LO KE SIENPRE KISISTE SABER SOBRE EL BIAJE DL HEROE

18 mayo, 2016

viajedelheroe

Por Juanjo Ramírez Mascaró.

Hace unos años, cuando colaboraba en otro blog, ayudé a difundir el MANUAL PARA ESKRIVIR 1 LARGOMETRAGE del gurú Yeray Calero, que imparte clases de guión en la Universidad Politécnica de Jinámar.

A continuación reproduzco los primeros 7 de esos 12 párrafos de sabiduría ancestral que nos regaló el gurú Yeray:

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Ola si kieres scribir un largometrage animooooo es muy faciiiiil!!!!!

Lo primero q tienes q aser n primer lugar es dividir la historia n 3 partes q eso se llama 3 ACTOS y mola xq asi al pensar n trozos separados parese menos grande y t da menos peresa

n la primera parte o 1er acto pones las cosas de cuando el prota aun no le a pasado nada raro y es un mierda xq no a cumplido sus sueños y tal o xq no a prendido algo inportante o cosas asi

Luego pasa algo q deja al prota to descolocao y entonses pasa al 2 acto que es el + largo jejejeje por eso los gionistas le tienen miedo pero eso s xq no les mola d verdad el cine si t mola el cine el 2 acto s el + divertido porque ay es donde t cabe todo lo q ase q la peli mole n plan q el prota tiene q star todo el rato de un lao pa otro y teniendo peligros y eso, los q no les mola scribir el segundo acto es xq en ves de meter dinosaurios o ninjas en la peli meten a marisa paredes o algo asi

Luego pasa algo q se llama anticlimas q es cuando al prota se la meten ay por donde + le duele y se pone d bajona o sta a punto d morir o algo y eso es como el examen final que si supera ay la prueba chunga es xq a prendido to lo q en el acto 1 le asia ser 1 mierda pero aora se a entrenao con los dinosaurios y los ninjas del acto 2 y entonses s el tercer acto q es como q todo se arregla o se jode del todo

Pa q tu personaje mole lo suyo es q no sea perfecto xq a la gente perfecta dan ganas de inflarles a ostias x listillos d los cojones jejeje es mejor ponerles defectos y tal y x lo visto lo q al publico le mola es q los personages canbien y empiesen siendo de una manera y luego sean distintos al final q si enpiesa siendo malo acabe siendo bueno o si enpiesa stando tranki termine stando jodido x ejemplo

Otra teknica q mola conoser para aser guiones es lo del “viaje del heroe” q + o menos consiste n q tienes q conparar tu historia con Luk Eskaiwalker n la guerra d las galaxias y sino se parese entonses es que tu peli no mola

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Desde hace años, siempre que leo el manual de Yeray Calero siento una espinita clavada muy adentro, un desasosiego: El maestro Calero menciona “el viaje del héroe” pero no profundiza en ello. Así pues, me he puesto en contacto con él, y me ha concedido esta entrevista:

En tu “Manual para eskrivir 1 largometrage” sacas a colación el viaje del héroe, que ahora está tan de moda gracias a la saga de Star Wars. ¿Podrías explicarnos mejor en qué consiste?

La movida esa dl viaje dl heroe s lo d cuando stas to chungo xq quieres pirarte a tomar x culo pa ke no t rayen las movidas del barrio, ke son todos los dias la misma puta mierda pero al mismo tiempo stas d puta madre n casa d tus viejos sin pagar el alkiler jejeje, entonses pasa alguna movida ke t obliga a pirarte aunke no kieras xq as rebentao a algun niñato y la poli t sta buscando o tus viejos t disen q t largues xq stan asta la poya d ti xq eres 1 puto parasito y entonses como cambias de anbiente conoses a gente nueva ke t enseña movidas sobre la vida y t dan a probar nuevas drogas y lo tipico ke t pones farruco y t crees ke eres distinto al resto d la peña y t kieres comer el mundo y s como con la droga ke al prinsipio t piensas ke eres el puto amo pero luego t viene la bajona y tienes 1 mal viaje y esploras tu lado + chungo y + oskuro y t das cuenta d ke no eres el puto amo si no ke eres 1 mierda.

