ENTREVISTA A RAFAEL COBOS

29 diciembre, 2014

Por Alberto Pérez Castaños. 

Fotos de Héctor Beltrán.

El pasado 9 de diciembre, el guionista Rafael Cobos visitó la Sala Borau de la Cineteca del Matadero de Madrid para dar su conferencia “Cómo escribo mis películas”, perteneciente al ciclo de charlas de Los Martes de DAMA. El co autor guiones como ‘La isla mínima’ o ‘Grupo 7’ entre otros, habló de sus inicios profesionales y de su relación con Alberto Rodríguez, su principal colaborador a las teclas, así como del origen y proceso de trabajo de las películas –incluidas las no filmadas– que ha escrito con el director andaluz.

En la actualidad, Rafael acaba de terminar el guión de ‘Toro’, que dirigirá Kike Maíllo y que ha escrito junto a Fernando Navarro. Además, ya está inmerso en la escritura del próximo proyecto del tándem Rodríguez-Cobos: una película sobre Francisco Paesa.

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El guionista Rafael Cobos.

Quiero empezar dándote la enhorabuena por el éxito de ‘La isla mínima’, que ha superado el millón de espectadores y los seis millones de euros de taquilla. En la conferencia de los Martes de DAMA dijiste que el éxito de ‘Grupo 7’ te sorprendió, ¿te ha sorprendido éste también?

Uno siempre espera que lo que hace lo vean el máximo número de personas, así que, puestos a soñar, esperábamos que llegase este momento. Pero, por ejemplo, una vez que con ‘Grupo 7’ esperábamos llegar al millón de espectadores y no ocurrió. De hecho, nos quedamos bastante lejos, casi a la mitad. No las teníamos todas con nosotros para llegar a este punto. Así que el éxito de ‘La isla mínima’ no lo esperábamos, pero lo deseábamos.

En la conferencia contaste algunas cosas que, a mí personalmente, me sorprendieron. Una de ellas fue que Alberto y tú empezasteis a desarrollar el guión de ‘La isla mínima’, vuestra cuarta película, antes que ‘After’, vuestra segunda obra…

‘La isla mínima’ es el sitio con el que comenzamos y al que volvimos cuando nos quedamos sin nada que contar, o por lo menos cuando intentamos rescatar algo que nos preocupaba pero que no terminábamos de encontrar un telón de fondo o realidad que convirtiera una historia policiaca en algo interesante. Tuvo que pasar el tiempo, tuvo que pasar ‘Grupo 7’, ‘1982’ y ‘1977’, nuestros dos guiones no rodados, para que encontráramos casi de forma fortuita, casi mística, qué iba a haber detrás para que no fuese una historia más.

En concreto, comentaste que para ‘La isla mínima’ “reciclasteis” ciertos aspectos de ‘1977’, ¿cuáles en concreto? ¿Se podría llegar a rodar ‘1977’ pese a ‘La isla mínima?

Lo veo complicado, pero entre otras cosas porque ‘1977’ es una historia que transcurre durante unos acontecimientos reales que ocurrieron en la cárcel de La Modelo de Barcelona, que llevan diciendo que la van a desalojar desde hace 15 años. Por otro lado, montar un decorado basado en esa cárcel es imposible, es carísimo. Mucho tendrían que cambiar las cosas. Además, en esta historia, la cárcel es un personaje más, con la misma importancia de un protagónico pero siendo una cárcel de galerías de 50 metros de altura y 200 de longitud; un personaje fundamental que si no existe o no hay posibilidad de conseguirlo, no tiene sentido hacer la historia.

Respecto a lo de reciclar aspectos de esta historia para ‘La isla mínima’ debo decir que lo que hicimos fue usarlos pero muy entre comillas. Lo que hicimos fue retomar el trasunto político. ‘1977’, como el propio nombre indica, transcurre a partir de 1977, que fue la época de la Ley de Amnistía por la que muchos presos políticos que estaban en la cárcel según algunas leyes ya trasnochadas salieron a la calle mientras otros presos sociales se quedaban cumpliendo condena. Y es verdad que en ‘La isla mínima’ hablamos de la Transición porque transcurre en esos años, pero la relación entre ambas historias no va mucho más allá de la connotación temática.

