FERNANDO NAVARRO: “CUANTO MÁS RECONOCIBLE SEA EL MUNDO EN EL QUE TRANSCURRE LA HISTORIA, MÁS TE IDENTIFICAS CON LO QUE CUENTA Y MÁS TE ASUSTARÁS.”

31 agosto, 2017

Por Àlvar López y Carlos Muñoz Gadea

El granadino Fernando Navarro, guionista de películas como Toro o Anacleto: Agente secreto, acaba de estrenar su primera cinta de terror, Verónica, ambientada en el Vallecas de principios de los años 90. Aprovechando su recorrido en salas, hemos querido charlar con él sobre el proceso de creación de esta historia, que dirige el valenciano Paco Plaza.

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Fernando Navarro. Foto: Eva Manzano.

Para empezar, me gustaría que me contases como surgió este proyecto. ¿Era una idea que tenías en mente escribir o fue un encargo por parte de la productora?

Fue un encargo. María Angulo y Enrique López Lavigne, los productores, estaban dándole vueltas a hacer una película basada en el Caso Vallecas y otros expedientes parecidos. La idea de hacer una película de terror puro con un trasfondo realista, reconocible, y ambientado en los noventa me entusiasmó desde el principio. En la primera fase nos documentamos mucho. Leímos los archivos policiales y todo lo que encontramos publicado sobre ese y otros casos. Pero no fue hasta la incorporación de Paco, bastante tiempo después, que el proyecto cogió forma definitiva.

Verónica parte de una -o más bien de varias- historias inexplicables que sucedieron y resonaron en los medios españoles. Destaca sobre todo el caso de Estefanía Gutiérrez Lázaro en Vallecas, pero se aprecian referencias a otros casos. De igual modo, también pueden intuirse elementos propios del cine de género y de algunas de las películas más reconocibles de éste. ¿Qué puedes decirme sobre esto?

Conforme íbamos trabajando, nos íbamos alejando del caso real. Sí que queríamos hacer referencias explícitas a los archivos policiales, pero también queríamos hacer una película de terror “por derecho” como dicen los flamencos. Es un equilibrio complicado: mantener el tono realista y reconocible sin renunciar a esos códigos del género que mencionas y que queríamos que estuvieran en la película: Sobresaltos, ritmo tenso, momentos grotescos, humor y personajes un poco al borde. Siempre me ha atraído el cine que transita en un tono entre el realismo y el entretenimiento. Parte del mejor cine americano de los setenta, mucho del cine francés de género y casi todo el cine coreano actual se mueven en ese terreno.

La película está narrada en base a tres días, en una especie de cuenta atrás que se pone en marcha con la escena que hace las veces de prólogo de la película. ¿Qué te llevó a decidirte por esta manera de encadenar los diferentes hitos de la historia?

A mí, personalmente, me gustan las películas que transcurren en poco tiempo y en pocas localizaciones. Siempre que puedo intento escribir guiones muy concentrados en el tiempo y en el espacio. Unas horas, dos o tres días como mucho. Casi en tiempo real. Empezar con ese prólogo y retroceder en el tiempo generaba tensión y misterio. Y esos tres días (y sus tres noches) eran una manera de estar muy apegados al personaje, de estar con Verónica todo el proceso de encantamiento que sufre.

En las películas del género de terror, la elección del ritmo de la historia resulta esencial para mantener al espectador en un constante nivel de tensión. ¿Cuántas versiones necesitaste hasta dar con el tempo adecuado para llevar al público al nivel buscado?

Más que borradores, que también, lo que más hicimos fue probar distintas aproximaciones, enfoques. Creo que el tempo, el ritmo, estuvo bastante apuntalado desde el principio. Nos preocupaba mucho el punto de vista. Era la clave de cómo enfocar esta historia. ¿Quién la cuenta? Probamos con el punto de vista centrado en los policías, luego intentamos un borrador casi documental, muy frío, visto desde fuera… Al final decidimos contar la historia como si fuera una novela gótica. Muchas de estas novelas están escritas en forma de diario y, de algún modo, lo que hicimos fue contar a Verónica en el día a día como un diario, casi como único punto de vista.

Verónica ha sido tu primera incursión en el cine de terror. Después de haber escrito comedias como Anacleto o thrillers como Toro, ¿podrías explicar en qué se diferencia la escritura de historias de terror con respecto a otros géneros?

Todos esos guiones que nombras se parecen un poco: conflictos familiares contados en clave de género, con bastantes set-pieces y que transcurren en pocos días. Y la escritura no se diferencia mucho. La comedia, el terror o la acción tienen algo en común: la estructura necesita unos hitos cada tanto (sustos, gags o chistes, peleas o persecuciones) inherentes a cada género en concreto. Y muchos de esos hitos son secuencias puramente físicas, plásticas. Lo importante en este tipo de guión es el equilibrio entre la credibilidad, el realismo -lo que Pepe Sacristán llama “toma de tierra”- y el puro entretenimiento. Además, esos guiones dependen mucho del director, de la puesta en escena. La comedia y el terror son géneros jodidos de escribir. Te expones mucho. Si la gente no se ríe o no pasa miedo, no has hecho bien tu trabajo.

¿Cuándo escribes una película de terror como Verónica, con marcados rasgos sociales, cómo decides cuáles son las tácticas más adecuadas para generar el suspense y el miedo?

A mi me gusta el costumbrismo estilizado y me gusta que el lugar y la época dónde transcurre la película impregne todo. Además, esos rasgos sociales que nombras son los que más ayudan a construir el suspense o el miedo. Cuanto más reconocible sea el mundo en el que transcurre la historia, más identificado, más apegado estarás a lo que cuenta y, claro, más te asustarás. Algunos de los mejores guiones de terror que se han escrito parten de mundos, de contextos muy realistas. Pienso en Rosemary’s Baby, en El Exorcista, o en la propia [Rec].

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Cartel de Verónica (2017).

Hablemos de la ambientación, sin duda uno de los puntos más destacables de la película. En Verónica destaca esa sensación de realidad, donde todos y cada uno de los detalles parecen muy cuidados. Desde el bloque de edificios al despertador que simula el ruido de un gallo o al tablero de ouija y las revistas paranormales, o incluso a través de la banda sonora dominada por las canciones de Héroes del Silencio que escucha Verónica y sobre todo gracias a la melodía del anuncio de “Centella”, los espectadores pueden tener la sensación de haber vivido esa vida, lo que contribuye a que perciban con más intensidad el miedo. ¿Qué puedes contarme sobre la fase de documentación para el guión?

Intentamos ser muy meticulosos al respecto. Nunca quisimos hacer un ejercicio nostálgico, pero sí que necesitábamos transportar al espectador ya desde la lectura a un mundo muy concreto y que conocíamos bien. En el año en el que transcurre la historia yo tenía la misma edad que Verónica. Crecí en La Chana, un barrio de Granada muy parecido al Vallecas de esos primeros noventa, así que no fue nada complicado llenarlo de detalles y de recuerdos que forman parte de nuestra primera adolescencia. Además, contábamos con Javi Alvariño, uno de los mejores directores de arte de España. Y eso ayuda.

Sin duda, el empleo de elementos propios de la época en que se sitúa la historia, y también cierto tono de humor, contribuyen a aportar la cotidianidad necesaria para que los momentos de terror lo sean más todavía. ¿Cómo has trabajado este apartado?

Es que el humor es básico. No solo para un guión de terror, sino para cualquier guión. Además, como dices, sirve de válvula de escape del terror, oxigena, aligera y te prepara para el siguiente golpe. Paco es un director que deja muchísimo espacio para el costumbrismo, el naturalismo y el humor. No solo no le tiene miedo, sino que al contrario, él mismo dio con algunas de las ideas más graciosas de la película. Durante la escritura nos reíamos mucho con ciertos diálogos y ciertas situaciones.

El diseño de los personajes, especialmente el de Verónica pero también el de su familia, resulta muy interesante. Más allá de esa inspiración en base al caso real que tuvo lugar en Vallecas, ¿cómo has trabajado esta faceta del guión? ¿Sigues algún proceso a la hora de diseñar a tus personajes?

Cada personaje es distinto. Pero en la construcción de personaje casi siempre usas a personas que conoces o a tus recuerdos sobre personas que conociste. Creo que es la mejor manera de hacer que un personaje funcione. La adolescencia es algo complejo de retratar pero, por suerte o por desgracia, todos hemos pasado por ahí: el miedo al ridículo, el miedo a crecer, el rechazo, el desamparo, el desconcierto ante los cambios físicos o emocionales, las amistades que vienen y que van. Solo tuvimos que tirar de recuerdos para construir a Verónica, sus hermanos y el conflicto con su madre.

Personalmente, me atrajo mucho la relación de Verónica con sus hermanos pequeños, esa dicotomía madre/hermana que se ve obligada a llevar por la familia a la que pertenece. Y lo mismo me ocurrió con el personaje de la monja ciega, la hermana Muerte, que acaba contando su propia historia de una manera muy sutil a través de los encuentros que tiene con Verónica en ese desván plagado de muebles antiguos y figuras religiosas en desuso. Son, todas ellas, excelentes elecciones de casting. ¿Hasta qué punto el guión ya manejaba estos parámetros para los personajes?

