SEMINCI 2016: ENTREVISTA A MANEL LUCAS

27 octubre, 2016

Entrevista y fotografías de Àlvar López y Carlos Muñoz Gadea

Manel Lucas, periodista, licenciado en Historia y guionista usual de Crackòvia Polòniapresenta en SEMINCI la versión comprimida de España en dos trincheras, la Guerra Civil en colorproyecto del canal Discovery en el que se ha encargado de escribir el guión y que en su formato televisivo contará con tres episodios. Con él hablamos sobre el proceso de escritura de un documental para el que llegó a revisar más de 90 km de negativos originales de la época.

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¿Cómo es el proceso de escritura de un documental de encargo?

Se trata de un proceso bastante global, que empieza cuando Discovery le hace el encargo a mi productora, a Minoría Absoluta. Lo fundamental y más novedoso del proyecto es la parte tecnológica, el hecho de convertir imágenes en blanco y negro a color. Para mí personalmente ha sido un regalo, puesto que yo soy periodista y licenciado en Historia, lo que me permitía hacer algo diferente a lo que suelo hacer en mi faceta de guionista, más cercana a los programas de humor. Por tanto, la motivación ya venía dada por la misma naturaleza del proyecto. Me ha permitido sumergirme en la bibliografía y documentación, en una parte al menos, porque como podéis imaginar el material que hay es oceánico. Por tanto, lo que he podido hacer con este encargo ha sido juntar mi profesión con mi pasión.

Claro, porque para este proyecto era vital poder aunar tu faceta de guionista con tus facetas de periodista e historiador.

Sí, por supuesto. Podemos decir que tras el proceso me he convertido en un friki de la Guerra Civil (ríe). En mi casa están a punto de echarme, les he llenado las habitaciones de libros.

¿Y cómo definirías el guión del proyecto?

Se trata de un guión de documental de corte clásico, puesto que lo que me planteé desde el inicio era explicar la Guerra Civil de la manera más clara, comprensible y sencilla posible. Por otro lado, era importante adaptarse a las imágenes preexistentes. No podías, por ejemplo, dedicar tres párrafos a hablar sobre las negociaciones entre los comunistas y los anarquistas si luego resulta que sobre ese hecho en concreto solo había dos planos. Por tanto, el proceso creativo ha sido bidireccional en ese sentido.

Comentabas antes que el material disponible al respecto es oceánico. ¿Cómo seleccionas qué fuentes son las adecuadas?

Diría que es una mezcla entre los conocimientos previos que tenía como licenciado en Historia y la asesoría histórica de Antony Beevor. Al tratarse de una empresa internacional como es Discovery el nombre de Beevor es más conocido, y además es uno de los historiadores que ha hecho uno de los resúmenes más conocidos sobre la Guerra Civil. Así, el criterio fue combinar las lecturas de Beevor con mis conocimientos. Luego, a cada paso que daba se iban generando dudas, incógnitas y ganas de profundizar más y más. Es prácticamente una tela de araña, un árbol con múltiples ramificaciones. Un hecho, una fuente, te remite a otro, y a otro. Es evidente que hay un momento en el que tienes que parar, pero diría que lo único que te obliga a parar es el plazo de entrega. Si fuera por mí no dejaría de ir a la biblioteca a nutrirme de fuentes, porque en un caso como este las interpretaciones son muy diversas.

¿Seguías algún proceso cuando dabas con dos interpretaciones opuestas?

Cuando esto ocurría intentaba acudir a un tercer historiador con tal de justificar las fuentes. Si bien en una serie no puedes publicar una bibliografía y la información con la que se queda el espectador es la que tú decides que esté presente, vamos a publicar un libro ilustrado con una selección de imágenes en las que sí que podremos publicar esa bibliografía. Pero al final, como os decía, tienes que parar porque hay que entregar el trabajo.

