“LA NORMALIZACIÓN DEL CÓMIC HA HECHO QUE ESA ETIQUETA DE PRODUCTO EXCLUSIVO PARA NIÑOS QUEDE EN EL OLVIDO”

14 diciembre, 2017

Por Àlvar López y Carlos Muñoz Gadea

La industria del cómic vive un momento contradictorio. Por un lado, nos encontramos ante uno de los momentos donde converge mayor talento nacional, con un sinfín de autores y guionistas de cómic publicando historias nuevas y originales. Por otro, no obstante, sucede que este auge no viene acompañado de mejores condiciones económicas para los que escriben cómics: son varios los guionistas de este género que deben compaginar dicha profesión con otras labores… u otras formas de publicación, como la autoedición. Para hablar de todo ello (y aprovechando que fue uno de los autores que citasteis en nuestro Twitter sobre guionistas que querríais ver entrevistados en el Blog) nos hemos juntado con Roberto Corroto, autor de cómic que ha apostado por la autoedición como forma de vida. Decisión que, a él, solo le ha traído alegrías.

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Antes de meternos de lleno en el terreno de la autoedición, creemos que en primer lugar sería interesante saber qué nos puedes contar de 1937: la toma de Málaga, cómic que acaba de ver la luz. ¿Te documentaste mucho antes de ponerte a escribir?

Muchísimo. De hecho era el proyecto en el que más tiempo había empleado en la fase de documentación. Digo era, porque ahora estoy con otro que va a superar incluso a 1937: la toma de Málaga. Cuando Román López-Cabrera y yo nos pusimos manos a la obra, ambos estuvimos de acuerdo en que debíamos ser muy rigurosos en cosas como los uniformes, armas, vehículos de combate, edificios, escenarios (Cerro de la Tortuga; Puerto de los Alazores; Puerto del León) y en la cronología de los hechos históricos. Así que hubo que invertir casi tanto tiempo en esta fase, como en la escritura del guión en sí. Pero el resultado ha merecido la pena.

¿Cómo es el proceso de construcción de personajes en este cómic, donde mezclas ficción y realidad?

Por un lado tenemos los personajes ficticios, que en su mayor parte venían con el encargo, por así decirlo. Los metahumanos que militan en el CTV ya habían aparecido en otras historias de la línea que Carmona en Viñetas dedica a sucesos de la Guerra Civil Española. La premisa de dicha línea es mezclar hechos y personajes históricos con personajes ficticios que tienen poderes especiales. Y los metahumanos que defienden Málaga estaban igualmente definidos, aunque no habían aparecido antes. Lo que sí hice con este segundo grupo fue crearles unos lazos más allá del compañerismo, que los distinguen de los del CTV. Son como una pequeña familia y así se manifiestan tanto verbal, como físicamente. Por otro lado, fue muy jugoso el poder llevar al guion personajes reales como Franco, Queipo de Llano, Mario Roatta, Edmondo Rossi o José Villalba Rubio. Además, Román tuvo la idea de introducir una página donde Miguel Hernández recita parte de El pueblo en armas.

¿Utilizaste escaleta para hacer una trama general antes de ponerte a escribir?

Sí, aunque no la uso por norma. Hay veces que no la utilizo porque tengo la historia en la cabeza, como con Sicarios, por ejemplo. Pero en este caso, pensé que para no meter la pata con la cronología de los sucesos históricos, debía listar lo que iba a suceder en la trama. Luego hubo un par de escenas que se añadieron a posteriori, mientras hacía el guión, pero la base es la que se puede leer en el cómic.

¿Cómo fue el proceso de mezclar ciencia ficción, superhéroes y hechos históricos?

Como he dicho antes, la base de la línea es mezclar hechos y personajes históricos con personajes ficticios que tienen poderes especiales. Ha sido como jugar con unas reglas ya fijadas de partida. Pero lo que sí que tenía claro a la hora de meterme en este proyecto era que no iba a hacer una historia de superhéroes en la Guerra Civil, sino una historia de la Guerra Civil con superhéroes. Si cogemos a los metahumanos que aparecen en 1937: la toma de Málaga, y los sustituimos por humanos sin poderes, la historia no cambiaría en nada.

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Ahora sí: aprovechando que Sicarios está disponible desde diciembre en Aces Weekly, gestionada por David Lloyd (V de Vendetta), nos gustaría que nos contaras cómo ha sido la experiencia de la autoedición con esta colección.

Ha sido una de las mejores decisiones que pudimos haber tomado en su momento. Y eso que ni fue sencillo tomar esa decisión, ni sigue siéndolo el dedicarle la atención que requiere. Hay que tener en cuenta que le invertimos casi el mismo tiempo a las labores propias de editor, que a las de guionista y dibujante. Hubo que hacer la web y mantenerla actualizada; tener una imagen de la marca Zona 00 Comics; gestionar las redes sociales; encontrar una imprenta que fuera óptima en calidad/precio; hacer labor de departamento de prensa para intentar que en los medios especializados se hagan eco de los lanzamientos; tratar con las tiendas donde venden nuestros cómics. Todo eso se lleva una cantidad ingente de tiempo que nadie te explica cuando quieres meterte en esto de la autoedición. Pero es algo indispensable si quieres hacer las cosas bien. Pero como digo, no nos arrepentimos para nada, y la experiencia ha sido y sigue siendo inmejorable.

Por otro lado, ¿por qué te decantas por la autoedición?

Después de un tiempo intentando que editoriales nacionales se interesaran por publicar Sicarios, nos llegó la oferta de Aces Weekly. Son una plataforma que publica volúmenes en formato digital. Cada volumen tiene diferentes historias que se van lanzando por entregas. Cada semana, los suscriptores leen un número de páginas hasta completar todas las historias en la séptima semana. Pensamos que podíamos invertir lo que se generaba allí, para lanzar aquí las mismas historias en papel y en español (en Aces Weekly se lee en inglés, obviamente) por nuestra cuenta. Y así lo hicimos. Sabíamos que era un buen producto, y nos negamos a dejar que se quedara en el fondo de un cajón. El tiempo creo que nos ha dado la razón.

¿Qué ventajas le ves a esta forma de edición respecto al camino más tradicional de buscar un editor?

La principal ventaja es que no tienes que buscar y encontrar ese editor que te diga “sí, quiero”. Si tienes una historia, y tienes dinero para lanzar una pequeña tirada, hoy día se puede hacer sin miedo a perder un pastizal como hace años, donde los costes en imprenta eran mucho mayores. Otra ventaja es que tienes la libertad creativa para hacer y deshacer lo que consideres, sin ningún tipo de cortapisa en continente y contenido. De hecho, el formato de Sicarios (grapa en apaisado) fue el principal hándicap que tuvimos a la hora de que alguna editorial apostara por nosotros. Y otra de las principales ventajas de la autoedición, es que sea poco o mucho, las ganancias repercuten en nosotros, a diferencia de lo que sucede cuando trabajas para una editorial. Ahí, el autor es el último mono en el reparto.

¿Qué ha significado Sicarios en tu trayectoria profesional?

Sicarios ha sido un punto de inflexión en mi vida como guionista. Todo lo que ha venido a posteriori, empezó hace tres años cuando Ertito Montana y yo nos lanzamos a la aventura de autoeditarnos. Me ha dado visibilidad, que a su vez ha servido para que empezaran a encargarme proyectos u ofrecerme participar en otros. Me ha permitido establecer un vínculo creativo con mi socio, que va más allá de la complicidad profesional. Y me ha dado la oportunidad de trabajar a largo plazo con unos personajes que ya son parte de mí. O mejor dicho, Phil y Riot tienen mucho de mí y lo que les pasa tiene mucho que ver con mis gustos en televisión, cine, literatura o cómic.

¿Por qué te decantaste por cambiar el género en cada número de dicha colección?