El guión era muy plástico, muy visual. Y ya apuntaba algunas de esas imágenes. El aspecto de Verónica como madre/hermana estaba descrito de manera literal en la secuencia que lleva a su hermano pequeño al colegio: la imagen debía mostrar a Verónica, una chica de quince años, rodeada de madres de treinta y tantos. Con esa imagen ya está contado. Respecto a la hermana Muerte también está, inspirada en un personaje real: un cura del que se contaba que había hecho exorcismos en África. Su personaje está narrado desde la visión de la niña, con un trasfondo dramático y ese halo mítico, entre la parodia y el cómic, pero luego habla de torrijas y con acento andaluz. Me parece de lo más divertido del guión y marca mucho la personalidad de la película.

Además de la historia de terror que cuentas, Verónica es también la historia de una niña en su paso a la adolescencia, aquí representada como una época vital de miedo a lo desconocido, al cambio que supone pasar de ser un niño a un adulto, algo que puede resultar aterrador en según qué circunstancias. Claramente, la situación desestructurada de la familia de Verónica ayuda a reforzar el conflicto para esta faceta de la historia. ¿Cómo enfocaste esta trama para unirla a la de la historia paranormal?

Son la misma trama. En dos planos distintos. Verónica no es niña ni adulta, no encuentra su lugar en el mundo y por eso se siente atraída por las fuerzas oscuras del otro lado. Sus amigas hacen una Ouija como un juego. Ella no. Ella quiere respuestas de verdad. Esa sensación de desamparo es lo que mueve en todo momento al personaje. Ella no quiere crecer, pero está obligada a hacerlo por las circunstancias, así que busca alguien que le diga lo que hay que hacer para crecer. O, peor aún, algo que le impida crecer.

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Fotograma promocional de la película.

Ya para terminar, he podido leer que ya tienes varios proyectos en marcha. Destacan en este sentido Muse, otra cinta de terror que coescribes con Jaume Balagueró, o también el thriller Cross the line, junto con David Victori. ¿Qué puedes contarme de estos proyectos?

Muse se estrenará el próximo festival de Sitges. Es un thriller sobrenatural ambientado en círculos literarios universitarios. Es una película de misterio con una estructura más o menos clásica pero que contiene, creo, imágenes e ideas impactantes y una mitología que me parece muy original y que ya estaba en la novela de José Carlos Somoza que adaptamos. Ha sido un lujo trabajar el mismo año con Jaume Balagueró y con Paco Plaza. Respecto al guión de David, estamos en la fase final de la escritura. Vamos bien, pero por ahora no hay mucho que contar. Es un thriller muy vertiginoso que, de nuevo, transcurre en pocas horas y con tiene cierto anclaje al mundo real.


FERNANDO NAVARRO: “SER LO MÁS IRRESPETUOSOS POSIBLE NOS PARECIÓ LO MÁS RESPETUOSO CON UN AUTOR COMO VÁZQUEZ”

4 septiembre, 2015

Por Alberto Pérez Castaños. 

A mediados de los 60, Manuel Vázquez creó uno de los personajes más célebres del cómic español: Anacleto, agente secreto. Hoy, 4 de septiembre de 2015, Anacleto se vuelve a poner la pajarita y a encenderse un pitillo gracias al director Javier Ruiz Caldera y a los guionistas Fernando Navarro, Breixo Corral y Pablo Alén. En esta adaptación del realizador catalán, el agente del flequillo negro ahora tiene el pelo canoso, se encuentra al borde de la jubilación y está encarnado por Imanol Arias. Además, tiene un hijo, Adolfo, con el que no se lleva muy bien: Quim Gutiérrez.

En Bloguionistas quisimos charlar un rato con Fernando Navarro, uno de los guionistas de la película y que, además, en 2016 estrenará ‘Toro’, el próximo largometraje del director Kike Maíllo. 

Los autores del guión de ‘Anacleto: Agente secreto’ sois tú y Pablo Alén y Breixo Corral, que ya formaron pareja creativa en ‘Tres bodas de más’. ¿Cómo empiezas a escribir con los guionistas del último éxito de Javier Ruiz Caldera?

El proyecto surge cuando Paco Ramos, de Zeta Cinema, me ofrece la adaptación. Para Paco solo había un director posible, Javier Ruiz Caldera, y Javi y yo nos conocíamos de antes del estreno de ‘Spanish Movie’ y llevábamos tiempo buscando algo que escribir juntos. Así que todo cuadró perfecto. Estuvimos bastante tiempo buscando el tono. Escribimos bastantes tratamientos. Trabajamos mucho y muy duro.

Después de cuatro versiones, muy asentadas, mi siguiente guión, ‘Toro’ estaba en pleno desarrollo y requería mucho trabajo y eso coincidió con que Javi pensó que Pablo y Breixo –que acababan de hacer con él ‘Tres Bodas de Más’– podrían hacer una reescritura final en la que aportaran algunos chistes más. De hecho, Javi siempre somete a sus guiones a reescrituras de gente de fuera que aporten más y más chistes. Pablo y Breixo tienen muchísimo talento para el humor, y no solo trajeron muy buenos gags sino que aportaron ideas nuevas muy interesantes, que acabaron dando forma al guión que finalmente se rodó.

Me ha parecido un acierto la actualización del personaje de Anacleto (Imanol Arias), verlo a punto de jubilarse, y que su hijo (Quim Gutiérrez) tome el protagonismo. Sin embargo, también me parece una decisión arriesgada, ¿en qué momento la tomasteis y por qué?

Estuvo claro desde el principio. La idea fue: hagamos de Anacleto un héroe de acción. Javi y yo éramos fans de Anacleto pero habían dejado de publicarse en los setenta. Así que decidimos huir de la idea de una película retro o deudora en exceso del Universo Bruguera. Yo soy lector fiel de Marvel desde que soy niño y el lenguaje del cómic adaptado al cine me interesa mucho, así que la idea fue escribir un tebeo más contemporáneo, con héroes a la vez realistas y demenciales. Necesitábamos un punto de vista más cercano para contar la historia y para contar a un personaje como Anacleto y de ahí surgió la posibilidad de crearle un hijo. Ese hijo éramos nosotros, nuestro punto de vista. Alguien que pudiera “infiltrarse” en un cómic desde fuera para acabar formando parte de él.

Una de las cosas más difíciles de adaptar cómics de humor es lograr mantener el tono. Muchas veces son gags físicos muy bestias y complicados de rodar, otras veces chistes que quizás no funcionan igual de bien en pantalla que en papel… ¿Qué directrices seguisteis para la adaptación?

Las principal directriz era: ‘Anacleto’ es una película de acción. Queríamos, de alguna manera, refundar una franquicia que no existía realmente. Había que ser más o menos fiel, plagar el guión de guiños al tebeo, a los chistes originales y a los personajes. Pero, al mismo tiempo, iba a ser la hija bastarda, más violenta, más salvaje, más adulta. Y, sobre todo, tenía que ser muy entretenida y con un ritmo que no decayera nunca. Edgar Wright, Mathew Vaughan y Álex de la Iglesia marcaron el camino de este tipo de películas. Humor. Acción. Violencia.

Fue un encargo increíble, de estas cosas que dices: “no me va a volver a pasar”. Yo soy muy fan de Walter Hill, es uno de mis maestros y fue uno de los primeros en adaptar el lenguaje del tebeo al cine con ‘The Warriors’, por ejemplo. Y no es tan fácil que te hagan un encargo de un tebeo en España y cuando pasa es como un sueño, ya no tanto por los personajes, sino sobre todo por el lenguaje. Por eso nosotros decidimos hacer un cómic, y un cómic incluye desde ‘Sin City’ hasta los Mortadelos de Fesser, e incluso las pelis de Edwar Wright, que tienen un tono de cómic. Y Javi es un estilista y eso nos permitió estilizar la realidad, pudiendo hacer cosas que no se pueden hacer, por ejemplo, en ‘Tres bodas de más’ o yo mismo en otros guiones.

En una comedia de acción como ‘Anacleto: Agente secreto’ se juega mucho a hacer humor desde la realización. Muchos directores de este tipo de comedias como, por ejemplo, Edgar Wright, que has nombrado antes, escriben o coescriben sus propios guiones; sin embargo, Caldera no escribe, ¿trabajasteis en algún momento de la escritura con el director este tipo de situaciones?

El guión se ha trabajado con Javi secuencia por secuencia. De manera exhaustiva y perfeccionista. Hay secuencias de acción como la pelea con el chino o el asalto a la Masía, que Javi y yo coreografiamos en papel ya desde las primeras versiones del tratamiento. Cuando escribes acción y además escribes chistes integrados en esa acción, lo mejor es estar cerca del director, escribirlos con él, probarlos y desarrollarlos con él. Sus ideas, la puesta en escena, lo que se puede y no se puede rodar, debe estar lo máximo posible integrado en el papel.

¿Qué ha sido más complicado, escribir una comedia de acción o que la comedia sea la adaptación de un personaje tan emblemático como el de Vázquez?

