“CASTING”: UN GUIÓN DESDE LOS ACTORES

18 abril, 2016

Por Jorge Naranjo. 

FOTOGRAMA CASTING

Justo antes de entrar en la Academia de Cine para hacer esta entrevista a Alberto Marini, pregunté a los responsables de Bloguionistas si les interesaría colgar aquí el guión de “Casting”, una película que hice hace tres años y que, aunque no llegó al circuito comercial, sí logró que se hablara de ella en muchos círculos. Sobre todo, en el círculo de mi casa. Para mi sorpresa, no sólo me dijeron que sí, sino que me animaron a escribir este post, que podría completar el que ya escribió mi amigo Silvestre García hace unos años. Y como quedan pocos días para que se proyecte en el Círculo de Bellas Artes (miércoles 20, 19:30 horas), he decidido aprovechar tan buena coyuntura para hacer algo de autopromoción y, de paso, explicar cómo escribí este guión de 87 páginas para el que seguí un método tan poco ortodoxo como práctico: cambiarlo a medida que iba eligiendo a los actores para irlo adaptando a sus personalidades.

El experimento empezó con “Casting”, el cortometraje homónimo. Y sin querer.

Otoño de 2010. Estoy en casa de mi amigo Javier López, y le acaban de llamar para el casting de “Bob Esponja: El musical”. La prueba es el día siguiente y, entre otras cosas, le han pedido llevar un monólogo de humor de un minuto. Como Javi siempre me contaba anécdotas de sus propios castings mientras me suministraba cervezas (y tapas) gratis en el bar donde trabajaba, surgen rápido los chistes. Y a los pocos minutos, le había escrito una primera versión que nos gustaba. Javi fue al casting. No le cogieron. Es más. Aquel monólogo nunca se lo pidieron, pero decidimos guardar los chistes para insertarlos en su videobook y, posteriormente, en un corto que hicimos para el Notodofilmfest. Y en todas esas grabaciones, se mantuvo un gag que terminaría abriendo el cortometraje y la escena inicial del guión de la película: “Hola, soy Javier López y soy actor. Bueno, actor… Hay actores de muchos tipos. Hay actores que hacen drama, hay actores que hacen comedia… Yo no, yo hago castings”.

El resto del corto incluía momentos reales que Javi había vivido en un casting (“nos gustaría que hicieras de zapato rojo sudado”) y sensaciones auténticas de ambos, tanto económicas como profesionales. Supongo que eso convirtió el corto en una historia muy cercana y generó cierta simbiosis. De hecho, a Javi le confundirían conmigo durante meses; y viceversa. Y hace pocas semanas, en un colegio donde di una charla y en el que se proyectaron algunos de mis cortos, un niño preguntó, al ver a Javi en pantalla: “¿Ese eres tú?”… Y acertó.

Y al mismo tiempo, no.

Pasaron los meses, y yo decidí volver al guión con el que me estaba peleando. Se llamaba “Blog” y era una historia muy personal sobre un guionista que llega a Madrid después de fracasar en prácticamente todos los ámbitos de la vida en Barcelona y, a través de la escritura, intentaba desenredar y curar sus basuras emocionales. La historia funcionaba y, además, me estaba ayudando a superar varios fracasos sentimentales, pero es cierto que le faltaba algo y, además, era demasiado autobiográfica (si es que eso existe). La suerte quiso que la ESCAC estrenara en esas fechas una película llamada “Blog”. Y ante la perspectiva de tener que cambiar el título, empecé a pensar en otras alternativas. Por aquel entonces, el notodo que había rodado con Javi estaba teniendo cierto éxito. Incluso, alguna vez pararon a Javi por la calle para preguntarle si era “el tío de Casting”. Así que me planteé incluir aquellas aventuras, anécdotas, derrotas y miserias personales en una estructura que tuviera un casting como excusa (o sea, como McGuffin) y los distintos actores fueran los vehículos para cada una.

Y así surgió la idea de transformar tres minutos y medio en una película de 90.

Era la primera vez que me enfrentaba solo a un guión de tantas páginas (antes sólo había escrito uno que redacté a cuatro manos también con Silvestre y que, gracias a una iniciativa de abcguionistas, podéis encontrar aquí), así que lo primero era encontrar una estructura, un mapa para no perderme, una ruta… Siempre me he sentido más cómodo dialogando que creando ese armazón, así que necesitaba un modelo sencillo, práctico y funcional. A medida. Para todos los públicos… Y lo encontré en el viaje del héroe. Y lo copié punto por punto.

EL VIAJE DEL HÉROE

Si uno analiza el guión de “Casting”, le resultará fácil encontrar la llamada a la aventura, el rechazo, las pruebas, los aliados, la caverna, el calvario, el elixir… De hecho, siguiendo el modelo del “Episodio IV: Una nueva esperanza” de la saga de “Star Wars” (como es sabido, ejemplo incombustible para explicar la estructura heroica), también añadiría a mis C3PO y R2D2. Solo que, en este caso, no eran robots, sino humanos. Y se llamaban Ken Appledorn y Nay Díaz.

A Ken lo conocí porque me envió su videobook por Facebook y caí rendido por su fisonomía, su perfil y su capacidad para despertar ternura y comedia. Y a Nay, en una fiesta imposible. Pronto me di cuenta de que serían el coro perfecto de la película, y tendría que hacer con ellos lo mismo que ya había empezado a hacer con Javi y Esther Rivas. Es decir, escribir con sus voces. La diferencia era que a Javi y a Esther ya les conocía, ya eran amigos (Esther es la voz en off del corto “Casting” y la presentadora de otro notodo, “Llama ya”). Y a ellos no. Así que quedamos y, sobre la marcha, empezamos a escribir las tramas en función de sus personalidades. Si Nay era muy fan de Al Pacino, lo incorporábamos al personaje. Si me contaba alguna anécdota sobre técnicas actorales (véase en la película la escena del “Happy Birthday”, con cameo del amigo David Sáinz), se incluía en el guión. Y lo mismo con Ken, con quien me reuní cerca de Cádiz para conocernos y buscar juntos su principal motivación. Y encontramos dos: la primera, sus dificultades como actor americano en España; y la otra, el día en que decidió casarse. Hasta usaría su propio anillo.

“Casting” es una historia por y para los actores. Desde el principio, sabíamos que no podríamos contar con actores conocidos porque nadie se creería que un rostro famoso de televisión sufriera en un casting. Tenían que ser caras que nadie pudiera ubicar. Por suerte, muchos amigos y amigas quisieron participar y, valientemente, exponer ante la cámara su realidad y mezclarla con la ficción. El personaje de Ruth Armas siente en primera persona una fuerte presión por haber salido en una portada de “Interviú” que se publicó en la vida real y, como ella, todos los personajes van haciendo desfilar sus conflictos junto a los míos.

No siempre, claro. Por ejemplo, la entrevistadora del casting, Natalia Mateo, personifica todo lo contrario a lo que exhibe su personaje. Natalia trabaja desde el bien. La examinadora de la película, desde el lado oscuro. Pero tener a una maestra de actores como ella era básico para que los actores llegasen a sitios a los cuales, sin su ayuda, no hubiéramos accedido. De hecho, en los castings surgieron sorpresas que no estaban escritas. Y que sí están en el metraje final.

Pero salvando excepciones como Natalia o la ayudante de casting, Carmen Mayordomo, casi todos los actores depositaron parte de su vida en el guión. A veces, era solo un detalle que ayudaba a detonar la trama. Otras, un rasgo concreto de su personalidad. Y en el caso de Esther, una forma de ser. Quizás por ello, se convertiría en la luz del film, como describió con cariño algún crítico.

El guión se escribió sin subvenciones ni productoras interesadas. De hecho, nunca se mandó a ninguna institución. Entre otros motivos, porque queríamos rodarlo ese mismo verano y que no perdiera frescura. Y buscar subvenciones implica esperar. Así que se convirtió en una aventura de libertad absolutamente inconsciente. Por eso, incluye momentos imposibles como una banda sonora extraña, carísima y descerebrada en la que se daban cita canciones de Suede, Antonio Vega y hasta el “Me lo tiro”, de Berto & The Border Boys. Sabía que nunca podríamos tener esos temas, pero pensé que podría ser útil incluirlas y que los actores leyeran algunas escenas con esas canciones… Y las sintieran.

El final del guión no tiene nada que ver con lo que terminamos rodando. Y las dos escenas del inicio se resumieron en una más corta, eliminando finalmente el chiste que ya había aparecido en el corto y nos había llevado hasta aquí. También hay dos escenas que tienen el mismo avance, pero nunca se corrigió porque nos dimos cuenta dos días antes del rodaje, en la lectura final (y única), y todas aquellas notas y acotaciones se quedaron archivadas en un documento que guardo en casa y que, quizás en algún momento, acabe pasando a limpio.

GUION CASTING

No seré yo el que diga que ésta es una buena manera de escribir un guión. Es más, ahora que lo he puesto por escrito me parece una auténtica locura, pero sí puedo decir que a nosotros nos funcionó. “Casting” está llena de errores y aciertos, pero creo que respira honestidad. Y supongo que esa sinceridad y el trabajo de unos intérpretes que se dejaron la piel en cada plano hicieron que la película se alzara con las Biznagas a Mejor Actor de Reparto y Mejor Actriz de Reparto para todo el elenco en el XVI Festival de Cine Español de Málaga.

Hoy, miro ese guión con cinco años de pudor. Y me planteo en qué momento se me ocurrió colgarlo. Pero supongo que es justamente ella, la vergüenza, la que me obliga a hacerlo. Al fin y al cabo, los actores siempre luchan con ella. Y los guionistas, agazapados tras el ordenador, sólo la combatimos escribiendo.

* La película “Casting” se proyecta en el Círculo de Bellas Artes de Madrid el próximo miércoles 20 de abril a las 19:30 horas. Entradas aquí o en taquilla (5’50 euros. 4 euros para estudiantes y miembros de la Unión de Cineastas).

 “Cásting” también se puede ver en Filmin.

 

 


ALBERTO MARINI: “ME GUSTARÍA SER GUIONISTA DE CINE DE PALOMITAS”

15 febrero, 2016

Por Jorge Naranjo. 

Fotos: Pablo Bartolomé. 

Fue otro de los guionistas que no pisó la alfombra roja en la última edición de los Premios Goya, pero firma una de las películas mejor escritas del año (y de la década). “El desconocido”, dirigida por Dani de la Torre, se alzó con los galardones a Mejor Montaje y Mejor Sonido y con uno de los más ansiados de cualquier cineasta: contentar a público y crítica, éxito compartido con “Truman”, la ganadora de la noche. Un día antes de la llamada “fiesta del cine español”, ALMA había reunido a los guionistas nominados en la Academia de Cine para hablar de sus films y, sobre todo, de escritura. Al acabar, abordamos a Alberto Marini (Turín, 1972), uno de los pocos nominados que faltaban por aparecer en Bloguionistas. No tuvimos alfombra roja, pero sí una fila de butacas de colores.

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Has dicho que “El desconocido” es un encargo. ¿Cómo te llega?

Yo ya había trabajado con Vaca Films en el pasado y me dijeron que querían trabajar con un director novel que tenía una idea. El director era Dani de la Torre y la idea era la de un banquero lejanamente vinculado con las preferentes que, al sentarse en su coche, descubría que había una bomba de alguien que quería vengarse. Éste era el concepto, más o menos. Desde el principio estaba claro que querían apostar por el thriller de acción pero con trasfondo social. Y sobre esto empezamos a trabajar.

¿Te llega algo escrito por Dani o empiezas de cero?

No, me contó la idea. Me vi con él en Sitges. Me explicó toda la historia y luego me dejaron un par de días para pensármelo y decidir… Y claro… A ver… Yo vivo de esto, sé que al año tengo que tener uno o dos guiones para pagar la hipoteca, pero para mí, lo más importante, más allá de las historias, es con quien trabajas. He tenido experiencias que me han gustado mucho a nivel de guion, pero en las que no he congeniado con el coguionista o con el director, así que siempre me doy un tiempo para trabajar con esa persona que no conozco y ver si nos entendemos. Y Dani y yo hemos congeniado mucho. A pesar de que el guion lo firme yo solo, ha sido un trabajo codo a codo. Él ha estado presente en todo momento, nos hemos visto a menudo sin importar la distancia, hemos hablado prácticamente cada día, y ha sido un proceso creativo en el que hemos ido de la mano. Dani ha conseguido sacarme muchas cosas que estaban allí, mejorar lo que estaba… y ha sido un proceso muy fluido.