¿Y la relación que contaste que hay entre ‘1982’, vuestro otro guión no rodado, y ‘Grupo 7’ es similar a ésa?

Sí. Nosotros solemos partir de una preocupación temática, es decir, que el tema de la película es el origen de todo y lo que va formando poco a poco la historia es la preocupación por lo que queremos hablar, y nos pasó lo mismo con ‘1977’ y ‘La isla mínima’ que con ‘1982’ y ‘Grupo 7’. En este sentido, el guión de ‘1982’ hablaba de la llegada del socialismo al poder, del “vamos a respirar todos las libertades” y estaba muy vinculado con determinadas formaciones policiales muy concretas que se empiezan a especializar en parcelas de la vida de aquella época. Esta película en su momento fue inviable por presupuesto, pero sirvió de pinza temática para hacer ‘Grupo 7’, con la que comparte trasunto temático y político.

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Rafael Cobos durante la conferencia de los Martes de DAMA.

Además de ser importantes para vuestro avance profesional, también dijiste que esos dos guiones no filmados eran tus favoritos…

Eso es postureo, siempre dices eso de algo que no se ha hecho. (El guionista Fernando Navarro, presente durante la entrevista, interviene para darle la razón a Rafael: “Eso es un clásico. Los guiones favoritos son los que nunca se han rodado”). Y también lo dices porque, por otra parte, nadie te puede decir lo contrario, que ese guión es una mierda.

Afirmaste haber aprendido a renunciar de los diálogos con el paso del tiempo, algo que se nota en ‘La isla mínima’. ¿Es algo que ha venido con tu maduración como guionista o va más relacionado con la historia que estás contando?

Los diálogos son un elemento al que recurres porque tiene una función dramática. Si no la tuviera, y esto es una opinión subjetiva, prefiero prescindir del ornamento. Es verdad que el diálogo se puede usar para muchas cosas que no sean dramáticas porque, al fin y al cabo, pueden dar color, matices, porque sirven para contextualizar… Pero en mi caso personal, que no creo que sea de maduración, con el tiempo he descubierto que me molesta, que si el diálogo no cumple con esa función dramática que te comentaba, no tiene sentido, y por eso hay una tendencia a hacerlo prescindible cuando no está al servicio de la historia. Como decías, va relacionado con la historia que estés contando, porque si estás hablando de dos chicos encerrados en un piso vas a necesitar fundamentalmente el diálogo para que exista la acción, pero si puedo evitarlo, lo voy a evitar.

Viendo ‘La isla mínima’ me resultaron muy atractivos esos planos cenitales que ponían cierre a una determinada serie de escenas. Me dio la sensación de que eran como telones que hacían que la película tuviese cierta estructura teatral, lo me pareció interesante teniendo en cuenta que tú vienes del teatro. ¿Trabajasteis esto desde el guión o es un detalle que viene de post-producción?

Es una decisión posterior, no está en el guión, pero sí está claro que es la conclusión dramática de un bloque. De hecho, están concebidos como tal. Fueron una decisión de Alberto con Álex Catalán, estos planos tienen la función de darle al espectador la posibilidad de recopilar o recapacitar. Sin embargo, sí tienen algo relacionado con el personaje de Javier Gutiérrez, su relación con los pájaros, que de alguna forma son el recuerdo de los muertos en el ejercicio de sus funciones. Los planos son como una mirada omnisciente de todos estos muertos que lo están esperando. Yo diría que tienen más que ver con esta licencia poética.

Cuéntame cómo fue tu pasado teatral. ¿Tienes pensado retomarlo?

Yo empecé escribiendo teatro porque no podía escribir cine, lo veía como algo inalcanzable, muy lejano, y porque tenía una compañía de teatro y había que pagar derechos de autor cada vez que montábamos una obra. Y yo, que había querido ser poeta y que quería haber sido novelista, que había pasado por todos estos estadios de la literatura, desemboqué en el teatro. Fui casi por obligación y no me fue mal, la verdad. Empecé escribiendo textos para esta compañía que teníamos. Hice un montón, fue muy satisfactorio porque de repente me llegaban correos de compañías que querían representar los textos. Pero se acabó ahí, en dos o tres concursos a los que me presenté por el año 93-94 y que me dieron un dinero, luego llegué al audiovisual casi de forma inconsciente. Ahora, el teatro es algo a lo que vuelvo pero para meterlo en un cajón, porque me parece algo complicadísimo.

