FIRMAS INVITADAS: LOS GUIONISTAS DEL FUTURO / 14

30 junio, 2014

Continuamos con la serie de artículos escritos por los alumnos del Máster de Guión de la Universidad Pontificia de Salamanca, donde varios de los autores de este blog colaboramos como profesores.

PREPÁRATE PARA SER GUIONISTA

Por Susana Cámara y Sara Riesco

Tras realizar una encuesta en profundidad* sobre lo que es ser estudiante de este máster hemos llegado a una serie de conclusiones que expondremos a continuación. Hemos preguntado a abuelas, padres, hermanos, primos y amigos de esos que estudian medicina. Hemos ordenado, clasificado y archivado por orden alfabético la información resultante y lo cierto es que no nos ha servido de mucho, pero como somos guionistas nos lo hemos inventado un poco. Y ya de paso aprovechamos para contaros qué está siendo para nosotros este año en el Máster de Guión de Ficción para Cine y Televisión.

1. LO QUE PIENSAN NUESTROS PADRES QUE ES SER GUIONISTA:

Vamos a ver. Eres estudiante, quizás veinteañero, te quieres dedicar a escribir, de pronto te vas a ver viviendo en una de las ciudades con más fiesta de la geografía española, quizás sea la primera vez que vives solo… ¿Acaso piensas que tus padres se creen que vas a estar escribiendo teorías sobre Schopenhauer las 24 horas del día?

1. Decírselo a tus padres

2. LO QUE PIENSAN TUS AMIGOS QUE ES SER GUIONISTA:

De pronto tus amigos sólo te van a ver como un recomendador de películas profesional. Oye, que no sé que ver esta noche… Recomiéndame algo. Pero claro, que no se te ocurra mencionarles a Kaurismaki, que eres un cultureta, que yo quiero algo fácil. Fácil. Sí, fácil… de esas para no pensar. Entonces tú, que tienes la cabeza a centímetros de la pared porque estás a punto de darte cabezazos, de pronto, te paras y decides que “El Séptimo Sello” es la mejor recomendación para que tu amigo, ingeniero de minas, disfrute de un sábado por la noche con su pareja. Lo cual no les ayuda, precisamente, a comprender por qué quieres ser estudiante de guión.

Y eso cuando no tienes la típica conversación…

El médico: Buf, mañana tengo examen de fitopatología.

El ingeniero: Pues yo ayer tuve un examen de 6 horas y estoy…

: Yo estoy escribiendo un largometraje y no sé por dónde agarrar el segundo acto.

Asúmelo… Las miradas de desdén VAN A ESTAR AHÍ.

2. Desdén

 

3. LO QUE TU ABUELA PIENSA CUANDO LE DICES QUÉ QUIERES SER “DE MAYOR”:

3. Abuela

 

4. LO QUE TUS PRIMOS PEQUEÑOS PIENSAN:

De pronto las comidas familiares dejan de ser un drama para ti. Tus primos y hermanos pequeños escuchan con la boca abierta lo que haces en clase, todos los coleguitas de preescolar de tu primo Antoñito conocen de tu existencia porque VAS A TRABAJAR EN LA TELE.

4. El gancho

 

5. LO QUE REALMENTE ES SER ESTUDIANTE DE ESTE MÁSTER:

Y aquí viene el problema. Por la corta experiencia que tenemos podemos decir que ser guionista puede ser lo más divertido del mundo, pero antes de acosar con correos, guiones y llamadas al director del Máster de Guión, os queremos invitar a esperarle a la puerta de su casa cada tarde con una pancarta que indique “acéptame, queremos entrar”.

Es broma, no lo hagáis, podría traeros ciertos problemas legales.

5. Es broma, no

Pero meditad bien vuestra decisión.

Porque igual que un electricista no sólo cambia bombillas.

Un médico no sólo hace recetas.

Y un informático no sólo formatea ordenadores.

Un guionista no se pasa el día escribiendo lo primero que se le viene a la cabeza.

Tenemos muy claro que con nuestra corta experiencia en este mundo, no sabríamos decir con total exactitud qué ES ser guionista, pero quizás os podamos ayudar diciendo lo que hemos descubierto: algunas cosas que NO SON. Cosas que este máster te enseña desde el minuto uno.