A mi no me resulta especialmente complicado escribir acción. Ni me siento incómodo en la comedia. Lo de Vázquez sí era mucho más difícil. Para empezar, Vázquez era un genio absoluto. Del humor, del despropósito. Y adaptar sus personajes era complicadísimo porque la mayoría de las historietas de Anacleto no tenían mucho desarrollo dramático. No daban para un guión de noventa páginas. Eran una sucesión de chistes brillantes, de ideas estupendas, de dibujos increíbles. Así que usamos sus personajes, nos inventamos otros nuevos, decidimos olvidarnos de él para construir la narrativa de la película y volvimos a él cuando había que rematar chistes, pensar diálogos, aportar detalles. Ser lo más irrespetuoso posible nos pareció lo más respetuoso con un autor como él.

¿Crees que a Vázquez le gustaría vuestra adaptación?

Yo creo que nosotros le gustaríamos a Vázquez. Para que viera la película antes tendríamos que haber quedado con él e invitarlo a un vino. Probablemente le divertiría una cosa y es que la película es cien por cien española. Fue uno de nuestros empeños, que fuese una película española estilizada. Muchos cineastas se desentienden de España porque la ven cutre. Y lo es. Pero para hacer comedia, o para hacer thriller es muy interesante. Yo admiro mucho las películas de Alberto Rodríguez y Rafael Cobos, por ejemplo, porque son muy autóctonas. Por eso pusimos tanto empeño en hacer una película castiza.

Casi todas las adaptaciones de clásicos del cómic español han contado con continuación, ¿sabes ya si habrá más misiones para vuestro Anacleto en el futuro?

Nosotros no podemos tomar esa decisión. Dependerá de la respuesta del público a la película. Pero no es un secreto que estaríamos felices de volver al mundo de Anacleto.

Foto de Eva Manzano

Fernando Navarro con Carlos Areces caracterizado como el villano Vázquez. Foto: Eva Manzano.

Estuviste en el rodaje, como se puede ver en esta foto con Carlos Areces. ¿Eres de los guionistas a los que les gusta ir al set?

No me gusta mucho. Y a ellos tampoco les suele gustar que vaya el guionista. Sin embargo, en el caso del rodaje de ‘Anacleto’ había muchos amigos: los actores, parte del equipo técnico, así que me pasé un par de días a saludar. Creo que el guionista es una presencia incómoda y es mejor no estar mucho por allí y dejarlos hacer sus trabajo. Hay algunos compañeros que van porque trabajan con los actores –caso de Rafael Cobos– o porque son los asistentes del director –como Mateo Gil– o que simplemente aprovechan los rodajes porque saben que quieren dirigir y aprenden mucho.

Así que no eres de los de compartir tu opinión con el director…

Bueno, fui dos días y hubo uno que creo que sí le dije a Javi algo que no terminaba de ver e hicimos algún cambio sobre la marcha, pero esto depende mucho de los directores. Javi, por ejemplo, es muy celoso de su trabajo. Él siempre se encierra con el guión y con el montador antes de rodar y trabaja sobre el texto.

¿Sabes qué tipo de trabajo previo hace sobre el guión?

Javi tiene espíritu de montador –es montador, de hecho–, y los montadores son como escritores; reescriben la película. Yo creo que Javi lo que hace es montarla en su cabeza antes de rodarla. Tiene una cabeza privilegiada. Cuando coge el guión se imagina cómo lo va a rodar, qué le sirve y qué no. Sabe perfectamente lo que va a hacer y por eso tiene ese control del material y hace esas películas tan redondas.

Caldera es uno de los directores que más trabajan en la actualidad, que más éxito tiene y que más guiones de guionistas diferentes ha rodado. ¿No crees que esto demuestra la importante que es tanto para la industria como para los guionistas que existan figuras así, que debería haber más Calderas?

Javi es un director muy inteligente. Muy exigente con las historias y los guiones y que ha asumido una posición muy discreta y muy humilde respecto al guión: él no escribe y no quiere escribir. Como la mayoría de sus directores de cabecera, por otra parte. Pero eso no quiere decir que no esté detrás de cada una de las cuatro películas que ha dirigido. Al contrario. Su visión impregna cada página del guión. No me atrevería a decir que para una industria es mejor o peor que haya directores no guionistas, porque estamos rodeados de cineastas muy buenos (Javier Rebollo, Jonás Trueba, Carlos Vermut, Cobeaga) que escriben su propio material. Para mí, como espectador, no hay diferencia. Lo importante es el resultado, no el proceso. A Javi o a Jota les viene bien contar con escritores y a otros no tan bien. No hay una fórmula.

Recientemente ha terminado el rodaje de ‘Toro’, el guión que has escrito junto a Rafael Cobos y que dirige Kike Maíllo. En este cuestionario que contestaste hace un tiempo en Bloguionistas dijiste que fue una escritura muy complicada, ¿por qué?

Escribir ‘Toro’ junto a Rafael Cobos para Kike Maíllo ha sido una de las mejores experiencias profesionales que he tenido. La más intensa, sin duda. Rafael es de los mejores guionistas de este país. Un gran compañero y un amigo. ‘Toro’ es, de nuevo, un guión de acción total y su escritura nos llevó por cuatro ciudades distintas por circunstancias personales de los implicados. Kike sabía que yo estaba escribiendo el Anacleto con Javi. Empezamos a pensar en hacer algo juntos y terminamos dándole vueltas a un guión. En ese punto llamé a Rafael Cobos, con el que estaba deseando escribir. Como por aquel momento estábamos pasando por algunas situaciones personales algo convulsas éramos como una banda de rock en plena huida hacia delante. Y eso se refleja en el guión, que es muy salvaje, muy violento. Recibimos total apoyo del productor, Enrique López Lavigne, que era como el cuarto miembro del grupo y se metió en la película desde el principio. Ha sido el mejor proceso de mi vida, muy salvaje. Nunca me lo voy a pasar mejor. Repetiría mañana.

Tus dos últimos guiones, ‘Toro’ y ‘Anacleto: Agente secreto’, los has escrito con guionistas para directores no guionistas. Sin embargo, también has escrito con directores. ¿Encuentras diferencias a hacerlo con unos o con otros?

Yo suelo trabajar codo con codo con el director, sea o no escritor. No suelo escribir un primer borrador sin saber quién lo va a dirigir, como mucho un primer tratamiento y a veces ni eso. Para mí la visión del director es la visión global de la película ­–que no del guión– y es la que quiero conocer y la que debo potenciar. Si no estoy de acuerdo con algo, argumentaré cómo lo veo yo, porque conozco muy bien a los personajes y la trama, pero él es quién tomará las decisiones en el set y en montaje. Mi manera de trabajar en ese sentido es siempre con un director detrás, aunque escriba con otro compañero. Lo importante es que todo el mundo esté de acuerdo en el tono, en la historia y los personajes. Si involucras al director desde la primera versión ahorras mucho tiempo, porque avanzáis hacia el mismo sitio. Por eso, en mi caso no noto una diferencia.

Esa actitud ahora es más posible porque ya llevas muchos años escribiendo y relacionándote con productores pero, ¿cómo lo hacías cuando empezaste?

Al principio empecé a trabajar con el director Gonzalo López Gallego. Vendimos algún guión fuera y aprendí mucho el oficio. Luego me fui cruzando con productores y tuve suerte. Siempre pensé que era mejor ir de la mano de alguien, porque confío en el trabajo de los directores y de los productores, porque ellos son los que hacen las películas, los que encuentran el dinero… Me gusta mucho trabajar con productores mano a mano; con Enrique Lavigne, con Paco Ramos… Pero si me preguntas qué debe hacer el que esté empezando, creo que lo mejor es ir con un director; buscar un director de cortos, que también esté empezando, y asociarte con él. Es mejor que ir solo a una productora.

También andas escribiendo la próxima película de Jaume Balagueró, ‘Muse’, ¿qué puedes contar sobre este proyecto?

Aún poca cosa. Es la primera película en inglés de Jaume desde ‘Frágiles’. El guión es un thriller sobrenatural ambientado en un campus universitario, con la literatura y la poesía como trasfondo y una mitología, creo, bastante original. Ha sido un proceso muy interesante para un guionista. Adaptar una novela de género, trabajar en el guión con Jaume, que es un referente mundial para el cine de género, hacer un thriller con sus propias reglas, escribir secuencias terroríficas. Estoy deseando que empiecen a rodar.


TRAILERS, ENTRADAS GRATIS Y MÁS ENLACES PARA UN FIN DE SEMANA DE ESTAR HASTA EL COÑO

20 febrero, 2015

Por Alberto Pérez Castaños. 

1. Empezamos regalando. Concretamente, cinco entradas para ver gratis ‘Negociador’, la tercera película de Borja Cobeaga como director, que se estrena el próximo 13 de marzo. Seguid el enlace para conocer los detalles. Y no tardéis, el plazo para participar en el sorteo acaba el 1 de marzo.

2. El martes salió a la venta ‘Conexo’, la segunda novela del bloguionista Carlos García Miranda. Tras ‘Enlazados’, Carlos vuelve a contar una historia protagonizada por adolescentes, esta vez mezclando ciencia ficción con misterio y referencias musicales y cinematográficas de la década de los 80. Destino, que ha puesto a vuestra disposición el primer capítulo de la novela.

