POR SU CONTENIDO BLASFEMO Y SUS OFENSAS A LA CORONA, ESTA OBRA HA SIDO CONDENADA A LA HOGUERA.

31 diciembre, 2018

La frase que da título a este post es el arranque de la novela gráfica Los enciclopedistas. Quema de libros, reyes burlados, fanatismo religioso, crímenes sangrientos… Los ingredientes de la última obra del guionista bilbaíno José A. Pérez (@mimesacojea), producen una apetecible mezcla de vigencia histórica y clasicismo temático.

Curtido ya en televisión, radio y novela (y con una serie en desarrollo para una gran productora), José A. Pérez incursiona en el cómic muy bien acompañado por el dibujante Alex Orbe, y bajo el prestigioso sello de Astiberri.

Bajo el disfraz de un thriller histórico (¡Un asesino en serie está matando a los enciclopedistas de París!), el autor de programas como Orbita Laika o Escépticos y podcasts como Guerra 3 y El gran apagón establece un incontestable paralelismo entre nuestro tiempo y la época pre revolucionaria francesa. La quema de libros nos hace recordar el secuestro de Fariña o El Jueves. La persecución de los enciclopedistas no es tan distinta del acoso judicial a cómicos y titiriteros. Todas estas acciones persiguen el mismo objetivo: acallar las voces críticas.

En la obra de José A. Pérez, y Los enciclopedistas no es una excepción, parece subyacer siempre una intención didáctica (que no doctrinaria). Cada uno de sus trabajos como guionista es la expresión de una inquietud política y social. Pero esa inquietud se expresa sin traicionar el compromiso con el entretenimiento, eje central del contrato que establece un guionista con su público. Los enciclopedistas puede disfrutarse como una reflexión sobre el siniestro parecido entre nuestra censura actual y la que sufrieron los Ilustrados, pero también como una mera thriller criminal en el turbulento París del XVIII. Podría objetarse a este respecto que alguno de los giros de la trama resultan quizá demasiado convenientes para el guionista, pero ello sólo será problema para adictos enfermizos al género (como quien esto escribe).

José A. Pérez presentó la obra el pasado 3-diciembre en la librería La buena vida de Madrid, y se refirió sin complejos a este doble nivel de lectura: “La agitación cultural de la época pre revolucionaria me permitía hacer una traslación de lo que está pasando ahora: la persecución de la razón. El thriller… es un pretexto puro y duro.”

Sobre la intensa documentación que requirió Los enciclopedistas, José A. Pérez detalló algunas curiosidades, como por ejemplo su certeza de que, además de Diderot, D’Alembert, Hume y otros muchos nombres célebres, la Enciclopedia tuvo “cientos de otros autores borrados de la edición”, entre los cuales se contaban muchas mujeres. “Sólo han quedado referenciadas unas pocas mujeres en la Enciclopedia, pero eso no se lo cree nadie. Está claro que fueron muchas más, el problema es que no queda constancia de ello”.

Ante la imposibilidad de dar voz a esas autoras silenciadas, José A. Pérez introdujo el personaje de Marie, “el único personaje completamente de ficción de toda la historia”, una dibujante de clase humilde que colabora dejando constancia gráfica de los diversos oficios de París, y que asiste a las sesiones de los enciclopedistas, retratando a los diversos autores, lo que por cierto influirá decisivamente en la trama. “Sin Marie, esto no sería más que un tebeo de señoros con peluca diciendo cosas en sitios y matándose entre ellos.”

También detalló algunas licencias, como mostrar el encarcelamiento de Diderot (que ocurrió realmente y se llevó a cabo en el mismo lugar que presenta la novela), pero  “deformado para favorecer la narrativa”, en el sentido de que no se respeta la fecha real ni el motivo exacto del encarcelamiento.

Del mismo modo, se permitieron presentar las catacumbas de París con el aspecto que tienen en la actualidad, y que es algo posterior a la fecha en la que se desarrolla la acción. Guionista y dibujante consideraron que el atractivo visual de todas aquellas calaveras alineadas justificaba el anacronismo.

Durante la presentación en Madrid, José A. Pérez explicó también parte del proceso de colaboración entre guionista y dibujante:

JOSE A. PEREZ.- Yo era un poco abusón. Iba viñeta a viñeta, describiendo exactamente qué se veía en cada una… y luego Alex hacía lo que le daba la gana.

ALEX ORBE.- Obviamente. (Risas) No, en realidad soy bastante respetuoso. Si lo que ha escrito el guionista funciona, ¿para qué cambiar nada? Ahora, si yo veo que puedo aportar algo, pues se lo propongo.

JOSE A. PEREZ.- Exacto. Me manda la página ya totalmente terminada y me pregunta ¿qué te parece? (Risas) Yo tampoco hago exactamente lo que hace Alan Moore, en plan “la viñeta tiene que tener una composición triangular”, etc. Pero sí que hago una sinopsis de cada página, y digo “siete viñetas”, y luego hago una descripción histórica de lo que pasa en cada viñeta. A veces, esa descripción puede llegar a medio folio, que es una locura y a lo mejor otro dibujante me lo habría tirado a la cara. Por ejemplo, recuerdo una viñeta que tenía una descripción infinita, que era la viñeta en la que aparece por primera vez la imprenta, y era porque todos los elementos que aparecen en esa viñeta van a jugar un papel más tarde en la historia.

Siempre fiel a esa intención didáctica mencionada anteriormente, José A. Pérez aprovechó la presentación de Los enciclopedistas para introducir algunas anécdotas sobre la monumental obra de Diderot y D’Alembert. Entre ellas, que L’Encyclopédie original está digitalizada entera, y es de libre acceso en Internet; que una de las grandes revoluciones que supuso la Enciclopedia fue la instauración del orden alfabético (“aparecía antes un alfarero que Dios o el Rey”); o el atrevimiento que tuvieron los autores al referenciar, en el artículo sobre Dios, otras entradas como “ateísmo” o “superstición”.

Asimismo, se refirió varias veces a la obra del historiador alemán Philipp Blom, estudioso de la época, mencionando concretamente sus obras Encyclopédie, El triunfo de la razón en tiempos irracionales y Gente peligrosa. El radicalismo olvidado de la Ilustración europea como fuentes de inspiración y documentación.

En resumen, Los enciclopedistas es una novela gráfica de calidad, de narrativa ágil, amena de leer (y releer) y cuidadosamente documentada.

Sergio Barrejón.


DISCUTIENDO EN TWITTER CON MIMESACOJEA

3 marzo, 2011

por Sergio Barrejón.

He resumido bastante, faltan algunos tweets. Y conviene aclarar que José A. Pérez nunca ha dicho que haya que acabar con las subvenciones. Las comillas están mal usadas por mi parte. No son una cita, sino una interpretación subjetiva de su postura.

Ayer por la tarde, después de la discusión en Twitter, José A. Pérez publicó unas conclusiones en su blog dándome parte de razón, aunque sin nombrarme, quizá para evitarme bofetadas personalizadas (gracias).

Pero, aun a riesgo de recibir, me gustaría reflexionar sobre esta discusión y por qué la empecé. La verdad es que me solivianta esa retórica de barra de bar y palillo en la boca. Normalmente evito entrar al trapo. Pero cuando la descubro en gente inteligente y culta como José A. Pérez, guionista para más señas, me cuesta contenerme.

Por eso discutí con él, y por eso me pasé con los calificativos. Desde aquí le pido disculpas, y le agradezco el buen tono de su discurso. Y voy a intentar llegar yo también a algunas conclusiones, o al menos a aclarar mi postura, que a veces es complicado en 140 caracteres.

¿Acaso aplaudo que le den dinero público español a Berlusconi? Nada que ver. Pero tengo bastante claro que mi opinión al respecto no vale gran cosa. Si Telecinco Cinema se ha presentado a un concurso público cumpliendo todos los requisitos, y ha ganado, no hay motivo para montar un escándalo. Puede no gustarme el sistema ni sus requisitos (a mí, de hecho, no me gusta cómo están montadas las subvenciones), pero no me parece legítimo atacar al sistema y pintar como sospechosos a sus beneficiarios, destacando únicamente aquellos resultados que pueden apoyar esa tesis.

Es como si yo me quejase de que Freixenet, pongamos por caso, reciba incentivos a la exportación de cava. Puedo acodarme en la barra, morder el palillo y despotricar todo lo que quiera sobre lo sospechoso que me parece. Pero no hay noticia. Sólo opinión. Y las opiniones, que decía Harry Callahan, son como los culos: todo el mundo tiene uno.

