POR FIN, EL MALDITO ESTRENO

28 junio, 2013

Por Daniel Castro

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Yo antes no era así. Yo antes hablaba sobre otras cosas. La carrera nuclear en Irán, la etapa de Pellegrini en el Real Madrid… tenía opiniones fundadas sobre cuál era el mejor pincho de tortilla de Madrid o la mejor canción de los Who. Recordaba los nombres de los hijos de mis amigos e iba al cine con cierta frecuencia.  Antes existía un mundo exterior que podía intentar conocer y en el que, con cierto leve esfuerzo, podía llegar a interesarme.

Ahora no. Ahora reconozco que me he vuelto una versión pobre y, espero, menos pomposa, de Francisco Umbral, que sólo acudía los sitios a hablar de su libro.

Ahora yo hago lo mismo. Ahora mismo resulta difícil mantener una conversación de más de dos minutos conmigo que no incluya seis menciones a la maldita película que dirigí. Hace unos meses mendigaba localizaciones para rodar o buscaba a actores para encarnar personajes.  Ahora hablo de si nos han seleccionado para cierto festival, de la exigencia de este otro, que necesita que lleve pósters (el drama de que sólo tenga cuatro pósters intactos de la peli, de que cada uno cueste 15 euros), de lo apropiado o no de mandar una nota de prensa a una revista de cine, de lo conveniente o no de hacerme el DCP yo mismo, en mi pobre iMac…

En las últimas fechas sólo he aparecido por Bloguionistas para hablar de “Ilusión”. Antes escribía análisis de tres folios sobre “El discurso del Rey”, ahora escribo medio. Y va sobre mi maldita peli.

Pero os prometo que esta va a ser la última vez que aparezca por Bloguionistas para promocionar “Ilusión”. A estas alturas casi todos le tendréis manía, algunos querréis verla y otros no sabréis ni siquiera de qué hablo.

El caso es que la parte principal del camino que se ya ha acabado. La película ya está en los cines.

Bueno, más concretamente, la película está en un cine. La Cineteca de Matadero de Madrid. Una sala en la que se está exhibiendo parte del cine más interesante, pero también minoritario, que se hace en España.

El estreno, organizado por Márgenes, es mañana día 29, pero habrá más pases el domingo 30. También los miércoles 3 y 10 de julio, siempre en el mismo cine, al precio de 3’5 euros. Podéis comprar entradas en la taquilla a ese precio. O, anticipadamente, aquí, con un pequeño recargo que cobra entradas.com (el total son 4,40),

Por ahora sólo hablo de Madrid. ¿Se podrá ver en más lugares de España? Sí, por ahora ya hay unas cuantas sesiones apalabradas (festivales, salas de cine pequeñas, cine clubes) y habrá más si nos las piden. ¿Se podrá ver online? Sí, pero cuando eso no sea incompatible con algún concurso, premio o contrato en el que esté implicada la película (muchos premios, por ejemplo, exigen que la peli no esté online).

Siento que este blog ha tenido mucho que ver en “Ilusión”. Escribía aquí con frecuencia mientras la rodábamos, aquí (en la sección de comentarios) me dieron un poco de caña como actor y alguno de los principales colaboradores de la peli se puso en contacto con nosotros gracias a lo que yo escribía en Bloguionistas. Este lector ofreció a hacer el making of de la película pero acabó llevando una cámara, un micrófono, cargando carteles y ayudando en la posproducción de la imagen.

Me gustaría regalar tres entradas para ver “Ilusión” en alguno de estos pases: domingo 30 a las 18h30 o miércoles 3 o 10 de julio a las 20h30. Serán para los tres primeros que las pidáis en la sección de comentarios (una por persona).

(No podrán participar en esta promoción colaboradores de Bloguionistas o sus familiares)


PUNTO DE NO RETORNO

3 junio, 2013

Por Daniel Castro

Había dedicado demasiado tiempo a aquello como para tirarlo a la basura. ¿Os ha pasado alguna vez? Es una especie de punto de no retorno. Volver atrás es aún peor que seguir adelante.

¿Qué iba a contarle a toda esa gente a la que le había dicho que estaba escribiendo un largo? ¿Me cambiaría de acera para evitarles? ¿Iba a estar evitándoles toda la vida? ¿Debía mudarme de ciudad? ¿Cambiar de móvil y amigos para que nadie volviera a preguntarme por aquél maldito proyecto? No, tenía que seguir adelante con aquella mierda. Por lo menos debía intentarlo.

Pero mi idea inicial era demasiado ambiciosa. Si quería producirla y dirigirla, tenía que simplificarla. Muchísimo. Tenía que escribir un nuevo guión. Fuera el chalet. Fuera el personaje del niño. Fuera el viaje en coche. Fuera la visita a los padres en otra provincia. Fuera las escenas en restaurantes o bares.