3. El guionista Javier Grillo-Marxuach colgó una serie de tweets en su cuenta y en esta web los han editado en forma de texto y es genial. Según su responsable, “todo aspirante a escribir para televisión debería leerlo”. Así que, ya sabéis.

4. Y, hablando de televisión. Tras ver el tráiler, todos estamos de acuerdo en que uno de los estrenos más esperados de este año es el de ‘El Ministerio del Tiempo’. Uno de sus responsables es Javier Olivares, que ya ha desvelado algunas claves de la serie.

5. Otro estreno que no pinta nada mal es el de ‘Anacleto: Agente Secreto’, la nueva comedia dirigida por Javier Ruiz Caldera y escrita por Fernando Navarro, Pablo Alén y Breixo Corral. Esta semana hemos podido ver, por fin, el tráiler:

6. El Sindicato de Guionistas Americano ya ha decidido cuáles son los mejores guiones del año con la entrega de sus premios anuales, los WGA Awards. En cine, Wes Anderson ha sido el ganador en la categoría de mejor guión original con su ‘Gran Hotel Budapest’, mientras que Graham Moore se llevó el premio al guión adaptado por ‘The Imitation Game’. Podéis consultar el resto de ganadores aquí.

7. ¿Os acordáis de aquel post de Chico Santamano sobre la política cultural de Podemos que casi nos rompe la web? Pues los compañeros de Guionistas Vlc, más en concreto Gabi Ochoa, también han dado su opinión sobre el tema.

8. “Este ninguneo constante, casi una campaña orquestada para no abordar el tema de la desigualdad, no sólo es motivo de indignación, (…) sino que implica graves consecuencias”. Virginia Yagüe está “hasta el coño y más allá” y lo deja claro en este necesario artículo sobre la desigualdad en la profesión. Imprescindibles también los artículos que cita al final para comprender la situación.

9. Y, para terminar, unas cuantos consejos sobre escritura. En total, diez. Y, en concreto, de Elmore Leonard. Casi nada.

Buen fin de semana.


ENTREVISTA A RAFAEL COBOS

29 diciembre, 2014

Por Alberto Pérez Castaños. 

Fotos de Héctor Beltrán.

El pasado 9 de diciembre, el guionista Rafael Cobos visitó la Sala Borau de la Cineteca del Matadero de Madrid para dar su conferencia “Cómo escribo mis películas”, perteneciente al ciclo de charlas de Los Martes de DAMA. El co autor guiones como ‘La isla mínima’ o ‘Grupo 7’ entre otros, habló de sus inicios profesionales y de su relación con Alberto Rodríguez, su principal colaborador a las teclas, así como del origen y proceso de trabajo de las películas –incluidas las no filmadas– que ha escrito con el director andaluz.

En la actualidad, Rafael acaba de terminar el guión de ‘Toro’, que dirigirá Kike Maíllo y que ha escrito junto a Fernando Navarro. Además, ya está inmerso en la escritura del próximo proyecto del tándem Rodríguez-Cobos: una película sobre Francisco Paesa.

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El guionista Rafael Cobos.

Quiero empezar dándote la enhorabuena por el éxito de ‘La isla mínima’, que ha superado el millón de espectadores y los seis millones de euros de taquilla. En la conferencia de los Martes de DAMA dijiste que el éxito de ‘Grupo 7’ te sorprendió, ¿te ha sorprendido éste también?

Uno siempre espera que lo que hace lo vean el máximo número de personas, así que, puestos a soñar, esperábamos que llegase este momento. Pero, por ejemplo, una vez que con ‘Grupo 7’ esperábamos llegar al millón de espectadores y no ocurrió. De hecho, nos quedamos bastante lejos, casi a la mitad. No las teníamos todas con nosotros para llegar a este punto. Así que el éxito de ‘La isla mínima’ no lo esperábamos, pero lo deseábamos.

En la conferencia contaste algunas cosas que, a mí personalmente, me sorprendieron. Una de ellas fue que Alberto y tú empezasteis a desarrollar el guión de ‘La isla mínima’, vuestra cuarta película, antes que ‘After’, vuestra segunda obra…

‘La isla mínima’ es el sitio con el que comenzamos y al que volvimos cuando nos quedamos sin nada que contar, o por lo menos cuando intentamos rescatar algo que nos preocupaba pero que no terminábamos de encontrar un telón de fondo o realidad que convirtiera una historia policiaca en algo interesante. Tuvo que pasar el tiempo, tuvo que pasar ‘Grupo 7’, ‘1982’ y ‘1977’, nuestros dos guiones no rodados, para que encontráramos casi de forma fortuita, casi mística, qué iba a haber detrás para que no fuese una historia más.

En concreto, comentaste que para ‘La isla mínima’ “reciclasteis” ciertos aspectos de ‘1977’, ¿cuáles en concreto? ¿Se podría llegar a rodar ‘1977’ pese a ‘La isla mínima?

Lo veo complicado, pero entre otras cosas porque ‘1977’ es una historia que transcurre durante unos acontecimientos reales que ocurrieron en la cárcel de La Modelo de Barcelona, que llevan diciendo que la van a desalojar desde hace 15 años. Por otro lado, montar un decorado basado en esa cárcel es imposible, es carísimo. Mucho tendrían que cambiar las cosas. Además, en esta historia, la cárcel es un personaje más, con la misma importancia de un protagónico pero siendo una cárcel de galerías de 50 metros de altura y 200 de longitud; un personaje fundamental que si no existe o no hay posibilidad de conseguirlo, no tiene sentido hacer la historia.

Respecto a lo de reciclar aspectos de esta historia para ‘La isla mínima’ debo decir que lo que hicimos fue usarlos pero muy entre comillas. Lo que hicimos fue retomar el trasunto político. ‘1977’, como el propio nombre indica, transcurre a partir de 1977, que fue la época de la Ley de Amnistía por la que muchos presos políticos que estaban en la cárcel según algunas leyes ya trasnochadas salieron a la calle mientras otros presos sociales se quedaban cumpliendo condena. Y es verdad que en ‘La isla mínima’ hablamos de la Transición porque transcurre en esos años, pero la relación entre ambas historias no va mucho más allá de la connotación temática.

¿Y la relación que contaste que hay entre ‘1982’, vuestro otro guión no rodado, y ‘Grupo 7’ es similar a ésa?

Sí. Nosotros solemos partir de una preocupación temática, es decir, que el tema de la película es el origen de todo y lo que va formando poco a poco la historia es la preocupación por lo que queremos hablar, y nos pasó lo mismo con ‘1977’ y ‘La isla mínima’ que con ‘1982’ y ‘Grupo 7’. En este sentido, el guión de ‘1982’ hablaba de la llegada del socialismo al poder, del “vamos a respirar todos las libertades” y estaba muy vinculado con determinadas formaciones policiales muy concretas que se empiezan a especializar en parcelas de la vida de aquella época. Esta película en su momento fue inviable por presupuesto, pero sirvió de pinza temática para hacer ‘Grupo 7’, con la que comparte trasunto temático y político.

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Rafael Cobos durante la conferencia de los Martes de DAMA.

Además de ser importantes para vuestro avance profesional, también dijiste que esos dos guiones no filmados eran tus favoritos…

Eso es postureo, siempre dices eso de algo que no se ha hecho. (El guionista Fernando Navarro, presente durante la entrevista, interviene para darle la razón a Rafael: “Eso es un clásico. Los guiones favoritos son los que nunca se han rodado”). Y también lo dices porque, por otra parte, nadie te puede decir lo contrario, que ese guión es una mierda.

Afirmaste haber aprendido a renunciar de los diálogos con el paso del tiempo, algo que se nota en ‘La isla mínima’. ¿Es algo que ha venido con tu maduración como guionista o va más relacionado con la historia que estás contando?

Los diálogos son un elemento al que recurres porque tiene una función dramática. Si no la tuviera, y esto es una opinión subjetiva, prefiero prescindir del ornamento. Es verdad que el diálogo se puede usar para muchas cosas que no sean dramáticas porque, al fin y al cabo, pueden dar color, matices, porque sirven para contextualizar… Pero en mi caso personal, que no creo que sea de maduración, con el tiempo he descubierto que me molesta, que si el diálogo no cumple con esa función dramática que te comentaba, no tiene sentido, y por eso hay una tendencia a hacerlo prescindible cuando no está al servicio de la historia. Como decías, va relacionado con la historia que estés contando, porque si estás hablando de dos chicos encerrados en un piso vas a necesitar fundamentalmente el diálogo para que exista la acción, pero si puedo evitarlo, lo voy a evitar.

Viendo ‘La isla mínima’ me resultaron muy atractivos esos planos cenitales que ponían cierre a una determinada serie de escenas. Me dio la sensación de que eran como telones que hacían que la película tuviese cierta estructura teatral, lo me pareció interesante teniendo en cuenta que tú vienes del teatro. ¿Trabajasteis esto desde el guión o es un detalle que viene de post-producción?

Es una decisión posterior, no está en el guión, pero sí está claro que es la conclusión dramática de un bloque. De hecho, están concebidos como tal. Fueron una decisión de Alberto con Álex Catalán, estos planos tienen la función de darle al espectador la posibilidad de recopilar o recapacitar. Sin embargo, sí tienen algo relacionado con el personaje de Javier Gutiérrez, su relación con los pájaros, que de alguna forma son el recuerdo de los muertos en el ejercicio de sus funciones. Los planos son como una mirada omnisciente de todos estos muertos que lo están esperando. Yo diría que tienen más que ver con esta licencia poética.