Aprendes que ser guionista no es sólo leer manuales:

Leerlos ayuda, está claro, pero dedicar tu vida a los manuales no te va a otorgar la clave para el guión perfecto. Ni siquiera estamos seguras de que eso exista. Lo que sí sabemos es que muchos de los ponentes de este máster te van a mostrar sus propios trucos para hacer de tu historia un producto interesante y con criterio.

Aprendes que ser guionista no es escribir algo y ya:

Por la palestra del máster van a pasar grandes profesionales del guión, productores, analistas… y cada uno te va a dar su propia visión personal de la profesión. Pero si hay algo en lo que todos ellos van a coincidir es en que escribir es reescribir. La frase, que vas a tener hasta en la sopa desde el minuto uno del máster, es cierta como que el agua moja. Y aquí se reescribe. Y mucho.

Si viene la inspiración, que me pille trabajando. Pablo Picasso.

Aprendes que ser guionista no es contar tu vida:

Es inevitable que tus personajes terminen teniendo algo tuyo, personal. Es inevitable hasta el punto que te van a perseguir una vez dejes de escribir y decidas tomarte el colacao de media tarde, irte de cervezas o visitar a tu abuela la de Cuenca. Pero esto no quiere decir que tus personajes tengan que ser tú. Taller tras taller, trabajo tras trabajo,  a la fuerza, terminas aprendiendo a despegarte de todos tus guiones sin dejarlos marchar, a convivir con ellos y, sobre todo, a escribir con la distancia suficiente como para poder decir que son tu creación. No tú.

Aprendes que convertirte en guionista no significa que todo lo que escribas vaya a ser la hostia:

De hecho no. No vas a escribir “Ciudadano Kane”, al menos a la primera de cambio. Los talleres que se imparten son intensivos, duros y te harán trabajar; recibirás críticas, muchas críticas, prepárate para eso. Pero serán críticas siempre enfocadas a ayudarte a dar una vuelta de tuerca más a lo que quizás considerabas que era un guión perfecto. Y, tras un año, habrás sacado adelante trabajos de los que podrás estar orgulloso. En definitiva, saldrás de aquí cargando con muchas de las herramientas necesarias para conseguir escribir una buena historia.

Aprendes que ser guionista no es vivir en una buhardilla rodeado de gatos, alcohol y tabaco:

Quizás sí, cada uno es un mundo, pero digamos que no es la tónica general. El primer día de clase nos lo advirtieron; nos avisaron de que mirásemos alrededor y que asumiésemos que esas 23 personas que nos rodeaban se iban a convertir en nuestra segunda familia. Y como en toda familia hay gente con la que te llevas mejor o peor, con las que discutes más o menos… Pero trabajo tras trabajo, terminas sacando adelante historias que nunca hubieras escrito en la soledad de tu buhardilla y aprendes a asumir que tu idea no siempre es la mejor. Seréis 24 personas con ganas de aprender y dispuestas a comerse el mundo; serán inevitables las discusiones, muchos tendréis puntos de vista completamente opuestos a los del compañero de al lado… Pero nunca hay que olvidar que si habéis llegado a este máster es porque os une un interés común. Y eso se nota, especialmente a la hora de trabajar: todas estas discusiones no sirven sino para enriquecer los guiones y la forma de pensar de los 24 compañeros que formamos parte de la clase.

Por último, nos gustaría tranquilizar a esos padres que nombrábamos al principio. Obviamente no nos pasamos el día teniendo tertulias acerca de Schopenhauer, pero hacer el Máster de Guión de Ficción para Cine y Televisión no es simplemente alargar un año más tu grado universitario: hay que trabajar. Y a ti, posible futuro alumno… Si estás pensando en dedicarte a una profesión dura has de asumir que es posible que tardes bastante tiempo en ver en una pantalla alguno de tus escritos, que tu tiempo libre va a verse invadido por guiones y personajes y que tu casa va a convertirse en tu oficina de aquí en adelante. Pero todo esto merece la pena si lo combinas con un buen ambiente, con un año de aprendizaje continuo y con una dinámica de trabajo que nada tiene que ver con lo que ha sido tu vida universitaria hasta el momento. Y lo más importante, saldrás de este máster cargando a tus espaldas con un dossier de trabajos tutorizados por gente implicada en su trabajo y una experiencia (personal y profesional) muy difícil de encontrar fuera de estas paredes.

