LAS 7 DIFERENCIAS

10 octubre, 2013

por Sergio Barrejón.

A mediados del año pasado, la serie en la que trabajaba, Amar en tiempos revueltos, abandonó la cadena en que se emitía (TVE). La Corporación llevaba muchos meses sin presidente, y la junta directiva no tenía potestad para renovar la serie… ni tampoco para cancelarla. Llegado un cierto punto, la productora no podía esperar más. Necesitaba saber si habría nueva temporada. O sea, si tenían que seguir pagando el alquiler de unos platós, los sueldos de un equipo, etc. Ante la falta de respuesta, la productora aceptó una oferta de Antena 3, para quien ya estaba produciendo una serie (Bandolera), y así, Amar emigró al sector privado.

A principios de 2014, empezó a emitirse Amar es para siempre. La serie empezó bastante bien, mejorando la audiencia de la serie anterior y manteniéndose por encima de la media de la cadena, y pasadas unas semanas de emisión se decidió lanzar el primer producto derivado: una novela. La serie matriz ya había dado lugar a tres novelas, todas escritas por guionistas de la serie, y ahora tocaba publicar una de Amar es para siempre. Y me la encargaron a mí. Y dije que sí.

Es la primera vez que escribo una novela (una novela completa, porque a los 19 años escribí unas 200 páginas de una novela-río que nunca llegué a completar… gracias a Dios). El libro se publicó el pasado 25 de septiembre, y me ha permitido incorporarme al club, cada vez más numeroso, de “guionistas con novela”, en el cual tengo grandes amigos e impagables mentores, como Carlos García Miranda o Martín Piñol.

Entiendo que una novela como la mía no tiene su target en un blog como éste. (Parafraseando a Marty McFly: “Supongo que todavía no estáis preparados para esto… pero les encantará a vuestros padres.”)

Aun así, he pensado que podría ser interesante contar lo que he visto en mi primera incursión en el mundo editorial. Al fin y al cabo, la mitad de los guionistas de España parecen estar dedicados a escribir novelas (la otra mitad están escribiendo teatro).

Básicamente, lo que he observado es que hay 7 grandes diferencias entre escribir guiones por encargo y escribir novelas por encargo:

1. El dinero. Por una (primera) novela se paga bastante menos que por un guión de prime-time. Eso sí: aparte de lo que te pagan por escribirla, luego te dan un porcentaje de las ventas. El estándar creo que está en un 10%, aunque esto varía cuando la novela, como es mi caso, está basada en material existente, cuyos derechos pertenecen a una productora, una cadena, y unos creadores del formato. Eso quiere decir que tienes que compartir la tarta con bastante gente.

¡Ésta es mi tarta!

¡Ésta es mi tarta!

2. Los agentes. A diferencia de lo que ocurre en el audiovisual español, los agentes literarios sí existen. Y negocian tus contratos por ti. Si una editorial te hace un encargo, no te será difícil conseguir un agente. Al fin y al cabo, en un encargo editorial suele haber pasta de por medio, y los agentes van a comisión. Aunque sólo escribas esa novela en tu vida, ese 15% ya lo tienen seguro. Otra cosa es que después del primer encargo vayan a seguir trabajando por conseguirte contratos. Eso dependerá del tipo de agente que tengas. Si es muy grande, tendrá autores grandes a quien deberán prestar más atención que a ti (el 15% de Ildefonso Falcones es más dinero que el 15% de Guionista Promédiez). También dependerá de ti: si el agente ve que vas a seguir escribiendo libros vendibles, se lo currará. Pero aunque no se lo curre, al menos podrás darte el gustazo de poder comentar con aire casual: “Pues el otro día me dijo mi agente que…”

3. El tiempo. Hay más tiempo para escribir una novela que para escribir un guión de prime-time. Incluso para una novela corta como la que yo he escrito, he tenido aproximadamente el triple de tiempo de lo que jamás me dieron para escribir ningún capítulo de ninguna serie. Eso no quiere decir que no haya plazos de entrega. Los hay, y hay que respetarlos. Especialmente en lanzamientos como el de una “novela basada en tal serie”: ninguna editorial va a querer lanzar una novela basada en una serie que ya no existe. Y cualquier serie es susceptible de ser cancelada en cualquier momento, así que la editorial tratará de que el libro esté listo en un plazo lo más corto posible de tiempo. Lo que nos lleva a la siguiente diferencia:

4. La diferencia de deferencia. Cuando escribes para una serie de televisión, tienes claro que la última palabra la tienen la productora y la cadena. Y si no lo tienes claro, ya se ocuparán ellas de dejártelo clarísimo. Aunque tengas un margen creativo amplio. Aunque seas el creador de la serie, y coordines los guiones. Aunque tengas un Goya y un Ondas en la estantería, si la productora dice “esta escena no se puede grabar” o la cadena dice “no nos gusta esta trama”, te toca tragar. Con la editorial no funciona así. El autor tiene la última palabra. En primer lugar, por algo obvio: no hay nada que no se pueda grabar. No hay problemas de exteriores, ni de escenas corales. Pero es que además la editorial no quiere interferir en tu historia, más allá de una primera propuesta. Te hacen el encargo, tú propones una sinopsis (en mi caso, página y media nombrando los protagonistas y contando sólo el plantemiento) y si la aprueban… se acabó el desarrollo. Ttienes libertad total para escribirla como te dé la gana. ¿Quiere esto decir que nadie te corrige nada? No exactamente. Ver el punto siguiente.

5. Las reescrituras. La mala noticia es que cuando escribes novelas también tienes que reescribir. La buena noticia es que las reescrituras no se parecen en nada a las que haces cuando trabajas en televisión. Y es que nadie en la editorial piensa que sabe más que el autor. Las reescrituras se plantean para ayudar al autor, para descargarle del trabajo no creativo. Cuando uno se sumerge en un texto de treinta mil palabras, es muy fácil perder de vista la superficie. En ese sentido, una corrección ortotipográfica y de estilo es una bendición. Y lo mejor de todo es que la corrección sólo tiene carácter de sugerencia. Te mandan un documento de Word con control de cambios, y en la práctica, tienes la potestad de rechazar todos los cambios sin siquiera explicarlo. (Si lo haces, probablemente no volverás a publicar nada más largo que un estado de Facebook, pero el caso es que podrías hacerlo). Un ejemplo: yo aún no me he adaptado a las últimas normas ortográficas de la RAE (ni lo haré). Eso significa que la palabra “solo”, cuando es adverbio, la escribo siempre con tilde. Pues bien, la correctora de mi novela (gracias, Cristina Núñez Pereira), sustituyó todos los “sólo” por “solo”, como corresponde a la norma actual. Me pareció bien… con una salvedad. Mi novela transcurre en 1958, y el 80% del texto corresponde a un diario escrito en ese año. Por una cuestión de verosimilitud, me pareció que estaría bien mantener la parte del diario en la norma ortográfica antigua. Es decir, dejar el texto tal como lo habría dejado alguien que lo hubiera escrito en su diario de 1958. Así que volví a poner las tildes en los “solo” adverbiales de la parte del diario. ¿Que pensaréis que respondieron en la editorial? No es que no lo discutieran. Es que ME DIERON LAS GRACIAS por ocuparme personalmente de hacerlo. “Si nos lo hubieras dicho, nos ocupábamos nosotros”. (Aquí toca dar las gracias a mi editor, Emilio Albi).

6. La presentación. Ese respeto que se aprecia en las correcciones y en el trato en general se extiende también a los eventos relacionados con la novela. A diferencia de lo que ocurre con algunas ruedas de prensa, fiestas de fin de temporada y demás, en el mundo editorial nadie se olvida de invitar al autor a la presentación. Ni siquiera cuando se trata de una novela cuyos personajes protagonistas están interpretados por actores famosos. Naturalmente que Javier Collado y Nadia de Santiago acudirán a la presentación de la novela, y probablemente serán los que capten más atención de público y prensa. La diferencia es que, a pesar de ser guionista de la serie, yo también tendré mi sitio en la mesa. (Y aquí toca meter publicidad: la presentación de mi novela será el próximo jueves 17 en la Casa del Libro de Gran Vía, en Madrid.)