Vaya mensaje más desolador, ¿no?

Ke dises colega. Lo ke mola dl tema s ke sales to trasformao, como q todo el royo ese d irte d casa d los viejos y ponerte to mal ase ke seas + maduro y lo ke no t mata t ase + fuerte asi ke te vuelves a flipar y vuelves a intentar ser el puto amo pero resulta ke otra ves la cagas y t das cuenta d ke sigues siendo 1 mierda pero como ya as conosido peña nueva t hechan 1 mano o t enseñan + drogas nuevas asi ke al final por fin acabas siendo el puto amo de verdad y ya sabes lo ke es la puta bida. Asi ke t puedes enfrentar a lo ke sea poniendo los cojones ensima d la mesa y si algun pallaso t jode la bida lo rebientas a ostias jejejeje

O sea, que te conviertes en luchador y por fin rompes con tu pasado…

Ke va, compadre… Asiendo todo eso ya puedes volver al barrio y desirle a tu viejo ke ya no eres 1 puto mocoso ni 1 parasito y ke eres igual d macho ke el y mandarlo a tomar x culo y total, ke t das cuenta ke lo ke querias no era pirarte dl barrio si no volver al barrio pero siendo 1 puto crack y ke la peña t respete y les cuentas las batallitas en el bar pa ke sus bidas tengan sentido grasias a ti.

En otras palabras, lo que viene siendo madurar como todo hijo de vecino…

Lo ke pasa es ke n las pelis to eso se adorna con mostruos y nabes espasiales o animales ke ablan xq tanpoco es plan d ke la peña apokine 9 pavos pa entrar al cine del sentro comersial  y ke se encuentren con la misma puta mierda d sienpre k pa ver eso se asoman al patio interior del edifisio y lo ven gratis. Y tanbien ke lo asen en 12 pasos.

¿En 12 pasos? ¿12? ¿Igual que los 12 párrafos de tu manual? ¿Por qué?

No se pibe, lo mismo xq kieren ke sea como con las horas dl reloj pa poder ponerlo en un sírculo ke keda + guapo y tanbien como los meses dl año ke tanbien son 12 y asi es como con las cuatro estasiones ke enpiesas n primavera y t confias cuando t yega el veranito  pero luego t pones mas tranki rollo otoño y grasias a eso puedes enfrentarte al puto bajon dl invierno y si no la palmas luego es primavera otra ves. Weeeeee!!!

Impresionante. Es como si nuestro microcosmos fuese un reflejo del macrocosmos…

Y ensima t sirve pa vender calendarios dl viaje dl heroe xq pones un pibon n cada pajina y tienes 12 pibones, uno pa cada mes. Yo tengo un calendario ke no avansan los meses xq la foto de Miss Encuentro con el Mentor me pone to burro. Jejejeje

Ahora que lo dices, creo que no has mencionado en tu entrevista nada sobre ese tema, sobre el encuentro con el mentor.

Es le cuando creses en el barrio tu maestra es la calle, compadre.

Muchas gracias por solucionar nuestras dudas, maese Yeray. Ha sido un placer y un honor. Si te parece bien, volveré a entrevistarte dentro de un par de semanas para hablar sobre personajes.

Fa ke sí, cuando te apetesca. Pa personages los ke tengo aki n el barrio jjjjjj

 

 


MÁS TEMAS PARA NUESTRO PRÓXIMO CAFÉ

4 julio, 2013

por Carlos López

0 CAFE

UNO – GESTIÓN DE RESIDUOS

Así definía Tony su trabajo la primera vez que la doctora Melfi se lo preguntó: “Gestión de residuos”. El mafioso de los años noventa, cuyo cuartel general no está en Manhattan sino en New Jersey, sufre ataques de ansiedad, no sabe qué hacer con su madre, se siente intimidado por su mujer y preferiría no cruzarse con sus hijos por el pasillo. Y además, tiene que mentirle a la psiquiatra. O quizá no sea una mentira porque, ¿qué mejor manera de definir su ocupación en la vida —y la de cualquiera de nosotros— que englobarlo todo bajo el epígrafe “gestión de residuos”?

Llevamos ya dos semanas de elegías a Tony Soprano. Lo que no quiso hacer David Chase en el capítulo final lo ha conseguido un corazón sepultado por la grasa. Muchas portadas hablaban directamente de la muerte del personaje, en un ejemplo máximo de identificación entre actor y representación, lo más grande que le puede suceder a un intérprete. ¿Era un buen actor, Gandolfini? Sin duda. Os recomiendo esta entrevista ante alumnos del Actor’s Studio en la que, por ejemplo, descubrimos que para conseguir en Tony ese gesto de hastío vital, de que todo le venía a contratiempo, Gandolfini se obligaba a pasar un par de noches sin dormir, o se metía tornillos en el zapato, o tomaba seis cafés seguidos antes de llegar al plató. Ahí también sostiene Gandolfini, y esto es más importante, que todas las acciones de Tony son justificadas, otra cosa es que la solución elegida no sea legal ni la más adecuada ni siquiera la más fácil, pero Tony siempre intenta hacer las cosas bien. Porque es el protagonista. Y queremos ver cómo sale del atolladero.

Yo también pienso que Los Soprano marcó un antes y un después en las series de televisión. Es una ruptura total disfrazada de mansa continuidad. Una serie familiar. Una serie de mafiosos. Todo parece lo de siempre y nada es ni volverá a ser lo mismo. En este fantástico artículo de The Independent consideran que el actor que encarnó a Tony Soprano ha hecho posible una nueva era: “Gracias al gran Gandolfini, los protagonistas de los más exitosos dramas de la pequeña pantalla pueden ser calvos, o gordos, o calvos y gordos, o un enano, o Steve Buscemi”. Algo que antes sólo podíamos permitirnos en las comedias y que, a partir de Tony, es moneda corriente en los dramas seriados. Hoy los héroes son gordos. ¿Por qué no? O débiles. O maliciosos. El protagonista de Breaking Bad también quiso verlo así: sin Tony Soprano jamás habría existido Walter White.

Tweet Cranston

El propio Gandolfini no las tenía todas consigo cuando acudió al casting. El actor estaba convencido de que buscaban a alguien tipo George Clooney para el papel, como cuentan en este artículo de The New Yorker (en el que también se incluyen cinco escenas selectas de Tony Soprano). Claro que David Chase, por suerte para nosotros, tenía muy claro lo que quería contar: la historia de un hombre que trata de mantenerse en pie mientras todo se derrumba alrededor. Ese es Tony Soprano. Por eso queremos verlo. Por eso queremos que le vaya bien. Por eso es nuestro héroe. Gracias, Gandolfini.

GESTION DE RESIDUOS bis

DOS – LA GUERRA PENDIENTE

“Las historias de la guerra civil no interesan a nadie”. Ese es el título del último capítulo de las memorias de Frederica Sagor Maas, La escandalosa señorita Pilgrim, de las que ya hemos hablado un par de veces en este blog (aquí y aquí). En el año 1945, ella y su marido Ernest Maas movieron por las productoras y estudios de Hollywood un guion que narraba buena parte de la Guerra de Secesión a través de los ojos del fotógrafo Phil Brady. No consiguieron venderlo. La respuesta que les daban, una y otra vez, era que ese conflicto “el público no quiere verlo”.

O sea, que el asunto no es nuevo ni exclusivo de nuestro país.

En primer lugar, no me puedo creer que el público no quiera verlo. Mejor dicho, lo que no me creo es que alguien, quien sea, se otorgue a sí mismo tal certeza adivinatoria sobre los gustos del público. ¿Tengo que repetir, una vez más, el mantra de este negocio? Vale, lo repetiré: Nadie sabe nada. La mayoría de los que luego fueron bombazos de taquilla y buena parte de las películas legendarias de la historia del cine atravesaron antes de la luz verde un calvario de rechazos. Hasta J.K. Rowling deambuló por las editoriales con el manuscrito de Harry Potter recibiendo un portazo tras otro con el argumento de que los niños magos no interesaban a nadie. Hasta que, por fin, un editor se atrevió.

Por el contrario, montones de películas diseñadas desde el minuto uno para ser un éxito se han estrellado contra la pared. Conclusión: los que presumen de saber qué es lo que quiere el público no tienen ni idea, sólo disfrazan su cobardía detrás de un lugar común que enmascara también su falta de criterio.

Las historias de la Guerra Civil no interesan a nadie. Hasta que se hace una que interesa.

El tópico reza que en España se han hecho muchas películas sobre la Guerra Civil, se dice que es un tema recurrente y que, además, es un coñazo. Al menos los dos primeros argumentos son falaces. Apenas se han hecho películas ambientadas en esos tres años. Otra cosa es que, con una pretendida lucidez a medio camino de la incultura y la patología, muchos sesudos comentaristas incluyan en la estantería películas de la guerra civil todas aquellas cuya acción transcurra desde principios del siglo XX hasta los años setenta. ¿Una película sobre la Semana Trágica? Ya estamos, otra de la guerra civil. ¿Una película ambientada en el desarrollismo? Ya estamos, otra de la guerra civil.

Bueno, pues ni aún así: se han hecho pocas. Y es fácil corroborarlo, basta acudir a los listados del Ministerio de Cultura. Que me perdone quien tenga que perdonarme por pasar por encima de La Vaquilla, Tierra y Libertad, Libertarias, Ay Carmela o Las bicicletas son para el verano, pero en mi opinión aún no se ha hecho la gran película sobre nuestra guerra civil. Es un semillero de historias que aún permanece virgen. Yo me crié en los cines de barrio viendo cine bélico (la Segunda Guerra Mundial, Vietnam) y no he visto nada parecido que cuente nuestro pasado ya no tan reciente.

Porque esa es otra: ¿cuántos años tienen que pasar para que se nos permita hacer ficción sin ambages, sin maniqueísmos, sin que nadie nos acuse de partidismo? ¿No son suficientes setenta y cinco años?

Hollywood adaptó la novela de Hemingway y contó nuestra guerra a las primeras de cambio (Por quién doblan las campanas, 1943). Sam Wood tiró de todos los trucos posibles y la Bergman hizo como que era aragonesa de toda la vida. Nosotros aún no nos hemos atrevido a contar la historia de Robert Capa, ni la del general Rojo, ni la muerte de Durruti, ni la vida de Azaña, ni la de Millán Astray… ni tantas y tantas otras historias personales, dramas de la comedia humana, pedazos auténticos de nuestra propia alma. Tampoco nos hemos atrevido a contar en condiciones, y esto roza lo imperdonable, la guerra de África ni la guerra de Cuba. Y eso sin apenas asomarme al siglo XIX. Podría seguir hacia atrás.

Habrá que esperar a que venga Spielberg y nos la cuente. La crisis y la ceguera que ha provocado en la gestión de nuestra cultura va a convertir en imposible, entre otras cosas, que podamos poner en pie una película histórica con un mínimo de presupuesto. Lástima. Casi todas las historias que se me ocurren necesitan ese dinero para que puedan realizarse; llamadme antiguo, pero no sé cómo hacer una película low cost sobre la batalla del Ebro.

Se dice también que con este tipo de películas sólo queremos dar el sermón. Como si quienes se juegan su dinero y sus horas de sueño en hacerlas no buscaran un patio de butacas puesto en pie aplaudiendo, o todos los premios posibles, o un récord de taquilla. O todo a la vez. Habrá quien quiera dar la charla desde la pantalla, pero, por favor, no metamos a todos en el mismo saco. Este es el mundo del espectáculo. Los guionistas escribimos las historias que nos gustaría ver. Y en la guerra civil hay miles de historias emocionantes, vibrantes, trepidantes, interesantes… que nunca vamos a poder contar.

