FIN DE CURSO 2009/10

14 julio, 2010

Por Chico Santamano.

¿Pueden olerlas verdad? Apesta a playa, montaña o asfalto derretido. Las vacaciones de verano ya están aquí y algunos agraciados podrán huir lejos de su lugar de trabajo y descansar los cerebelos durante unos días.

Sin embargo, un servidor se quedará currando junto a otra panda de entrañables guionistas en una nave del extrarradio de Madrid. Nos pondremos morenos subiendo el brillo de nuestros monitores y escucharemos cada tres horas “Bad Romance” de Lady Gaga. Nos tomaremos el yogurt de limón del catering con pajita para creer que nos vamos de cócteles y por supuesto, nos autosugestionaremos para convertir  en nuestras mentes el interfaz del Screenwriter en nuestro chiringuito de playa preferido. Con este plan, entenderán que al menos me coja unas vacaciones de blog, ¿verdad?

Para esta fiesta de fin de curso, quiero recogerles en casa de sus padres con mi descapotable alquilado, ponerles una orquídea en la muñeca, bailar en el gimnasio del insti hasta que el ponche no nos permita mantenernos en pie y llevarles al mirador más bonito del mundo. Pero OJO, no para morrearles y acariciarles los pezones por encima del sujetador, no… Quiero cuchichearles al oído unos cuantos temas de los que no me quiero ir sin rajar un poco.

Aunque la crisis económica nunca hubiera rozado la Península Ibérica, el insuficiente, por no decir inexistente, plan de financiación de TVE está provocando estragos. Hace unos días, se habló de que “España Directo” sólo continuaría recortando notablemente su presupuesto. Pero no sólo los programas están viendo mermadas sus cuentas. Las productoras de ficción ya están recibiendo llamadas para recortar notablemente las partidas presupuestarias. De donde no hay no se puede sacar y al parecer el Ente pretende seguir teniendo una programación de primera por mucha menos pasta. La pregunta ahora es, ¿cuánto podrán estirar esta situación económica tan precaria? ¿Cuánto tardará en volver la publicidad a determinadas franjas de la parrilla? ¿Cuándo van a empezar a rodar la serie sobre Isabel la Católica que anunciaron hace meses y que un servidor adelantó bastante antes?

La última pregunta no tiene nada que ver con el anterior párrafo, pero me viene bien para contarles lo que ya saben, que la serie se retrasa. ¿Motivos? Se cuenta de todo un poco. Desde que no hay pasta suficiente para hacerla de manera decente, pero alguien se ha empeñado en sacarla sí o sí aunque suponga una sangría loquísima difícil de cortar o que se ha desatado un “desencuentro” entre las dos productoras que iban a llevar juntas de la mano el proyecto. Una productora pequeña, otra grande… Al parecer, la pequeña fue la impulsora de la serie. La grande era la que ejercía de aval ante TVE. Después de múltiples negociaciones fallidas, se dice que finalmente “la grande” se ha llevado el gato al agua y acabará haciendo la serie en solitario, dejando en la cuneta a la productora pequeña. Si tienen algún dime, o incluso algún direte que aportar sobre la noticia… ya saben… los comments son suyos.

Y si hablamos de series de época, no puedo dejar de hacer una reflexión. Es curioso como la industria de la ficción televisiva se está pareciendo cada vez más a la “industria” del cine. Con la aparición de mil docenas de nuevos canales de televisión y la consiguiente repartición de audiencias, todo el mundo apostaba por una bajada considerable de los presupuestos de las series. Parecía lógico pensar que si una serie iba a tener menos espectadores, tendría menos ingresos publicitarios y por lo tanto menos presupuesto para invertir en ella, pero curiosamente para la nueva temporada se nos viene encima un fenómeno curioso. Como ya les decía, la tele se está pareciendo demasiado al cine. Actualmente en la industria cinematográfica no hay sitio para las producciones medias. Es casi más fácil levantar un proyecto de coste multimillonario que una película con un presupuesto moderado. Se ha radicalizado todo. O peliculones a lo “Alatriste”, “Agora”, “Planet 51” o pequeñas películas milagro con alta capacidad de rentabilidad como “REC” o “Extraterrestre”, lo nuevo de Nacho Vigalondo. Pues en la tele igual… o “La pecera de Eva”, “Sexo en Chueca”, “Impares” y “Bicho malo” en un extremo. O en el otro, bien lejano, producciones de coste más elevado como “Hispania” (la de romanos de Antena 3), “República” (la seudo secuela de “La Señora” para TVE) o la nueva batería de producciones lustrosas de Telecinco: “Tierra de Lobos” (una especie de Gavilanes en el siglo XVII), la de Piratas en Galicia (producida por Mandarina (!) ), la de los soldados en Afganistán con Belén Rueda, la de ciencia ficción con cárcel futurista de Boca a Boca…

