JUANJO RAMÍREZ MASCARÓ: HUMOR COLGANDO DE UN HILO

9 marzo, 2020

Entrevista por Sergi Jiménez.

Vaya Semanita, José Mota presenta, El Mundo Today, Desatranques Jaén y Dar cera, pulir cero son alguno de los títulos que figuran en el currículum de Juanjo Ramírez Mascaró. Además de humor en televisión, también escribe ficción en Twitter. Nos desvela que tipo de mecanismos funcionan para atrapar la atención del espectador, ya sea en forma de gag o de hilo de Twitter.  

Teniendo en cuenta tu dilatada trayectoria haciendo humor, ¿con que formato o tipo de humor te sientes más cómodo?

Me gusta mucho el humor negro, quizá por lo que tiene de catarsis. Suele hacer sentir bien el hacerlo. En sitios como José Mota donde he necesitado tener un tono más blanco, he llegado a valorarlo mucho por el mérito que le veo a intentar sacar humor sin irse a lo extremo. Colaborando con El Mundo Today he aprendido con ellos a usar un humor en el que se carga la gracia en la premisa y el envoltorio o la manera de trabajar esa premisa es más seria y contenida. No sabría decir donde me siento más cómodo. Quizás en el más espontáneo. Probablemente el que más gracia me hace como público es el más elaborado. Aunque tampoco te lo sabría concretar.

¿En tu experiencia has tenido alguna revelación? Tipo: “vale, hasta ahora esto lo he estado haciendo mal, funciona mucho mejor así”.

Una de las cosas que se aprende conforme vas teniendo más experiencia en distintos formatos y tipos de humor es que no basta con que funcione sobre el papel. El humor que funciona sobre el papel puede fallar sobre la pantalla o donde haya que llevarlo. Muchas veces nos olvidamos de que el humor en gran parte es ritmo y énfasis. Esas cosas se dan en parte en el papel pero también muchísimo a la hora de montar un chiste o un gag. No hay más que ver un monologuista para ver que a parte de lo bueno o malo que sea el chiste, hace unas pausas e inflexiones que te están diciendo donde te tienes que reír. Llevan tus vísceras a apoyar el contenido racional que sería el chiste escrito. Todo eso es muy difícil de controlar. Muchas veces desearíamos que el humor funcionase solo leído o que lo que escribimos funcionase perfectamente al trasladarlo. Porque nos da miedo no controlarlo. Creo que controlar en el audiovisual el funcionamiento de un chiste has de poder dominar todos los departamentos. Y aún teniéndolo a veces te sale bien y a veces te sale mal. 

Ahora estás escribiendo la serie de Desatranques Jaén. Comparado con el formato de gags autocontenidos de por ejemplo José Mota, seguramente el planteamiento humorístico sea diferente.

En el caso de Desatranques Jaén ellos nos dan mucha libertad. Dan su opinión pero nos dan mucho margen. Nosotros lo tratamos con mucho cuidado ya que estamos jugando con su imagen. Es una marca que tiene una imagen especialmente positiva, entonces nosotros intentamos que el tipo de humor que usamos en la serie no lleve a nada que ellos mismos no pudiesen compartir en sus redes sociales. A veces lo conseguimos y a veces no. Como la premisa de una serie sobre Desatranques Jaén con monstruos es muy extrema, estamos intentando que el tratamiento no sea demasiado esperpéntico en todo lo demás. Tratamos que todo tenga verdad. Van a ser personajes viviendo cosas muy grotescas pero ellos se las toman muy en serio. Aunque la premisa sea gamberra y desmesurada, los personajes la van a vivir con verdad. 

En Twitter el lenguaje es muy diferente. ¿Cómo planeas los hilos que haces? ¿Cada twit es un pulso? O si por ejemplo aunque quepan más caracteres decides ponerlos en otro twit diferente.

Me gusta esa pregunta porque casi nadie me la suele preguntar. Una de las cosas que condiciona Twitter como formato para hilo es precisamente ese límite de 280 caracteres por twit. Tu público tiene menos paciencia o más tendencia al zapping que el de la tele. Yo procuro que cada twit sea una cápsula de información en sí misma, que el twit en sí tenga una entidad y que al mismo tiempo lleve de manera natural al siguiente. Intento que cada twit se convierta en un pulso o en un cliffhanger. O que el final sea una bisagra muy clara para pasar al siguiente. Yo tengo en la cabeza más o menos la información que quiero transmitir en el hilo, aunque no totalmente. Es muy habitual que empiece sin saber como voy a terminarlo. Pero si que conforme voy sabiendo la información a suministrar, voy planteando los twits y si veo que me funcionan con todo esto he dicho los voy pasando a un borrador de mail. En ese borrador pongo los twits por separado. Hay formas más sofisticadas de hacerlo pero yo no las manejo. Nunca me marco un mínimo ni un máximo de twits por hilo, los que necesite. Si que intento exprimir al máximo los caracteres de cada twit pero si veo que va a quedar tedioso y con información sobrante paso a otro sin ningún problema. Intento que el final vaya recogiendo todos los cabos sueltos y las cosas que voy sembrando, recogiéndolas e ir haciendo que encajen entre sí. Muchas veces yo mismo me sorprendo de como me encajan ciertas cosas. Creo que el inconsciente de un narrador va trabajando aunque no nos demos cuenta y ciertos deberes los estás haciendo aunque no te des cuenta de ello. Muchas veces sacrifico caracteres en un twit para que respire y sea un punto y a parte. Que no sea todo un taco farragoso de leer. Incluso me salto las normas de gramática que se respetarían en otros medios para así conseguir ese rollo diáfano en lo visual. Siempre está el miedo a que la pereza del lector de twitter y la rapidez con la que lo consume todo juegue a tu contra.



