NACHO VIGALONDO: “CUANDO ESTOY ESCRIBIENDO DESCUIDO LAS REDES Y EL EMAIL Y SE ME PONE ASPECTO DE HOMELESS”

30 junio, 2017

Por Alberto Pérez Castaños. Fotos: Héctor Beltrán.

El pasado mes de abril, el cómico Jason Sudeikis fue a ‘The Late Show with Stephen Colbert’ a hablar, entre otras cosas, del estreno de su última película. Cuando Colbert le preguntó de qué trataba la película, Sudeikis admitió que le costaba tanto explicarlo que un día le preguntó al director qué debía contestar cuando le hiciesen esa pregunta. La respuesta del director, que Sudeikis reprodujo poniendo acento español, era: “Va sobre una mujer que se va a casa y se pone a beber, y cada vez que bebe, un monstruo ataca Seúl (Corea del Sur)”. El acento que estaba imitando Sudeikis es el de Nacho Vigalondo, y la sinopsis que dejó a Stephen Colbert flipando es la idea central de ‘Colossal’, la nueva película del director de Cabezón de la Sal.

‘Colossal’, protagonizada por Anne Hathaway y el propio Sudeikis, ya se ha estrenado en medio mundo y hoy llega a las pantallas españolas. Y si Stephen Colbert entrevistó a Sudeikis, nosotros hemos entrevistado a Vigalondo.

‘Colossal’ ya se ha estrenado en muchos países, incluido Estados Unidos, donde ha recaudado más de tres millones de euros, ¿se podría considerar ya un éxito?

Ha tenido una buena respuesta dentro de las proporciones de lo que es un estreno de cine independiente. La película es indie y la distribución también es indie, que es importante remarcarlo. Y, a partir ahí, ha tenido un éxito dentro los márgenes que se pueden esperar.

¿Es algo que puedes llegar a esperarte cuando la terminas? ¿En algún momento dices “esto puede funcionar bien”?

Me obligo a no pensar en esos términos nunca. Yo lo que quiero es poder hacer películas con cierta frecuencia y libertad y que el resultado económico no dictamine ni el ritmo ni la posibilidad de trabajo. Entonces, si hasta ahora he estado viviendo un poco al margen de ciertas construcciones negativas, pues ahora las positivas tampoco van a cambiarme la forma de ser. Al acabar la película y verla uno tampoco piensa en términos de “con esto me forro” o “con esto no me forro”, en todo caso piensa que puede funcionar de cierta manera con un tipo de público o que puede disgustar a otro tipo de público. Es decir, que los que la amen la van a amar por esto y los que la odien, por esto otro. Eso sí que lo tengo muy presente cuando la veo. Pero no más allá, porque si de entrada yo tuviese como ambición el pelotazo económico hay muchas decisiones que no hubiese tomado en la película. Por ejemplo, Oscar y Gloria se aliarían contra una tercera amenaza del espacio exterior.

Contaste que la primera versión de guión de ‘Colossal’ se llamaba ‘Santander’ y transcurría en España, ¿cuándo empezaste a escribirla?

Soy muy malo para las fechas, pero diría que empecé a escribir ‘Santander’ durante las últimas fases de postproducción de ‘Open Windows’.

¿Y en qué momento pasa de ‘Santander’ a ‘Colossal’?

En cuanto CAA, la agencia de Los Ángeles, me pide una copia para sus clientes, estrellas de cine norteamericanas. A partir de ahí hago una versión más adaptada a esa idiosincrasia. Y no me resultó muy difícil, porque la película no se adscribe a una idiosincrasia específica. Luego me dijeron durante la preproducción, las lecturas del guión e incluso hablando con el casting, que la película tenía un sentir muy americano. Lo cual da a entender hasta qué punto, sobre todo en los colores del fracaso, todas las sociedades capitalistas son muy parecidas.

Igual con esta pregunta peco de conservador, pero viendo la película no podía dejar de pensar en lo valiente y arriesgado que es que alguien cuyo trabajo es hacer películas escriba un guión e intente levantar una película como ‘Colossal’. ¿En algún momento pensaste “mejor hago una que no tenga monstruos gigantes ni edificios cayéndose”?

Eso nos lleva a la primera pregunta. A veces, desde los medios, incluso desde los fans, hay una percepción emprendedora de cómo hay que afrontar el cine. Y eso es algo que choca mucho con la percepción que teníamos en los 80-90, una época en la que ser cinéfilo era estar más aislado en términos de información. Tú eras fan de un director muy al margen del rendimiento económico de su película. Por ejemplo, tú deseabas ir a la película de Carpenter –en los años en los que Carpenter era como nuestro ídolo– porque cada película era más atrevida que la anterior, y lo dabas por hecho. Y ahora, sin embargo, tenemos mucha información, todos manejamos términos tipo box office, y ya no hacemos secuelas, ahora hacemos franquicias. Ahora que la terminología económica lo ha empapado todo parece atrevido hacer material original, resulta más osado. Prefieres más la sorpresa por otro lado, por estar metiéndote en camisas de once varas, que no la celebración de que estés precisamente haciendo eso que un espectador desearía ver. Entiendo la pregunta, pero creo que antes no se haría.

Pero me refería a eso, que dentro de esa originalidad y todo lo que ello conlleva actualmente, la premisa de ‘Colossal’ podría llegar a considerarse “demasiado” original…

Por eso la he hecho. Intento que para mí no resulte valiente hacer una película original. No es un riesgo hacer cine original porque yo quiero hacer cine original. Para mí el riesgo sería hacer una película que yo supiera de antemano que es anodina. Eso sí que supondría un salto a la piscina absoluto: coger una película que no me estimule en ningún caso. Eso sí sería un reto. Pero tirar de un argumento que me tiene conquistado por su grado de originalidad es lo que quiero hacer con la vida. Si intentas pensar como un empresario antes de tiempo te estás cerrando posibilidades.

¿Qué fue más complicado a nivel de producción, una película multipantalla como ‘Open Windows’ o una con monstruos gigantes como ‘Colossal’?

No hay nada más difícil que ‘Open Windows’. Algún día, cuando tenga un hijo, me parecerá un pasatiempo comparado con esa película. No deseo hacer nada que se aproxime a ese grado de dificultad. Cada película mía parte de un sentimiento depresivo más o menos específico. En el caso de ‘Colossal’, nace del estado en el que yo me encontraba en ciertos momento de la postproducción de ‘Open Windows’, que se alargó en el tiempo y me produjo varias crisis. Si cada película nace como una reacción a la anterior, ésta nace casi como un sarpullido.

O sea, ¿se podría decir que ‘Colossal’ es bastante autobiográfica? Porque es algo que no sé por qué notaba mientras la veía…

Muchísimo, sí. Pero en todas las que he hecho más o menos, ¿eh? Siempre he pensando que cuando escribes un guión puede haber un 50% de cosas de películas que ya has visto, pero al menos que el otro 50% sea sacado de tu vida. Porque si haces un cine a partir del cine que ves, es muy probable que el cine que hagas no sea diferente al que hace el de al lado, porque todos hemos visto las mismas películas. Nuestras listas de diez mejores películas de historia del cine son muy parecidas. Pero lo que no tiene nadie más son nuestras vidas, cada uno tiene un componente único, así que dejarse influir por circunstancias de uno mismo y de los que le rodean ayuda a que las soluciones que uno encuentre no tengan una comparación tan fácil.

(Atención spoiler) A mitad de película hay un momento en que Gloria decide difundir un mensaje pidiendo perdón a los ciudadanos de Seúl. A partir ahí, se podría decir que el conflicto de los monstruos se ha acabado, que ya no habrá más problemas, así que pasas a centrarte en los personajes. Luego, ellos toman nuevas decisiones que son las que llevan a nuevos problemas, pero ese punto y aparte tras el mensaje me pareció curioso. (Fin spoiler) ¿Recuerdas la escritura de esas secuencias como algo delicado o lo tenías clarísimo desde el principio?

En ese momento estamos resolviendo todo el conflicto, no se ha manifestado el antagonista y, por lo que sabemos de los manuales, si a estas alturas no ha aparecido un antagonista ya no va a aparecer, por lo cual estamos en un territorio en que la película en lugar de avanzar está… flotando de alguna manera. Sé qué peligros conlleva eso pero también tiene mucho que ver con la estrategia que viene detrás. Antes estaba haciendo una defensa enfervorizada de la originalidad, pero la verdad es que la originalidad nunca sostiene una película. La originalidad de una premisa puede provocar inquietud o curiosidad, pero la originalidad no sostiene la película. En mis pelis intento que, por muy loca que sea la premisa, lo más hondo y lo más discutido esté en la segunda mitad. Ahí es donde tiene que estar el interés. Es decir, que para el espectador sea un “viniste a por esto, pero si te quedas será por otra cosa”. Es algo parecido a lo que hice con ‘Extraterrestre’, que era una comedia romántica pero la comedia romántica termina a mitad de la película, el chico consigue a la chica en ese momento. En ‘Colossal’ la idea era describir a un villano que no opera desde una necesidad concreta, sino desde la necesidad de conflicto cuando no lo hay. Es alguien –y es una dinámica que de alguna manera robo de la vida real– que no soporta que, de repente, las cosas vayan bien, que no haya nada que hacer.

Todos conocemos más o menos las normas, conocemos una estructura base. En esa estructura uno está encajando las piezas y todas las ideas brillantes que, de alguna manera, no dejan de formar parte de la estructura de ese castillo que has imaginado de antemano. Pero hay un momento en el que sabes que estás jugando con propuestas que dan un paso más allá, que están jugando con la propia estructura base. Voy a simplificar mucho el ejemplo: por un lado, se te puede ocurrir un giro final muy sorprendente que te pueda calificar como alguien fuera de lo normal, pero que no deja de estar dentro de esa arquitectura en la cual nos sentimos seguros; por otro lado, están las ideas que sabes que de alguna manera están rompiendo la estructura y a la vez funcionando como un reflejo de ella. Sabes que cuando estás superando ese nivel estás enfrentando al espectador a la propia división del conjunto de la película. Ése es el territorio donde más te arriesgas y donde pueden pasar cosas en tu contra. Ni lo defiendo ni lo critico, pero sí es jugar a otra escala. Lo que sí confirmo es que es un juego consciente, no es una cosa de la que no me dé cuenta o que haya perdido la noción de cómo es el argumento en tres actos de una película en la que el conflicto y el antagonista queda dibujado en el primer acto y se resuelve en el tercero.