He sacado a “Aguila Roja” de esa lista porque quiero dedicar un cuchicheo exclusivo. Imagino que ya están enterados de que están haciendo una película aprovechando la historia, los decorados y toda la infraestructura creada para la serie. Yo apuesto por un éxito rotundo de taquilla y Globo espera que así sea porque se dice que esa película es la única opción para sacarle realmente beneficios al invento de “Aguila Roja”. Tras los recortes de TVE y unas condiciones contractuales leoninas, Globo no tiene más que pérdidas con la serie de Francis Lorenzo y sólo la explotación en salas del invento puede suponer verle al fin un mínimo beneficio a la serie. ¡Mucha suerte, Javier Gutiérrez y cía!

Fíjense cómo voy hilando temas… Tele, series, recortes, Globomedia… ¿Se imaginan que esta misma productora se currara una sesión de fotos promocionales del reparto de una de sus series y sólo sacaran a las chicas en paños menores? ¿No les parecería denigrante para las pobres actrices? ¿Qué me dicen de esta sesión? ¿Evolución o involución? ¿No existen fans masculinos heterosexuales o fans lesbianas de “El Internado”? ¿No merecemos deleitarnos con las virtudes físicas de Blanca Suárez? En cualquier caso, por encima de un “¿por qué ellos sí  y ellas no?” Sobrevuela algo más por encima… ¿por qué esos pantalones blancos, Dios de la Moda!? y sobretodo… qué pose tan ridi, ¿no?

Ups! amigos… se acabó la fiesta… pero no del todo. Voy a dejarles programados unos posts refritos (pero que sabrán como a recién hechos) para que todos los miércoles tengan algo que echarse a la boca. Y en septiembre, si no antes, prometo volver para que nos contemos cosas que en el fondo no nos interesa lo más mínimo, pero nos dan que hablar en las cenas. Ya me entienden…

¡Oh! ¡Lo siento! Aquí viene de nuevo… Rah, rah, ah, ah, ah… roma, roma, ma…

Sean felices.


DE ALTAMIRA A FRANKENSTEIN, PASANDO POR DANI ÉCIJA

17 junio, 2010

Leo en el siempre interesante Focoforo un hilo que abre así el muy ilustre Fanshawe:

Hoy me he desayunado con un artículo doble sobre la ficción en España publicado en El País. Uno es un texto sobre las quejas de los guionistas y creadores acerca de las exigencias de productoras y televisiones a la hora de hacer series:

http://www.elpais.com/articulo/sociedad/corse/aprieta/guionistas/elpepisoc/20100612elpepisoc_1/Tes

Ya sé que son cosas ultrasabidas por todos aquí y en otros mentideros (me encanta decir mentideros) de Internet, a saber: putas series de 70 minutos donde tiene que haber una familia, un desayuno grupal, un niño, un abuelo, un perro, dos adolescentes, etc; para todos los públicos que interese al abuelo y al nieto. Sí, todo eso lo sabemos pero a mí me resulta muy interesante y significativo que eso “que ya sabemos” ahora salga publicado en un periódico de tirada nacional, es decir, que pueda ser leído por un grueso de la población a la que los foros de internet les traiga al fresco.

Más interesante aún me resulta el artículo que escribe Daniel Écija, gran jefe indio de Globomedia, defendiendo el modelo de ficción nacional:

http://www.elpais.com/articulo/sociedad/patio/butacas/irrenunciable/elpepisoc/20100612elpepisoc_2/Tes

La retórica de Écija es la clásica “institucional”, con un punto paternalista y otro de “no tenemos más remedio, la gente demanda esto”: que si el público español es el que es, que si tenemos que intentar llegar a todos porque si no no hay rentabilidad y no se puede hacer ficción, que si la estructura de la TV de pago nacional no permite otro tipo de apuestas más arriesgadas…

Independientemente de filias y fobias, ¿cómo se pueden rebatir los argumentos de Écija cuando efectivamente ideas con un punto de riesgo mayor se pegan castañazos importantes? Me gustaría escuchar la opinión del foro con un punto de seriedad sobre este tema, que ha salpicado otros hilos pero que creo que aquí queda muy resumidito, con el punto ese además de que El País decide colocarlo sobre una mesa más amplia que el debate de la red.

¿Se puede cambiar o ampliar el modelo de la ficción de series en España, señoras?

El hilo continúa como es habitual en un foro, incluso en un foro de cierto nivel como éste: yéndose por los cerros de Úbeda. Reconozco que lo he leído en diagonal y a toda velocidad, pero creo que nadie contestaba a la pregunta crucial del mensaje de Fanshawe:

¿Cómo se pueden rebatir los argumentos de Écija cuando efectivamente ideas con un punto de riesgo mayor se pegan castañazos importantes?