Resulta interesante pensar que con este proyecto tienes la oportunidad de reconstruir la Guerra Civil, porque en cierto modo la escribes de nuevo. ¿Te planteas desde un inicio la visión que quieres plasmar?

En cierto modo va surgiendo a medida que te documentas, pero es evidente que tú tienes un criterio y que escribes en base a eso. En estos momentos, en 2016, no tiene sentido hacer una visión parcial o de una parte. Quise aprovechar la perspectiva que te da la distancia con la Guerra Civil, casi 80 años, para hacer precisamente un documental desde esa distancia. Eso sí, esto no implica neutralidad, ni mucho menos. Se trata más bien que aproveches la perspectiva que te dan los 80 años para plasmar una visión más amplia no basada únicamente en blancos o negros, a pesar de que yo pueda tener mi criterio personal y mi opinión sobre lo que fue o no legítimo. Por supuesto, tengo mi idea sobre la legitimidad del golpe de estado del 36, pero a pesar de eso te puedes permitir el lujo de analizar lo que hicieron ambas partes y de lo que estuvo bien y mal. No obstante, en cierto modo, cuando tratas con hechos son ellos los que hablan por sí solos.

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Al tratarse precisamente de un hecho histórico con inicio y final, debes estructurar el documental siguiendo un esquema narrativo clásico, ¿no? 

Al final creo que hay diferentes opciones. En este caso a mí me dijeron que iba a contar con tres episodios, por lo que ya tenía la estructura marcada por este hecho. En el primero de ellos debía dar cierto background para entender cómo se llegó al golpe de estado. Cómo empieza España el siglo XX, cómo se gesta y evoluciona la República… Posteriormente, la Guerra Civil Española tiene varios puntos en los cuales uno puede incidir para marcar el tempo narrativo de la serie. Por ejemplo, puedes poner el sitio de Madrid al final de un episodio, en otro la invasión del norte, la batalla de Teruel… La Guerra Civil te ofrece diferentes puntos que te permiten marcar el tempo que desees.

¿Has buscado imprimirle al documental cierta diferenciación con respecto de otros que tratan el mismo tema?

Sí. Para mí era muy importante dotar al relato de muchas citas, de opiniones de los protagonistas, con tal de evitar crear algo demasiado académico. Por tanto, a lo largo de los episodios introducimos comentarios, tanto de los protagonistas como de otras fuentes, vengan de combatientes, o de personas que estuvieron en la retaguardia, o de gente que sufrió bombardeos. La bibliografía y la documentación de la Guerra Civil es bastante rica por lo que respecta a la historia oral.

Claro. Quizá es complicado encontrar información nueva en un hecho como este. Se trataría más de aportar un punto de vista diferente, ¿no?

En ese sentido creo que el gran gancho mediático de la serie es la novedad de poder ver las imágenes en color. A partir de aquí, creo que la obligación del guionista que yo mismo me autoimpuse fue intentar ordenar y explicar con claridad qué es lo que pasó más que aportar una novedad. La novedad, en cierto modo (aunque también se ha hecho antes) es explicar de manera sencilla la Guerra Civil. A la gente le suenan nombres, batallas, milicianos, y lo que se pretendía con esta serie es que al acabar su visionado el espectador pueda ubicar cada uno de esos nombres.

Más en el sentido del devenir cronológico que del de intentar generar una conclusión sobre lo que ocurrió, por lo que dices.

Sobre esta guerra es evidente que cada uno tiene la suya. Lo que yo he hecho, creo, es una explicación honesta de la Guerra Civil, explicación que a mí me lleva a unas conclusiones muy claras, y que creo que a la gente también le llevará a esas conclusiones. La Guerra Civil fue el preludio de cuarenta años de dictadura, de eso no hay duda, aunque el mensaje que quería transmitir no está explícito. Lo que quería es que cada uno se haga su propio mensaje a partir de mi intento de poner orden a una serie de hechos concretos que creo que pueden no ser tan conocidos por el gran público. Así, en cierto modo se ha intentado complementar la novedad de la imagen en color con la novedad de intentar contar las cosas de una manera clara.

¿Cómo encuentras el equilibrio para crear un documental claro pero que a su vez no peque de exceso o falta de información?

Creo que el punto es subjetivo. Tienes que hacer una selección, tener cuenta que estás escribiendo lenguaje oral, que va a pasar rápido. Por tanto, tienes que ser simple, porque si empiezas a poner muchas fechas puedes marear al espectador. Así que al final es subjetivo. Se trata de encontrar tu propio criterio para decidir qué es importante y qué no. Hay que elegir como buenamente crees cuáles son los datos fundamentales.

Hablabas antes de que el color era la principal novedad de este documental. Como guionista, como escritor de imágenes en cierto modo, ¿te planteabas ese juego desde el mismo guión?

Creo que la claridad que he intentado aportar a la Guerra Civil también se incrementa por el propio color de las imágenes. Es cierto que estaba condicionado por las imágenes, pero no sé si tanto por el color, que solo salía de vez en cuando al referirme a ciertos aspectos, como el color de unas ruinas, sino porque las imágenes, aunque abundantes, venían limitadas por lo que había en el archivo. A pesar de ello, creo que no me he visto tan condicionado.

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Volviendo al punto de vista que has querido imprimir al documental, ¿te has basado de algunos recursos técnicos o narrativos para reforzarlo?

No. De hecho, no me gusta adjetivar mucho. Eso sí, si tú dices que en agosto del 36 el ejército de Franco asesinó a miles de personas en una plaza de toros… creo que no hace falta adjetivar mucho. Está claro lo que pasó, ¿no? Y lo mismo si hablas de Gernika. Creo que en algún momento se me ha podido escapar algún adjetivo, pero he intentado huir de ello. Los hechos hablan por sí mismos.

Y tu formación como periodista te habrá ayudado a plasmar tu opinión de manera más sutil, no tan evidente.

Es obvio que tienes una opinión, pero también tienes una perspectiva que te permite ver lo que pasó. Afortunadamente, tenemos la suficiente distancia para que, sin que el principio básico de lo que opino de la Guerra Civil se tambalee, poder reconocer que en ambos bandos, en el fragor de la guerra y la batalla, se cometieron actos de los que los implicados podrían avergonzarse. Unos más y otros menos, eso por supuesto.


COMEDIA AMERICANA, MIEDO ESPAÑOL

23 febrero, 2015

Por Xavi Daura.

Xavi Daura es, junto a Esteban Navarro, responsable de Venga Monjas. El dúo humorístico reconocido por sus labores en YouTube, también han trabajado en proyectos como Museo Coconut, APM? o el todavía inédito Retorno a Lílifor. Herederos de la estela chanante, se ganan la vida como guionistas/realizadores freelance.

SNL 40th Anniversary Special - 2015

Esto empieza como una reseña más del programa Saturday Night Live 40th Aniversary, pero luego cambio de tema.

El pasado domingo 15 de febrero se emitió en NBC el especial de tres horas de Saturday Night Live con motivo de su 40 cumpleaños, “ganando un Emmy en los primeros 10 minutos… y perdiéndolo en algún lugar por el medio”, como apuntó Amy Poehler en el mismo show. Como fanático de SNL, el programa me pareció el evento culturalmente más poderoso que he visto por la televisión, quizás sólo superado por el 11-S de 2001. Una orgía de súper-estrellas a las órdenes de bromas y guiños grabados a fuego en la cultura popular a lo largo de ¡cuatro! décadas. Cada uno de los chistes en este especial es perfectamente transformable en una o varias tesis doctorales, además de ser divertidísimos. SNL es comedia fresca, pureza y elegancia, y éste especial lo plasmó mejor que nunca diseñando en vivo un microcosmos perfecto, en el que era totalmente lícito sentir cómo se te erizaba la piel a cada sketch.

Pero volviendo a la Tierra, viendo el show era inevitable que en algún momento se cruzara por nuestras cabezas el agrio pensamiento “esto es claramente imposible en España”. La idea de que la comedia en España jamás llegará a niveles de sofisticación ni remotamente parecidos. No hablo de hacer nuestra versión de esto, sino de llegar a algo tan intenso y guay. Siempre hemos tenido este complejo de hijo retrasado en lo que se refiere a nuestra comedia. “Los productores son unos mafiosos”, “el Gobierno nos da la espalda”, “el público es tonto”, “no hay talento”… han resonado en mil charlas, entrevistas y mesas redondas sobre el tema.

Estamos de acuerdo, ¿no?

Teniendo clara esta condena, en un momento del programa, Bill Murray dijo “nos llega un comunicado de España: el Generalísimo Francisco Franco sigue muerto”, un guiño a la primera temporada de SNL (1975-76), en la que cada día cerraban un segmento del programa repitiendo esta frase, a modo de recordatorio absurdo. Pero pongamos que nosotros nos tomamos este mensaje de forma literal: españoles, Franco sigue muerto… ¿qué hacéis todavía ahí parados?

Porque, a ver, también estaremos de acuerdo en que todas esas razones antes mencionadas, por las que en España nunca triunfará la comedia vanguardista, en realidad son excusas, ¿no? De hecho, la misma afirmación de que en España no puede triunfar la comedia vanguardista es una trola, un mantra que nos vamos repitiendo a cada rato y que ya no sabemos ni dónde empezó. Hay mil ejemplos que demuestran lo contrario; el hecho de que no hayan llegado a establecerse como mainstream no es suficiente para que arrastremos esta actitud victimista.

Y esta actitud viene dada por un miedo irracional a todo: al público, al cambio, a arriesgar algo de dinero… El miedo es una cosa tan española como las sevillanas o la tortilla de patatas, y se podría decir que todas las decisiones importantes que se toman en este país son en respuesta a un miedo. ¿A qué?

Pongamos que Franco representa nuestro Hombre del Saco colectivo. A pesar de no existir, su herencia sigue persiguiéndonos en sueños. El miedo a ofender, a lo que se sale de la fórmula, a que algo no se entienda. El miedo a aprender, a cambiar reglas, no vaya a ser que evolucionemos culturalmente hacia “lo desconocido”.

Cualquiera que haya intentado levantar un proyecto de comedia (o no) en España se habrá encontrado con un montón de argumentos rarísimos para justificar que algo NO se puede hacer. Aun teniendo pruebas de que existe un público para ello o que el margen de pérdidas será mínimo, las complicaciones son infinitas e incomprensibles.

Entonces, ¿los americanos son más listos? ¡Qué va! Si España es una gran mesa de cuñados en una boda, Estados Unidos es una mesa diez veces más grande, y los cuñados van armados. Son iguales que nosotros, somos todos unos cachondos y nos gustan las mismas cosas. Pero ahí tienen tantos cachondos que de vez en cuando alguno se anima a experimentar con algo nuevo, y quien sea que manda inventa un sistema para darles voz, empaquetarlo bonito y forrarse mandándonoslo al resto del mundo. Es un sistema de prueba-error muy simple, en realidad. No tienen tanto miedo y trabajan duro. De hecho, nuestro miedo suele ir unido a una pereza generalizada por todo lo que no lleve un manual previo.

Con esto no estoy defendiendo el volvernos todos locos y decidir que “todo vale”; personalmente odio lo raro por lo raro. Tampoco estoy intentando desprestigiar la comedia más convencional; suelo reírme con La que se avecina y Ahora Caigo me parece el mejor concurso de la década. Sólo pido una coexistencia sana entre distintos tipos de comedia. Pido, en esencia, que se pierda el miedo a lo desconocido. Porque, de lo contrario, el futuro no dejará de ser más de lo mismo hasta el fin. Hay que alimentar el presente con novedades para que el futuro nos sorprenda, y todos saldremos ganando.

Gracias a Dios (Internet) parece que muy tímidamente se están construyendo caminos cada vez más sólidos hacia nuevos e interesantes escenarios. Pero joder si va lenta la cosa. Hay que convencer a tantos señores acojonados…

Por eso aconsejo que antes de rechazar ideas nuevas, suprimir chistes, dudar de nuestro público, cobijarnos en la inseguridad por pura pereza… tengamos presente lo que en SNL llevan recordándonos desde hace 40 años: el Generalísimo Francisco Franco sigue muerto. Todo irá bien.


LAS PUTAS, LOS MARICONES Y LA GUERRA CIVIL

6 noviembre, 2013

Por Chico Santamano.

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Nazis en la Plaza de Toros de Las Ventas.

Desde que tengo uso de razón llevo oyendo eso de que todas las pelis españolas van de putas, maricones y guerra civil. Evidentemente esto es falso. O al menos es falso desde que tengo uso de razón, claro. Y de eso hace ya unas cuantas décadas. Tampoco tantas. No se crean.

Nos encontramos ante un argumento peregrino que a pesar de la evidencia sigue ahí, enclaustrado en cierto sector de la sociedad, tan fresco y lozano como el primer día. La verdad es que cuando oigo y leo esa idiotez siempre pienso lo mismo…

Ojalá hubiera más pelis de putas y maricones. Pelis que rocen el escándalo. Que provoquen debate social y mucha controversia. Historias que remuevan conciencias. Que nos muestren una realidad por muy dura que sea. Películas tan alejadas (o quizá no tanto) a nuestra naturaleza interior que sintamos una irresistible atracción a pasar por taquilla aunque sólo sea para rechazarlas desde lo más profundo de nuestras entrañas.

Estoy harto de oír hablar de “la peli escándalo del año en USA” o “la peli escándalo del año en Francia”. Sin embargo, por aquí andamos adormecidos contando por enésima vez la misma historia sobre la inmigración buenista pensando que eso es de verdad cine social. También hay otra posibilidad y es que quizá… ya estemos curados de espanto.

La otra cosa que se me viene a la cabeza es… Ojalá hubiera más pelis sobre la Guerra Civil. Pero no de la posguerra, que es de lo que se ha hablado hasta la saciedad y tanto hartazgo levanta. Hablo de género bélico puro y duro. Ya, ya sé que eso cuesta más pasta que contar el despertar sexual de un niño en la España profunda y franquista, pero cualquier guerra está trufada de pequeñas historias. Historias como esta.

No todo tiene por qué ser bombardear Madrid como si nos enfrentáramos a una peli de Michael Bay. A pie de trinchera hay mucho que descubrir y aquí surge otra de las grandes críticas… ¿Por qué en el mismo bando? ¿Por qué los rojos siempre son los buenos y los nacionales los malos malísimos? ¿Por qué el mensaje “progre” prevalece sobre todo lo demás?

Estoy de acuerdo en que la mayoría de las veces el tema se ha tocado desde un maniqueísmo que daba ligeras arcadas. Pero aquí es cuando -queridos trolls- llega esa cruda verdad que escuece oír y que ciertos sectores de la derecha se empeñan en negar una y otra vez con la esperanza de que, de tanto repetirlo, quizá se convierta en realidad… Pero es que en esa guerra, señoras y señores, redoble de tambores… SÍ HABÍA UN BANDO BUENO Y UN BANDO MALO.

