ENTREVISTA A IVÁN ESCOBAR

26 marzo, 2014

Entrevista y fotos por Alberto Pérez Castaños y Vicente Bendicho Cascant

Iván Escobar es uno de los guionistas de televisión más reputados del país. Escribió en series como “Los Serrano”, “Los Hombres de Paco” o “El Barco”, de la que además es creador. El pasado lunes presentó “Kamikaze”, su primera película como guionista de cine, escrita junto a su director Álex Pina, en la Sección Oficial del Festival de Málaga. Como ya comentamos aquí, se trata de una comedia muy especial que, sin duda, dará mucho que hablar. 

IMG_9727-2 (p)

Iván Escobar

Kamikaze es una adaptación de una novela tuya con el mismo título publicada hace ya unos meses, ¿cómo fue el proceso de adaptación del guión para la película partiendo de un libro propio?

Realmente ha sido una adaptación rara porque, cuando estaba escribiendo el guión junto a Álex Pina, llegó a manos de la editorial Planeta y ahí fue cuando empecé el libro, así que la novela y el guión se fueron escribiendo prácticamente al mismo tiempo, por eso te digo que ha sido un proceso de adaptación un poco extraño. Debido a esto hay cosas de la novela que no aparecen en la película, porque, en ese sentido, igual que para escribir un guión hay cosas que no dependen exclusivamente de ti por temas de producción y de dirección, en la novela sí que tienes libertad absoluta. Lo disfruté bastante, aunque sí es cierto que tuve plazos bastante frenéticos para entregarla pero Planeta se portó genial conmigo, por lo tanto el proceso de adaptación fue fantástico.

Por lo tanto, cuando tuviste la idea, ¿en qué medio pensaste primero para escribirla, para cine o una novela?

Para una película. Recuerdo que la idea me vino estando en un aeropuerto en medio de un retraso y decidí darme un paseo por la terminal, ahí fue cuando vi a todos los pasajeros haciendo tiempo y me fue como flashazo: “¿qué pasaría si uno de estos terroristas suicidas que viajan en avión tuviese que conocer a sus futuras víctimas u convivir con ellas tres o cuatro días en un hotel?”. Entonces, a partir de esta premisa inicial fue surgiendo de una manera más o menos fluida toda la historia.

¿Empezaste a escribirla desde el inicio con Álex Pina o se unió a ti en un momento determinado?

La primera versión la fui escribiendo yo, pero inmediatamente se incorporó Álex, con el que llevo trabajando toda mi vida guionística. Y creo que si no hubiese sido por él el proyecto no hubiese salido para adelante nunca. Hay una cosa buena en escribir con otra persona, y es que no se parezca mucho a ti para se tengan buenas peloteras, porque al final lo que necesitas son frontones en los tú lances una pelota y la otra persona te la devuelva. Sin embargo, si buscas un frontón que sea demasiado a tu medida, con tus mismos gustos y mismas preferencias, la pelota no vuelve, o vuelve de manera falsa. Te digo esto porque con Álex a mí me separan muchas cosas conceptualmente e intelectualmente, pero también nos une una gran amistad. Gracias a esto nos hemos pegado muchísimo para esta película porque teníamos un trabajo por delante muy complicado; queríamos seguir la premisa de Azcona, la de contar una historia muy triste de la manera más cómica posible.

¿Habéis temido sobrepasar en algún momentos esos dichosos “límites de la comedia”? ¿Cómo habéis hecho para calibrar?

Ha sido muy complicado. ¿Es graciosa la idea de un terrorista a punto de suicidarse y matar a un montón de personas? Pues no, en principio no es nada gracioso. Sin embargo, lo que queríamos desde el inicio era golpear a ese protagonista y hacerlo en forma de comedia, haciendo que esas personas que se le aproximan le obligasen a actuar de maneras que él no hubiese previsto en absoluto. También nos pareció interesante desmitificar en cierto modo esa idea que tenemos de los paramilitares; queríamos hacer comedia con eso pero no sabíamos exactamente dónde estaba la barrera. De hecho, la idea de que el protagonista fuese un terrorista suicida asustaba a todo el mundo: a productoras, cadenas… Todos nos decían que teníamos que humanizarlo, y nosotros teníamos pensado hacerlo, pero sin dejar de hacer comedia con esa premisa tan trágica.

¿Cuáles son los peligros que corre un guionista al escribir un personaje como el de Slatan, el terrorista?

Para empezar, ya desde el principio que el protagonista sea un terrorista suicida es muy peligroso porque todo el mundo te va a decir que una persona que va a ver una película quiere empatizar con él. Aunque al principio sea un hijo de puta, al final le tienes que querer. Entonces, a un terrorista suicida le salvas en cierta medida contando qué le ha llevado a ser así, la razón principal por la cual es así, porque nadie se mete en un avión lleno de bombas si no tiene razones, ya sean ideológicas, familiares o traumáticas. Y con Slatan lo que hicimos es que tuviese detrás un drama familiar, con mucho sufrimiento para los suyos y para su pueblo, que a lo mejor estaba equivocado, pero él tenía sus razones. Ese es uno de los obstáculos principales, que se salva humanizándolo en cierta medida, porque si no es imposible que tu película la canalice un ser despreciable.

¿Ofrece la película un nuevo punto de vista que no da la novela?

Yo creo que ambos son puntos de vista bastante compatibles. La principal baza de la novela –y esto es ya un clásico– es que te permite interiorizar más en los personajes que en un guión y gracias a esto he podido navegar mucho más en la mente de Slatan y en todas esas razones que te decía antes. Además, en la novela puedes levantar diálogos que en pantalla no funcionarían gracias a ese trabajo de interiorización de los personajes. La verdad es que esa escritura paralela ha sido un doble viaje muy bonito.

IMG_9718-2 (p)

La película está producida, en parte, por Globomedia, donde se siguen ciertos “cánones” para la comedia que, curiosamente, están un poco alejados de lo que puede contar Kamikaze, ¿cómo encarasteis esas primeras reuniones para empezar a vender la historia?

Desde el principio íbamos de cara, diciendo lo que había, nunca enseñando solo la patita y yendo poco a poco. Dijimos: “Esto es lo que hay, o lo quieres o no lo quieres, eso sí, no es un drama”. Porque, fíjate, creo que si a Daniel Écija, por ejemplo, le hubiésemos dicho que íbamos a hacer un drama con ese tema, con tintes políticos y con la Revolución Rusa de por medio, nos hubiese dicho que no. Sin embargo le contamos desde el principio el tono que queríamos, le describimos algunas secuencias que teníamos, como el terrorista teniendo que ser canguro de un bebé, por decirte alguna, y esto ayudó mucho a que se pudiese hacer la película.

Uno de los puntos interesantes de la película es que el protagonista es de un país caucásico inventado llamado Karadjistán. ¿Por qué un país inventado?

La razón principal es que realmente no queríamos un titular que dijese que ésta era una película que reivindicaba los derechos de los kazajos frente a la opresión rusa. Queríamos que se percibiera como una tragicomedia de personajes con un detonante muy claro pero sin connotaciones políticas. Nos parecía más una película de personajes que de reivindicaciones políticas. Y si lo hubiésemos acotado a un paisaje o a una geografía concreta nos hubieran tildado de activistas.

¿Os habría estrechado eso el margen de maniobra respecto al background del personaje?

Efectivamente. Hubiésemos tenido que ser verosímiles e históricamente coherentes. De esta manera, nos hemos ahorrado esas trabas y hemos podido trabajar libremente en el background de Slatan como ciudadano de Karadjistan, un background que no deja de ser el de los habitantes de muchos satélites caucásicos pero que no es ninguno de ellos en concreto.

Otro de los puntos fuertes de la película es que es una comedia coral pero con un protagonista muy claro. ¿Cómo habéis logrado ese equilibrio para que no sobresalga una cosa por encima de la otra?

Bueno, es que la película cuenta con un reparto brutal. El guion ha crecido una barbaridad con las aportaciones de los actores. De hecho, el propio Eduardo Blanco nos llamaba y nos decía: “Mira, tengo unos apéndices que me gustaría añadir”. Y nosotros, encantados. Prácticamente todos los actores nos decían: “Oye, me gustaría hablar un poco de mi personaje”. Y de ahí siempre surgían nuevas ideas, nuevos rumbos. En ese sentido, los actores han aportado muchísima frescura. Cuando tú escribes un guion, lo tienes en la cabeza, pero de repente lo llevas a una mesa italiana y lo leen los actores; ahí es donde se ven las cosas que realmente funcionan y las que no. Hay diálogos que suenan muy bien y otros que suenan fatal. En ese sentido, con ese reparto que se entendía tan bien, que eran prácticamente amigos, fue muy fácil construir la película.

Y eso ha ayudado a redondear el guion…

Muchísimo, muchísimo. De hecho, tú puedes tener un gran guion que si no tienes un casting idóneo, o realmente no escuchas como suena tu guion, estás muerto. Creo que se tiene que escuchar un guion, y para esto, las mesas italianas son fundamentales.

Tú que has trabajado tanto en televisión, ¿te ha sido difícil adaptarte al ritmo de trabajo del cine? ¿Qué tal ha sido ese cambio y qué conclusiones has sacado?

La verdad es que es un poco traumático. La tele es una escuela maravillosa y creo que he aprendido de cada guion que he escrito de Los Serrano, Los hombres de Paco o El Barco, así que no siento que mi carrera haya cambiado por haber escrito una película, no tengo la sensación de “por fin he hecho cine”. Es cierto que varía la forma de trabajar en cada medio. En una serie, sobre todo en una serie rodada, puedes meter la pata. De repente puedes hacer un capítulo de Los Serrano que no funcione tan bien y el público te lo sancionará, pero no demasiado. Es decir, a la semana siguiente, sabes que te has equivocado. En una película, no. Kamikaze se empezó a gestar hace cuatro años y tiene como 50 versiones de guion.

En ese sentido el proceso creativo en el cine es más traumático porque las inversiones son brutales y el guionista pierde completamente el control del producto, que pasa a manos del director y de los productores. Una vez terminas la última versión de guion, te despides del niño y no lo vuelves a ver. Sin embargo, en la televisión es diferente porque capítulo a capítulo tienes una especie de evolución y sintonía con el espectador. Una película es muchísimo mas arriesgada, por eso en mi opinión es muy bueno bregarte en batallas más pequeñas antes de llegar al cine.

Y, sobre todo porque es dramático ver lo lento que es esto y la cantidad de veces que se cae un proyecto cinematográfico. Esta película se ha caído cinco o seis veces, por diferentes razones, pero luego se ha vuelto a levantar. Pero puede no levantarse. Conozco multitud de guionistas que tienen muchas películas en el cajón, algunas pagadas, otras no, pero que no se ha hecho ninguna. Y muchas son películas maravillosas y guionistas maravillosos, pero tiene que haber una conjunción  entre las productoras, las distribuidoras, los protagonistas…

Tras este proyecto, ¿tienes pensando seguir volver a trabajar en el cine o volverás a centrarte en la televisión? ¿Escribirás otra novela?

Lo que pretendo es seguir trabajando, que eso ya es un logro. Estamos en una época en la que hay mucho despido de guionista e igual estas aquí y pasado mañana se cae una serie y estás en la calle. A mí lo que me gusta es contar historias y si te soy sincero, me da igual contarlo en un libro, en el cine o en la tele. Mientras me siga llenando, voy a seguir trabajando en esto, aunque hay que reconocer que ésta es una época difícil. Ahora, de momento, sigo en Globomedia. Vengo de un fracaso como fue Bienvenidos al Lolita y ahora estoy trabajando en un proyecto de cine y en otro de televisión.

Kamikaze llega en un momento idóneo porque la comedia española está arrasando…

Y tanto. Venimos de la antesala de Ocho apellidos vascos, que está siendo brutal y esperamos poder montarnos en esa ola. Con que nos fuera la mitad de bien, sería perfecto.

IMG_9722-2 (p)

 

 


FIRMA INVITADA: PENE SOMOS TODOS

29 enero, 2014

Por María José Rustarazo.

Vamos… confiesa. Si todos los que leemos este blog nos hemos imaginado alguna vez aquí:

Vale, quizás no recogiendo el Oscar a Mejor Actriz pero… bueno, sí… yo unas cuantas veces, no os voy a engañar; pero el de Mejor Guión muchas veces más.

¿Qué quién soy yo? Mi nombre es María José Rustarazo y soy guionista desde hace 5 años. Los mismos que llevo trabajando en Bambú Producciones, la empresa que me brinda la oportunidad de poder soltaros hoy este charlón. Así que… SÍ, soy lo que estás pensando: una guionista “de la casa” (y a mucha honra); una guionista de máster de las que tienen “la suerte de quedarse” (bienvenida sea). O lo que viene a ser lo mismo: una especie en extinción (a estas alturas de la crisis, claro). Pero como me niego a ser un bicho raro, he decidido exponer mi vida (y mis vergüenzas) en modo ramera de la atención con un objetivo claro, trasmitir el mensaje de optimismo: Compañeros de masters, cursos varios o autodidactas avispados… por oscuro que lo veas ahora mismo, hay luz al final del túnel. Y mis inicios son el mejor ejemplo.

Para la humilde (muy humilde) andaluza criada en La Carolina, estudiar Comunicación Audiovisual era una locura. Pero lo hice. Cinco años más tarde terminé la carrera sabiendo un poco de todo, pero sin entender mucho de nada. Solía escribir y hacer los guiones de… de todo, vamos. Cortos, documentales, programas… todo lo que cayera en mis manos durante la carrera. Y supongo que ésa sería la fuerza que hizo que un día, casi por casualidad y en plena crisis postcarrera, llegara a la web del Máster de Guión de Salamanca.

El Máster es, sin duda, el mejor de España en relación calidad/precio, pero no nos engañemos. Ni ese ni todos los demás son la panacea. Os seré sincera. Aunque llegamos a trabajar cerca de unos 10 compañeros en distintas series, a día de hoy solo hemos sobrevivido 2 guionistas. 2 de 22, calculad el porcentaje (pu** crisis de los coj****). Aún así, pasar por el máster cambió mi vida. En concreto lo hizo una ponencia. La de Ramón Campos. Ahora todos sabréis quién es pero entonces era prácticamente un desconocido. Le acompañaba David Martínez (el jefe de ficción de TVE de aquella) y hablaron de un proyecto que se estaba preparando en Bambú. Una serie de ladrones para la 1, “Guante Blanco”. A riesgo de sonar “cheesy”, salí de aquella charla diciéndome a mí misma: “Tengo que trabajar ahí” (no es coña). Ramón hablaba con una vehemencia que no dejaba a nadie indiferente y cuando prometió una prueba, lo tuve claro. Pero ¿por qué preferir estar en una empresa pequeña que “a saber qué es de ella” a querer entrar en una de las grandes (Globomedia style)?

Y ahí va mi primer consejo: cuando empiezas en esto, la empresa más grande puede que no sea la mejor puerta a la que llamar. Me explico. En 2008, Bambú Producciones era una empresa recién llegada a Madrid, con sueños y ganas de comerse el mundo, pero que contaba con una estructura pequeña y familiar. En ese sentido, estaban dispuestos a confiar y enseñar a sus recién llegados. Todo lo contrario de lo que puedes encontrar en una empresa grande, con 3 o más series en parrilla, que ni tiene tiempo ni ganas de hacer de sus becarios, guionistas. Les basta con exprimir sus ideas hasta que llegue el siguiente.

Claro que esto no fue algo que racionalicé en el momento. Es una conclusión que saqué mucho después. Primero tuve que hacerlas pruebas de guión en Aida, La familia Mata y Los hombres de Paco, ver que mis compañeros que fueron escogidos y que no estuvieron más de tres meses en plantilla, mientras que yo seguía currando en la pequeña Bambú después de haber hecho la prueba.