(Tengo que decirlo: yo escribí una película sobre la guerra civil que fue un éxito, y además era una comedia. Se llamó La niña de tus ojos. Recibí una subvención para el guion y la película se rodó gracias a la ayuda del Ministerio. Luego vino el taquillazo, pero para que llegue la cosecha hay que sembrar y cuidar el sembrado. Así de sencillo. Hoy, por supuesto, esta película ni siquiera se habría podido escribir)

Hemingway en el Frente de Aragón con los soldados republicanos en una

TRES – SOMOS LO QUE VEMOS

En una entrevista para el portal de ALMA, Alfonso S. Suárez me pidió que citara el título de una película cuyo guion me pareciera modélico, un punto inexcusable de referencia. Me bloqueé. En lugar de responder un nombre, cualquiera de los grandes clásicos habría servido, balbuceé una respuesta que quiso parecer matizada (algo así como que todos los guiones son mejorables, y que los que antes me fascinaron ahora no me parecían tan perfectos) y que debió sonar absolutamente pedante. Menos mal que, como medida espontánea de protesta, justo en ese momento la cámara se quedó sin batería, me sonó un mensaje en el móvil y, por si fuera poco, una moto que pasaba por la calle acabó de arruinar la toma.

No es que no supiera nombrar un buen guion, uno indiscutible. Sé que otros compañeros habían mencionado, ante la misma pregunta, los guiones de El apartamento o El Padrino. Claro. Cómo no. Pero yo sentía que si me preguntaban por mi lugar favorito de París no podía responder la torre Eiffel y el Louvre. Que se me pedía que escarbara un poquito más.

De esas dos películas se aprende, por supuesto. Cada vez que tienes la oportunidad de verlas. Pero son las obras imperfectas las que nos pueden dar una idea más próxima a nuestras pretensiones sobre cómo hay que escribir cuando tienes entre manos una historia compleja. Que casi todas lo son. Por ejemplo, me interesa muchísimo más leer el guion de Le souffle au coeur (1971) (foto abajo), una película que cuenta un incesto y que se ve con la sonrisa puesta, y ver cómo se ha levantado ese tono tan difícil que consigue que la película sea tan fluida, que admirar el circo de tres pistas que representan la primera y la segunda parte de la saga de los Corleone.

Alguna vez lo he dejado aquí escrito: busca en Louis Malle, o en el primer Truffaut, saca la escaleta de la película, desmenuza cada escena y aprenderás casi todo lo que conviene saber. Algo parecido se podría decir de Elia Kazan, o de Arhtur Penn, Milos Forman o incluso de Robert Mulligan. Alguna vez he dicho esto mismo en voz alta durante una clase y, para mi sorpresa, los estudiantes de guion ni siquiera sabían quiénes era Louis Malle o Arthur Penn. Si les citaba Alguien voló sobre el nido del cuco, ni les sonaba, pese a ser un título oscarizado. A Hitchcok sí que lo conocían, claro, de sus películas más famosas habían visto algunos trozos.

¡Trozos! ¡Habían visto trozos! Ese es nuestro problema hoy, con el cine y con la realidad: sólo vemos trozos.

No pretendo ir de purista, ni creo sinceramente que un buen guionista haya de ser un gran cinéfilo. Es una cuestión de mera curiosidad. Acudir al almacén y averiguar cómo resolvieron otros lo que nosotros pretendemos resolver hoy. Porque, en el fondo, los personajes que escribimos sufren, anhelan y necesitan lo mismo que los de entonces.

Hasta hace unos años –hubo un tiempo en el que no existía internet– cuando un aficionado veía un título clásico, ya lo sabía todo sobre él. Para ver lo que te interesaba tenías que perseguir las proyecciones de filmotecas o cinestudios, repasar la programación de la segunda cadena o, después, rebuscar en el fondo del videoclub. Hoy, todo está a nuestro alcance, a golpe de ratón. Y no vemos nada. Y de lo que vemos, sólo vemos un trozo. Trozos que se van sedimentando en el trastero de nuestra retina, trozos que se agolpan en el fondo de nuestro armario y que son todo nuestro bagaje audiovisual, nuestro imaginario, cuando llega el momento de inventarse una escena sentado frente a las teclas.

En ese momento, somos lo que hemos visto. Ni más, ni menos.