2 FOLIOS Y MEDIO SOBRE LA COMEDIA

27 marzo, 2011

Por Daniel Castro (Guionista en Chamberí)

Nuestro querido Guionista Hastiado escribía un breve post sobre el humor y adjuntaba un enlace a este interesante programa de la 2 en el que se habla sobre el humor de un modo casi sesudo. Como dice Hastiado, se agradece mucho que un asunto aparentemente tan leve se trate, por una vez, de modo algo profundo.

A continuación, voy a hacer justo lo contrario.

Sí. No tengo ni la capacidad ni el tiempo necesarios para hacer un estudio serio sobre el humor. Sólo puedo mencionar algunas de mis ideas sobre lo que es “gracioso” y lo que no lo es. Están desordenadas y posiblemente se solapen en varios momentos, pero… estoy en la cocina, es un domingo a la una y media del mediodía, tengo el estómago lleno de café torrefacto y esto es lo mejor que se puede sacar de mí.

Lo gracioso suele ser sorprendente (e inconveniente). Y la gracia suele ser proporcional a la capacidad de sorpresa (e inconveniencia). En “Misterioso Asesinato en Manhattan” Los personajes interpretados por Woody Allen y Diane Keaton acuden a ver a una mujer con la que tienen una cita. Llevan un regalo para ella. La encuentran muerta. Woody, asustado, reacciona proponiéndole a Keaton que le dejen el regalo bajo el brazo inerte y se marchen. Explicado no suena muy gracioso. Visto, sí lo es. No es exactamente la actitud esperable de una persona razonable. ¿Qué haría alguien normal en tal caso? Dejaría el regalo sobre la cama. Tomaría las constantes vitales al cadáver. Llamaría a la policía o los servicios de emergencia. Esperaría la llegada de las autoridades. Daría una fiel versión de los hechos. Es decir; todo sería un coñazo. Cuando la sensatez entra por la puerta, el humor salta por la ventana.

Lo malo es gracioso. Lo bueno no. Siempre lo he sospechado, pero he sido más consciente últimamente. Puedo hacer dos millones de chistes sobre establecimientos de pizza barata. Ni uno sólo sobre una buena ensalada de rúcula con tomates cherry. Uno no se ríe de las cosas que realmente le gustan o de las personas a las que verdaderamente admira. Eso sí, puedo hacer chistes sobre gente obsesionada con comer sólo ensalada de rúcula. Gente que enferma cuando se entera de que el tomate cherry que acaba de ingerir no procede de una granja de agricultura ecológica. Pero eso ya es algo malo: una persona obsesionada. Maniática de lo supuestamente sano.

La gente con sentido del humor, en general, no cree demasiado firmemente en nada. Bueno, habitualmente cree en que el mundo es un barco sin rumbo, un bote a punto de hundirse… del que, de todos modos, no suele querer saltar. Me refiero a que la firme adscripción a ideas políticas, religiosas, etc. suele ser incompatible con la comedia. Nada más opuesto que la épica y la comedia. En la épica los personajes suelen estar dispuestos a matar y morir por una idea. En la comedia, los personajes suelen renunciar a cualquier idea para poder sobrevivir. Acabo de ver Falstaff en el teatro Valle Inclán de Madrid. Ahí, el gordo personaje de Shakespeare, sobrevive haciéndose el muerto en el campo de batalla. Se ríe de los que han muerto realmente. ¿Qué mejor ejemplo de la vida que el fingirse muerto para seguir viviendo después de la batalla?

