CÓMO ACABAR DE UNA VEZ POR TODAS

3 abril, 2014

por Carlos López

How I met

Tranquilos, esta entrada no contiene spoilers.

Lo dije públicamente aquí hace una semana: las series son organismos vivos. Después de una gestación a menudo complicada, nacen con la pretensión de vivir el máximo tiempo posible, pero nadie puede predecir lo que van a durar. Algunas vienen de nalgas, pero también las hay que berrean a pleno pulmón en cuanto ven a su público. Y a veces sucede que aquello por lo que nadie daba dos céntimos resulta que dura y dura, y dura y dura…

Hasta que los propios fans se preguntan: ¿cuándo acabará? (pronúnciese con temor o con hastío, según). La respuesta es sencilla: cuando quiera la cadena. Si pone el dinero sobre la mesa, alguien seguirá inventando. Así es. Se llama industria. Qué le vamos a hacer.

Esta industria, la nuestra, que pese a lucir tan esquelética últimamente no para de darnos alegrías. Ocho apellidos vascos lleva tres semanas haciendo historia, y se las ha visto nada menos que con El Capitán América. Y, ¿qué es lo primero que se ha sabido en cuanto su éxito estaba fuera de duda? Pues que habrá segunda parte. Claro. Y si funciona, seguro que hay una tercera. La ecuación no puede ser más simple. Hay que recordar que entre las diez películas más taquilleras de la historia de nuestro cine hay tres Torrentes.

En televisión, los planes se hacen sobre la marcha, mirando el dato, y los guionistas de una serie se reinventan el concepto cada temporada como si fuera la última. Y si luego resulta que no lo es, vuelven a reformularlo para la siguiente. Los fieles te siguen capítulo a capítulo y te seguirán hasta el último minuto… pero hagas lo que hagas no te lo van a perdonar nunca. ¿Cómo se te ocurre hacer eso con los personajes? Los espectadores consideran los personajes en propiedad; y también los actores, no sé si con igual o mayor derecho. A mi personaje, ni tocarlo. Mi personaje ha de tener un final digno. Pero no puede haber un final para cada uno.

Son personajes diseñados para no morir. Y de pronto, vas y los matas. O se marchan para no volver. O solucionan de golpe eso que parecía imposible desde la mera definición del personaje. Y claro, a nadie le parece bien.

No, no voy a hablar de Lost. Pero hoy toca mencionar How I Met Your Mother, que acabó hace sólo tres días con una audiencia récord en USA de trece millones de espectadores, que se dice pronto: veintiséis millones de ojos esperando a ver qué se les había ocurrido a los guionistas. Se emitió el lunes, y fue un capítulo doble en el que se rizaron varios rizos argumentales. Es la marca de fábrica de la serie, la reinterpretación del pasado y el futuro de los personajes, incluso se dice que parte de ese final ya estaba grabado desde que se grabó el primer capítulo de todos. Bueno, pues da igual. Pasearse estos días por twitter supone encontrarse llantos y golpes de pecho, insultos y mayúsculas. Y una pregunta más repetida que ninguna: ¿cómo se atreven?

Vale que es una serie que quizá se ha alargado más de la cuenta. Yo aún diría más: es el único éxito que conozco en el que desde la primera temporada (y han sido nueve) hasta los más fans odiaban a su protagonista. El anuncio de una renovación casi era un castigo para ellos. ¿Deberían haberla terminado antes? ¿Y de otra manera? Díselo hoy a los ejecutivos de la CBS, diles que están equivocados, ahora que están enmarcado los informes de audiencia y poniendo en sus tarjetas de visita: yo soy el de los trece millones.

En una serie de larga duración, y tribus vigilantes de fans, es literalmente imposible acabar a gusto de casi nadie. Sé de lo que hablo. Yo maté a Vilches.

Bueno, fui uno de los que lo mataron, tampoco voy a presumir de nada en primera persona. El final de Hospital Central llegó después de más de 300 capítulos. Es una serie que ha entrado en la historia de la televisión en nuestro país. Veinte temporadas. Para terminar la vigésima se grabaron dos finales diferentes, de la misma manera que se habían grabado dos finales del último capítulo de la temporada anterior, cuando se pensaba que esa iba a ser la última. FInalmente, la cadena decidió emitir el desenlace que acababa con el personaje víctima de un disparo (¿esto se sigue considerando spoiler? No creo, ¿no?). Y fue un final muy discutido por los fieles. Seré preciso: creo que nunca me han insultado tanto. Aunque probablemente aquella ola cargada de sapos y culebras que arreciaba en los foros no fue nada comparado con el tsunami que provocó el sueño final de Los Serrano, aún hoy tópico objeto de lapidación constante.

El caso es que en la mayoría de las ocasiones, en las que yo he conocido al menos, el final de una serie es algo poco menos que improvisado. Casi siempre, un despegue abortado: estás preparando los trece capítulos de la primera temporada y de pronto, cuando se acaba de emitir el tercero y tú estás escribiendo el sexto, te dicen que se detiene la grabación y que tienes que invertarte un cierre al final de ese mismo capítulo, y además algo que se pueda rodar dentro del plan. En estos casos, para qué engañarnos, se hace lo que se puede. Que a veces resulta que funciona.

Se puede exigir un criterio más razonado cuando el final está previsto de antemano. Sobre todo si el camino que ha recorrido la serie es aún manejable; o si se conoce desde el concepto cuál va a ser el cierre del relato. Porque no siempre se trabaja para un largo recorrido. Se nos olvida que Yo, Claudio, tan aclamada, sólo tuvo una temporada. Que Kung Fu (¿alguien se acuerda?) tuvo tres temporadas. Y Curro Jiménez sólo fueron cuatro.

Los hay que han podido negociar los términos del desenlace, laboral y creativamente, y hasta los espectadores sabemos ya que nos quedan dos minitemporadas de Mad Men. Igual que conocíamos la fecha de caducidad de Breaking Bad desde un año antes de que llegara el día.

¿Cuánto tiene que durar una serie, cuándo debería cerrarse el grifo? Si Homeland hubiera acabado en la primera temporada, hoy sería un clásico. La decisión, eso es lo difícil, hubo de tomarse en la cima del éxito.

Salvando las distancias, yo participé en una serie que tenía pensado su final desde el principio y de la cual siempre supimos que terminaría en el capítulo 26: Hay alguien ahí. ¿Conseguimos con tanta planificación que a los fieles les gustase el final? No estoy seguro. ¿Les gustó a los adictos el final de Breaking Bad, les gustará el final de Mad Men?

No, claro. Porque en el fondo no quieren que se acabe. Ese es el drama.

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Supongo que lo sabéis, no es ningún secreto: Cuéntame fue un proyecto rechazado por varias cadenas. A punto estuvo de no nacer. Esta noche se emite el capítulo 265 de la decimoquinta temporada, que está dando mucho que hablar. Y eso es lo más alucinante y un titular en sí mismo: que una serie española sea tan longeva y esté dando tanto que hablar da una idea de lo importante que la serie ha sido y sigue siendo en las vidas de muchos. Lo más increíble es que los espectadores de series estén acostumbrados a masacres sin cuento y de repente pongan el grito en el cielo por unos cuernos. ¿Qué habrían dicho si en un arrebato Antonio Alcántara saca la recortada y mata a Merche? No quiero ni pensarlo. Es cierto que esta polémica llega en un momento delicado de audiencia, en parte por el bajón que ha sufrido TVE, y eso hace todo más complicado.

Tampoco ayudan nada, a mi juicio, posicionamientos públicos como el que se ha apresurado a tomar su protagonista masculino. Estas declaraciones tienen algo de cobardía preventiva: salto del barco, no vaya a hundirse y me salpique. Ya lo ha hecho más veces: hace unos años aseguró (aquí) que si se suprimiese la publicidad en la televisión pública se iría inmediatamente de la serie. No lo hizo, y estaba en su derecho. Ahora me parece más grave, porque su opinión, como es lógico, pesa mucho en la definición de cada temporada, y no tiene mucho sentido desmarcarse de un argumento que él también aprobó sólo porque parece que arrecian las críticas.

Por mi parte sólo puedo decir una cosa: en mi casa casi nos habíamos descolgado de la serie y desde que están así las cosas nos sentamos cada jueves a recibir nuestra dosis. El capítulo en que se rompió la pareja al mismo tiempo que se conocía la victoria socialista me pareció modélico y hasta emocionante.

Hace dos días, un amigo me contó una historia de las que seguramente abundan: durante los años en que ha estado viviendo fuera de España, casado con una extranjera, él y su mujer se sentaban cada semana a ver el nuevo capítulo de Cuéntame casi con devoción; la serie era para ambos una lección de idioma español y de Historia, la mejor forma de contarle a su mujer cómo somos los de aquí. Mi amigo, que no suele seguir otras series, se siente en deuda con Cuéntame.

No tengo ni idea de cómo y cuándo terminará la serie, ni ésta ni otras. Sólo sé que el final a unos les parecerá prematuro y a otros, que llega demasiado tarde. Y puede que los dos tengan razón.


BLOGUIONISTAS CUMPLE UN AÑO

12 diciembre, 2010

por Pianista en un Burdel.

Anteayer, día 10 de Diciembre, se cumplía un año del primer post de Bloguionistas.