Lo que me lleva directamente a mi segundo consejo: haz todas las pruebas que te lleguen o consigas, al precio que sea. La prueba de Bambú fue muy dura y nos pilló a todos a contratiempo (pleno agosto). Tiempo después descubrí que solo la habían hecho 9 compañeros. ¡9! Yo me había pasado una semana de mi beca en Londres encerrada en una habitación minúscula escribiendo una prueba de ¡30 páginas! mientras mis colegas disfrutaban deambulando por el Soho, ¡¿y solo la habían escrito 9?!. Compañeros, circunstancias las hay, todas las del mundo. Pero imagina que cada prueba que llega es la última. Como lo fue la de Guante en el caso de mi promoción, creo recordar… por desgracia.

Finalmente fuimos seleccionados dos de los nueve (¡9! Ya sí, yo tampoco puedo creerlo) y empezamos un periodo de prueba de 1 mes. De esta etapa, recuerdo que estas fueron mis sensaciones: nervios, nervios, nervios… corte… uy, que corte… ah, y qué nervios otra vez. Cuando pasó todo y decidieron quedarse conmigo, tuve que pararme: ¿qué les habrá hecho quedarse conmigo? En lo que a mí respecta, esto es lo que saqué en claro:

  • No intentar demostrar todo lo que sabes YA. La ansiedad puede llevarte a querer imponer tus ideas y convertirte en… en un pesado. La gente con la que trabajas sabe más que tú (por norma) y debes relajarte pensando que los momentos de demostrar la valía irán llegando. Poco a poco, tu sabiduría irá saliendo sola, libre de tensión. Cuando quieras darte cuenta, tus compañeros ya estarán convencidos de tu talento. A veces mucho antes que tú.
  • Sé útil. A veces los guionistas a tu alrededor tienen tanto curro que no tienen tiempo para atenderte. No te sientas mal por eso y haz que ese tiempo sirva de algo. Haz esquemas, resúmenes, dosieres de información… Puede que no estés disparando ideas, pero no estarás parado. Valorarán tu trabajo y tu entrega a la causa.
  • Buenrollismo como mantra. Si algo he aprendido es que este trabajo es, a partes desiguales, talento, trabajo y… psicología. La capacidad de entenderse con el otro y la facilidad de crear un buen ambiente de trabajo es casi tan importante como tener las mejores ideas.
  • Aprende a reciclarte. No existen las ideas perfectas. De algunas solo vale un poco, de otras nada. Muchas se complementan, se destruyen, se retroalimentan. Una serie son muchas voces y cuanto antes aprendas a dialogar en ese sentido, mejor que mejor. Pero que renunciar a tus ideas o modificarlas no te hunda. Haz tuya la nueva y no dejes de ilusionarte con un material que os pertenece a todos. No lo olvides.

Y con esas premisas seguí currando en Bambú. Pasé de ayudante de guión en Gran Reserva a guionista tras haber desarrollado Hispania con Ramón Campos. Desde entonces he escrito un chorro de sinopsis y decenas de proyectos. He escrito largos y participado en series como Imperium, Gran Hotel o Galerías Velvet. De todo. Tanto que ya sí que puedo decir que de los sueños se vive. SOY GUIONISTA. Y mi familia, orgullosa, ya no se acuerdan de “la niña” que se pasaba horas pegada a la tele viendo series (sí, estaban convencidos que tenía un problema de adicción), se alquilaba todas las películas del único videoclub del pueblo y se sabía el nombre de todos los actores del mundo. Porque compañeros, guionistas en ciernes, los que soñáis con dedicaros la vida dándole a la tecla y creéis que es imposible: está jodido y a veces mueres en el intento. Pero mejor morir luchando. Piensa que si yo estoy aquí, tú también puedes. Que yo no tengo nada de especial. Lo único que hay que hacer es BUSCARSE LA SUERTE (ya sé que ahora es más difícil que nunca pero ¡resiste!), TRABAJO duro, AMAR MUCHO ESTE MUNDILLO y… vale, un poco de TALENTO no está de más.

Y ahora cada vez que recreo el momento Penélope (en mi ducha), miro a la pantalla (la mampara), cojo el Oscar (champú) y pienso: “Si “a little girl from Alcobendas” pudo, ¿por qué yo no?” Al fin y al cabo Pene es… lo que somos todos, ¿no?


FIRMAS INVITADAS: LA CULPA DE TODO ES DE MÉDICO DE FAMILIA

9 julio, 2013

EL PROBLEMA DE LOS 70 MINUTOS [1]: LA DURACIÓN SÍ ES IMPORTANTE

Por Manuel Ríos San Martín

¿Cuántas veces hemos debatido los guionistas sobre este tema? ¿Por qué las series en todo el mundo duran 25 minutos (si son sitcoms) o 50 (si son dramas) y en España no? Aquí las series duran “unos 70 minutos”, aun­que ha habido capítulos de Los Serrano o de Mis adorables vecinos que han pasado de la hora y media, lo mismo que un largometraje semanal. Y no son de una duración fija. Las cadenas suelen pagar por 70, pero “si hacéis más, mejor”. Voy a tratar de explicar cómo se llegó a esto y las consecuencias que tiene en los guiones.

M.Ríos1

1. Todo empezó con Médico de familia. (Tres factores que contribuyeron a esta realidad).

– En un principio, la serie se escribió pensando en 60 minutos, y así lo reco­gía la biblia. De hecho, la duración del capítulo 1 emitido fue de 57:52. Y la del 2; 57:41. Sin embargo, el capítulo 26, el último de la segunda temporada ya llegó a 1’09:40, y posteriormente subió todavía más. ¿Qué pasó? La serie fue un éxito, y para que Telecinco pudiera hacer un tercer corte de publicidad necesitaba que durase un poco más de esos 57 minutos iniciales. Las audiencias pasaban de un 40% de share todas las semanas y la cadena, lógicamente, quería rentabilizar su in­versión. Eso provocó el alargamiento paulatino de los guiones. Pero no solo de los guiones. En plató, Luisa Martín (La Juani), Antonio Molero (Hipólito) o el propio Emilio Aragón (Nacho) im­provisaban bien y estiraban con humor los finales de secuen­cia. No fue difícil aumentar la duración, el ritmo aguantaba, la serie era un éxito. La casuística se convirtió en costumbre y, más tarde, en contrato.

– El segundo factor, la audiencia. Se comprobó que el alargamiento de las series no solo no perjudicaba a la audiencia, sino que la mejoraba. La ficción genera mucha fidelidad, y si funciona, nadie deja de verla hasta que el episodio termina. Si se emitían dos series a la vez, el objetivo era que la tuya fuese más larga que la de la competencia para quedarte con su público en los minutos finales.

– La parrilla; bajar los costes. Las televisiones se ahorraban un programa. Las cadenas americanas tradicional­mente ponen primero una sitcom y luego un drama. Las españolas optaron por emitir una única dramedia que ocupaba la misma duración, resultando así más barato. Esto funcionaba bien porque luego entraba un late nigth muy potente, como era en esa época Crónicas Mar­cianas, presentada por Javier Sardá. De esta manera, la programación quedaba empaquetada con solo dos productos, desde las 22.00 horas hasta la madrugada. Cuando los late nights empezaron a bajar de audiencia se vio la posibilidad de que cambiase la estructura, pero eso, por desgracia para los guionistas, no afectó a las series. Se empezaron a emitir programas bisagra a las 22:00 horas, desde Cámara Café hasta El Hormiguero. Y las series se pasaron a las 22:30 con la misma duración.

Como veis, había y sigue habiendo motivos fundados para mantener los 70 minutos, pero nada sale gratis en esta vida…

2. Los perjudicados de esta situación

– El propio concepto. En Globomedia, en los años 90, se contrató a un guionista americano -productor ejecutivo de Martial Law (1998-2000)- para que analizase las ficciones que estábamos grabando y su conclusión fue: “¿por qué hacéis tres series en una? Estáis perdiendo dinero, de Compañeros podríais sacar varias”. Le explicamos el caso español y le pareció muy loco.