Voy a aportar mi reducida experiencia y mi dilatada arrogancia para intentar contestar a esta pregunta con el punto de seriedad que demanda (y merece) Fanshawe.

Como la mayor parte de ustedes sabrán, hay muy poco margen de creatividad en el mercado televisivo de ficción español. Ése es el problema central. Como un día me dijo un amigo director, “yo no tengo ningún problema con el público. Mi problema es con los intermediarios que se empeñan en impedir que mi obra llegue al público tal y como yo la diseño”. El arrollador éxito que había tenido en sus proyectos independientes le daba la razón.

Pero no quiero perderme en digresiones pro-indie. ¿Por qué hay tan poco margen de creatividad en la ficción televisiva nacional? Porque 8 de cada 10 series se diseñan tratando de encajar en las demandas previas de una cadena. Y las demandas de las cadenas son increíblemente conservadoras.

El funcionamiento normal de una productora en contacto con una cadena incluye por un lado la propuesta de proyectos propios, vamos a llamarlos “originales”; y por otro, la propuesta de proyectos que responden a las demandas antes citadas.

“Antena 3 está buscando comedias juveniles.”

“Telecinco quiere hacer una serie con José Coronado.”

“Cuatro está buscando un formato… increíblemente barato.”

Cosas así.

La posibilidad de que un periodista con talento para la ficción se invente una serie policíaca increíblemente verosímil sobre los tejemanejes de la mafia que reina en el puerto de Barcelona o en los supermercados de la droga en Madrid y acabe colocándola en una cadena con gran éxito es absolutamente ínfima.

Y estoy tratando de ser optimista. Siendo realista, diría que ES IMPOSIBLE.

Y es imposible porque, sencillamente, las cadenas no quieren productos así. Las cadenas quieren productos que cumplan al menos dos de estas condiciones:

a)    Contener elementos clave de éxitos anteriores. Entre los cuales se valorará especialmente el estar protagonizados por actores de mucha fama (o por actores de medio pelo que la cadena ha decidido proteger, sabe Dios por qué).

b)   Presentar un contenido que no ofenda a determinados grupos de presión, ya que eso que podría comprometer la imagen pública de los patrocinadores que pagan la serie mediante la publicidad.

c)    Responder a las supuestas demandas del público, según estudios de mercado elaborados sabe Dios con qué criterio pseudocientífico (léase esotérico).

Esos son los tres pilares sobre los que se sustenta el sistema de valores de la ficción televisiva española. Y muy, muy pocas veces se verán en pantalla series que no responden a esos cánones.

Y por supuesto, no necesariamente saltarse esos cánones hace que las series sean buenas. (Sé que los trolls de turno van a fingir no haber leído esta frase, pero yo la dejo escrita: que cite algunas series como ejemplo de las que cumplen o no esos cánones, no quiere decir que me gusten, ni que me disgusten.)

La mayor parte de las series de Globomedia cumplen esos cánones. Es cierto que suelen contener algunas pasadas verbales, pero el habitual enfoque sainetero de su humor casi siempre evita que se sientan realmente ofendidos los lobbies más coñazo: ultracatólicos, ultrafeministas, ultrahomosexuales, ultra-andaluces/catalanes/vascos/gallegos/etc.

Algunas series que se han saltado parte de esos cánones con un éxito arrollador han sido, por ejemplo, las series de época de Televisión Española: Cuéntame, La Señora y Amar en Tiempos Revueltos. (Águila Roja no la cuento como serie de época básicamente porque la época se la inventan. Lo cual no juzgo ni como defecto ni como virtud.) Estas series de época han demostrado, por ejemplo, que el punto C de los mandamientos de la cadena es tremendamente peligroso. Cuéntame anduvo 7 añazos dando vueltas por las cadenas sin que nadie se decidiese a comprarla. “Porque la historia reciente de España no interesa a la gente.”

Pero hay otro supuesto, además de “series que no cumplen los cánones” y “series que las cadenas deciden comprar tras siete años considerando que no es el momento. Son las series que un productor con labia consigue venderles a pesar de sus reticencias.

Ésas son las peores. No quiero dar nombres propios, pero últimamente ha habido algunos castañazos sonados con series que partían de presupuestos completamente contrarios a los que configuran las series estándar. Series que trataban de desafiar el establishment en todos los ámbitos: entorno, personajes, formato, estética visual…

Y se estrellaron. ¿Acaso no se pueden rebatir los argumentos de Écija? ¿Acaso hay sólo una manera de hacer series en España? No lo sé. Pero tengo una cosa clarísima con respecto a los mandamases: si no les vendes la moto a la primera, no insistas. Casi nunca conseguirás vendérsela a la segunda. O también puede que tengas mucha labia y acabes convenciéndoles de hacer tu serie, sólo que… para entonces ya no será tu serie, y recordarás el viejo adagio de santa Teresa.