En vuestras películas la estética tiene mucha importancia, siendo ‘La isla mínima’ un ejemplo bastante claro. ¿Es algo que viene porque Alberto no se quita la “chaqueta” de director durante la escritura o lo trabajáis los dos desde el germen de la historia?

Las últimas reescrituras del texto siempre están muy vivas, muy condicionadas a una determinada localización, es algo lógico. Siempre hay un futurible imposible, algo que no sabes a dónde va si no controlas de memoria el espacio en el que está ocurriendo todo. Pero sí que creo que en nuestros guiones hay mucho contenido de lo que luego se hace cuando, como dices, más tarde Alberto se pone la chaqueta de director y trabaja con el director de fotografía para plasmar el resultado final. Los guionistas siempre tenemos que hacer defensa de nuestra implicación en el resultado final de la historia.

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Un instante de la entrevista con Bloguionistas.

Una de los puntos más interesantes de tu conferencia fue cuando contaste las referencias literarias de tus guiones. Hablaste de una influencia clara de ‘Peter Pan’ en ‘7 Vírgenes’ o del tono decadente de ‘Ampliación del campo de batalla’ de Houellebecq para ‘After’. ¿Cuándo entran en juego esas inspiraciones en el guión?

Hay influencia previa a la escritura, durante y después. Durante la escritura somos una especie de termomix, donde todo cabe y cualquier estímulo por mínimamente sugerente que sea va a terminar finalmente en el guión. Es algo que suele ocurrir cuando estás metido en la historia. Previo a la escritura del guión pasa lo mismo, estás como cociendo, es el momento en el que estás recibiendo y hay, probablemente, una última razón emocional que te está llevando a alimentarte de un material casi de forma inconsciente. Aunque tú no lo sabes, ahí hay algo que está trabajando y que luego estará relacionado con esas referencias en la fase de pico y pala, en la que entran de manera real cuando decides con qué quedarte; empiezas a darles un nombre, a hacer que esas referencias tengan sentido, que una te lleve a otra… Y que aquello que pareció siendo un estímulo místico e irracional se va traduciendo en material de trabajo.

¿Cuáles dirías que son tus referencias literarias principales?

Es difícil responder a eso. A mí hace mucho tiempo me sorprendió literariamente Roberto Bolaño, por el año 98, cuando ganó el Premio Rómulo Gallegos. Fue una influencia clara durante mucho tiempo, por dónde intuí que podía ir lo que estaba haciendo. Yo creo que es una influencia, por evidente que sea, que lo resume todo bastante bien. Últimamente me ha pasado algo parecido con un escritor norteamericano, James Salter. Te lo recomiendo. Me leí una novela suya llamada ‘Años luz’ que me llevó a leerme todo lo que tenía porque me pareció un escritor brillante.

La literatura ha sido clave en los guiones que has escrito con Alberto, pero también comentaste la importancia de la documentación en vuestras historias, que te ha llevado a leer sumarios extensísimos. ¿Es un proceso que disfrutáis o resulta farragoso?

El proceso de documentación más brutal que hemos vivido fue con ‘1977’, que nos comió por completo, fue exagerado. Pero sí que lo disfruto, me parece golosísimo, porque sacas petróleo, auténticas perlas. Es un proceso en el que vas viendo que la realidad es algo infinito. Hay una secuencia en ‘Grupo 7’ que protagoniza el personaje de Mario Casas en la que se pone a gritar en medio de un patio: “¡Somos el Grupo 7!”. Pues antes hay otra que se quitó del guión en la que sucede algo que está sacado de un caso real, en el que este personaje esposaba al malo al coche y empezaba a darle vueltas. Esto ocurrió en un barrio de Sevilla y lo leí en un sumario. Es brutal. Tú vas a ver esto al cine y dices: “te has pasado tres pueblos, tío”, pero es el ejemplo claro de cómo la realidad da cosas que son de género.

¿Va vuestro proceso de documentación paralelo a la escritura? ¿Alguna vez os habéis encontrado con que queríais llevar la historia por otro lado pero la documentación os lo impedía de alguna forma?

Claro, eso ocurre. El problema de empezar con la documentación a secas es que siempre tienes ese lastre, ese Pepito Grillo diciendo “cuidado, la realidad no es así”. Lo mejor de hacerlo paralelamente es que sabes encontrar el momento perfecto para mandar a la mierda la documentación, porque has sabido encontrar una solución, o por lo menos porque sabes cómo conseguir camuflarla con cuatro detallitos.

Dijiste que para vosotros lo más importante es saber de qué estáis hablando en vuestra historia, conocer el tema de la película. Que preferís tener eso claro a una estructura sólida, incluso que se puede llegar a perdonar no tener una estructura fuerte si el tema de ésta queda claro…

Alberto y yo trabajamos con el tema siempre. Y soy muy fatigas siempre con esto, en las clases que doy siempre incido en que el tema es algo tan genérico que te mata y que hay destilarlo hasta que tengas muy claro lo que vas a contar, es decir, sobre un tema en concreto, qué es lo que merece ser contado y bajo qué punto de vista se va a hacer. Nosotros consideramos que el tema es el origen, el germen de todo, el verdadero motor; tanto estructura como personajes vienen del tema.

Me gusta mucho esa confianza que tenéis en lo que estáis contando, hasta el punto de concluir aspectos de la historia de tal forma que algún espectador pueda llegar a pensar que falta información…

Eso lo discutimos mucho a veces. ¿Qué está bien y qué no está bien? ¿Por qué una historia tiene que estar mal si no hay un repaso final o porque no decimos abiertamente quién es el malo o no desvelamos el mecanismo? ¿Qué significa estar mal? ¿Por qué no puede poner el espectador esos elementos que dan la solución a la ecuación? Si esto es así significa que estamos destinados a generar productos en los que las costuras hacen que éste no exista. No quiero que esto se interprete como un “hagamos dramaturgias impresionistas” pero algo hay, sobre todo en este caso, que estamos hablando de drama.

Para terminar, ¿qué puedes contar sobre el nuevo proyecto que tienes con Alberto Rodríguez sobre Francisco Paesa?

Es una historia que lleva cuajándose ya un tiempo, en la que ya estábamos trabajando durante ‘La isla mínima’, por eso la tenemos bastante avanzada. No es exactamente un biopic, sino una historia basada en un reportaje de investigación que hizo Manuel Cerdán sobre Francisco Paesa.

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La sala Borau del Matadero se llenó para ver a Rafael Cobos.


CÓMO SER… FERNANDO NAVARRO

5 noviembre, 2014

por Alberto Pérez Castaños.

Siempre he pensado que es interesante conocer los hábitos y rutinas de otros guionistas, que se puede aprender mucho de la forma de trabajar de alguien. Por eso, he decidido enviar un cuestionario a profesionales tanto de cine como de televisión con el fin de saber más sobre ellos. Publicaremos las respuestas periódicamente, por lo que se puede decir que hoy nace una nueva sección en Bloguionistas: “Cómo ser…”.

El encargado de inaugurarla es Fernando Navarro, guionista con experiencia tanto en cine como en televisión que tiene unas cuantas películas en el horno: ‘Anacleto: Agente Secreto’, de Javier Ruiz Caldera, coescrita con Pablo Alén y Breixo Corral; ‘Toro’, de Kike Maíllo, coescrita junto a Rafael Cobos; y el recientemente anunciado proyecto en inglés con Jaume Balagueró, ‘Muse’.

1) ¿Cuáles son tus hábitos de trabajo? ¿Eres más de mañana o de tarde? ¿Tienes un horario fijo o vas improvisando? ¿Qué es lo primero que haces cuando abres el ordenador? ¿Tienes alguna rutina de pre-calentamiento?

Me levanto más o menos temprano. Escribo de siete a diez páginas diarias. Sean buenas o malas. Lo importante es no perder el ritmo. No tengo horarios marcados pero me cuesta escribir sin luz natural. Por la mañana rindo mucho más. No tengo redes sociales, por lo que no suelo tardar mucho en empezar a trabajar.

2) ¿Qué software sueles usar para escribir? ¿Por qué?

Final Draft. Me parece el más cómodo y el mejor. Llevo usándolo muchos años, pero cada poco tiempo descubro una nueva función que hace el trabajo aún más fácil. Al igual que un cirujano quiere el mejor bisturí, yo quiero la mejor herramienta para ejercer mi oficio.

3) ¿Escuchas música cuando trabajas? ¿Bandas sonoras, clásica, rock? Recomiéndanos algo de música inspiradora.

Antes trabajaba en la música y mi mujer y algunos de mis mejores amigos son músicos, por lo que vivo rodeado de música. De hecho para mí la música es una parte vital de la escritura del guión, casi una fase más de mi trabajo. Suelo usar discos para conformar el mundo de un guión o las características de un personaje.

4) ¿Trabajas en pijama?

Pantalones cómodos, camisetas viejas de los grupos de Granada y descalzo.

5) ¿Café? ¿Té? ¿Botella de agua? ¿Comes delante del ordenador?

Una botella de agua fría. Refrescos con cafeína las tardes de sueño. Nunca jamás, almuerzo o ceno delante del ordenador. Pistachos cuando estoy sin inspiración. Dicen que ayudan a ser creativo.

6) ¿Windows? ¿Mac? ¿Linux?

Mac.

7) ¿Escribes en papel? ¿Moleskine, folios sueltos, servilletas de bar? ¿Algún bolígrafo o pluma preferido?

Uso cuadernos Moleskine en las primeras reuniones, para tomar notas, para ir acumulando recortes y cosas que voy encontrando. Siempre que puedo escribo en papel y a mano.

8) ¿Eres capaz de escribir con Internet encendido?

Claro. Para definir el tono de una historia suelo usar secuencias de títulos de crédito que veo en YouTube. Leo y releo artículos. Miro fotos, dibujos, cuadros, mapas. Busco y rebusco música para cada momento concreto.

9) ¿Qué te hizo pensar: “quiero ser guionista”?

No lo pensé mucho. Salió así. Quería ser batería de rock y no pudo ser.

10) ¿Cuándo empezaste a ganarte la vida como guionista? ¿Cómo metiste el pie en la puerta?

Por suerte empecé muy pronto. Primero trabajando de negro para un guionista de series nacionales y luego vendiendo un primer guión de largo amateur para una película medio autobiográfica. No se rodó pero me la pagaron entera. Con ese dinero compré el tiempo que necesitaba para mejorar y seguir escribiendo.

11) Escaleta: ¿Sí o no?

Casi siempre sí. Pero no creo en el paradigma. Cualquier método sirve para escribir un buen guión.

12) ¿Prefieres escribir solo o en equipo?

Me gusta escribir con compañeros. Co-guionistas, productores o el director. Mejor ir acompañado a la guerra.

13) ¿Género favorito a la hora de escribir?

No tengo género favorito, aunque disfruto mucho escribiendo secuencias de acción y tensión, porque no suelen hacerse muchas. Hablo de acción pura. Sin diálogos. Físicas.

14) ¿Te ves incapaz de escribir algún género en concreto?

No. He escrito durante mucho tiempo comedia; he hecho thriller y acción, terror, melodrama y adaptaciones literarias. Si los personajes son interesantes, cualquier género está bien.

15) ¿Qué aspecto tiene tu escritorio, o el refugio en el que te escondes para escribir? 

Escribo en un viejo escritorio americano de los años 50. Pequeño. El que cabía en mi minúsculo despacho. Con pequeños fetiches: Un Tintín, una postal de ‘Romeo y Julieta’ traída desde Verona por mi mujer y una portada enmarcada de la revista Written By con John Millius, regalo de un buen amigo.

16) ¿Cuál es el lugar más extraño en el que has escrito un guión?

No diría tanto el lugar como, sobre todo, el contexto. ‘Toro’, el guión que acabo de terminar para Kike Maíllo junto a mi compañero Rafael Cobos se ha escrito en ráfagas e impulsos, entre cuatro ciudades, en unas condiciones muy complicadas, duras, lleno de imponderables y tensiones. Hemos salido triunfadores.

17) ¿Qué libros y películas te cambiaron la vida?

Las ediciones de bolsillo de James G. Ballard fueron muy importantes. Y saber que las películas de Leone se rodaban a unos pocos kilómetros de dónde nací. Aunque más que libros o películas, mi vida se ha visto siempre afectada por discos: el ‘Su’ de Lagartija Nick y el ‘Omega’, los personajes del ‘Nebraska’ de Springsteen y ‘Little Criminals’ de Randy Newman, ‘La Leyenda del Espacio’ de Los Planetas, el disco aquel que grabaron Lorca y la Argentinita o ‘El Tigre de Guadarrama’ de Vainica Doble.

18) ¿Qué lecturas, cursos, películas, etc… te han marcado como guionista?

Las pocas entrevistas que leía de Rafael Azcona o Jean Claude Carriere, los dos libros de Joe Estzherhas, la lectura del guión de ‘The Driver’ de Walter Hill y su reescritura de ‘Alien’ y, sobre todo, tratar diariamente con grandes compañeros, con los que hablar de penas y alegrías. Gente que admiro como Rafael Cobos, Mateo Gil, Borja Cobeaga, Alejo Flah, David y Jonás Trueba o Sergio G. Sánchez.

19) ¿Quién te ha influido más a lo largo de tu carrera profesional?

He podido estrechar la mano a Jean Claude Carrière, un referente. Y me suelo escribir cartas con Rudolph Wurlitzer, el guionista de mi película favorita de la historia del cine, ‘Two Lane Blacktop’. Aunque siento que siempre que escribo estoy intentando copiar a Walter Hill, a W. R. Burnett o a James G. Ballard.

20) ¿Cuáles son tus referentes clásicos y modernos, españoles y extranjeros?

Rudolph Wurlitzer, Lorca, Gerard Brach, Walter Hill, Santiago Moncada, Jimmy Sangster, Ballard, Rafael Azcona, John Millius, W. R. Burnett, Sergio Donati, Carmen Santonja o Drew Goddard.

21) ¿Cuál es el trabajo del que te sientes más orgulloso?

Tengo un guión de aventuras en el que he trabajado junto a un gran director español que me parece, siendo sincero, el mejor guión que he escrito: es salvaje, violento y divertido. No sé si se rodará algún día. Es caro y complejo. Aunque yo me siento como un debutante y cada paso que doy me hace sentir muy orgulloso. De hecho, ‘Toro’ me parece un grandísimo esfuerzo por conseguir un buen guión. Ojalá os guste la película.


III ENCUENTRO DE GUIONISTAS: CAPÍTULO UNO

18 octubre, 2013

por Alberto Pérez Castaños. Fotos de Natxo López.

El III Encuentro de Guionistas se inauguró ayer en el Museo de Bellas Artes de Bilbao con una primera parte que dejó un poco de todo: frases interesantes, debates, buen rollo entre pintxos y búsqueda desesperada de cobertura 3G en los lugares más recónditos de la sala de conferencias ante la ausencia de Wi-Fi, entendiendo por lugar recóndito cualquier otro rincón del Museo que no fuese la propia sala (AKA “El búnker”).

Durante el primero de los dos días del Encuentro se programaron tres paneles, uno dedicado a la invisibilidad del guionista, otro a la situación actual del sector y los retos y oportunidades que dicha situación presenta y un último a la internacionalización de nuestro trabajo.

La idea de este post es condensar cada panel con algunas de las frases más interesantes de sus participantes para destacar los distintos puntos de vista y contrastar sus ideas.

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Panel 1: La (In)visibilidad del guionista.

Albert Plans:

“A los productores de Cataluña les pareció inviable que se nombrase a los guionistas de los proyectos en la prensa”.

“No quieren dar visibilidad a los guionistas porque si la tuvieran pedirían más dinero”.

“En el fondo, somos como un actor secundario”.

“Luchando conseguimos que se pusiera en los proyectos el nombre del director y del guionista con sus currículums”.

Begoña del Teso:

“Los guionistas sois los putos amos”.

“A la gente, cuando va al cine y paga una entrada, lo que le interesa es la historia”.

“Con la progresiva educación del público, vuestros nombres llegarán a ser tan importantes como el del director”.

Sergio G. Sánchez:

“La invisibilidad es un arma de doble filo. A veces es bueno pasar desapercibido para hacer tu trabajo”.

“En EE.UU. la gente se lee los guiones. Aquí nadie lee un guión si no está involucrado en su producción”.

“Todo el trabajo que me llega ahora no es ni por El Orfanato ni por Lo Imposible, sino por dos guiones que tenía en la Black List”.

“Si quieres ser un guionista visible tienes que crearte tú mismo la imagen”.

Kike Maíllo:

“Al final del proceso de producción el trabajo del guionista queda lejos y cuesta acordarse de él”.

“Los guionistas nunca vienen a la sala de montaje. Deberían interesarse más en ello”.

“El secreto de la visibilidad es escribir buenos guiones. Si escribes bien, la industria te reconoce”.

Natxo López:

“La invisibilidad no es un problema de ego, sino de dinero. Que te relacionen con tus éxitos es la llave de próximos trabajos”.

“En tele están empezando a llamar a guionistas para proyectos porque conocen su trabajo”.

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Panel 2: La situación actual del guionista: Retos y Oportunidades.

Pedro Rivero:

“Que la SGAE tenga un guionista de presidente dice mucho del trabajo que hemos realizado desde los colectivos”.

“Si no hiciéramos lo que estamos haciendo desde las asociaciones, no estaríamos donde estamos”.

Xabi Puerta:

“Un productor ejecutivo es un guionista que le ha perdido el miedo a la hoja del Excel y a conjugar los verbos en primera persona del plural”.

“En la sala de montaje es donde aprendes el misterio de lo que funciona y de lo que no en tu guión”.

Fernando Navarro:

“Hay actividades que pueden no tener nada que ver con el guión y que luego hacen nuestro trabajo más placentero. En Hollywood hay más tradición de guionistas que desarrollan actividades paralelas”.

“Trabajar en otras cosas no es conformarse, ayuda a escribir mejor y te salva de los lapsos de espera”.

“Escribir letras de flamenco me hizo ganar autoestima y me relajó de cara a enfrentarme al siguiente guión”.

“Es muy importante ligar y follar. Hay un intra-follar en el mundo del guión”.

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Panel 3: Internacionalización.

Josep Gatell y Teresa de Rosendo:

“Se puede trabajar en Estados Unidos, pero es muy difícil. Está la barrera del idioma y la barrera legal”.

“Los créditos en IMDb ayudan a agilizar el visado de artista”.

“Los grandes estudios tienen programas de formación para becarios, les pagan y los ubican”.

“Es básico tener material propio escrito para que te valoren como guionista”.

“Por sorprendente que parezca, ser español ayuda”.

Jorge Dorado:

“Se puede conseguir manager en EE.UU. De cada diez, uno contesta. Y no hace falta ni irse ni ser bilingüe”.

“Les hace gracia que hables mal inglés. Allí ser europeo mola, es exótico”.

“Se puede. En EE.UU se demandan muchos contenidos, están faltos de ideas”.

José Luis Acosta:

“Hace 5 años, México producía 10 películas al año. Tras las desgravaciones de la cláusula 226 llegan a 110 al año. Se está produciendo muchísimo y cada vez mejor”.

“Si haces una cosa que funcione en Colombia, es posible que a las dos semanas te llamen de México”.

“Valoran al guionista español porque viene de una industria consolidada”

“El idioma es muy importante. Tienes que leer mucho, saber cómo escriben, cómo escuchan y cómo hablan”.

Nacho Faerna:

“Tenemos una industria que no sigue los estándares internacionales. Esto es un handicap importante”.

“Hay que esforzarse en hacerlo cada vez mejor para poder exportar las buenas ideas”.

“Tenemos que ser capaces de que los jóvenes puedan demostrar aquí su talento”.


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