Cuéntame cómo fue tu pasado teatral. ¿Tienes pensado retomarlo?

Yo empecé escribiendo teatro porque no podía escribir cine, lo veía como algo inalcanzable, muy lejano, y porque tenía una compañía de teatro y había que pagar derechos de autor cada vez que montábamos una obra. Y yo, que había querido ser poeta y que quería haber sido novelista, que había pasado por todos estos estadios de la literatura, desemboqué en el teatro. Fui casi por obligación y no me fue mal, la verdad. Empecé escribiendo textos para esta compañía que teníamos. Hice un montón, fue muy satisfactorio porque de repente me llegaban correos de compañías que querían representar los textos. Pero se acabó ahí, en dos o tres concursos a los que me presenté por el año 93-94 y que me dieron un dinero, luego llegué al audiovisual casi de forma inconsciente. Ahora, el teatro es algo a lo que vuelvo pero para meterlo en un cajón, porque me parece algo complicadísimo.

En vuestras películas la estética tiene mucha importancia, siendo ‘La isla mínima’ un ejemplo bastante claro. ¿Es algo que viene porque Alberto no se quita la “chaqueta” de director durante la escritura o lo trabajáis los dos desde el germen de la historia?

Las últimas reescrituras del texto siempre están muy vivas, muy condicionadas a una determinada localización, es algo lógico. Siempre hay un futurible imposible, algo que no sabes a dónde va si no controlas de memoria el espacio en el que está ocurriendo todo. Pero sí que creo que en nuestros guiones hay mucho contenido de lo que luego se hace cuando, como dices, más tarde Alberto se pone la chaqueta de director y trabaja con el director de fotografía para plasmar el resultado final. Los guionistas siempre tenemos que hacer defensa de nuestra implicación en el resultado final de la historia.

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Un instante de la entrevista con Bloguionistas.

Una de los puntos más interesantes de tu conferencia fue cuando contaste las referencias literarias de tus guiones. Hablaste de una influencia clara de ‘Peter Pan’ en ‘7 Vírgenes’ o del tono decadente de ‘Ampliación del campo de batalla’ de Houellebecq para ‘After’. ¿Cuándo entran en juego esas inspiraciones en el guión?

Hay influencia previa a la escritura, durante y después. Durante la escritura somos una especie de termomix, donde todo cabe y cualquier estímulo por mínimamente sugerente que sea va a terminar finalmente en el guión. Es algo que suele ocurrir cuando estás metido en la historia. Previo a la escritura del guión pasa lo mismo, estás como cociendo, es el momento en el que estás recibiendo y hay, probablemente, una última razón emocional que te está llevando a alimentarte de un material casi de forma inconsciente. Aunque tú no lo sabes, ahí hay algo que está trabajando y que luego estará relacionado con esas referencias en la fase de pico y pala, en la que entran de manera real cuando decides con qué quedarte; empiezas a darles un nombre, a hacer que esas referencias tengan sentido, que una te lleve a otra… Y que aquello que pareció siendo un estímulo místico e irracional se va traduciendo en material de trabajo.

¿Cuáles dirías que son tus referencias literarias principales?

Es difícil responder a eso. A mí hace mucho tiempo me sorprendió literariamente Roberto Bolaño, por el año 98, cuando ganó el Premio Rómulo Gallegos. Fue una influencia clara durante mucho tiempo, por dónde intuí que podía ir lo que estaba haciendo. Yo creo que es una influencia, por evidente que sea, que lo resume todo bastante bien. Últimamente me ha pasado algo parecido con un escritor norteamericano, James Salter. Te lo recomiendo. Me leí una novela suya llamada ‘Años luz’ que me llevó a leerme todo lo que tenía porque me pareció un escritor brillante.

La literatura ha sido clave en los guiones que has escrito con Alberto, pero también comentaste la importancia de la documentación en vuestras historias, que te ha llevado a leer sumarios extensísimos. ¿Es un proceso que disfrutáis o resulta farragoso?

El proceso de documentación más brutal que hemos vivido fue con ‘1977’, que nos comió por completo, fue exagerado. Pero sí que lo disfruto, me parece golosísimo, porque sacas petróleo, auténticas perlas. Es un proceso en el que vas viendo que la realidad es algo infinito. Hay una secuencia en ‘Grupo 7’ que protagoniza el personaje de Mario Casas en la que se pone a gritar en medio de un patio: “¡Somos el Grupo 7!”. Pues antes hay otra que se quitó del guión en la que sucede algo que está sacado de un caso real, en el que este personaje esposaba al malo al coche y empezaba a darle vueltas. Esto ocurrió en un barrio de Sevilla y lo leí en un sumario. Es brutal. Tú vas a ver esto al cine y dices: “te has pasado tres pueblos, tío”, pero es el ejemplo claro de cómo la realidad da cosas que son de género.

¿Va vuestro proceso de documentación paralelo a la escritura? ¿Alguna vez os habéis encontrado con que queríais llevar la historia por otro lado pero la documentación os lo impedía de alguna forma?

Claro, eso ocurre. El problema de empezar con la documentación a secas es que siempre tienes ese lastre, ese Pepito Grillo diciendo “cuidado, la realidad no es así”. Lo mejor de hacerlo paralelamente es que sabes encontrar el momento perfecto para mandar a la mierda la documentación, porque has sabido encontrar una solución, o por lo menos porque sabes cómo conseguir camuflarla con cuatro detallitos.

Dijiste que para vosotros lo más importante es saber de qué estáis hablando en vuestra historia, conocer el tema de la película. Que preferís tener eso claro a una estructura sólida, incluso que se puede llegar a perdonar no tener una estructura fuerte si el tema de ésta queda claro…

Alberto y yo trabajamos con el tema siempre. Y soy muy fatigas siempre con esto, en las clases que doy siempre incido en que el tema es algo tan genérico que te mata y que hay destilarlo hasta que tengas muy claro lo que vas a contar, es decir, sobre un tema en concreto, qué es lo que merece ser contado y bajo qué punto de vista se va a hacer. Nosotros consideramos que el tema es el origen, el germen de todo, el verdadero motor; tanto estructura como personajes vienen del tema.

Me gusta mucho esa confianza que tenéis en lo que estáis contando, hasta el punto de concluir aspectos de la historia de tal forma que algún espectador pueda llegar a pensar que falta información…

Eso lo discutimos mucho a veces. ¿Qué está bien y qué no está bien? ¿Por qué una historia tiene que estar mal si no hay un repaso final o porque no decimos abiertamente quién es el malo o no desvelamos el mecanismo? ¿Qué significa estar mal? ¿Por qué no puede poner el espectador esos elementos que dan la solución a la ecuación? Si esto es así significa que estamos destinados a generar productos en los que las costuras hacen que éste no exista. No quiero que esto se interprete como un “hagamos dramaturgias impresionistas” pero algo hay, sobre todo en este caso, que estamos hablando de drama.

Para terminar, ¿qué puedes contar sobre el nuevo proyecto que tienes con Alberto Rodríguez sobre Francisco Paesa?

Es una historia que lleva cuajándose ya un tiempo, en la que ya estábamos trabajando durante ‘La isla mínima’, por eso la tenemos bastante avanzada. No es exactamente un biopic, sino una historia basada en un reportaje de investigación que hizo Manuel Cerdán sobre Francisco Paesa.

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La sala Borau del Matadero se llenó para ver a Rafael Cobos.


CÓMO SER… FERNANDO NAVARRO

5 noviembre, 2014

por Alberto Pérez Castaños.

Siempre he pensado que es interesante conocer los hábitos y rutinas de otros guionistas, que se puede aprender mucho de la forma de trabajar de alguien. Por eso, he decidido enviar un cuestionario a profesionales tanto de cine como de televisión con el fin de saber más sobre ellos. Publicaremos las respuestas periódicamente, por lo que se puede decir que hoy nace una nueva sección en Bloguionistas: “Cómo ser…”.

El encargado de inaugurarla es Fernando Navarro, guionista con experiencia tanto en cine como en televisión que tiene unas cuantas películas en el horno: ‘Anacleto: Agente Secreto’, de Javier Ruiz Caldera, coescrita con Pablo Alén y Breixo Corral; ‘Toro’, de Kike Maíllo, coescrita junto a Rafael Cobos; y el recientemente anunciado proyecto en inglés con Jaume Balagueró, ‘Muse’.

1) ¿Cuáles son tus hábitos de trabajo? ¿Eres más de mañana o de tarde? ¿Tienes un horario fijo o vas improvisando? ¿Qué es lo primero que haces cuando abres el ordenador? ¿Tienes alguna rutina de pre-calentamiento?

Me levanto más o menos temprano. Escribo de siete a diez páginas diarias. Sean buenas o malas. Lo importante es no perder el ritmo. No tengo horarios marcados pero me cuesta escribir sin luz natural. Por la mañana rindo mucho más. No tengo redes sociales, por lo que no suelo tardar mucho en empezar a trabajar.

