FIRMAS INVITADAS: LOS GUIONISTAS DEL FUTURO / 5

15 mayo, 2013

Varios de los autores habituales de este blog somos profesores del Master de Guión de la Universidad Pontificia de Salamanca. Hace unas semanas comenzamos, y hoy continuamos, una serie de firmas invitadas muy especiales: los alumnos del Master, “los guionistas del futuro”.

SEIS CLAVES PARA CUALQUIER ASPIRANTE A GUIONISTA

por Vicente Bendicho Cascant y Alberto Pérez Castaños

Como jóvenes aspirantes a guionista, tener un espacio para expresarnos en esta página web nos provoca una mezcla de placer y vértigo. No creemos que tengamos nada importante que aportar que esté al nivel de cualquiera de los colaboradores de Bloguionistas, pero como lo que sí tenemos es mucha ilusión y un teclado que, al parecer, funciona sin problemas, vamos a contaros algunas cosas que, a nuestro juicio de guionista en pañales –limpios por ahora–, son claves para empezar a preparar el equipaje del largo trayecto que nos espera.

1)    Exprime las clases: Si algo tiene el Máster de Guión de la Universidad Pontificia de Salamanca, aparte de una página web preciosa, es un profesorado excelente. Si un día Marca decidiera hacer un “once” ideal de guionistas españoles pasarían dos cosas: que generaría bastante confusión entre sus lectores habituales y que ese equipo estaría repleto de profesionales que pasan por las aulas de la UPSA. Sergio Barrejón, David Muñoz, Pablo Remón, Natxo López, Diego San José y David Bermejo son el equipo titular del Máster. Cristóbal Garrido, Adolfo Valor, Jorge Guerricaechevarría, Mateo Gil, Rodrigo Cortés y muchos más son otros de los guionistas que tendrás delante, dispuestos a compartir su infinita sabiduría contigo y responder todas tus preguntas, incluidas las más ridículas como, por ejemplo, “¿Qué tal es trabajar con Robert De Niro?”.

Por eso, el deber de un aspirante a guionista es exprimir este tipo de experiencias didácticas al máximo. Si de algo nos hemos dado cuenta nosotros es que, en cualquier momento, cualquiera de los profesores-guionistas puede compartir contigo y tus compañeros una frase realmente brillante y útil que te hará levantar lentamente la mirada de los apuntes, dándote ganas de decir en voz alta: “¡Eh, qué bueno! ¡Qué cierto eso que dices!”. Lógicamente no harás esto último porque quieres seguir pudiendo entrar a clase, pero éste tipo de cosas son las que demuestran cuánto puedes aprender de esos profesionales. Así que, ya sabes: abre las orejas y aprovecha el tiempo.

2)    Escribe algo todos los días: Hay una máxima que debes tatuarte en el antebrazo para no olvidarla jamás o bien escribirla en un post-it en caso de que te asusten las agujas: hay que escribir todos los días. Cada día que no escribas algo será un día perdido. Eso es así. Si no te gusta, ¿qué haces aquí, impostor? Si tienes un largometraje en desarrollo escribe mínimo una página al día, aunque sea mala, ya la reescribirás. Si no tienes ningún proyecto en marcha, créalo. No hace falta que sean exclusivamente guiones audiovisuales. ¿Qué tal esa idea tan buena para una obra de teatro que lleva rondándote varios meses por la cabeza? Escríbela. ¿Y por qué no pruebas en ese concurso de relatos que te ha comentado tu madre? Escríbelo. Y dona la mitad del premio a este blog si lo ganas.

Si coges el hábito de escribir todos los días tendrás muchísimo ganado porque, cuando te llegue la hora de hacerlo por obligación y dinero –de verdad, nos han dicho que eso existe– lo harás sin esfuerzo porque ya formará parte de tu rutina diaria. En algunas disciplinas deportivas a esto lo llaman “entrenamiento”, pero no nos gusta hablar de lo que desconocemos.

 

3)    Kill your darlings:

Ésta es una de esas frases mágicas que hemos comentado anteriormente y que podrás escuchar de la boca de algún ponente-profesor-guionista. Nosotros, concretamente, se la oímos a Juanma Romero, coguionista de Evelyn (Isabel de Ocampo, 2012), y creemos que no significa que para llegar a ser un buen guionista haya que perpetrar un crimen pasional. Aunque tampoco habla de lo contrario. Más bien se refiere a que a veces en el guión como en la vida hay que saber dejar marchar a lo amado en beneficio de la obra o el equilibrio cósmico­.

Un error típico de aspirante a guionista es, dejando a un lado la obsesión de dar consejos a otros aspirantes a guionistas, aferrarse a una idea que no funciona por el simple hecho de no sentirse capaz de remplazarla por otra mejor. En este aspecto, debes dejar atrás el miedo y lanzarte al vacío –no literalmente, a no ser que realmente carezcas de alternativas–. No tengas miedo a la flecha que está encima del “Enter”. Ser capaz de borrar te hará mucho mejor guionista. Así que ya sabes, tanto en la vida como en el guion: “Mata a tus cariñitos”.

4)    La teoría no lo es todo, pero ayuda:

Mucha gente reniega de la teoría de guión, pero no debemos olvidar que los teóricos suelen basar sus trabajos en la observación y el análisis. No es que Syd Field se levantara un día y dijera: “Voy a registrar el Paradigma” –bueno, en este caso sí que fue así–. En general, tanto él como Robert McKee o Antonio Sánchez-Escalonilla –que por cierto da una clase espectacular en el Máster que cursamos–, intentan dar unas claves para que te puedan servir como guía a la hora de escribir tus historias, y lo hacen de forma brillante. Considéralo el Faro de Alejandría, no el Código de Hammurabi.

Tener una base teórica es esencial. Otra cosa es que luego, sin pensar en ella, te puedas manejar en la escritura e incluso puedas romper las convenciones y obtener buenos resultados.

En definitiva, estudiar a Robert Mckee hasta el punto de que puedas corregirle en una charla sobre sus propios estudios no te convertirá en un guionista de éxito. Renegar de las miles de páginas escritas sobre teoría de guión tampoco te hará triunfar de por sí, por muy rebelde que seas. Lo ideal está en el midpoint.

5)    El bloqueo es natural, pero se puede combatir:

Un problema al que todos nos enfrentamos es la sensación de que no avanzas en la escritura: el bloqueo. Esta sensación suele degenerar en ansiedad que, a su vez, suele traducirse en la sensación de que no avanzas en la escritura, que produce más ansiedad y más sensación de que no avanzas en la escritura y produce más ansiedad y más sensación de que no av–. Una forma de evitar esto es tener un hobby, es decir, una actividad que te sirva de pasatiempo y te ayude a despejar la mente. Por ejemplo, a Woody Allen le funciona pegarse una ducha o salir a caminar. Lo del paseo nos parece una idea genial; si por casualidad llegáis a estar en Salamanca como nosotros probad a dar una vuelta por la ciudad, nos han dicho que de día es preciosa.

A nosotros, personalmente, como amantes de la velocidad y la adrenalina, nos funciona sentir el viento en la cara jugando al Mario Kart de la SNES. Busca tus propios métodos de evasión, no importa cual, el objetivo es poder alejarte de la escritura durante un corto período de tiempo para evitar desesperarte y querer subirte a una azotea con un rifle.

Pero no nos engañemos. Si existiese una cura infalible contra el bloqueo ya estaría patentada por algún laboratorio internacional, o por Syd Field. El truco quizá, por lo que hemos oído este año, es insistir y trabajar. Los días que no estés inspirado, transpira. Escribir, como dijo Pedro Sangro –el director del Máster– es un ejercicio de minería: los días que no estés para picar diamante, dinamita carbón. Es un consejo tan bueno que desde entonces siempre escribimos sentados sobre una caja de explosivos, por si acaso.

6)    Crea proyectos con tus compañeros:

Uno de los aspectos más enriquecedores de estudiar guion es que te juntas durante un curso con personas con inquietudes y gustos bastante similares a los tuyos. Aprovecha esto para crear proyectos con ellos. Puede ser que al principio te cueste por aquello de que los guionistas solemos ser gente muy introvertida e insegura, pero cuando a los cinco meses de curso te atrevas a empezar a hablar con ellos seguro os entrarán ganas de trabajar juntos y materializar montones de ideas. Ahora mismo los jóvenes lo tenemos más fácil que nunca para hacernos ver y oír gracias a Internet. Por eso mismo, la excusa de que “es que está la cosa muy mal”, aparte de ser un tópico que huele a rancio, no vale para escribir un corto o una webserie y ponerte a rodar.

Estas son algunas de las cosas que creemos que hemos aprendido este año en el Máster de Guion para Cine y Televisión de la UPSA y que creemos que son claves para cualquier aspirante a guionista. Podemos decir, sin duda, que éste ha sido un año bien aprovechado y desde aquí lo recomendamos a cualquier aspirante a guionista.

Muy probablemente estemos equivocados en muchos puntos y apreciaciones. Somos conscientes de que estamos al comienzo del camino y que todavía no entendemos nada, pero por lo menos creemos que estamos en el camino correcto. Si ser guionista –y vivir de ello– fuera como casarse y formar una familia, nosotros estaríamos aún tirándole de los pelos a nuestra futura mujer en el colegio. Quién sabe, tal vez después de este año lleguemos al Baile de Graduación y podamos darle el primer beso.

 


FIRMAS INVITADAS: EL ODIO, LA ADRENALINA, LA CALMA

25 octubre, 2012

Isabel de Ocampo es directora de cine y presidenta de CIMA. En 2009 logró el Goya al mejor cortometraje de ficción con MIENTE y en 2012 ha estrenado su primer largometraje, EVELYN. Hoy nos habla del proceso de escritura de ese guión.

EL ODIO

Escribir el guión de EVELYN fue la parte más difícil de todo el proceso de crear esta película. Mucho más que rodarla, planificarla,  afrontar los problemas de producción, dirigir a los actores… El guión fue lo más difícil por un sólo motivo: el tema es terrible.

La violencia en general es muchísimo más llevadera si la comparamos con el tema de nuestra película: el tráfico de mujeres para su explotación sexual donde, a la violencia física y psíquica se le suma la abyección moral, la trasgresión ética,  la… la…

No tengo palabras.

¿Cómo logras escribir un guión cuyo tema odias? ¿Cómo logras escribir una película cuyo tema es tan horrible que ni tu mismo irías a verla?

Porque normalmente, la peripecia, la trama, los puntos de giro, la arquitectura de cómo ir construyendo ese mecano para que cada pieza encaje y el resultado final funcione es lo que ocupa la mente del guionista cuando escribe. Pero hubo una primera etapa de la escritura en que teníamos que convivir con el hecho de odiar la idea. Es una sensación perturbadora: valoras tu historia, convives con ella en la cabeza, pero al mismo tiempo la detestas. Tenía un problema de vinculación emocional con la película.  Y lo peor de todo es que a mi no me gustan las películas que consisten en hacer sufrir a una mujer. David Mamet nos cuenta en  Bambi contra Godzilla como llaman en Hollywood peyorativamente a este “sub-género”: fem jep (females in jeopardy, mujeres en peligro).

Pero por debajo del odio yo quería saber por qué y cómo una mujer se convierte en prostituta. Es decir, qué pasa en la mente de quien hoy dice “no quiero” y poco tiempo después se te ofrece con una sonrisa seductora.  Y me encontraba con que todas las películas que abordaban este tema tenían una delicada elipsis que te evitaba los peores momentos, justo ese lapso de tiempo clave donde se produce la transformación. Me interesaban esas mujeres y como gestionan su dolor para convertirlo en energía de supervivencia. Me intrigaba el proceso de “construcción de la puta” porque era el reverso de la

“socialización del ama de casa perfecta”. Dos caras de la misma moneda, la santa y la puta, dos construcciones culturales con un denominador común, la utilización del cuerpo como elemento definitorio de la identidad. La puta mostrándolo, el ama de casa decente escondiéndolo.

Y cuantas más películas veía sobre el tema, más elipsis me encontraba. Esta fue la segunda gran dificultad: de lo que yo quería hablar era de lo que, con razón, todo el mundo evitaba hablar. Este era el aspecto del guión que nos traía (a Juanma Romero y a mí) por la calle de la amargura.

Sin embargo había otros puntos del guión que me hacían conectar más con la parte bonita de este oficio. Porque cuando escribes una película en realidad estas participando en una gigantesca tela de araña de ideas que se conectan entre si. Todas las historias que escribas han sido escritas ya, pero ninguna tiene tu punto de vista. Cuando quieres escribir una película sobre un tema, y si haces caso  a Robert Mckee, te verás todas las pelis que aborden ese tema. Y entonces tu escribes la tuya y ahí queda para bien o mal, pero ahí queda, y cuando llegue el siguiente que quiera hacer una peli similar, se tendrá que ver la tuya para partir de ahí y continuar hacia otro lugar.

Yo tenía en la cabeza Le trou (La evasión) de Jacques Becker. Me encantó. Recordaba cuatro o cinco tíos metidos en una celda intentando huir y recordaba con nitidez la banda sonora, minimalista, hecha de golpes, golpes, golpes…. golpes que se te metían en la cabeza y en el estómago y te transmitían ellos solos, todo el nerviosismo de esos presos que se querían escapar.

Porque para combatir ese tema tan odioso, intentábamos escribir una atractiva historia carcelaria llena de suspense: una chica encerrada en un puticlub quiere escapar. ¿Lo conseguirá? ¿No lo conseguirá?

Y empezamos a escribir escaletas.  Acabo de abrir la carpeta “Evelyn>Guión>Antiguo 1>Escaleta 1” que llevaba sin ser abierta un año. Y dice así el primer punto:

  1. Deby mata a un policía y lo esconde debajo de la cama. Cuando entra el chulo, Reynaldo, quema el dinero.

Ni de lejos Evelyn empieza así, pero esto me hace recordar algo: yo quería empezar muy fuerte. Con una historia de estructura no lineal para poco a poco ir encajando las piezas. Como Amores Perros. Se lo comenté a un amigo y me dijo “trata de escribirla de forma lineal y luego prueba a descomponer”. ERROR. Hace poco en una charla de Eliseo Altunaga en la Fundación Autor lo mencionó: si quieres escribir una historia de estructura no lineal, lo tienes que hacer así desde el principio, no funciona descolocar las piezas luego. La intuición nos decía que era necesario contar de dónde venía esa chica y que a medida que iba creciendo la intensidad de la película, meter un flash back… no iba a funcionar. Ahora creo que la estructura que tiene EVELYN es la que tiene que tener. Porque es fundamental contar de donde viene esa chica para entender cómo le afecta todo lo que le sucede luego.

Y encuentro otra frase que me hace soltar una carcajada:

  • En algún momento del clímax Deby rompe la pared con la pata de la cama y hace un agujero para salvar a su amiga.

Y aquí llegamos a LA IMAGEN que tenía en la cabeza desde el principio. Sobre un plano de una pared, mientras escuchábamos a su amiga sufrir en la habitación de al lado, Evelyn, que por entonces se llamaba Deby golpeaba la pared y el espectador, lo único que alcanzaba a ver es una pared siendo golpeada con violencia (golpes, golpes, golpes) hasta que se abría un agujero y veíamos lo que pasaba al otro lado. Quería lograr que el clímax de la película fuera un plano fijo sobre una pared en la que se abría un agujero. Es decir, construirlo con el audio (la esencia de La huida de Becker). Utilizar el mínimo de recursos y lograr el máximo de intensidad.

Encuentro otro documento que data del 31/12/08 que se llama “miente2 en fichas”. Por entonces, no teníamos título.  Y Miente es el corto que inspira esta película (y con el que le arrebaté el Goya a Sergio Barrejón en 2009, jajajaja). No teníamos título pero teníamos claro que la estructura de la peli era las fases de la aceptación de la muerte.  (Por cierto, nótese la fecha en la que yo, a excepción del mundo, estaba trabajando…)

He dejado la parte de abajo porque me hace gracia recordar cómo antes pensaba que Syd Field era lo más…

LA ADRENALINA

Poco a poco a lo largo de año 2009 dimos con la primera versión de guión. Una chica encerrada en una habitación prácticamente toda la película. Paralelamente habíamos iniciado un proceso de documentación intensa. Habíamos contactado con periodistas, policías, escritores… habíamos intentado hablar con víctimas de trata. Y aunque todo era complicado y hermético una cosa sí aprendimos: antes de recibir hay que dar. No puedo explicarlo pero es así.

Una buen día pasó algo con lo que todo guionista sueña: conocimos al personaje que habíamos creado. Una de las principales ong’s que operan en Madrid había aceptado leer nuestro guión y pasárselo a varias mujeres que habían atravesado por esa experiencia. Nos citaron y al poco nos encontramos alrededor de una mesa con unas 9 mujeres de varias nacionalidades que habían sido engañadas de distintas formas para ejercer la prostitución. Todas ellas nos fueron relatando sus historias. Fue emotivo y muy alucinante. Comprobar como entre ellas no conocían los detalles de lo que le había pasado a la otra, y la fuerza y el suspense de sus relatos empujaba a las demás a preguntar. ¿Y porqué no escapaste? ¿Y porqué no hiciste aquello o lo otro? Me di cuenta de la increíble fuerza dramática de lo que contaban y acepté el reto: había que trascender lo horrible del tema. Había que lograr una película que se te metiera en el estómago y te retorciera las entrañas. El odio se había transformado en energía creativa de fuerza 20 en la escala Richter. Había que conseguirlo.

Y como si de una caja de Pandora se tratara empezamos a ser recibidos por escritores, periodistas, policías, proxenetas, clientes, madames… toda una fauna increíble de personajes algunos de los cuales parecían haber sido sacados de la ficción que intentábamos crear y poco a poco nos sumimos en la contemplación de nuestra propia sociedad desde un punto de vista hasta entonces sólo imaginado: el Mal de verdad.

Comprobamos que el nexo que une la corrupción, el tráfico de drogas, los alunizajes de las joyerías, las contabilidades A, B y C, el blanqueo de capitales, los trapicheos varios… El elemento que todos estos negocios ilegales comparten son las prostitutas. Mujeres tratadas como ganado para celebrar cierres de negocios, extorsionar a políticos, chantajear a las familias. Material para escribir películas el resto de nuestras vidas. Y durante un tiempo andaba como sonada, mientras asimilaba todo lo que me contaban. Se me dio la cabeza de sí.

LA CALMA

A día de hoy, que EVELYN ya se ha estrenado y yo estoy a otra cosa, me doy cuenta de que la escribí de forma completamente contraria a como (supongo) trabaja la mayoría los guionistas. La fuimos creando paso a paso, secuencia a secuencia, de manera 100% orgánica y totalmente intuitiva. Utilizándome a mi misma de cobaya emocional y con un arco aproximado de lo que tenía que pasar, pero nunca con un mapa de acontecimientos fijado de antemano. Como los escritores escriben sus novela, sin saber a veces qué va a pasar a continuación. Un método que tiene sus ventajas y sus inconvenientes, claro. La gran desventaja es que puede ser caótico. La mayor ventaja es que es completamente visceral.

Otra de las grandes lecciones que he aprendido dirigiendo mi primera película es algo que ya sabía, como suele pasar. Guión viene de guía. Y una guía es como un libro de instrucciones con consejos para conocer bien algo, para llevar a buen termino alguna acción. Seguramente habréis oído esa frase de que “una historia es la que se escribe, otra la que se rueda, otra la que se monta”.  Y curiosamente, muchos de nosotros estudiamos los guiones de las películas a través, no del guión de esas películas sino de su montaje final. Es decir, a través de la tercera historia, no la primera. ¿Qué consecuencias tiene esto y de qué manera influye en cómo escribimos? Os lo dejo a vuestra reflexión…

Yo lo que he aprendido es que un guión tiene que estar bien armado pero poseer una gran dosis de flexibilidad que permita a la magia surgir. Es como llevar la historia envuelta en papel burbuja, tiene que respirar, tiene que estar holgada, tiene que haber material para montaje.  El guión es una guía, no la tabla de los diez mandamientos. A veces la actriz está especialmente inspirada y hace la interpretación de su vida en la secuencia más accesoria, justo cuando un rayito de sol se cuela en el plano y el eléctrico mueve 2 grados el stico y sus ojos llorosos llenan el plano de una manera que te embarga, y ese minuto de historia que iba a caer en montaje se transforma en un pico de emoción. A veces te pasas días inventado secuencias y diálogos que sirvan para redimir a un personaje y llega la actriz y te lo logra en un solo plano  haciendo temblar su barbilla. Nunca sabes qué puede pasar. Sólo te queda tener la antena bien sintonizada para capturar el mayor numero posible de momentos mágicos.  Y por supuesto tener un equipo como el que yo tuve, lleno de profesionales con gran sensibilidad y destreza.

Hay muy poca gente que sepa realmente lo  difícil que es escribir un guión. Y a mí éste, me ha cambiado la visión de la vida. EVELYN se proyecta el próximo miércoles, día 31 de Octubre, en la Filmoteca de Madrid. Si tenéis la oportunidad de verla entenderéis lo que digo.

EVELYN. Guión de Isabel de Ocampo y Juanma Romero.


MÁS COMPETENCIA, POR FAVOR

30 junio, 2011

por Sergio Barrejón.

En enero de 2009, un corto que yo había dirigido, El Encargado, fue nominado al Goya. Entre los actos previos a la ceremonia, todos los nominados por cortometrajes recibimos una invitación para visitar la ECAM, la Escuela de Cine que la Comunidad de Madrid, EGEDA y SGAE tienen en la Ciudad de la Imagen (Madrid), y que comparte siglas con la Escuela de Conducción de Motos de Alcañiz.

Así que fuimos a la ECAM (la de Madrid), donde nos recibió Pilar García-Elegido, asesora de Cine de la Comunidad de Madrid; Santiago Fisas, Consejero de Cultura de la Comunidad de Madrid (cuando todavía había una Consejería de Cultura); y el director de la escuela, Fernando Méndez-Leite.

Fernando Méndez-Leite. (Foto: Álvaro García)

Nos enseñaron las instalaciones, nos pusieron vino y jamón, y bromeamos con el director, a cuenta de que entre los invitados había gente que no logró superar el examen de ingreso en la escuela (servidor), e incluso una ex alumna que fue expulsada antes de terminar la carrera (Isabel de Ocampo, quien por cierto ganó el Goya aquel año).

En un tono distendido, pero ya más serio, Fernando Méndez-Leite tuvo la humildad de preguntarnos qué cosas pensábamos nosotros que se podían hacer para mejorar la escuela. Yo apenas conocía la escuela por dentro, así que no podía opinar. Pero pensé que debía decir algo, para que no pensasen que sólo había ido allí por el vino y el jamón. Así que comenté que me extrañaba que no tuvieran una productora propia para rentabilizar los cortos que ruedan cada año como prueba final de curso. Esos cortos se hacen con un presupuesto considerable, y participa en ellos gente que lleva tres años estudiando en una de las escuelas más exigentes de España. Puse el ejemplo de Escándalo Films, la productora nacida de la ESCAC de Barcelona, y sus muchos éxitos.

Por lo visto, el modelo Escándalo sería muy difícil de reproducir en Madrid. No me concretaron exactamente por qué. Anteayer en El País leí una noticia que aclaraba un poco la cuestión. Aparentemente a instancias del productor Enrique Cerezo, presidente de EGEDA y de la Junta Rectora de la ECAM, la escuela no renovará el contrato bianual de Fernando Méndez-Leite, que lleva siendo su director desde su fundación en 1994.

Enrique Cerezo. (Foto: Pipo Fernández)

Según se desprende de la noticia, parece que una las razones que ha llevado a la ECAM ha prescindir de su director ha sido precisamente la insistencia de éste… en crear una productora propia en la escuela, “para promover su marca”. No sé cuánto crédito se le puede dar a estos artículos de El País, especialmente cuando vienen sin firmar, y sobre todo sabiendo el gustito que les da todo lo que suene a gresca en el cine español. Pero según fuentes anónimas citadas en otro artículo aparecido ayer, el rechazo a formar una productora se debe a que eso supondría “más competencia”.

Insisto: es un artículo sin firmar, son fuentes anónimas… Quizá no sea cierto. Pero de ser cierto, me parecería desconcertante.

Entiendo que pudiera resultar discutible el hecho de que una escuela financiada al 50% con fondos públicos convierta sus cortometrajes en productos comerciales, pero… En fin, si eso supone un retorno económico; si eso fomenta la profesionalización de sus estudiantes; si contribuye a la distribución internacional del cine español… En definitiva: si crea cantera… No veo el problema por ninguna parte. La Selección Española de Fútbol también vende camisetas, ¿no?

Como digo, no conozco la ECAM por dentro. A Méndez-Leite sólo lo he saludado un par de veces. Tampoco conozco personalmente a Cerezo, ni tengo trato con ninguno de los integrantes de la ECAM. Ni para bien ni para mal. Así que no estoy lo bastante informado como para elegir un bando, si es que hubiera bandos en este asunto. Pero yo creía que una de las aspiraciones de una escuela de profesional de cine era crear industria. Y para crear industria, nada mejor que fomentar la competencia.

Que el argumento esgrimido para no fomentar la explotación económica de las producciones de la ECAM sea que ello supondría “más competencia” conduce inevitablemente a esta pregunta: ¿Más competencia… PARA QUIÉN? ¿Quién exactamente está intentando manejar la ECAM para proteger sus intereses, y por qué le teme a la competencia? Tal y como yo lo veo, en el reducido campo del cine español, lo que precisamente necesitamos es más competencia. (Tanto en la acepción de rivalidad entre empresas como en la de pericia y aptitud, por cierto.)

La ECAM tiene muchos logros de los que enorgullecerse. Lo menciona El País en su artículo:

Sólo en 2010 se estrenaron cinco películas dirigidas por alumnos de la ECAM: Bon appetit de David Pinillos, que ganó un Goya a la Mejor Dirección Novel 2011; El idioma imposible, de Rodrigo Rodero; A tres metros sobre el cielo (sic), de Fernando González, una de las más taquilleras de 2010; Secuestrados de Miguel Ángel Vivas; y El diario de Carlota de José Manuel Carrasco. (Esta última, por cierto, con guión de la compañera bloguionista Ángela Armero)

En mi humilde y desinformada opinión, formar una productora propia bien podría llevar a la ECAM a reproducir ese éxito en el campo del cortometraje. Y debo de ser miope, pero no veo cómo eso podría ser un problema para nadie. A mí ese párrafo no me suena a amenaza por ningún lado. Quizá debería revisar mis creencias, no lo sé. Lo cierto es que, después de haber estado nominado al Goya como director, aún no he conseguido colocar mi primer proyecto de largo. Quizá sea porque hay mucha competencia. Pero algo me dice que la solución a ese problema no es bloquear el paso a tus posibles rivales, sino en todo caso aprender de sus éxitos, y sobre todo, seguir trabajando duro para crear tu propio hueco en la industria, o para mantener el que ya tengas.


A %d blogueros les gusta esto: