COMO UN JUEGO DE ORDENADOR

20 mayo, 2014

por David Muñoz

Hace unos días, una alumna del taller de escritura de guiones de largo que llevo en Hotel Kafka, me envió la escaleta del primer acto de su guion con un mail en el que me explicaba que aunque pensaba terminar el guion “como ejercicio”, la historia que había elegido escribir ya no le gustaba.

Anoche, en la clase, intenté explicarle que lo que estaba sintiendo era normal, y que lo importante que era que no se dejara llevar por esa sensación y siguiera escribiendo.

Y se lo expliqué (más o menos) así:

Los guionistas vivimos en un continuo “sube y baja” emocional. Un día, lo que estás escribiendo te parece la hostia, y al otro, una mierda. Así, sin término medio. Y para poder seguir escribiendo (y convertirse realmente en un guionista), lo mejor es aceptarlo. Somos así. ¿Qué resulta agotador? Desde luego. Pero es lo que hay.

La única manera de avanzar en la escritura de un guión es dejar de escuchar a ese malévolo Pepito Grillo que te susurra al oído: “esta historia no merece la pena”, “nunca vas a ser guionista”, “no tienes talento, ¿a quién crees que estás engañando?, o “ni sabes ni nunca vas a saber”.

Los guionistas que consiguen dedicarse a esto no son siempre los que tienen más talento, sino los más cabezones. Los que cuando “Pepito” les ha hablado no han abandonado y han seguido adelante.

Esa sensación de estar haciéndolo mal, de sentirse decepcionado con la historia, que de pronto, cuando empieza a “crecer” y pasa de ser un concepto, una idea, a tener un desarrollo, no es como esperábamos que fuera, es muy habitual cuando se arranca la escritura del guión.

La idea, o más bien, el concepto que sirve de punto de partida (ya que una idea que de veras pueda servir para escribir una historia debería tener un desarrollo implícito), suele ser muy sencilla, y en su sencillez, es perfecta. Y lo fascinante es que debido a algún mecanismo psicológico cuyo funcionamiento no alcanzo a comprender, ese concepto nos sugiere una historia que también aparece perfecta en nuestra imaginación… aunque en realidad esa historia no existe y ni siquiera tenemos la más remota idea de cómo ese concepto va a dar lugar a algo que realmente podamos llamar una historia. Pero la sensación está ahí. Sentimos, intuimos, que estamos ante el embrión de algo que una vez desarrollado, será la leche. Da igual que no exista.

Y entonces, empezamos a desarrollarlo… y lo abstracto pasa a ser real, pasa de ser una idea a convertirse en trama, en peripecia… y entonces sentimos que deja de ser pura, que se “ensucia”.

Cuando la realidad es que al principio, aunque lo creyéramos así, no teníamos nada. Ahora es cuando estamos empezando a tenerlo. Hemos puesto a nuestro personaje en marcha, le hemos dado un objetivo, un conflicto, hay algo o alguien que se interpone en su camino, y eso genera los incidentes a los que tiene que enfrentarse, la peripecia.

El concepto empieza a ser una historia, y las historias no son perfectas.

Somos los dioses del mundo en el que vive el protagonista, y le hacemos recorrer un camino en vez de otro. Entonces surgen las dudas. ¿No sería mejor que fuera por aquí o en vez de por allá? ¿Cómo sé que estoy tomando la decisión acertada?

Y siempre, cualquier desvío en el camino tarde o temprano nos parece el equivocado.

Escribir es también tomar decisiones, a pesar de que sabes que nunca va a tener la certeza de que esa decisión sea la mejor, quizá porque nunca es la única posible, porque podría haber otras que también podrían funcionar. Pero hay que decidir para avanzar.

Se da la paradoja de que escribir consiste en “fijar” situaciones que sabes que tarde o temprano vas a tener que cuestionarte. Es un camino en el que a veces das un paso adelante y dos atrás. Construyes para destruir y construir de nuevo.