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Se acercaba el verano y tenía tanto por hacer que sólo pensar en ello me daba vértigo.

Sonó el teléfono. Me ofrecían un trabajo. El trabajo más atractivo y mejor pagado que me habían ofrecido jamás. Pero también era un empleo exigente. Siendo realista, si lo aceptaba, iba a dejar de lado mi película, por lo menos durante medio año.

Tenía algo de dinero ahorrado, pero tampoco demasiado. Un buen trabajo siempre viene bien, sobre todo cuando eres guionista.

Pedí un par de días para responder a la oferta. Vi un par de episodios de la serie en la que me ofrecían trabajar. Joder. Era buena. La decisión hubiera sido sencilla si la serie hubiera sido horrible. Pero no, aquello estaba bien dirigido, producido y escrito.

Sin embargo, aún no sé ni cómo, rechacé la oferta. Hace ya unos años. Estábamos en crisis, pero aún no sabíamos que aquello sólo era el prólogo.

Durante varios días noté una fuerte presión sobre el pecho. No pude dormir en casi una semana. Era miedo, claro: ¿Y si no era capaz de escribir ese maldito guión? ¿Y si lo escribía y era una mierda? ¿Y si no era capaz de rodarlo? ¿Y si, una vez rodado, era una mierda? ¿Y si jamás volvían a ofrecerme un trabajo tan envidiable como el que me habían ofrecido? ¿Qué iba ser de mi?

Ahora soy capaz de formular las preguntas que me angustiaban. Pero por aquél entonces no existían bajo esta forma tan definida. Durante aquellos días cobraban forma de insomnio y peso en el pecho.

Empecé a tomar pastillas para dormir. La Dormidina me hacía efecto inmediato. Pero me dejaba atontado. Al día siguiente era incapaz de escribir una sola frase.

Unos familiares que sabían lo mal que lo estaba pasando me invitaron a irme de viaje con ellos. Me vendría bien – dijeron. Al día siguiente de que España se clasificara para las semifinales del Mundial con aquél gol de Villa contra Paraguay salimos hacia Galicia.

Vimos el partido de Alemania en Orense. La final, el gol de Iniesta, ya en Aveiro, en Portugal.

Unos días más tarde volvió el insomnio. Me recuerdo andando por la playa de San Martinho do Porto, dándole mil vueltas a mi historia, muerto de miedo.

Me recuerdo de rodillas, en una iglesia, rezando, lloroso, aunque no creo en Dios. Recuerdo que en aquella iglesia sonaba una música maravillosa. He intentado localizarla muchas veces. Creo que era de Bach.

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Aunque tenía previsto volver a Madrid, nadie me esperaba ahí, así que cambié de planes y me fui al norte. Estuve un par de semanas solo en un piso de veraneo que me dejaban. De vez en cuando cogía la bici. A veces bajaba a la playa y me comía un bocata de pollo al curry que vendían en el chiringuito. Empecé a escribir la nueva versión. Creo que la escribí en el netbook de 400 euros que sigo usando ahora.

Esa versión no tenía más de ochenta páginas, pero era algo.

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Cuando volví a Madrid, pasé el guión a algunos amigos. Hubo reacciones de todo tipo. Unos cuantos me dijeron que les gustaba más la versión anterior. La del chalet, el niño y las escenas en bares. Yo también prefería aquella. Pero era ésta la que podía rodar.

Han pasado casi tres años del Mundial. Un poco menos desde que acabé el guión de “Ilusión”.

Después del trabajo de un montón de personas, aquél guión se ha convertido en una película. Durante algunas fases he creído que no era una buena película. Pero, en general, las críticas han sido muy positivas y la película ha ganado tres premios en la sección Zonazine del festival de Málaga, así que, poco a poco, me he ido convenciendo de que está mejor de lo que yo pensaba.

Me gustaría saber qué pensáis vosotros.

Mañana martes la presentaré en Madrid por primera vez, en Los Martes de Dama, a las 18h30, en la Cineteca de Matadero. Si podéis y queréis venir a verla, las entradas están disponibles aquí, donde también podéis reservar entradas para la charla de Oriol Capel sobre comedia del día 11. Además, si escribís a bloguionistas@gmail.com, podéis obtener gratis una de las cinco invitaciones gratuitas para cada sesión.

El estreno oficial de “Ilusión” será en la sala grande de la Cineteca y por sólo 3’5 euros, los días 29 y 30 de junio. Podéis ver los horarios aquí y, por ahora, comprar las entradas en la taquilla de la sala (pronto estarán disponibles online).


LOS MARTES DE DAMA

1 abril, 2013

Por Daniel Castro

Desde hace unos años formo parte del consejo de administración de DAMA. Para los que no la conozcáis, DAMA es como SGAE pero sin furgones de policía en la puerta.