Siempre se dice que para obviar las reglas hay que conocerlas antes…

Pero también hay géneros que se prestan más a este tipo de quiebros. Nadie se quejaría de algo así en un drama. Una película que por guión no parece seguir ningún esquema es ‘La La Land’, por ejemplo. El conflicto que se plantea justo antes del epílogo, que es vital para hacer una lectura de la película, es un problema que no ha sobrevolado la película hasta ese momento, la naturaleza del conflicto de la película era otro. Este tipo de derrapes se aceptan con más dificultad en las películas de género. La naturaleza imprevisible del tercer acto de las películas de los hermanos Coen sería mucho más difícil de aceptar si se tratase de una película de terror o de misterio, por poner otro ejemplo. Imagínate que una película de misterio, en su tercer acto, plantea un nuevo misterio completamente nuevo, al que no hemos prestado atención durante el resto de la película, y se resuelve durante el clímax. Sería muy violento, casi insoportable. Si ‘No es país para viejos’ no fuese una película de los Coen, con ese prestigio añadido, hubiese recibido muchos más palos. Es una película que se resuelve simbólicamente, pero no argumentalmente. Si hubiese venido de un desconocido o un novato, sería una película crucificada. El acto de fe que uno tiene con una película pasa por el conocimiento de los directores. Yo admiro mucho a los hermanos Coen porque son unos cineastas que han conseguido un prestigio y una vez se han hecho con él lo están utilizando para llegar a territorios que no se atrevería alguien recién llegado.

En la película están presentes temas que podrían considerarse delicados, como el alcoholismo o el maltrato, ¿cómo lo afrontaste en la escritura?

Lo afronté desde el interés por huir desesperadamente de la descripción maniquea de un personaje. Una vez que tienes claro que hay una función protagonista en un personaje, que va a dirigir el relato y que va a ser, el “héroe” –en este caso “heroína”– de la historia, cualquier oportunidad de ensombrecer el personaje será bienvenida, ya por una cuestión de gusto personal. Y de igual manera, cualquier oportunidad que tengas de humanizar y de darle la oportunidad de ser comprendido –pero nunca justificado– al villano, pues también bienvenida sea. Cuando los personajes positivos o negativos trascienden de su condición de alguna manera sin desmontar el relato yo creo que todo coge cuerpo. Sabes que estás jugando a un juego arriesgado y sabes que hay un tipo de público que se va a quejar de que en esta película no hay likable characters. Una vez que superas ese miedo, te lanzas a la piscina.

¿Consideras ‘Colossal’ una película feminista?

Creo que no debería ser la labor del director añadir esa pegatina a la película. Me parece mucho más interesante que la película provoque una discusión en la que se utilice ese término en un momento dado, pero creo que yo no debería apropiarme de nada.

Recuerdo que en la entrevista que te hice cuando estrenaste ‘Open Windows’ me dijiste que eras de hábitos de escritura caóticos, que incluso te convertías en una persona distinta y que eso no estaba bien. ¿Has cambiado como como guionista o sigues siendo así?

Sigo así. Y no sé si es un dato que te comenté en su momento, pero yo cuando veo una entrevista pasado el tiempo, sé si durante esos días he estado escribiendo o no. Si me veo con aspecto de homeless o desastrado sé que he estado escribiendo esos días. Cuando tengo la necesidad de acabar algo y veo los días que tengo por delante aviso a mis seres queridos de que voy a estar sólo parcialmente disponible, intento arreglar todas la cuestiones que tenga pendientes, descuido todas mis redes sociales y mi mail y me convierto en lo que algunas personas llaman “la cucaracha”.

¿Pero eres así cuando te pones a teclear el guión o desde el momento en el que empiezas a desarrollarla desde cero?

No distingo el momento en el que empiezo a escribir una película de cero. Yo puedo estar jugueteando con la idea de una película durante meses, incluso años. Teniéndola ahí presente. Cuando hablo de una idea no hablo de una premisa, hablo de una idea de desarrollo de película, un argumento que empieza aquí, sigue aquí y acaba allá. Luego, cuando ya me siento y empiezo a definir la estructura y los diálogos eso sí ya es la “fase cucaracha”. Lo que no hago nunca es sentarme a ver si se me ocurre algo, porque sería un fracaso absoluto.

¿Y de qué partes cuando empiezas a escribir?

Siempre escribo un tratamiento. Y como tengo muy poca fuerza de voluntad me convenzo de que es para enseñárselo a alguien. En ese tratamiento ya tengo claro cuáles son los puntos fuertes y débiles de la historia. Por ejemplo, recuerdo que en el último tratamiento que escribí, la secuencia climática era mucho más discreta, se resolvía de un modo más sintético. También había una secuencia, que es cuando los personajes de Anne Hathaway, Jason Sudeikis y Dan Stevens se encuentran en el bar, en la que había una confrontación en la que ellos eran dos gallitos midiéndose las pollas, casi sin dejarla hablar, pero ella se daba cuenta de que realmente era el centro de la conversación. Recuerdo que estaba dialogada en mi cabeza de pé a pá, pero cuando empecé a teclearla me aburría soberanamente y me di cuenta de que algún día tendría que rodarla y también me iba a aburrir hacerlo. Me obligué a buscar algo que aportase a lo que quería contar y a la vez me diese a mí algo más. (Atención spoiler) Ahí nació la secuencia de los fuegos artificiales. Que una película con efectos especiales, que es algo que en España siempre hemos llamado “fuegos artificiales”, tuviese fuegos artificiales literales, que a su vez son la expresión más pobre posible de un efecto especial, de repente me pareció necesario para la película. (Fin spoiler)

¿Alguna vez echas de menos escribir con otro guionista o tener a alguien involucrado en la historia a quien comentarle una idea determinada para testar si funciona tan bien como tú piensas?

Indudablemente eso es algo que puede ayudar mucho, es algo que he experimentado y en su momento ha funcionado. He desarrollado argumentos con gente y he colaborado en guiones terminados. Es un proceso que no rechazo. Pero bueno, por circunstancias de la vida, no se ha vuelto a dar. La razón por la que todavía no he coescrito un guión que luego he dirigido no se debe ni a un principio ni a una política mía, sino a circunstancias.

Una de las cosas que más me ha gustado de ‘Colossal’ es lo bien dialogada que está y, sobre todo, lo bien que resuelves algunas secuencias utilizando el diálogo…

Tengo mis más y mis menos con el diálogo. Siendo una herramienta fantástica como es, también es muy peligrosa. Muchos directores tenemos asimilado que resolver una secuencia por diálogo por defecto es peor que resolverlo visualmente. Pero sí, hay momentos en los que hay que buscar ese equilibrio: si tienes una secuencia muy dialogada o que resuelve el conflicto con diálogo, pues hay que intentar que la siguiente no lo sea o que no haya tres así de continuo. Nada que no sepamos.

Un ejemplo de lo que decía es el momento que comentábamos antes, con el que “partes” la película. Son un par de escenas muy importantes que se resuelven con muy buenos diálogos.

Creo que es el momento más delicado pero el más interesante de la película, porque hemos resuelto el conflicto pero la naturaleza de los personajes va a crear uno nuevo. Aunque no lo parece, la película tiene una estructura episódica. Hay bloques que se abren y se cierran. La película aparentemente no es así, es una cosa de la que me di cuenta más adelante. Hay dos posturas respecto a la película: los que creen que hay algo que resolver con Oscar desde el comienzo y los que creen que Oscar sufre una transformación de 180º. Es muy interesante eso. Lo he vivido mucho en los Q&A de la película, hubo gente que decía que Oscar sufría una mutación y de repente una chica sale y dice que ella estaba viendo banderas rojas desde la primera secuencia en la que aparece. Entonces, desde el momento en el que sabes que el villano no define el primer acto de la película, sino que los conflictos que va viviendo Gloria se van sucediendo, que tiene capas superpuestas, ves que tiene algo de ‘Kill Bill’, por utilizar un ejemplo para que nos entendamos. Hay bloques, cada uno te lleva al siguiente. De hecho, reconozco que hice una propuesta de división por capítulos y cada capítulo iba a parodiar un título diferente de película kaiju, pero en un momento dado me pareció que estaba vendiendo mi propia película utilizando métodos ampulosos que realmente no hacían falta.

Has dicho que ‘Colossal’ es una respuesta al proceso tortuoso de terminar ‘Open Windows’, ¿qué película saldría de un proceso como el de ‘Colossal’?

Para responder a eso tendría que describirte un poco mi situación personal actual y ahora mismo me cuesta un poco describirla. Estoy inmerso en procesos y circunstancias que estoy observando desde dentro. Cuando digo que una película es una respuesta a la anterior no quiero decir que conscientemente quiera hacer un comentario sobre mí mismo en ese momento, sino que es algo que percibo con el paso del tiempo. Por ejemplo, en ‘Open Windows’ hay algo de reflexión de mí mismo como director de ‘Cronocrímenes’, al ser la segunda película que escribo. ‘Extraterrestre’ es un poco mi cansancio ante los laberintos y puzzles de mis primeras dos películas –aunque se rodase antes que ‘Open Windows’–, y ‘Colossal’ es una respuesta a un estado de fatiga y casi de desencanto con uno mismo que me sobreviene al final de ‘Open Windows’. ¿Y ahora qué toca? Pues habrá que esperar un poco para verlo, porque, insisto, es una reflexión que hago pasado el tiempo, no en el momento.

¿Qué pasa en Estados Unidos cuando haces una película pequeña como ‘Colossal’ con superestrellas de allí y funciona bien? ¿Se interesan más por ti, recibes más llamadas?