Conocer la técnica, las pautas de la escritura dramática y el efecto que tiene usar unas u otras herramientas sobre la historia que estamos escribiendo y sobre el espectador, nos ayuda, nos orienta, nos puede ayudar a resolver problemas, a diseñar un camino que resulte más interesante que otros, pero no nos da todas las respuestas.

Lo malo es que por mucho que lo pienses, lo más probable es que la primera permutación de la historia que escribas no funcione.

Ese es el momento crucial. En el que no hay que desesperar sino seguir adelante.

Pero… ¿por qué tantos aspirantes a guionistas abandonan en ese momento?

Creo que muchos lo hacen porque es entonces cuando se dan cuenta de que escribir un guion requiere más esfuerzo del que habían imaginado, pero… ¿qué pasa por la cabeza de quienes sí que asumen que para escribir 100 páginas medio decentes hay que pasarse horas y horas delante del ordenador y aun así se desaniman y abandonan?

Muchas veces ocurre que creen que ese primer mal borrador demuestra que no valen. Tal cual: “No he sido capaz de escribir una buena historia en una primera pasada, y eso quiere decir que soy un inútil”.

No saben que lo normal es hacerlo mal.

Pero nos juzgamos muy duramente, puede que porque tenemos la cabeza lleno de mitos sobre el mundo de la creatividad, de historias de genios que escriben o componen obras maestras a una temprana edad (que haberlos los hay; pero no serlo no quiere decir que no te puedas dedicar a esto, si solo trabajaran los genios se harían muy pocas cosas). Y además, esos genios hacen lo que hacen con facilidad, sin sufrir, y encima, muy rápido. Cuando esto último sí que es una milonga. Genios hay, pero que sufren y les cuesta, también.

Pensando en todo esto, ayer en la clase se me ocurrió que a los aspirantes a guionistas les iría mejor si se tomaran la escritura como solemos tomarnos los juegos de ordenador.

Lo normal es que cuando probamos por primera vez un juego de ordenador, lo hagamos fatal. Y aún así, no decimos: “yo no valgo para esto, lo dejo”, sino que seguimos intentándolo hasta dominarlo. No nos importa fracasar porque entendemos y aceptamos que esos primeros fracasos son una parte imprescindible del proceso de aprendizaje. Sabemos que es normal y no nos preocupa. De modo que perseveramos, hasta que llega un momento en el que nos parece mentira que hace no tanto no fuéramos capaces de pasar una sola pantalla.

Recuerdo que la primera vez que jugué al Guitar Hero (en casa de un compañero de Paramount Comedy, la empresa en la que trabajaba entonces) tuve un debut patético. Traté de “tocar” el “You´ve Got Another Thing Coming” de Judas Priest y no duré ni diez segundos. Cuando veía “tocar” a los demás aquello parecía fácil, pero fue coger la guitarra de plástico, empezar la canción, y perderme entre tanta tecla de colorines. ¿Pero qué hice? Pues  comprarme el juego y practicar en casa hasta que llegué a hacerlo bien.

El momento de mi fracaso. A punto de jugar por primera vez al Guitar Hero con Pepón Fuentes al fondo. Allá por 2006.

El momento de mi fracaso. A punto de jugar por primera vez al Guitar Hero con mi amigo Pepón Fuentes al fondo. Allá por 2006.

Obviamente, en la escritura, como en los juegos, no vale solo con practicar. Aunque pasemos el mismo tiempo practicando no todos llegamos a alcanzar el mismo nivel. En aquella época quedaba a veces a jugar al Guitar Hero con mi amigo el traductor y editor Óscar Palmer, y de veras que lo que era capaz de hacer Óscar a mí me parecía inhumano, totalmente lejos de mi alcance. Lo que no quiere decir que pese a no ser tan bueno, yo no pudiera jugar y pasar un buen rato.

Pero nos cuesta mucho aceptar esa fase de “fracaso” cuando nos enfrentamos a un proceso creativo.

Sin embargo es así también como funciona. Hay que hacerlo muchas veces mal para llegar a hacerlo bien.

Así que quizá convendría enfrentarse a la escritura como cuando jugamos por primera vez a un juego de ordenador, asumiendo que fracasaremos, pero que hemos emprendido un proceso de aprendizaje, y ese fracaso no es el final de nada, sino el principio.

 


DE TODO ESTO NO TE ENTERAS POR TWITTER

21 octubre, 2012

Por David Muñoz.

Como ya sabréis quienes visitáis habitualmente esta página, los “Bloguionistas” vamos a dar un curso en Hotel Kafka que debería comenzar el próximo día 24.

En la página de Hotel Kafka podéis encontrar este texto explicando en qué consiste el curso:

“Este curso es un seminario práctico enfocado a aspirantes a guionista, estudiantes de audiovisual, y a cualquiera interesado en el día a día del trabajo del guionista en España. Los siete guionistas fundadores del blog Bloguionistas ofrecen una visión global de la industria, con especial énfasis en el acceso al mundo laboral y en cómo crear y distribuir la propia obra. Profesionales y docentes con varios años de experiencia, cada sesión impartida por este grupo de Bloguionistas cubre un aspecto crucial y práctico de la creación audiovisual: el trabajo del guionista de cine, de televisión, de cortos, e incluso cómo crear formatos para Internet”.

El programa del curso es el siguiente:

1. “Cómo crear un documento de venta para una serie de tv”. Angela Armero.

2. “El desarrollo de series de tv: De la idea a la pantalla”. Natxo López.

3. “Webseries: nos lo montamos por nuestra cuenta”. Cristóbal Garrido.

4. “El cine y la vida, el reto de la creación independiente”. Daniel Castro.

5. “Cómo tratar de ser guionista de cine en España (y pagar el alquiler todos los meses)”. David Muñoz.

6.  “Guía para pelearse con la verdad: ficción basada en hechos reales”. Carlos López

7. “Crowdfunding, Crowdsourcing y Transmedia”. Guillermo Zapata.

Nuestra intención es que sea un curso muy útil para todos aquellos que necesiten ayuda a la hora de decidir cómo plantearse su futuro en esta profesión.

Yo habría dado un brazo y parte del otro por haber podido asistir a un seminario así cuando empezaba.

Sin embargo, a pocos días de su fecha de arranque, el curso todavía tiene plazas libres.

Y sí, la crisis puede ser una razón. No creo que la matrícula sea cara, pero aun así estamos en un momento en el que todos nos pensamos si merece la pena gastarse o no 390 euros.

Otra posible razón es que a nuestros posibles “clientes” les parezcamos unos majaderos. Pero respecto a eso sí que no podemos hacer ya nada. Hemos publicado demasiadas entradas en este blog como para que quien piense así de nosotros vaya a cambiar ahora de idea.

Lo que sí me parece que puede pasar es que nuestro público potencial se pregunte: “¿Para qué voy a pagar por un curso así si todo lo que me van a contar lo puedo encontrar en Internet?”.

Al fin y al cabo, nunca había habido tanta información disponible sobre el mundo del guion. Y además, gratis.

Pero pese a ser cierto que se puede aprender mucho en Internet sobre cómo es ser guionista en España, también es verdad que hay muchas cosas que solo pueden llegar a saberse conversando con profesionales del guion en activo. Y esa información es a veces la que puede darte la pista que necesitas para saber cómo orientar tu carrera.

Por Ej., yo hace poco estuve comiendo con varios guionistas, y en dos horas descubrí muchísimas cosas que me interesaban sobre el funcionamiento de un par de productoras de cine españolas. Cosas que jamás habría descubierto de otra manera.

Como sabemos todos los que alguna vez hemos acudido a una charla de algún profesional, no es lo mismo lo que se cuenta delante de un público reducido, que lo que uno se atreve a dejar por escrito.

O por lo menos no ERA lo mismo.

Porque en la “era twitter”, por desgracia está empezando a serlo.

Hace unos años, era posible ir a escuchar una charla de, por Ej., el guionista de una serie, y averiguar cómo funcionaba realmente la productora para la que trabajaba, descubrir si de verdad leían las pruebas que les llegaban, si había alguna posibilidad de ser contratado en una de sus series sin tener experiencia previa, etc. Porque una cosa es lo que se dice, y otra muy distinta, lo que se hace. Aunque a veces lo olvidamos, la mayor parte de la información que consumimos no merece ese nombre. Es publicidad.

Pero ahora, ese guionista que se atrevía a explicar cosas interesantes sabiendo que sus jefes jamás iban a enterarse de lo que había dicho, tiene miedo y se calla. Porque, si estás hablando y ves a alguien tuiteando, te cortas, entras en “modo propaganda”, y en vez de contar lo que querrías contar sobre cómo fue de verdad escribir la película X para la productora Y, te sientes de pronto en el “making of” de un DVD. ¿El proceso de desarrollo del guion? ¡Maravilloso! ¿El director? ¡Un genio! ¿Y los productores? ¡Que decir! ¡Te faltan palabras para describir su valía! A ver si va a resultar que lo que estás diciendo sale de allí y no te vuelven a encargar un guion en la vida.

Mi impresión es que las redes sociales han hecho que la cantidad de información aprovechable desde el punto de vista profesional disminuya cada día. Con el añadido de que no lo parece. Ante semejante avalancha de datos, es muy fácil convencerse a uno mismo de que sabes todo lo que hay que saber, cuando en realidad lo que sabes no vale para nada.

Si por Ej. te paras a analizar el contenido de la mayor parte de los tweets… ¿con qué te encuentras? Pues con que el 90% de ellos son, o bromillas insustanciales, o publicidad. Casi todo el mundo quiere vender algo. Suyo o de sus amigos. Lo que realmente querríamos que nos contara ese productor que escribe 30 tweets al día y tiene 6.000 “followers” deseosos de saber cómo funciona realmente su empresa… eso nunca lo va a contar. Por lo menos ahí no.

Y además es normal que sea así. Ni el formato lo permite ni tampoco resultaría prudente. Es fácil ser malinterpretado. Que se lo digan a Nacho Vigalondo.

Pero entonces… si no conoces a guionistas profesionales con los que tomar unas cañas, ¿cómo conseguir que alguien responda honestamente tus preguntas sobre el mundo del guión? ¿Cómo  descubrir cómo funcionan de verdad las cosas?

Pues en un curso como este.

Sinceramente, creo que por el lugar en el que se celebra el curso de Bloguionistas, y por el número de alumnos que se pueden inscribir en él, las charlas pueden parecerse mucho a esa comida mía con guionistas de la que he hablado algunos párrafos más arriba.

En un ambiente relajado, en los siete días que dura el seminario se dirán muchas más verdades de las que vais a poder encontrar gratis en Internet.

Eso sí, que nadie las tuitee después, por favor.

Y ah, si tenéis alguna duda respecto al curso, o queréis regatearnos el precio de la inscripción, podéis escribirnos a: bloguionistas@gmail.com.


DESPUES DE LA CHARLA

28 noviembre, 2011

Por Daniel Castro

Hace dos lunes escribía sobre lo difícil que me había resultado preparar mi charla para el Hotel Kafka. Intentaba contar dos cosas a los alumnos: una, que se animaran a escribir historias que tuvieran que ver con sus vidas y, dos, que intentaran rodar, aprovechando que los medios técnicos actuales lo facilitan enormemente.

Pero no encontraba la manera de relacionar las dos ideas. Una tenía que ver con la escritura, la otra, con las menudencias de la autoproducción más precaria.

Como casi siempre, la solución fue sencilla y de sentido común.

Las dos cosas son casi la misma:

Escribir algo realista lo convierte en fácil de rodar. Y, rodar algo con pocos medios lo convierte, casi obligatoriamente, en algo realista.

A no ser que lo que uno quiera reproducir en una película sea aquél apocalíptico viaje que hizo al Amazonas en el que una tribu autóctona intentó devorarle y sólo consiguió huir fabricando un helicóptero con troncos de palmeras, el resto de las cosas que uno vive suelen ser bastante sencillas de reproducir.

En nuestra vida suele haber pocas persecuciones en lanchas y, en cambio bastantes conversaciones en cafeterías. No solemos asesinar cruelmente a demasiada gente. En cambio, sí solemos abrazarla, hacerle el amor o llamarla por teléfono. Cosas mucho más económicas.

Es bastante fácil convencer a tu amigo excéntrico para que haga un papel de… tipo excéntrico. Es bastante probable que el dueño del bar donde llevas años yendo a tomar cañas te deje grabar y también es lógico que los objetos que necesites para una película sobre un tipo de 30 años que vive en Madrid, los tengas en tu casa, que viene a ser… la de un tipo de 30 años que vive en Madrid.

Los problemas empiezan si quieres que tu protagonista viva en un palacete de cristal, conduzca un Ferrari y haga explotar un tren de Alta Velocidad.

Marx sostenía que la infrastructura (base económica) de una sociedad determinaba su superestructura (producción intelectual, cultural, etc). Según el marxismo, “no es posible la independencia de la mente humana, del pensamiento, respecto de las condiciones materiales específicas en las cuales se está inmersa la sociedad” cita extraída de este artículo de la Wikipedia).

Un análisis superficial vendría a identificar el inusitado crecimiento económico de Occidente durante los últimos 30 años con un tipo de cine comercial y evasivo, ideal para que cada avance tecnológico se mostrara en todo su esplendor. Desde las primeras películas de Spielberg hasta “Avatar”, de Cameron, Occidente parece haber vivido tres décadas de frenesí, de un progreso que parecía universal e imparable.

Tal vez la actual crisis económica mundial afecte a los contenidos audiovisuales. Tal vez no.

En cualquier caso, estemos ante una decadencia del cine tal y como lo hemos conocido en los últimos 30 años o no, estemos ante un cambio en el tipo de contenidos de la ficción o no, lo que sí parece evidente es que los medios escasos deberían acompañar a historias modestas y eso, implica, en cierto modo, que éstas sean más realistas.

Nacho Vigalondo acaba de rodar una película de bajo presupuesto titulada “Extraterrestre”. Aún no la he visto pero, según las reseñas que he leído, viene a ser una comedia romántica con marcianos al fondo. ¿Alguien imagina una producción barata que fuera, al contrario, una gran película de invasión extraterrestre con leve subtrama amorosa?

Probablemente sería una gran chapuza. La escasez de dinero se nota sobre todo cuando se pretende recrear algo inexistente en el tiempo actual. No tanto cuando uno pretende grabar cómo es un piso de Malasaña en 2011. El dinero puede ser incluso contraproducente en este último caso. Uno no imagina que una película de Ken Loach pueda ser mucho más realista o mejor si un estudio (algo desquiciado) decidiera financiarla con veinte millones de dólares más.

Cuando el dinero es escaso, el director y guionista deben limitar su grado de intervención en la realidad, deben moderar sus ansias de “reconstruir”. Resultan obviamente eliminados la persecución en moto y el flashback a 1905, cuando el abuelo tomó el carguero que le llevó a Argentina.

Algunos ven en estas limitaciones grandes barreras que limitan su creatividad.

Lo son.

Pero creo que también hay en ellas grandes ventajas.

Una de ellas es la libertad que permite al director – guionista. Quienes aportan dinero a una producción permiten que el personal cobre o que se pueda utilizar cierto efecto digital especialmente caro, pero, a cambio, exigen decidir quién va a ser ese personal: quién va a protagonizar la película, cómo va a ser el final y en qué idioma se va a rodar.

Sin conocer concretamente el caso de la última película de Vigalondo, me permito aventurar que probablemente haya gozado de mucha más libertad para escribirla y rodarla que si se hubiera tratado de una historia más complicada.

Otra ventaja indirecta de la escasez económica es la de acercar lo que hacemos a lo que vivimos. Como explicaba más arriba, cierto grado de realismo deja de ser una opción y pasa a ser una obligación. La pantalla de cine deja así de ser únicamente una puerta de evasión, sino que pasa a ser también un espejo que muestra al espectador algo que se parece a él o una ventana que le permite ver otros aspectos de la realidad en la que vive.

El otro día, en el hotel Kafka, cerré la charla con una cita de Truffaut de 1957 que me parece sorprendentemente apropiada para estos tiempos de autoproducciones: “La película del mañana la intuyo más personal incluso que una novela autobiográfica. Como una confesión o como un diario íntimo. Los jóvenes cineastas se expresarán en primera persona y nos contarán cuanto les ha pasado: podrá ser la historia de su primer amor o del más reciente, su toma de postura política, una crónica de viaje, una enfermedad, un servicio militar, su boda, las pasadas vacaciones, y eso gustará porque será algo verdadero y nuevo… La película del mañana será un acto de amor.

Y ahora, tomando las últimas palabras de esa cita, voy a correr el riesgo de ser cursi.

La clave es el amor.

Escribir es amar. Rodar es amar. Tomar fotos es amar. Mirar es amar.

Nuestro tiempo es escaso y lo sabemos. Por eso lo dedicamos a aquello que creemos que merece la pena.

Por eso escribimos sobre aquello que nos gusta o, al menos, nos interesa. Superhéroes (porque esos fueron los cómics que amamos), amor, zombies o conflictos familiares.

Asumo que la gran mayoría de las personas que se dedican a escribir o a dirigir han tenido una vida tan llena de amor por el cine, la televisión y otras obras de ficción que es imprescindible que este sentimiento se vea reflejado en su obra. Es sano y lógico que quieran mostrar en sus películas su pasión por los relatos de aventuras, de zombies o por el cine de espías de los últimos 70.

Sin embargo, y sabiendo que es un consejo que resulta desagradable a muchos jóvenes cinéfilos (era algo que no quería oír yo mismo hace diez años), les invitaría a que miraran menos al cine, menos a la tele, y más a la vida. Aunque a veces no lo parezca, hay cosas más fascinantes que un sorprendente punto de giro, un medido movimiento de cámara o un plano cuidadosamente compuesto.

La realidad no es sólo un lugar del que huir. Es el lugar en el que estamos instalados, lo queramos o no. Y estaremos aquí siempre. De la realidad podemos extraer historias apasionantes que, además, podemos contar de manera muy económica.

Pienso que un buen guionista no sólo debe amar el cine. También debe amar el mundo que le rodea. O al menos,  intentarlo.

Nota de despedida

Tras este post me voy a tomar un descanso. Actualmente trabajo como guionista en “Gran Hotel” y acabo el montaje de “Ilusión” (mi pequeño largo autoproducido) en los ratos libres. Eso me deja poco tiempo para escribir posts que merezcan la pena.

Durante unos meses escribiré menos por aquí, aunque intentaré no desaparecer completamente. Espero volver pronto con mayor regularidad.

Hasta entonces, os mando a todos un saludo.


ANTES DE LA CHARLA

13 noviembre, 2011

Por Daniel Castro

El día 2 tenía que hablar en el curso de Hotel Kafka que impartimos los Bloguionistas. Aunque he dado unas cuantas charlas (algunas con buenos resultados y otras apocalípticas), reconozco que esta vez estaba especialmente nervioso. Creo que soy una de las pocas personas del país que reconoce que le gusta hablar en público: suelo sentirme a gusto contando cosas de las que creo saber algo, haciendo chistes y variando mi charla según las reacciones que noto en el público. Pero, insisto, esta vez estaba nervioso.

¿Por qué?

Posiblemente porque aquella gente, unos quince alumnos, había pagado bastante pasta para vernos y escucharnos. 390 euros por persona. Creo que nadie ha pagado tanto por verme. Cuando viví en Italia, aquella novia vino a verme en un vuelo de Ryanair.

Otra razón para estar nervioso era que iba a poner una secuencia de la peli que he estado grabando y montando desde hace casi un año. Era la primera vez que la ponía ante un público completamente ajeno al proyecto. Como era una secuencia cómica (al menos esa es su intención) quería en si había o no risas y en qué momentos se producían.

La tercera razón para estar nervioso era algo más importante. Simplemente, no sabía de qué iba a hablar durante tres horas. Imagino que fue en un momento de euforia e imprudencia en el que elegí el título de mi charla: “El cine y/o la vida” al que Ángela, más sensata, me sugirió añadir algo tipo “el reto de la autoproducción”. La primera parte del título se refería a mi obsesión porque las historias que contemos como guionistas tengan algo que ver con la vida que llevamos, con el entorno que conocemos, con las cosas que nos ocurren. La segunda parte del título aludía a lo que yo hubiera podido aprender de la experiencia de “Ilusión”. ¿Cómo carajo iba a poder unir dos asuntos tan distintos? ¿Iba a dedicar una charla de tres horas a hablar a guionistas que querían escribir series para la tele de cómo autoproducirse películas marginales? ¿Les iba a interesar? ¿Habían pagado para eso? Y los otros, los que sí que querían montar sus proyectos propios, ¿tenían que escuchar cómo alguien balbuceaba frases tipo “escribe sobre lo que conoces” si lo que querían autoproducirse era una pelis sobre zombies? Dediqué varias horas a buscar la manera de estructurar la charla. ¿Cómo unir esos dos temas? ¿Qué vídeos mostrar como ejemplo? ¿Cuándo poner la secuencia de mi película?

Hice un montón de intentos para estructurar la charla, pero fui incapaz. Fui a Muji y me compré un rotulador y una libreta específicamente para esto. No entiendo porqué, pero ni siquiera esto funcionó. Unas horas antes de ir al Hotel Kafka, tenía una vaga idea de lo que iba a contar. Pero no sabía cómo hacerlo.

Ya me había resignado al caos y me preparaba para el desastre cuando, de pronto, se me ocurrió empezar a anotar, sin orden ni jerarquía, algunas de las cosas que creía haber aprendido en los últimos tiempos. Son estas.

LA PELI: COSAS QUE HE APRENDIDO

–       Escribe sencillo, todo es complicado.

–       Grabar es complicado.

–       Comer es caro.

–       Pero es necesario.

–       Confía en tu equipo.

–       Confía en tu instinto.

–       Compra varias tarjetas SD (si ese es el tipo de tarjeta que usa tu cámara, claro)

–       Usa varias cámaras. Son baratas.

–       La diferencia no la marca la técnica, la marca la transgresión.

–       Nadie produciría algo así. Esa es la ventaja.

–       Lo más jodido es organizar, cuadrar agendas de diferentes personas.

–       Muchas llamadas. Muchos favores. La gente está DESEANDO AYUDAR si se siente apreciada y útil.

–       No grabación cronológica (Jodido). Agrupar por actores y espacios.

–       Hay muchos actores dispuestos a echar una mano.

–       Quiere a tus actores. Detrás de sus balbuceos místicos suele (puede) haber algo con sentido.

–       Escribe sobre ti. Tu vida.

  • Tu vida en concepto amplio:
    • Quién eres.
    • De dónde vienes
    • Qué te ha pasado
    • Dónde has vivido
    • Qué te gusta.

–       La realidad es barata. La “ficción” es cara.

–       Un director debe ser “simpático”.

–       Si no pagas con dinero, pagas con AMOR.

–       Hacer, escribir, rodar es AMAR. ( [Poner aquí cita de]  Truffaut)

(La próxima semana explicaré qué hay detrás de algunas de estas frases y si encontré o no un hilo conductor para la charla).


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