2) ¿Qué software sueles usar para escribir? ¿Por qué?

Final Draft. Me parece el más cómodo y el mejor. Llevo usándolo muchos años, pero cada poco tiempo descubro una nueva función que hace el trabajo aún más fácil. Al igual que un cirujano quiere el mejor bisturí, yo quiero la mejor herramienta para ejercer mi oficio.

3) ¿Escuchas música cuando trabajas? ¿Bandas sonoras, clásica, rock? Recomiéndanos algo de música inspiradora.

Antes trabajaba en la música y mi mujer y algunos de mis mejores amigos son músicos, por lo que vivo rodeado de música. De hecho para mí la música es una parte vital de la escritura del guión, casi una fase más de mi trabajo. Suelo usar discos para conformar el mundo de un guión o las características de un personaje.

4) ¿Trabajas en pijama?

Pantalones cómodos, camisetas viejas de los grupos de Granada y descalzo.

5) ¿Café? ¿Té? ¿Botella de agua? ¿Comes delante del ordenador?

Una botella de agua fría. Refrescos con cafeína las tardes de sueño. Nunca jamás, almuerzo o ceno delante del ordenador. Pistachos cuando estoy sin inspiración. Dicen que ayudan a ser creativo.

6) ¿Windows? ¿Mac? ¿Linux?

Mac.

7) ¿Escribes en papel? ¿Moleskine, folios sueltos, servilletas de bar? ¿Algún bolígrafo o pluma preferido?

Uso cuadernos Moleskine en las primeras reuniones, para tomar notas, para ir acumulando recortes y cosas que voy encontrando. Siempre que puedo escribo en papel y a mano.

8) ¿Eres capaz de escribir con Internet encendido?

Claro. Para definir el tono de una historia suelo usar secuencias de títulos de crédito que veo en YouTube. Leo y releo artículos. Miro fotos, dibujos, cuadros, mapas. Busco y rebusco música para cada momento concreto.

9) ¿Qué te hizo pensar: “quiero ser guionista”?

No lo pensé mucho. Salió así. Quería ser batería de rock y no pudo ser.

10) ¿Cuándo empezaste a ganarte la vida como guionista? ¿Cómo metiste el pie en la puerta?

Por suerte empecé muy pronto. Primero trabajando de negro para un guionista de series nacionales y luego vendiendo un primer guión de largo amateur para una película medio autobiográfica. No se rodó pero me la pagaron entera. Con ese dinero compré el tiempo que necesitaba para mejorar y seguir escribiendo.

11) Escaleta: ¿Sí o no?

Casi siempre sí. Pero no creo en el paradigma. Cualquier método sirve para escribir un buen guión.

12) ¿Prefieres escribir solo o en equipo?

Me gusta escribir con compañeros. Co-guionistas, productores o el director. Mejor ir acompañado a la guerra.

13) ¿Género favorito a la hora de escribir?

No tengo género favorito, aunque disfruto mucho escribiendo secuencias de acción y tensión, porque no suelen hacerse muchas. Hablo de acción pura. Sin diálogos. Físicas.

14) ¿Te ves incapaz de escribir algún género en concreto?

No. He escrito durante mucho tiempo comedia; he hecho thriller y acción, terror, melodrama y adaptaciones literarias. Si los personajes son interesantes, cualquier género está bien.

15) ¿Qué aspecto tiene tu escritorio, o el refugio en el que te escondes para escribir? 

Escribo en un viejo escritorio americano de los años 50. Pequeño. El que cabía en mi minúsculo despacho. Con pequeños fetiches: Un Tintín, una postal de ‘Romeo y Julieta’ traída desde Verona por mi mujer y una portada enmarcada de la revista Written By con John Millius, regalo de un buen amigo.

16) ¿Cuál es el lugar más extraño en el que has escrito un guión?

No diría tanto el lugar como, sobre todo, el contexto. ‘Toro’, el guión que acabo de terminar para Kike Maíllo junto a mi compañero Rafael Cobos se ha escrito en ráfagas e impulsos, entre cuatro ciudades, en unas condiciones muy complicadas, duras, lleno de imponderables y tensiones. Hemos salido triunfadores.

17) ¿Qué libros y películas te cambiaron la vida?

Las ediciones de bolsillo de James G. Ballard fueron muy importantes. Y saber que las películas de Leone se rodaban a unos pocos kilómetros de dónde nací. Aunque más que libros o películas, mi vida se ha visto siempre afectada por discos: el ‘Su’ de Lagartija Nick y el ‘Omega’, los personajes del ‘Nebraska’ de Springsteen y ‘Little Criminals’ de Randy Newman, ‘La Leyenda del Espacio’ de Los Planetas, el disco aquel que grabaron Lorca y la Argentinita o ‘El Tigre de Guadarrama’ de Vainica Doble.

18) ¿Qué lecturas, cursos, películas, etc… te han marcado como guionista?

Las pocas entrevistas que leía de Rafael Azcona o Jean Claude Carriere, los dos libros de Joe Estzherhas, la lectura del guión de ‘The Driver’ de Walter Hill y su reescritura de ‘Alien’ y, sobre todo, tratar diariamente con grandes compañeros, con los que hablar de penas y alegrías. Gente que admiro como Rafael Cobos, Mateo Gil, Borja Cobeaga, Alejo Flah, David y Jonás Trueba o Sergio G. Sánchez.

19) ¿Quién te ha influido más a lo largo de tu carrera profesional?

He podido estrechar la mano a Jean Claude Carrière, un referente. Y me suelo escribir cartas con Rudolph Wurlitzer, el guionista de mi película favorita de la historia del cine, ‘Two Lane Blacktop’. Aunque siento que siempre que escribo estoy intentando copiar a Walter Hill, a W. R. Burnett o a James G. Ballard.

20) ¿Cuáles son tus referentes clásicos y modernos, españoles y extranjeros?

Rudolph Wurlitzer, Lorca, Gerard Brach, Walter Hill, Santiago Moncada, Jimmy Sangster, Ballard, Rafael Azcona, John Millius, W. R. Burnett, Sergio Donati, Carmen Santonja o Drew Goddard.

21) ¿Cuál es el trabajo del que te sientes más orgulloso?

Tengo un guión de aventuras en el que he trabajado junto a un gran director español que me parece, siendo sincero, el mejor guión que he escrito: es salvaje, violento y divertido. No sé si se rodará algún día. Es caro y complejo. Aunque yo me siento como un debutante y cada paso que doy me hace sentir muy orgulloso. De hecho, ‘Toro’ me parece un grandísimo esfuerzo por conseguir un buen guión. Ojalá os guste la película.


BUCK HENRY – VENCIENDO LA PEREZA

6 febrero, 2012

por Fernando Navarro.

Como todos medio sabemos, un guionista es un ser extraño. Tan vago como constante. Tan currante como inseguro. Tan perezoso como decididamente entregado a su oficio. En varios de mis encuentros con los guionistas que escriben en este blog, Sergio Barrejón ha acabado pidiéndome textos, ideas, colaboraciones. Nunca he encontrado ni el tiempo para pararme a escribir sobre algo ni, aún peor, el tema sobre el que escribir.

Hasta ahora. Después de darle muchas vueltas, he encontrado una manera (modesta) de contribuir a Bloguionistas.

Intentaré, con la periodicidad que me permita mi pereza (y los compromisos contractuales) traducir un artículo breve, especialmente interesante, proveniente de “Written By”, la revista que edita el Sindicato de Guionistas Americanos (WGA) y que recibo periódicamente.


Para el primero he escogido una breve y divertida entrevista en la que Buck Henry
recuerda la escritura de una de las mejores películas (mi favorita) de los 60, “El Graduado”.

Espero que os interese.

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BUCK HENRY RECUERDA “EL GRADUADO”

por ARLENE HELLERMAN. Traducción de Fernando Navarro

(Publicado originalmente en “Written By” Volume 15/No.6 November/December 2011)


“¿Qué opinas?”, preguntó el director Mike Nichols. “Creo que es fenomenal”, contestó el guionista Buck Henry después de haber leído la novela de 1963 “El Graduado”, escrita por Charles Webb.

Un simple intercambio que dio luz a un clásico del cine. La carismática película de 1967 que sorprendió al público de la época con su sexo realista y sus desnudos casuales mientras representaba el cambio de ciclo de toda una generación.

Henry empezó su carrera escribiendo e interpretando sketches en los primeros tiempos de la televisión (“El Show de Steve Allen”, “El Show de Garry Moore”). Se pasó a la sit-com de media hora cuando Dan Melnick, un ejecutivo de Talent Associates, lo puso a trabajar con Mel Brooks para co-crear “Superagente 86”.

En algún momento durante las dos temporadas de esta serie, Nichols (que también había sido comediante) le pasó la novela “El Graduado” para que se le leyera.

Una vez que Henry escribió el guión, todos los estudios rechazaron el proyecto. La película pudo hacerse solo después de que un productor independiente, Joseph Levine, la financiera. ¿Resultado? “El Graduado” se convirtió en la película más taquillera del 67. Henry recibió el premio del WGA por el mejor guión de comedia. Nichols ganó los premios del Sindicato de Directores y el Óscar a mejor director.