Inevitablemente, mi situación es diferente ahora. El tipo de cosas que me sugieren y el tipo de expectación que genero es distinta. No creo haberme convertido en el director en quien confiar para terminar de rodar la película de Han Solo –ni creo que debería ser ese tipo de director–, pero uno nunca sabe lo que puede llegar a pasar. Desde luego, lo que sí puedo decir que es que firmaría para estar siempre en el sitio en el que estoy. Si tengo la capacidad para hacer películas que no obedecen a un estudio de mercado sino que obedecen a una pulsión quizá más sincera, yo estaré encantado. Vamos, que si pudiese firmar con Satán un contrato vitalicio para quedarme como estoy diría que sí.

Claro porque, al final, has hecho cuatro películas y en las cuatro has hecho lo que te ha apetecido. Creo que es por esa libertad a la hora de trabajar por lo que aquí se te tiene admiración y cariño…

Pero soy consciente de que la libertad que tengo tiene sus luces y sus sombras en el resultado de las películas. Creo que, sobre todo en España, más que la sensación de ser un director celebrado, me veo más como director discutido y, a veces, eso te crea algún tipo de conflicto. Tengo que remontarme a mi adolescencia, cuando me empezaba a soñar a mí mismo como director, y eso era exactamente lo que soñaba. Recuerdo que viví de lleno el estreno ‘Carretera perdida’, de David Lynch, que es quizás la película de mi vida; veía el tipo de batalla campal que despertaba la película y pensaba que quería ser así algún día, el director que uno ama y el de al lado odia. Aunque sea más fácil decirlo que vivirlo es una posición en la que en retrospectiva siempre me siento muy cómodo.


ALEX PINA O CÓMO CREAR UNA SERIE EMPEZANDO POR EL PILOTO

20 junio, 2017

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Texto: Nico Romero

Fotos: Héctor Beltrán

Otro ex de Globo que me cruzo en el camino. Pilar Nadal, Carmen O. Carbonero, Juan Carlos Cueto y ahora Alex Pina. El legado de esta productora parece inagotable como fuente de “showrunners” en la ficción actual. Alex Pina nos recibe en su atípica oficina de Aravaca y nos desvela los entresijos de una serie concebida y producida a un ritmo tan vertiginoso como el de la propia ficción. Tras veinte años y ocho títulos, este guionista y productor abandona el nido y se lo monta por su cuenta. Ojalá que la casa que se acaba de construir no sea también de papel.

¿Cómo ha sido tu salida de Globo? ¿Por qué has decidido iniciar una aventura en solitario?

Yo no tengo más que buenas palabras para los veinte años que he pasado en Globo, en donde lo he aprendido todo y en donde he hecho casi todos los géneros. Ha sido una época fructífera, con ocho títulos y con grandes momentos. Le anticipé a Globo y a Dani que me marchaba después de la primera temporada de “Vis a vis” pero Mediapro me pidió que aguantara una segunda. Después me fui porque se había terminado un ciclo vital para mí. Además, la ficción también estaba iniciando un momento de expansión y creí que era el momento.

¿Cómo fue el proceso creativo de “La casa de papel”?

A mí siempre me ha fascinado la fábrica nacional de moneda y timbre. Cuando era pequeño, el concepto de hacer dinero me tenía fascinado. Incluso en la facultad intenté hacer un thriller con aquello. Hacer dinero es algo mágico. Realmente uno no sabe cuánto y quién puede hacerlo. Existe una cierta mítica mágica sobre eso. El caso es que, cuando salgo de Globo, me junto con Sonia Martínez (de Antena 3) y le cuento una idea muy peregrina que tengo: llevar el género del atraco perfecto a la ficción seriada. Estábamos en una terraza en Plaza de España. “No es un atraco a un banco”-le digo. “Es un atraco a la fábrica de moneda y timbre. Y en realidad no es un atraco. Es un encierro para imprimir dinero”. Se quedó totalmente maravillada con la idea. Me podía haber mandado a tomar por saco pero me dijo: “Hazla”. Tuvimos que montarla muy rápido porque “Vancouver” (su productora) no tenía la posibilidad de asumir una preproducción larguísima.

¿Lo hiciste tú o ya tenías un equipo de guion?

Dediqué dos días a pensar personajes y empecé a escribir el piloto yo solo… sin biblia. Porque en el piloto es donde realmente ves los problemas. Luego, con el paso de las versiones, la serie ha cambiado. Al principio, Nairobi no existía, la voz en off la llevaba el profesor, después fue Moscú (Paco Tous)…

¿No teníais claro desde el principio que la protagonista era Tokio?

No, no, no. Se empezó a escribir el piloto e hice un montón de versiones. Es ahí cuando te vas dando cuenta de para qué sirven los personajes.

Cuando los pones en situaciones reales…

Exactamente. El guion te pide necesidades. No es lo habitual pero así lo hicimos en “Vis a vis” y así lo he hecho aquí.

¿Y después?

La cadena leyó algo a finales de octubre y les gustó. Hubo un trabajo de simbiosis muy grande con ellos. Yo, con Sonia, he hecho todas las series, cuando estaba en Mediaset y ahora en Antena 3. Nos llevamos muy bien. Ella siempre aporta una visión desde fuera que a mí como frontón me viene muy bien.

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¿Y cómo eliges a tus guionistas?

Teníamos el piloto y entró Esther. Barrocal me dijo que estaba sin trabajo y también entró.

Pero he escuchado que también contratas guionistas no profesionales…

Sí, es así. Había leído un montón de novelas de nuevos escritores. La que más me gustó fue la de Javier Gómez Santander “El crimen del vendedor de tricotosas”. Quedé con él, se lo propuse y se vino.

¿Él no había escrito ningún guion antes?

Ni había visto uno, me dijo.

¿Y qué te aportan los novelistas?

Talento. La sensación que yo tengo es que, cuando yo empezaba, los guionistas eran escritores que habían leído un montón y que tenían oficio y vocación de lectura. Pero los de ahora son fanáticos de “Juego de tronos” y grandes espectadores de series pero no son escritores. Salen de la facultad y de los Masters de Postgrado con grandes carencias en términos de escritura. Y es verdad que pueden tener mucha idea de lo que son las series que se hacen en Estados Unidos pero no son escritores. Y yo necesito escritores.

 Y esos novelistas sin oficio de guionista ¿qué problemas encuentran a la hora de enfrentarse a un guion?

Se aprende más fácil el oficio de guionista que el de escritor. Tienes mucho ganado. Se ataca el papel en blanco de forma más eficaz.

¿Se someten sin problemas a la síntesis que necesita la escritura de un guion?

Sí. Yo estoy encantado.

De tus series me llama mucho la atención los personajes. Creo que tienes capacidad para crear personajes muy de verdad. Ocurría en “Vis a vis” y vuelve a ocurrir aquí. ¿Cómo lo hacéis?

Les prestamos mucha atención porque la serie son los personajes. Ellos hacen que te enganches. Tú puedes tener un atraco de puta madre pero si no tienes personajes como Walter White, en “Breaking bad”… Al final, ellos son el motor de la historia.  Por eso siempre buscamos su diferencial, que no estén cortados por el mismo patrón. Buscamos la inversión de expectativas en la propia psique del personaje. Decimos mucho: “Vale. Esto que está escrito es lo primero que se le ocurriría a un chaval que acaba de salir de la facultad. Vamos a escribir algo ahora que sea diferente.” Siempre buscamos la tesis de los personajes.

“La casa de papel” tiene una narrativa más compleja de lo habitual. Me da la sensación de que habéis enterrado definitivamente a la señora de Cuenca, esa figura imaginaria que nos obligaba a contar las historias de forma muy masticada. ¿Qué pasa? ¿La señora de Cuenca ha aprendido a ver series o es que ya no nos importan ciertos públicos?

Yo creo que la señora de Cuenca ha aprendido tanto como nosotros y consume diez horas viendo ficción al cabo de la semana. Si dedicáramos diez horas a aprender inglés sería la hostia. Eso la convierte en una experta, con lo que el tío que hace las series tiene que subir el listón y dar cada día más. Al espectador ya no le vale esa secuencia en la que un personaje se está descolgando de un edificio y la cuerda empieza a deshilacharse. Y sabes que no se va a caer. Ahora se cae. Además el espectador se ha dado cuenta de que es más excitante ver ese tipo de televisión.9comprimida

¿Para qué duración está pensada “La casa de papel”?

No quiero hablar de temporadas porque va todo en un bloque que se va a emitir con el verano por medio. En esta primera tanda van nueve capítulos y después del verano calculábamos otros nueve pero aún no sabemos porque teníamos previstas casi cien horas de atraco en la primera tanda y sólo hemos consumido sesenta y tantas. Se nos ha hecho largo el domingo. Hemos estado casi cuatro capítulos en domingo. La idea es hacer once o doce días de atraco… El número final de capítulos dependerá de lo que tardemos en llegar a eso pero estará entre 18 y 21 capítulos probablemente.

¿Y ya está?

Sí. La serie se cerraría ahí. Conocemos el final.

¿Entonces esto de que el final de las series lo marqué la audiencia, como ocurrió con “El barco” por ejemplo, ya es cosa del pasado?

Bueno, si hacemos cifras inviables nos cancelarían antes pero nosotros hemos puesto un final.

¿Y te sientes más cómodo con esta duración?

Sí. Yo siempre he hecho series muy largas… de más de 100 capítulos, como “Periodistas”, “Los Serrano” o “Los hombres de Paco”. De pronto he descubierto este mundo de series de veinticinco capítulos y me gusta mucho.

¿Y no es un problema para la cadena?

Bueno, esta serie nace así. Trasladar un atraco del cine a la ficción seriada en veinte capítulos creo que ya está bastante bien.

¿Y con los setenta minutos te sientes cómodo?

No. Preferiría 45-50, la verdad.

¿Cómo se escribe un capítulo de “La casa de papel”?

Tenemos dos equipos de dos guionistas que escriben un par de versiones. Luego Esther Martínez-Lobato y yo cogemos el capítulo y hacemos otras dos. Luego viene un informe de la cadena y una reunión con los directores. Tenemos que correr mucho porque estamos rodando con dos unidades. Tenemos entrega de guion todas las semanas.

¿Entonces tenéis muy industrializada la mecánica?