7. Los cuñaos. Una diferencia que puede parecer anecdótica, pero que te hará desear dedicarte a la novela toda la vida, incluso aunque acabes arruinado y teniendo que alimentarte con las páginas de los ejemplares no vendidos: Esos familiares pesados que siempre te hacen preguntas absurdas sobre tu trabajo de guionista… no te abrasarán con cuestiones como “¿Pero tú cuándo vas a salir en la serie?”. Se acabó aquello de “¿Cómo hacéis para escribir la serie entre varios, escribís cada uno un personaje?”. Nada de “¿Por qué tenéis que cobrar de la SGAE si ya habéis cobrado por escribir el guión?”.  La única pregunta de la que no te librarás jamás, por supuesto, es el clásico de entre los clásicos:

¿De dónde sacas las ideas?

Para la cual, por cierto, yo sigo sin tener una respuesta sarcástica-pero-no-demasiado-borde, así que si se os ocurre alguna y queréis compartirla, ahí tenéis los comentarios. Si la uso en la presentación, prometo citar a su autor.

P.S. Si vuestros padres (o cuñaos) son seguidores de la serie, decidles que participen en el concurso para ganar un ejemplar de Ese Brillo en Tus Ojos. Tienen de plazo hasta el próximo viernes, 18 de octubre.


¿ES MARIO CASAS UN BUEN ACTOR?

2 octubre, 2013

por Sergio Barrejón.

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¿Sabes esa gente que pulula por los conciertos de bandas veteranas diciéndole a quien quiera escucharles eso de que “yo ya les conocía de su primero disco” o  “a mí ya me gustaban antes de volverse comerciales”? Pues este post va un poco de eso. Avisado quedas.

Hace un par de años, cuando los organizadores del Master de Guión de Salamanca me propusieron escribir un ensayo para el libro colectivo DIEZ GUIONES CON HISTORIA, yo elegí escribir sobre Regreso al Futuro. Y no les pareció mal, a pesar de ser una película claramente comercial y de entretenimiento. Porque hoy en día ya se considera tolerable decir que Regreso al Futuro es una obra maestra.  Es casi un tópico decirlo. Ya no es FRIQUI.

Pero hace quince años, cuando impartía mis primeras clasecitas de cine en la ya desaparecida Escuela de Artes Visuales de Madrid, todos mis alumnos me miraban con cara de incredulidad cuando les ponía esta escena de Regreso al Futuro como ejemplo de presentación de personajes. O cuando les ponía esta otra como ejemplo de uso de lentes, cambios de punto de vista, ruptura de ritmo… Como ejemplo de TODO, vaya:

En 2013, los rictus de incredulidad me los encuentro cuando digo cosas como que MARIO CASAS ES UN ACTOR ESTUPENDO que ya lo quisiera yo para protagonizar un guión mío. No busques la ironía, que no la hay.

Los argumentos para criticar a Mario Casas suelen resumirse en tres:

1. Mucho musculito pero poco talento.
2. Tiene un rostro inexpresivo.
3. No se le entiende al hablar.

Pero el subtexto, desengañémonos, es éste:

ES INTOLERABLE QUE ALGUIEN SEA JOVEN, GUAPO Y EXITOSO. BAJÉMOSLE LOS HUMOS.

Las razones del cinéfilo-todólogo promedio para despreciar a Mario Casas están emparentadas con el mismo prejuicio que sufre el resto del cine español: la presunción de que “no se lo curra”. De que el éxito le ha venido regalado. De que no ha sudado sangre para triunfar.

En mi opinión, nadie diría que es mal actor si no fuera un sex-symbol para miles de adolescentes.

En esta profesión, el éxito siempre es producto del talento, la perseverancia y la suerte. Y hacen falta los tres elementos.

