UN GUIÓN EN 25 HORAS

18 febrero, 2013

Por Daniel Castro

El origen

Hace poco más de un mes, Juanjo Ramírez Mascaró, uno de esos amigos con los que uno intercambia cientos de “me gustas”, comentarios y retweets en las redes sociales pero con los que apenas ha tomado cinco cañas, se puso a sí mismo un reto divertido y desquiciado: se comprometió a escribir un largometraje en 24 horas. Sí, entero. Juanjo, para que quedara clara la autenticidad de su gesta pidió que sus contactos en Twitter y Facebook le propusieran premisas. Natxo López, de Bloguionistas, le hizo llegar por twitter una propuesta convenientemente impertinente.

tweetganador

Y, como había prometido, Juanjo escribió un largo (de 70 páginas) basándose en ella. Podéis leerlo aquí. (Natxo escribió brevemente sobre este asunto aquí).

Como no hay idea descabellada que me sea ajena y ahora tengo algo de tiempo libre, me animé a hacer lo mismo. En mi caso, establecí algunas condiciones. Yo, con todo el cariño para Natxo, no quería escribir un largo sobre algo demasiado desquiciado. Además, si pedía a mis contactos que me propusieran ellos sus ideas, podría verme obligado a escribir sobre algo que no me interesara en lo más mínimo. Entiendo que tal vez esto formara parte del reto original. Pero mi quijotismo, siendo exagerado, no es comparable al de Juanjo.

Desde hace cierto tiempo tenía una idea que nunca había llegado a escribir en papel. Sin embargo, en mi cabeza estaban el principio de la historia y una idea aproximada de su desarrollo y desenlace. También sabía cómo debían evolucionar las relaciones entre algunos personajes. Casi nada más.

Como la fase de estructurar la historia, de darle forma, es la que más me cuesta y, a veces, las horas de dar vueltas a la escaleta acaban, incluso, con mis ganas de escribir la historia, esta vez decidí aprovechar las condiciones de Juanjo para hacer un tratamiento de choque: la estructura y los diálogos se escribirían a la vez. Una primera versión de escaleta y diálogos al mismo tiempo. En un día. Luego, si la historia merecía la pena, la rescribiría con más calma.

pantalla

El desarrollo

Empecé a las 12 del mediodía del jueves 7 y escribí la última palabra aproximadamente a las 13 horas del viernes 8. Necesité una hora más de lo previsto para escribir 71 páginas.

Dormí unas cuatro horas y comí varios platos de pasta al pesto y sándwiches mixtos siempre frente a la pantalla del ordenador (con la pantalla en colores invertidos, para evitar que se me cansara la vista por el brillo).

Durante casi todo el tiempo escuché una playlist de Spotify seleccionada por un amigo. Nunca he escuchado tanta pachanga sobrio.

Al final, el artefacto tiene 71 páginas. Las fui publicando por entregas en este precario blog que creé en el momento. Cada parte era de unas 13 páginas, aproximadamente. Algunos amigos las iban leyendo conforme las colgaba, de forma que se iban “enganchando” a algo que yo estaba escribiendo en ese mismo instante. Esta sensación de inmediatez es una de las más curiosas que he experimentado recientemente.

Si queréis leer lo que escribí, aquí está el guión completo y, si preferís hacerlo por entregas, podéis verlas tal y como fui colgándolas, en el blog.

desayuno

Algunas conclusiones

¿Qué conclusiones saqué de una escritura tan acelerada? Vamos allá.

1.  La primeras es obvia: escribir un guión de largo en 24 horas (25 en mi caso) no es demasiado conveniente. Por unos cuantos motivos, pero, principalmente, porque uno tiene que ir muy rápido. Las consecuencias son las obvias: los diálogos no se revisan, las primeras ideas se llevan a cabo sin mucha crítica, el cansancio va haciendo mella… Sin embargo…

2. Escribir un guión de largo en 24 horas (25 en mi caso) es bastante conveniente. Obviamente, por otros motivos diferentes: contribuye a desatascar una idea que no has trabajado durante un tiempo, la urgencia te lleva a no detenerte en cuestiones estériles y, en algunos casos, a inventar soluciones que no se te hubieran ocurrido en otras condiciones. Si el guión no queda bien, no habrás perdido en él más que un día de intenso trabajo. Si el guión queda decente, o, al menos, inventas algo, habrás sacado de ese día más de lo que uno obtiene de una jornada normal de trabajo.

3. Escribir un guión de largo en 24 horas es muy jodido. Incluso si uno no duerme ni una sola hora (cosa difícil) y escribe un largo de sólo 70 páginas (muy corto para el estándar), debe producir casi tres páginas por hora. No es mucho para un guionista experimentado que trabaje con una escaleta clara y cerrada. Pero es demasiado si no se cumple algunas de estas condiciones.

Otro elemento positivo de esta experiencia es que, al ser un trabajo hecho en unas condiciones tan extraordinarias, al menos en mi caso, estoy mucho más abierto a escuchar opiniones ajenas y a modificar el guión y su estructura.

Por eso os quería pedir a quienes lo leáis que me digáis sin ningún tipo de escrúpulos (pero con cierta educación) qué os parece, qué secuencias os gustan, cuáles no, qué cambios haríais, etc. Os prometo tener vuestros comentarios muy en cuenta.

La moraleja

Son malos tiempos. Muchos creen que nunca van a trabajar en lo que les gusta. Algunos ya están buscándose la vida en otros sectores o países mientras esperan que las cosas vuelvan a ser como fueron. Pero casi todos imaginamos que eso no va a suceder. Para bien o para mal. Sabíamos escribir guiones para series de televisión. Algunas tenían éxito. Pero ahora ni siquiera las series de éxito lo tienen. Nuestras armas parecen oxidadas y son las únicas que tenemos.

Trabajar es lo único que nos puede salvar del desánimo. Rodar una película en un sólo día como los de #littlesecretfilm o, tal vez más fácil para nosotros los guionistas, escribir un cuento, una webserie, una saga épica o, ¿por qué no?, un guión de largometraje en 24 horas. Mandarle al mundo, y a ti mismo, una prueba de que estás vivo. De que sigues teniendo dos o tres cosas que contar. De que te has lanzado a una estúpida y peligrosa laguna y has llegado vivo a la otra orilla. Y de que, cuando quieras, puedes volver a hacerlo.


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