“DEBEMOS CONFIAR EN LAS HISTORIAS QUE ESCRIBIMOS”

13 febrero, 2017

Entrevista y Fotografías de Àlvar López y Carlos Muñoz Gadea.

Andrea Testa y Francisco Márquez son los dos guionistas y cineastas argentinos que adaptaron La Larga Noche de Francisco Sanctisuna historia que transcurre a lo largo de una única noche durante los últimos días de la dictadura argentina. Con ellos pudimos hablar en San Sebastián sobre su método de trabajo y sobre las claves del proceso de adaptación de la película.

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A partir del momento que elegís adaptar la novela de Humberto Constantini, ¿cómo es el proceso de adaptación que lleváis a cabo?

Andrea: En un primer momento quisiera destacar que nosotros no estábamos buscando algo que adaptar. Más bien, la novela apareció. Es más, apareció en un pequeño puesto de libros usados, en Buenos Aires. Fue una suerte, porque el libro ya está descatalogado.

La verdad que lo leímos muy rápido, y tanto a uno como a otro nos dejó la sensación de que este libro tenía que ser algo más, no podía quedarse ahí. De hecho se lo empezamos a prestar a muchas personas porque la novela tenía “algo” que necesitábamos que se propagara. Y a partir de ese impulso decidimos escribirla.

Fue un proceso largo, de muchos años. Lo primero que hicimos fue desglosar todos los sentimientos del personaje, qué es lo que le ocurre, para luego centrarnos en cuáles eran los límites de lo literario para poder hacer el traspaso al audiovisual. Una vez tuvimos esto se trató de un ejercicio de pruebas y errores a partir de lo que nos daba la novela. Por ejemplo, en una primera versión teníamos una voz en off que estructuraba, contaba lo que le pasaba al protagonista. La novela está escrita a modo de monólogo interior, por lo que podíamos acceder a sus dudas, miedos, pensamientos y recuerdos del pasado, por lo que esa voz en off nos iba encaminando hacia lo que queríamos.

Pero la voz en off no nos gustaba nada (risas). Habíamos quedado suplentes en un concurso de guión, y eso nos daba la posibilidad de filmar la película, pero renunciamos a ello para analizar el guión y detectar cuál era la mejor manera de adaptar la voz en off a un lenguaje audiovisual que nos convenciera.

¿Cómo y cuándo decidís alejaros de la novela y suprimir la voz en off?

 Francisco: Para mí hubo un momento clave, y fue cuando un docente de guión nos aconsejó que nos apropiáramos de la novela. A veces cuando uno admira algo y está muy involucrado sentimentalmente, cree que funciona muy bien, y cuesta hacer esa adaptación no siendo estrictamente fiel. Pero una vez seguimos el consejo de hacer la historia nuestra, todo empezó a ir mejor.

Cambiamos los ejes con los que está estructurada la novela. Así, todas las decisiones que toma el personaje, estaban marcadas por su destino trágico que se desarrolla al final del libro. Eso hacía que muchas acciones se dieran casualmente, que aparecieran. Y para el libro está muy bien, pero a nosotros nos interesaba mucho más trabajar el concepto de voluntad. Así, la voluntad se presenta como un personaje que activa a nuestro protagonista a involucrarse en algo que puede poner en peligro tanto su vida como la de sus seres queridos. Así, él tenía que empezar a tomar decisiones, que es algo que en términos cinematográficos funciona muy bien, además de que conectaba mucho mejor con lo que nosotros queríamos contar. Gracias a ello empezaron a surgir escenas que no estaban en el libro, empezamos a escribir de manera distinta.

Por otro lado, y como decía Andy, toda la novela está estructurada a modo de pensamiento interior, por lo que había que descubrir cómo transmitir esas palabras en imágenes. Ese era para mí el mayor desafío: tenemos a un personaje que está con un dilema que no puede verbalizar, por lo que tenía que expresar un montón de cosas sin decirlas. Y aunque esa fuera nuestra puesta en escena, en el guión tenía que estar verbalizado de algún modo para poder transmitirlo de alguna manera, aunque fuera con imágenes y sonidos. Porque había que verbalizarlo de algún modo, si bien el mismo conflicto interior del personaje ya tiene algo de prohibido.

Interesante. Hablamos en este caso de que el conflicto interior del personaje venía dado por subtexto.

Andrea: Efectivamente. Además, también queríamos dejar claro que si él decía algo, si trasladaba esa información, podía poner en peligro a sus seres queridos. También queríamos distanciarnos de todas las películas que se habían hecho similares a lo largo de la década de los setenta en nuestro país. Por tanto, no intentamos explicitar ese momento, contarlo directamente, sino que queríamos contar lo cotidiano de aquella época, o al menos lo que nosotros interpretamos como tal.

En cierto modo esto ya nos lo daba la novela, que estuvo escrita en 1984 y por tanto estaba muy cercana a todo lo que ocurrió, al final de la dictadura en Argentina. Por tanto, en muchos aspectos nos impulsamos a hacer una película que estuviera contenida todo el rato por lo que se refiere a la información expresada. Eso fue un trabajo de mucha reescritura en el guión, y de confiar también que si no poníamos una placa que pusiera “1976”, o no había una radio diciendo la época que era, las personas que vieran la película iban a comprender y entrar sensorialmente en un momento determinado.

Una apuesta arriesgada.

Andrea: Sobre todo era un ejercicio de confianza. Debemos confiar en las historias que escribimos. También debemos confiar en el público, aceptar que ha podido ver algunas películas de esta época, que es capaz de entender el conflicto sin necesidad de hacerlo muy patente en la historia. Creo que eso es algo que tuvimos muy presente a la hora de escribir un guión.

Por lo que respecta a la estructura y personajes de la novela, ¿habéis respetado estos elementos o también los habéis hecho vuestros?

Francisco: Hay algo muy claro en la novela que nosotros modificamos, y son los flashbacks presentes en el libro que sirven para contar el pasado de los personajes. La verdad que es un recurso que funciona muy bien, pero en la película hubiera sido criminal incluirlos. Lo más interesante es profundizar en el conflicto de Sanctis a lo largo de la noche. No tiene más tiempo para decidir. Por tanto, los flashbacks habrían cortado la respiración de la película, se habría dilatado el suspense. Así, el desafío en el guión también era contener el pasado en el presente.

Por otro lado, nos interesaba explotar el concepto de voluntad, como os decíamos antes. Así, queríamos dejar presente qué es lo que pone en riesgo al tomar esta decisión de arriesgar su vida. Por ello decidimos incluir algunas escenas, sobre todo al inicio, donde podíamos ver la relación con la familia. Por ejemplo en la novela no son sus hijos, son los hijos de su mujer, pero eso no nos funcionaba tan bien para poder construir el vínculo familiar del personaje y entender lo que puede perder.

En conclusión, diría que más que quitar o añadir cosas se trataba de matizar, de reinterpretar. Su mejor amigo en la novela, por ejemplo, es un personaje muy fascista. Nosotros lo matizamos, porque nos parecía que era más interesante trabajar en sus contradicciones que en sus obviedades. Es cierto que la novela tenía una duración ideal, y estaba ubicada en un momento muy interesante, como era una noche, pero hubo que hacer varios ajustes para poder llevar a cabo una buena adaptación cinematográfica.

A partir del momento en el que os alejáis de la novela, ¿habéis hecho muchas reescrituras?

Andrea: Nosotros trabajamos de manera que es Fran el que se pone más a escribir el guión, y las discusiones sobre los diálogos e incluso sobre la estructura vienen a partir de ahí. No nos sentamos a hacer una escaleta previa, la trabajamos sobre una base ya escrita. En ese momento ya nos ponemos a interpretar juntos y a trabajar y construir cada escena. Creo que ese es el mayor trabajo que hicimos.