Tomemos el caso de Amenábar, por ejemplo. Perseverante donde los haya, y con algo de talento (hazte un favor y reconoce que puede existir gente con talento aunque no te interese su obra). Pero su talento y perseverancia no le habrían servido de gran cosa si no se hubiera tropezado con José Luis Cuerda en el preciso instante en que Cuerda quería producir cine (cosa que no había hecho antes ni ha vuelto a hacer después).

Ahora bien, ¿cuál de esos tres factores es el determinante para el éxito? Parece que es la suerte, porque fue el último factor en entrar en juego. Pero los tres son imprescindibles. Tropezarse con Cuerda le puede pasar a mucha gente. Pero Amenábar tenía algo que enseñarle: varios cortometrajes de calidad y un guión comercial. Los frutos de su talento y su perseverancia.

No sé cuánta suerte ha tenido Mario Casas. Ni me importa si, tal y como sugieren algunos, se ha tenido que acostar con alguien para llegar adonde está. No es que me parezca una estrategia digna, es que no me parece una estrategia en absoluto. Con un polvo oportuno puedes conseguir un papel, pero una carrera sólo la levantas con talento y perseverancia.

Sobre la perseverancia… no sé tú, pero yo sólo conozco una manera de hacer aparecer una chocolatina en tu abdomen: PERSEVERAR. Naturalmente, ser actor consiste en mucho más que en hacer abdominales. Pero cuidar el cuerpo es fundamental para un profesional de la interpretación. Ojalá todos los actores lo tuvieran tan claro como Mario Casas.

En cuanto al talento, ni me voy a molestar en defenderlo: consulta con Álex de la Iglesia, Antonio Banderas, Jaume Balagueró, Paco Cabezas, Marcelo Piñeyro, Alberto Rodríguez o algún otro de los muchos directores con los que ha trabajado. Consulta con la “mayoría ruidosa” de gente que acude a ver sus películas.

En cuanto a la dicción y la expresividad: pues sí, yo también creo que pueden mejorar. Siempre pueden mejorar. Un actor se pasa la vida mejorando esos aspectos. Para ver si Mario Casas está esforzándose en conseguirlo, basta con echar un vistazo a sus primeros trabajos y compararlos con los últimos. Si alguno de sus críticos se tomase la molestia de hacer ese repaso, quizá descubriría que lo peor de esos trabajos no era su dicción, sino el PAPEL.

De manera que antes de decir “mucho musculito, pero poco talento”, piensa que una cosa no tiene nada que ver con la otra, y luego reconoce que si ese actor protagoniza películas que a ti de entrada no te interesan, con papeles que ya de entrada no te crees, difícilmente podrás apreciar su talento, aunque lo tenga.

Antes de decir “es inexpresivo”, trágate un ciclo de Ryan Gosling y luego échale un vistazo a GRUPO 7. Que igual no estamos hablando de la misma persona.

Y antes de meterte con la dicción de Mario Casas, piensa si no tendrá una dicción mucho más auténtica que todos esos actores de doblaje que nos han atrofiado el oído con su entonación perfecta y esa reverb que siempre les acompaña.

Y antes de meterte, en general, con actores de éxito, piensa si no estáras proyectando sobre ellos algún tipo de prejuicio más relacionado con su imagen pública que con su capacidad profesional. Piensa si no estarás anteponiendo el topicazo al criterio, cual tertuliano de talk-show mañanero. (Esos mismos tertulianos que luego te dicen que el cine español vive de espaldas a su público.)

Y aquí dejo el tema, que me empiezan a salir bifurcaciones. Si a alguien no le basta con insultarme en los comentarios, el 17 de octubre tendrá la oportunidad de hacerlo en persona, durante la presentación en Madrid de mi novela “Ese brillo en tus ojos“. El lugar está por confirmar, pero lo que es seguro es que estaré acompañado de otros dos actores estupendos: Javier Collado y Nadia de Santiago (Héctor y Asun, para los fieles de “Amar”).


CHAT CON UNA ESTUDIANTE DE GUIÓN

20 septiembre, 2013

por Sergio Barrejón.

Sabe Dios por qué razón, a veces me escriben estudiantes de guión y aspirantes a guionista para pedirme consejo profesional. Y yo, por razón de mi inmodestia, les contesto como si supiera de qué hablo. Y luego, en un alarde de insensatez, vengo a este blog y publico las conversaciones. Esta que reproduzco a continuación la tuve hace unos días con una ex alumna mía de la ECAM:

ALUMNA: Me gustaría trasladarte una inquietud que tengo, muy de principiante y muy de idiota a la vez.

Tengo muchas ganas de escribir un largo. Nunca he escrito uno completo y creo que ya toca. Sé que es imposible que el primer guión sea bueno, vendible o producible. Pero tampoco quiero escribir sólo con la idea en la cabeza de: esto es para aprender, aún te quedan 1000 páginas para hacer algo mínimamente decente. Me gustaría tener la ilusión de que lo que estoy haciendo puede llegar a valer.

ABUELO CEBOLLETA: Lo único que te detiene es la presión de “hacer algo bueno”, lo que en mi curso El oficio de guionista definí como un “objetivo subjetivo”. Ese tipo de objetivos suelen ser paralizantes. Hay que buscar “objetivos objetivos”. No te impongas una tarea tan abstracta como escribir un buen guión. Oblígate sin más a escribir un guión. Como decía Louis CK:

Por fin tengo el cuerpo que deseaba. Y ha sido fácil conseguirlo: sólo consistía en desear un cuerpo patético.

O sea, que si te da miedo no ser capaz de escribir algo bueno, plantéate escribir una soberana mierda. Parece más fácil, ¿no?

ALUMNA: OK, pero yo lo que quiero es que tú, desde tu posición experimentada, me recomiendes qué tipo de largo escribir: algo tipo ILUSIÓN (autoproducible, pequeño) u otro tipo de historia más comercial pero con algunos requisitos que estén pidiendo ahora.

ABUELO CEBOLLETA: No, no, no. Sin limitaciones. Escribe lo que te dé la gana. La experiencia demuestra repetidamente que las ideas más susceptibles de triunfar son aquellas que se escriben de espaldas a objetivos como “triunfar”. Todos los grandes éxitos provienen de maniobras inesperadas, insólitas, poco recomendables. Si pones a trabajar el lado pragmático del cerebro estás perdida. No puedes plantearte tus objetivos artísticos en función de lo vendibles que serán los resultados. Eso ya llegará cuando seas vieja.

Ese es el problema de ir a másters y escuelas de cine: que nos escucháis hablar a los viejos y cogéis los vicios. Esa forma de pensar tiene sentido cuando ya has hecho músculo, tienes 7 guiones escritos y sabes que puedes enfrentar un proyecto sin morir. Entonces puedes escoger de entre tus doce o catorce ideas que siempre tienes a fuego lento y decir “ésta es la que parece más razonable escribir ahora”. Pero cuando no has escrito ningún guión tu objetivo es ESCRIBIR TU PRIMER GUIÓN. Punto. No hay más requerimientos.

El mejor consejo profesional que me han dado en mi vida fue “Estás en tercero de carrera. Tienes que hacer un corto ESTE AÑO. Bueno o malo, no importa. Tienes que hacerlo ya, PORQUE estás en tercero de carrera”. (El tipo que me dio ese consejo ahora tiene un Oscar, por cierto).

Si te fijas por ejemplo en la carrera de alguien como Vigalondo, ves que tiene una especie de alergia a parar. Al ritmo que este hombre hace sus cortos, comprenderás que no hay tiempo para tener mieditos. Ya sabes lo que dice Woody Allen: “80% of success is just showing up”.

Y hablando de show up, voy a dejarme de dar la chapa y voy a seguir con mis guioncitos de telenovela. Hablando de lo cual…

El próximo miércoles 25 llega a las librerías esta obra magna de la literatura mundial:

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Mi primera novela.

Dudo mucho que la novela resulte de interés para el lector promedio de este blog, pero le encantará a vuestros padres. A mi madre, al menos, le ha FASCINADO. Si gracias a esta sutil maniobra de marketing alguien siente el irrefrenable deseo de leerla, puede echar un vistazo a este adelanto de la novela en la web de Antena 3.


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