(Por cierto, la entrevista mencionada forma parte de Writing Heads, una colección de más de cincuenta entrevistas a guionistas que puede verse aquí. No están todos los que son, pero son todos los que están. Entre ellos, Lola Salvador, Juan Tébar, Ignacio del Moral, David Muñoz, Jaime Chávarri, Natxo López, José Luis Acosta, Yolanda García Serrano, Cristóbal Garrido o Alberto Macías. De ellos sí vas a aprender. Todas las entrevistas forman parte de un proyecto de documental que será la primera película sobre guionistas que se hace en nuestro país)

3 SOMOS LO QUE VEMOS

CUATRO – VERLO Y CONTARLO

Resumiendo al máximo, sólo hay dos formas de mostrar algo en un guion: o lo vemos, o alguien lo cuenta. En los años del cine mudo, sólo existía la primera posibilidad. Eso les obligaba a experimentar, a buscar la esencia de la historia, a exprimir lo que podía trasmitir cada imagen. Estaban, además, inventando el cine. Literalmente.

Y tantos años después, lo bueno del cine es que todo está por inventar. Siempre hay una manera distinta de contar las cosas. Cuando la estamos buscando, resulta esclarecedor echar un ojo a los grandes del cine mudo.

Si las recomendaciones del epígrafe anterior os sonaron a viejunas, agarraos para lo que viene ahora. Cuando asistí a la charla de Enrique Urbizu en Los martes de Dama (que volverán en septiembre) recordé que yo estoy en esta profesión por culpa del cine mudo. Tuve la suerte de que restauraron las comedias clásicas de Buster Keaton y de que un cine madrileño las exhibiera en un ciclo justo cuando en mí se estaba despertando la curiosidad por el lenguaje del cine. Decir que vi todas las películas de Keaton se queda corto: las devoré. Todo me parecían lecciones. El timing, la resolución de cada gag, la empatía con el protagonista, la audacia en el desarrollo de la historia…

Hasta ese momento, yo creía que el cine mudo eran cortos de payasadas. Igual que hoy la mayoría de la gente, incluyo a muchos guionistas, creen que el cine mudo es un coñazo. En blanco y negro, además. Deberíais ver las caras de sorpresa de los alumnos cuando ven que Amanecer es un peliculón que pone los pelos de punta, que el arranque de The Crowd (en la foto de abajo) no tiene nada que envidiar a una superproducción actual, que –como contó Urbizu– en Lirios rotos hay escenas que reconocemos en El resplandor. ¿Tenéis alguna tarde libre? Buscad en Lang, en Murnau, en Vidor. Todo es puro diamante. Y si tenéis más tiempo, echadle un ojo al Napoleón de Abel Gance, que yo tuve la suerte de ver en pantalla grande y con acompañamiento de orquesta. Ahí está todo: pantalla dividida en tres, travellings, cámara al hombro.

De cuando en cuando, la Filmoteca (en Madrid, ignoro si hay iniciativas similares en otras capitales) programa de vez en cuando cine mudo con acompañamiento de piano. El gran Mariano Marín se deja las manos traduciendo en sentimiento musical lo que promete la pantalla. Es la experiencia más recomendable de todas para alguien a quien le gusta el cine.

4 VERLO O CONTARLO

CINCO – LA ÚLTIMA REESCRITURA

Juraría que el expositor del librero me estaba llamando a gritos. Por mi nombre. Es la mejor explicación, porque yo acudí como un sonámbulo, agarré el libro y me lo traje a casa. Esa misma tarde lo leí. No tiene mérito alguno: es muy breve y está escrito con mano de ángel. Una delicia de libro.

En realidad, se trata de un artículo publicado en 1981 en The New Yorker en el que Samson Raphaelson se quitaba una losa de encima dejando por escrito todo lo que sentía por su admirado Ernst Lubitsch, con el que había escrito nueve películas. Raphaelson, autor también de El cantor de jazz, que pasa por ser la primera película sonora de la historia, se consideraba a sí mismo un autor de teatro y en sus años de trabajo en Hollywood miraba con cierto desdén el oficio de guionista que a Lubitsch parecía hervirle en la sangre. En el artículo, cuarenta años después, retrata como no he leído en ninguna parte la peculiar relación entre dos compañeros de escritura: aparentemente, nada les une, no hay intimidad ni sentimiento alguno en juego; en realidad, aunque de esto no se percató entonces, eran dos amigos del alma. Así quiso titular el artículo: Amistad. Y así se llama el libro: Amistad, el último toque Lutbitsch.