No te creas. Estoy sintetizando. A veces hemos tirado una primera versión y hemos vuelto a tramear. Tú sabes cómo es esto. Caos absoluto. Ningún proceso de trabajo es igual a otro. Y además creo que ese desorden muchas veces viene bien. El mapa de tramas lo vamos consumiendo mucho antes de lo que estaba previsto. Hay cosas planteadas para el segundo punto de giro que metemos como detonante porque nos parece que el capítulo va a funcionar mejor. Vamos metiendo todas las bombas que tenemos de tal forma que un planteamiento para diez capítulos se nos queda en seis y tenemos que improvisar. Lo mejor es ir sobre la marcha, viendo lo que se está grabando porque de pronto un personaje tiene más fuerza o más vis cómica de la que pensabas. A día de hoy es mucho mejor ir pegado a lo que vas sintiendo en los premasters. Yo creo que un planteamiento muy ordenado va contra la capacidad de improvisar.

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¿Entonces no prefieres tener la serie ya escrita antes de rodar?

No. En contra de lo que muchos piensan, para mí es mejor escribir con la producción pegada.

Aunque eso te suponga…

Un stress brutal… pero la serie está viva y está creciendo a la vez que la estás rodando. Para la salud mental es lo peor, pero para la serie es lo mejor porque crece.

¿Contáis con un documentalista?

Sí, tenemos una persona contratada pero también hemos hablado con expertos. El organismo nos ha denegado siempre la entrada. Ellos tienen unas normas muy estrictas.

Entiendo que por seguridad.

Claro. Hay cosas que no se deben contar porque es el sitio donde se hace el dinero. Por eso hemos hablado con trabajadores de la fábrica nacional de moneda y timbre  un poco “off the record”, incluso con cargos importantes. Y nos han contado cosas muy interesantes como por ejemplo cuánto dinero pueden producir al máximo rendimiento.

O sea que los de los dos mil cuatrocientos millones de euros es un dato real.

Sí, sí. Incluso sabemos cómo entran las bobinas porque nos lo han dicho… pero de tapadillo.

Decías que estamos en un periodo de expansión en la ficción ¿esto se traduce en mayor presupuesto en las series? ¿O es que utilizamos mejor los recursos? ¿Por qué podemos hacer géneros que hasta ahora no habíamos podido abordar?

Yo he tenido presupuestos más altos anteriormente. Yo creo que los presupuestos son moderados, lo que pasa es que con la crisis hemos tenido que aprender muchas cosas. Eso nos ha colocado en una posición muy buena profesionalmente respecto de otros países. En Francia, en un festival, conocí a productores de Canadá y Francia que producían cincuenta minutos por cifras que superaban el millón de euros. Lo normal era millón y medio. Nosotros estamos produciendo por medio millón, con lo cual hemos tenido que aprender mucho más que ellos. Hemos aprendido a rodar sólo lo que vamos a montar. Para eso tienes que hacer una planificación brutal y un trabajo salvaje con el equipo técnico. Entonces tenemos a los mejores maquinistas, a los mejores operadores, a los mejores directores de foto… porque nuestro tiempo es mucho más limitado y nuestras posibilidades de errar son mínimas. Cuando tienes dinero no estás obligado a aprender. Cuando no lo tienes estás obligado a sacar el máximo rendimiento a tu trabajo. Hemos conseguido hacer la máxima calidad en el menor tiempo posible y conseguimos una factura que es prácticamente norteamericana en muchos casos. Y en guion lo mismo. Hemos ido al meollo en todo y no teníamos posibilidad de perder espectadores. Cada secuencia es caña, caña, caña. Hemos aprendido a hacer series eficaces porque lo necesitábamos. En este país la industria ha pasado una crisis durísima y eso ha hecho que el producto ahora tenga un valor internacional. Somos solventes haciendo ficción.

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JAVIER OLIVARES Y LA WRITERS’ ROOM QUE VIAJA POR EL TIEMPO

8 junio, 2017

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Texto: Nico Romero

Fotos: Héctor Beltrán

Javier Olivares nos recibió en su oficina de Madrid Río y fue generoso con nosotros tanto en tiempo como en titulares. Fueron dos horas de entrevista en las que pudimos hablar de Historia, de Política, de la industria y, cómo no, de las particularidades de una writers´room que viaja por el tiempo. Camuflado tras su inconfundible atuendo negro, Olivares defiende, con la misma calma que firmeza, las decisiones tomadas en todos estos años de profesión. Quizás ahí radique parte del éxito que le ha llevado a convertirse en el “showrunner” más conocido de este país. Aquí va la mitad de la entrevista. El mes que viene la otra mitad.

SOBRE LA WRITERS´ROOM DE “EL MINISTERIO DEL TIEMPO”

¿Cómo preparáis una temporada de  “El Ministerio del Tiempo”?

Lo primero que se hace es un dossier amplio, aunque luego, cuando nos quedamos sin presupuesto, lo vamos cambiando. Cuando ya no te da para palacios ni castillos, te tienes que ir a grabar a los años 50, 60 o 70. Me gustaría que fuera de otra forma, pero no espabilo.

¿Y cómo elegís los casos? ¿Qué ha de tener un momento o personaje histórico para que se convierta en una aventura de “El Ministerio del Tiempo”?

Primero procuramos conjugar episodios históricos que no sean de épocas parecidas, pero además nos gusta que definan muy bien qué es España, que importe mucho en relación a los protagonistas de la serie y sobre todo tenemos un concepto global de mostrar la Historia de los perdedores o la de los vencedores anónimos.

¿Te dejan contar la historia de los perdedores?

No dejo de hacerlo. Lorca, el “Empecinado”… Y luego, esa parte que no viene en los libros de Historia sino que empieza a venir ya en los periódicos, como la vampira del Raval. Nadie va a contar que Hitchcock estuvo en el festival de San Sebastián de 1958, que una de las operaciones más importantes de la Segunda Guerra Mundial se dio en las playas de punta Umbría, que Bolívar tuvo su primer amor y esposa en Madrid con 16 años o que Gonzalo Guerrero fue el primer soldado español que se pasó al bando maya y se convirtió en cacique.

¿Tenéis un periodo previo de documentación para esto?

Hay dos maneras. Una, cuando ya tienes un tema concreto y lo documentas. La otra, que es muy divertida, es ir a la caza de momentos… El problema es la falta de previsión, de tiempo… sobre todo cuando no sabes si te renuevan o no. Y cuando te renuevan tarde, con la temporada anterior emitida y tienes que ir a toda velocidad. A veces tienes que echar mano de gente que te da una idea. En el caso de Alberto López, yo supe que era un gran estudioso de la conquista de América y le dije “¿de qué dos temas escribirías?”. Me dio dos, yo elegí uno y le invité a colaborar. Poca gente sabe que el Marqués de Comillas huyó a Cuba por asesinar a un hombre y que hizo toda su riqueza con esclavos, que era un negrero. Nos gusta mostrar los rostros humanos de la Historia con todos sus claroscuros. Y luego también nos interesan las protagonistas femeninas para poner en valor el papel de la mujer.

Y una vez que tenéis los temas ¿cuál es el siguiente paso?

Sortear mil problemas que te surgen cuando un actor se te va, que te cambia muchos temas. A mí, eso, me ha matado bastante la segunda y la tercera temporada. Pero es lo que hay: un actor no puede estar esperando que la serie renueve si tiene otros proyectos.  También, la producibilidad o no de la idea que has tenido.

¿Organizas a tus guionistas por equipos?

Sí. Trabajamos en bloques de dos guiones con dos equipos, cada uno de 2 guionistas. A mí me gusta que en las primeras reuniones estén los dos equipos.

¿Para escaletar?

Para lanzar las ideas y marcar la escaleta… para que unos puedan opinar sobre el otro capítulo. Luego cada equipo se va a hacer su escaleta, me la pasan y yo la corrijo.

¿Habéis conseguido industrializar la mecánica?

Mínimamente porque esta serie es muy complicada. En la segunda temporada tuve demasiada gente en el equipo y la primera la hicimos Pablo, Anaïs y yo. Esta serie, con tiempo, la escribiríamos dos o tres. Es muy de autor, muy de mi hermano y mía.  Cuando te llaman para “Los Serrano” o “Los hombres de Paco” o “Ventdelplà tienes que ser tú, aportar tu punto de viste, pero mantener una lealtad al 100% con un estilo, con una marca que no has creado tú. Pues aquí es lo mismo, sólo que esta vez, la creamos Pablo y yo. Muchas veces, escribiendo, de hecho me pregunto: “¿Esto le gustaría a Pablo?”.

La serie tiene una curiosa mezcla entre comedia y drama

Aquí estamos muy acostumbrados a decir: “Hago drama: dramón” “Hago comedia: chistes”. No. La comedia tienes que hacerla con una estructura que, cambiando el giro, pudiera ser un drama. No tienes que ir al chiste. Y una de mis normas es “el drama se escribe a ritmo de comedia”.  No se mete el dedo en el caramelo para removerlo. No quiero que el público esté dramatizado viendo el capítulo. Quiero que esté divertidísimo. Y que cuando pose la cabeza en la almohada por la noche diga: “¡Lo que me han contado!”. Pero no que esté lamiéndose las heridas. Y en comedia está prohibido el chiste.

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¿Cuántas versiones de guion hacéis?

Los guionistas hacen dos, yo hago la tercera, que se envía a producción y TVE. Con sus notas hago la cuarta. Por último hacemos una “writer” en la que leemos el capítulo en voz alta, aquí, con el director del episodio, el de la serie, los guionistas y yo. Sirve para aliviar la falta de la mesa italiana por falta de tiempo, de manera que el director ya va a rodaje con toda la información que necesita, con todo lo que se tiene que hacer en plató. Salvo imprevistos, claro.

¿Interrumpís la lectura?

Sí, sí. Son ocho o diez horas de mesa italiana. “Aquí falta un gag”, “aquí ¿por qué hace esto? ¿por qué no hace esto otro?”, “aquí no voy a tener tiro de cámara”, “voy a necesitar cuatro líneas de diálogo más”.

¿Y lo corregís en el momento?

¿Y quién está sentado al teclado?

O el guionista que ha escrito el capítulo, o Anaïs Schaaff o yo.

¿Y todo el proceso cuánto tiempo os lleva?

Cuando todo va bien, en cuatro o cinco semanas, cerramos dos guiones.