Una vez leímos e interiorizamos la novela no volvimos nunca a ella. Con el primer escaneo que hicimos ya trabajamos puramente con el guión. Hicimos un montón de reescrituras, incluso en el mismo rodaje. Fue un material muy dinámico, el guión de esta historia, porque además de nosotros el resto del equipo también aportó cosas desde sus áreas, puesto que hacíamos lecturas de guión con todos ellos. Era importante para nosotros que todo el equipo pudiera meter mano en el guión para que recibiéramos feedback de cara a reescribir.

Francisco: A mucha gente le puede servir la escaleta, pero nosotros no la utilizamos como herramienta de escritura. A veces sí que la utilizábamos como presentación formal de la película, pero en mi caso no puedo comprenderla, por decirlo de alguna manera.

Andrea: Sí que escaletamos, pero a posteriori, de cara a organizar el rodaje y para saber de qué escena a qué frase de diálogo vamos a rodar, por ejemplo. Por tanto, la utilizamos como una herramienta de rodaje, para apropiarnos del guión una vez vamos a salir a filmar.

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Francisco: Sí, eso es justamente, pero no lo utilizamos como herramienta creativa. Somos un poco extremistas, porque por ejemplo sí que trabajamos mucho con el story line. El story line nos permite comprender muchas cosas. Nosotros tenemos una especie de juego en el que no dejamos que nuestros story line tengan más de cinco líneas. Eso nos permite ir a la esencia del conflicto que estamos contando. Esto lo sacamos de un libro de guión, que hacía muchos ejercicios con este elemento, y fue algo que nos encantó.

Por otro lado, como decía Andy el guión tuvo muchas pasadas e intervenciones. Hay una escena en la película, por ejemplo, que transcurre en un cine donde Francisco quiere traspasarle cierta información a Lucho. El guión verbalizaba de alguna manera lo que estaba pasando ahí, y era una información que estaba dada y nunca nos parecía orgánica. Pues bien, en un ensayo el actor, en lugar decir toda la parrafada que habíamos escrito, llora. Solo llora. Tienes que saber valorar esas cosas, tener la suficiente cabeza como para detectar cuando hay algo que mejora tu guión, y no tener miedo de incluirlo.


OTRAS VOCES: ENTREVISTA A MICHAEL O’SHEA

14 diciembre, 2016

Entrevista y fotografías de Àlvar López y Carlos Muñoz Gadea.

Seguimos con la sección Otras Vocesdedicada a todos aquellos guionistas extranjeros que hemos entrevistado en el paso de Bloguionistas por diversos festivales de cine durante 2016. Esta semana es el turno de Michael O’Shea, guionista que presentó The Transfiguration (su ópera prima) en el Festival de Sitges de 2016. Con él pudimos hablar sobre las peculiaridades de la escritura de una película que se mueve entre la ciencia ficción y la realidad.

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¿Cómo surge el proceso de escritura de The Transfiguration? 

Lo primero que intenté, ya que era mi primera película, era escribir una idea de un largometraje que fuera barato de rodar. Por tanto, empecé a pensar visualmente, me imaginé cómo sería la película. Pensaba en un film que pudiera escribir en las calles de Nueva York (ciudad donde vivo), donde hubiera largos paseos. Pensé en perfiles de personas, en personajes caminando por ciertas calles y que eran seguidos por otros… Soy fan de Henry: Portrait of a Serial Killerque también fue un referente que tenía en mente a la hora de escribir. Estaba todo el rato en mi cabeza. Ahí, entre estas dos cosas, empezó a surgir la idea de que esta podía ser una película de alguien asesinando a gente. Este es el principio.

Si os fijáis, el bajo presupuesto se puede intuir a lo largo de la película, y esto también estaba presente desde la escritura. Eso es en lo que pensaba: voy a hacer una película para este tipo de cine. Luego, un amigo me dijo que el hijo de un amigo suyo estaba obsesionado con los vampiros, que se pasaba el día dibujándolos en la escuela, y que sus amigos se burlaban de él por eso mismo. En ese momento, mi cabeza dijo “bien, este es el siguiente paso de la película”. ¿Sabéis? En realidad, al principio de la película había millones de cosas, de ideas, que luego se fueron perfilando. También tenía claro, por ejemplo, al tipo de película que quería que se pareciera. De pequeño siempre odié las típicas películas cuyos protagonistas eran niños ricos. Yo quería hacer lo contrario de eso, algo que en cierto modo estuviera más inspirado en mí, que tuve una infancia un tanto complicada. Así que todo esto fue cogiendo forma, se unió, hasta llegar a una pregunta: ¿cómo se crea un vampiro? O, lo que es lo mismo en esta película: ¿cómo se crea un asesino en serie?

Aquí, suponemos, es donde debes decidir si la película tira más por la parte de ficción (es o no un vampiro) o se queda anclada a la realidad (es un asesino en serie).

Se trataba de eso, de marcarse como un objetivo si se trataba de un vampiro, o de un asesino en serie. Aunque, bien, al final se queda en lo que se ve reflejado en la película. Qué hechos que suceden en la vida de un crío pueden llevarlo a pensar que es un vampiro, cuando en realidad de lo que se trata es de ver cómo un crío se puede convertir en un asesino en serie. Tenemos esa doble capa de lectura.

Por tanto, decidí centrarme en ese punto de la vida del protagonista, en ver y vivir el momento en el que se produce el completo desarrollo de esta faceta de su vida, en el que se convierte en un vampiro… o en un asesino en serie. Esta era, de hecho, la idea que cristalizó en el principio.

¿Y cómo es el proceso de construcción de un personaje tan complejo como este? Porque, al final, lo que hacemos como público es seguir al protagonista, empatizar con él. Y en este caso es un asesino en serie.

Me gusta presionar al público. Por tanto, me gustaba y atraía la idea de hacer una película cuyo final no fuera un canto de esperanza, sino más bien lo contrario, de hecho. Se trata de reflejar una dura realidad que existe.

Por lo que se refiere a Henry, el protagonista, lo que buscaba era llevar al público a momentos realmente transgresores con él, mientras le observan y ven su evolución. A la hora de construirlo se trataba de jugar con la simpatía del público hacia él, pero al final no hay duda de lo que es. Henry es el monstruo, y eso es algo que se ve reflejado en todas las escenas del film. Si bien hay ciertos momentos donde el público puede pensar “bueno, quizá no es el malo” al final de la película queda claro. Para llevar a cabo este proceso me pareció que la mejor forma de hacerlo era mediante una arco de transformación, que en este caso se plasmó en una historia de redención.

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Cartel promocional de la película

Algo que también considero importante en este proceso fue leer The Denial od Deathde Ernest Becker. Este libro, que ganó el Pullitzer en el 74, habla sobre cómo el ser humano construye, en última instancia, un mecanismo de supervivencia que hace que no concibamos la idea de nuestra propia muerte. Así pues, también me planteé la construcción del arco de Henry como una parábola sobre la aceptación de la muerte, y cómo es sano aceptar esto en tu vida.

Creo que los vampiros antes de Stoker, los vampiros clásicos, eran monstruos que para sobrevivir tenían que hacer cosas horribles. Quizá también era un reflejo de que lo normal en la vida es morir, precisamente. Creo que en la sociedad existe un miedo terrible a la idea de la muerte, hasta el punto que Nosferatu se ha convertido casi en un icono sexy, en algo que queremos llegar a ser. Quizá de ahí viene True Blood y toda la historia de que vivir para siempre es maravilloso.

Casi podríamos decir que al final de esto es de lo que habla la película, ¿no?

Exacto. Eso es lo que quería, finalmente: hacer una película, y volvemos al proceso de creación, que hablara sobre la muerte y su aceptación. Y para reforzar todo esto tienes herramientas tan buenas como el arco de transformación, los personajes y las tramas.

Por otro lado, también me atraía hacer un Sympathy for the Devil, jugar con esta idea. De hecho, a parte de atraerme, creo que era necesaria, puesto que si hacía una película demasiado horrible, demasiado dura y con un protagonista con el que no puedes empatizar… ¿quién querría ver esta película?

¿Y cómo encuentras ese punto medio?

Sabéis, soy alguien que toma muchas notas, llevo una libreta conmigo, y a veces le enseñaba mis notas a cierta gente feliz, y cuando veía sus reacciones lo que pensaba era “bien… quizá no eres la persona adecuada para que vea estas notas” (risas). Quizá esta película no es para todo el mundo. Es necesario dejarse llevar por lo que uno siente que tiene que escribir. El punto medio surge durante ese proceso.

¿Cuál es tu proceso de escritura? ¿Empiezas a escribir a partir de una idea, o te gusta tener toda la estructura hecha antes?

Nunca escribo teniendo todo claro. Tengo la génesis de una idea, que empieza a modo de notas en mi móvil, y simplemente dejo que mi mente escriba. No fuerzo las cosas, las tramas. De hecho, la mayoría de los pequeños detalles, de los matices de la película, me surgen así, a modo de notas en mi móvil. Estoy en el tren: “Los vampiros niegan la muerte. ¿Quién querría hacer esto?” Y así doy con el libro de Becker. Veo películas de vampiros: tomo notas. Así sigo y sigo, tomando notas, hasta que empieza a estar clara una línea que seguir. Y esa línea acaba dando una trama principal. Y esa trama principal da forma al guión.

El proceso, por decirlo de alguna manera, sería: notas, tratamiento, secuencialización por escenas. Luego, solo cuando me aseguro que tengo esto claro, me voy a algún sitio alejado por un mes y me encierro a escribir diálogos. En esta fase también me doy cuenta de cosas que no funcionan en el guión. De hecho, me parece que básicamente lo que ocurre cuando tienes una estructura demasiado cerrada es que la historia puede limitarse demasiado. Pero normalmente en esta última fase es donde más me divierto. El trabajo duro ya se ha hecho antes. Ahora toca relajarse y desarrollar la idea.

Hablemos ahora sobre la atmósfera de la película. ¿Por qué eliges este protagonista? Un crío de un barrio marginal. ¿Es importante para ti? ¿Viste que para hablar sobre el tipo de asesinos en serie que describes podía ser necesario ambientarlo en un barrio así?

Creo que el hecho fundamental es que la historia funciona en las coordenadas sociales y geográficas de la película. Por otro lado, también me interesaba la idea de contar una historia en este tipo de barrios y de los problemas que en ellos existen. En mi mente también estaba Candyman y algunas otras películas de terror que creo que reflejan un concepto del cual quería hablar: el miedo, el verdadero horror, no es el monstruo, sino que es el racismo y el clasismo. Y yo quería hacer eso.

También, al fin y al cabo, es importante destacar que el barrio donde se grabó la película es donde crecí, donde me hice mayor. Está a tan solo tres manzanas de donde crecí, de hecho.

¿Has investigado mucho para crear el arquetipo de un asesino en serie?

He leído mucho sobre asesinos en serie y sobre sociópatas, y resulta que suelen tener una infancia traumática. Decidí utilizar esto para la película, además de darle un toque de misterio con algún trauma anterior violento que pudo pasar en la vida de Henry. Luego también estaba interesado en desarrollar la vertiente del mito del vampiro. Él se informa sobre el proceso, y los pasos que sigue para transformarse en vampiro no son otros que los primeros pasos de los asesinos en serie. Ya sabéis, matar animales, y todo lo que lleva a la progresión del perfil de un asesino en serie. Por tanto, sí, me documenté antes de empezar a escribir sobre la infancia de los sociópatas y los asesinos en serie.

Mientras hacemos un par de fotografías, Michael se queda reflexionando.

Michael: ¿Qué creéis que hacían los guionistas antes de Google? Vale, sí tenían las bibliotecas. Pero aún así parece muy difícil investigar, ¿no? Con lo sencillo que es ahora el proceso de “convertirse” en un experto en cualquier tema… (risas)

Pues sí, el proceso debía complicarse lo suyo, la verdad (risas). Volviendo al protagonista, ¿detrás de esta selección también había un intento de denunciar la situación que se vive en ciertos barrios marginales?

Estaba intentando plasmar, como os decía anteriormente, un posicionamiento político sobre el concepto de clase, sobre cómo el capitalismo nos transforma a todos en participantes inmorales del proceso. Y también sobre el estilo de vida que llevamos en Estados Unidos, la dualidad que existe, lo que nos hace culpables a todos por el simple hecho de vivir en Estados Unidos. La clase y la pobreza, y la noción de ello, en Estados Unidos siempre es un problema latente.

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Así, quizá no se trata tanto de una noción clara y limpia de plasmar una sociedad por estratos, sino más bien de intentar reflejar el capitalismo en nuestras vidas y lo inmersos que estamos en él. Era un intento de atacar al sistema en sí, al completo, más que a la mera división de clases. Y quería ponerlo, eso sí, en un nivel muy bajo de la película. Quería que estuviera ahí, sí, pero que no estuviera demasiado presente en la película. Que fuera palpable, pero no invasivo.

¿Hay que reescribir mucho para dejar todos estos conceptos en un nivel bajo y conseguir que no surjan a la superficie?

Creo que estos conceptos vienen dados por la forma en la que son los personajes, el lugar donde viven, lo que les rodea y lo que escuchan, pero la trama en sí no va de esto. Se trata de su contexto, vienen marcados por ello, sí. ¿La historia se centra en esto? No. Por otro lado, también tienes los diálogos de los personajes. Ellos dicen lo que sienten, lo que viven, y, cómo no, detrás de ellos está la mano del guionista. Por tanto, en ocasiones no hace falta cubrirlo necesariamente, puesto que ya puedes cubrirlo a través de las opiniones de los mismos personajes. A través de ellos puedes ser completamente explícito en tus opiniones.


SEMINCI 2016: ENTREVISTA A MANEL LUCAS

27 octubre, 2016

Entrevista y fotografías de Àlvar López y Carlos Muñoz Gadea

Manel Lucas, periodista, licenciado en Historia y guionista usual de Crackòvia Polòniapresenta en SEMINCI la versión comprimida de España en dos trincheras, la Guerra Civil en colorproyecto del canal Discovery en el que se ha encargado de escribir el guión y que en su formato televisivo contará con tres episodios. Con él hablamos sobre el proceso de escritura de un documental para el que llegó a revisar más de 90 km de negativos originales de la época.

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¿Cómo es el proceso de escritura de un documental de encargo?

Se trata de un proceso bastante global, que empieza cuando Discovery le hace el encargo a mi productora, a Minoría Absoluta. Lo fundamental y más novedoso del proyecto es la parte tecnológica, el hecho de convertir imágenes en blanco y negro a color. Para mí personalmente ha sido un regalo, puesto que yo soy periodista y licenciado en Historia, lo que me permitía hacer algo diferente a lo que suelo hacer en mi faceta de guionista, más cercana a los programas de humor. Por tanto, la motivación ya venía dada por la misma naturaleza del proyecto. Me ha permitido sumergirme en la bibliografía y documentación, en una parte al menos, porque como podéis imaginar el material que hay es oceánico. Por tanto, lo que he podido hacer con este encargo ha sido juntar mi profesión con mi pasión.

Claro, porque para este proyecto era vital poder aunar tu faceta de guionista con tus facetas de periodista e historiador.

Sí, por supuesto. Podemos decir que tras el proceso me he convertido en un friki de la Guerra Civil (ríe). En mi casa están a punto de echarme, les he llenado las habitaciones de libros.

¿Y cómo definirías el guión del proyecto?

Se trata de un guión de documental de corte clásico, puesto que lo que me planteé desde el inicio era explicar la Guerra Civil de la manera más clara, comprensible y sencilla posible. Por otro lado, era importante adaptarse a las imágenes preexistentes. No podías, por ejemplo, dedicar tres párrafos a hablar sobre las negociaciones entre los comunistas y los anarquistas si luego resulta que sobre ese hecho en concreto solo había dos planos. Por tanto, el proceso creativo ha sido bidireccional en ese sentido.

Comentabas antes que el material disponible al respecto es oceánico. ¿Cómo seleccionas qué fuentes son las adecuadas?

Diría que es una mezcla entre los conocimientos previos que tenía como licenciado en Historia y la asesoría histórica de Antony Beevor. Al tratarse de una empresa internacional como es Discovery el nombre de Beevor es más conocido, y además es uno de los historiadores que ha hecho uno de los resúmenes más conocidos sobre la Guerra Civil. Así, el criterio fue combinar las lecturas de Beevor con mis conocimientos. Luego, a cada paso que daba se iban generando dudas, incógnitas y ganas de profundizar más y más. Es prácticamente una tela de araña, un árbol con múltiples ramificaciones. Un hecho, una fuente, te remite a otro, y a otro. Es evidente que hay un momento en el que tienes que parar, pero diría que lo único que te obliga a parar es el plazo de entrega. Si fuera por mí no dejaría de ir a la biblioteca a nutrirme de fuentes, porque en un caso como este las interpretaciones son muy diversas.

¿Seguías algún proceso cuando dabas con dos interpretaciones opuestas?

Cuando esto ocurría intentaba acudir a un tercer historiador con tal de justificar las fuentes. Si bien en una serie no puedes publicar una bibliografía y la información con la que se queda el espectador es la que tú decides que esté presente, vamos a publicar un libro ilustrado con una selección de imágenes en las que sí que podremos publicar esa bibliografía. Pero al final, como os decía, tienes que parar porque hay que entregar el trabajo.

Resulta interesante pensar que con este proyecto tienes la oportunidad de reconstruir la Guerra Civil, porque en cierto modo la escribes de nuevo. ¿Te planteas desde un inicio la visión que quieres plasmar?

En cierto modo va surgiendo a medida que te documentas, pero es evidente que tú tienes un criterio y que escribes en base a eso. En estos momentos, en 2016, no tiene sentido hacer una visión parcial o de una parte. Quise aprovechar la perspectiva que te da la distancia con la Guerra Civil, casi 80 años, para hacer precisamente un documental desde esa distancia. Eso sí, esto no implica neutralidad, ni mucho menos. Se trata más bien que aproveches la perspectiva que te dan los 80 años para plasmar una visión más amplia no basada únicamente en blancos o negros, a pesar de que yo pueda tener mi criterio personal y mi opinión sobre lo que fue o no legítimo. Por supuesto, tengo mi idea sobre la legitimidad del golpe de estado del 36, pero a pesar de eso te puedes permitir el lujo de analizar lo que hicieron ambas partes y de lo que estuvo bien y mal. No obstante, en cierto modo, cuando tratas con hechos son ellos los que hablan por sí solos.

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Al tratarse precisamente de un hecho histórico con inicio y final, debes estructurar el documental siguiendo un esquema narrativo clásico, ¿no? 

Al final creo que hay diferentes opciones. En este caso a mí me dijeron que iba a contar con tres episodios, por lo que ya tenía la estructura marcada por este hecho. En el primero de ellos debía dar cierto background para entender cómo se llegó al golpe de estado. Cómo empieza España el siglo XX, cómo se gesta y evoluciona la República… Posteriormente, la Guerra Civil Española tiene varios puntos en los cuales uno puede incidir para marcar el tempo narrativo de la serie. Por ejemplo, puedes poner el sitio de Madrid al final de un episodio, en otro la invasión del norte, la batalla de Teruel… La Guerra Civil te ofrece diferentes puntos que te permiten marcar el tempo que desees.

¿Has buscado imprimirle al documental cierta diferenciación con respecto de otros que tratan el mismo tema?

Sí. Para mí era muy importante dotar al relato de muchas citas, de opiniones de los protagonistas, con tal de evitar crear algo demasiado académico. Por tanto, a lo largo de los episodios introducimos comentarios, tanto de los protagonistas como de otras fuentes, vengan de combatientes, o de personas que estuvieron en la retaguardia, o de gente que sufrió bombardeos. La bibliografía y la documentación de la Guerra Civil es bastante rica por lo que respecta a la historia oral.

Claro. Quizá es complicado encontrar información nueva en un hecho como este. Se trataría más de aportar un punto de vista diferente, ¿no?

En ese sentido creo que el gran gancho mediático de la serie es la novedad de poder ver las imágenes en color. A partir de aquí, creo que la obligación del guionista que yo mismo me autoimpuse fue intentar ordenar y explicar con claridad qué es lo que pasó más que aportar una novedad. La novedad, en cierto modo (aunque también se ha hecho antes) es explicar de manera sencilla la Guerra Civil. A la gente le suenan nombres, batallas, milicianos, y lo que se pretendía con esta serie es que al acabar su visionado el espectador pueda ubicar cada uno de esos nombres.

Más en el sentido del devenir cronológico que del de intentar generar una conclusión sobre lo que ocurrió, por lo que dices.

Sobre esta guerra es evidente que cada uno tiene la suya. Lo que yo he hecho, creo, es una explicación honesta de la Guerra Civil, explicación que a mí me lleva a unas conclusiones muy claras, y que creo que a la gente también le llevará a esas conclusiones. La Guerra Civil fue el preludio de cuarenta años de dictadura, de eso no hay duda, aunque el mensaje que quería transmitir no está explícito. Lo que quería es que cada uno se haga su propio mensaje a partir de mi intento de poner orden a una serie de hechos concretos que creo que pueden no ser tan conocidos por el gran público. Así, en cierto modo se ha intentado complementar la novedad de la imagen en color con la novedad de intentar contar las cosas de una manera clara.

¿Cómo encuentras el equilibrio para crear un documental claro pero que a su vez no peque de exceso o falta de información?

Creo que el punto es subjetivo. Tienes que hacer una selección, tener cuenta que estás escribiendo lenguaje oral, que va a pasar rápido. Por tanto, tienes que ser simple, porque si empiezas a poner muchas fechas puedes marear al espectador. Así que al final es subjetivo. Se trata de encontrar tu propio criterio para decidir qué es importante y qué no. Hay que elegir como buenamente crees cuáles son los datos fundamentales.

Hablabas antes de que el color era la principal novedad de este documental. Como guionista, como escritor de imágenes en cierto modo, ¿te planteabas ese juego desde el mismo guión?

Creo que la claridad que he intentado aportar a la Guerra Civil también se incrementa por el propio color de las imágenes. Es cierto que estaba condicionado por las imágenes, pero no sé si tanto por el color, que solo salía de vez en cuando al referirme a ciertos aspectos, como el color de unas ruinas, sino porque las imágenes, aunque abundantes, venían limitadas por lo que había en el archivo. A pesar de ello, creo que no me he visto tan condicionado.

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Volviendo al punto de vista que has querido imprimir al documental, ¿te has basado de algunos recursos técnicos o narrativos para reforzarlo?

No. De hecho, no me gusta adjetivar mucho. Eso sí, si tú dices que en agosto del 36 el ejército de Franco asesinó a miles de personas en una plaza de toros… creo que no hace falta adjetivar mucho. Está claro lo que pasó, ¿no? Y lo mismo si hablas de Gernika. Creo que en algún momento se me ha podido escapar algún adjetivo, pero he intentado huir de ello. Los hechos hablan por sí mismos.

Y tu formación como periodista te habrá ayudado a plasmar tu opinión de manera más sutil, no tan evidente.

Es obvio que tienes una opinión, pero también tienes una perspectiva que te permite ver lo que pasó. Afortunadamente, tenemos la suficiente distancia para que, sin que el principio básico de lo que opino de la Guerra Civil se tambalee, poder reconocer que en ambos bandos, en el fragor de la guerra y la batalla, se cometieron actos de los que los implicados podrían avergonzarse. Unos más y otros menos, eso por supuesto.


SITGES 2016: ENTREVISTA CON XAVIER SERON

17 octubre, 2016

Entrevista y fotografías de Àlvar López y Carlos Muñoz Gadea

El guionista belga Xavier Seron ha acudido a la 49ª edición del Festival de Cine de Sitges para presentar su primer largometraje, Je me tue à le dire. La película, una comedia negra sobre la relación entre un hijo hipocondríaco y su madre afectada por un cáncer de mama en fase terminal, forma parte de la sección Noves Visions del festival. Aprovechando su estancia en España, pudimos entrevistarnos con él para charlar sobre el guión y, ya de paso, sobre las características de escritura de este género.

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Uno de los elementos que más destaca del guión de la película es su particular estructura, formada por seis capítulos que se suceden a modo de cuenta atrás. ¿Por qué decidiste articular así tu historia?

Tenía ganas de contar una historia que se desarrollara de manera algo distinta a lo que estamos acostumbrados, a ese clásico consistente en un personaje con un objetivo y unos obstáculos y adversarios que superar. Sobre todo por la naturaleza de la historia, para la que encajaba mejor una estructura que permitiese contarla a modo de crónica, compuesta de diversos fragmentos de vida más que de una sucesión cronológica de acciones. Para una mejor comprensión de esta estructura, decidí además ayudarme de intertítulos para cada una de la subpartes o capítulos, que a su vez son explicaciones de los temas del guión. Como este guión trata de la relación de una madre enferma de cáncer con su hijo, o de la vida y de la muerte si se quiere, estos intertítulos siguen una numeración inversa del 5 hasta el 0, empezando por la primera gota de leche del seno materno como inicio de esa cuenta atrás y acabando por el cero, el círculo que simboliza la continuidad inevitable del ciclo vital.

Cada una de estas subpartes, que retrata fases distintas de la relación entre Michel y su madre, también sigue una estructura muy determinada.

Sí. Trabajo también subdividiendo mi trabajo en sainetes, como ocurre dentro de cada uno de los capítulos. Es una manera bastante particular de trabajar un guión, pero que también utilizan otros autores, incluso de manera más radical, como el sueco Roy Andersson, que trabaja la comedia absurda desde una estructura, por ejemplo, compuesta por quince planos secuencia con una cámara fija, en la que los personajes entran y abandonan el encuadre como en una obra de teatro. Yo no llego a este ese punto, porque no quiero privarme de contar de una determinada manera la historia por el hecho de priorizar la forma por encima del contenido, pero aún así la división en sainetes me resulta muy interesante para contar de la mejor manera mi guión, sobre todo para no sobrerecortar mi historia, por decirlo de algún modo. Y aunque no es prioridad, también he decidido trabajar así mi película para limitar las pérdidas de tiempo propias de un rodaje con muchas exigencias de cambios de posición de cámara e iluminación en la escena.

En la película, tienen mucha importancia las miradas y los silencios, e incluso varias escenas son auténticas coreografías, como ocurre con la presentación del protagonista de la película. ¿Son elementos que venían así escritos en el guión?

Afortunadamente, el guión es una guía para el rodaje, donde se debe intentar sobrepasar lo descrito con palabras para transformarlo en imágenes. No todo está en el guión, pero sí muchos de los elementos de puesta en escena que se ven en la película. Son cosas que trato de prever en la fase de escritura. Cuando hablamos de silencios o de miradas, en general, son cosas que ya aparecen en el guión. La película funciona a través de varias analogías visuales, ya que considero que aportan un aspecto muy lúdico. De igual modo, las transiciones entre escenas, que muchas veces vienen gracias al sonido, las tengo ya pensadas en muchos de los casos desde la fase de escritura, o durante las revisiones. Con las fases de coreografía ocurre igual, que vienen marcadas en la escritura en la medida de lo posible.

¿Y estos elementos aparecen desde las primeras versiones de guión o son fruto de las sucesivas reescrituras? ¿Te consideras muy académico a la hora en encarar la fase de escritura?

En la mayoría de los casos, estos elementos vienen incluso de antes, cuando pienso en los temas de la película, como en este caso el tema de la muerte o de la enfermedad. Es entonces cuando empiezo a pensar esas analogías que luego plasmaré con palabras en el guión. También me nutro mucho de escenas cotidianas que observo en el día a día, y que luego reconstruyo y adapto dramáticamente durante la escritura. En cuanto a cómo inicio el proceso de escritura, suelo empezar por tener claras varias escenas en mi cabeza, así como teniendo más o menos pensados tanto el inicio como el final de mi historia, que son los momentos que marcan los temas de los que quiero hablar. Después, el trabajo consiste en encontrar la manera de juntar estas dos partes buscando un equilibrio, también en la forma. Como os decía antes, tenía claro que esta historia no podía contarse adecuadamente siguiendo una estructura clásica, como si fuera una película de peripecias, así que dedico buena parte del trabajo de escritura a mantener esos temas sin perder por ello la atención del espectador. También, en el caso de esta película, he dedicado mucho tiempo a conseguir un equilibrio de tono entre los lados trágico y cómico de la historia.

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Cartel promocional de Je me tue à le dire

Hablando desde un punto de vista más técnico, lo que empiezo haciendo es el diseño de una escaleta que recoja lo esencial del guión, donde marco los momentos importantes. Luego trato de dividir esos momentos entre los que me aportan algo divertido y los que se centran en ese lado más sombrío de la historia. Con ello consigo tener una visión de conjunto sobre lo que cada secuencia me aporta a la historia y así evito que se produzca una repetición de contenido entre las secuencias, y también me aseguro de que los personajes tengan el peso correspondiente en cada una de ellas, equilibrando el peso en función de su importancia dentro de la historia.

Podemos decir por tanto que partes de unos temas antes de hacer este trabajo. En este caso, hablar de la enfermedad y de la muerte, y por otro lado de la relación de una madre y un hijo en este contexto.

Desde el principio tenía claro que quería hablar de una madre enferma, y de la angustia de un hijo que se siente impotente y angustiado al tener que aceptar la muerte de esta. Creo que era Epicuro quien decía que la muerte no podemos vivirla, ya que cuando morimos no podemos ser participes de la experiencia, por lo que la única experiencia de la muerte que las personas pueden vivir es la del Otro. Y algo muy parecido ocurre, en mi opinión, con la enfermedad. En este caso, donde la madre tiene cáncer, se suma ese componente hereditario que era interesante tratar con esta relación madre/hijo. En este caso, es aquí donde entra la comedia, con un evento tan trágico como un cáncer de mama. El hecho de que el hijo hipocondríaco crea estar sufriendo los mismos síntomas que su madre, en un tipo de aflicción que se da mayoritariamente en mujeres, hasta el punto de sufrir una transformación física.