5 LA ULTIMA REESCRITURA

Hay otra circunstancia que convierte en obligatoria su lectura. En 1943, Lubitsch sufrió un ataque al corazón que lo dejó al borde de la muerte. A Raphaelson le pidieron un texto para ser leído en el entierro y escribió la elegía más sincera y emotiva que el dolor del momento le permitió. Pero resultó que Lubitsch sobrevivió y dos años más tarde la pareja estaba escribiendo una nueva película. Entonces, Lubitsch le confesó a Raphaelson que sabía de la existencia de aquel texto que pretendía ser póstumo. Que incluso lo había leído. Y que le había emocionado. Raphaelson, avergonzado, se disculpó, ahora lo recordaba cursi y rimbombante. Lubitsch insistió en elogiarlo, pero aprovechó la ocasión para sacar el texto, ponerlo encima de la mesa, revisar cada frase… y cuando se quisieron dar cuenta estaban reescribiéndolo mano a mano, como hacían con cada uno de sus guiones.

Lubitsch, escribiendo una nueva versión de su propia elegía. Reescribiendo hasta morir. Qué grande.

(A lo tonto, a lo tonto: la primera temporada de Los Soprano, el portal de entrevistas de ALMA, las películas de Louis Malle, la obra muda de Lang y Murnau, las memorias de Sagor Maas, el libro de Raphaelson. Mis recomendaciones para el verano. Que descanséis. El que pueda)


LA CRÍTICA INTERNA

15 diciembre, 2010

Por Chico Santamano.

Me voy unos días de vacaciones y se lía la de Dios es Cristo. Por cuestión de horas me libré de la ¿huelga? de controladores aéreos (incidente histórico en esta nación llamada España y en este blog llamado Bloguionistas), a una campeona de atletismo la pillaron trapicheando supuestamente con drogaínas varias y Mila Ximénez anunció su (falsa) retirada de la televisión, tocada y hundida por las declaraciones del abogado Rodríguez Menéndez. Pero de todo lo ocurrido en estos días de ausencia me apetece hablar de lo que sucedió en este blog hace justo una semana.

El miércoles pasado, Carlos García Miranda, en un tono coloquial, quizá demasiado coloquial, reconoció en este post que la serie en la que curró durante años no era una obra maestra de envidiable perfección. Asumió que por petición (por no decir “obligación”) de la cadena y la productora, los guionistas de “El internado” tuvieron que estirar las tramas hasta el delirio para conseguir rellenar 70 minutos semanales y alargar la historia durante más temporadas de las que realmente necesitaba. Y que, a pesar de seguir engordando el pavo con relleno que por necesidad no podía ser de la mejor calidad, el público seguía estando ahí semana tras semana.

Este es el resumen que yo hago de un texto que consiguió más de 78 comentarios y no todos positivos precisamente.

Puede que el que les escriba sea bastantante benévolo con la interpretación del texto porque Carlos es colega, no lo niego. Pero en esencia el único pecado que cometió fue escribir en internet (¡Maldita internet!) la típica conversación que mantenemos normalmente los guionistas de este país en el mismo código de coña descreída que casi todos usamos. Como profesional te involucras al 100% con tu serie o tu peli, pero eso no implica que cobrar una nómina casi todos los meses destruya tu capacidad de crítica y no seas consciente de las carencias del producto en general y de tu trabajo en particular. No entiendo que ningún profesional en Globo (o cualquier otra productora) se pueda rasgar las vestiduras por un post así, cuando todos hemos oído en boca de compañeros que su serie era “los serrano con pistola”, “los serrano con espadas” o “los serrano con anclas”. Quizá en los despachos que están un piso por encima del de los Carlos Garcías Mirandas de este país (y por supuesto en los despachos de las teles) deberían tomar nota de que esta repetición de fórmulas sólo crea desmotivación entre los profesionales que tienen que defender las mismas tramas, bajo los mismos esquemas y el mismo tono, una y otra vez. ¡Lo extraño sería que no criticasen sus propias series! Es un ejercicio de lo más sano.