Y es que es muy complicado mantener el nivel de cuatro tramas a la semana. En América, al tener que escribir cincuenta minutos, los guiones aguantan con una historia principal muy potente y una segunda mucho más breve, con algo de comedia, o más ligera, como cuando House tiene que pasar consulta obligado por Cuddie. Pero aquí eran necesarias hasta cuatro tramas para conseguir hacer setenta minutos a la semana, veinte más que los ame­ricanos. Además, las cadenas españolas eran pocas y muy generalistas. La 1, Telecinco o Antena 3 luchaban todas por el mismo público, no estaban seg­mentadas y las audiencias medias rondaban los veintitantos puntos de sha­re durante la segunda parte de los años 90. Eso quería decir que había que escribir historias para todos: para los niños, los adolescentes, los adultos y los abuelos. Surge así la multitrama, que consistía en una sucesión rápida de las secuencias de cada una de historias para que el público de diferente edad encontrase la suya, y no le diera tiempo a hacer zapping mientras se desarrollaba las otras que le interesaban menos.

Y, durante varios años, este esquema se convirtió en común en muchas se­ries de éxito como Compañeros, Periodistas, Cuéntame, el inicio del Comisario (se empezó llamando Las calles de San Fernando, con asistenta andaluza y todo)… Y en muchas otras, que fracasaron porque no consiguieron adaptar correctamente el modelo a sus conceptos.

– Los personajes. Escribiendo casi ochenta minutos a la semana es muy difícil ser coherente con los personajes, ya que necesitas que puedan hacer casi cualquier cosa para mante­ner el interés. En U.S.A. se escaleta desde el personaje, desde su conflicto interno, incluso en la televisión generalista (ver Mujeres desesperadas, El Mentalista, The Following [2]). Pero en España prima la narración, cualquier historia capaz de durar más de una hora y cuarto. Sí, se crean personajes, pero se deja más libertad para que puedan un día ser mie­dosos y otro algo más valientes, según precise la trama. No digo que no lo podamos hacer mejor, sólo que es más complicado. El personaje House no habría aguantado 177 capítulos de setenta minutos.

– Esto hace que se descuiden también los conflictos. En muchos casos, se acaban diluyendo. Los propios actores se quejan de esto. Y aunque se intente evitar, se da una cierta infantilización de los contenidos. Se intenta no echar a los más jóvenes con dramas excesivamente adultos. Para mí, este es incluso, el efecto más perverso que se hereda de Médico de familia. Es difícil encontrar series adultas de verdad, con problemas de adultos.

– El tema del capítulo o la tesis [3]. Como decía en el párrafo anterior, en España prima la acción, lo que sucede, los hechos. Es difícil que exista una intención debajo, que haya un tema claro. Volvemos a lo mismo que sucede con los personajes: vivimos tan an­gustiados porque ocurran cosas para mantener entretenido al espectador tantos minutos, que nos despreocupamos del tema, de la tesis, de intentar contar algo más de fondo.

Y todo se ve agravado por la prisa con la que hay que ir escribiendo según se produce. A veces se tardan casi dos años en aprobar el guion del 1 y luego no hay el tiempo suficiente para el resto de la temporada. Esto daría para otro post.

– La venta al extranjero. No hay que explicar mucho más: de las series vendidas, bastantes se han tenido que remontar para adaptarlas a la duración de otros países.

 

3. Qué sucede hoy en día

Es verdad que la audiencia se ha fragmentado un poco, aunque no tanto como podría parecer. Al final, las tres grandes cadenas son bastante generalistas, con sus matices. Incluso a la 1, que es más adulta, le funciona Águila Roja. La Sexta y Cuatro, de momento, no producen ficción. Ni mucho menos las TDTs. Y todavía arrastramos consecuencias derivadas de Médico de Familia: buenas y malas.

En series como Los Serrano, Los Protegidos, El Internado, Águila Roja, El Barco, Toledo, El don de Alba, Doctor Mateo, De repente, los Gómez, Luna, el misterio de Calenda, incluso en la transformación de Familia, hay mucha influencia de los dramedias de los 90. Eso no significa que sean malas series: hay cosas muy interesantes en muchas de ellas. Y poco a poco vamos viendo otras apuestas más arriesgadas, que se agradecen como creativo, como Hispania o Imperium, Punta Escarlata, La Señora, Piratas, Hay alguien ahí, La Fuga, El tiempo entre costuras, Isabel o El corazón del océano, entre otras [4]. Y algunas con buena pinta que están por llegar. Si estas ficciones marcan una tendencia, bienvenida sea.

Pero no podemos olvidar que, aunque las series se hagan más adultas y los conceptos más originales y arriesgados, seguiremos arrastrando muchos de los problemas derivados de los “malditos” 70 minutos.

Hispania-Natxo López


[1] El post está basado libremente en un artículo del libro El guion para series de televisión, publicado por el Instituto de RTVE (2012). http://www.manuelriossanmartin.com/libros/libro-de-como-escribir-guiones

[2] No es que los personajes de The following sean muy ricos, pero sí son coherentes a pesar de ser una serie de acción. Algo similar pasa con El Mentalista, lo importante es el personaje, por encima de los casos concretos que investigue.

[3] Ver mi post anterior. https://bloguionistas.wordpress.com/2013/03/21/firmas-invitadas-la-peripecia-y-el-tema/

[4] Cito sólo series de televisión generalista.


FLASHBACK: DE ALTAMIRA A FRANKENSTEIN, PASANDO POR DANI ÉCIJA

8 octubre, 2011

por Pianista en un Burdel

Leo en el siempre interesante Focoforo un hilo que abre así el muy ilustre Fanshawe:

Hoy me he desayunado con un artículo doble sobre la ficción en España publicado en El País. Uno es un texto sobre las quejas de los guionistas y creadores acerca de las exigencias de productoras y televisiones a la hora de hacer series:

http://www.elpais.com/articulo/sociedad/corse/aprieta/guionistas/elpepisoc/20100612elpepisoc_1/Tes

Ya sé que son cosas ultrasabidas por todos aquí y en otros mentideros (me encanta decir mentideros) de Internet, a saber: putas series de 70 minutos donde tiene que haber una familia, un desayuno grupal, un niño, un abuelo, un perro, dos adolescentes, etc; para todos los públicos que interese al abuelo y al nieto. Sí, todo eso lo sabemos pero a mí me resulta muy interesante y significativo que eso “que ya sabemos” ahora salga publicado en un periódico de tirada nacional, es decir, que pueda ser leído por un grueso de la población a la que los foros de internet les traiga al fresco.

Más interesante aún me resulta el artículo que escribe Daniel Écija, gran jefe indio de Globomedia, defendiendo el modelo de ficción nacional:

http://www.elpais.com/articulo/sociedad/patio/butacas/irrenunciable/elpepisoc/20100612elpepisoc_2/Tes

La retórica de Écija es la clásica “institucional”, con un punto paternalista y otro de “no tenemos más remedio, la gente demanda esto”: que si el público español es el que es, que si tenemos que intentar llegar a todos porque si no no hay rentabilidad y no se puede hacer ficción, que si la estructura de la TV de pago nacional no permite otro tipo de apuestas más arriesgadas…

Independientemente de filias y fobias, ¿cómo se pueden rebatir los argumentos de Écija cuando efectivamente ideas con un punto de riesgo mayor se pegan castañazos importantes? Me gustaría escuchar la opinión del foro con un punto de seriedad sobre este tema, que ha salpicado otros hilos pero que creo que aquí queda muy resumidito, con el punto ese además de que El País decide colocarlo sobre una mesa más amplia que el debate de la red.

¿Se puede cambiar o ampliar el modelo de la ficción de series en España, señoras?

El hilo continúa como es habitual en un foro, incluso en un foro de cierto nivel como éste: yéndose por los cerros de Úbeda. Reconozco que lo he leído en diagonal y a toda velocidad, pero creo que nadie contestaba a la pregunta crucial del mensaje de Fanshawe:

¿Cómo se pueden rebatir los argumentos de Écija cuando efectivamente ideas con un punto de riesgo mayor se pegan castañazos importantes?

Voy a aportar mi reducida experiencia y mi dilatada arrogancia para intentar contestar a esta pregunta con el punto de seriedad que demanda (y merece) Fanshawe.

Como la mayor parte de ustedes sabrán, hay muy poco margen de creatividad en el mercado televisivo de ficción español. Ése es el problema central. Como un día me dijo un amigo director, “yo no tengo ningún problema con el público. Mi problema es con los intermediarios que se empeñan en impedir que mi obra llegue al público tal y como yo la diseño”. El arrollador éxito que había tenido en sus proyectos independientes le daba la razón.