Será un Frankenstein. Una mezcla de elementos originales con injertos de clásica ranciedad españolaza.

La cadena aceptará ese entorno original, pero insistirá en meter con calzador a un actor rancio. Y creerás merece la pena ceder, porque un manchurrón no estropea Las Meninas.

La cadena aceptará esos personajes chocantes y controvertidos, pero insistirá en que haya un niño, o un abuelo, o un genio de la informática con ataques de verborrea, o cualquier otra imposición arbitraria camuflada de estrategia para enganchar a determinado sector de la audiencia. Y cederás, porque un mal suplente no estropea un buen equipo.

La cadena aceptará esa historia que no se parece a nada, y esa narrativa tan seca y exenta de melodrama… a condición de que estires los capítulos hasta 70 minutos y metas un par de subtramas: una que se parezca a determinado éxito, y otra que tenga algo de melodrama. Y cederás, porque una pequeña vía de agua no hunde un barco, si se achica agua a tiempo.

La cadena, en fin… aceptará que ruedes con estética cinematográfica y estará encantada con que tengas muchos exteriores, pero te dará un presupuesto que lo hará casi imposible. Y cederás, porque tu naturaleza aventurera hace que te estimulen los desafíos.

Y al final del proceso te verás con una serie que dura lo que las de siempre, que tiene a los actores rancios de las de siempre, con personajes y tramas rancios como las de siempre… y encima se ha hecho con menos dinero que las de siempre.

A mí me parece que el artículo de Dani Écija es muy muy muy interesado. Cita algunos datos para a continuación convertirlos en dogma. Una tesis tan sólida como “rellene la quiniela con los resultados de ayer.” Pero, ¿qué va a decir este señor? Él no es un creador, sólo es un mercader. Un mercader de muchísimo éxito, ojo. Un tipo que ha identificado UNA manera de hacer las cosas que tiene mucha aceptación en las cadenas. Y que ahora intenta, a través de las páginas de un diario amigo, decirnos tácitamente que la suya es LA ÚNICA manera de hacer las cosas. Esto, que sería absolutamente deprimente para cualquier creador, es estupendo para un vendedor. No hay que cambiar de medios de producción, no hay que pensar… sólo hay que darle al rodillo de imprimir billetes.

Personalmente, creo que Écija es un maestro en lo suyo. Un tipo astuto que sabe vender su producto con maestría. Pero igual que no me convencen algunas de sus técnicas para convencer a la gente de que no se vaya de Globo (“ahí fuera hace mucho frío”), tampoco me convence su artículo. No creo que el estilo Globomedia sea la única forma sensata de hacer televisión. Cierto que las cadenas viven una hipnosis colectiva según la cual Dani Écija conoce y administra la fórmula del éxito, con pocas excepciones (Bambú, Diagonal TV…)

Cierto que Globomedia también ha tenido pinchazos. Cierto que las cadenas no aprenden de sus errores, sino que tratan de repetir sus éxitos de una manera casi mágica. Su estrategia de supervivencia se asemeja a la de los pobladores de Altamira: pinta mamut, cazarás mamut.

Pero como en este negocio nada es una ciencia exacta, por definición, TIENE QUE HABER más maneras de hacer las cosas. Es sólo cuestión de tiempo. Cuando cambie la gente que maneja el cotarro hoy en día en las televisiones -cuya edad promedio también se asemeja a la de los pobladores de Altamira- cambiarán los prejuicios absurdos sobre “lo que interesa a la gente”. Tengamos en cuenta que los últimos años de éxitos continuos en TVE coinciden en parte con la llegada de gente joven a los puestos de responsabilidad en ficción, que ha apostado por maneras distintas de entender la ficción.

Cuando más gente joven, formada en ámbitos distintos al franquismo y el nacionalcatolicismo, ocupe los puestos de responsabilidad, es de esperar que equilibren un poco mejor la balanza entre creatividad y mercadotecnia. No hace falta que le den un vuelco, basta con poner cada cosa en su sitio: la gente con talento crea el producto, la gente con corbata lo vende.

Ése es uno de los secretos del éxito de Globomedia: su marchamo de calidad es tan apabullante, que la mayoría de las cadenas confían casi ciegamente en el producto, sin necesidad de intervenir significativamente en los guiones. Más o menos lo mismo que ocurre en las series de éxito de TVE. Si las cadenas se limitasen a contratar a buenos profesionales y les diesen un margen de creatividad razonable, minimizando sus intervenciones en texto y casting, y metiéndose sus estudios de mercado por donde buenamente les cupiesen, todos seríamos más felices.

Que es de lo que se trata. ¿No?


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