Entiendo que por raro e inédito sorprenda la autocrítica, pero no que indigne. En USA pararon “Heroes” (…y Flashforward, y The Event), entonaron un mea culpa, reconocieron que la habían cagado con el rumbo de la serie y que trabajarían para darle al público lo que merecía y esperaba. Y no pasó nada. Nadie se echó las manos a la cabeza, nadie se sintió insultado  (ni profesionales, ni espectadores) y las series se acabaron yendo a pique (de momento las dos primeras), pero al menos hubo un ejercicio de reflexión y reconocimiento. Entiendo también que haber hecho una crítica tan ácida con el producto aún vivo habría sido una irresponsabilidad, pero una vez que tu trabajo ha llegado a su fin y la serie ha chapado por siempre jamás, ¿qué te impide echar la vista atrás y decirle al mundo entero “no pudimos hacerlo mejor por esto y por esto y por esto otro”?

Guionista Hastiado comenzó su blog para hablar de su (mala) experiencia en “Divinos”, Guionista en Chamberí escribió un par de posts estupendos diseccionando “Yo soy Bea” (aquí y aquí). Ambos señalaban con bastante criterio el por qué y de qué  manera estas series llegaron a su fin (una de ellas con un camino más exitoso que la otra, of course). Quizá el problema sea haber pinchado en un hueso distinto.

“Divinos” era un blanco fácil. Desde el principio fue mal de audiencia. Un auténtico muerto viviente. “Yo soy Bea” ha sido hasta la fecha el último gran fenómeno diario con audiencias que sobrepasaban el 30%, pero siempre tuvo mala prensa, por lo que decir cosas feas de ella no habría supuesto mucho problema. Sin embargo este hueso, el de “El Internado”, era muy distinto; una serie en prime time de indiscutible éxito, con buena imagen, producida por la casitodopoderosa Globomedia y poseedora de una horda de fans envidiable.

No me sorprende leer los comentarios airados de los fans. Los pobres no tienen por qué saber que Carlos García Miranda ni pinchaba ni cortaba en este tinglado. Él no decidió que la serie durase más de lo que la historia demandaba. Él no decidió rellenar los capítulos con tramas infantiles ñoñas. Él, como el 95% de guionistas no deciden prácticamente nada… Y vosotros diréis “pues que se hubiera ido de la serie si no le gustaba lo que hacía”. Y yo os digo: “pues haber dejado de verla vosotros cuando advertíais que “El Internado” se iba a la mierda con esos giros locos”.

Los guionistas tienen que estar a a la altura, pero los fans también, chicos. Si no os gusta lo que veis, dejad de quejaros en los foros de Formula TV y directamente APAGAD EL TELEVISOR. No vayáis a los preestrenos. No os hagáis fotos en el Festival de Málaga con sus estrellas como si lo fueran a prohibir. Tal vez así os escuchen de verdad y los guionistas, que odiamos dar vueltas sobre lo mismo para alargar las series hasta el infinito y más allá, os lo agradeceremos. Y creo que esto ya lo dijo hace tiempo Guionista Hastiado en su blog pero si, tal y como pasó en “Los hombres de Paco”, no os mola que Sarita se enrolle con Mario Casas, no le echéis la culpa a los guionistas. Echadle la culpa a Hugo Silva que decidió pasar de la serie y por extensión de vosotros, sus fans.

En definitiva, no descubro nada si digo que los mejores extras y audiocomentarios son los de las pelis antiguas. Aquellos en los que, con los flashes del estreno mucho más que fríos, te cuentan DE VERDAD el proceso doloroso y lleno de mierda que implica hacer un producto de ficción.

Ojalá que en Bloguionistas no haga falta esperar al 50º aniversario de una serie para poder llamar a las cosas por su nombre.

 


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