De hecho, creo -y ésta es otra peligrosa interpretación personal- que a José A. Pérez, como a media España, le han enseñado a creer que las subvenciones son el caldo de cultivo de una casta adinerada, corrupta y sin talento. Le han enseñado a creer que es injusto que el cine reciba ayudas. Le han enseñado a creer que es injusto que los autores reciban dinero por la explotación de sus obras. Y le han enseñado a creer que la gestión del dinero público en el cine es menos transparente que en otros sectores. Insisto: a él, y a media España. Ha sido un trabajo de desinformación muy tenaz y muy logrado que viene durando ya años.

Me parece que José A. Pérez ha acabado creyendo eso, y que por eso fuerza su prosa, desde la selección de ejemplos fuera de contexto hasta la elección de sus figuras retóricas, para apoyar esa idea preconcebida. Un autor que, en general, es agudo, analítico y asertivo, cada vez que se mete en temas de derechos de autor, subvenciones y cine español acaba cayendo en el cliché, la maledicencia y el rumor de portería. Veamos, por ejemplo, esta línea de sus conclusiones, en un post que en general parecía conciliador:

La práctica totalidad de quienes viven de las subvenciones jamás criticarán el sistema.

BUM.

Ahí van juntas: la retórica periodística barata (práctica totalidad), la presunción de culpabilidad (toda esa gente que vive de las subvenciones), la predicción de futuro y una enorme contradicción.

Porque, no lo olvidemos, esto lo escribe un autor que tiene una serie en ETB, una televisión pública subvencionada. Un autor que escribe escribía un blog en PÚBLICO, diario propiedad del también productor de cine Jaume Roures. Subvencionado el productor, y subvencionado el periódico, por cierto no sin escándalo (que Dios me perdone por este enlace al infierno).

Vamos a jugar a la demagogia tuitera:

Se queja de las subvenciones para quedar bien en Internet, pero éste sin el dinero público se moría de hambre.

Mucho chistecito sobre el nacionalismo vasco en su blog, pero bien que chupa de la teta de ETB.

No le gusta que le den dinero a Berlusconi, pero no dice nada del que le dan a Roures. Y están en el mismo BOE.

Sí, en el mismo BOE que enlaza José A. Pérez para mencionar la subvención de Telecinco, se informa de una subvención de 20.000€ a Mediapro para llevar la película de Woody Allen a Cannes.

Oops...

¿Deberíamos ahora interpretar sus quejas por la subvención a Telecinco como mensajes pagados por Mediapro para desprestigiar a sus rivales? Evidentemente, no. Pero tampoco sería tan difícil retorcer el argumento para dibujarlo así.

Sigo el blog de José A. Pérez desde hace tiempo. Es de los que me han hecho reír a carcajadas, cosa difícil en un blog. Siento admiración por su talento. Pero da miedito ver a qué lo dedica a veces. Él dice que no está en contra del cine español. Y yo le creo. Pero no mucha más gente le creerá si no trata de mostrar más respeto, y más originalidad, en sus críticas al cine español (que se le pueden hacer, y muchas).

Aireando supuestos escándalos sin atreverse a concretar culpables, contribuye a hacer que todos los trabajadores del cine español parezcan sospechosos. Y así, quizá sin darse cuenta, hace peligrosos compañeros de camino: los que contribuyen a retratar el cine español como un vehículo de servilismo político a determinado partido, y las subvenciones como la sucia retribución por ese trabajo.

No niego que algo de eso haya. No lo niego, porque no lo conozco. Pero por lo poquito de cine que he hecho, y por la gente que conozco en el gremio, sé que es muy injusto etiquetar así toda la profesión. Una estafa la perpetra un estafador. No las perpetra el cine español. Los estafadores tienen nombres y apellidos. Díganse alto y claro, si se saben. Pero las quejas abstractas, tipo qué-mal-que-está-tó no sé si son propias del blog de un tipo inteligente y escéptico, seguido por muchos miles de personas. Son más propias de un bar de esos alfombrados con servilletas y cabezas de gamba.

Por cierto, el año pasado Freixenet recibió 4,7 millones de euros de la Unión Europea en incentivos a la exportación. Recuérdenlo cuando vean su próximo anuncio de Navidad.


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