Henry dice que necesitó solo dos versiones para dar por terminado el guión. Rara vez escribe más de dos. Nunca escribe un outline, pero antes de sentarse y empezar a teclear necesita saber tres cosas: el principio, algo muy convincente en la mitad que lo anime a seguir avanzando y una idea para el final.

Ahora con 81 años, Henry recuerda la adaptación de “El Graduado” y como respetuosamente se esfuerza por “escribir el guión que el autor de la novela o la obra de teatro podrían haber escrito”.

¿Cómo surge “El Graduado”? Fue Mike Nichols quien te trajo el proyecto, ¿no?

Él me trajo el libro y únicamente me dijo: “Léete esto”.

¿Nichols trabajó contigo en el guión o simplemente te lo pasó y te pusiste a escribir?

Trabajó conmigo unas semanas cerca del final, sobre todo en la secuencia del montaje. La parte en la que el patio trasero de los Braddock y la habitación de hotel estás mezcladas.

Compartiste crédito con Calder Willingham. ¿Escribió él un guión?

Sí, pero yo nunca supe nada de los guiones que existían antes de que yo empezara a trabajar. Hubo varios, de distintos guionistas, pero Willingham fue el único que pidió al Sindicato un arbitraje por el crédito.

Este era tu primer guión de largometraje para un estudio. ¿Fue difícil la transición de hacer televisión a escribir una película?

Llevaba escribiendo para televisión unos diez años antes de eso. Yo no considero que hubiera ninguna transición. Era simplemente otra historia que contar.

En el guión, cada escena lleva a la siguiente. Por ejemplo, Ben abre la puerta de su casa y cuando la cierra ya está en la habitación del hotel con la Señora Robinson.

Ese tipo de secuencias son muy divertidas de ver. Pero son muy complicadas de escribir. Y de rodar y editar. Tienen que ser lo suficientemente ingeniosas. De lo contrario pueden quedar muy aburridas o sentimentaloides, como en esos montajes interminables de algunas películas con los chicos enamorándose mientras pasean, bailan, montan en una noria, comen chucherías y se besan.

Luego hay un muchos ejemplos famosos secuencias de montaje que funcionan perfectamente. Uno de los mejores y más sencillos está en la que puedo argumentar que es la mejor película jamás hecha, “El Tercer Hombre”. Cuando el detective, Trevor Howard, le enseña a Joseph Cotten por qué está equivocado sobre su amigo. Además, no es muy larga. No serán más de siete u ocho planos. Es brillante. Le enseña al público lo realmente malo que es Harry Lime.

¿Y esa escena en el hotel entre Ben y la Señora Robinson? En el guión la escena tiene 21 páginas. Es la única escena larga de la película.

Casi toda es del libro, que es maravilloso. Ese libro está lleno de un material muy bueno.

La interpretación de Anne Bancroft, su vulnerabilidad, ¿eso es tuyo o estaba ya en el libro?

Cuando íbamos a empezar los ensayos el personaje no era así. Ese personaje, ese carácter, se forjó durante el trabajo de los ensayos de Anne y Mike.

¿Necesitó Dustin Hoffman mucho trabajo de dirección con su personaje? Cuando uno ve la película parece que estabas escribiendo para él.

No lo estaba. Y nadie sabía que iba a interpretarlo hasta que se hizo el casting. El guión fue escrito sin ningún actor en la cabeza.

Es interesante que los tres cortes principales que hay en el guión sean secuencias de sueño. Aunque las dos segundas son más ensoñaciones. En la primera, el personaje de Dustin Hoffman, Ben, está leyendo un discurso en su graduación.

Está dando un discurso como estudiante con las mejores notas de su promoción. Recuerdo esa secuencia perfectamente, pero no me acuerdo de las otras.

Hablemos de esa escena, que abre tu guión. ¿Por qué la escribiste y por qué fue eliminada?

Mike y yo estuvimos hablando mucho de eso. La escribí después de terminar el primer borrador. La secuencia está sacada de un famoso incidente que ocurrió durante la investidura de John Kennedy. Robert Frost compuso el poema inaugural. Frost era un hombre muy mayor. Estaba allí, en el podio, con un frío y un viento heladores. Empezó a recitar su poema y tuvo bastantes problemas leyendo.

De repente, se detuvo, muy quieto. No estoy seguro de si había terminado de leer el poema. Pero para aquellos de nosotros que crecimos con Kennedy y con Frost fue un momento muy dramático. En eso está basado. La gente que vivió aquella época supongo que, de haber conservado la secuencia, hubiera sentido una sacudida al recordarlo. Aunque nunca la rodamos porque nunca la necesitamos.

Es como evocadora del resto del guión.

La escena va sobre una graduación. Y la película, después de todo, se llama “El Graduado”. Trataba de buscarle un sentido a eso, un significado. Pretendía ser una pequeña metáfora sobre el resto de la historia. He empezado muchos de mis guiones con este tipo de secuencias.

Los siguientes cortes son más de fragmentos que de secuencias. Ben está flotando en una colchoneta en la piscina y su madre le dice que si no llama a Elaine para una cita, invitará a cenar a los Robinson. Y él se imagina cómo sería de horrible esa cena. ¿Te acuerdas de escribir esa secuencia?

No.

El tercer corte es una serie de fragmentos en los que Ben está conduciendo a Berkley.

No tengo ni idea de lo que estaba haciendo ahí. Probablemente estaba perdiendo el tiempo y tratando de darle al guión un poco de luz. Estoy contentísimo de que la quitaran.

Parece que como si trataras de arropar el viaje en coche. Pero entonces llegaron Simon y Garfunkel e hicieron precisamente eso.

Excepto que, por supuesto, no había música hasta que todo estuvo escrito, rodado y montado. Imagino que estaba haciendo pasos de tiempo de la manera más interesante. En cualquier caso, ahí estaba trabajando por encima de mis posibilidades.

La película entera cambia de rumbo cuando Ben dice que se va a casar con Eleaine Robinson.

Cambia de rumbo un poco antes de eso. Cuando sale con Eleaine. Todo el pasado se desmorona y todo el futuro le asusta. Este es el “pitch”: un chico tiene una lío con una mujer y se enamora de la hija. Ese es el pitch básico de la película y es bastante bueno, aunque todo el mundo en los cinco estudios de Hollywood le dieran la espalda.

¿La película va también sobre rebelarse?

Va más sobre el desplazamiento que sobre la rebelión, en términos de como lo siente la gente joven. El alejamiento sobre sus padres, sobre sus hogares, sobre sus vidas.

Y eso está presente en la última escena. Ese último momento es un poco “¿Y ahora qué?”.

Es totalmente un momento “¿Y ahora qué?” Pero es solo en la última escena. No significa que toda la película haya girado en torno a eso.

¿Esperabas que esta película fuera tan bien como fue?

No. Pensé que iba a ser buena, pero nunca pensé que nadie excepto la gente que había ido a las prep schools1 fuera a verla.

El guión ganó el premio del WGA y el BAFTA.

Mi premio favorito es uno que tengo de un tipo de Brooklyn que inventó su propia Academia y me envío una precioso “Mejor Guión por “El G-r-a-u-d-a-d-o” con membretes en relieve y adecuadamente enmarcado. “El Graudado”.

Suena como la versión alemana2. Mientras hablamos estoy buscando en internet el título en alemán de la película. Es “Die Reifeprüfung”.

En Alemania no fue un éxito.

Traducido significa “El Examen de Selectividad”.

Y ahí está el porqué.

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1. Las “prep schools”, comunes en los países anglosajones (en contraposición a los Institutos de Enseñanza Secundaria en España) son escuelas secundarias, casi siempre privadas, designadas para preparar al alumno para la Universidad.

2. Chiste intraducible con el vocablo “Grau”, muy común en el alemán.


ENTREVISTA: FERNANDO NAVARRO

16 septiembre, 2011

por Gorka Basaguren.

En Bloguionistas se ha escrito y reescrito en abundancia sobre cuál es la forma de acceder a este oficio. ¿Cómo se llega a ser guionista? Tengo 25 años y apenas he hecho unas prácticas en una serie de televisión así que no seré yo quien dé la clave mágica, pero tampoco creo que exista una respuesta concreta.

Recientemente, en el Verano de Guión de Córdoba, Valentín Fernández-Tubau decía que el oficio del guionista no es un trayecto en el que se asciende constantemente, si no una espiral en la que unas veces vas a estar arriba y otras abajo. Y tiene razón.

En mi caso, después de cursar el máster de guión de la Universidad Pontificia de Salamanca, a través de una prueba entré como guionista en prácticas (sí, existen los becarios de guión) a Bambú Producciones. Hay que tener en cuenta que esas pruebas eran exclusivas para los alumnos del máster, y no conozco otra forma de entrar a trabajar en una serie de televisión que no sea por prueba o por enchufe contactos.

Pero al terminar el convenio que sostenía esas prácticas, de nuevo me vi en la línea de salida. Volvía a estar abajo en la espiral. Ya han pasado varios meses desde entonces, y como otros tantos aspirantes a guionista, sigo desempleado, vagando entre trabajillos de mierda esporádicos. Aún así, el tiempo que pasé en Bambú cuenta, porque aún recuerdo lo que aprendí y la gente que conocí. Porque de no haber estado ahí, no habría coincidido con profesionales como Fernando Navarro, guionista de series como Pelotas, ¿Qué fue de Jorge Sanz?, Hispania, la leyenda… Y en consecuencia no estaría escribiendo estas líneas.