No mandamos inspectores a las bodas, ni metemos demandas a las peluquerías. Recaudamos el dinero de las obras de nuestros socios y lo repartimos de manera transparente. Los dados no forman parte del proceso en ningún momento. Justo frente al pequeño piso en el que están las oficinas de DAMA está el palacio de Longoria, sede de SGAE. Allí tal vez no puedan decir lo mismo.

Lo bueno de ser de DAMA es que poca gente la conoce. Nadie te acusará de haber provocado el cierre del bar de su cuñado o de haberle obligado a descargarse de Internet esos dos teras de películas y series que hay en su disco duro. Eso queda para SGAE, y sus socios, que han debido soportar esas acusaciones (a veces injustas, otras no tanto) por ser los responsables casi exclusivos de la defensa de los derechos de autor durante mucho tiempo.

Sin embargo, lo malo de DAMA también es que poca gente la conoce. Algunos de mis mejores amigos me siguen preguntando qué tal me va por ALMA. Es cierto que muchos de los fundadores de DAMA salieron del sindicato de guionistas, pero hace ya años que ambas entidades, aún teniendo muchos miembros en común, son completamente autónomas.

Hasta ahora, DAMA, obligada por la ley a dedicar cierta cantidad de lo recaudado a actividades de formación y promoción, solía colaborar en el patrocinio de actos organizados por terceras personas o entidades. Es decir, nuestro logo era el tercero por la derecha en los Encuentros Internacionales de guión YY, el curso de dirección de actores XX o el festival de cine ZZ.

Sin embargo, ahora hemos decidido dejar de ser siempre el logotipo pequeño e intentar ser el grande. Dejar de aparecer como uno de los muchos patrocinadores de un evento y pasar a ser el organizador principal de algo.

Descartada, tajante e inexplicablemente, mi propuesta de patrocinar un concurso de cupcakes, DAMA ha decidido organizar unas charlas sobre guión de televisión y cine impartidas por algunos de nuestros socios (no descartamos, para el futuro, contar con participantes no afiliados a DAMA).

Tras unas cuantas semanas de llamadas, mails y gestiones varias, de las que nos hemos encargado principalmente Roberto Jiménez, César Martínez Herrada y yo, por fin podemos presentaros “Los Martes de DAMA”, que empezarán mañana mismo, día 2 de abril, en la Cineteca del Matadero de Madrid (tampoco descartamos ir organizando, con el tiempo, actividades en otras ciudades) con Enrique Urbizu, que hablará sobre “La esencia preverbal”

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Para los demás martes del mes de Abril, como podéis ver en el banner, contamos con charlas de Borja Cobeaga, que hablará sobre tendencias de la comedia actual, o Benito Zambrano, que intentará evitarnos los errores que él cometió.

Sin embargo, como nuestra intención es combinar los nombres más conocidos con los de guionistas de televisión algo menos populares, también estarán con nosotros Laura Belloso y David Bermejo, con gran experiencia en series como “Los hombres de Paco” o “Luna, el misterio de Calenda”, que nos hablarán sobre las diferencias entre nuestra ficción y la norteamericana y Viginia Yagüe, creadora de “La Señora y “República” entre otras, que tratará sobre la escritura y análisis de secuencias en formatos televisivos.

Para los socios de DAMA, las charlas son gratis, para los estudiantes de audiovisuales, cuestan unos ridículos 2 euros. Para los demás, 5. Eso sí, es necesario inscribirse aquí. No dejéis de hacerlo ahora mismo, ya que las plazas para algunas charlas ya están a punto de agotarse.

Gracias a la colaboración de Bloguionistas, iremos actualizando el banner con la información de las charlas durante los próximos meses.

Espero veros pronto por la Cineteca.

Juntos tal vez podamos enterarnos de qué carajo es eso de la “esencia preverbal”.


UN GUIÓN EN 25 HORAS

18 febrero, 2013

Por Daniel Castro

El origen

Hace poco más de un mes, Juanjo Ramírez Mascaró, uno de esos amigos con los que uno intercambia cientos de “me gustas”, comentarios y retweets en las redes sociales pero con los que apenas ha tomado cinco cañas, se puso a sí mismo un reto divertido y desquiciado: se comprometió a escribir un largometraje en 24 horas. Sí, entero. Juanjo, para que quedara clara la autenticidad de su gesta pidió que sus contactos en Twitter y Facebook le propusieran premisas. Natxo López, de Bloguionistas, le hizo llegar por twitter una propuesta convenientemente impertinente.

tweetganador

Y, como había prometido, Juanjo escribió un largo (de 70 páginas) basándose en ella. Podéis leerlo aquí. (Natxo escribió brevemente sobre este asunto aquí).

Como no hay idea descabellada que me sea ajena y ahora tengo algo de tiempo libre, me animé a hacer lo mismo. En mi caso, establecí algunas condiciones. Yo, con todo el cariño para Natxo, no quería escribir un largo sobre algo demasiado desquiciado. Además, si pedía a mis contactos que me propusieran ellos sus ideas, podría verme obligado a escribir sobre algo que no me interesara en lo más mínimo. Entiendo que tal vez esto formara parte del reto original. Pero mi quijotismo, siendo exagerado, no es comparable al de Juanjo.

Desde hace cierto tiempo tenía una idea que nunca había llegado a escribir en papel. Sin embargo, en mi cabeza estaban el principio de la historia y una idea aproximada de su desarrollo y desenlace. También sabía cómo debían evolucionar las relaciones entre algunos personajes. Casi nada más.

Como la fase de estructurar la historia, de darle forma, es la que más me cuesta y, a veces, las horas de dar vueltas a la escaleta acaban, incluso, con mis ganas de escribir la historia, esta vez decidí aprovechar las condiciones de Juanjo para hacer un tratamiento de choque: la estructura y los diálogos se escribirían a la vez. Una primera versión de escaleta y diálogos al mismo tiempo. En un día. Luego, si la historia merecía la pena, la rescribiría con más calma.

pantalla

El desarrollo

Empecé a las 12 del mediodía del jueves 7 y escribí la última palabra aproximadamente a las 13 horas del viernes 8. Necesité una hora más de lo previsto para escribir 71 páginas.

Dormí unas cuatro horas y comí varios platos de pasta al pesto y sándwiches mixtos siempre frente a la pantalla del ordenador (con la pantalla en colores invertidos, para evitar que se me cansara la vista por el brillo).

Durante casi todo el tiempo escuché una playlist de Spotify seleccionada por un amigo. Nunca he escuchado tanta pachanga sobrio.

Al final, el artefacto tiene 71 páginas. Las fui publicando por entregas en este precario blog que creé en el momento. Cada parte era de unas 13 páginas, aproximadamente. Algunos amigos las iban leyendo conforme las colgaba, de forma que se iban “enganchando” a algo que yo estaba escribiendo en ese mismo instante. Esta sensación de inmediatez es una de las más curiosas que he experimentado recientemente.

Si queréis leer lo que escribí, aquí está el guión completo y, si preferís hacerlo por entregas, podéis verlas tal y como fui colgándolas, en el blog.

desayuno

Algunas conclusiones

¿Qué conclusiones saqué de una escritura tan acelerada? Vamos allá.

1.  La primeras es obvia: escribir un guión de largo en 24 horas (25 en mi caso) no es demasiado conveniente. Por unos cuantos motivos, pero, principalmente, porque uno tiene que ir muy rápido. Las consecuencias son las obvias: los diálogos no se revisan, las primeras ideas se llevan a cabo sin mucha crítica, el cansancio va haciendo mella… Sin embargo…

2. Escribir un guión de largo en 24 horas (25 en mi caso) es bastante conveniente. Obviamente, por otros motivos diferentes: contribuye a desatascar una idea que no has trabajado durante un tiempo, la urgencia te lleva a no detenerte en cuestiones estériles y, en algunos casos, a inventar soluciones que no se te hubieran ocurrido en otras condiciones. Si el guión no queda bien, no habrás perdido en él más que un día de intenso trabajo. Si el guión queda decente, o, al menos, inventas algo, habrás sacado de ese día más de lo que uno obtiene de una jornada normal de trabajo.

3. Escribir un guión de largo en 24 horas es muy jodido. Incluso si uno no duerme ni una sola hora (cosa difícil) y escribe un largo de sólo 70 páginas (muy corto para el estándar), debe producir casi tres páginas por hora. No es mucho para un guionista experimentado que trabaje con una escaleta clara y cerrada. Pero es demasiado si no se cumple algunas de estas condiciones.

Otro elemento positivo de esta experiencia es que, al ser un trabajo hecho en unas condiciones tan extraordinarias, al menos en mi caso, estoy mucho más abierto a escuchar opiniones ajenas y a modificar el guión y su estructura.

Por eso os quería pedir a quienes lo leáis que me digáis sin ningún tipo de escrúpulos (pero con cierta educación) qué os parece, qué secuencias os gustan, cuáles no, qué cambios haríais, etc. Os prometo tener vuestros comentarios muy en cuenta.

La moraleja

Son malos tiempos. Muchos creen que nunca van a trabajar en lo que les gusta. Algunos ya están buscándose la vida en otros sectores o países mientras esperan que las cosas vuelvan a ser como fueron. Pero casi todos imaginamos que eso no va a suceder. Para bien o para mal. Sabíamos escribir guiones para series de televisión. Algunas tenían éxito. Pero ahora ni siquiera las series de éxito lo tienen. Nuestras armas parecen oxidadas y son las únicas que tenemos.

Trabajar es lo único que nos puede salvar del desánimo. Rodar una película en un sólo día como los de #littlesecretfilm o, tal vez más fácil para nosotros los guionistas, escribir un cuento, una webserie, una saga épica o, ¿por qué no?, un guión de largometraje en 24 horas. Mandarle al mundo, y a ti mismo, una prueba de que estás vivo. De que sigues teniendo dos o tres cosas que contar. De que te has lanzado a una estúpida y peligrosa laguna y has llegado vivo a la otra orilla. Y de que, cuando quieras, puedes volver a hacerlo.


LA ANTIFIRMA INVITADA

15 enero, 2013

Por Daniel Castro (Guionista en Chamberí)

En una entrada que se publicó en este blog en noviembre, hubo este intercambio de comentarios.

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Casi dos meses más tarde, tomándome la palabra,Yabadabadooh, llamado realmente Arnau Margenet, me envió un texto en el que expresaba todas las angustias del guionista principiante que aspira, por lo menos, a tener la oportunidad de demostrar su valía.

Creo que es posible que algunos de vosotros os sintáis identificados con Arnau, que también sintáis cierto rechazo al leer en este blog historias de éxito, de sueldos astronómicos, series de gran audiencia o directores llamados a trabajar en Estados Unidos. Es muy posible que algunos nos veáis como triunfadores que han logrado colarse en lo que Santamano suele llamar la “pomada“. Puede que sintáis que estamos atrincherados en una fortaleza de oro de la que nos resistimos a ser evacuados.

Es posible que tengáis parte de razón. Pero, caso de ser un triunfador, no sé qué carajo hago, con una manta sobre las piernas, muerto de frío, prácticamente en el paro desde junio, escribiendo en este blog a las once y media de la noche en lugar de estar viendo una película con mi novia.

Aquí va el texto que me envió Arnau.

LA ANTIFIRMA INVITADA

por Arnau Margenet

En el poco menos de un año que duró el máster de guión de la UPSA el año pasado pasaron por el aula numerosas voces reconocidas del mundo del guión y el cine (Urbizu, Cobeaga, Diego San José, el mismísimo Sergio Barrejón entre otros muchos), y en todos ellos parecía irradiarse la figura del ‘ejemplo a seguir’. Lo parecía, sobre todo, a ojos de los que estábamos sentados enfrente, jóvenes ilusionados que recibían a los ponentes como estrellas de cine, que veían en esos seres mitológicos un espejo en el que reflejarse, auténticas esponjas proaduladoras dispuestas a absorber todo lo que el conferenciante desprendiera de su ser, incluso su alma si eso sirviera de inversión. Esta absoluta e incondicional entrega del alumnado me hizo reflexionar sobre el poder (y la responsabilidad) que los enseñantes tienen para con sus enseñados, sobre la repercusión que pueden tener sus palabras sobre la presente y futura visión de quien las escucha –especialmente si éste tiene el oído más verde que la lima y el culo agualimón–, en fin, en la relevancia que tiene la elección de un discurso u otro, de un lenguaje, una visión, un posicionamiento u otro. Pero ese es otro tema del que (como suele decir David Muñoz aquí) “hablaré en otra ocasión”.

El caso es que cada visita que recibíamos resultaba tener un efecto catártico en nuestro estado de ánimo. Cada vez que un señor o señora que venía representando tal o cual película o serie o productora o trayectoria entraba en el aula, se subía a la tarima y hablaba, se paraba el mundo, se ensanchaban los tímpanos de los respetables y en la intimidad de nuestros cráneos resonaba (yo no era todo el alumnado, pero estoy seguro de ello) la misma profecía: “Yo de mayor seré como él”. Qué imbéciles, ¿verdad? Al menos es algo de lo que yo me di cuenta con el paso de las clases. Sí, la revelación se me fue dibujando a medida que quemábamos las semanas, con el suceder de ese discurso falsamente optimista que se iba hilvanando ponente tras ponente, repleto de buenas intenciones y ánimos pero manchado por el cúmulo de referencias a la crisis, a los despidos, a las congelaciones… a lo mal que está todo vaya. La ilusión dio paso a los números, y a medida que pasaban las semanas se impuso la razón, el realismo, la estadística. Mientras que parte de mí se aferraba a la fantasía, la otra (de naturaleza escéptica) tiraba en dirección contraria y me ordenaba que mirara por un momento alrededor, que recordara el número de guionistas en activo que existen en este país (recuerdo que un ponente puso la medida en 2000 o por ahí) e hiciera cálculos. Entonces lo vi: imposible que todos seamos guionistas. No digo ya de cine, a esos les ampara la divina providencia, sino de tele, de radio, de lo que coño sea. ¿Quién de nosotros, de los 24, terminará siendo guionista?

Te pones a pensar en ello y no convienes ninguna cifra en concreto. “Tal vez cinco”, te dices. Pero pudieran ser dos, o veinte. Quién sabe, todo conjeturas. En todo caso, no todos lo seremos. O sí. Pero en TODO CASO, no todos los alumnos que han pasado por las ocho promociones de este máster (¡y que sean muchas más!) lo son o lo serán. Tal vez fuera porque era una de esas obviedades de las que uno no tiene constancia hasta que se encuentra a un palmo de ellas, de las que duelen porque aún siendo previsibles te han pasado inadvertidas (cegado por el romanticismo), pero esa certeza, esa realidad que de pronto se me reveló como agua clara, me perturbó y me imanó a tierra. Primero pensé: joder, si los 23 tienen depositadas en esto las mismas ganas terribles que yo, el fracaso será como la muerte. Y en segundo lugar, como una losa: ¡Coño! ¡Que podría ser yo!

Claro. Podrías no ser guionista. Es una posibilidad. Una de muy razonable, además. Siempre podrás trabajar de otra cosa, de periodista, de operario de set, de script, de cajero de supermercado… Al final esto va de vivir la vida, de comer y pasar el rato y eso. ¡Pero no! ¡Qué mierdas digo! Y te mantienes firme, te aferras a la esperanza y sobre todo te esfuerzas, lees cosas sobre guión, lees guiones, desglosas guiones, escribes guiones, comes guiones, porque sabes (o al menos eso prometen los proverbios positivistas que tan socorridos son en esta sociedad, a cuyos miembros promete mieles a cambio de trabajo duro) que ese es el único camino hacia la cima –la cima es el curro, no un Óscar–. La suerte no aparece, se busca, que dicen. Pero entonces, de vuelta a nuestra aula de Máster, llega ese ponente. Es ese guionista sin vocación, ese que considera el ser guionista un oficio (ok), ese que entró de casualidad y sin ni siquiera pretenderlo porque alguien le propuso hacer, le invitó a, le abrió las puertas de, cuando escribía un blog o trabajaba de no sé qué en no sé dónde (vaya por delante, que a los que me refiero son guionistas MUY buenos y cotizados). Es en ese momento, cuando ese guionista te hace partícipe de su anecdótico acceso al mundo del guión cuando empiezas a sumar, otra vez. “Vale, 2000 guionistas… crisis… despidos… vale. Proyectos cancelados, en la nevera, en barrena, congelados… bueno, crisis… ¡pero tengo un máster! ¡uno de prestigio!…y además creo que algo de talento… ya, ¿y qué?… bueno… espera, aquí somos 24… ¿cuántas pruebas de guión oficiales hemos hecho este año? Ah sí, cero. La crisis… ¿Y si este año no cogen guionistas, y el siguiente tampoco, ni el otro? Pues 24×3… 72 guionistas… 0 sillas… Vale, bueno, vale”. Y clavas la mirada en los ojos de ese guionista suertudo –como echándole la culpa–, ese que entró cuando hubo bonanza, que nació en el año que tenía que nacer y se plantó en los 90 cuando (tal vez) entraba hasta el que pasaba por ahí o el que tenía un amigo que. Y es ahí cuando empiezas a murmullar, y no canalizas la frustración por el tubo adecuado y te cabreas, y empiezas a pensar que alguien te está tomando el pelo.

Y debo decir, llegado a este punto, que lo mismo me ocurre en este blog con algunas de las FIRMAS INVITADAS. Profesionales que escriben acerca de su experiencia, de cuán entorpecidos fueron sus primeros pasos como guionistas, -echando la vista atrás con condescendencia hacia si mismos y cierta nostalgia– aunque al final se abrieron paso entre la maleza, sortearon los más infranqueables escollos y, al fin, lograron su sueño. Lo leo y me jode, porque parece que lea una película familiar de Hollywood, con su discurso biempensante y su desenlace asquerosamente feliz. Y además me digo: “Habrá quien tras unos inicios entorpecidos, se cayera al suelo para no levantarse jamás”. ¿Dónde están esos? ¿Dónde están los ‘fracasados’? Porque a esos también nos conviene escucharlos.