Pero no quiero perderme en digresiones pro-indie. ¿Por qué hay tan poco margen de creatividad en la ficción televisiva nacional? Porque 8 de cada 10 series se diseñan tratando de encajar en las demandas previas de una cadena. Y las demandas de las cadenas son increíblemente conservadoras.

El funcionamiento normal de una productora en contacto con una cadena incluye por un lado la propuesta de proyectos propios, vamos a llamarlos “originales”; y por otro, la propuesta de proyectos que responden a las demandas antes citadas.

“Antena 3 está buscando comedias juveniles.”

“Telecinco quiere hacer una serie con José Coronado.”

“Cuatro está buscando un formato… increíblemente barato.”

Cosas así.

La posibilidad de que un periodista con talento para la ficción se invente una serie policíaca increíblemente verosímil sobre los tejemanejes de la mafia que reina en el puerto de Barcelona o en los supermercados de la droga en Madrid y acabe colocándola en una cadena con gran éxito es absolutamente ínfima.

Y estoy tratando de ser optimista. Siendo realista, diría que ES IMPOSIBLE.

Y es imposible porque, sencillamente, las cadenas no quieren productos así. Las cadenas quieren productos que cumplan al menos dos de estas condiciones:

a)    Contener elementos clave de éxitos anteriores. Entre los cuales se valorará especialmente el estar protagonizados por actores de mucha fama (o por actores de medio pelo que la cadena ha decidido proteger, sabe Dios por qué).

b)   Presentar un contenido que no ofenda a determinados grupos de presión, ya que eso que podría comprometer la imagen pública de los patrocinadores que pagan la serie mediante la publicidad.

c)    Responder a las supuestas demandas del público, según estudios de mercado elaborados sabe Dios con qué criterio pseudocientífico (léase esotérico).

Esos son los tres pilares sobre los que se sustenta el sistema de valores de la ficción televisiva española. Y muy, muy pocas veces se verán en pantalla series que no responden a esos cánones.

Y por supuesto, no necesariamente saltarse esos cánones hace que las series sean buenas. (Sé que los trolls de turno van a fingir no haber leído esta frase, pero yo la dejo escrita: que cite algunas series como ejemplo de las que cumplen o no esos cánones, no quiere decir que me gusten, ni que me disgusten.)

La mayor parte de las series de Globomedia cumplen esos cánones. Es cierto que suelen contener algunas pasadas verbales, pero el habitual enfoque sainetero de su humor casi siempre evita que se sientan realmente ofendidos los lobbies más coñazo: ultracatólicos, ultrafeministas, ultrahomosexuales, ultra-andaluces/catalanes/vascos/gallegos/etc.

Algunas series que se han saltado parte de esos cánones con un éxito arrollador han sido, por ejemplo, las series de época de Televisión Española: Cuéntame, La Señora y Amar en Tiempos Revueltos. (Águila Roja no la cuento como serie de época básicamente porque la época se la inventan. Lo cual no juzgo ni como defecto ni como virtud.) Estas series de época han demostrado, por ejemplo, que el punto C de los mandamientos de la cadena es tremendamente peligroso. Cuéntame anduvo 7 añazos dando vueltas por las cadenas sin que nadie se decidiese a comprarla. “Porque la historia reciente de España no interesa a la gente.”

Pero hay otro supuesto, además de “series que no cumplen los cánones” y “series que las cadenas deciden comprar tras siete años considerando que no es el momento. Son las series que un productor con labia consigue venderles a pesar de sus reticencias.

Ésas son las peores. No quiero dar nombres propios, pero últimamente ha habido algunos castañazos sonados con series que partían de presupuestos completamente contrarios a los que configuran las series estándar. Series que trataban de desafiar el establishment en todos los ámbitos: entorno, personajes, formato, estética visual…

Y se estrellaron. ¿Acaso no se pueden rebatir los argumentos de Écija? ¿Acaso hay sólo una manera de hacer series en España? No lo sé. Pero tengo una cosa clarísima con respecto a los mandamases: si no les vendes la moto a la primera, no insistas. Casi nunca conseguirás vendérsela a la segunda. O también puede que tengas mucha labia y acabes convenciéndoles de hacer tu serie, sólo que… para entonces ya no será tu serie, y recordarás el viejo adagio de santa Teresa.

Será un Frankenstein. Una mezcla de elementos originales con injertos de clásica ranciedad españolaza.

La cadena aceptará ese entorno original, pero insistirá en meter con calzador a un actor rancio. Y creerás merece la pena ceder, porque un manchurrón no estropea Las Meninas.

La cadena aceptará esos personajes chocantes y controvertidos, pero insistirá en que haya un niño, o un abuelo, o un genio de la informática con ataques de verborrea, o cualquier otra imposición arbitraria camuflada de estrategia para enganchar a determinado sector de la audiencia. Y cederás, porque un mal suplente no estropea un buen equipo.

La cadena aceptará esa historia que no se parece a nada, y esa narrativa tan seca y exenta de melodrama… a condición de que estires los capítulos hasta 70 minutos y metas un par de subtramas: una que se parezca a determinado éxito, y otra que tenga algo de melodrama. Y cederás, porque una pequeña vía de agua no hunde un barco, si se achica agua a tiempo.

La cadena, en fin… aceptará que ruedes con estética cinematográfica y estará encantada con que tengas muchos exteriores, pero te dará un presupuesto que lo hará casi imposible. Y cederás, porque tu naturaleza aventurera hace que te estimulen los desafíos.

Y al final del proceso te verás con una serie que dura lo que las de siempre, que tiene a los actores rancios de las de siempre, con personajes y tramas rancios como las de siempre… y encima se ha hecho con menos dinero que las de siempre.

A mí me parece que el artículo de Dani Écija es muy muy muy interesado. Cita algunos datos para a continuación convertirlos en dogma. Una tesis tan sólida como “rellene la quiniela con los resultados de ayer.” Pero, ¿qué va a decir este señor? Él no es un creador, sólo es un mercader. Un mercader de muchísimo éxito, ojo. Un tipo que ha identificado UNA manera de hacer las cosas que tiene mucha aceptación en las cadenas. Y que ahora intenta, a través de las páginas de un diario amigo, decirnos tácitamente que la suya es LA ÚNICA manera de hacer las cosas. Esto, que sería absolutamente deprimente para cualquier creador, es estupendo para un vendedor. No hay que cambiar de medios de producción, no hay que pensar… sólo hay que darle al rodillo de imprimir billetes.

Personalmente, creo que Écija es un maestro en lo suyo. Un tipo astuto que sabe vender su producto con maestría. Pero igual que no me convencen algunas de sus técnicas para convencer a la gente de que no se vaya de Globo (“ahí fuera hace mucho frío”), tampoco me convence su artículo. No creo que el estilo Globomedia sea la única forma sensata de hacer televisión. Cierto que las cadenas viven una hipnosis colectiva según la cual Dani Écija conoce y administra la fórmula del éxito, con pocas excepciones (Bambú, Diagonal TV…)

Cierto que Globomedia también ha tenido pinchazos. Cierto que las cadenas no aprenden de sus errores, sino que tratan de repetir sus éxitos de una manera casi mágica. Su estrategia de supervivencia se asemeja a la de los pobladores de Altamira: pinta mamut, cazarás mamut.

Pero como en este negocio nada es una ciencia exacta, por definición, TIENE QUE HABER más maneras de hacer las cosas. Es sólo cuestión de tiempo. Cuando cambie la gente que maneja el cotarro hoy en día en las televisiones -cuya edad promedio también se asemeja a la de los pobladores de Altamira- cambiarán los prejuicios absurdos sobre “lo que interesa a la gente”. Tengamos en cuenta que los últimos años de éxitos continuos en TVE coinciden en parte con la llegada de gente joven a los puestos de responsabilidad en ficción, que ha apostado por maneras distintas de entender la ficción.

Cuando más gente joven, formada en ámbitos distintos al franquismo y el nacionalcatolicismo, ocupe los puestos de responsabilidad, es de esperar que equilibren un poco mejor la balanza entre creatividad y mercadotecnia. No hace falta que le den un vuelco, basta con poner cada cosa en su sitio: la gente con talento crea el producto, la gente con corbata lo vende.