¿Cuánto tiempo ha durado el proceso?

El encargo llegó en 2013, empezamos a trabajar en 2014 y en primavera de 2015 se empezó a rodar… Eso haría un año y medio, más o menos.

El guion que podemos descargarnos AQUÍ es la décima versión…

Sí, hicimos diez versiones, pero los cambios más radicales se hicieron de la primera a la segunda y de la segunda a la tercera. Eso fueron los cambios más gordos. Por ejemplo, en la primera versión no salíamos del coche nunca, era una apuesta estilística. Después, decidimos hacer una película más grande, menos artística, así que salimos fuera del coche, y entonces modificamos cosas del villano. El antagonista cambió bastante.

¿En qué sentido?

Había versiones anteriores en las que era más implacable, más duro. Y en las ediciones siguientes buscamos una mayor empatía con el público.

Al ver la película, busqué en el guion cómo escribiste el famoso plano secuencia donde llega el personaje de Belén (Elvira Mínguez).

Al decidir que saldríamos del coche, Dani empezó a tener en la cabeza cómo rodar algunas cosas. Por ejemplo, en las últimas versiones yo ya sabía que habría un plano secuencia ahí, igual que también me dijeron que en la persecución final se usaría la Scorpio para salir y entrar del vehículo… Con Dani ha sido genial que primero se cerró el guion a nivel argumental y luego se pensó en cómo rodar la película. Después hubo pequeños cambios, pero la manera de rodar no influyó en el argumento.

De hecho, ese momento no está escrito como plano secuencia…

No, no… Se deja ver, eso es lo bonito. Igual que el plano en el que la cámara Scorpio entra en el coche. (SPOILER) Después de que le han disparado al protagonista en el brazo, empieza la persecución final. La cámara hace un giro de 360 grados alrededor del vehículo, entra en el asiento trasero y sale por otro lado. Yo sabía que habría una virguería de ese tipo, pero Dani no me dijo nunca: “Haz una secuencia para que podamos hacer esto”. Había una secuencia, y él apuntó que estaría bien rodarla de esa manera para que le diera más espacio en el guion y no quedara demasiado breve, así que me limité a dejar espacio para que esa escena no fuera tan corta. Solo eso. Pero no es algo impuesto por rodaje. A veces te encuentras directores que quieren forzar un plano y entonces acabas forzando la historia para que el plano encaje. Aquí no.

¿Ya teníais actores en la cabeza durante la escritura?

Sabíamos lo de Luis Tosar. No estaba confirmado, pero sí sabíamos que estaba muy interesado y que se iba a leer el guion y todo eso, pero los demás no. Supe que su pareja sería Goya Toledo a guion más o menos cerrado, al igual que el resto de personajes. Los niños fueron los últimos.

¿Sentiste algún tipo de presión por parte de la cadena?

La cadena (Atresmedia) trabaja como productora creativa con Vaca Films, es decir, Emma Lustres. Ambas son productoras que intervienen en el contenido con sugerencias y, como guionista, uno tiene que recibir las sugerencias y saber ir adaptándolas al texto final. O, al menos, dar respuesta a sus preocupaciones. Digamos que hay dos opciones: o se acepta la sugerencia o se busca otra solución posible que responda a las preocupaciones que tienen. Son productores creativos, no imponen. Son muy respetuosos con el trabajo, tanto Vaca Films como Atresmedia.

Según el guion, también se cambió tanto el principio como el final.