Como dice Chico Santamano, lo importante es estar ahí, pero sobre todo, estar en movimiento. Porque cuanto más te mueves, más gente te ve. Y puede que algún día alguien se acuerde de ti.

En definitiva, no creo que ningún guionista haya accedido al oficio de la misma forma, y la de Fernando es una de esas trayectorias fuera de lo común que merecen ser destacadas.

Foto: Natxo López

¿Por qué decidiste ser guionista? ¿Buscaste la oportunidad o se te presentó de forma casual?

Medio tocaba la batería e intenté armar un grupo, pero en Granada todos mis amigos tenían uno. Así que me pareció que escribir cine o televisión podría ser igual de lucrativo y algo más relajado. Siempre me han interesado la escritura y el cine, y si juntas las dos cosas: sale un guionista.

Ahora están a la orden del día los cursos de guión, masters, etc. pero tus comienzos fueron muy distintos. ¿Cómo entraste en el gremio? ¿Recomiendas cursar este tipo de estudios?

Escribí mi primer guión de largometraje en Granada, antes de haber hecho otra cosa, en los ratos libres que me dejaban los trabajos mal pagados de camarero o crítico de música para un periódico local. Le pasé ese guión a un actor al que conocí casi de casualidad y él se lo llevó a una productora. Les gustó y me lo compraron. Como suele pasar, la película no se rodó, pero lo cobré íntegramente. Con ese dinero, conseguí tiempo para seguir escribiendo y moviendo cosas.

Respecto a los cursos, a pesar de mi formación, creo que está muy bien escuchar a guionistas con más experiencia, poner en práctica distintas técnicas de escritura, coincidir con más gente que también quiere escribir, aprender el paradigma, los tres actos y todas esas cosas de Aristóteles.

¿Qué hay de los libros? ¿Hay algún manual de guión, o algún libro de cualquier tipo, que te haya servido de guía o de inspiración?

De pequeño medio hojeé uno de Michel Chion cuyo nombre no recuerdo, pero que me parece que estaba bien escrito. Y alguien me dejó el que escribió Jean Claude Carrière, que es uno de los guionistas a los que más admiro. Sobre el proceso creativo a mí me han ayudado cosas muy variadas como el “Mientras escribo” de Stephen King o las “Oblique Strategies” de Brian Eno.

Y para aprender sobre el oficio recomiendo el “Backstory 4” (cuarto volumen de una serie dedicada a entrevistas a guionistas americanos, en este caso a los de los 70), y, sobre todo, “El Vendedor de Naranjas” de Fernando Fernán-Gomez, una novelita sobre un guionista que persigue a un productor para cobrar un guión.

¿Eres el típico guionista con un oficio alternativo? ¿Tienes un Plan-B por si lo de los guiones al final no funciona?

Dios proveerá.

Ahora, desde la distancia, ¿cómo recuerdas tus primeros trabajos de guionista?

No pienso mucho en los trabajos que ya he hecho. Y la realidad es que yo aún estoy empezando, con lo que mis primeros trabajos se remontan a antes de ayer. De todos modos, cuando empecé me sentía torpe en la escritura en sí. Me costaba encontrar las palabras justas, las más exactas o la manera de afrontar cada una de las secuencias. Hoy más o menos es igual.

Dicen las malas lenguas que curraste un tiempo de negro para un guionista famoso (si es que eso existe). No te pido nombres, pero sí anécdotas.

Las malas lenguas se equivocan. No era un guionista famoso. Y no conservo muchas anécdotas. Pero aprendí el oficio a su lado. No hice muchos trabajos para él. Dejó de llamarme pronto. Supongo que pensó que ya estaba preparado para ir por mi cuenta. No sé donde está ahora, pero si está leyendo esto, me gustaría invitarlo a una caña. Pago yo.

Has trabajado tanto en cine como en televisión. ¿Cuál es tu visión de estos dos medios hermanos y tan diferentes a la vez? ¿Dónde te has sentido más cómodo / has encontrado más facilidades para trabajar?

Escribir cine es un trabajo más parecido al literario. Es más personal y, a ratos, mucho más solitario. De la  televisión me gusta su inmediatez, el hecho de poder trabajar mano a mano con otros compañeros, conocer distintos métodos de escritura, ser disciplinado. Se mejora muchísimo como profesional cuando se escribe televisión.

¿Cómo crees que se podría mejorar la situación actual del cine español? ¿Y la calidad de las producciones televisivas?

Quitándolo de la sección “Cine Español” de las tiendas. “Rec” tiene que ir con cine de terror, “Pagafantas” con comedia y, no sé, “La Mujer sin Piano” en cine de autor. Por lo demás, para mí, el cine español no tiene ningún problema. Si que lo hay en la forma que tiene de percibirlo cierto sector del público. Pero no pasa nada, Spain is pain.

Mójate: ¿Cuál es el mejor guión español del año? ¿Y el mejor guión del mundo este año? ¿Y el mejor guión DE TODOS LOS TIEMPOS?

Uff. No sé. De lo que llevo visto este año, me han encantado los guiones de “Dispongo de Barcos” de Juan Cavestany y el de “Cerro Bayo”, una preciosa película argentina. Y estoy impaciente por ver “No Habrá Paz para Los Malvados”, de Enrique Urbizu y “La Piel que Habito”. Respecto a guiones de fuera, ahora mismo recuerdo los de “The Kids Are Allright” de Lisa Cholodenko, “I Saw the Devil” de Jee-woon Kim o “El Padre de mis Hijos” de Mia Hansen Love.

No me atrevo a decir cuál es el mejor guión de todos los tiempos. Puedo empezar a decir guiones que me gustan, no sé… “Río Bravo” de Leigh Bracket y Jules Furthman me parece uno de los mejores, quizá mi favorito por su tono, tan ligero. Están muy bien “La Piel Suave” de Truffaut y Jean Louis Richard, “El Apartamento” de Billy Wilder y I.A.L. Diamond, el guión de “Yi Yi” de Edward Yang, que es como una novela, los guiones de Robert Benton y David Newman (que escribieron casi seguidos) para “Bonnie & Clyde”, “¿Qué me pasa, Doctor” y “El Día de los Tramposos”) y “Superman” o “Two-Lane Blacktop” de Rudolph Wurtlitzer. Si me preguntas mañana, seguramente te diría otros.

¿Cómo llega un joven de Granada a recibir el encargo de desarrollar un guión de largometraje para los hermanos Weinstein?

Llevo tiempo escribiendo con uno de mis mejores amigos, el director Gonzalo López-Gallego. A raíz de la buena acogida de su película, “El Rey de la Montaña”, en el festival de Toronto, se le abrieron las puertas del mercado americano. Un día le encargaron una película de terror y él se atrevió a sugerir mi nombre para escribirlo, aún sabiendo lo difícil que era que aceptaran a un guionista español, desconocido. Les mandamos un tratamiento escrito en inglés, les gustó y encargaron el guión. Todo es mérito de Gonzalo y de nuestros agentes en ICM, que han ayudado mucho con el papeleo.

Hay gente que piensa que “los del cine” os bañáis en champán. ¿Es tu caso? ¿Qué te pilla más cerca: el ranking de Forbes o el comedor de Cáritas?

“Hemos pasado de las más bajas cotas de la pobreza a las más altas cotas de la indigencia”.

¿Cuáles son las claves que te han permitido acceder al mercado internacional? ¿Cómo ha sido el sistema de trabajo con los productores estadounidenses?

La única clave está en la confianza que Gonzalo tiene en mi trabajo. También han ayudado la suerte y un moderado conocimiento del inglés para la escritura del primer tratamiento y la comunicación con ellos. Respecto al sistema, nos han dejado trabajar con bastante libertad. Como en cualquier trabajo, nos mandaban algunas notas desde Red Wagon -la productora- y más tarde, Dimension Films -el estudio- daba el visto bueno a los borradores que íbamos mandando. No ha sido especialmente traumático ni horrible. Son muy educados y muy amables. De todos modos, no me gusta mucho hablar mucho de este guión, porque como todo en Hollywood, no sabemos qué va a pasar con él.

¿Cómo es tu rutina de trabajo? ¿Eres de los que escriben a mano en un café, con jersey de cuello vuelto y fumando sin parar? ¿O tienes una mesa de diseño con un iMac y un sillón ergonómico? ¿Eres de los que no salen sin su libretita en el bolsillo, o trabajas en horas fijas?

¿Alguien escribe con jersey de cuello vuelto? Yo me levanto más o menos temprano, leo la prensa, pongo música y escribo hasta la hora de comer. Después, continúo hasta la caída de la tarde. Trabajo en un despacho sencillo, pequeño, siempre con música, con luz natural y ayudándome muy de vez en cuando de una libreta, que luego casi no miro.

¿Qué les recomendarías a un guionista novel para llegar a vivir de esto?

Que lea. Un guionista es un escritor. Y un escritor tiene que leer. Todo el tiempo y todo lo que caiga en sus manos.


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