La creación de estos dos personajes, los que llevan el peso de la película, parece estar muy basada en la psicología. Tiene algo de psicoanálisis incluso, con ese -por decirlo de algún modo- pseudocomplejo de Edipo.

Sí. Hay muchos elementos psicoanalíticos en esta película. Empezando por todo ese juego de analogías, que es un juego de asociaciones libres, casi al modo en que se prestaban los surrealistas. El hecho de que un concepto, en este caso una imagen, se relacione con otro de una manera completamente extraña. Estas asociaciones me interesaban más que hacer un estudio psicológico extenso y del todo realista de esta relación entre el hijo y su madre. Yo quería escribir una relación de fusión entre ellos, donde Michel sigue siendo el niño pequeño de su madre pero al mismo tiempo, debido a la enfermedad, la madre es también la hija de Michel de algún modo.

Quieres decir que en cierto modo él se convierte progresivamente en la madre de su propia madre, ¿no?

Claro. Yo quería crear entre ellos una relación de interdependencia. Cuando los padres envejecen, se produce un cierto intercambio de los roles. Creo que al principio, el personaje de Michel tiene algo de muy infantil, como demuestran sus aficiones o su conducta en el trabajo, hasta el momento en que se ve obligado a enfrentar el hecho de que su madre va a morir y le toca hacerse adulto. Muchas veces se dice que las personas se vuelven adultas bien cuando tienen hijos y pasan a ser padres, o bien cuando pierden a sus padres. Y yo quería seguir esta idea.

A pesar de ser una comedia, estarás de acuerdo con nosotros en que estos temas son muy duros. ¿Cómo mides el equilibrio entre lo que puede dar para comedia y lo que puede resultar excesivo para la audiencia? ¿Es un proceso intelectual o es un tono que te resulta natural?

Creo que tiene que ver más con el feeling que con una reflexión intelectual. De nuevo, lo que me interesaba era la inversión de expectativas. Que cada escena tenga esa parte dura, o tierna según el momento de la historia, hasta que aparezca un elemento cómico que voltee esa escena y la lleve a otro lugar. Para mí es algo muy interesante. Desactivar el tono inicial mediante una ruptura hacia lo cómico, coger a contrapie al espectador con ese cambio brusco entre el detonante y el final de cada situación. Al final, el humor negro es un poco eso, ¿no? Reírse precisamente de lo que en la vida real carece de toda comicidad.

Está claro que este es un proceso muy delicado en el que es difícil sentirse seguro. La única manera de calibrarlo es confiando en tu propio feeling y tus propios límites. Pero como escritor de esta historia, nunca voy a poder estar seguro de que en la sala de cine alguien padezca una enfermadad o esté viviendo una situación así en su familia, así que tengo que confiar en la sensibilidad y la comprensión de la historia que tenga cada espectador, o de su perspectiva en concreto.

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Además, demasiada reescritura tratándose de humor negro también podría resultar perjudicial para la historia, ¿no? ¿Hasta qué punto consideras positiva la reescritura en estos casos?

Lo que sucede es que, en todos los casos, cuando uno escribe para cine siempre tiene intermediarios que opinan sobre su trabajo. Están los productores, u otras personas del equipo implicadas en el proyecto, que van a leer y a opinar sobre el guión. Me gusta aprovechar estas opiniones, y luego utilizarlas o no según el caso, porque son buenas señales para testar el guión. Si me dicen que una secuencia en concreto es demasiado dura o chocante para el espectador, no significa que vaya a cambiarla, pero al menos ya estoy prevenido y tengo consciencia de lo que puede suceder. Al final, la decisión la tomo yo, pero son comentarios que ayudan. Y lo mismo ocurre con el editor durante la fase en el montaje.

Por poner un ejemplo de la película, en una de las secuencias Michel se topa con una familia que ha perdido a su hijo, lo que es algo duro. Es uno de los pocos casos en que me avisaron que estaba pisando un poco la raya, pero la mantuve porque venía justificada, ya que el personaje debe encontrarse con personas en diferentes momentos del duelo o la aceptación de la muerte para completar su arco de transformación. Y también para reflejar que la muerte puede llegar en cualquier momento, que es algo que quería incluir en la historia. En definitiva, mientras yo no encuentre que esa dureza se vuelve gratuita, no tiendo a considerar que deba rebajar el tono. Después, si no le gusta a todo el mundo, es algo que tengo que aceptar.


JUANJO MOSCARDÓ: “LA REESCRITURA CONSISTE EN OBSERVAR CUÁNDO DEBEN ENTRAR O NO LOS ELEMENTOS PARA HACER LO MÁS REDONDA POSIBLE CADA SECUENCIA.”

30 septiembre, 2016

Entrevista y Fotografías de Àlvar López y Carlos Muñoz Gadea.

El guionista valenciano Juanjo Moscardó Rius estrena hoy 30 de septiembre su primer largometraje, Juegos de Familia, una comedia romántica ubicada precisamente en la ciudad de Valencia. Ayer acudimos al pase de prensa organizado en los Cines Babel, tras el cual pudimos hablar en profundidad con Juanjo sobre el proceso de escritura de este guión.

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¿Cómo nace el guión de Juegos de Familia? ¿Fue un encargo o una iniciativa por tu parte?

Este guión surge a partir de mi proyecto final de un máster de cine que hice aquí en Valencia. Fue el proyecto que presenté al final de mis estudios, y por entonces se llamaba El mismo tren. Esto fue en 2003 o 2004. Desde ahí, el guión ha pasado por varias etapas. Pasó a llamarse Finales Felices y después ya Juegos de Familia. Es un proyecto que ha ido mutando mucho, pero siempre ha sido una historia mía, la primera que escribí de hecho. Al final he escrito no sé cuántas mil versiones y no queda nada de lo que era antes de estos diez o doce años. Personalmente, lo considero positivo porque he crecido como guionista con este guión. Todo lo que he ido aprendiendo de otros proyectos en los que he trabajado, lo he ido añadiendo a las sucesivas reescrituras.

¿Y con cada cambio de título variaba el argumento o tenías una idea central sobre la que pivotar?

Por cada cambio de título, había cuatro o cinco versiones de guión, donde la historia había cambiado tanto que obligaba a ese cambio. De hecho, empezó siendo un drama y ha acabado convirtiéndose en una comedia. Esto me ha servido para aprender. Tienes una historia y la quieres enfocar de una manera, pero cuando era un drama la verdad es que me salía con mucho humor y los que leían el guión solían decir: “hostia, si las partes de humor son las mejores…¿por qué no…?” Y así se fue convirtiendo poco a poco en una comedia con puntos dramáticos que han quedado de la idea original.

Para armar ese proyecto inicial que tenías en mente, ¿pasaste por las distintas etapas de sinopsis, argumento, tratamiento, escaleta, etc., o fue algo que apareció con el paso de las versiones?

Sí. Ya desde el principio fui siguiendo todas y cada una de esas etapas clásicas. Recuerdo haber hecho un montón de versiones del tratamiento. En parte, por eso quería que me dejaran añadir una larga lista de agradecimientos al final de la película. (Ríe). Son tantos los profesionales, guionistas, tutores y amigos los que han opinado sobre el guión que he acabado haciendo reescritura en todas estas fases. Personalmente, me gusta pasar el guión para tener cuantas más opiniones mejor. Me interesa mucho poder analizar ese feedback. También he seguido todas las etapas porque siempre lo he hecho así y es como me siento más cómodo trabajando y como me veo más seguro.

A pesar de ser una comedia romántica, como decías antes, se mantiene un registro dramático en muchos momentos de la película. De hecho, ningún personaje asume totalmente un rol arquetípico de la comedia romántica. ¿Cómo has desarrollado a los personajes para hacerlos ambivalentes en este sentido?