En este año, además de los Bloguionistas originales (Daniel Castro, David Muñoz, Chico Santamano, Ángela Armero, Guionista Hastiado y un servidor), han publicado artículos los autores de Cuéntame, El Internado, Al Salir del Clase, Hispania, Doctor Mateo, Hospital Central y muchas otras series de éxito. También ha habido sitio para productores y directores (y la puerta sigue abierta).

Creo que puede decirse que Bloguionistas es el sitio de referencia para hablar de guión en castellano. En ningún otro sitio se pueden encontrar tantas firmas, ni tan expertas, ni tan independientes, ni que publiquen con tanta actualización: todos los días de lunes a viernes, salvo contadas excepciones. Un total de 251 artículos publicados a día de hoy.

Nuestra propuesta original era dar voz a los guionistas españoles. Las 555.000 visitas que marca el contador en el momento de escribir este post, y los más de 7.300 comentarios publicados por los lectores, y los miles de links obtenidos dan una buena medida de la potencia con la que ha sonado esa voz.

Aunque tampoco debemos olvidar que el 10% de esas visitas, el 20% de esos comentarios y la mitad de esos links, provienen de un solo post que, irónicamente, nada tiene que ver con el mundo del guión: No Controles. Este dato, lejos de desanimarnos, debe darnos ánimos para seguir publicando con la tenacidad del primer año. Porque nos recuerda que somos pequeños, casi inexistentes. Nos recuerda que el 99% de las notas de prensa que anuncian una serie o una película ni siquiera mencionan al guionista. Nos recuerda que nueve de cada diez guionistas españoles trabajan en condiciones precarias, y a nadie le importa un carajo. Nos recuerda que sigue siendo nuestra responsabilidad dar voz a los guionistas españoles.

Conviene remarcar, aunque ya lo dejamos claro al arrancar el blog, que aquí no existe línea editorial: los puntos de vista expresados por un bloguionista son responsabilidad exclusiva de su autor, y no representan necesariamente la opinión de los demás autores. Así que, si odiaron ustedes No Controles, ódienme a mí y a nadie más. Y sigan visitando el blog: hay mucha gente que escribe mejor que yo, y con mucha más humildad. Por mi parte, prometo no volver a meterme en asuntos políticos. Al menos, hasta el año que viene…

Entre las asignaturas pendientes:

  • El servicio de análisis. Aunque el funcionamiento ha sido impecable, y todos los clientes han quedado muy satisfechos, se ha movido mucho menos de lo deseable. A pesar de sus precios competitivos, y a pesar de ser el único servicio de análisis de guión proporcionado exclusivamente por guionistas profesionales, ha habido muy pocas solicitudes. Tal vez la crisis económica tenga algo que ver. Tal vez es que no nos sabemos vender. Pero está claro que tenemos que revisar esa sección, para que el volumen de encargos sea acorde con la calidad que ofrecemos.
  • Cuando arrancamos el blog, soñábamos con convertirnos en un sitio influyente. No sé si lo hemos conseguido. Sé que hay mucha gente de la profesión que desayuna leyendo nuestro post del día. No sólo guionistas: profesionales y aspirantes de todos los sectores del audiovisual. Pero también sé que algunas iniciativas concretas no han tenido la repercusión que deberían, a pesar de que apenas había argumentos en contra. Tenemos que seguir trabajando por lograr que nuestra voz sea escuchada, porque a veces, y contra todo pronóstico, el guionista tenía razón, ¿saben? En mi caso, sé que avanzaría mucho en esa dirección si abandonase el cinismo y el tonillo de superioridad que rezuman mis escritos.
  • El marketing. Después de un año, no hemos hecho absolutamente nada por mejorar nuestra posición en buscadores, más allá de pedirle a algún colega que enlace el blog. Tampoco hemos conseguido eso que llaman monetizar el blog. Intentamos hace un tiempo trabajar con links publicitarios, siempre de artículos relacionados con el contenido del post, y por tanto con el mundo del guión. No funcionó. No necesitamos el dinero. Hacemos esto por amor al arte, y aparte de algunas funcionalidades extra de WordPress, apenas hemos gastado nada. Pero me parece que deberíamos generar algún tipo de ingreso, aunque sólo fuera como medida de nuestra llegada al público. Sin embargo, me resisto a instalar AdSense y cosas así. Me incomoda lo que pueda ocurrir en los banners cada vez que escriba coño y joder. Y como buen guionista, soy un pésimo vendedor, así que tampoco se me ocurre cómo buscar patrocinadores.

Además de compartir estas pocas reflexiones, quería sobre todo darles las gracias a ustedes. Por leernos, por comentarnos, por enlazarnos, por suscribirse. Por querer saber un poco más de lo que sucede detrás de las cámaras, más allá de los focos, lejos de las caras famosas y los tópicos de los making of.

Gracias por venir a escuchar lo que tiene que decir el guionista.


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