Es un problema mío, lo sé. Es frustración, la sensación de entregarse al más apasionado masoquismo. Porque estás ahí, hundido en el asiento del aula. Pensando: vienen aquí y me cuentan su bonita historia, sus aventurados inicios, sus más y sus menos, sus anécdotas de guionista y toda esa mierda, autocomplacientes, gustándose, sabiendo que el auditorio está rendido a su fábula y, sobre todo, trasvasando su feliz experiencia a nuestro generador de expectativas y futuros por dibujar. Vale, sí, esto es un máster de guión en el que se imparten conocimientos de guión y en el que profesionales del guión ofrecen ponencias en las que se transmiten, entre otras cosas, las experiencias relacionadas con el guión (en fin, que no es un máster de no-guión, y vienen no-guionistas). Pero, ¿alguien me entiende? Es frustrante. Es ofensivo el discurso exclusivamente positivista con el que el ponente medio embelesa al alumno de hoy, tan lleno de buenas (tan buenas como relativas) premoniciones e intenciones, de dulces perspectivas y, sobre todo, cargado de ánimos sonoramente condescendientes. Ninguno te dice: “vamos a ver chicos, no todos seréis guionistas, lo sabéis ¿no?”. Qué va. Y tal vez nos conviene que alguien nos lo recuerde de vez en cuando (bueno miento, uno de ellos si que nos lo dijo, y de lejos fue la ponencia más honesta y enriquecedora de todas, con la que todos nos quedamos, por distendida y constructiva, por realista, cruda y, aún así, estimulante). Hay que currárselo, por supuesto, pero también hay que contemplar la posibilidad de que, a pesar del esfuerzo y la fe, acabes currando de otra cosa. Porque si al final es así, si no consigues ser guionista y te has pasado la vida visualizando tu futuro a conveniencia, convencido de que era cuestión de tiempo materializarlo, tu vida se va a convertir en poco menos que un infierno, carente de sentido ni motivación. Para los que sentimos devoción y vocación por esto es algo difícil de asumir, pero vale más ser prevenido y entender que en la vida hay muchas cosas buenas por hacer a parte de perseguir sueños.

Parecen las palabras de alguien que da la batalla por perdida, huelen a abatimiento y resignación. Ni mucho menos. Sólo contemplo esa opción, que es una de muchas, pero que a menudo obviamos porque contravienen a los sentimientos más gratificantes que puede experimentar el ser humano, que son los que nacen de los sueños y que tienen relación directa con el sentido, más o menos ambicioso, que cada uno le quiere dar a su vida. Si uno no se previene, la opción de no cumplir un sueño puede ser, precisamente, lo contrario a eso: la muerte. Por eso evitamos afrontarla, por miedo a constatar lo irrefutable. Aún así no hay que dejar de currar. Currar, currar y currar, y luego la contingencia nos llevará por un camino u otro (por bien que currar, creo, es la única manera de tener un mínimo control sobre ella y condicionar para bien tu destino).

Explico todo esto porque entiendo que mucho jóvenes como yo se encuentran en una situación similar, muchos que, además, frecuentan religiosamente bloguionistas: un blog de guionistas y para guionistas. ¿Y para aspirantes a guionista? También, por supuesto. Pero, personalmente, a veces echo de menos que los que están dentro echen un cable a los que estamos fuera. Y no me refiero un trato preferente ni un “hola jefe, te presento a este chico”, sino a un espacio, aunque sea en la intimidad de nuestra gruta gremial, en el que ser recordados y aconsejados, reverberados a los demás paisanos que concurren la plaza mayor de la industria. Un foco sobre el montón de jóvenes aspirantes que se apilan año tras año en la puerta de acceso, luchando por coger aire, por favor.


LO MEJOR DE 2012, PARA MÍ (PUEDE CONTENER SPOILERS)

31 diciembre, 2012

Por Daniel Castro (Guionista en Chamberí)

Un lugar donde quedarse

Un viejo rockero, con el cerebro frito pero con un extraño sentido del humor, arrastra una maleta con ruedas. Cruza el océano en un trasatlántico para volver a Estados Unidos, ahora que su padre ha fallecido. Una vez allá, se entera de que éste dedicó los últimos años de su vida a intentar vengarse de una humillación menor que había sufrido en el campo de concentración nazi en el que fue internado. El protagonista decide continuar la misión de su padre. Busca por los Estados Unidos al viejo nazi. Por el camino encuentra juega partidas de ping pong, asiste a un memorable concierto de David Byrne, conversa con el tipo que decidió poner ruedas a las maletas, asiste a la combustión espontánea de un todoterreno que le prestó un mafioso y tiene memorables encuentros con ocas, bisontes y hombres tatuados.

Posiblemente, la película más libre del año. “Sólo lo raro es bello”, escribió Baudelaire, Pues eso.

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Take Shelter

El protagonista de “Take Shelter” repite una frase para si: “Hay algo que no está bien, algo no está bien” viene a decir. Es casi la misma frase que repite Sean Penn en “Un lugar donde quedarse”, creo que en el interior del coche. Dos presuntos desequilibrados que resultan ser, irónicamente, más cuerdos que quienes les rodean.

Pero así como “Un lugar donde quedarse” es una curiosa road movie protagonizada por un Buster Keaton disfrazado de Robert Smith, “Take Shelter” es una durísima historia sobre la locura, el amor y el miedo. Ésta, en cambio, no es una película libre. Aquí sabes que, escribiendo y dirigiendo, hay un tipo que sabe a donde va. Y conduce muy bien.

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Los descendientes

Un hombre corre en chanclas hacia la casa de unos amigos. Quiere asegurarse. ¿Es posible que sea verdad? Su mujer, ahora en coma, ¿es cierto que ha estado engañándole con otro hombre desde hace meses?

Sí, es cierto. Y Clooney, con sus chanclas y sus bermudas, llega a conocer al amante. Un hombre para el que su esposa significó demasiado poco. La extraña tristeza de Clooney en ese momento. Por lo menos, hubiera deseado que, para su amante, ella hubiera sido alguien extraordinario.

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Declaración de guerra

Otra carrera. Ésta desesperada, por los pasillos de un hospital. Valérie Donzelli se dirige a si misma, cuando, hace unos años, recibió la noticia. Su hijo estaba gravemente enfermo. Ella y su novio se encarnan a si mismos en una película sobre la enfermedad de su hijo y cómo les afectó. Ahora su hijo está mucho mejor. Pero ellos ya no son pareja. Una película dolorosa y, sí, divertida.

(Aquí, en Filmin)

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La cueva de los sueños olvidados.

Herzog entra en la cueva de Chauvet. Graba en 3D las pinturas rupestres. Los salientes de las rocas, los animales retratados. La mano de un artista, repetida en la pared. Tal vez es su firma. Tal vez es su voluntad de sobrevivir a la muerte y vencer al tiempo. Como la película que estamos viendo.

Y ese extraño epílogo del cocodrilo albino…

(Aquí, en Filmin)

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Diamond Flash.

La minúscula película de Carlos Vermut es una de las más desasosegantes y originales del año. Una mezcla de Tarantino, Shyamalan y Bergman. Os lo juro. Que la haya logrado en condiciones tan precarias es el mejor de los estímulos en estos tiempos de negros augurios sobre el futuro del cine.

(Aquí, en Filmin)

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Lo imposible.

Una película de catástrofes que no es una película de catástrofes, es la historia de una familia normal viviendo una experiencia extrema. Una historia de supervivencia contada con todos los recursos del cine más espectacular, pero también con honradez. No parece española. Efectivamente, parece una gran película de Hollywood. En el buen sentido.

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De óxido y hueso.

A algunos no les gusta el título español. No acabo de entender porqué. Pocas cosas más físicas y duras que una película de Audiard. En ellas todo son cuerpos chocando, huesos partiéndose, cristales clavándose y sangre negra manando. De vez en cuando, un tímido rayo de sol. Un paso más cerca del melodrama, pero sin alejarse del género negro, Audiard y Bidegain adaptan libremente relatos de Craig Davidson, trasladándolos de Norteamérica a Francia sin que pierdan ni un gramo de verosimilitud en el camino.

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Un amor de juventud.

Sin llegar a la altura de “El padre de mis hijos”, la siguiente película de Mia Hansen Love es una preciosa historia de amor y nostalgia que parece hablar, sobre todo, sobre el paso del tiempo.

(Aquí, en Filmin)

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Esto no es una película.

Un director iraní, obligado por el régimen de Ahmadinejad a permanecer en su casa, sin poder rodar. Como un león enjaulado, pasea por el salón de su casa, grabado por la cámara de un amigo documentalista, arreglando detalles legales, preocupado por la seguridad de su familia, que queda atrapada en una manifestación contra el gobierno en las calles de Teherán y, sobre todo, leyendo el guión, interpretando los papeles, dibujando en el suelo las paredes de la casa imaginaria de una película que, posiblemente, nunca le permitan rodar. Pronto admite su fracaso. Una película no se puede contar. Si fuera así, no haría falta rodarla. Os recomiendo ver esta pequeña no-película sobre la necesidad de rodar. Cuando, como en el caso de alguien como Panahi, rodar es vivir.

Con escalofriantes títulos de crédito, por cierto.

(Aquí, en Filmin)

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EL PRINCIPIO DEL FINAL

26 noviembre, 2012

Por Daniel Castro.

Hola a todos. Espero que tengáis el suelo sucio.

Porque vengo a venderos una escoba.

Sí, ésta es una de esas entradas que podéis archivar bajo la etiqueta de “Autobombo”.

Podría buscar en el archivo de Bloguionistas, pero no quiero.

Me da miedo.

Y vergüenza.

Prefiero no comprobar cuánto tiempo ha pasado desde que me embarqué en la grabación de un largometraje autoproducido titulado “Ilusión”.

Han pasado tantos meses que podríamos contarlos por años. Por lo menos dos.

En este tiempo, con la ayuda de un montón de gente, he grabado y montado la imagen de una película que odio y aprecio de manera intermitente sin que, a veces, nada justifique esos cambios.

Este viernes, ante la indescifrable mirada de Homer, su perro amarillo, la montadora Cristina Laguna y yo dimos por cerrado, de una maldita vez, el montaje de “Ilusión”.

Para cuando leáis esto, Roberto ya estará trabajando en la posproducción de sonido y la suerte estará echada.

Éste es un avance.

Espero que os guste.


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