* Es mentira

 

 


FIRMAS INVITADAS: LOS GUIONISTAS DEL PASADO

12 junio, 2013

por Daniel Corpas Hansen.

Yo aprendí a escribir guiones en Cuba, en la famosa EICTV, allá por 1999. Dicen que la técnica se puede aprender en una semana, pero que lo otro, lo realmente importante, no se aprende ni en toda una vida. Dicen muchas cosas. Como aquello de “El talento se abre paso”, bonita frase que te noquea cuando eres joven y en la que tiendes a creer con el fervor y la pasión (y la bendita inconsciencia) de los años mozos. Yo, a mis 36 primaveras, he llegado a la conclusión de que para abrirte paso de verdad no hay nada como Grond, aquel simpático ariete con el que los orcos llaman a la puerta de Minas Tirith.

Se me ocurrió esta entrada a raíz de la serie iniciada en este blog bajo el título “Los guionistas del futuro”. Porque leo a esos jóvenes escritores preguntándose qué se van a encontrar en el “mundo real”, tratando de conjurar el miedo a base de ilusión, y es inevitable recordar cómo era uno cuando empezaba en este extraño negocio de juntar palabras. Y entonces lo primero que se me viene a la mente (aparte de Grond) es aquel maravilloso diálogo de Red en “Cadena perpetua”, en el que expresaba su deseo de retroceder en el tiempo y hablar con el muchachito atolondrado que un día fue, para hacerle entrar en razón. Pero, claro, la vida no funciona así.

Calma, no me voy a poner condescendiente, por una sencilla razón: llevo tres años en el dique seco, desempleado, que no parado, y mi último cheque data de enero de 2010. ¿Quién soy yo, pues, para hablar ex cátedra? Tras una década en la profesión, se me ocurrió tomarme un pequeño receso, un break para escribir literatura y viajar un poco. Un trimestre sabático que ya va para trienio. Y subiendo…

Así que mi gran duda es: ¿soy ya un guionista del pasado? Quiero decir, ¿se ha acabado mi carrera? ¿Volveré a trabajar en una serie algún día? ¿Debo empezar a preparar oposiciones (ups, ya no hay empleo público)? ¿Monto una coqueta librería con vinitos y gin-tonics (ups, ya me he comido los ahorros)? ¿Emigro, emprendo o lío un cirio como el de Michael Douglas en “Un día de furia”? ¿Persevero o arrojo la toalla? ¿QUÉ COÑO HAGO?

Hace poco una amiga guionista muy curtida me decía una frase bastante acertada: “cada vez que te quedas sin trabajo empiezas de cero”. O sea que de algún modo, en cuanto acaba un proyecto, todos volvemos a ser esos “guionistas del futuro” agarrotados por las dudas y la incertidumbre.

Curiosamente, en mi caso hubo un tiempo en el que las cosas fluían de manera natural, como si el éxito y la gloria aguardasen justo a la vuelta de la esquina: Verónica Forqué quería mi guión de largo para su ópera prima como directora, me encargaban biblias y pilotos de series que ya estaban casi aprobadas por tal o cual canal de TV, mis productores me daban palmaditas y elogiaban mi talento… Ah, otra vez el talento, gran palabro, tan fácil de usar y que todos ansiamos aplicarnos, porque vivimos en un país lleno de Leonardos, genios que dirigen, escriben, producen, editan, actúan, componen, cantan, bailan claqué y como te descuides te hacen la O con un canuto… Por eso he llegado a valorar mil veces más al artesano que al artista, pero eso ya es otra historia.

¿Por dónde iba? Ah, sí, estaba a punto de coronar la cima, podía rozarlo con la yema de los dedos, ya casi me sentía como Tony Montana girando en la rueda de la fortuna (“The world is yours”)… Pero transcurrieron las semanas, y luego los meses, y supongo que mis guiones se fueron cubriendo de polvo en algún cajón. Así de simple, no pasa nada, gajes del oficio. Después de eso trabajé en varias series y me gané el jornal honradamente, que no es poco tal y como está el patio.

Ahora, sin embargo, mi rutina consiste en enviar mails que casi siempre quedan sin respuesta, en mandar mi CV al éter, en hacer pruebas de guión a sabiendas de que nadie las lee, en preguntarme una y otra vez por qué siguen haciendo capítulos de prime-time tan absurdamente largos, en contemplar atónito cómo series con un 8% de audiencia renuevan por una segunda temporada, y cómo la ficción nacional repite hasta el infinito los mismos esquemas del siglo pasado, lo que me obliga a refugiarme en la HBO, en la AMC, en los viejos sueños en los que me veía recogiendo un Goya…

Eso sí: ni un solo día he dejado de escribir. Porque no sé hacer otra cosa en esta vida. Porque no quiero hacer otra cosa en esta vida.

Así que si pudiera volver atrás y cruzar unas palabras con el guionista del futuro que un día fui, le diría lo siguiente: “aprende a escribir en inglés y sobre todo no te rindas nunca”.


FIRMAS INVITADAS: LOS GUIONISTAS DEL FUTURO / 2

12 abril, 2013

Varios de los autores habituales de este blog somos profesores del Master de Guión de la Universidad Pontificia de Salamanca. Ayer comenzamos, y hoy continuamos, una serie de “firmas invitadas” muy especiales: los alumnos del Master, “los guionistas del futuro”.

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FRASES TATUADAS EN EL ALMA DE UN ASPIRANTE A GUIONISTA

por el desubicado en España, teatrero, melodramático, e intimista Luis Jara. Amante de lo fantástico y de la ciencia ficción, incansable contador de historias.

 

1. Antonio Sánchez Escalonilla: “Entrar tarde, salir pronto”

El gurú del guión en España nos dio una master-class de 11 horas, dedicada a los fundamentos de la narración y las estrategias del guión cinematográfico. Y con él llegó la primera frase grabada a fuego en mi corazoncito de futuro guionista: “Entrar tarde, salir pronto”. Esta frase, que ha sido uno de los leitmotiv del master, es la clave de una buena escena, y es en lo que más fallo como guionista. En la reescritura hay que replantearse cuándo realmente empieza una escena y cuánto de superfluo tienen, por ejemplo, las presentaciones de personajes antes de que comience la acción. Entrar en harina pronto conecta enseguida con el espectador, precisamente porque esa falta de contexto pone en alerta sus mecanismos de comprensión.

De igual modo, salir pronto  abre un abanico de posibilidades emocionales y narrativas. No mostrar el final de una escena, además de dejarla en alto para enganchar con lo siguiente, es mucho mejor que mostrar la conclusión de una acción. Un final trágico elidido; una última reacción ante el peligro; cortar antes del irremisible ridículo de un personaje… Mostrar sólo las consecuencias, da mucho más juego. Y ya si haces una elipsis de la destrucción de una ciudad a lo Transformer 3 o los escamoteos de batallas de Juego de tronos en la primera temporada, encima ahorras en producción…

 

2. Pablo Remón: “La información que necesita un espectador es menos de la que pensamos”.

El espectador es capaz de reconstruir lo que no se muestra, por lo que las explicaciones obvias le aburren y pierde su conexión activa con lo que ve. El problema que yo veo es encontrar un punto de equilibrio. ¿Hasta qué punto quiere trabajar el espectador?

De todos modos, la consigna es: no des todo tan mascado, no infravalores la inteligencia del que ve una película.

 

3. Sergio Barrejón: “Escribe primero la columna de acción”.

Los diálogos son la base de un guión, al menos de largometraje. De hecho, como lector es mucho más agradecido leer las partes dialogadas que las columnas de acción. Pero ya daba con la clave Mateo Gil en su visita al master: “Soy un buen lector de guiones, porque no me salto las columnas de acción…”

Sergio Barrejón, como profesor del taller de cortometrajes, nos insistió en replantearnos la necesidad de los diálogos. ¿Hace falta que se hable tanto? ¿Podrías contar lo mismo sin que se dijeran frases vacías?  Y nos sugirió escribir primero la columna de acción, hacer un corto mudo, y a partir de ahí buscar redondearlo con diálogos imprescindibles para que se comprenda la historia.

Por supuesto, la tendencia general cuando estamos escribiendo y el texto queda corto, es alargar las conversaciones. ¿Para qué? Deberíamos empezar a imaginar más lo que se ve en una película, y no sólo lo que se dice. Después de todo, el cine nació sin voz.

 

4. David Muñoz: “El acto 2 es lo que se promete al espectador”.

Desde las primeras clases teóricas del master había ya un fantasma que revoloteaba sobre nosotros, ilusos aspirantes a contadores de historias: El acto 2 (Trueno). El gran escollo, la gran muralla que salvar por los guionistas. ¿Por qué? Porque la cabeza de un guionista no empieza a maquinar en base a un desarrollo gradual de la hora de en medio de una película, sino con la idea de un planteamiento o conflicto interesante que se quiere desarrollar o por un final climático con el que dejar a todos sorprendidos y que se pasen horas hablando de tu ingenio o sensibilidad.

Y entonces llegó David Muñoz el profesor del taller de largo, que coge tus sueños creativos y los zarandea hasta dejarlos hechos unos zorros, peaje necesario para llegar a ser guionista. Las clases de David Muñoz son un continuo aprender a base de tropezar. Estando atascados en el acto 2, David pronunció la frase de arriba y me hizo plantearme el tema de otra manera: El acto dos es por lo que paga la gente cuando va a ver tu película, es con lo que va a disfrutar.  ¿Podría un guionista empezar la casa por el tejado, y comenzar a diseñar una estructura para un segundo acto “que a él le gustaría ver en el cine” y a partir de ahí empezar a construir?

Quizás esto último es bastante extremo. De cualquier forma, ayuda bastante tomar el acto 2 como un disfrute, como un paseo creativo en el que demostrar el guionista que somos.

 

5. Enrique Urbizu: “No me imagino haciendo otra cosa”.

Por el master han pasado algunos de los guionistas más importantes de nuestro país. Para terminar este artículo me gustaría hacer referencia a una frase de uno de ellos, el director de No habrá paz para los malvados, y que me viene a la cabeza cada vez que me encuentro ante una crisis creativo-existencial, o cuando me pregunto si merece la pena ser guionista.

Pues eso, que no me imagino haciendo otra cosa.

 



FIRMAS INVITADAS: LOS GUIONISTAS DEL FUTURO / 1

11 abril, 2013

Varios de los autores habituales de este blog somos profesores del Master de Guión de la Universidad Pontificia de Salamanca. Con este post, comenzamos una serie de “firmas invitadas” muy especiales: los alumnos del Master.

Con ustedes, los guionistas del futuro.

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FRASES TATUADAS EN EL ALMA DE UN ASPIRANTE A GUIONISTA

por Luis Jara y Alejandro Campos.

 

Atrás quedan ya cuatro duros meses de trabajo intenso en el Master de guión de ficción de la Universidad Pontificia de Salamanca. En las teclas de nuestros portátiles han caído gotas de café, ceniza de cigarrillo y alguna que otra lágrima. Queremos compartir con vosotros algunas sentencias recogidas en el master que nos han marcado y que tenemos muy presentes a la hora de sentarnos a escribir…

“ No, no, eso no lo escribas…”

“Ale, llevamos una hora para escribir este párrafo.”

“Lo de la ceniza y las lágrimas, no. No seas melodramático”

“…”

“¿Qué te pasa, Luis?”

“Mira, Ale, lo mejor es que cada uno escriba sus frases, porque es que no hay manera de ponernos de acuerdo”

“Vale, bien, empiezo yo y no me interrumpas…”

“¿Y si te presento yo, y tú me presentas a mí luego?”

“Cuidadito con lo que escribes”.

FRASES DE ALEJANDRO CAMPOS ESPAÑA:

Sevillano y trianero, amante del flamenco y de Almodóvar. El género en el que más a gusto se siente como guionista es en la comedia costumbrista, disparatada y con toques  de humor negro; y sobre todo, eso sí, en el melodrama. Esta ha sido su elección.


1. Alberto Marini: “Bayona emplea unas premisas muy potentes en sus películas: madre busca a su hijo en El orfanato; y madre/padre busca a sus hijos en Lo imposible”.