Ése es uno de los secretos del éxito de Globomedia: su marchamo de calidad es tan apabullante, que la mayoría de las cadenas confían casi ciegamente en el producto, sin necesidad de intervenir significativamente en los guiones. Más o menos lo mismo que ocurre en las series de éxito de TVE. Si las cadenas se limitasen a contratar a buenos profesionales y les diesen un margen de creatividad razonable, minimizando sus intervenciones en texto y casting, y metiéndose sus estudios de mercado por donde buenamente les cupiesen, todos seríamos más felices.

Que es de lo que se trata. ¿No?

(Publicado originalmente en Bloguionistas el 17 de junio de 2011)


LA CRÍTICA INTERNA

15 diciembre, 2010

Por Chico Santamano.

Me voy unos días de vacaciones y se lía la de Dios es Cristo. Por cuestión de horas me libré de la ¿huelga? de controladores aéreos (incidente histórico en esta nación llamada España y en este blog llamado Bloguionistas), a una campeona de atletismo la pillaron trapicheando supuestamente con drogaínas varias y Mila Ximénez anunció su (falsa) retirada de la televisión, tocada y hundida por las declaraciones del abogado Rodríguez Menéndez. Pero de todo lo ocurrido en estos días de ausencia me apetece hablar de lo que sucedió en este blog hace justo una semana.

El miércoles pasado, Carlos García Miranda, en un tono coloquial, quizá demasiado coloquial, reconoció en este post que la serie en la que curró durante años no era una obra maestra de envidiable perfección. Asumió que por petición (por no decir “obligación”) de la cadena y la productora, los guionistas de “El internado” tuvieron que estirar las tramas hasta el delirio para conseguir rellenar 70 minutos semanales y alargar la historia durante más temporadas de las que realmente necesitaba. Y que, a pesar de seguir engordando el pavo con relleno que por necesidad no podía ser de la mejor calidad, el público seguía estando ahí semana tras semana.

Este es el resumen que yo hago de un texto que consiguió más de 78 comentarios y no todos positivos precisamente.

Puede que el que les escriba sea bastantante benévolo con la interpretación del texto porque Carlos es colega, no lo niego. Pero en esencia el único pecado que cometió fue escribir en internet (¡Maldita internet!) la típica conversación que mantenemos normalmente los guionistas de este país en el mismo código de coña descreída que casi todos usamos. Como profesional te involucras al 100% con tu serie o tu peli, pero eso no implica que cobrar una nómina casi todos los meses destruya tu capacidad de crítica y no seas consciente de las carencias del producto en general y de tu trabajo en particular. No entiendo que ningún profesional en Globo (o cualquier otra productora) se pueda rasgar las vestiduras por un post así, cuando todos hemos oído en boca de compañeros que su serie era “los serrano con pistola”, “los serrano con espadas” o “los serrano con anclas”. Quizá en los despachos que están un piso por encima del de los Carlos Garcías Mirandas de este país (y por supuesto en los despachos de las teles) deberían tomar nota de que esta repetición de fórmulas sólo crea desmotivación entre los profesionales que tienen que defender las mismas tramas, bajo los mismos esquemas y el mismo tono, una y otra vez. ¡Lo extraño sería que no criticasen sus propias series! Es un ejercicio de lo más sano.

Entiendo que por raro e inédito sorprenda la autocrítica, pero no que indigne. En USA pararon “Heroes” (…y Flashforward, y The Event), entonaron un mea culpa, reconocieron que la habían cagado con el rumbo de la serie y que trabajarían para darle al público lo que merecía y esperaba. Y no pasó nada. Nadie se echó las manos a la cabeza, nadie se sintió insultado  (ni profesionales, ni espectadores) y las series se acabaron yendo a pique (de momento las dos primeras), pero al menos hubo un ejercicio de reflexión y reconocimiento. Entiendo también que haber hecho una crítica tan ácida con el producto aún vivo habría sido una irresponsabilidad, pero una vez que tu trabajo ha llegado a su fin y la serie ha chapado por siempre jamás, ¿qué te impide echar la vista atrás y decirle al mundo entero “no pudimos hacerlo mejor por esto y por esto y por esto otro”?

Guionista Hastiado comenzó su blog para hablar de su (mala) experiencia en “Divinos”, Guionista en Chamberí escribió un par de posts estupendos diseccionando “Yo soy Bea” (aquí y aquí). Ambos señalaban con bastante criterio el por qué y de qué  manera estas series llegaron a su fin (una de ellas con un camino más exitoso que la otra, of course). Quizá el problema sea haber pinchado en un hueso distinto.

“Divinos” era un blanco fácil. Desde el principio fue mal de audiencia. Un auténtico muerto viviente. “Yo soy Bea” ha sido hasta la fecha el último gran fenómeno diario con audiencias que sobrepasaban el 30%, pero siempre tuvo mala prensa, por lo que decir cosas feas de ella no habría supuesto mucho problema. Sin embargo este hueso, el de “El Internado”, era muy distinto; una serie en prime time de indiscutible éxito, con buena imagen, producida por la casitodopoderosa Globomedia y poseedora de una horda de fans envidiable.

No me sorprende leer los comentarios airados de los fans. Los pobres no tienen por qué saber que Carlos García Miranda ni pinchaba ni cortaba en este tinglado. Él no decidió que la serie durase más de lo que la historia demandaba. Él no decidió rellenar los capítulos con tramas infantiles ñoñas. Él, como el 95% de guionistas no deciden prácticamente nada… Y vosotros diréis “pues que se hubiera ido de la serie si no le gustaba lo que hacía”. Y yo os digo: “pues haber dejado de verla vosotros cuando advertíais que “El Internado” se iba a la mierda con esos giros locos”.

Los guionistas tienen que estar a a la altura, pero los fans también, chicos. Si no os gusta lo que veis, dejad de quejaros en los foros de Formula TV y directamente APAGAD EL TELEVISOR. No vayáis a los preestrenos. No os hagáis fotos en el Festival de Málaga con sus estrellas como si lo fueran a prohibir. Tal vez así os escuchen de verdad y los guionistas, que odiamos dar vueltas sobre lo mismo para alargar las series hasta el infinito y más allá, os lo agradeceremos. Y creo que esto ya lo dijo hace tiempo Guionista Hastiado en su blog pero si, tal y como pasó en “Los hombres de Paco”, no os mola que Sarita se enrolle con Mario Casas, no le echéis la culpa a los guionistas. Echadle la culpa a Hugo Silva que decidió pasar de la serie y por extensión de vosotros, sus fans.

En definitiva, no descubro nada si digo que los mejores extras y audiocomentarios son los de las pelis antiguas. Aquellos en los que, con los flashes del estreno mucho más que fríos, te cuentan DE VERDAD el proceso doloroso y lleno de mierda que implica hacer un producto de ficción.

Ojalá que en Bloguionistas no haga falta esperar al 50º aniversario de una serie para poder llamar a las cosas por su nombre.

 


DUDO, LUEGO ESCRIBO

14 diciembre, 2010

por David Muñoz.

Hace unas semanas recibimos este mensaje en el buzón de consultas de Bloguionistas:

Hola,

Hace diez años, cuando tenía veinte, un amigo me convenció de la utilidad de los cursillos impartidos por casas de cultura para ligar (soy de donosti y era un poco pagafantas, que se le va a hacer). Había una buena gama donde elegir, desde repostería caribeña a pintura flamenca, pero me quedé con uno de iniciación al guión. No ligue nada pero me entró el gusanillo de contar historias.

Al cabo del tiempo tuve la suerte de poder crear y trabajar en una serie que nadie vio pero que tenía su punto.

Hace tiempo que he escrito mis primeras mil páginas pero soy consciente que todavía me queda mucho por pulir.

Tengo escritos cuatro guiones de largo, uno de ellos finalista en un concurso. También he escrito muchos cortos y alguno ha sido realizado obteniendo una veintena de premios.

Resumiendo, no me ha ido mal pero tampoco bien (últimamente pago el alquiler gracias a currar en una guardería), ya no me considero un principiante pero desde luego no soy un veterano, tampoco soy viejo ni joven… Me siento en tierra de nadie y lo que es peor, he perdido mucha de la ilusión que tenía.

