos estudiantes piensan que con vomitar la primera versión de un guión de cortometraje ya están listos para petarlo. Las probabilidades de que alguien lo pete con su primer guión son las mismas que las de ganar el bote del euromillón. Imposible no es, pero NO TE VA A PASAR A TI. Así que opta por el camino lógico: sienta el culo en la silla y escribe cuatro páginas diarias. No serán buenas. De hecho, lo más probable es que sean atroces. Porque los primeros cientos de páginas de todos los escritores casi siempre son atroces. Por eso conviene escribirlas cuanto antes, para que cuando empecemos a escribir las páginas decentes y a ganar dinero con ellas, aún nos quede juventud para disfrutarlo.

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8. Entregar su guión demasiado pronto. Escribir un guión es algo verdaderamente difícil. No es complicado: basta con sentarse y enumerar una serie de acciones en presente de indicativo, trufándolas de vez en cuando con diálogos atribuidos a unos personajes con nombre propio. Ni siquiera hace falta inventar nada: las palabras están en el diccionario. Las acciones a emprender son simples. Ahora bien, que el resultado tenga sentido o un mínimo interés es difícil que te cagas. Por eso, muchos estudiantes se dejan llevar por la euforia de haberlo conseguido y se apresuran en mostrar al mundo su creación, esperando erróneamente que el mundo compartirá su alegría. Pues no. Lo recomendable, cuando uno termina un primer borrador, es guardarlo en el cajón unos días. Dos, doce… Depende de cada cual. Pero hay que dejarlo reposar. ¿Te comes el bizcocho nada más sacarlo del horno? No, ¿verdad? ¿Te llevas al bebé a pasear según la matrona lo saca del paritorio? No, ¿verdad? Pues con tu guión lo mismo. Lo has terminado. Enhorabuena. Siéntete bien. Eres parte de esa élite que no sólo quiere escribir, sino que efectivamente escribe. Pero no te vengas arriba demasiado pronto. Guarda el borrador. Déjalo madurar en tu cabeza. El fin de semana que viene lo relees. Corriges las ciento treinta y siete erratas que no parecían estar allí la semana pasada (y que sólo son la mitad de las que efectivamente hay, por cierto). Y entonces sí, se lo enseñas… a tu grupo de lectores beta. (¿No tienes un grupo de lectores beta? Echa un vistazo al error número 10.)

9. Entregar su guión demasiado tarde. En televisión, y a veces también en cine, un guión brillante y sin erratas entregado fuera de plazo es peor que un guión mediocre, en Word y en Comic Sans entregado dentro de plazo. Los plazos son importantes. Habrás oído ya que el cine (y la televisión) es a la vez arte e industria. No es un cliché. De que tú entregues a tiempo puede depender mucho dinero. Pueden depender muchos empleos. Entrega en plazo. También en clase. Esta es la lección número uno, y hay que ser rematadamente obtuso para no aprenderla de inmediato.

10. No escuchar. Cabe suponer que cuando una persona decide estudiar una materia, es porque quiere aprender todo lo posible sobre esa materia. En el mundo del guión se produce con frecuencia una paradoja: gran parte de la gente que se dedica a estudiar guión es porque piensa que lo sabe todo sobre guión. No escuchan los consejos de sus profesores. Se toman las sugerencias de reescritura como ofensas personales. Ninguna idea ajena les convence. Las referencias que se les proponen les resultan anticuadas, facilonas o banales. Erróneas. Asisten a conferencias y charlas con la ceja levantada. Olvidan incluso los consejos más prácticos que reciben en clase. Y no es falta de inteligencia. Es sólo prepotencia inducida. Resulta comprensible. En una sociedad donde la prensa “especializada” vive de la caridad de las multinacionales, donde los datos de taquilla son noticia, donde la percepción del artista cinematográfico está polarizada entre los conceptos de “genio” y “titiritero subvencionado”, es difícil enfrentar esta profesión de forma sobria y sensata.
De todos modos, a cada generación le incomoda especialmente el discurso de la generación anterior. Es lógico e incluso saludable. Por eso es tan importante que el estudiante de guión cuente con un grupo de lectores beta. Esta es una de las mayores ventajas de ser estudiante: conocer y frecuentar a colegas con los que se comparten intereses, criterio e incluso franja de edad. Un estudiante de guión ganará mucho con la ayuda de uno o dos lectores afines, con los que haya la suficiente confianza para intercambiarse primeros borradores y decirse las verdades a la cara, por dolorosas que puedan ser. Y escuchando sus notas, sobre todo si en lugar de discutirlas en el momento, se dedica a reflexionar sobre ellas durante un par de días, especialmente sobre aquellas con las que no está de acuerdo. No es casualidad que los guiones necesiten de este proceso dialéctico: el arte dramático se basa en la discusión y el conflicto. Igual que dos personajes que están de acuerdo no dan lugar a una escena, un lector beta no es útil si no encuentra defectos a tu guión.

Esto es lo que he aprendido de mi experiencias docentes. Espero que haya sido de utilidad para algún estudiante de guión. Si en algún momento he sonado paternalista o impertinente… es porque lo soy. No conscientemente. Me gustaría no serlo, pero qué demonios: soy un profesor cuarentón que pontifica desde un blog. Cómo no voy a sonar paternalista para gente a quien le doblo la edad. Quiero pensar que de vez en cuando digo algo concreto que resulta aprovechable. Pero al final, esto es un arte. Nadie tiene la fórmula para hacerlo bien. Desde luego, yo no la tengo. Como mucho, puedo orientar a alguien en el uso de ciertas herramientas. Nada más. Supongo que el error número once podría ser “hacer demasiado caso a profesores, gurús y blogueros bocazas”. Por mucho Obi-Wan o Yoda que nos haya aleccionado, en el momento de enfrentarnos a Darth Vader vamos a estar solos.

Sergio Barrejón.

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10 ERRORES FRECUENTES DE LOS ESTUDIANTES DE GUIÓN (I)

11 enero, 2016

por Sergio Barrejón.

Dar clases de guión no es particularmente lucrativo. La docencia quita tiempo y energía que uno podría emplear en trabajos mejor pagados, o en escribir esos proyectos personales que siempre está uno postergando. O mejor: en pasar más tiempo con la familia y amigos.

En 2014, analizando el guión "Repite conmigo, loro" en el Máster de Guón de Salamanca. Foto: Juan Medina.

En 2014, analizando el guión “Repite conmigo, loro” en el Máster de Salamanca. Foto: ©Jean Cité.

Pero dar clase es rentable, de una manera distinta a la económica. No quiero caer en el cliché según el cual “el profesor aprende más que los alumnos” (menudo fraude). Pero lo cierto es que uno se renueva como profesional. Cuando uno es un guionista “consagrado” (sea lo que sea eso) corre el riesgo de anquilosarse, de refugiarse en la zona de confort. Estar en contacto con jóvenes aspirantes obliga a repensar las técnicas, los arquetipos, los clásicos. Le recuerda a uno que escribir consiste en mejorar. Y es que cuando crees que eres bueno, es porque ya estás viejo. Enseñar rejuvenece. Te enseña a replantearte todo. A mirar los textos con ojo crítico. A seguir exprimiendo el limón, porque siempre hay una forma de apretar más fuerte y sacar otra gota de zumo de un limón que parecía seco.

Normalmente mi temporada de clases termina con el año. Y en enero siempre me vienen flashbacks de las clases que he dado. De las cosas que yo he aprendido (y que espero haber transmitido a mis alumnos). Juntando algunos de los flashbacks de este enero, me ha salido este decálogo de errores comunes de los estudiantes de guión:

1. Pensar que no tienen contactos. De hecho, quizá el error sería pensar demasiado en los malditos contactos y demasiado poco en lo verdaderamente importante, que es escribir más y mejor. Pero la cuestión es que la mayor parte de los estudiantes de guión, por definición, ya tienen “contactos”: sus profesores. Muchos, pero muchos profesionales de guión muy reputados, estarán encantados de echarles una mano a sus ex alumnos si preguntan con sentido común, con educación y con respeto. Naturalmente, si la pregunta es: “¿Cómo hago para conseguir trabajo de guionista?” vamos mal. ¿Le preguntarías a un hombre casado “cómo hago para encontrar esposa”? Pues eso.

2. Pensar que los estudios les dan más posibilidades de trabajar. Muchos estudiantes de guión piensan que, al poco de terminar su máster o su curso, alguien les hará llegar una de esas míticas PRUEBAS DE GUIÓN, mediante la cual demostrarán su TALENTO y verán abrirse ante ellos LAS PUERTAS DE LA INDUSTRIA. En realidad, a nada que uno lo piense, no hay ningún motivo lógico por el cual el productor ejecutivo de una serie esté dispuesto a contratar para una serie a jóvenes recién salidos de la escuela, sin ninguna experiencia, y cuya actividad literaria se limita a esperar que alguien les haga llegar una prueba. No funciona así. Uno sólo se acredita como escritor… bueno, escribiendo.

Por un lado, es casi imposible (¿Imposible del todo? No, pero CASI) que un chico de veintipocos haga una prueba brillante para una serie si antes no ha escrito unos cuantos cientos de páginas. Un largo, unos cuantos cortos, una obra de teatro, un proyecto de serie, un piloto…

Por otro lado, hacer una prueba brillante no garantiza que uno tenga los recursos para alimentar la exigente máquina de una serie semanal (ni hablemos ya de una diaria) durante meses, manteniendo un buen nivel y sin acabar en un psiquiátrico. Molaría mucho que así fuera, pero en la vida real las cosas no suelen ser así. (¿Acaso nunca ocurre así? Alguna vez, pero CASI nunca). En la vida real, uno puede haber entrenado con el mismísimo Yoda, pero si se enfrenta a Darth Vader demasiado pronto, lo más probable es que le corte una mano. Y en la vida real no te implantan una mano biónica al final.

3. Pensar que tienen vidas infinitas. El ambiente controlado y seguro de una escuela o facultad de guión es engañoso. Uno piensa que entregar un guión sin terminar, o lleno de erratas, o de incoherencias, o peor aún, FUERA DE PLAZO (insertar sonido de trueno y chillido de horror) no va a tener consecuencias, porque al fin y al cabo sólo están estudiando (léase PAGANDO) y “tienen derecho a equivocarse”. Esto es un error gravísimo. En primer lugar, nadie tiene derecho a equivocarse nunca, en ninguna circunstancia de la vida. Lo que ocurre es que todos nos equivocamos, y lo lógico es ser más o menos tolerante con los errores ajenos, especialmente con los errores de la gente que está empezando. Pero de ahí a pensar que tienes DERECHO a equivocarte va un abismo. Ni siquiera los alumnos más aventajados y los que aciertan siempre tienen DERECHO a llegar a trabajar de guionista. El mercado audiovisual es una jungla (como cualquier mercado laboral de cualquier ámbito, excepto el de los Registradores de la Propiedad y los Notarios, donde los méritos no cuentan, y personas apellidadas Rajoy Brey pueden medrar sin problema).

Lo cierto es que los errores que cometes en la escuela también te pueden pasar factura. Recuerda que tus profesores y tus compañeros son tus primeros “contactos”. ¿Quieres quedar como un vago delante de tus primeros contactos? No es buena idea. Tus tareas de clase deben estar tan bien trabajadas, tan bien formateadas y tan bien presentadas como si fueran encargos profesionales pagados en oro puro. Nunca es demasiado pronto para adoptar una actitud profesional. En el caso de que algún día yo tenga que recomendar a un guionista joven, es poco probable que elija al que en mis clases presentaba sus guiones tarde, sin portada, con erratas y escritos en Word con Comic Sans.

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4. Juzgar a sus profesores por sus créditos profesionales. El hecho de estar PAGANDO para aprender guión enturbia, en cierto modo, todo el proceso. Me explico: el objetivo final es que uno COBRE por escribir. Por tanto, parece ilógico empezar pagando por hacerlo. Y algunas personas, por su carácter sólo saben lidiar con esa falta de lógica adoptando una postura cínica ante el proceso: “qué me va a contar a mí de escribir guiones un dialoguista de Amar es para siempre“.

Un sano escepticismo hacia las presuntas capacidades del profesor siempre está bien. Le protege a uno de caer en el sectarismo de algunos gurús del guión. Pero no confundamos sano escepticismo con autodesprecio. Porque seguir acudiendo a unas clases que consideras una mierda no es más que una forma de autocastigo. Si eres tan bueno, los profesores tan malos y las clases tan caras, ¿qué haces ahí? Coge todo ese dinero que estás pagando e inviértelo en producir tu propia película low budget (que no “low cost”, no seamos horteras).

5. No creer en sus personajes ni en sus historias. Éste quizá es el peor error. Y tiene mucho que ver con el punto anterior. Cuando uno empieza a profundizar en el proceso de la escritura, se da cuenta de que es condenadamente difícil hacer esto bien. Y no hablo sólo de la técnica. Es que, apenas uno se pone en serio a escribir, se da cuenta de que la única manera de no escribir una basura banal es PROFUNDIZAR en la historia. Y profundizar en la historia duele. Porque consiste en poner algo PROPIO en el texto. Hay que dejar un trocito de la propia piel en cada página. Hay que vomitar. Hay que desnudarse. Hay que sacar a la luz cosas que la gente normal no va por ahí enseñando. Y eso DA MIEDO.

Para paliar la falta de autenticidad y de profundidad, muchos estudiantes recurren a EFECTOS: chistecitos de segunda; referencias culturales que no son más que una desesperada búsqueda de complicidad en la cobardía; giros impactantes por inesperados… pero que no afectan a la vida del protagonista, igual que el guionista quisiera no ver alterada su vida por la historia (cosa que es necesaria para que la historia valga algo); diálogos altisonantes o súper irónicos para demostrar que ellos, aunque cobardes, son inteligentes.

Como no conviene que los flashbacks se alarguen demasiado, voy a dejar este post aquí, y la semana que viene hablaré de otros cinco errores comunes. (Ver post: 10 errores comunes de los estudiantes de guión – II)

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