Lo gracioso puede ser ofensivo. Hace unos años me disfracé de vendedor callejero de rosas. Llegué a la fiesta, con la cara un poco maquillada de oscuro, un falso bigote, unos cuantos ramos de rosas y fui ofreciéndolos a las invitadas, imagino que fingiendo algún acento. Unos días más tarde me enteré de que algunas personas habían encontrado mi disfraz bastante ofensivo. Opinaron que era algo racista, o que me reía de un grupo marginado. Desde luego, no eran esas mis intenciones, pero esa opinión me dejó algo tocado. A día de hoy, no tengo claro si aquél disfraz fue un acierto o no. Por una parte, sé que la ofensa está más en los ojos o en la mente del que la siente que en el propio acto… pero también sé que se puede ser gracioso sin ofender a nadie. La Disney lleva décadas viviendo de ello. Sin embargo, ¿tiene que ser todo el humor así de blanco? ¿No es como si le pidiéramos a todas las películas que acabaran bien, como si en ninguna de ellas hubiera sangre?

Sin embargo, no todo lo ofensivo es gracioso. Creo que recientemente algunos cómicos adoptan la postura contraria. Sobre todo en programas de televisión, me da la impresión de que los guionistas y reporteros se empeñan en buscar la frase hiriente, el comentario agresivo contra un entrevistado, esperando que de esa situación surja la comicidad. Muchas veces la frase no resulta graciosa y el resultado para el espectador (al menos para mí) es que acaba siendo testigo de una escena vergonzante y tensa en la que empatiza con el entrevistado, que trata de reaccionar a la agresión con un máximo de educación e ingenio. Ser borde o ser “políticamente incorrecto” no siempre es gracioso. A veces, simplemente uno queda como un idiota.

– Dice un personaje de Woody Allen que “La comedia es tragedia más tiempo”. Ok, pero… ¿cuánto tiempo? En su momento fue muy doloroso que me dejara aquella novia. Luego hice este corto sobre aquello. Había pasado el tiempo necesario como para poder reírme de ello, pero no el suficiente para poder olvidar el dolor que aquello me produjo y poder inventar escenas sobre el asunto. En este caso no hay problema: las bromas iban sobre mí (mi personaje) y mis relaciones. Pero… ¿y cuando se habla de un accidente aéreo real, del problema de faldas de una famosa o de una catástrofe nuclear con cientos de víctimas? ¿Cuánto tiempo debe esperarse para hacer una broma? ¿Quién decide el plazo y el tipo de broma? ¿Quién puede hacerlas? ¿Hay personas más “autorizadas” que otras? ¿Puede un judío hacer chistes sobre el Holocausto que le están vetados a un “gentil”? ¿Debemos saber la religión del “humorista” antes de reírnos o, por el contrario, censurar su chiste? Siempre habrá una persona para la que cualquier broma sobre la pederastia le resulte ofensiva. ¿Es esa persona la que debe decidir el momento en el que se puede hacer un chiste y cómo debe formularse este?

“La comedia es tragedia más tiempo”. Ok, pero… ¿cuánta tragedia? ¿Cuánto dolor se puede mostrar si uno quiere seguir siendo gracioso? ¿Cómo medirlo? Como ya comenté en este post, en su sesión sobre la comedia, Robert McKee contó que Charles Crichton, el director de “Un pez llamado Wanda” rodó dos versiones de un plano en el que un bloque de hormigón aplastaba a un perro. La primera toma incluía sangre y vísceras. La segunda no: sólo se veía la correa del perro, que acababa donde empezaba el bloque. Mostró al público las dos versiones. La versión “blanca” provocaba un montón de risas. La de la sangre, ni una sola. Mostraba demasiado explícitamente el dolor. Como ya escribí en este post, si hay sangre es difícil que haya risas. Es una muestra inequívoca de dolor. Un personaje cabizbajo muestra tristeza, pero puede ser cómico. Un personaje al borde del suicidio también puede ser cómico si está a punto de tirarse por la ventana o poniéndose una soga al cuello. Si toma una cuchilla para cortarse las venas es más difícil que uno se ría. Nos acercamos a un campo llamado “verdad” y, para entonces, es muy posible que parte de nuestro público considere que aquello ha dejado de ser cómico.

– Sin embargo, la mejor comedia reciente trata de acercarse a esa frontera. Durante un tiempo se dijo que, mientras el drama televisivo estaba progresando espectacularmente, la comedia parecía anclada en el formato de sitcom y risas enlatadas. Sin embargo, en los últimos años, gracias a Seinfeld, Larry David, Ricky Gervais, Baron Cohen y muchos otros, la comedia ha ido entrando en un terreno posiblemente más interesante pero también más exigente. Las formas técnicas (grabación supuestamente más realista, casi documental, eliminación progresiva de las risas enlatadas, localizaciones naturales) y también la escritura (casi desaparición del “gag” puro, reducción de las tramas a su mínima expresión) han ido llevando a estas nuevas comedias a un terreno intermedio, agridulce, que provoca una mezcla más amarga pero también menos artificial que las de las comedias que estábamos acostumbrados a ver. Muchos espectadores encuentran en ellas más dolor del que esperan de una comedia.

Ok, esto es todo por ahora. Llega la hora de quitarse el pijama y de salir de la cocina. Si os interesa, trataré de escribir un poquito más sobre este asunto en el futuro.


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