¿Tus guionistas son autónomos o están en nómina?

Autónomos. Nosotros pagamos 12.000 € por guion. Cuando yo empecé a currar en esto hace 30 años, cobraba el equivalente a 12.000 euros. Ver que ahora se pagan 9.000 o 7.000… Eso no lo voy a hacer yo. ¿Te imaginas? Un guionista que se mete a productor y paga menos de lo que debiera… Sería para darme de hostias.  Si de repente un guion cae y no se produce, el guion se paga igual. El nuevo lo hacemos Anaïs y/o yo gratis y tenemos que asumirlo como productores. Yo creo que al guionista hay que mimarlo. Tiene que sentirse muy independiente. No le pido exclusividad, mientras funcione. Que se maneje con toda la comodidad posible, sin perder sus hábitos como escritor. Yo quiero trabajar con guionistas que quieran estar en el proyecto, que les apasione. Me gusta la gente que dice que no a unos proyectos y sí a otros, que arriesgan y que tienen ética.

¿No necesitas licenciados en Historia?

No, porque ya soy yo historiador. Y Pablo lo era. Y Anaïs estudió Humanidades. Además, todo guionista, antes de escribir debe ser un documentalista. De hecho, antes de dedicarme a esto, fui jefe de documentación en una editorial de Historia.

¿Y cómo seleccionas el equipo? ¿Cuál es el criterio?

En un equipo siempre quiero tener a alguien nuevo, más joven que yo, que esté empezando. Él va a tener un punto de vista que yo no tengo.

¿Por frescura?

Sí. Porque no esté maleado por la industria. Y porque hay que dar oportunidad a la gente que empieza. Y cambio siempre cada año. Luego siempre procuro que exista una mezcla de mujeres y hombres. Porque son miradas distintas e indispensables las dos. Pero, sobre todo, guionistas que necesiten contar cosas… Que pongan su sello y su punto de vista…  Porque ser guionista no es sólo saber escaletar y dialogar. Quiero guionistas que intentan contar una historia propia pero, sobre todo, que saben trasladar sus propias emociones. Tienen que seguir un estilo, pero eso no debe significar sumisión, desde luego.

Gente que tenga voz propia.

Por supuesto. Como te he dicho, yo cuando entré en “Los Serrano” o “Ventdelplà” me empapé de ellas, pero luego tienes que poner tu alma. Los buenos guionistas son aquellos  que no se meten en este profesión porque quieren ser guionistas sino porque necesitan ser guionistas. Ésa es la diferencia. Y respetan las creaciones de otros sin entrar como un elefante en una cacharrería.

¿Y cómo los encuentras? ¿O ya los has encontrado?

Se encuentran de muchas maneras. Y algunas veces, es imprevisible. Pero en la industria nos conocemos todos. El año pasado tenía ganas de colaborar con Borja Cobeaga y Diego San José… Y aquí estuvieron. Fue una experiencia estupenda. Luego, vas conociendo gente, te llama la atención tal o cual trabajo… Y luego, en la serie, estamos los fijos: Pablo (mientras pudo), Anaïs y yo. Ahora estoy encantado con Carlos de Pando, con Javier Pascual, con Alonso Laporta… Pero creo que cada proyecto tiene su equipo. Y no creo en equipos muy numerosos, porque se pierde la autoría.

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SOBRE HISTORIA Y POLÍTICA

¿Hay algún personaje o momento histórico alrededor del cuál te gustaría contar algo pero es políticamente incorrecto?

No me limita lo políticamente incorrecto. Me limita la producción. Creo que “El Ministerio” ha dado muestras sobradas de que no es políticamente correcta, aunque unos crean que somos unos fachas y otros unos rojos radicales. La ideología de mi hermano, mía y de Anaïs es la que es pero no estamos haciendo proselitismo. Es una serie de aventuras para que la vea todo el mundo. Lo que pasa es que estamos continuamente hablando de la Historia de España y la Historia de España tiene cosas de las que sentirnos orgullosos pero otras de las que no. El “Empecinado” es un tipo que defiende España por encima del ejército español, que se había disuelto y que, cuando vuelve el Rey, van y lo ejecutan.

Quizás los tiempos pasados son menos problemáticos de tratar pero temas como la Guerra Civil o la Transición son más peliagudos.

Tenemos un capítulo sobre el Guernica. Y en el de la gripe española había mucho paralelismo con la crisis del ébola. Para nosotros un mito de la política es Suárez, que va a salir esta temporada. Fue el que hizo la Transición verdadera. Viene del Movimiento pero legaliza el PCE. Tiene una serie de frases muy curiosas: “El futuro sólo lo puede elegir el pueblo con su trabajo y con su voto”.

¿Y no habéis tenido problemas con la cadena para tratar ciertos temas?

No. Yo creo que hay que tener cuidado para no molestar a nadie. Pero los ingleses te cuentan el hundimiento de su sociedad, la desestructuración de la familia y estás viendo una comedia como “Full Monthy”, “Billy Elliot” o “Tocando el viento”. Esa es la clave… Un guionista puede colar lo que quiera porque no conozco ningún productor ni ningún ejecutivo de cadena que prefiera un texto mal escrito a uno bien escrito. Y si tú escribes muy bien un guion, tú puedes contar muchas cosas.

Aunque entiendo que “El Ministerio del Tiempo” es un producto de entretenimiento no puedo dejar de analizarla políticamente y veo que el propio Ministerio es un órgano extremadamente conservador, pues no quiere que nada cambie, ni siquiera para bien.

Pero eso es más azañista que conservador. Stephen King tiene una novela en la que, por evitar la muerte de Kennedy, crea un presente mucho peor.

Ya, pero podría salir mejor.

Salvador lo explica muy claramente: “Deje, deje, que somos españoles y podría ser peor”. Hay una ironía. No es un concepto conservador. Hay una intención de conservar la historia porque es la que es y nadie se puede imaginar cómo sería si cambiase. Y el siglo XIX está lleno de ejemplos de que si se cambia para un lado o para el otro, no es mejor una vía que otra. Yo no estoy haciendo una serie de política-ficción.

Yo sí te estaba pidiendo un ejercicio de política-ficción. Creo que si la España de “El Ministerio del Tiempo” estuviera gobernada por un ejecutivo más progresista, las directrices serían otras.

El Ministerio del Tiempo apela a la conservación de lo que hay pero la conservación no equivale a conservadurismo ideológico. El capítulo de Felipe II era una distopía en la que yo le contaba al espectador todo el prestigio que tenía España en la época de Felipe II. Muy bien, pero ahora vete a vivir allí, majete. ¡Cuidado con la gloria y la grandeza! Si no eras duque te ibas con los Tercios porque no tenías qué comer. Y te quitaban la mitad de la cosecha. Y ahora trae eso aquí: gloria, gran ejército pero ni Constitución, ni derecho al voto… Si traes a Felipe II a gobernar a 2017 y aplicas aquellos códigos sociales al presente, estás en una dictadura. Y me ha extrañado mucho que este capítulo no se analizara más en algún medio de comunicación porque estamos planteando un distopía crítica con el concepto de grandeza española. Más crítica política en un capítulo en televisión no se ha dado en muchos años. Y además hablamos del bien común y del bien público con lo que les pasa a los personajes. Cuando vuelven al presente y descubren que ha cambiado, Julián recupera a Mayte, Alonso está con su mujer embarazada. Es lo que ellos querían. Pero no pueden quedarse porque Amelia les azuza. Y para colmo en la última secuencia hablo de la buena muerte. De aliviar el dolor porque Felipe II acepta las condiciones del Ministerio para dar marcha atrás pero les pregunta “¿cómo moriré? ¿Sufriré mucho?” “Como un perro” “¿Os puedo pedir un favor?” “Sí”. Y ella va a ponerle una inyección para que muera. Es la condición que pide un rey, dueño del mundo: “Quiero morir sin sufrir”. Eso en un solo capítulo. Ahora háblame de conservadurismo.

Pero yo no digo que la serie sea conservadora sino que las directrices por las que se rige ese Ministerio son conservadoras. Y yo me pregunto ¿el Ministerio gobernado por un partido más progresista funcionaría igual? ¿Qué ocurriría si en la serie gobernara Podemos, por ejemplo?

Yo creo que el Ministerio es un consenso, como el que tendría que haber en este país con la política educativa. Es un Ministerio que en la dictadura pasa al ostracismo para que un dictador no se aproveche de él. En nuestro universo, Pablo decidió que Franco no sabía que el Ministerio existía. Los Reyes sólo saben que existe a partir del siglo XIX. La gran sorpresa de Felipe II es que descubre que puede viajar al futuro. Y en esta tercera temporada te anticipo que, por primera vez, va a haber una trama horizontal en la que dos sociedades secretas que existieron en el siglo XIX se hacen con el libro de las puertas. Una se llama “los hijos de Padilla” que son los nuevos comuneros, libertarios y radicales, y la otra es “el ángel exterminador” (no me estoy inventando los nombres, existieron), que son absolutistas y defienden los viejos fueros y el Carlismo. Va a haber una especie de guerra civil latente entre dos ideologías.

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Suena interesante…

Yo he recibido muchas críticas cuando en el capítulo del Cid me acusaron de anti-español, de pro-árabe, cuando los libros de Historia dicen que el Cid era un mercenario. Combatió para cinco o seis reyes distintos, incluso alguno de origen árabe, aunque llevaban aquí más tiempo que muchos que se consideran españoles antes de que el concepto de España existiera.

Me gusta que su propia mujer, Jimena, le pone a parir.

Sí, eso ya son licencias que nosotros nos permitimos. Cuando yo hice el capítulo de los últimos de Filipinas también tuve que recibir insultos porque estaba atacando a España y al ejército español. No, no. Lo que estaba contando era real e incluso suavicé que Martín Cerezo fusiló a los que se iban a fugar. Sólo se oía el tiro. Pero les fusiló encandenados. Y les pegó el tiro de gracia. Hemos tocado el tema del robo de niños, de la pérdida del padre, de seres queridos… Mi hermano tenía un texto que decía: ¿Qué es el Ministerio del Tiempo? Una serie de aventuras ¿qué tiene que hacer? Entretener… pero no nos conformamos con eso. También queremos contar la Historia de un Ministerio que tiene sus lados oscuros y corruptos (porque en el Ministerio, Salvador a veces tiene sus cosas). Y estamos hablando de algo muy importante: tú puedes ir al año 30 y ver a las chicas que nadan con Esther Williams pero cuando vuelves a 2015 están muertos todos. Enterrados. Ese choque moral y mental de nuestros protagonistas se está tratando desde el capítulo tres. Y eso no es una serie amable. En lo emocional “El Ministerio” es muy dura. Aquí no miramos para otro lado. Hemos hablado de Gernika y hemos hablado de una población en guerra civil. Hemos hablado de barbaridades que se han hecho en la Historia. Del Lazarillo y del levantamiento de los Comuneros, de Lorca… En el capítulo de los nazis, Lola Mendieta es perseguida porque está salvando republicanos. Si analizas, estamos hablando de los perdedores, de los que ganaron pero no se llevaron el premio, o de las mujeres olvidadas. No se puede tachar esta serie de conservadora.

Yo no decía que la serie fuera conservadora.

No lo digo por ti. Yo creo que ésta es la primera ficción que en vez de poner a dos Españas la una contra la otra, las pone a trabajar juntas. Nosotros cogemos a un símbolo de la España tradicional, Alonso, que es soldado de Flandes; a otro de la moderna, Amelia Folch, catalana, mujer, primera universitaria… y un símbolo de la tercera España: la escéptica, la de Julián o Pacino, la que al final dice: “me tomo una copita por la noche, ceno, veo el fútbol y no me cuentes historias”. Bueno, pues esas tres Españas están en la misma barca, remando juntos en la misma dirección. Ideológicamente creo que es un mensaje muy avanzado, muy positivo: vamos a dejar de discutir, de matarnos a garrotazos.

Te iba a decir también que en “El Ministerio del Tiempo” hay cierta crítica al funcionariado pero ahora que lo pienso no es verdad.

Claro que no. En un capítulo se dice: “No somos superhéroes. Somos funcionarios”. Y en el prólogo que he hecho para el comic hablo del valor del funcionariado. Lo que pasó es que Borja Cobeaga y Diego San José hicieron un capítulo-parodia sobre el funcionario típico y se levantaron ampollas pero en “El Ministerio del Tiempo” estamos constantemente defendiendo el papel del funcionariado.

Las misiones terminan bien… luego los funcionarios hacen su trabajo.

 Claro.  Después hay buenos y malos funcionarios pero el funcionariado es esencial y básico en un Estado moderno. “El Ministerio del Tiempo” es un homenaje al funcionariado. Lo que pasa es que nos permitimos hacer una parodia de eso y te da la risa pero los buenos funcionarios son héroes.

Entonces no crees que el Ministerio funcionaría mejor si se externalizara la gestión.

En el capítulo 5, Salvador dice: “hay tres cosas que no se pueden privatizar: la educación, la sanidad y los viajes por el tiempo”. Y lo dice el subsecretario del Ministerio, ese que te parece tan conservador. Ese es un lema que el jefe del Ministerio defiende a capa y espada. De hecho, hay una empresa privada americana que juega con esto. Es el choque de lo público contra lo privado. De lo europeo contra lo americano. “¿Se imagina si se privatizara el Ministerio del Tiempo? En los “realities” estarían Felipe II y la Beltraneja” comentan.

¿Veremos viajes al futuro en “El Ministerio del Tiempo”?

Hacemos un guiño en esta tercera temporada pero si nosotros viajáramos hacia el futuro tendríamos que imaginar una historia mientras que si viajamos al pasado tenemos la Historia con mayúsculas. No podemos disparar a dos dianas a la vez. Y además, ahí sí, nos convertiríamos en Dr. Who. Sólo nos faltarían los “daleks”. Las bases de nuestra serie son: la Historia, el género fantástico y los viajes por el tiempo. Lo han hecho muchos. El presente es la última estación que se ha construido. Si nos pusiésemos a mirar hacia el futuro dejaría de ser una serie histórica. Y esa es una base muy importante.

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GEMA R. NEIRA: DE CÓMO SUPERVISAR CINCO SERIES Y NO MORIR EN EL INTENTO

9 mayo, 2017

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Texto: Nico Romero Fotos: Héctor Beltrán

Habría que remontarse a los años dorados de Globomedia (y ni siquiera) para encontrar una productora con tantos proyectos de ficción en marcha a la vez. Gema R. Neira, directora de desarrollo de Bambú, nos recibe en su despacho y nos confiesa que aquellas oficinas de Pozuelo de Alarcón ya se les han quedado pequeñas. Con tan sólo dos salas destinadas a los equipos de guion, Ramón, Teresa, Gema y sus equipos conciben series tan distintas y exitosas como “Las chicas del cable”, “Tiempos de guerra”, “Velvet colección” o “Fariña”. O la burbuja de las series explota pronto o tendrán que mudarse. No es para menos. Su última serie puede verse ya en 190 países.

SOBRE LA MECÁNICA DE TRABAJO EN “BAMBÚ”

Sois una de las productoras con más éxito actualmente y esto se debe, en gran medida, a la calidad de vuestros guiones ¿Cómo es el proceso de escritura de una serie en Bambú?

Lo que solemos hacer es que el piloto lo escribimos Ramón y yo y, a partir de ahí, incorporamos a un coordinador.

¿En qué momento?

Cuando la cadena dice adelante con la serie, aunque tengamos notas del capítulo. Con él reescribimos el capítulo y montamos el equipo.

¿Y cómo seleccionáis a los guionistas?

Todos los coordinadores que tenemos llevan trabajando con nosotros mucho tiempo. Lo que hacemos es sentarnos con él y plantearle: ¿hay alguien con quien te gustaría trabajar? Y vamos viendo los perfiles de esa gente, en qué series ha estado… Decidimos un poco entre los dos porque, al final, él es el responsable de que la serie salga bien. Tiene que estar contento con su equipo.

Pero guionistas en plantilla no tenéis…

Sólo María José Rustarazo. Lo que pasa es que la gente con la que llevamos más tiempo y con la que estamos contentos pues la volvemos a llamar. A mí me gusta que la gente se involucre. Por eso, si tengo un guionista que le encanta el thriller y ahora tengo una de amor pero dentro de dos meses voy a tener un thriller pues le digo: “Espérate porque creo que ésta te interesa más.”

¿Entonces buscáis guionistas específicos por género?

Yo, cuando veo una serie española que me gusta, miro quién la ha escrito e intento trabajar con esa gente. A Carlos López le conocimos así. Yo había visto “El príncipe” y me encantaba. A Ramón también le interesaba mucho y pensábamos que era una serie que tenía mucho que ver con cosas que nosotros queríamos hacer. Nos conocimos por casualidad en un festival y le dije: “Carlos, soy muy fan de tu serie. Un día te voy a llamar para que trabajes con nosotros”.

Y cuando surgió “La embajada”, como él también es periodista y yo sabía que le interesaba un poco ese tema, pues le llamé. Lo hemos hecho mucho así, diciendo: “esta serie se puede parecer en tono esta otra” y buscando gente que no conocíamos de nada en IMDB.

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Y una vez formado el equipo ¿cómo os organizáis?

Los primeros episodios Ramón y yo estamos muy encima del guion, rescribiendo incluso los cuatro o cinco primeros episodios de la temporada. Unas veces estamos los dos, otras veces sólo uno, dependiendo del tiempo que tengamos. Y luego, una vez establecido el tono y los personajes, vamos haciendo una  revisión final de los guiones pero ya no entramos a reescribir. Mandamos notas.

¿Y el equipo cómo afronta la escritura?

Al principio hacíamos escaleta por un lado y diálogos por el otro pero eso hace que los dialoguistas estén muy descolgados de la serie. Su implicación era menor y la capacidad de reacción si se te cae una trama de otro capítulo también. Ahora tenemos modelos diferentes según el tiempo y el coordinador de la serie. Cuando la serie tiene muchísima continuidad pues hacemos que el equipo trabaje aquí porque no podemos avanzar en paralelo. Pero, por ejemplo, en “Tiempos de guerra”, el equipo no está en la oficina. Nos reunimos cada cierto tiempo, trameamos y luego cada persona se lleva una escaleta a su casa y escribe de manera individual. Y luego la corregimos en grupo.

¿Y Ramón y tú seguís encima de cada uno de los capítulos, incluso en una cuarta temporada?

Sí, sí. Una vez que pasa la primera temporada, lo que solemos hacer es dividirnos las series. A partir de la segunda pues en una está Ramón, en otra Teresa y en otra yo. En los mapas de tramas solemos entrar los dos. No tanto como en la primera pero marcamos las líneas y vamos pactando tramas.

¿Documentalista tenéis?

Depende de la serie. En “Fariña” tenemos, en “Tiempos de guerra” tenemos asesores militares y asesores médicos. En “Las chicas del cable”, al principio tuvimos un asesor de telefonía porque lo primero que tuvimos que entender es qué hacían las chicas. De hecho nos fuimos al museo de Telefónica que puedes usar las máquinas y hacerte una llamada. Pero para cosas de época ya teníamos documentación de otras series.

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SOBRE “LAS CHICAS DEL CABLE”

¿Cómo surge la posibilidad de trabajar para Netflix?

Antena 3 había vendido los derechos de Velvet a Netflix y parece que les estaba funcionando muy bien. Erik Barmack, uno de los directivos, empezó a verse la serie y en navidades de 2015 le mandó un mensaje a Ramón. “Mira, me interesa mucho esta serie. Quiero producir la primera serie para España y me gustaría que me presentéis proyectos pensando en un público similar pero pensando que esto es cable y que vamos a ir más lejos. Vamos a hacer algo un poco más oscuro pero que puedan tener una línea de público parecida a “Velvet”.”. A partir de ahí presentamos tres o cuatro proyectos, un poco de todo.

¿”Las chicas del cable” era el más “Velvet” que presentábais?