Y aquí va la pregunta (perdón por la chapa): ¿Cuándo es el momento de arrojar la toalla?

Ya llevo diez años intentando conseguir mi objetivo: escribir en pijama, es decir, escribir guiones desde el calor de mi casa. Una vez lo conseguí pero no duró mucho tiempo pues la serie no llegó ni a emitirse.

Alguien me dijo que los guionistas compramos tiempo para escribir nuestra siguiente historia. A mi se me está terminando ese tiempo. Lo malo es que soy como el burro del cuento, el de la zanahoria, que ha probado su sabor y que por muchos palos que sufra sigue caminando. ¿Pero hasta cuándo?

Gracias por vuestro tiempo

Un saludo

A.

Hola A.,

Me gustaría poder responder tu pregunta de forma categórica, dándote un plazo por Ej. (“¡Si a los 30 años no has conseguido que se ruede uno de tus guiones de cine, ha llegado la hora de abandonar!”*), porque tengo la impresión de que eso te daría cierta tranquilidad, tanto para atreverte a dejarlo como para decidirte a seguir intentándolo. Pero me temo que las cosas nunca son tan sencillas. Y mucho menos cuando estamos hablando de un trabajo tan impredecible como el nuestro.

En realidad, tú eres el único que puede responder correctamente la pregunta que formulas. Y quizá ya conoces la respuesta. Otra cosa es que estés dispuesto a obrar en consecuencia.

Se trata de un proceso emocional, no racional. Cuando uno se gana la vida realizando un trabajo, aunque odie ir a la oficina todos los días no tiene más remedio que hacerlo, pero en tu caso, si te apetece lo haces, o si no, no. Es así de sencillo.

La pregunta sería: dadas tus circunstancias actuales (que solo conoces tú)…  ¿te apetece escribir otro guión o no?

¿Cuál es la respuesta?

Y la edad no me parece un factor que debas tener en cuenta para responder “sí” o “no”. Eres muy joven. 30 años no es nada.  Si los aspirantes a escritores abandonaran al llegar a esa edad, prácticamente no se publicarían libros.

Pero a lo mejor no sabes qué responder. A lo mejor realmente estás hecho un lío y no sabes lo que quieres.

Desde mi punto de vista, el momento de “arrojar la toalla” es nunca o ahora mismo, dependiendo de varios factores.

Dices que has perdido la ilusión, pero al mismo tiempo, si has escrito este mail, supongo que sigues deseando profesionalizarte como guionista (o sea, lograr vivir de ello).

Si aún disfrutas inventando historias y sentándote a escribir delante del ordenador a transformarlas en guiones, debes seguir tratando de abrirte hueco en la industria. ¿Por qué no? ¿Qué tienes que perder? Otros dedican su tiempo libre a aficiones mucho más absurdas. ¿Por qué no escribirse un tratamiento de un guión en vez de… yo qué sé… irse a esquiar todos los fines de semana o montar una ciudad de cartón en el sótano de tu casa?

Eso siempre que tu vida te lo permita y no te veas obligado a renunciar a algo más importante para hacerlo.

Los edificios de cartón del dibujante Seth. Comenzó a construirlos para pasar el rato y terminaron en un museo.

Por otra parte, no te ha ido tan mal. Has trabajado en televisión y has rodado un corto que ha sido premiado.

No me parece que estés tan lejos de conseguir lo que anhelas.

¿De qué depende que lo logres?

Pues, básicamente, de que sigas trabajando y de que tengas un golpe de suerte.

Resulta duro aceptarlo. A todos nos gustaría creer que podemos controlar nuestro propio destino o que hemos conseguido nuestros objetivos solo porque nos lo hemos currado. Pero la suerte juega un papel muy importante a la hora de determinar por dónde va a discurrir nuestra vida. Tanto la personal como la laboral. Que sí, que la suerte hay que buscarla (escribiendo sin parar un proyecto tras otro), y te tiene que pillar preparado (con oficio si por Ej. te surge la oportunidad de hacer una prueba para una serie), pero sin ella no hay nada que hacer.

Un día, conoces a un productor que se interesa por ti para integrarte en el equipo de una serie; otro, un director decide que puede interesarle dirigir esa sinopsis que has escrito. Y si la serie o la película van bien (o al menos tienen cierta repercusión) ya tienes el inicio de una carrera.

Y ese golpe de suerte, gracias al que nos hemos profesionalizado todos los guionistas que vivimos de esto, puede llegar hoy, mañana o nunca.

Hace unos días, en su discurso de aceptación del Premio Nobel, Mario Vargas Llosa habló de su golpe de suerte: venir a España y conocer a su agente. También mencionó a todos esos escritores de talento que al no haber mediado ese golpe de suerte, abandonaron  vencidos por la desesperanza, o que han seguido trabajando sin que nadie les presté la más mínima atención. He leído por ahí que hubo a quien esa mención le pareció un arranque de falsa modestia por parte de Vargas Llosa (quizá son de esos ingenuos qué creen que el talento siempre encuentra recompensa). Pero yo estoy convencido de que era totalmente sincero y de que habló con el corazón en la mano.  Ya seas un escritor con Nobel o un modesto guionista como yo, sabes que habría sido muy fácil quedarse por el camino.

Entonces… ¿cuándo dejar de esperar que llegue el golpe de suerte?

Pues cuando no te compense emocionalmente, como he dicho antes. Cuando seguir moviendo proyectos (y moviéndote tú) te haga más infeliz que feliz. Todos necesitamos una recompensa de algún tipo para continuar haciendo algo que requiere un gran esfuerzo (y escribir guiones cuesta mucho). Sin esa recompensa, es imposible seguir adelante.

De todas maneras, me gustaría comentar algo en lo que me ha hecho pensar tu pregunta.

Muchas veces me da la impresión, sobre todo cuando doy clase, de que hay ciertas cosas que se da por hecho que ocurren automáticamente cuando se piensa en profesionalizarse en esto del guión. Como por Ej. que dejas de preocuparte por todos estos temas.

Pero la realidad es que nunca dejas de pensar en ellos.

Sobre todo, porque salvo casos muy contados, casi nunca “lo consigues” del todo. A poco que lleves en esto, te das cuenta de que es muy fácil perder de un día para otro todo lo que has conseguido tras años de esfuerzo. Lo digo a menudo en mis clases en tono de broma para no deprimir a mis alumnos, pero en el fondo de broma tiene más bien poco: si eres guionista, tu tercer apellido es incertidumbre, y el cuarto, fracaso.

Hay que fracasar mucho (pero mucho), para conseguir un éxito. Y por éxito no entiendo hacer una gran taquilla o conseguir una audiencia masiva, sino lograr que lo que escribes se haga. Yo he sido contratado veintitantas veces para escribir guiones de largo, por Ej., y solo tengo cinco películas. Por el resto de los guiones cobré (no todo lo pactado y no siempre), de manera que no puedo quejarme mucho. Pero eso no quiere decir que no me haya pasado meses y meses al borde de la depresión al darme cuenta de que otro guión en el que había estado trabajando tanto tiempo iba a quedarse también en el cajón.

Sé que visto “desde fuera” no parece así, pero es raro el guionista profesional que no siente que vive con una espada de Damocles flotando continuamente por encima de su cabeza. Las productoras cierran, las cadenas cancelan las series de un día para otro, el proyecto de cine que salía “seguro” deja de salir en unas horas, el dinero con el que contabas para sobrevivir los próximos meses nunca llega…

Luego, salvo que estés a sueldo en una productora tipo Globomedia, lo normal es compatibilizar la escritura de guiones con otros trabajos. En mi caso, además de haber ejercido como periodista hace ya muchos años y más recientemente, de realizar sketches y dirigir un programa en Paramount Comedy, ahora mismo me gano la vida también dando clases de guión. Disfruto muchísimo con ello, así que no me  agobia tener que hacerlo. De hecho, es algo que no quiero dejar nunca, por mucho trabajo de guionista que tenga. Lo importante es que hay que tener claro que muchas veces para ser guionista y llegar a fin de mes, es importante no ser solo guionista.

Y las dudas siempre están ahí: ¿Valdré realmente para esto? ¿Por qué no he encajado en esta serie? ¿Qué es lo que hice mal para que la cadena no decidiera producir el guión del largo que llevábamos desarrollando con ellos dos años…? ¿Por qué no me saco una oposición y dejo de sufrir de una vez?

Así estamos casi todos de desquiciados.

En fin, A. Espero que algo en toda esta perorata te resulte útil. Yo me he sentido muy identificado con tus preocupaciones. Han sido las mías en muchas ocasiones, y estoy seguro de que tarde o temprano volverán a serlo.

Mucha suerte.

*Esa fue la regla que me puse yo por Ej. Y lo conseguí por los pelos. Ahora creo que aunque no lo hubiera logrado, no habría dejado de escribir. Disfrutaba demasiado con ello y soy bastante cabezón.


FIRMAS INVITADAS: CARLOS GARCÍA MIRANDA

8 diciembre, 2010

Carlos García Miranda ha sido guionista de las siete temporadas de la serie El Internado. Es autor de la idea original de Perros Muertos, la próxima película del director Koldo Serra, con el que escribió el guión. Actualmente escribe la segunda temporada de Los Protegidos.


EXTERNADO

Soy guionista y durante casi cuatro años he estado interno en El Internado. Lo bautizaron con ese nombre (no tuve ese honor porque me incorporé al equipo en el capítulo 2) por aquello de que la historia se desarrollaba en un colegio para niños pijos. La realidad es que ahí dentro había de todo menos estudiantes estudiando. Por sus aulas se pasearon nazis, niñas con los ojos en blanco, gnomos gigantes, fantasmas, una chica que podía verlos, un cocinero espía, una agente del Mosad que al tocar a alguien veía lo peor que había hecho en su vida…

Así contado suena de lo más marciano y al escribirlo un poco absurdo, pero en pantalla todo colaba y la serie funcionó como un tiro. Vale, perdimos un millón de seguidores en el camino, pero llegaron muchos hasta la meta (19,6% de share en el último capítulo). Hoy en día hay series que renuevan temporada sin sacar más de un once, así que en principio al internado le quedaban aún un par de años de clases, de esas a las que los alumnos no iban porque tenían que investigar.

Pero hace unos meses que el centro acabó consumido por las llamas. Fue porque así lo quisimos nosotros; por primera vez en nuestro país, la cadena y la productora escucharon las plegarias de los guionistas, que insistíamos en poner el punto y final antes de que las niñas de la serie fueran las nuevas estrellas adolescentes de la Superpop. Nos escucharon algo tarde, lo ideal habría sido terminar en el capítulo cincuenta, pero al menos no tuvimos que llegar hasta los cien y celebrarlo con un especial musical. En total fueron siete temporadas, 71 capítulos, y ni uno sólo bajó de los setenta minutos (acabo de darme cuenta de lo mucho que nos gustaba el número siete).

Siempre se hace arduo escribir episodios de series de prime time españolas, tan largas como la cola de guionistas en el paro, pero la cosa es aún más difícil cuando la trama de misterio, que podías haber contado enterita en diez capítulos, requiere continuidad. Sólo teníamos permiso para dar algún avance importante al final de algunos capítulos, así que no nos quedó otra más que dar vueltas, como en los culebrones. De ellos también tomamos prestado su esquema para las historias emocionales, que son las que de verdad te dan de comer durante cientos de páginas. Aunque a muchos les pese, lo que la gente quiere ver son besos y bodas horteras, y lo de dónde está el muerto desaparecido no le importa a nadie, a no ser que el difunto sea capaz de sacarle las lágrimas a borbotones al prota.

Pero no sólo de llorar vive el hombre. El Internado triunfó por muchas otras razones. La más sencilla es que fuimos los primeros, como Duchamp con su urinario… Bueno, vale, no hicimos vanguardia televisiva, pero sí es cierto que cuando la serie asomó por las televisiones, con esa mezcla extraña de dramedia picada con misterio y culebrón, no había nada parecido y mucho menos de pata negra. Por eso nos concedieron un Ondas con sólo seis capítulos emitidos (si llegan a ver más igual se lo habían pensado mejor). Detrás de nosotros vinieron unos cuantos productos parecidos y hace un par de años años el referente en las productoras para comprar proyectos era El Internado.

También ayudó a darle un  buen empujón a la serie el reparto. Un par de tíos buenos recién salidos del horno, como Yon González y Martín Rivas pusieron más de una braga en el techo. Ana de Armas, Marta Torné y Blanca Suárez hicieron lo propio con el público masculino, pero menos porque ya se sabe que la tele es de las chicas y para ellas escribimos eso de “Marcos, sin camiseta, abre la puerta de su habitación”. ¿A qué no adivináis dónde estaban los picos de audiencia?

Además de a los futuros relevos Fotogramas, teníamos unos cuantos actores de los de verdad, de los que tu madre dice: “Ésa es del teatro de toda la vida”. Cristina Marcos, Natalia Millán, Luis Merlo y sobre todo, Amparo Baró. El Internado fue lo primero que hizo después de Siete Vidas y había expectación por ver si era capaz de dejar de dar collejas. Seguro que no le faltaron ganas de soltarnos unas cuantas a los guionistas, porque la pobre se chupó todas las secuencias de comedia con esas dos niñas adorables, Evelyn y Paula (Denis Peña y Carlota García). Muchos fans odiaban esas tramas porque cortaban el rollo del misterio, pero estaban ahí justo para eso, como cortamiel. Entre tanto mal rollo que tenía la serie también había que sacarle una sonrisa a las abuelas (íbamos a por toda la familia que, a fin de cuentas, esto era Globomedia).

Aunque el verdadero secreto del éxito de la serie, lo que hizo que la gente se pasara horas en los foros elucubrando teorías, fueron sus (marcianos) guiones. En los capítulos de El Internado, el arranque era casi un resumen de los anteriores porque todo lo que pasaba era tan complicado que necesitaba masticarse de nuevo semana tras semana. En el segundo acto había ligeros avances, pero también muchas secuencias de “arroz con leche”, del tipo:

HECTOR

(preocupado)

Jacinta, ¿te acuerdas lo que pasó en esa habitación?

JACINTA

(tocada)

Pues claro que me acuerdo… No he podido olvidarlo.

HECTOR

(angustiado)

Nunca debiste contármelo…

JACINTA

Tenías que saberlo, algún día lo harás tú…

HECTOR

(con miedo)

¡No, saldrá mal! Déjalo, no quiero volver a hablar de ello.

Así durante dos páginas. ¿De qué estaban hablando? Pues de la receta del arroz con leche. O sea, de nada, pero aparentemente de algo supermisterioso porque en esta serie lo de “arriba arriba” y “de más a más” era la religión. Hubo muchas secuencias arrozlechistas con avances tramposos, pero, ¿sabéis qué? Colaban.

Eso sí, las verdaderas estrellas eran los terceros actos. Al escribir este engendro televisivo aprendí que si tienes buenos finales, todo lo que hayas contado por delante, aunque sea algo irregular, la audiencia te lo perdona.  Más aun si le das un gancho de los de quedarte pegado a la silla. No es por tirarnos flores, pero nuestros ganchos eran más eficientes que el super glue. Y eso no fue moco de pavo a partir de la tercera temporada, cuando ya habíamos dejado a todos los protas al filo de la muerte un par de veces. Menos mal que Ana de Armas quiso irse a hacer las Américas y pudimos demostrar que íbamos en serio (el personaje al que interpretaba murió a mitad de la quinta temporada). Vale que algunos ganchos fueron tramposos, inverosímiles y un montón de adjetivos descalificativos más, pero molaban. A la audiencia le molaba que les engañáramos. Ay, y a mí me gustaba engañarles, pero ahora estoy externado…

A toro pasado, soy consciente de que en ninguna otra serie me dejarán escribir la historia de un colegio debajo del cual hay un laboratorio de experimentación genética en el que se está preparando una pandemia mundial, cuya única máquina para curar la construye un científico misterioso que también sabe colarse en los sueños ajenos.

 


A %d blogueros les gusta esto: