Y DE REPENTE, TU TRADUCCIÓN

18 noviembre, 2015

Por Juan Torres. 

Juan Torres ha sido guionista en series y programas como “Anclados”, “Aída” o “Sé lo que hicisteis”.

(Título original: “THE MORNING IN THE WOODS FROM BEHIND”)

Somos muy afortunados. Cada fin de semana somos espectadores privilegiados de varias obras maestras. Estoy hablando, lógicamente, de las traducciones de los títulos de las películas extranjeras.

Estamos, sin duda, ante la edad de oro de la traducción española. Si nos fijamos, de cada diez estrenos semanales que llegan a nuestras carteleras, aproximadamente unos cuatro son españoles y otros tres son películas extranjeras cuyo título se deja en el idioma original o se intercambia banalmente por otro traducido literalmente. Sin embargo, los otros tres son joyas de valor inconmensurable. Mejores que las de “Galería del Coleccionista”.

¿Y quiénes son los responsables de tales maravillas de las letras? Hablamos de la élite de la escritura: Los TITULADORES, unos artistas con un talento innato que estudian “Titulación Creativa” en prestigiosas universidades privadas como las de Wisconsin o Albacete. Estudiantes que siguen una estricta formación en la que una traducción poco arriesgada puede dar con sus huesos en el asfalto. Son la envidia de cualquier profesional de la literatura. Los guionistas, desde nuestra menesterosa mesa de Ikea con quemaduras de cigarro pintadas con tipp-ex, soñamos con poder vivir sus vidas. Deseamos con todas nuestras fuerzas que algún día nuestras series tengan la repercusión que tuvo, por ejemplo, su traducción de “Beverly Hills Ninja” como “La salchicha peleona”. Porque sus títulos son universales, se disfrutan obligatoriamente incluso en las carteleras de los cines en versión original. Nada escapa a su genialidad.

Sin embargo, hace poco he descubierto una traducción totalmente decepcionante. Me había puesto mi mejor albornoz y me había acomodado en el sofá, dispuesto a disfrutar de la ingeniosa traducción de la película escrita por Amy Schumer, “Trainwreck”. Y sin embargo, ¡pam!, leí el título español: “Y de repente, tú”. Me sentó como si un productor me hubiera lanzado un jarro de agua fría en los testículos después de tirarme la tercera versión de una escaleta no remunerada.

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¿Cómo habían podido traducir así la película? Un traductor literal la podría haber titulado: “Tren descarrilado”, o “Descarrilamiento”. Uno un poco más habilidoso, como “Descarrilamiento emocional”, o “Chica descarrilada”. Un titulador legendario la hubiera traducido como: “Esta chica es una ruina”, o “Descarrilla como puedas”. Pero no, el titulador optó por “Y de repente, tú”. ¿En serio? Analizad el título un segundo. Efectivamente, podría valer para decenas de películas. “Pretty woman”, por ejemplo, podría llamarse “Y de repente, tú”.

O “Cuando Harry encontró a Sally”.

O “El apartamento”.

O “Toy story”.

Cualquier comedia en la que alguien conoce a alguien nuevo que le cambia la vida podría titularse así. Pero si abrimos un poco las miras, muchos más films podrían hacerlo. Podrían tener ese título películas de catástrofes como “Titanic”, en la que el personaje de Di Caprio sería ese “tú”. O incluso si lo vemos desde el punto de vista del barco, el iceberg podría ser el “tú”. Pero también podría ser un título válido para muchos thrillers, como “La mano que mece la cuna”, o todos sus sucedáneos de las sobremesas de Antena 3. Pero joder, es que valdría hasta para el noventa por cien de las películas de terror. “Alien” podría llamarse “Y de repente, tú” perfectamente.

O “Tiburón”.

O “La cosa”.

O “Pesadilla en Elm Street”.

Recapitulando, “Y de repente, tú” sería un título totalmente adecuado para comedias, thrillers, o películas de terror. Pero, ¿y los dramas? ¿No podría encajar también para “Cadena perpetua”? ¿O “La lista de Schindler?” Incluso en la ciencia ficción, “Star wars” podría titularse así. “Y de repente, tú, Luke Skywalker”, o “Y de repente, tu padre” serían títulos válidos. ¿Y qué me decís de los westerns? Lo difícil sería encontrar alguno de Clint Eastwood en el que “Y de repente, tú” no sirviera como título.

Dicho esto, sólo espero que la Asociación Real de Tituladores Españoles (ARTE) se haya percatado de esta genérica traducción y le retire el título de Titulador. Porque si empezamos así, con “Y de repente, tú”, “Al bueno le salen bien las cosas”, “La vida a veces es regulera” y “Vaya sorpresa al final” acabarán titulando el noventa y cinco por ciento de los estrenos.

Lo único que necesitamos es que los Tituladores vuelvan a sus orígenes, a filigranas intimistas y de culto como traducir “The ring” por “La señal”. O la reciente “The Martian” por “Marte”, porque “El Marciano” iba a sonar a sitcom de FDF. A homenajear tan acertadamente a Almodóvar en una comedia de Jonah Hill titulándola “Todo sobre mi desmadre”. A traducir “Ice Princess” como “Soñando, soñando, triunfé patinando”, que sonaba mucho más armónico. A añadir un subtítulo a “Cinderella Man” como “El hombre que no se dejó tumbar”, para “spoilear” intencionadamente el combate de boxeo final. A cambiar “The village” por “El bosque” porque “El pueblo” iba a sonar cateto. O a traducir “Bad boys” por “Dos policías rebeldes” y que al estrenarse “Bad boys 2” tuvieran que aguantarse y traducirla como “Dos policías rebeldes 2”, que parecía que estaban insistiendo en el número de policías. Dos, oiga señora, traigo dos.

En definitiva, que traduzcan los títulos con alma, por favor, que son artistas. ¡Traducid, traducid, malditos! Y si pueden, que hagan masters en el extranjero y aprendan de grandes maestros, como los que titularon “Leaving las Vegas” como “Soy un borracho y tú una prostituta” (Hong Kong); “101 dálmatas” como “La noche de las narices frías” (México); o “Up” como “La casa volante que va dando vueltas” (China).

Eso sí, pase lo que pase, siempre nos quedará el orgullo de saber que en España se engendró probablemente la mejor traducción de título del mundo: “La semilla del Diablo”. Que, dicho sea de paso, también podría titularse “Y de repente, tú”.

(O “Y de repente, tú, hijo del Diablo, en mi útero de mujer blanca sobria” en Hong Kong.)


GUIONISTAS QUE SON NOTICIA, PELÍCULAS QUE HAY QUE VER Y OTROS ENLACES PARA EL FIN DE SEMANA

19 junio, 2015

Por Alberto Pérez Castaños. 

1. El primer enlace de esta semana es una recomendación. ‘Todos tus secretos’, el primer largometraje del Manuel Bartual, ya está disponible en todas las plataformas online. Es una de las películas más interesantes de los últimos años –tanto que hemos entrevistado a su responsable hasta en dos ocasiones en este blog– y merece la pena verla. En este artículo de Cinemanía podéis encontrar, además de dónde disfrutarla, un fragmento de cómo se hizo la película.

2. Guillermo Zapata no es el único guionista que ha sido noticia esta semana. El bloguionista Carlos López también lo ha sido, y sin tener que dimitir de ningún cargo público. Todo lo contrario. Gracias a Fórmula TV hemos podido saber que Carlos es el nuevo fichaje de Bambú para su serie ‘La Embajada’.

3. Sin embargo, uno al que se le echa de menos por no tener muchas noticias suyas últimamente es a Enrique Urbizu. Mientras esperamos que su próximo proyecto no se retrase mucho más podemos revisionar sus películas o ver cómo explica las claves del género policiaco.

4. Y de un maestro a otro. Martin Scorsese tiene una lista de 85 películas que hay que ver.

5. Así que, hablando de Scorsese, el guión de esta semana va a ser una película suya. ¿Qué tal ‘El lobo de Wall Street’, escrita por Terence Winter?

6. Por cierto, el Máster de Guión de la Universidad Pontificia de Salamanca, en el que algunos bloguionistas imparten sabiduría y mano dura, ha vuelto a ser considerado como el mejor máster dentro de la categoría de Comunicación Audivisual en el ránking anual de El Mundo.

7. Cuando era un adolescente obsesionado con la comedia, Judd Apatow se dedicaba a entrevistar a sus cómicos favoritos en un programa de radio para aprender de ellos. Y ahora que es un director, guionista y productor de éxito todavía obsesionado con la comedia ha decidido recopilar esas entrevistas en su libro ‘Sick in the Head’. En este enlace podéis leer una entrevista en la que habla sobre esas conversaciones y la importancia que tuvieron para él.

¡Buen fin de semana!


POCZILLA Vs. APATOW

7 febrero, 2012

Por David Muñoz

Salgo de mi casa con mi hija de año y medio (que va en su carrito, claro). Llegamos a la parada del metro, llamo al ascensor y… resulta que alguien ha vomitado dentro. El olor es insoportable. Decido bajar andando los tres tramos de escaleras que llevan hasta los torniquetes. A medio camino, siento un fuerte tirón en el hombro. De momento no me duele mucho, así que sigo andando.

Dos días después, estoy que no me puedo ni mover.

Cada palabra que tecleo en este documento va a acompañada de un gemido de dolor. Eso me pasa por dármelas de machote a mi edad. Y hoy tengo que escribir la entrada de esta semana de Bloguionistas. Además, la que tengo pensada es bastante larga. Me llevaría varias horas escribirla. Imposible. No puede ser. Abro el archivo de Word que guardo en mi escritorio con el nombre “Bloguionistas”, en el que voy apuntado todas las ideas que se me van ocurriendo para posibles entradas. Afortunadamente, hay una cortita que puede ser interesante.

Pero antes de poder leerla, tenéis que ver este episodio de Pocoyo:

Por si os ha dado pereza y no lo habéis visto, os lo cuento:

Pocoyo y su amigo Pato están leyendo tebeos de “monstruos gigantes y terroríficos”.

Animados por el narrador, Pocoyo y Pato hacen “ruidos aterradores de monstruos”.

Entonces, ven un coche de juguete que avanza por una carretera que se pierde en el horizonte.

Pocoyo decide seguirlo, dejando a Pato atrás, que prefiere quedarse para seguir jugando a los monstruos.

El coche lleva a Pocoyo hasta una pequeña ciudad de juguete. A su lado, Pocoyo parece un gigante.

Pocoyo regresa a por Pato y le lleva a ver la ciudad.

Una vez allí, los dos amigos deciden jugar “a los monstruos” y destrozar la ciudad. Igual que los monstruos de sus tebeos.

Y se lo pasan de miedo peleando y derribando edificios.

Pero no se han dado cuenta de algo importante: en la ciudad viven unas criaturas diminutas, unas bolitas de colores, que huyen aterradas de los “monstruos”.

El narrador trata de hacer que Pocoyo y Pato se den cuenta de lo que está pasando, pero ellos dos se lo están pasando demasiado bien como para escucharle.

Por fin, Pocoyo y Pato dejan de jugar, y, aleccionados por el narrador, deciden “redimirse” reconstruyendo la ciudad de las bolitas. Y todos quedan tan amigos. Aquí no ha pasado nada.

Y el otro día, tras ponerles este episodio de Pocoyo a mis alumnos del taller de escritura de cortos del NIC (como parte de una explicación de la que hablaré en otro momento), me di cuenta de que su estructura es la misma de la mayor parte de las comedias que se están estrenando últimamente (las comedias digamos “post Apatow”).

En muchas de ellas, los personajes, que en el fondo son unos buenazos, se ven metidos en una situación delirante que les lleva a hacer todo tipo de salvajadas. A comportarse como cafres. Pero siempre, al final, las aguas vuelven a su cauce, y, tras el inevitable tercer acto sin comedia y el momento “vamos a explicar la lección de la película” -que casi siempre implica dar por buenos modelos de comportamiento de una moral extremadamente simplona y conservadora (la redención casi siempre implica pasar por el altar)-, los personajes vuelven al punto de partida y, como les pasa a Pocoyo y Pato… aquí no ha pasado nada. Son comedias escatológicas, zafias, que hay quien califica de gamberras. Pero su gamberrismo es un gamberrismo infantil, una pataleta sin consecuencias. Televisión disfrazada de cine.

Pensad en “Resacón en las Vegas”, pensad en “La boda de mi mejor amiga” (para mí, soporífera, pero según otro bloguionista, la mejor película del año pasado) pensad en “Poczilla”, y decidme después si estoy equivocado.

Se me ocurren pocos Ej. de comedias de éxito reciente que no sigan ese patrón. Entre las que yo he visto, solamente “Supersalidos” y “Mal ejemplo”.  Y por los pelos (aunque las dos me parecen estupendas).

Como ya habréis adivinado, me gustan muy poco las comedias moralistas de Apatow y compañía. Primero, porque me aburren. Con lo que duran tienen muy pocos momentos de verdadera comedia. Para ver dos escenas divertidas, como la de la diarrea o el momento en el que las protagonistas provocan al policía cometiendo todo tipo de infracciones de “La boda de mi mejor amiga”, tuve que pasarme 130 minutos sentado delante del televisor (encima cometí el error de ver la versión extendida). Si lo que quiero es reírme, me sale más a cuenta ver “The Big Bang Theory” o “Modern Family”. Duran solo 20 minutos y te ríes muchas más veces. Y si lo que quiero es que me cuenten una buena historia, no me gusta que me traten como a un niño de dos años al que después de dejarle disfrutar con el juego de los monstruos de Pocoyo y Pato, hay que recordarle que eso está muy mal, a ver si se va a confundir y luego va a salir a la calle a darle patadas a las papeleras.

Puede que de todas las historias quepa extraer una enseñanza, pero no me siento cómodo cuando esa lectura se verbaliza de forma tan obvia y en un tono tan condescendiente. Me hace sentir como un escolar. Y yo fui un niño que odió el colegio.

Claro que luego mira Woody Allen y su “Midnight in Paris”, con la que andan loquitos los críticos estadounidenses (incluso gente tan cabal como Rogert Ebert), y esa escena en la que Owen Wilson explica la moraleja de la película, así, en voz alta y bien clarito, por si acaso alguien no se ha enterado aún. “Repetid conmigo: todo el mundo cree que el pasado siempre fue mejor, todo el mundo cree que el pasado siempre fue mejor, todo…”.

El cine como un manual de autoayuda, o como un libro de filosofía subrayado (se han editado, lo juro),

Y esta es la moraleja de esta entrada: en vuestro próximo guión, escribid una escena así al final del tercer acto. Explicad la película. Que ningún espectador salga del cine sin pensar que además de divertirse ha aprendido algo. ¿Para qué tratar a tu público como adultos cuando prefieren ser educados como niños? Pensad en las críticas, en los premios. Y a la mierda con la sutileza. La ambigüedad es para cobardes.

A lo tonto, me he escrito un par de folios y el hombro me duele bastante menos.

No, si al final escribir va a ser bueno para las contracturas y todo.

Si esto fuera una “buena” película y yo el protagonista, le diría al coprotagonista (o mejor, a la chica, como Owen): “El esfuerzo siempre recompensa. Me daba miedo ponerme a escribir por culpa del dolor de mi hombro y ahora ni siquiera me duele. Repite conmigo: el esfuerzo recompensa, el esfuerzo…”.


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