Lo siento. Cuanto antes lo asumamos antes acabaremos con este debate. Había un bando que representaba valores de libertad, progreso y democracia. Había otro que le hacía la ola a Hitler y luchaba por… ya saben… lo que vino después durante cuatro décadas; opresión, incultura, negación de todo tipo de libertades, machismo, injusticia, persecución, genocidio…

Y eso no quita que a ras de trinchera hubiera gente maja matándose en ambos bandos, ojo. Ya sabemos que aquella guerra, como tantas otras, era una lotería geográfica en la que nuestros abuelos defendieron el frente que les tocó más allá de su ideología. Y claro que los dos bandos hicieron tropelías terribles. ¡Estábamos en guerra! Es absurdo creer que unos fusilaban y los otros repartían bolsitas de Haribo. Pero si contamos la historia de un soldado en el bando nacional no dejaríamos de narrar las vivencias de alguien que luchaba en el bando equivocado o que entró muy a tope y luego se fue desencantando. Si fuéramos alemanes podríamos contar la historia de “Valkiria”. Es decir, nazis buenos vs. nazis malos. Porque si fuéramos alemanes hacer una peli en la que los nazis son buenos estaría prohibido, claro. Quiero creer que una vez puesto el foco en el lado franquista lo que se reclama son historias de “demócratas atrapados en el bando nacional”… ¿Porque esa es la historia que querríamos contar, no? La historia de peña estupenda que acaba luchando por la libertad, ¿no? ¿O qué? O… UN MOMENTO… A ver si me entero…

Cuando se critica que siempre se cuente la peli desde el mismo bando o al menos desde el mismo plano ideológico “rojeras y progre”… ¿¡De verdad se nos está pidiendo que hagamos lo contrario!? ¿¡Que hagamos más pelis y series elogiando al bando nacional!? ¿Que se haga apología y ensalzamiento de sus valores? ¿Que se los presente como víctimas de un conflicto que ellos comenzaron? ¿Que se reivindique la figura de Franco y sus secuaces?

Lo cierto es que eso ya se hizo durante mucho tiempo. En concreto durante los cuarenta años en los que no se podía dar otro punto de vista más allá del “oficial”.

Quiero creer que existe una derecha moderna que no tiene ningún interés en pasar por taquilla para disfrutar el biopic de Queipo de Llano, pero esta loca petición de la derecha más rancia abre un debate interesantísimo. ¿Cómo podríamos articular un guión en torno a la figura de alguien con esos ideales sin ser críticos con él? ¿Cómo podríamos acercarnos a un tema tan espinoso sin tomar parte? ¿Podemos escribir sobre esto sin retratarnos, sin dejarnos ver? ¿Puede ser el escritor invisible con una cuestión así? ¿Se puede defender al bando nacional y marcar distancias con los cuarenta años que llegaron después? ¿Se puede nadar y guardar la ropa?

Vale que podemos hacer películas con villanos acojonantes donde Freddy Krueger, Darth Vader, Annie Wilkes, Alien o el Coronel Hans Landa sean los protagonistas. Vale que podamos simpatizar con ellos. Podemos no condenarles y dejar que el espectador saque sus propias conclusiones. Debemos comprender por qué hacen lo que hacen y conseguir que el espectador sienta cierta atracción hipnótica por sus aventuras. Podemos convertirlos en auténticos iconos pop, pero nunca podremos maquillar la realidad y decir que ellos eran los buenos de la película. Les guste o no a esa “masa enfurecida”, tomar parte por el bando nacional es tomar parte por “los malos” y defender y normalizar sus ideales, en mi pueblo, se llama hacer apología del franquismo.

Así que, señores críticos del cine español, la próxima vez que se pregunten desde su caverna por qué siempre se hacen películas sobre el mismo bando aquí tienen una posible respuesta (suena hortera, lo sé, pero no se me ocurre otra): los que nos dedicamos a esto podemos ser de izquierdas o de derechas, pero en general CREEMOS EN LA DEMOCRACIA. Ojo, también es posible que seamos unos pésimos guionistas, pero la buena noticia es que al menos jamás daremos un golpe de estado ni nos convertiremos en unos tiranos genocidas. Algo es algo.


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