El cambio principal se hizo entre la segunda y la tercera versión. Quisimos un final agridulce. Es decir, a pesar de haber pasado un mal rato durante una hora y media, queríamos terminar con una sensación feel-good, así que optamos por un final más alegre para el publico, más esperanzador. Lo que ha quedado en el guion es una secuencia en la que (SPOILER), una vez que el desconocido ha muerto, el protagonista hace “algo” a favor de “El desconocido”. Es decir, hacemos que la muerte de “El desconocido” no sea inútil y que esa consecuencia se vea en pantalla. Se rodaron algunas partes, pero se vio que no funcionaba y que ésta no era una película para darse abrazos… Una cosa es que el protagonista sobreviviera, pero lo otro era demasiado… Yo creo que el final que hay ahora una vez rodada la película es el mejor final posible.

¿Todo eso lo ibas hablando con Dani?

Con Dani la comunicación fue siempre muy fluida. No tenía por qué hacerlo, pero siempre me enviaba montajes provisionales y, de hecho, fui a ver el primer corte a la productora. También coincidió que, en ese momento, yo estaba trabajando en otro proyecto con el montador, Jorge Coira. Jorge es un gran montador y conoce perfectamente las pautas del storytelling porque también escribe y dirige, así que no ha ido a lucirse, ha ido solamente a respetar y a trabajar para que la historia saliera bien.

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Antes has dicho que tú eres un “guionista de cine palomitero”…

Bueno, no lo soy, digamos que me gustaría ser guionista de cine de palomitas. Quiero llegar al mayor público posible, aun sabiendo que ya tengo 43 años y empiezo a no conectar demasiado con el público muy joven. Ojo, no porque ellos sean tontos o tal, es una incapacidad mía. Y me explico. Yo veo “El destino de Júpiter” y “El corredor del laberinto” a priori y no sé decirte cuál de los dos va a arrasar y cuál será un fracaso. Veo que empiezo a tener una distancia con los jóvenes que me sugiere que ya no soy tan capaz para escribir para ellos como antes. Si quiero conectar con ellos, tengo que trabajar con gente que conecte con ese público. Al mismo tiempo, me gusta saber siempre cuál va ser el target, porque así procuro llegar dentro de esa franja al mayor público posible.

Pero “El desconocido” es una película que ha conectado muy bien.

Sí. “El desconocido” es una película con más pretensiones palomiteras que autorales. De hecho, tanto a nivel de guion como de director creo que hemos cumplido. Yo estoy muy contento con la peli como resultado y por el director que he conocido. Y también estoy feliz con la respuesta del público. Todo lo que ha venido luego han sido como bonos extra. No lo digo por modestia, pero no esperábamos ni tan buena reacción por parte de la crítica ni por parte de los académicos. Siendo una película con temas sociales pero con evidente pretensión palomitera, pensamos que acabaría generando cierto rechazo, tanto de unos como de otros…

De hecho, el guion ha entrado en la lista de los nominados al Goya.

Sí, la verdad es que estoy muy relajado… No es falsa modestia, pero para mí el mejor guion original de este año es “Truman” con diferencia, al menos comparándolo con el de “El desconocido”, sin mezclar al resto.

¿Qué tiene el guion de “Truman” para que lo consideres el mejor?

“Truman” tiene una construcción de personajes fascinante. Habla de emociones, llega al corazón con una naturalidad que desborda y que no es nada fácil. Sí, son personas hablando, pero te provoca, es sincera, te remueve todo y sales con la sensación de que has visto la historia de un tío que se despide de la vida pero, al mismo tiempo, acabas saliendo del cine de buen humor porque la película ha demostrado que la amistad es una gran cosa. Y que un guion te pueda transmitir todo eso, chapó.

Antes decías que tú entiendes el guion como una obra inacabada…

He sufrido como todos los guionistas al principio de su carrera, en ese momento en el que entregas un guion y acabas descubriendo que ese actor que imaginaste de 16 años ahora tiene 30, y ves que se cambia todo, las situaciones, las frases… Al principio lo pasaba fatal, y luego te das cuenta de que tiene que ser así. He conocido a muchos directores y creo que no son malas personas. Simplemente, tienen una función que no es la de preservar el guion sino la de hacer la mejor película posible. El guion va a ir cambiando, pero la obra no es el guion… Es la película. Cuanto más pronto te ves como una parte más del proceso, una parte muy importante, ojo, pero solamente una parte, menos sufres.

¿Crees que la película “El desconocido”, como obra acabada, con todos sus cambios y variaciones, muestra el mejor guion posible?

Como siempre me pasa, si me pongo ahora a ver la película encuentro cosas que me gustaría reescribir, pero es que a mí me tienen que poner un freno porque si no estaría escribiendo mientras duermo.


LOS INVISIBLES (II): IRENE VARELA

21 enero, 2016

Por Jorge Naranjo.

Fotos de Natxo López.

En la última edición de los Premio Iris, los guionistas de “El Intermedio” subieron al escenario para recoger, por tercera vez consecutiva, el Premio al Mejor Guión, arrebatándoselo a dos claras favoritas como eran las series “Isabel” o “El Príncipe”. Más allá del debate sobre la conveniencia de diferenciar en este tipo de ceremonias entre Mejor Guión de Serie y Mejor Guión de Programas, como tanto se ha comentado, la noticia ponía de relieve que el programa que dirige Miguel Sánchez-Romero “Maikol” y presenta El Gran Wyoming (que también obtuvieron el Premio al Mejor Presentador de Programas y Mejor Programa de Entretenimiento), vive, en su décima temporada, una de sus etapas más dulces. Y confirmaba que la figura del guionista de programas (o guionista a secas, igual conviene ya quitarle el apellido) adquiría la categoría que merece.

Una de las personas que subió a recoger ese premio fue Irene Varela (Madrid, 1983), y con motivo del último Encuentro de Guionistas que se celebró en Barcelona (donde daría una charla con Joan Grau) me acerqué a preguntarle cosas y si quería participar en esta sección. Debió ser por el té, porque estaba resfriada y eso la nublaría, o porque es así de maja, pero me dijo que sí. Así que hablamos sobre muchas cosas. Y también sobre ser mujer en un entorno (el humor) dominado por hombres, aunque justo “El Intermedio” tenga muy repartidos sus sexos. Pero eso lo dejamos para el final. Lo primero es el chiste.

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La guionista Irene Varela. Foto: Natxo López.

Estudió Filosofía y Letras y lleva, prácticamente desde que acabó el Máster en Creatividad y Guión de Televisión de URJC / Globomedia (más conocido en el oficio como “el máster de Globo”) trabajando de guionista en “El Intermedio”. A pesar de eso, no tiene claro si siempre supo que lo que más le gustaba (y con lo que acabaría ganándose la vida) era escribir. “Había escrito muy poco antes del Máster, pero tenía claro que me gustaban mucho los programas. Recuerdo que veía “Noche Hache” y era una de las pocas cosas que me interesaban de la tele. Cuando era pequeña, veía “Caiga Quien Caiga”… A raíz de “Perdidos” quizás empecé a ver más series, pero antes no… Antes solo veía programas”.

Por eso, cuando se le puso delante la oportunidad de elegir entre trabajar en una serie de ficción o en un informativo satírico que nadie pensó que acabaría siendo lo que es ahora, eligió lo segundo. “Cuando estaba en el Máster, nadie quería hacer prácticas en “El Intermedio”. Todo el mundo quería irse a “Águila Roja” o “El Internado”. Si uno quería ir a programas prefería el “Saturday Night Live”, pero “El Intermedio”, en aquella época, era el último mono”. Aun así, no hubo dudas: “Me ofrecieron quedarme en una ficción, pero siempre vi claro que lo que quería era esto. Es más. Recuerdo que mi chico me animaba a meterme en alguna serie porque decía que se ganaba más dinero, se vivía mejor, se ingresaba por derechos de autor, pero yo le decía que esto me gustaba más. Y ahora, siempre que lo hablamos, me recuerda que menos mal que no le hice caso. Sobre todo, porque esto me hace mucho más feliz y de mi Máster las que seguimos trabajando somos las dos que estamos en “El Intermedio”. Todas las demás producciones se han ido cayendo… Ojo, tampoco sé si es bueno. Igual está bien cambiar y tener un currículum más variado, pero yo estoy contenta”.

En ese camino, ha pasado por todos los niveles (“becaria sin cobrar, becaria cobrando, guionista junior, guionista senior…”) y, prácticamente, por todas las parcelas del guión del programa. “No tenemos secciones. Eso sí, hay gente a la que le suele caer más unos temas. Por ejemplo, hay un par de compañeros que suelen encargarse de asuntos más reflexivos o, digamos, de línea editorial, y otra pareja que se ocupa más del humor por el humor. Pero vamos, yo me siento cómoda porque al final todos hacemos de todo”. Un momento, ¿parejas?

Pues sí. En “El Intermedio” se escribe a dúo. Y evidentemente, funciona. Pero antes de teclear, hay que hablar, y así empieza el día. “La subdirectora trae el vaciado de prensa, de ahí elegimos las noticias que vamos a tratar, hacemos brainstorming y pensamos cómo vamos a enfocarlas. Vemos si se nos ocurre alguna derivada, un tratamiento especial… Y entonces, el director reparte el material. Trabajamos en parejas, así que a cada una se nos adjudica un tema y un tiempo. Por ejemplo: “Os toca análisis de medios sobre Cataluña y tienes 12 minutos”. Con esa información, y al terminar la reunión, cada pareja se junta y empieza a plantear el tema con ayuda de un redactor: “Tenemos un ordenador por persona, pero para currar juntos nos ponemos juntos en uno. Al principio se puede pensar que con alguien al lado es muy difícil el proceso creativo, eso de tener que ponerte de acuerdo en cada palabra… Pero la verdad es que paso más horas con mi pareja de guión que con mi pareja sentimental, así que nos resulta muy fácil escribir juntos y ponernos de acuerdo en los chistes, en todo”.

Y, probablemente, gracias a esa suma de talentos, la calidad se multiplica. “En “El Intermedio”, trabajar así es algo básico y buenísimo, siempre y cuando te entiendas bien con tu pareja, claro. Son dos puntos de vista, más opciones de chistes, se rebotan las ideas. No eres tú solo pivotando opciones en tu cerebro. Es decir, igual a ti no se te ocurre el chiste, pero al otro le puede sugerir un gag eso que tú le has dicho. Y, para las tesis, creo que viene muy bien discutir los temas entre dos porque suele salir algo mucho más rico que si lo encaras solo”.

Sobre todo, cuando el tema es especialmente difícil de tratar o uno no se siente familiarizado. O, simplemente, no apetece. “Hay asuntos que dan más pereza, que son más complicados en el tratamiento o con los que es más difícil acertar y quizás los tienes que reescribir muchas veces. Por ejemplo, Cataluña es un tema complicado para hacer desde Madrid y, encima, con una ideología de izquierdas. Es una pelea constante y siempre ofendes a todo el mundo”. A esto se suma el elemento clave de todo programa diario: la prisa. “Cuando metieron a Rato en la cárcel, le detuvieron a las seis de la tarde y nosotros teníamos un programa hecho completamente distinto. Y claro, no puedes salir esa noche sin llevar lo de Rato. Tuvimos que montar un especial, una reunión de urgencia, repartirlo todo y hacer un programa entero en dos horas, en vez de en nueve. Es divertido, es un chute de adrenalina y es estimulante, pero a la vez hay que hacerlo bien. Y hemos tenido varios momentos así. Cuando Esperanza Aguirre se dio a la fuga, cuando ETA dejó las armas… Hay situaciones en las que en muy poco tiempo hemos tenido que reaccionar y escribir un programa nuevo”.

Ahora bien. Si no hay sustos, el pulso de la redacción se mantiene estable. Y el ritmo también. “Por la mañana se orienta el tema, pero se escribe poco. Es después de comer cuando empieza el trabajo serio. Almorzamos temprano, así que a las 14:30 nos ponemos a trabajar para tener una primera versión lista a las 17:30. Suele ser una versión sin terminar, con pocos remates, pero vamos entregando lo que tenemos y Maikol lo corrige. Generalmente se caen partes, algún chiste, pero puede pasar que se caiga la pieza entera y tengamos que empezar de cero. Eso sí. Lo bueno es que el que acaba ayuda a los demás y, al final, todos los temas se acaban cerrando. Pero hay veces que son las 21:15 (el programa se emite a las 21:30) y todavía estamos bajando chistes a plató”.

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Foto: Natxo López.

Durante su charla en el IV Encuentro de Guionistas, Varela explicó que en “El Intermedio”, actualmente, trabajan 13 guionistas y 11 redactores. Eso nos lleva a una pregunta tan clásica como tramposa: ¿Es cierto que hay pocas mujeres guionistas en el humor? Irene lo tiene claro: “Hay pocas chicas en programas, pero también en ficción. Y siguen pasando cosas que llaman la atención. Por ejemplo, para venir aquí ha pesado mucho que sea mujer. Nos dijeron que les hacía mucha ilusión que viniera una chica aprovechando que sabían que en nuestro equipo había muchas mujeres, y esto es así porque es un tema que Maikol siempre ha sabido cuidar. Nosotras somos cuatro chicas en el equipo de guión, lo que es bastante para la proporción habitual”. Ahora bien. No está tan clara la idea de una visión femenina de la realidad: “Es complicado. Maikol siempre ha dicho que quería tener mujeres porque considera que pensamos de forma diferente. Yo creo que siempre enriquece la paridad, pero no tengo tan claro que seamos muy distintos. Por ejemplo, yo tengo un humor parecido al de mi compañero de trabajo, con el que llevo trabajando a diario cinco años. Y tampoco somos iguales unas de otras. Se podría pensar que por ser mujeres podíamos terminar haciendo un magazín en “El Intermedio”, pero nos tocan los mismos temas y hacemos planteamientos totalmente distintos entre nosotras”.

Y claro. Después de que el nombre de Maikol, alma máter de “El Intermedio”, saliera varias veces en la conversación, no quedaba más remedio que hablar sobre esa relación entre creador y guionistas. “Igual que “Buenafuente” es un programa de Andreu, “El Intermedio” es un programa de Maikol. Wyoming es el cómico que lo hace posible y, además, es un humorista excepcional, pero es el programa de Maikol. Todo pasa por él y es él el responsable de todo lo que es “El Intermedio”. Y además, conoce sus armas. Y sus armas a él: “Estamos muy acostumbrados. Sabemos que luego nos va a ajustar cada palabra, intuimos qué cosas le van a gustar más y cuáles no. Y nos conoce mucho. Somos como su equipo de fútbol y él tiene que hacer una alineación cada día para cada programa. Sabe cómo escribimos mejor que nadie, nos conoce perfectamente, nuestras virtudes y debilidades, y procura sacar el mayor provecho al equipo”.

Pero la entrevista iba sobre ser invisible, aunque siempre se me olvide. Y casi al terminar, entramos en materia. “ALMA está haciendo muy bien su trabajo de visibilizar la figura del guionista en general y la del guionista de programas. Es verdad que igual hemos empezado más tarde a reivindicarla y darle visibilidad, pero lo están haciendo genial”. También admite que el guionista de programas siempre ha estado, de alguna manera, maltratado. “Totalmente. Por un lado, cobramos menos de base. Y sobre los derechos de autor, hasta hace poco no cobrábamos nada, y ahora recibimos lo correspondiente a unos cinco minutos de programa, a pesar de que lo escribimos todo. Se asume que nos nutrimos de noticias y que esa parte no tiene derechos, pero el guión es fruto de un proceso creativo enorme. Sin embargo, solo consideran las partes que son más tipo sketch, y creo que es un poco injusto. Por lo demás, no me importa que El Gran Wyoming se lleve todo el mérito y sea la persona conocida. Yo me he pasado sin dormir una semana porque ayer tenía que hablar delante de cien personas, así que no tengo ningún interés en que nadie sepa quién soy. Ahora, creo que está bien que la gente sepa que detrás de Wyoming hay un equipo y agradecemos un montón que nos den un premio al mejor trabajo de guión. Se agradece que haya cierto reconocimiento a nuestro trabajo, pero tampoco necesitamos un masaje de ego, ni salir en pantalla, ni que nadie nos conozca”. Y hablando de reconocimientos, ¿se repetirá otro Iris al Mejor Guión? “Este año se lo llevará “El Ministerio del Tiempo. Se lo merecen. A mí me ha encantado”.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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