Con el paso de las versiones, es verdad que esta naturaleza se ha mantenido en los personajes porque para contar esta historia no hacía falta que fueran arquetipos. Bastante complicadas son las personas en la vida real como para reforzarlas de más en un sentido o en otro. Ya nos líamos bastante nosotros solos. De hecho, cuando con el paso de las versiones apareció esta figura del amante, que al principio era tan sólo una invención de la mujer, nunca apareció como un personaje que debiera ser negativo. Siempre he tratado de entender por qué cada personaje actúa de una determinada manera. Además, como veníamos de unas primeras versiones que eran drama, los personajes ya venían en cierto modo con ese bagaje. Sí es cierto que durante una fase el guión se convirtió en una comedia más comercial, pero tanto la directora como yo estuvimos de acuerdo en recuperar un poco ese tono de comedia más real y por lo tanto con rasgos propios del drama.

Nos cuentas que la trama ha ido variando con el paso de las diferentes versiones del guión. ¿Ha ocurrido lo mismo con los temas que querías tratar o eso sí se ha mantenido?

Digamos que no. Incluso la gente que leyó esa versión más comercial que os contaba, me decía que se mantenía el espíritu. El tema para mi era lo más importante. A pesar del tono o del punto de vista que decidas escoger, y que puede ser muy distinto, lo que queríamos era mantener ese fondo. De hecho, a Belén, la directora lo que más le gustaba era este fondo, más que el argumento en sí. Por utilizar el mismo ejemplo, cuando se decidió que el amante sería real, tuvimos que cambiar toda la mecánica argumental, pero no los sentimientos que queríamos transmitir y que consideramos que son lo importante de esta película.

Muchas veces se dice que hay que escribir en base a lo que uno conoce. Siendo este un proyecto que te surgió acabando los estudios, ¿qué dificultades te ha supuesto?

A ver, es verdad que yo no tengo la edad de los protagonistas de la película. Pero todos tenemos padres, nuestros padres tienen amigos…Son situaciones cotidianas que se comentan en el día a día. En este caso, era un comportamiento tan claro el que yo veía -y que pasa en muchos matrimonios-, sobre la desidia o la dejadez derivada del tiempo, que ya me atraía mucho ese tema. El hecho de que, a pesar de que dos personas se quieran, hay cosas que suceden casi sin que se den cuenta y que pueden hacer que todo se venga abajo, o que puedas estar haciendo daño a la persona que más quieres sin ser consciente, me parece un tema atractivo como para escribir sobre él. Este tipo de cosas a mí me interesaban mucho, porque son cosas que veo y que son además universales y comprensibles por todos. Ese era en realidad el leitmotiv de la película, ya desde las primeras versiones.

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Cartel promocional de Juegos de Familia

Ambos hemos notado esa capa de realidad, para la que seguro que habrá hecho falta una fase de documentación. Los propios espacios de la ciudad de Valencia van en consonancia con lo que ocurre en cada situación y cuentan algo más sobre los personajes. ¿Cómo has trabajado este aspecto?

Bueno, al ser valenciano también era muy natural para mí que los personajes se moviesen en esos ambientes. Por ejemplo, tradicionalmente en esta zona han habido muchas empresas de fabricación de juguetes y por eso los personajes trabajan en una. Luego hay ciertos detalles que se han visto reforzados durante el rodaje, donde el equipo técnico, el artístico y los propios actores han ayudado. Está claro que los valencianos reconocerán ciertos aspectos que no están acostumbrados a ver en la pantalla, pero creo que consiguen transmitir esa sensación de verosimilitud a los espectadores en general. De hecho, en la escritura ha colaborado Paco Enlaluna, que es natural de Tarragona, y los referentes también le eran comunes a él.

Es verdad que yo el guión siempre me lo imaginé en Valencia y, de hecho, en el guión las acotaciones de las localzaciones eran muy concretas, con lugares específicos de la ciudad, pero sobre todo porque es más fácil para mí escribir sobre sitios que puedo imaginarme porque los conozco.  Hubo un momento, con la entrada en coproducción de Alemania y Cataluña, que no se sabía si se acabaría rodando en Valencia, pero tampoco hubiera supuesto un cambio drástico en la historia.

Volviendo a los diversos cambios de género que ha experimentado el guión, ¿cómo has conseguido no perder la esencia?

Yo creo que la esencia tiene más que ver con mi manera personal de escribir y de tratar a los personajes. Ahora estoy con un thriller de la Segunda Guerra Mundial y hasta me han llamado un poco la atención porque los rusos hablan demasiado como el resto de los personajes… pero aún así esta manera de hablar los humaniza y el guión funciona gracias a eso. Tendré seguramente que retocar ciertas cosas para que no sean tan coloquiales en algunos momentos, pero es que por naturaleza yo tiendo a escribir con cierto humor siempre. Incluso cuando escribo drama o thriller. De hecho, yo agradezco un montón el humor en los thrillers. Recuerdo que cuando vi Se7en me descojonaba con algunos puntazos aunque luego estuviese acojonado con la historia. Eso siempre me ha llamado la atención y es complicado que mis guiones no estén impregnados de ciertas notas de humor. Cuando trabajas en encargos te ciñes al estilo de escritura que te piden, pero sí es algo personal debes aceptar que va a estar tu visión.

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¿Y cómo escribes en tono cómico sin que se destense esa tensión propia de los thrillers o sin cortar el drama generado?

En realidad, creo que cuanto más tensa o seria es una escena más fácil es meter el chiste. Lo es porque con romper el ritmo o variar drásticamente el tono ya creas el chiste. Pero sinceramente, es verdad que a veces me tienen que cortar, los compañeros o los directores en este caso, porque mi impulso es llevarlo hacia lo cómico. Normalmente yo mismo me paso primero el filtro, antes de mandar la versión, y es verdad que en esa fase quito muchos remates, sobre todo en las colas de secuencia. Porque al final ese es el trabajo de la reescritura, poder observar cuándo deben entrar o no los elementos para hacer lo más redonda posible cada secuencia. Es importante tomar esas decisiones sabiendo en qué género estás y que especificaciones requiere la escena que estás trabajando en ese momento, para saber cuanto puedes tensar la cuerda y cuanto puedes jugar con los elementos.


ENTREVISTA A PABLO REMÓN: SOBRE CINE Y TEATRO

15 septiembre, 2016

Entrevista y Fotografías de Àlvar López y Carlos Muñoz Gadea

El pasado 5 de septiembre Pablo Remón impartió en Valencia una interesante masterclass (organizada por creador.es) sobre La escritura de diálogos en cine y teatro, tras la cual tuvimos la ocasión de entrevistarle y de hablar un poco más sobre estos dos oficios que, al final, para él, son muchas veces el mismo.

Lo dice con la autoridad que le da la experiencia. Después de dos largometrajes coescritos con su hermano Daniel, Casual Day y Cinco Metros Cuadrados, este año han estrenado El Perdido en la sección oficial Zonazine del Festival de Málaga (si queréis saber más sobre El Perdido podéis leer aquí la entrevista que le hizo nuestro compañero Alberto), y ultima el rodaje de No sé decir adiós, ópera prima de Lino Escalera con guion de Remón.

Por si fuera poco, en los últimos años Pablo ha dado el salto al teatro con dos obras largas. A La Abducción de Luis Guzmán le siguió 40 años de paz. Ahora, La Abducción de Luis Guzmán ha sido seleccionada por la compañía BARKERS en un concurso entre dramaturgos europeos para adaptarse y estrenarse en Nueva York.

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¿Cuáles son las diferencias en ambos modos de escritura?

Por un lado, creo que comparten más de lo que parece. Escribir es escribir. Toda forma de escritura convierte el mundo en lenguaje, y eso es lo que hacemos tanto en cine como en teatro. Cogemos el mundo y lo transformamos en palabras.

Luego están los temas obvios: en el cine la imagen manda, etc. Todo esto de que si lees solo los diálogos de un guion y lo entiendes está mal, estas cosas que se dicen y que nos enseñan. No es que no sean ciertas. Para mí son verdad a medias. Son una verdad en suspenso. “Los personajes hablan para conseguir lo que quieren”, por ejemplo. Pues sí… o no. ¿Qué pasa en las películas de Cassavetes, por poner un ejemplo entre mil? Los personajes hablan porque no pueden dejar de hablar, para tapar el silencio. No sé, el mundo del guion está lleno de estas medio verdades; el del teatro suele estar más abierto.

Por ejemplo, en las primeras películas que hicimos, nos decían que eran muy teatrales porque había mucho diálogo. En el mundo del cine, decir de algo que es “teatral” es algo despectivo. Equivale a decir que solo hay gente hablando. Pero sabemos que puede haber “solo” gente hablando y ser apasionante. Después, cuando he hecho teatro, la gente del teatro me dice que son obras muy cinematográficas. No creo que podamos hacer teatro como si no existiera el cine, porque está ahí, y la presencia que tiene es enorme, y lo habitual es consumir mucho más audiovisual que teatro. Ahí para mí lo interesante es utilizar esto, utilizar los recursos del cine (qué sé yo, la voz en off, los cortes de montaje…) para hacer teatro. Y viceversa. Creo que hay un terreno intermedio que puede ser fértil.

¿Podemos decir entonces que sigues el mismo proceso de escritura en cine y en teatro?

No, porque si escribo un guion para otro director mi trabajo es entender lo que quiere y ponerme de acuerdo. Cuando escribo teatro solo tengo que ponerme de acuerdo conmigo mismo.

¿Cuál es tu método para escribir?

No tengo un método muy claro. Basta que plantee un método para que en el siguiente proyecto cambie. No sé, intento no pensarlo mucho. Cada proyecto es distinto y exige una manera distinta de escribirlo. Lo curioso es que vas aprendiendo las reglas de ese proyecto concreto a medida que lo escribes. Es como aprender a jugar a un juego mientras estás jugando.

Lo que sí noto es que a veces me da la sensación de que “sobrepensamos”, que lo intentamos entender todo demasiado. Tenemos en la cabeza la motivación del personaje, su arco, este tipo de cosas… y al final la escritura, todo tipo de escritura, tiene algo de sueño sostenido. El trabajo es contar el cuento y sostener el sueño. Las historias son organismos vivos; si uno presta atención se ordenan solas. No pueden no hacerlo.

Por esta última afirmación podemos pensar que no sueles escribir con una escaleta en mente.

No se trata de utilizar o no escaleta. Depende el proyecto. Lo importante para mí es recordar que la escaleta, o lo que sea, es un medio, no es un fin. El fin es escribir el guion o la obra o la pieza que sea. Lo demás son herramientas.

Yo personalmente necesito que haya un elemento de descubrimiento al escribir. No me gusta tenerlo todo clarísimo. Si ya sé lo que va a pasar en todo momento, me da la sensación de que no estoy descubriendo nada. Me aburro, que es el peor enemigo para escribir. Pero, insisto, depende de cada uno y de cada proyecto.

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¿Cómo consigues escuchar tu propia historia?

Quitándote del medio. Todo el mundo que escribe ha tenido la sensación de que, cuando la cosa va bien, parece que uno no está escribiendo. Parece que es otro el que dicta. Ese es el ideal, que escriba “otro”. ¿De dónde vienen esas frases? No sé, yo creo que el trabajo es mantener el canal abierto. Estar en contacto con el material para que vaya revelándose a su tiempo. Digamos que la tarea no es entender el guion, es escribirlo.

¿Al escuchar tu historia también encuentras qué quieres contar con ella?

No hace falta, me parece a mí, “querer decir” nada. Quieres decir lo que dices, las palabras concretas que utilizas, no otra cosa. Pensar y escribir son procesos diferentes.

La temática social y política suele estar bastante presente en tus obras. ¿Cómo consigues ser fiel a lo que quieres contar a la vez que escuchas la historia?

No pienso en lo que “quiero contar”, es más bien lo que quieres explorar. Digámoslo así: yo creo que uno no escribe para expresar lo que piensa, sino para descubrir lo que piensa. Lo que escribes es más profundo que lo que piensas. Es más verdadero y te refleja de muchas maneras, que no puedes controlar, con independencia del tema, el género o el medio.


IVA, IRPF Y ACCIONES

6 noviembre, 2015

por Sergio Barrejón.

Vamos con una de consultorio. Hoy, por partida doble. Pregunta J.S.Q.:

He escrito una escaleta de un programa piloto para una productora y me han dicho que para cobrar la remuneración acordada he de emitir una factura con su correspondiente IVA e IRPF. No estoy dado de alta como autónomo y no sé que porcentaje está establecido de IVA ni de IRPF.

¿Me podríais indicar los datos que necesito para realizar la factura? 

En primer lugar, enhorabuena por el trabajo. La mejor respuesta que podría dar a tu pregunta es que consultes con un gestor. Pero supongo que es un engorro contratar a un gestor para facturar un trabajo puntual, así que me voy a arriesgar a contestarte, dejando claro que hablo de oídas y que no soy un profesional de la cosa fiscal.

Desde el pasado 12 de julio, tal como puede verse en la web de la Agencia Tributaria, a la “Elaboración de obras literarias, artísticas o científicas” se le aplica un IRPF del 15%.

Y creo que eso es todo lo que necesitas consignar en tu factura, porque los guionistas estamos exentos de IVA según el artículo 20.26 de la Ley 37/1992, de 28 de diciembre, del Impuesto sobre el Valor Añadido.

Pregunta ahora J.G.S.:

Mi duda es a la hora de escribir la acción. Y básicamente es si hay que presupone que el lector del guión es “tonto”. Me explico.

Si por ejemplo queremos decir que un personaje se despierta con resaca, ¿valdría con decir eso o hay que explicar con todo detalle lo que sucede?

Veo un poco absurdo tener que describir cosas tan triviales(salvo que el personaje haga algo fuera de lo común). Porque decir: el personaje se despierta con cara de malestar, el pelo alborotado y emitiendo gruñidos me parece innecesario.

Buscando en vuestro blog y mirando guiones no me queda del todo claro, porque he visto que en algunos guiones sí se hace y en otros no.

Es una buena pregunta. Y no te puedo dar una respuesta taxativa. David Mamet te dirá que sólo deberías escribir las stage directions estrictamente imprescindibles para que la escena se comprenda. “Saca la pistola”, por ejemplo. “Cae muerto”. Cosas así.

William Goldman te dirá que en realidad un guionista escribe para los ejecutivos de desarrollo, y que más te vale entretenerlos y explicarles muy bien la acción, o tu guión irá a la papelera de reciclaje.

Una buena síntesis de los dos consejos sería lo que dice Jeff Daniels en este estupendo vídeo:

Escribe una versión para los ejecutivos con todas las acotaciones que necesites. Pero cuando entres en producción, haz otra versión sin descripciones ni acotaciones, y deja que los actores hagan su trabajo. Es un consejo muy parecido al que se ofrece en el magnífico libro Directing Actors, de Judith Weston.

En conclusión: el escritor eres tú. Nadie mejor que tú sabe lo que tienes que escribir.

¿Tienes una consulta que hacernos? Escríbenos a bloguionistas@gmail.com.


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