Fue algo que se me ocurrió tras terminar el guión de Sicarios #1: Olmito. La historia es un western pero sabía que Phil y Riot tenían el potencial suficiente como para resistir cualquier escenario donde los colocara. Se lo comenté a Ertito y estuvo de acuerdo. Sicarios #2: Colgados en el desierto es una historia de horror cósmico con un aire a Las colinas tienen ojos. Sicarios #3: Saint Rose es un drama carcelario que nos permite contar cómo se conocieron los protagonistas. Y Sicarios #4: Lo maté por el Yogurt es acción 100%, usando la estructura de películas como Dredd o The Raid. De momento, Phil y Riot siguen resistiendo y ahora en la nueva aventura que se está publicando en Aces Weekly Vol. 31, Sicarios Adventures #1, se les puede ver en medio de un bosque de Pennsylvania, con una historia que gustará especialmente a los seguidores de Posesión Infernal.

¿Qué le recomendarías a un guionista novel que quisiera introducirse en la industria del cómic?

Que se lo piense dos y tres veces. Por lo menos. Este es un trabajo con sus cosas buenas y malas, como todos los trabajos. Quiero aprovechar para hacer hincapié en los familiares directos de los que nos dedicamos a esto, porque se merecen un monumento. Y si aún así, alguien quiere seguir siendo guionista de cómic, pues lo mejor que puede hacer es leer mucho y escribir tanto como pueda. No hay otra manera de mejorar. Bueno, y si puede hacer historias variadas, en vez de contar siempre las mismas una y otra vez, creo que irá por buen camino.

A tu parecer, ¿cuáles son las mayores diferencias entre el proceso de escritura de cómic y de un guión de largometraje?

El formato es libre en el guión de cómic. Conozco compañeros que usan software tipo Celtx por ejemplo, pero yo sigo tirando de Word, aunque lo cierto es que ya me he hecho una plantilla que está cerca de lo que se puede leer en un guión de cine. Otra diferencia es que en el guión de cómic normalmente divides la historia en páginas y estas a su vez en viñetas. En cada viñeta los personajes solo pueden hacer una cosa. El uso de las elipsis es también algo muy característico del guión de cómic. Y por supuesto hay que saber cuándo y cómo hacer uso de los diálogos extensos, intentando controlar que te posea el espíritu de Tarantino.

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Y respecto a la figura del guionista de cómic en España, ¿cuál es tu percepción por lo que se refiere a posibilidades de ganarse la vida, de editar, etc.?

Ganarse la vida como autor de cómic en España es difícil en general. Pero si encima eres guionista lo tienes más complicado aún. Editar no es complicado, una vez que te das a conocer y la gente sabe quién eres. Pero eso no implica que te vayas a poder ganar la vida exclusivamente con lo que escribes. Muchos de los colegas de profesión que conozco no se pueden dedicar solamente a esto del cómic. Lo han de complementar con otros trabajos para poder vivir sin apreturas.

¿Cómo ves, por lo que se refiere a talento, el panorama comiquero actual?

Creo que vivimos uno de los mejores momentos, por no decir el mejor, en cuanto a talento comiquero se refiere. La prueba es que cada vez se están viendo a más autores nacionales trabajando para las industrias punteras en este mundillo: USA y Francia. La gente tiene que buscarse las habichuelas fuera. Por fortuna, las nuevas tecnologías han hecho que la distancia ya no sea ese hándicap con que sí contaban los primeros en abrir camino en los años 90.

¿Y respecto a los próximos años? ¿Qué cambios crees que vamos a vivir?

Pues espero que sean cambios que reafirmen el buen momento que vivimos ahora. Espero que se pueda hablar algún día, a ser posible antes de que me muera, de una industrial real del cómic español. No lo que hay ahora. Eso es lo que espero. Lo que vaya a suceder no lo tengo tan claro.

¿Crees que ya hemos dejado atrás en España la percepción de que el cómic o novela gráfica es un género destinado al público infantil?

Yo pienso que sí. Es otro de los aspectos positivos que creo que se han dado en los últimos años. La normalización del cómic, el verlo en medios generalistas: en radio, televisión, prensa… ha hecho que esa etiqueta de producto exclusivo para niños quede en el olvido. Y creo que el que siga pensando así es que anda un poco desconectado de la realidad.

Por último, si quisieras ver a algún guionista de cómic entrevistado en Bloguionistas, ¿cuál sería y por qué?

Querría ver a unos cuantos. Pero si tuviera que elegir me decantaría por dos personas que han tenido bastante que ver en que me planteara en serio lo de ser guionista de cómics: Raule y El Torres.


INCERTA GLÒRIA: “EN LA GUERRA CIVIL HAY TEMÁTICAS DE SOBRA COMO PARA HABLAR SOBRE ELLA DESDE MUCHOS PUNTOS DE VISTA”

24 marzo, 2017

Por Àlvar López y Carlos Muñoz Gadea

Incerta Glòria es el título de la nueva película de Agustí Villaronga. Basada en el libro homónimo de Joan Sales (catalogado como “la gran novela de la Guerra Civil“), el guión que han escrito Villaronga y Coral Cruz apuesta por centrarse y profundizar la relación de tres de los personajes protagonistas de la novela, así como reflexionar sobre las consecuencias de la Guerra en ambos bandos, como ya hiciera en Pa NegreTras la proyección de la película en los cines Babel de Valencia, Isona Passola (productora de la película) y Villaronga contestaron las preguntas de la prensa.

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Empezó Isona, hablando sobre la recaudación de la película en su primer fin de semana. “Hemos quedado segundos, con una recaudación cercana a los 154.000 [solo por detrás de La Bella y la Bestia]. Competir con los americanos, los mejores del mundo, no es broma. Por lo que estamos contentos. Ha sido un esfuerzo tremendo de producción, pero el resultado es muy bueno. Ha sido una gran experiencia”, explicó.

Isona siguió haciendo referencia al cambio que está viviendo el audiovisual, puesto que, como dijo, “en términos de proyección audiovisual, si vendes la película a una plataforma fuerte (como ha sido el caso) estás abarcando todos los públicos, y eso es algo a lo que aspira cualquier productor y autor.”

La relación entre Passola y Villaronga viene de lejos, puesto que ya han rodado juntos varios proyectos, algunos tan conocidos como El Mar o Pa Negre. “Ya somos un matrimonio. Él sabe lo que yo le doy y yo sé lo que él me da. Somos un tándem que pedaleamos a la vez”, explicó. También quiso destacar Passola la importancia de que producción y guión sean departamentos que estén en continua relación.”A mí me gusta mucho el guión, y la parte artística, y con el paso de las películas hemos aprendido a calibrar muy bien qué escenas necesitan una producción más alta y cuáles un registro más bajo. Hemos aprendido también a saber qué escenas son las más importantes emocionalmente hablando para centrarse en ellas”, añadió.

Por último, Passola quiso hacer referencia a cómo han afectado los cambios en el sector en lo que se refiere a la forma de escribir y de montar. “Los productores, guionistas y realizadores tenemos que renovarnos. Todo ha cambiado. Por ejemplo, ahora hay que rodar muchos más primeros planos, porque la gente cada vez mira los productos audiovisuales con pantallas más pequeñas o más grandes. La rapidez mental ha cambiado. Agustí tenía unos montajes más pausados, y aquí hemos apostado por un ritmo de escritura y de película diferente”.

En este momento, Agustí, que estaba acabando una ronda de entrevistas, entra en la sala donde le esperamos junto a otros periodistas. A continuación recogemos algunas de las respuestas de ambos más interesantes por lo que se refiere a la escritura del guión y su reflejo en el acabado final.

¿Qué es lo que te convenció de la novela para lanzarte a hacer la adaptación?

Agustí: Bueno, en primer lugar el entusiasmo de la señora aquí presente (ríe). La verdad que costó hacer la adaptación, primero porque la novela es muy larga, extensa y densa. Hay muchas situaciones y personajes interesantes, y sabía que por donde tirase tendría que ir con mucho tiento, que por narices tendría que eliminar mucho. La verdad que en este proceso fue muy útil el trabajo de Coral Cruz, que hizo el proceso de selección, de acotar y hacerlo más manejable todo.