Sin premisa no hay película y mucho menos si esta no es lo suficientemente potente como para arrastrar a los personajes a la aventura de solucionar los conflictos que se le presentan.

¿Hay acaso un conflicto más potente que el hecho de que una madre busque a su hijo desaparecido, o viceversa? Las historias con esta premisa se repetirán una y otra vez, lo importante es el cómo se cuenta más que lo que se cuenta. Este supuesto, que trata la unidad de la familia, funciona porque debajo de la premisa se esconden muchos sentimientos con los que cualquier espectador se sentirá identificado, pues todos tenemos o hemos tenido una madre o un padre, o hijos a los que queremos con locura.

2. Natxo López: “El vestuario da comedia”.

El vestuario resulta fundamental en la comedia. Es un elemento visual que no sólo sirve para caracterizar al personaje, sino que además da mucha fuerza dramática a la historia que se quiera contar, y más aun si se trata de hacernos reír.

Ejemplos de ello hay muchos: quizás los más conocidos son Tony Curtis y Jack Lemmon vestidos de mujeres durante todo el metraje de Con faldas a y lo loco; Dustin Hoffman en Tootsie; Robin William en la Señora Doubfire; los enormes pendientes de cafetera que llevaba María Barranco en Mujeres al borde de un ataque de nervios; el inamovible e inalterable peinado de Marcia Cross en la serie Mujeres desesperadas; o el disfraz de tigre que llevaba Roberto Álamo en La piel que habito.

¿Es tarea del guionista o del director decidir la ropa o complementos que deben llevar los personajes en las historias? Tratándose de comedia estoy convencido que deben ser los guionistas los que deben dejar marcado esta decisión, siempre y cuando aporten una mayor caracterización a los personajes, esté al servicio de la historia, y den una mayor fuerza visual. Recordemos que la comedia suele prestarse a la inclusión de una paleta de colores mucho más estridente que a primera vista puede impresionar y marcar un ritmo dentro de este género.

3. Pablo Remón: “En la comedia los personajes se toman su papel muy en serio. Nos resulta ridículo eso que a los personajes les parece vital”.

Natxo López, coordinador del taller de escenas, dijo también algo muy parecido: Los monólogos funcionan muy bien en la comedia cuando lo que cuenta el personaje le importa mucho”.

Esto que el personaje puede contar o no, a modo de monólogo, visto con una cierta distancia por parte del espectador es lo que nos hace reír. Pues vemos lo patético que resulta aquello en lo que el personaje cree con total convicción.

Generalmente, estos monólogos vienen acompañados de sinceridad y desnudez psicológica por parte del personaje. Es aquí donde los conocemos mejor, pues descubrimos sus errores, sus torpezas, su ignorancia o sus debilidades. Y es esto justamente -lo que los hace vulnerables- lo que los hace tronchantes, a la vez que nos permite identificarnos con ellos.

En ocasiones esa vulnerabilidad puede ser reconocida por el personaje, y en otras no, pero en ambos casos, colabora a que nos riamos y sintamos empatía hacia ellos.

Llegados a este punto, me pregunto: ¿cuáles son los límites entre el humor blanco y el humor negro?

El humor negro quizá se fundamente en la mayor distancia que adopta el espectador frente al personaje y aquello que le ocurre.

Bajo mi punto de vita, puede coincidir también con que el personaje adopte por sí mismo una mayor distancia frente a los conflictos que se le presentan.

Estos personajes me parecen más inteligentes, pues son capaces de identificar y reconocer con madurez y crudeza aquello que les ocurre y reírse de sí mismos.

Esto no quiere decir que el espectador no se sienta identificado en alguno de los defectos o debilidades por parte del personaje.

Ejemplo de ello podría ser la película Carmina o revienta, donde el personaje de Carmina es capaz de distanciarse de lo todo lo que le sucede, se ríe de sí misma, y busca soluciones poco ortodoxas que nos hacen reír y que nos colocan en una posición como espectador mucho más distante. Quizás aquí nos sintamos unidos al personaje de ella, a pesar de todos sus defectos, por el mero hecho de ser una luchadora.

(Continuará)



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