No. De hecho el proyecto ha evolucionado y ahora es mucho más oscuro de lo que nosotros lo pensamos al inicio. Pero “Las chicas del cable” les encantó desde el principio. Se sintieron muy identificados. Les gustó todo el tema de las comunicaciones. Empezamos, además, con la primera llamada entre España y Estados Unidos y eso también les llamó la atención. Había como tres o cuatro conceptos que veían muy claros: la época, el tema femenino…

¿Qué diferencia hay entre trabajar para Netflix y para una cadena nacional?

La traducción retrasa casi tanto como la propia escritura. Y el hecho de que no estén físicamente aquí también dificulta. Una videoconferencia no es lo mismo que reunirte con alguien en una mesa. Sí que han venido varias veces, sobre todo al principio de temporada para pactar tramas, y eso ha facilitado las cosas. Pero, en líneas generales, el proceso es un poco el mismo. Quizás supervisan más todo. En Antena 3, por ejemplo, no entregamos escaletas. En Televisión Española en su momento sí las entregábamos pero ahora ya no.

¿El tipo de público al que os dirigís es básicamente el mismo que para una televisión española?

No. Tenemos un público principalmente femenino como en  Antena 3, pero partimos de personajes más oscuros. El público de “Velvet” es más blanco y la protagonista de “Las chicas del cable” es un personaje con un pasado turbio. También vamos un poco más lejos a la hora de contar conflictos personales. Con determinados temas un poco más comprometidos, como el aborto, nos permitimos poner a los personajes en una tesitura que en otras series no haríamos. Y no porque la cadena nos diga nada sino porque nosotros mismos queremos tratarlo con menos crudeza y más divertimento. Menos para hacer pensar y más para disfrutar. Y luego, a la hora de la narrativa, como son menos minutos pues vamos mucho más directos y la serie va más deprisa.

¿Y cómo es el proceso de escritura de esta serie en concreto?

La tendencia ahora es que la escritura ocupe más tiempo pero que el equipo sea menor. “Las chicas del cable” lo escribe un equipo de tres. Está la coordinadora con dos guionistas y un apoyo de diálogo pero que no trabaja en todos los capítulos. Por ejemplo, el capítulo 7 la coordinadora y sus dos guionistas hacen la escaleta del 7 y después se lo escriben entre ellos. Después hacen la escaleta del 8 y se lo pasan al dialoguista y ellos se ponen a escaletar el 9. Se hace así porque, por tiempo, ellos no pueden asumirlo todo.

Pero menudo marrón para ese dialoguista que está tan ajeno a la serie ¿no?

En este caso, Almudena Ocaña es la que está haciendo los diálogos desde casa. Formaba parte del equipo en la primera temporada y conoce la serie a la perfección. Por eso le resulta más fácil cogerse un capí sí y otro no e ir siguiendo toda la continuidad.

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“Las chicas del cable” tiene principalmente personajes femeninos. Cuando me siento a escribir mujeres, a veces me cuesta porque tenemos muchos estereotipos que superar…

Yo el que peor llevo es el de la mujer fuerte muy masculina. Estamos rodeados de mujeres, lo seamos o no. Entonces ¿para qué recurrir a los estereotipos? Sólo tienes que mirar a tu alrededor. Yo, cuando salen estos personajes tan masculinos, siempre digo: “Chicos, estáis rodeados de mujeres que son directivas pero son madres, son dulces, dirigen de otra manera…”. Yo creo que el prototipo de mujer exitosa ya no es ése. No sé si a lo mejor lo fue hace unos años, porque como estaba rodeada de muchos hombres tenía que fingir para poder sobrevivir, pero ahora ya no. Ahora cada vez hay más chicas guionistas y eso facilita las cosas. Cuántos más personajes femeninos haya y menos naif se les dibuje pues más acertaremos a hacer mujeres reales. Hay que confiar en que son lo suficientemente interesantes sin necesidad de ponerles un hombre al lado. Siempre que se escribe a una protagonista, lo potente es la historia de amor. ¡No! Hay que preguntarse ¿qué tiene de especial esta protagonista? Hay que darle características al propio personaje y no hacerlo en función de la trama que quieres establecer. Luego puedes hacer una historia de amor preciosa, por supuesto, pero el personaje no puede estar supeditado a esa trama.

Caridad Fernández, una amiga y profesora de guion, me decía: “Crea a los personajes femeninos simplemente como haces con los masculinos, con sus defectos y sus virtudes”.

Sí. ¿Una mujer escribe mejor a las mujeres? Yo siempre digo: “Un buen escritor escribe bien a sus personajes”. Yo no creo que necesariamente una mujer tenga que escribir a las mujeres y un hombre a los hombres. Es verdad que cuánto más cercano te sientes tú a un conflicto, más fácil te resulta retratarlo. Pero simplemente eso. No buscamos mujeres para escribir las series de mujeres y hombres para las series más masculinas. Normalmente en los equipos hay de todo.

El otro día hablaba con Rodolf Sirera, coordinador de “Amar en tiempos revueltos” sobre “Velvet” y le preguntaba cómo veía él que esta serie maquillara nuestro pasado para mostrar una España feliz, que se parece más al París de los años 50 que al Madrid de entonces. Los dos defendíamos el derecho a escribir una serie así pero yo también apuntaba la responsabilidad de la ficción a la hora de conservar nuestro pasado y el peligro que conlleva adulterarlo. ¿Os planteasteis esta duda?

Sabíamos que era una decisión que mucha gente pondría en duda pero tienen que entender que a veces se busca despertar conciencias y otras veces se busca divertir. En España ya existe una serie que retrata la época y se llama “Cuéntame”. Nosotros no íbamos a aportar nada nuevo. Nosotros queríamos hacer un cuento de hadas: el viaje de una chica que partía de la nada para llegar a ser una gran diseñadora. Elegimos los 50 porque el viaje de la moda se hacía partiendo de la alta costura para llegar a la moda para todos. Y también porque estéticamente era un momento muy interesante.

Sin embargo, por el trailer me da la sensación de que “Las chicas del cable” sí quiere hablarnos de política: concretamente de feminismo…

Sí. Lo que pretendíamos era demostrar que los problemas que las mujeres tenemos hoy llevan ahí mucho tiempo. Aquel era un momento de cambio total, se pedía el voto femenino… Elegimos la profesión de telefonistas porque era el primer trabajo que empezó a lanzarlas hacia la independencia. Les exigían que fueran solteras pero les dio un “status”. Eso permitió que el mercado laboral se fuese abriendo para las mujeres poco a poco. Luego no se plantean tanto conflictos políticos, que están de fondo, como referencias a lugares reales donde se reunían las feministas y determinadas conferencias y personajes como Victoria Kent. Y luego tenemos conflictos como el de una mujer que quiere trabajar pero que tiene hijos y la sociedad la mira mal. Y ella misma no se siente ni buena madre ni buena trabajadora. Va un poco por ahí.

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SOBRE GEMA

Pau Freixas, showrunnner de “Sé quién eres” me decía: “Escribe sobre lo que te apasione. Lo contrario te lleva al fracaso”. Tirso Calero, creador de “Servir y proteger” me decía: “Para triunfar tienes que adaptarte. No siempre puedes escribir sobre lo que te gusta”. Creo que los dos tienen razón pero ¿tú con quién te sientes más identificada?

Yo con Pau pero creo que es una cuestión de actitud. Yo tengo la oportunidad de plantear proyectos propios pero también he trabajado para proyectos de otros y, a veces, la serie que estás escribiendo no es la que más te apetece escribir. Pero si algo no te apasiona, tienes que conseguir que lo haga… encontrar tu nexo de unión con ese proyecto. A veces sólo son los conflictos de un personaje determinado… pero yo no sé escribir si no me enamoro. Si no encuentras realmente algo interesante en tu propio proyecto es imposible que hagas que le interese a los demás. Cuando los guionistas me dicen: “este personaje es muy aburrido” les digo “pues lo hemos escrito nosotros. Démosle más cosas. Es nuestra responsabilidad”.

Y en ese sentido ¿qué es lo que te apasiona a ti? ¿Hay algo que no has podido contar en tus series?

A mí me gusta la música, la fotografía, la historia de personajes fuertes que han cambiado pequeñas cosas en el mundo… Y tengo la oportunidad de contar casi todo en mis series. Lo único que echo en falta es contar una serie más cercana a mi vida.

¿Más autobiográfica?

No. Una serie sobre gente de ahora, de entre 30 y 40 años, que vive en una ciudad. Algo más cercano realmente a lo que vivo todos los días.

¿Y por qué no lo haces?

Porque no interesa. Interesa desde la comedia pero nosotros tampoco somos una productora experta en comedia.

¿No te gusta?

Sí, pero me va más la comedia romántica. La comedia de situación no es de mis géneros favoritos. No es lo que mejor se me da hacer. He escrito alguna pero me gusta más la mezcla de géneros. Me gusta el misterio y la dramedia.

Por último ¿En qué andas ahora?

Ahora mismo estamos escribiendo varios proyectos con equipos en marcha. “Las chicas del cable”, “Tiempos de guerra”, “Velvet Colección”, “Fariña”, otra para México y otra para TVE que estamos empezando ahora. Esas son las que están en marcha. Y luego todas las semanas sacamos ideas nuevas porque al final tenemos que preparar el año que viene.

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BASTANTE SOBRE COMEDIA, CORTOS, BLOGS Y OTROS ENLACES PARA EL FIN SEMANA

12 junio, 2015

Por Alberto Pérez Castaños. 

1. El encargado de abrir la nueva tanda de enlaces es el mismísimo Superlópez. El bloguionista Carlos García Miranda ha homenajeado al superhéroe de Jan con este artículo: “Lo que aprendí de Superlópez”.

2. La semana pasada se estrenó ‘Requisitos para ser una persona normal’, la ópera prima de Leticia Dolera. Por eso, el fotógrafo colaborador de Bloguionistas Héctor Beltrán le ha dedicado la primera entrada de su sección “Directores del presente y sus cortos del pasado” en ecartelera.com, en la que hace un repaso de los cortometrajes de Dolera antes de su divertidísimo salto al largo.

3. Por cierto, ¿sabíais que entrevistamos a Leticia Dolera en el Festival de Málaga justo después del estreno de la película en el certamen y justo antes de que ganase cinco premios, entre ellos, el de mejor guión novel? Pues ya lo sabéis.

4. También deberíais pegarle un vistazo a este blog: se llama ‘Palomares Bomba’ y está escrito por varios alumnos del Máster de Guión de la Universidad Pontificia de Salamanca. Guionistas noveles haciendo cosas, como debe ser.

5. Es algo común que, cuando un guionista lee algo que escribió en el pasado, no le guste tanto como en su momento. Pero siempre hay excepciones. Y si no, mirad estos 51 guionistas de TV eligiendo el momento favorito de su serie escrito por ellos mismos.

6. Buenas noticias para los que estéis en Madrid el 22 de junio: ese día, Carlos Vermut dirigirá la lectura dramatizada de ‘Pulp Fiction’ dentro del ciclo “One Night Only”. Encabezan el reparto José Coronado, Jorge Sanz, Elena Anaya, José Sacristán y Bárbara Santa-Cruz. Poca broma.

7. Es posible que ya haya puesto este enlace en anteriores entregas de la sección, creo que no, pero, en cualquier caso, es lo suficientemente interesante como para volver a verlo. Si te interesa le dirección de comedia, este vídeo sobre el estilo de Edgar Wright se va a convertir en uno de tus favoritos:

8. El guión de esta semana es ‘Anchorman: The Legend of Ron Burgundy’, estrenada en 2004 y escrita por Will Ferrell y Adam McKay. ¿Que por qué ‘Anchorman’? Bueno, ¿y por qué no?

9. Y para seguir –y de paso cerrar– con el asunto de la risa, este enlace en el que el guionista de ‘Anclados’ Raúl Díaz cuenta cómo escribir una buena comedia.

¡Buen fin de semana!


PAPELES DE BÁRCENAS, ANÁLISIS DE ‘PERDIDA’ Y MÁS ENLACES PARA EL FIN DE SEMANA

3 abril, 2015

Por Alberto Pérez Castaños.

1. Roba a todo el mundo, mete humor en tu guión, escribe como habla la gente… Estas son algunas de las lecciones de guión de, exacto, Quentin Tarantino.

2. Luis Bárcenas se tomó al pie de la letra la primera lección de Tarantino, aunque no precisamente para escribir un guión de largometraje. Ahora, y tras el éxito de la obra teatral ‘Ruz-Bárcenas’, de Jordi Casanovas, el director David Ilundain quiere hacer una película sobre él: ‘B (La película sobre los papeles de Bárcenas). Lo mejor de todo es que aún estamos a tiempo de lograr que se haga realidad este proyecto tan necesario.

3. Bill Murray, sin embargo, nunca ha considerado necesaria la tercera parte de ‘Cazafantasmas’. Pero lo cierto es que el guionista Max Landis (‘Chronicle’) se puso a ello. Aunque quedó en nada, llegó a haber un tratamiento que ahora ha compartido con todos nosotros.

4. Jonathan Nolan (‘El Caballero Oscuro’), Tom McCarthy (‘Up’), Eric Roth (‘El curioso caso de Benjamin Button’), Simon Beaufoy (‘Slumdog Millionaire’), Dustin Lance Black (‘Milk’), todos ellos guionistas nominados o ganadores del Oscar, cuentan los secretos de su éxito moderados por Judd Apatow (‘Virgen a los 40’):

5. El guión de ‘Perdida’, escrito por la autora de la novela original, Gillian Flynn, fue uno de los grandes ausentes en la última edición de los Oscar. La periodista y realizadora Andrea Morán, responsable del imprescindible blog Filmin365, ha escrito un brillante análisis del guión, comparándolo con la novela y el posterior resultado en pantalla.

6. Así que, tras el anterior enlace, no hace falta ser muy listo para saber cuál es el guión de esta semana.

7. Esta semana se han dado a conocer los proyectos seleccionados de la primera edición de DAMA Ayuda Series. Entre los tutorizados se encuentra Héctor Beltrán, fotógrafo colaborador habitual de Bloguionistas. ¡Enhorabuena!

Buen fin de semana.


CALDERA, COBEAGA Y DIRIGIR LA RISA

3 marzo, 2015

Por Alberto Pérez Castaños. 

Fotos de Héctor Beltrán.

Dice Borja Cobeaga que, ahora mismo, cuando un guionista está escribiendo una comedia irremediablemente piensa en Javier Ruiz Caldera para dirigirla. No le falta razón. Tras tres películas estrenadas y la cuarta a punto, el director catalán se ha convertido en el realizador por excelencia de la risa española moderna.

Por eso, el martes de la semana pasada, DAMA organizó una conversación entre Caldera y el mismo Borja Cobeaga. El vasco preguntaba y el catalán, respondía. Una de sus primeras respuestas fue que tenía ganas de dirigir un drama. Una declaración un tanto delicada si tenemos en cuenta que el título de la conferencia era “Dirigir la risa”. Pero ojo, que no tardó en matizar. Afirmó que, en caso de que algún día le dejasen rodar un drama, no sería uno al uso, de esos “intensos” que, él al menos, no se cree cuando los ve. Sería un drama “como la vida real” que, de vez en cuando, también hace reír. No sé vosotros, pero yo quiero ver esa película.

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Javier Ruiz Caldera respondiendo a una de las preguntas de Borja Cobeaga.

Javier Ruiz Caldera es de los pocos directores no guionistas que hay ahora mismo en España. Y es de los que más trabaja y mejor le funcionan sus películas. (¿Casualidad? Que cada uno piense lo que quiera). Por eso, no es extrañar que, como dijo, le lleguen montañas de guiones. “Busco que sean historias que tengan algo diferente”, aseguró. Además, dijo estar convencido de que “los buenos guiones siempre se acaban rodando”.

Cobeaga hizo una buena observación: las cuatro películas que ha dirigido Caldera hasta la fecha son comedias, pero muy diferentes entre sí. El catalán es un director que maneja con solvencia el lenguaje cómico y además lo hace en estilos diversos. Él respondió que siempre intenta que en sus comedias haya géneros diferentes: ‘Spanish Movie’ se trata de una spoof; ‘Promoción Fantasma’, una comedia fantástica; ‘Tres bodas de más’, una romántica y gamberra, y ‘Anacleto: Agente Secreto’, es más bien una comedia de acción.

La adaptación del cómic de Vázquez centró la primera parte de la conversación y, para abrir boca, vimos el tráiler:

Si os gusta la pinta que tiene la película con sólo ver este avance, enhorabuena, porque Caldera dijo que la película ha quedado incluso mejor, que aún están postproduciendo pero el resultado es “muy divertido”. No será una adaptación al uso: Fernando Navarro, uno de sus guionistas, propuso hacer una actualización del personaje y la historia estará protagonizada por Anacleto (Imanol Arias) y su hijo (Quim Gutiérrez).

Sobre su (bendito, en mi opinión) encasillamiento en comedia, los asistentes pudimos saber que surgió de manera más o menos circunstancial. El primer corto de Javier Ruiz Caldera fue una comedia: ‘Treitum’, una pequeña maravilla. Lo rodó a principios de los 2000 y no le ha dado más que alegrías aunque, eso sí, tardaron. Hasta 2008 estuvo trabajando como montador y director de publicidad, entonces le llamaron unos productores a los que les encantaba su trabajo para rodar ‘Spanish Movie’. El resto, es historia. Mientras tanto, consiguió agente en Los Ángeles gracias al corto. Todavía sigue leyendo guiones que le llegan de allí, aunque, tal y como contó, es muy complicado dirigir proyectos americanos.

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El director y guionista Borja Cobeaga.

No me consta que Cristóbal Garrido, guionista de ‘Promoción Fantasma’ junto a Adolfo Valor, estuviese apuntado con un arma a Javier Ruiz Caldera durante la entrevista, pero el director afirmó que la comedia protagonizada por Raúl Arévalo y sus alumnos fantasmas es el trabajo del que más orgulloso se siente. Contó que se trató de un proyecto en el que el productor estaba a tope gracias, en gran parte, al pitch de los guionistas. Además, sobre su trabajo en la película, dijo que se pudo “lucir” más como director al ser una historia “más visual”. Al contrario de lo que pasó con ‘Tres bodas de más’, en la que tuvo que “desaparecer” todo lo posible. Casualmente, ‘Tres bodas de más’ es su película más exitosa hasta la fecha: superó los cinco millones de euros de recaudación, ganó el Premio Feroz a la Mejor comedia y obtuvo siete nominaciones a los Goya. Aunque no la de mejor director, a causa de lo cual Cobeaga le preguntó si piensa que sería más valorado si hiciese drama. Su respuesta fue rotunda: “No”.

Una de las cosas que menos le gusta a Caldera cuando está dirigiendo, según comentó, es cuando un actor fuerza un gag para intentar hacer reír, elevando o modificando el tono. Esto provoca que se pierda la credibilidad. “La comedia, para que resulte efectiva, hay que creérserla, que sea de verdad, el guión es el que decide si una situación es graciosa o no“, dijo.

Siguiendo sobre dirigir actores, el realizador apuntó que le gusta ensayar, pero que es algo que intenta equilibrar para “no quemar cartuchos”. Otro de sus secretos es que le gusta mezclar cómicos de raza (Berto Romero, Joaquín Reyes), con actores dramáticos (Imanol Arias): “Es arriesgado, pero me gusta”, dijo. Desde luego, le ha salido bastante bien. En su última película, dos intérpretes nominados al Goya.

Como se ha dicho, Caldera es un director acostumbrado a trabajar con guiones ajenos. Hasta el momento, dice, está contento, porque cree que “ningún guionista se ha sentido violado tras ver el resultado final”. Cuando un asistente le preguntó sobre escribir sus propias películas fue bastante claro: “Si alguna vez tengo una idea le pediré a unos guionistas que le escriban, yo no tengo oficio para hacerlo y respeto su trabajo igual que a mí me gusta que los demás respeten el mío”.

Con esta charla se daban por finalizados los Martes de DAMA del mes de febrero, pero ya están listos los de marzo. El día 10 podremos disfrutar de una nueva conversación, esta vez entre Joaquín Gorriz y Fernando Colomo. Mientras que el día 24 tendrá lugar otra sobre efectos digitales con Juanma Nogales y David Heras. Podéis inscribiros y encontrar más información aquí.

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