¿Qué es lo que más me atrajo? Al final fueron los personajes. Eran preciosos. Eran gente muy distinta, muy contradictoria. Generaban mucho conflicto, y eso para el cine es una maravilla. Ahí es donde nos centramos en la película, en hablar de ellos y de sus emociones. La Guerra no está tanto en ver cómo la gente se pega tiros, o en si les pegan un tiro a ellos o no, sino en ver como esa gente tan joven, con la juventud floreciendo, recibe el mazazo de la Guerra. Porque sabes que la Guerra está ahí, aunque no la veas directamente, y ves cómo ellos se van desmoronando. Van perdiendo sus ideales, sus principios.

¿Los tres personajes principales, los que pueden parecer más estables a pesar de sus arcos de transformación, vienen así de marcados en la novela, o has decidido enfatizarlos durante el proceso de adaptación?

Agustí: La novela, como os decía, son 1.000 páginas, y por tanto profundiza mucho más en los personajes. Mejor dicho, no es que profundice más, sino que los muestra en muchas más situaciones. Por ejemplo, hay muchas referencias al pasado de Soleràs y Lluís [los dos protagonistas masculinos] en Barcelona, cosa que no se ve en la película. En el largometraje optamos por coger a estos dos personajes en un momento en el que su relación ya está a punto de romperse, cosa que en el libro no es así.

Por otro lado, la Carlana [uno de los protagonistas femeninos] creo que es un personaje que le hemos puesto más lupa en la película que en la novela. Es un personaje que transmite, en parte, el mensaje de la película. Es una mujer que defiende su tierra, su casa, sus niños. Es una luchadora, una superviviente nata. Ahora, claro, es una mujer a la que ya se le ha pasado la juventud, e intuyes que ha sufrido mucho, que ha pasado por mucho. La coges en un momento en el que ya no está dispuesta a ceder en nada.

Isona: El libro es bestial. Ha sido traducido a más de 20 idiomas, y hace pocos años The Economist lo consideró una de las 10 mejores traducciones del año. Lleva mucha edición detrás. Y para mí, personalmente, que me declaro una gran admiradora del libro, la Carlana se ve bien reflejada en la película a través de la relación que tiene con su padre, y luego cuando la ves desnuda lo entiendes todo. Es este tipo de cosas lo que hace Villaronga: resolver grandes páginas de disquisiciones filosóficas a través de una metáfora visual.

Al final, creo que ese es el gran reto cuando se hace la adaptación. ¿Cómo resumes ciertos hechos que ocupan páginas y páginas? Resumiendo en imágenes. Es algo que ya hizo muy bien en Pa Negre, y creo que una vez más ha dado en el clavo. Sabe cómo transformar las metáforas literarias en imágenes y en acciones de los personajes.

¿Y en un libro tan extenso, cómo decidís qué partes adaptar, qué partes os interesan más?

Agustí: Esto vino porque la editora del libro, Maria Bohigas, e Isona, empezaron a mover el asunto, y me acuerdo que Maria me pidió un resumen para poder moverlo y, sobre todo, me decía, para ver si en el libro había o no una película. Hay catorces películas, al menos (ríe). Así que lo que había que hacer era ver por dónde íbamos a tirar.

Ahí vino el primer momento de reflexionar. Había cinco personajes importantes. Uno se perdió por el camino, porque si tienes que entrar en tantos en el tiempo de una película te puedes perder. Luego la parte bélica de la película también prescindimos de ella, porque es algo que ya se ha visto en muchas películas. ¿Para qué hacer una batalla, entonces?

Y luego toda la parte reflexiva. Es cierto que es muy interesante, pero quizá en algunos puntos quedaba un poco antiguo para las preocupaciones de la gente en la actualidad. Hay disquisiciones religiosas que no entran a día de hoy. Además, vimos que si no lo quitábamos la forma de introducirlo en la película era o bien a través de una voz en off, o bien a través de diálogos que podrían hacerse aburridos. Porque, si bien en literatura es interesante, porque te puedes permitir un tiempo de reflexión sobre aquello que lees, en cine debes ir hacia adelante.

Isona: Lo que se entiende en el libro es que él era pacifista, y se encontró de capitán mandando un ejército. Era católico, y acabó ateo. Era fiel del matrimonio y se enamoró de la Carlana. Y el otro, el anarquista que no creía en nada, se cambió de bando. La guerra les cambia, y creo que en la película está bien sintetizado.

Y luego Sales, un anarquista que se convirtió al catolicismo, incluyó en el libro una parte de reflexiones sobre la reconversión, que era muy de esos años, y creo que en el guión está en dos detalles. Cuando Soleràs se santigua, algo que sorprende, y cuando Trini [la otra protagonista femenina] se reconvierte y reza. Son dos pinceladas clave que en el libro están explicadas de una manera mucho más extensa.

De hecho, hay ciertas temáticas que sí que vienen de la mano de algunos personajes de la película. Por ejemplo, el sentimiento religioso y Trini, como decías. 

Agustí: Para mí los tres son como una burbuja. Funcionan juntos. Te puedes imaginar su juventud funcionando juntos. Si cualquier extremo del triángulo falla, falla todo el triángulo. Que de hecho es lo que ocurre en la película. En el momento en el que Luís rompe el triángulo se descalabra todo.

Y para mí lo que ocurre es más sencillo, tiene que ver con el hecho de que a veces uno se hace una idea de cómo es una persona que no tiene que ver con lo que la persona es de verdad. Y Trini lo que le dice a Soleràs es eso al final, que él sí que la ve a ella tal y como es.

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En tu cine suele aflorar la verdad. ¿Qué es lo que aflora en esta película?¿Qué verdad hay detrás de Incerta Glòria?

Agustí: Qué pregunta más difícil… Creo que lo que aflora de la verdad es la manera de explorar los corazones de las personas. Si tienes que hablar en serio de cómo fue el hecho en sí de la guerra tienes que ponerte casi en un nivel pedagógico. En un ensayo se puede hacer. En una novela como la de Sales también. Pero en un guión se puede intuir. En la película no se explica ni siquiera por qué están enfrentadas las ideologías. A mí me encanta que el personaje de Soleràs se cambie de traje varias veces, y dice eso de que “la mejor manera de ganar una guerra es perdiéndola”. Es un personaje muy lúcido.

Isona: Cada personaje tiene su propia visión sobre la guerra, son prácticos a su manera. La única persona que quizá se mantiene un poco es Trini. En la Guerra Civil hay temáticas de sobra como para hablar sobre ella desde muchos puntos de vista distintos. Y para mí siempre es interesante, siempre es una enseñanza.

Particularmente, yo, con lo que me quedo como verdad que aflora en esta película, es con la reflexión que hay que hacer sobre las consecuencias de la guerra. Hay que ir con mucho cuidado. Y ese es el mismo mensaje de Pa Negre, también.

Agustí: Al final, Incerta Glòria era la gran novela de la Guerra, sí, pero también la gran novela de amor, y esto se ve a través de la relación de estos personajes.

Isona: El amor de la juventud, con esa exaltación que pasa por las consecuencias de la guerra. Estas consecuencias también las reflejó Agustí en las otras dos películas que he producido. En El Mar las consecuencias de la guerra para ambos bandos en los años cuarenta eran escalofriantes. En Pa Negre las consecuencias de la posguerra en un niño también lo eran. Y esto sigue viéndose en Incerta Glòria: si no se cura la herida de la guerra, está seguirá durando. No hemos hecho este proceso de catarsis.

Hablando de las tres películas, aún siendo adaptaciones literarias de novelas que no tienen que ver, las mujeres de tus películas siempre son las que llevan el motor narrativo, las que toman más decisiones que los hombres. 

Agustí: Si a día de hoy vas al campo y te metes en una casa, en muchas ocasiones siguen siendo las mujeres las que sacan adelante la vida. Son mujeres fuertes. Y creo que eso es lo que me pasa. Me gusta hablar de mujeres fuertes, que tengan que tomar decisiones, que sientan el paso del tiempo encima. He crecido entre mujeres, y quizá por ello entiendo más a una mujer que a un hombre. Tengo tres hermanas. Y una madre solo (ríe). Creo que entiendo a las mujeres, y la Carlana siempre fue el personaje que más me atraía de la novela.

Isona: Es que ya desde el guión estás llevando a estos personajes hacia tu terreno.

Agustí: Si otro director cogiera el mismo personaje, quizá lo hace con menos aristas. Supongo que cuando te gusta algo quieres sacarle el máximo brillo.

¿Ha sido difícil escribir pensando en una gran producción de época?

Agustí: Hemos tomado ciertas decisiones para intentar que el resultado fuera mejor. Por ejemplo, decidimos rodar en un metro en lugar de en un tranvía, como ocurre en la novela. El metro de la época es más novedoso, menos visto.

¿Y con escenas con tantas exigencias de producción, ya sabías con qué dinero podíais contar para cada escena?

Agustí: Eso es imposible saberlo, porque muchas veces en los guiones apuntas alto, pides lo que te pide el cuerpo, lo que te pida la historia. Es cierto que controlas un poco y sabes que hay ciertas cosas que ya no puedes pedir, pero ocurre que muchas veces los productores dicen “esto vale dinero, fuera. Esto vale dinero, fuera” y empiezan a quitar y quitar.

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Fotograma promocional de la película

Isona: ¿No es mi caso, eh? (Ríe).

Agustí: La película tiene ciertas escenas que si se rodaban como estaban escritas le daba cierto empaque al resultado final. Luego, es el productor el que elige si apuesta o no.

Isona: Es como tirar el caballo en Pa Negre. Como no teníamos dinero, si empiezas con un impacto emocional fuerte ya colocas la película en cierto nivel. Y esto es lo que uno tiene que priorizar.


ANA SANZ MAGALLÓN: “LEER UN GUIÓN DEBERÍA SER SINÓNIMO DE BUENA LECTURA”

24 febrero, 2017

Entrevista de Àlvar López y Carlos Muñoz Gadea.

Ana Sanz Magallón es una de las script doctors más reconocidas de España (sobre su trabajo como analista de guión, puedes leer aquí). A parte de dedicarse al cine, también escribe sobre él: Cuéntalo Bien es su aportación a los manuales de escritura, en el que “reivindica el sentido común como herramienta fundamental para entender y utilizar mejor las técnicas narrativas en la escritura de guiones.” Ahora, en 2017, ha visto la luz El Verano de Nunca Acabar (novela coescrita con Montse Ganges bajo el pseudónimo de Margarita Melgar), un libro en el que las diferencias ideológicas existentes desde la Guerra Civil se tratan con un humor cercano al surrealismo. Con Ana pudimos hablar sobre sus facetas de analista de guiones y escritora, así como de la creación de un libro cuya lectura recuerda, por su formato y estructura, a lo que debería ser un guión: claro, descriptivo, visual y entretenido.

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Antes de empezar a hablar del libro, parece interesante preguntarte sobre la decisión de firmar bajo un pseudónimo. ¿Por qué tomáis las dos esta decisión? ¿Por qué crees que no se suele hacer en el mundo editorial?

No se hace porque, básicamente, hay que estar promocionando el libro desde el minuto que sale: dar entrevistas, ir a la radio, hacer ruido en tus redes sociales… Tiene que haber una persona (aunque en nuestro caso sean dos) dando la chapa con la novela. Ser invisible como Elena Ferrante es un lujazo que casi nadie puede permitirse.

Lo primero que nosotras firmamos con el pseudónimo “Margarita Melgar” fue una Tv movie que nos encargó Distinto Films. Nos hizo ilusión un nombre nuevo que nos representara a las dos (hasta teníamos un dibujo como foto oficial), y también queríamos diferenciar nuestro trabajo juntas de lo que cada una hacía por su lado (los libros de Montse, mi storyediting). La verdad es que no pensamos en el lado práctico de la cosa, y ahora es tarde porque ya le hemos cogido cariño a Margarita…  

¿Por qué crees que la fórmula del pseudónimo común para más de una persona no se utiliza en cine?

Ahora que se reivindica en España la figura del guionista, y se lucha porque aparezca su nombre en las noticias sobre la película o que tenga acceso a la barra libre de los saraos -que a título personal me parece mucho más interesante-, el tema del pseudónimo lo haría más complicado. Además, aunque muchas veces el guión de cine se escribe a cuatro o más manos, no sé hasta qué punto son equipos constantes, o más bien son asociaciones temporales en las que a cada persona le interesa firmar con su nombre.

El libro tiene una estructura que en ocasiones recuerda a la de un guión: diálogos muy ágiles, escenas muy visuales, capítulos divididos casi a modo de secuencia… ¿crees que tu visión narrativa está influenciada por tu labor de analista de guiones?

Más que mi labor de analista, porque todas estas decisiones las tomamos a medias, supongo que influye la afición de las dos al cine y las series. En cualquier caso, se trata de contar una historia, y los formatos son vasos comunicantes que comparten recursos. Sobre los capítulos, que fueran muy cortos y estuvieran encabezados por una fecha ayudaba al tono de la historia, se leen casi como “anotaciones de un diario, ochenta años después de la guerra civil”.

¿Utilizasteis herramientas propias del guión para estructurar el libro? Véase escaleta, puntos de giro…

Me resulta muy difícil pensar en una historia interesante que no siga una causa efecto, que no tenga conflicto, y en la que no parezca que todo va de una manera hasta que al final cambia y acaba de otra… Estoy convencida que eso que llamamos guión clásico no se deriva de una teoría que se inventó Aristóteles o ningún gurú, sino de cómo funciona el cerebro humano. Es lo que nos sale “naturalmente” al ir a narrar algo. De hecho acaba de salir un libro sobre esto, La mente narradora, de Marta Grau, que tengo muchas ganas de leer.

Otra cosa es que la intención de alguien al escribir una novela no sea narrar una historia, sino exponer su cosmogonía propia, proponer un juego cómplice entre el lenguaje y la metaleche, o compartir su estado anímico como en un gran muro de Facebook. Que está muy bien, pero que no era nuestro caso.

¿Cómo es el proceso de escribir un libro entre dos personas? ¿Crees que hay diferencias por lo que respecta a la escritura de un guión entre dos personas?

En nuestro caso, no ha habido diferencias entre una cosa y la otra. Influye que, para nosotras, leer un guión debería ser sinónimo de buena lectura. Vale, sí, serán también una herramienta para un rodaje… si hay suerte… en un futuro… y tal…

Pero en principio, y sobre todo, es un texto que tiene que gustarle a un lector (que es quien va a decidir si invierte o recomienda invertir en esa futura película, o si trabaja en ella) y por eso cuidamos las palabras del guión aunque sean descripción de acciones, y no vayan a afectar al resultado en pantalla. En imágenes será lo mismo “Clemente anda lentamente entre la gente” que “Clemente anda despacio entre la multitud”, pero la rima distrae, y la evitamos. Por supuesto que en las novelas el estilo es más importante, y nos esforzamos más porque no haya dos voces, la de Montse y la mía, sino solo la de Margarita Melgar. Pero, salvo por esto, el proceso es bastante similar. Hablamos y damos vueltas a las ideas mucho más de lo que tecleamos. Tenemos claro qué va a pasar en cada trozo, nos los repartimos, y luego nos intercambiamos los textos y nos editamos y reescribimos sin piedad, una y otra vez. A veces a alguna se le ocurre una idea nueva que saca la historia del cauce previsto, y entonces la comentamos y vemos adónde nos lleva y, si nos convence a las dos, pues adelante.

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Si hablamos del contenido del libro, parece evidente que queríais hacer una revisión de la rivalidad que todavía arrastramos desde tiempos de la Guerra Civil en tono de comedia. ¿Está presente este género a lo largo de todo el proceso, o surge tras un primer momento de documentación, sentar las bases de la historia, etc.? 

Desde el principio queríamos hacer humor, humor no con la Guerra Civil sino con el guerracivilismo y el frentismo de hoy, que mirados en frío pueden ser hilarantes. La manía de etiquetar a cualquiera como rojo o como facha; o de ver cualquier cosa (las vacunas, los toros, la educación pública, la Toma de Granada, los Goyas o el cine español en general) desde un punto de vista ideológico, es como para llorar o para matarse de risa, y mejor matarse de risa que acabar matándonos otra vez.  

Del mismo modo, parece que la conclusión con la que cerráis el libro es vuestra escena espejo, vuestra conclusión y opinión sobre esta rivalidad a día de hoy. ¿Lo teníais claro desde el principio?

Al ser dos personas que no pensamos igual de casi nada (y una de Barcelona y otra de Madrid, para más inri), la noción de que podemos llevarnos bien y construir algo en común, sin tener que renunciar a nuestras creencias, es fundamental.

¿Surge primero el tema, o la trama?

Partimos de la idea concreta: una familia muy de derechas de toda la vida y una familia de la izquierda exquisita heredan una finca a medias. Pero en esa situación ya está implícito el tema de las dos Españas, claro, y en el desarrollo de la trama sabemos que cada bando caerá en sus tics más tópicos: lo autoritario chungo, lo asambleario moñas… Sabíamos que era comedia, que íbamos a dar caña a partes iguales y que queríamos un final no-deprimente… Los detalles, los fuimos encontrando.

¿Cómo perfiláis los personajes de ambas familias? Van surgiendo por oposición, son perfiles de vuestro entorno, buscáis sintetizar las distintas opiniones existentes…

Con los personajes, simplificamos y llevamos al extremo los ejemplares más reconocibles de las dos Españas. A veces decimos que “los llevamos a pasear por el Callejón del Gato” para dejar claro que será una comedia ligera pero que hemos leído a Valle Inclán, solo faltaba. En la novela apenas hay complejidades ni medias tintas: en un bando hay señoras del Rastrillo, cardenales, marinos, abnegadas amas de casa, brokers. En la otra, feministas radicales, genderqueers, catedráticos de la memoria histórica, videojockeys, animalistas… Y en el medio, pero no tanto, una niña bien que a lo que aspira es a hacer malabares en el Retiro, y un okupa con rastas y moño amante de las tradiciones y del compromiso en la pareja.

¿Por qué os decantáis por el tono de comedia casi surrealista que respira el libro?

Decir que “nos salió así” no queda muy profesional, así que diremos que el frentismo político que vivimos hoy también es muy surrealista… Basta darse una vuelta por los hashtags de Twitter o por la sección de comentarios a cualquier noticia para darse cuenta.

El libro recuerda, a ratos, a Amanece que no es poco, o a Bienvenido Mr. Marshall. ¿Teníais algunos referentes a la hora de escribir?

Qué bien que saques tú la referencia berlanguiana porque podría quedar muy pretencioso si lo digo yo… Sí, somos muy fans de esas dos películas, de la Escopeta nacional… También de Eduardo Mendoza, Sin noticias de Gurb, y del humor inglés desde Wodehouse o algún Evelyn Waugh hasta La Víbora negra… Y siempre está la referencia, por hacer humor con tópicos políticos, a Ocho apellidos vascos. “Si te gustó ocho apellidos vascos, lee El verano de nunca acabar”, se anuncia por ahí. Y se lo comenté a Borja Cobeaga y Diego San José, un poco apurada por subirme a la chepa de su taquillazo, y con mucha retranca Borja me sugirió publicitarlo como “Si no te gustó ocho apellidos catalanes, lee El verano de nunca acabar”.

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Retrato de Margarita Melgar

¿Tenéis pensado llevarlo a la gran pantalla? 

La verdad es que estamos muy contentas con el formato libro, en el que además lo controlas absolutamente todo –bueno, el título y la portada, a medias con Harper Collins, la editorial. Nos sentimos cien por cien responsables de cada palabra de la novela, del resultado final, cosa que no siempre les pasa a los guionistas. Y eso que Margarita Melgar ha tenido suerte con sus guiones, que ha producido Miriam Porté y dirigido Sílvia Quer, divinamente. Pero de momento, y aunque nos llueven ofertas millonarias de Hollywood y otros puntos del globo, vamos a esperar a ver cómo va la novela.


SEMINCI 2016: ENTREVISTA A MANEL LUCAS

27 octubre, 2016

Entrevista y fotografías de Àlvar López y Carlos Muñoz Gadea

Manel Lucas, periodista, licenciado en Historia y guionista usual de Crackòvia Polòniapresenta en SEMINCI la versión comprimida de España en dos trincheras, la Guerra Civil en colorproyecto del canal Discovery en el que se ha encargado de escribir el guión y que en su formato televisivo contará con tres episodios. Con él hablamos sobre el proceso de escritura de un documental para el que llegó a revisar más de 90 km de negativos originales de la época.

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¿Cómo es el proceso de escritura de un documental de encargo?

Se trata de un proceso bastante global, que empieza cuando Discovery le hace el encargo a mi productora, a Minoría Absoluta. Lo fundamental y más novedoso del proyecto es la parte tecnológica, el hecho de convertir imágenes en blanco y negro a color. Para mí personalmente ha sido un regalo, puesto que yo soy periodista y licenciado en Historia, lo que me permitía hacer algo diferente a lo que suelo hacer en mi faceta de guionista, más cercana a los programas de humor. Por tanto, la motivación ya venía dada por la misma naturaleza del proyecto. Me ha permitido sumergirme en la bibliografía y documentación, en una parte al menos, porque como podéis imaginar el material que hay es oceánico. Por tanto, lo que he podido hacer con este encargo ha sido juntar mi profesión con mi pasión.

Claro, porque para este proyecto era vital poder aunar tu faceta de guionista con tus facetas de periodista e historiador.

Sí, por supuesto. Podemos decir que tras el proceso me he convertido en un friki de la Guerra Civil (ríe). En mi casa están a punto de echarme, les he llenado las habitaciones de libros.

¿Y cómo definirías el guión del proyecto?

Se trata de un guión de documental de corte clásico, puesto que lo que me planteé desde el inicio era explicar la Guerra Civil de la manera más clara, comprensible y sencilla posible. Por otro lado, era importante adaptarse a las imágenes preexistentes. No podías, por ejemplo, dedicar tres párrafos a hablar sobre las negociaciones entre los comunistas y los anarquistas si luego resulta que sobre ese hecho en concreto solo había dos planos. Por tanto, el proceso creativo ha sido bidireccional en ese sentido.

Comentabas antes que el material disponible al respecto es oceánico. ¿Cómo seleccionas qué fuentes son las adecuadas?

Diría que es una mezcla entre los conocimientos previos que tenía como licenciado en Historia y la asesoría histórica de Antony Beevor. Al tratarse de una empresa internacional como es Discovery el nombre de Beevor es más conocido, y además es uno de los historiadores que ha hecho uno de los resúmenes más conocidos sobre la Guerra Civil. Así, el criterio fue combinar las lecturas de Beevor con mis conocimientos. Luego, a cada paso que daba se iban generando dudas, incógnitas y ganas de profundizar más y más. Es prácticamente una tela de araña, un árbol con múltiples ramificaciones. Un hecho, una fuente, te remite a otro, y a otro. Es evidente que hay un momento en el que tienes que parar, pero diría que lo único que te obliga a parar es el plazo de entrega. Si fuera por mí no dejaría de ir a la biblioteca a nutrirme de fuentes, porque en un caso como este las interpretaciones son muy diversas.

¿Seguías algún proceso cuando dabas con dos interpretaciones opuestas?

Cuando esto ocurría intentaba acudir a un tercer historiador con tal de justificar las fuentes. Si bien en una serie no puedes publicar una bibliografía y la información con la que se queda el espectador es la que tú decides que esté presente, vamos a publicar un libro ilustrado con una selección de imágenes en las que sí que podremos publicar esa bibliografía. Pero al final, como os decía, tienes que parar porque hay que entregar el trabajo.

Resulta interesante pensar que con este proyecto tienes la oportunidad de reconstruir la Guerra Civil, porque en cierto modo la escribes de nuevo. ¿Te planteas desde un inicio la visión que quieres plasmar?

En cierto modo va surgiendo a medida que te documentas, pero es evidente que tú tienes un criterio y que escribes en base a eso. En estos momentos, en 2016, no tiene sentido hacer una visión parcial o de una parte. Quise aprovechar la perspectiva que te da la distancia con la Guerra Civil, casi 80 años, para hacer precisamente un documental desde esa distancia. Eso sí, esto no implica neutralidad, ni mucho menos. Se trata más bien que aproveches la perspectiva que te dan los 80 años para plasmar una visión más amplia no basada únicamente en blancos o negros, a pesar de que yo pueda tener mi criterio personal y mi opinión sobre lo que fue o no legítimo. Por supuesto, tengo mi idea sobre la legitimidad del golpe de estado del 36, pero a pesar de eso te puedes permitir el lujo de analizar lo que hicieron ambas partes y de lo que estuvo bien y mal. No obstante, en cierto modo, cuando tratas con hechos son ellos los que hablan por sí solos.

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Al tratarse precisamente de un hecho histórico con inicio y final, debes estructurar el documental siguiendo un esquema narrativo clásico, ¿no? 

Al final creo que hay diferentes opciones. En este caso a mí me dijeron que iba a contar con tres episodios, por lo que ya tenía la estructura marcada por este hecho. En el primero de ellos debía dar cierto background para entender cómo se llegó al golpe de estado. Cómo empieza España el siglo XX, cómo se gesta y evoluciona la República… Posteriormente, la Guerra Civil Española tiene varios puntos en los cuales uno puede incidir para marcar el tempo narrativo de la serie. Por ejemplo, puedes poner el sitio de Madrid al final de un episodio, en otro la invasión del norte, la batalla de Teruel… La Guerra Civil te ofrece diferentes puntos que te permiten marcar el tempo que desees.

¿Has buscado imprimirle al documental cierta diferenciación con respecto de otros que tratan el mismo tema?

Sí. Para mí era muy importante dotar al relato de muchas citas, de opiniones de los protagonistas, con tal de evitar crear algo demasiado académico. Por tanto, a lo largo de los episodios introducimos comentarios, tanto de los protagonistas como de otras fuentes, vengan de combatientes, o de personas que estuvieron en la retaguardia, o de gente que sufrió bombardeos. La bibliografía y la documentación de la Guerra Civil es bastante rica por lo que respecta a la historia oral.

Claro. Quizá es complicado encontrar información nueva en un hecho como este. Se trataría más de aportar un punto de vista diferente, ¿no?

En ese sentido creo que el gran gancho mediático de la serie es la novedad de poder ver las imágenes en color. A partir de aquí, creo que la obligación del guionista que yo mismo me autoimpuse fue intentar ordenar y explicar con claridad qué es lo que pasó más que aportar una novedad. La novedad, en cierto modo (aunque también se ha hecho antes) es explicar de manera sencilla la Guerra Civil. A la gente le suenan nombres, batallas, milicianos, y lo que se pretendía con esta serie es que al acabar su visionado el espectador pueda ubicar cada uno de esos nombres.

Más en el sentido del devenir cronológico que del de intentar generar una conclusión sobre lo que ocurrió, por lo que dices.

Sobre esta guerra es evidente que cada uno tiene la suya. Lo que yo he hecho, creo, es una explicación honesta de la Guerra Civil, explicación que a mí me lleva a unas conclusiones muy claras, y que creo que a la gente también le llevará a esas conclusiones. La Guerra Civil fue el preludio de cuarenta años de dictadura, de eso no hay duda, aunque el mensaje que quería transmitir no está explícito. Lo que quería es que cada uno se haga su propio mensaje a partir de mi intento de poner orden a una serie de hechos concretos que creo que pueden no ser tan conocidos por el gran público. Así, en cierto modo se ha intentado complementar la novedad de la imagen en color con la novedad de intentar contar las cosas de una manera clara.

¿Cómo encuentras el equilibrio para crear un documental claro pero que a su vez no peque de exceso o falta de información?

Creo que el punto es subjetivo. Tienes que hacer una selección, tener cuenta que estás escribiendo lenguaje oral, que va a pasar rápido. Por tanto, tienes que ser simple, porque si empiezas a poner muchas fechas puedes marear al espectador. Así que al final es subjetivo. Se trata de encontrar tu propio criterio para decidir qué es importante y qué no. Hay que elegir como buenamente crees cuáles son los datos fundamentales.

Hablabas antes de que el color era la principal novedad de este documental. Como guionista, como escritor de imágenes en cierto modo, ¿te planteabas ese juego desde el mismo guión?

Creo que la claridad que he intentado aportar a la Guerra Civil también se incrementa por el propio color de las imágenes. Es cierto que estaba condicionado por las imágenes, pero no sé si tanto por el color, que solo salía de vez en cuando al referirme a ciertos aspectos, como el color de unas ruinas, sino porque las imágenes, aunque abundantes, venían limitadas por lo que había en el archivo. A pesar de ello, creo que no me he visto tan condicionado.

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Volviendo al punto de vista que has querido imprimir al documental, ¿te has basado de algunos recursos técnicos o narrativos para reforzarlo?

No. De hecho, no me gusta adjetivar mucho. Eso sí, si tú dices que en agosto del 36 el ejército de Franco asesinó a miles de personas en una plaza de toros… creo que no hace falta adjetivar mucho. Está claro lo que pasó, ¿no? Y lo mismo si hablas de Gernika. Creo que en algún momento se me ha podido escapar algún adjetivo, pero he intentado huir de ello. Los hechos hablan por sí mismos.

Y tu formación como periodista te habrá ayudado a plasmar tu opinión de manera más sutil, no tan evidente.

Es obvio que tienes una opinión, pero también tienes una perspectiva que te permite ver lo que pasó. Afortunadamente, tenemos la suficiente distancia para que, sin que el principio básico de lo que opino de la Guerra Civil se tambalee, poder reconocer que en ambos bandos, en el fragor de la guerra y la batalla, se cometieron actos de los que los implicados podrían avergonzarse. Unos más y otros menos, eso por supuesto.


GUIONISTAS EN PIE DE GUERRA.

14 septiembre, 2016

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Por Juanjo Ramírez Mascaró.

¡BASTA!

En serio, ¡basta!

Decimos que somos guionistas, pero somos el puto Frente Popular de Judea.

¿No estáis hartos de ver cómo nuestro colectivo se desangra en guerras internas por culpa de las mismas miserias?

– Los guionistas de ficción contra los guionistas de entretenimiento.

– Los guionistas de SGAE contra los guionistas de DAMA.

– Los guionistas visibles contra los guionistas invisibles.

Sé lo que estáis pensando, y estoy de acuerdo con vosotros:

Tenemos que encontrar nuevas excusas para pelearnos.

Porque dejar de discutir entre nosotros no es una opción. Necesitamos ese estímulo, esa vidilla, esa carnaza, esa válvula de escape a través de la cuál poder cagar nuestra tensión y nuestras frustraciones.

Además, nunca es tarde para soñar con que las disputas guionísticas desemboquen en una orgía de hostias. Si eres guionista, lo más seguro es que tengas una cara de ésas que piden a gritos un buen par de hostiazas. Por eso has acabado siendo guionista: a base de bullying.

O a lo mejor llegaste al gremio sin esa jeta y la has ido adquiriendo a base de creerte más listo que los demás.

¡Démonos de hostias, joder! ¡Que llegue la sangre al río!

Pero huyamos de los viejos clichés. Lo de ficción contra no-ficción ya es demasiado aburrido. Lo de SGAE contra DAMA consume unas energías que casi es más práctico invertir en rellenar los formularios ésos que te piden para registrar las obras en cualquiera de las dos.

Es por ello que voy a proponer aquí posibles conflictos alternativos. Nuevos campos de batalla para encabronar a los integrantes de nuestro oficio, a ver si con suerte consigo detonar una guerra y me conceden el Nóbel de la paz.

– Guionistas abstemios contra guionistas borrachos.

Tened cuidado. Nuestros tercios de cerveza hacen más daño que vuestras latitas de Acuarius… a menos que las latas estén sin abrir ni vaciar. Por alguna extraña razón a los alcohólicos nos cuesta menos vaciar nuestros recipientes que a los abstemios, los del (léase con retintín) “instinto de conservación.

Y otra cosa os digo: Los guiones del borracho tienen por definición menos sentido y, por tanto, más probabilidades de gustar al director de contenidos de la cadena.

– Guionistas con carnet de conducir contra guionistas sin carnet de conducir.

Podréis atropellarnos con vuestros ridículos cochecitos, podréis llegar más cómodamente a esos polígonos industriales de extrarradio en los que a veces nos obligan a currar, pero… pero… pero… eh… nosotros somos mayoría. Bueno, lo éramos… ya no.

¿Si os invitamos a una caña o a una lata de puto Acuarius… podríais llevarnos en vuestro coche a ese inhóspito polígono industrial en el que se supone que no trabajamos porque (se supone que) somos autónomos?

– Guionistas metrosexuales con camisas y peinados guays contra guionistas echados a perder con alopecia/greñas y camisetas frikis/insípidas que se adaptan con tozudez/resignación a esa barriga cervecera/prominente, esa curva de la felicidad/conformismo.

Por muchos puñetazos que recibamos, nuestro aspecto no puede empeorar demasiado. ¿Pero vosotros? ¿Realmente estáis dispuestos a manchar de sangre vuestras camisas de temporada?

– Guionistas que escriben sus propias cosas al margen del trabajo contra guionistas funcionarios que sólo escriben cuando alguien les paga por hacerlo.

¡Cuando queráis quedamos y nos damos de hostias, payasos! Pero mejor a última hora de la tarde, cuando salga del curro. Bueno, menos el miércoles…. el miércoles no, que tengo una reunión con unos colegas para un largo que tenemos entre manos… ¿El jueves? Depende de si me llaman o no para hablar de lo del libro de relatos ése en el que estoy colaborando. Igual el fin de semana, pero no, espera… que tengo mi novela un poco abandonada y tres directores en los mensajes del Facebook preguntándome cuándo les voy a escribir el guión ése para el Notodo. ¿Y si nos fostiamos el domingo a última hora? Ay, no… el domingo he quedado con mi novia para explicarle por qué no tengo energías ni tiempo para ser ese novio de verdad que se merece.

– Guionistas que respetan los límites del humor contra guionistas que no respetan los límites del humor.

Bueno, aquí en realidad no hay conflicto. Todos los guionistas estamos a favor de reírnos de cualquier cosa. Excepto de (inserta aquí ese tema que te toca muy de cerca).

Todos estamos de acuerdo en que es de mal gusto reírse de (inserta aquí ese tema que te toca muy de cerca) No puedes reírte de (inserta aquí ese tema que te toca muy de cerca) porque todo tiene un límite. Menos los límites del humor, claro. Los límites del humor no tienen límites, excepto, claro está: (inserta aquí ese tema que te toca muy de cerca)

Y si eres un guionista al que ningún tema le toca muy de cerca, lo más seguro es que no admitas que nadie se ría de los límites del humor.

– Guionistas de izquierdas contra guionistas de derechas.

Aquí el combate sería mucho más desigual: hay muchos más guionistas de izquierdas que guionistas de derechas.

Aunque…

… si tenemos en cuenta que algunos guionistas de izquierdas ignoran que en realidad son de derechas… y que incluso algunos de derechas ignoran que en realidad son de izquierdas…

… y si tenemos en cuenta que somos una princesa en nuestra cuenta de Twitter y una puta en la cama de la señora de Cuenca…

… que somos una princesa en las reuniones de ALMA y una puta cuando nos toca firmar el contrato de turno…

… es posible que terminemos dándonos de hostias a nosotros mismos… y nos cerremos puertas de todos los colores por el camino… y lleguemos a la edad de jubilación sin una cuneta en la que caernos muertos.

– Guionistas machistas contra guionistas feministas.

Si eres hombre y (para mas inri) machista te recomiendo que libres esa guerra en el campo de batalla de los guionistas de comedia. Seréis mayoría. Casi nadie contrata a mujeres para escribir comedia. Casi todo el humor que se emite en TV tiene tintes bastante masculinos. ¿Es injusto? Sí. ¿Tiene base alguna? Pues no. Pero hablamos de un negocio cuya religión oficial consiste en rendir culto a los audímetros. No hay razón para esperar que la razón impere.

– Guionistas con talento contra guionistas sin talento.

Da igual cuál de los dos bandos gane: Nunca sabrás a cuál de ellos perteneces.

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ÚLTIMA HORA: NO HAY NOTICIAS

9 septiembre, 2015

Ayer, todos los medios “especializados” daban la ¿noticia? de las tres películas españolas preseleccionadas a los Oscars: Felices 140, Loreak y Magical Girl.

El hecho es que no hay ninguna película española preseleccionada a los Oscars. Felices 140, Loreak y Magical Girl sólo conforman una preselección que hace la academia española para decidir qué película presenta a la academia de Hollywood a ver si allí la quieren nominar. (La última vez que esto ocurrió fue en 2004).

Es cierto que la academia de cine española es la primera en fliparse:

Pero el hecho es que está totalmente fuera de nuestro alcance el que estas películas (¿”Cintas”? ¿Seguimos en el siglo XX?) vayan o dejen de ir “a los Oscars”. De momento, para que nos entendamos, sólo hemos elegido a Miss Albacete, Miss Teruel y Miss Badajoz, una de las cuales será Miss España… y luego se presentará al concurso de Miss Mundo. Aún no sabemos si será aceptada siquiera en el concurso.

Vamos, una noticia de portada. PARAD MÁQUINAS.

En realidad, la noticia de esta semana es que el cine español ocupa los dos primeros puestos de la taquilla, y aún ha colado uno más dentro del top-5. Y eso sin Amenábar, Almodóvar, Torrente ni Apellidos vascos.

Los medios “especializados” han preferido centrarse en dos ¿noticias?: la próxima llegada de Netflix y la “preselección a los Oscars” de tres películas que (me juego un maratón) no van a llegar a los Oscars.

Dos noticias que tienen un denominador común. Éste:

Netflix hace mucho tiempo que podía verse en España. Bastaba con un simple VPN gratis como Hola o MediaHint. Y se podía pagar con una tarjeta de crédito española. Los medios “especializados” (y su cohorte de bloggers) se han empeñado a fondo detallando cuáles serán los precios de Netflix en España. Casi ninguno ha ofrecido datos sobre el contenido de su catálogo (porque no lo ha hecho ni Netflix). Cuesta mucho pensar que van a traer algo jugoso a un mercado en el que ya están Filmin, Filmotech, Wuaki, Yomvi, Vodafone y Movistar (y seguro que me olvido de unos cuantos).

En cuanto a la mal llamada “preselección a los Oscars”, la Academia ha elegido dos títulos cuyo impacto en la taquilla española ha sido muy discreto: poco más de 200.000€ para Loreak (1,8 millones de presupuesto), poco menos de 200.000€ para Magical Girl (presupuesto de 500.000€). En cuanto a Felices 140, la única de las tres que ha acariciado el millón de euros en taquilla (con tres de presupuesto), es la única de la terna firmada por cineastas con solera.

Teniendo en cuenta la ristra de películas que ha producido y estrenado ya Tornasol Films, y los éxitos cosechados por Gracia Querejeta, todo indica que Felices 140 es la que más papeletas tiene para acabar representando a España ante la academia de Hollywood.

Y eso tampoco sería noticia. Igual que los medios “especializados” siguen centrándose en anécdotas absurdas, entregando titulares paletos y obviando los datos verdaderamente significativos, la Academia preferirá el título con más amigos dentro de la institución. Aunque sea la película menos innovadora (¿cuántos guiones arrancan hoy en día con un monólogo a cámara y luego dos o tres páginas de voice over?). Puede sonar paradójico, pero me da la impresión de que precisamente por ser la opción más conservadora es la que más riesgo corre de pasar desapercibida.

Ayer muchos medios “especializados” (con honrosas excepciones: El blog del cine español publicó un acertado análisisdieron una noticia falsa sólo porque tenía la palabra Oscars en el titular. Y eso genera clics. Y obviaron una noticia importante porque contradecía los tópicos habituales del cine español. No tenía las palabras mágicas: ni “subvención”, “fracaso de taquilla”, “guerra civil” ni “SGAE”. No iba a generar clics. Y es que la verdadera especialidad de los medios “especializados” es traficar con clics.

Hala, circulen. Aquí no hay nada que ver. Cierren su navegador y vayan al cine a ver Anacleto, Atrapa La Bandera, Un Día Perfecto. Ya saben: tetas, yonquis y guerra civil, que fracasan en taquilla con subvenciones de la SGAE. Lo de siempre.

Sergio Barrejón.

 


LAS PUTAS, LOS MARICONES Y LA GUERRA CIVIL

6 noviembre, 2013

Por Chico Santamano.

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Nazis en la Plaza de Toros de Las Ventas.

Desde que tengo uso de razón llevo oyendo eso de que todas las pelis españolas van de putas, maricones y guerra civil. Evidentemente esto es falso. O al menos es falso desde que tengo uso de razón, claro. Y de eso hace ya unas cuantas décadas. Tampoco tantas. No se crean.

Nos encontramos ante un argumento peregrino que a pesar de la evidencia sigue ahí, enclaustrado en cierto sector de la sociedad, tan fresco y lozano como el primer día. La verdad es que cuando oigo y leo esa idiotez siempre pienso lo mismo…

Ojalá hubiera más pelis de putas y maricones. Pelis que rocen el escándalo. Que provoquen debate social y mucha controversia. Historias que remuevan conciencias. Que nos muestren una realidad por muy dura que sea. Películas tan alejadas (o quizá no tanto) a nuestra naturaleza interior que sintamos una irresistible atracción a pasar por taquilla aunque sólo sea para rechazarlas desde lo más profundo de nuestras entrañas.

Estoy harto de oír hablar de “la peli escándalo del año en USA” o “la peli escándalo del año en Francia”. Sin embargo, por aquí andamos adormecidos contando por enésima vez la misma historia sobre la inmigración buenista pensando que eso es de verdad cine social. También hay otra posibilidad y es que quizá… ya estemos curados de espanto.

La otra cosa que se me viene a la cabeza es… Ojalá hubiera más pelis sobre la Guerra Civil. Pero no de la posguerra, que es de lo que se ha hablado hasta la saciedad y tanto hartazgo levanta. Hablo de género bélico puro y duro. Ya, ya sé que eso cuesta más pasta que contar el despertar sexual de un niño en la España profunda y franquista, pero cualquier guerra está trufada de pequeñas historias. Historias como esta.

No todo tiene por qué ser bombardear Madrid como si nos enfrentáramos a una peli de Michael Bay. A pie de trinchera hay mucho que descubrir y aquí surge otra de las grandes críticas… ¿Por qué en el mismo bando? ¿Por qué los rojos siempre son los buenos y los nacionales los malos malísimos? ¿Por qué el mensaje “progre” prevalece sobre todo lo demás?

Estoy de acuerdo en que la mayoría de las veces el tema se ha tocado desde un maniqueísmo que daba ligeras arcadas. Pero aquí es cuando -queridos trolls- llega esa cruda verdad que escuece oír y que ciertos sectores de la derecha se empeñan en negar una y otra vez con la esperanza de que, de tanto repetirlo, quizá se convierta en realidad… Pero es que en esa guerra, señoras y señores, redoble de tambores… SÍ HABÍA UN BANDO BUENO Y UN BANDO MALO.

Lo siento. Cuanto antes lo asumamos antes acabaremos con este debate. Había un bando que representaba valores de libertad, progreso y democracia. Había otro que le hacía la ola a Hitler y luchaba por… ya saben… lo que vino después durante cuatro décadas; opresión, incultura, negación de todo tipo de libertades, machismo, injusticia, persecución, genocidio…

Y eso no quita que a ras de trinchera hubiera gente maja matándose en ambos bandos, ojo. Ya sabemos que aquella guerra, como tantas otras, era una lotería geográfica en la que nuestros abuelos defendieron el frente que les tocó más allá de su ideología. Y claro que los dos bandos hicieron tropelías terribles. ¡Estábamos en guerra! Es absurdo creer que unos fusilaban y los otros repartían bolsitas de Haribo. Pero si contamos la historia de un soldado en el bando nacional no dejaríamos de narrar las vivencias de alguien que luchaba en el bando equivocado o que entró muy a tope y luego se fue desencantando. Si fuéramos alemanes podríamos contar la historia de “Valkiria”. Es decir, nazis buenos vs. nazis malos. Porque si fuéramos alemanes hacer una peli en la que los nazis son buenos estaría prohibido, claro. Quiero creer que una vez puesto el foco en el lado franquista lo que se reclama son historias de “demócratas atrapados en el bando nacional”… ¿Porque esa es la historia que querríamos contar, no? La historia de peña estupenda que acaba luchando por la libertad, ¿no? ¿O qué? O… UN MOMENTO… A ver si me entero…

Cuando se critica que siempre se cuente la peli desde el mismo bando o al menos desde el mismo plano ideológico “rojeras y progre”… ¿¡De verdad se nos está pidiendo que hagamos lo contrario!? ¿¡Que hagamos más pelis y series elogiando al bando nacional!? ¿Que se haga apología y ensalzamiento de sus valores? ¿Que se los presente como víctimas de un conflicto que ellos comenzaron? ¿Que se reivindique la figura de Franco y sus secuaces?

Lo cierto es que eso ya se hizo durante mucho tiempo. En concreto durante los cuarenta años en los que no se podía dar otro punto de vista más allá del “oficial”.

Quiero creer que existe una derecha moderna que no tiene ningún interés en pasar por taquilla para disfrutar el biopic de Queipo de Llano, pero esta loca petición de la derecha más rancia abre un debate interesantísimo. ¿Cómo podríamos articular un guión en torno a la figura de alguien con esos ideales sin ser críticos con él? ¿Cómo podríamos acercarnos a un tema tan espinoso sin tomar parte? ¿Podemos escribir sobre esto sin retratarnos, sin dejarnos ver? ¿Puede ser el escritor invisible con una cuestión así? ¿Se puede defender al bando nacional y marcar distancias con los cuarenta años que llegaron después? ¿Se puede nadar y guardar la ropa?

Vale que podemos hacer películas con villanos acojonantes donde Freddy Krueger, Darth Vader, Annie Wilkes, Alien o el Coronel Hans Landa sean los protagonistas. Vale que podamos simpatizar con ellos. Podemos no condenarles y dejar que el espectador saque sus propias conclusiones. Debemos comprender por qué hacen lo que hacen y conseguir que el espectador sienta cierta atracción hipnótica por sus aventuras. Podemos convertirlos en auténticos iconos pop, pero nunca podremos maquillar la realidad y decir que ellos eran los buenos de la película. Les guste o no a esa “masa enfurecida”, tomar parte por el bando nacional es tomar parte por “los malos” y defender y normalizar sus ideales, en mi pueblo, se llama hacer apología del franquismo.

Así que, señores críticos del cine español, la próxima vez que se pregunten desde su caverna por qué siempre se hacen películas sobre el mismo bando aquí tienen una posible respuesta (suena hortera, lo sé, pero no se me ocurre otra): los que nos dedicamos a esto podemos ser de izquierdas o de derechas, pero en general CREEMOS EN LA DEMOCRACIA. Ojo, también es posible que seamos unos pésimos guionistas, pero la buena noticia es que al menos jamás daremos un golpe de estado ni nos convertiremos en unos tiranos genocidas. Algo es algo.


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