FIRMAS INVITADAS. DAMA AYUDA: DOS GUIONES Y UN ROTULADOR NEGRO

15 septiembre, 2014

La semana pasada se publicaron las bases de la segunda edición de la iniciativa DAMA Ayuda. En Bloguionistas invitamos a algunos de los guionistas tutorizados en la primera edición a contar la experiencia y, tras Juanjo Ramírez, hoy es el turno de Diana Rojo y Juan S. López, que han desarrollado sus proyectos ‘L de Loli’ y ‘Los Ausentes’ respectivamente junto a David Muñoz durante los últimos nueve meses.

Por Diana Rojo y Juan S. López.

Cuando desde Bloguionistas se pusieron en contacto con nosotros para que contásemos nuestra experiencia en DAMA Ayuda, tuvimos la misma duda que cuando recibimos la noticia de que estábamos seleccionados: ¿seremos capaces?

Y es que conseguir plasmar en estas líneas lo que ha supuesto para nosotros DAMA Ayuda, y concretamente ser tutorizados por David Muñoz, es muy complicado. Son demasiados sentimientos repartidos a lo largo de un intenso proceso de trabajo. Pero vamos a intentarlo.

Nosotros, Diana y Juan, no nos conocíamos antes de todo esto. Pero para los dos suponía una oportunidad de seguir aprendiendo y, por qué no, de encauzar nuestras carreras en el guión, o al menos así es como lo veíamos. Y tuvimos la suerte de ser seleccionados. Os podéis imaginar la alegría que nos llevamos.

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El nerviosismo con el que acudimos a la presentación de seleccionados en la sede de DAMA con los cuatro tutores y nuestra primera reunión con David unos minutos después, solo fue superado cuando David nos vino a decir que nuestras sinopsis tenían potencial para ser una buena historia, pero que de momento no lo eran ni de lejos. Ese fue el primer momento (uno de tantos, de verdad, no os lo podéis imaginar) en el que pensamos “soy un fraude y se van a dar cuenta”*.

*No queremos enredarnos en hablar sobre nuestros guiones. David, en su post sobre la segunda convocatoria de DAMA Ayuda, al que agradecemos enormemente las palabras que nos dedica, cuenta todo lo que hay que saber sobre “L de Loli” (de Diana Rojo) y “Los Ausentes” (de Juan Salvador López). 

A partir de entonces empezó un proceso de trabajo que David propuso fuese a tres bandas, es decir, tener reuniones periódicas (una vez cada dos o tres semanas) los tres juntos, viendo primero el proyecto de uno y luego el del otro, marcándonos pequeños objetivos que cumplir antes de la próxima reunión. A nosotros nos pareció bien y a día de hoy no somos capaces de imaginar que hubiese sido de otra manera. Nos sirvió para ser un equipo, cada uno escribiendo su guión, pero siendo partícipe de los avances, retrocesos, entusiasmos y frustraciones del otro. No queremos decir que sea la forma ideal de afrontar este tipo de iniciativas, simplemente ha sido la manera en que lo hemos hecho nosotros, y nos ha ido muy bien.

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Exaltación de la amistad guionística.

Lo primero de todo fue olvidarnos de la sinopsis que habíamos enviado. Había que partir de ella para volver a construir la historia, pero esta vez haciendo un boceto muy general de lo que sería la trama principal, las posibles subtramas, quién era nuestro protagonista, las etapas básicas por las que debería pasar la historia y hacia dónde debía encaminarse. Esto nos iba a servir en la siguiente fase de islote al que poder regresar cuando salíamos a navegar a lo loco y nos perdíamos por el camino.

La intención era irnos acercando poco a poco a una escaleta básica. Para ello nos dedicamos a apuntar todo lo que se nos pasaba por la cabeza, tirándonos a la piscina con situaciones que a veces parecían no encajar, pero que nos iban a ayudar a avanzar y a dar lugar a otras mejores. Hubo que volver en varias ocasiones a ese islote del que hablábamos antes, incluso reformularlo y adaptarlo, para ir llegando a un auténtico tratamiento repleto de personajes, acciones, imágenes poderosas, tramas… En definitiva, para encontrar la historia que queríamos contar.

A finales de febrero teníamos un tratamiento donde la historia había cogido forma. Era el momento de lanzarse hacia la primera versión del guión. David nos marcó el objetivo de escribir veinte páginas a la semana, sin mirar atrás, sin excusas de falta de inspiración o de tiempo. Y como la palabra de David es Ley, pues no nos quedó más remedio que hacerlo. De esta manera nos plantamos en abril con nuestra primera versión del guión.

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¡Ains! Las primeras versiones…

Desde luego no eran guiones para ganar un Goya, pero eran unas versiones esenciales para visualizar las historias, percibir si tenían la tensión adecuada, si los personajes funcionaban, si se entendía lo que te habías propuesto contar. Y para lo que más nos sirvió esta primera versión fue para darnos cuenta de que éramos capaces de hacerlo, y que si habíamos sido capaces una vez, lo volveríamos a ser ahora que nos habíamos dado cuenta de que había que “volver a empezar”.

Las 140 páginas de la primera versión no mienten. Si ese segundo acto, leído del tirón, te ha parecido un coñazo, es porque lo es. Si el tercer acto no hay por dónde cogerlo, igual tienes que replantearte el primero. Si ese personaje que tenías por ahí no está aportando nada especial a la historia, ya sabes lo que toca por mucho cariño que le tengas. En este punto es posible que te des cuenta de que a lo mejor es conveniente volver a la escaleta, tapar fisuras, apuntalar, y coger impulso para llegar a la segunda versión.

En la segunda versión aligeramos la historia, eliminamos lo innecesario, las funciones que cumplían los personajes estaban más definidas, las mecánicas de la historia funcionaban mejor, el protagonista era más protagonista porque su objetivo ya era un objetivo, y el antagonista era más… Vaya, el antagonista no hace absolutamente nada: tenemos un problema.

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En la madrugada, un compañero vale millones.

En realidad, lo mejor de la segunda versión es que sabes que si lo has hecho dos veces, lo volverás a hacer una tercera… y una cuarta… ¡y hasta una séptima! Y si dudas, para eso está David, para decirte que no te vengas abajo, que tu historia es buena, que lo sabes hacer y que lo vas a hacer. Y como la palabra de David es Ley…

Cuando te quieres dar cuenta ha llegado julio, han pasado nueve meses desde que empezaste a escribir y eso a lo que llevas dedicando el 90 por ciento de tu actividad cerebral se ha terminado (es importante guardarse el otro 10 restante para comer, dormir y asearse de vez en cuando). Tienes una versión muy digna de un guión, y si quieres puedes continuar mejorando a tu criatura. Pero cuesta asumir, que ya no vas a poder contar con la ayuda de…

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¡TUTHOR!

Tuthor convive entre los mortales bajo la identidad de David Muñoz. Gobierna los fenómenos cósmicos del Conflicto, los Puntos de Giro y el Objetivo. Le gusta pasar desapercibido y le incomodan las alabanzas de sus cachorros. Sin embargo, fuerzas más poderosas y terrenales, como la emoción y el agradecimiento, se imponen en esta pequeña parcela del Universo, que hoy es nuestra.

Tuthor no te va a escribir una nota sin haberse leído en profundidad cada entrega. Y os aseguramos que ha habido muchas entregas que leer. Tuthor no te va a decir jamás que algo está bien por quitárselo de en medio. Lo mismo te tacha una página con uno de esos temibles rotuladores negros que porta en lugar de martillo, que te escribe un “jaja” pequeñito al lado de un diálogo.

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No hay dolor.

La implicación de Tuthor ha ido más allá del compromiso de reunirse una vez al mes y sus deseos de que los guiones queden bien ha estado siempre al nivel de los nuestros. Ha sabido orientarnos sin anular nuestras voces, respetando y alentando nuestra personalidad como guionistas. Tuthor siempre nos ha levantado el ánimo en los momentos de bajón con paciencia y comprensión, y en una ocasión llegó incluso a utilizar un rotulador rosa.

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Tuthor puede hacer varias cosas a la vez en las reuniones.

Desde el primer día hemos confiado en su criterio. Pero eso no quiere decir que no hayamos “discutido” hasta quedarnos a gusto, o que no hayamos probado las artimañas más rocambolescas para intentar salvar una secuencia o un personaje que él ya sabía que se iban a acabar cayendo por su propio peso. Pero Tuthor razona y habla el lenguaje del resto de los mortales.

Haber podido compartir con él estos últimos nueve meses de escritura intensiva ha sido un privilegio. Todo lo que hemos aprendido es impagable, y por eso te damos las gracias, oh, Tuthor.

Tanto sentimiento de gratitud no habría sido posible sin la labor de DAMA. Roberto, Ruth y todos los que se nos escapan pero que también han estado detrás de esto merecen un agradecimiento igual de efusivo. Hay que poner en valor la labor que desde DAMA se hace en favor de guionistas noveles como nosotros, dándoles la oportunidad de aprender de auténticos referentes del guión. Mil gracias.

Nosotros solo contamos con nuestra propia experiencia, que no ha podido ser mejor. Por eso no podemos hacer otra cosa que recomendar a todo el mundo que aproveche la oportunidad que se les brinda desde DAMA con la segunda edición de DAMA Ayuda: ¡a qué esperáis, insensatos!

No sabemos qué ocurrirá a partir de ahora con nuestros guiones, si se convertirán en una película o caerán en el olvido. Tampoco sabemos si podremos ganarnos la vida como guionistas. Pero hay algo que sí tenemos claro y que nos hace terminar este post con una sonrisa: que nos quiten lo “bailao”.


VUELVE “DAMA AYUDA”

8 septiembre, 2014

Por David Muñoz

Hoy se han anunciado las bases de la 2º edición de DAMAAyuda, el proyecto de tutorización de guiones de DAMA en el que soy tutor. El año pasado escribí un par de entradas sobre DAMAAyuda explicando porqué me parece interesante que exista y cómo fueron las sinopsis que recibimos en la primera convocatoria. Podéis leerlas aquí y aquí.

Un año después, acabamos de dar por terminadas las tutorías de la primera convocatoria, con un resultado más que satisfactorio. Seleccionamos ocho proyectos y de siete hay ya una buena primera versión que esperamos poder “presentar en sociedad” dentro de varias semanas. No han sido ocho de ocho, pero por lo que yo sé ese octavo proyecto no ha sido abandonado, sino aparcado momentáneamente por una suma de circunstancias personales y laborales.

En mi caso, la experiencia no ha podido ser mejor. Creo que tuve mucha suerte al elegir los proyectos de Juan Salvador López y Diana Rojo. Los dos han escrito buenas versiones de sus guiones y han trabajado muchísimo. Y digo “suerte” porque ya puedes ser el mejor tutor del mundo, pero si no das con gente capaz y currante, no hay nada que hacer. Además, ni Juan ni Diana tenían créditos previos como guionistas. Que yo sepa, nunca habían trabajado profesionalmente (escribo en pasado porque precisamente este año Juan ha firmado su primer contrato como guionista). No había nada que me permitiera adivinar si serían capaces de terminar una buena primera versión de un guión. Juan había sido alumno mío en un curso (lo que tampoco asegura gran cosa, claro), pero a Diana no la conocía de nada. Simplemente me gustaron sus historias y me pareció que merecía la pena escribir un guión con ellas.

No voy a contar nada más sobre sus guiones porque quiero esperar a que sean presentados, pero sí que, partiendo de mi experiencia con Diana y Juan, me gustaría comentar algunas cosas que quizá resultarán útiles a quienes se presenten a esta convocatoria y también a quienes sean elegidos:

-Ni la sinopsis de Diana ni la de Juan eran “buenas” sinopsis. Arrancaban bien pero se desplomaban al llegar a la segunda página. Por ejemplo la de Diana incluía una subtrama que no pegaba ni con cola con el resto y que desapareció en la primera reunión que tuvimos. Lo que me atrajo de ambos proyectos fue que los dos contaban con una idea central muy poderosa, y, sobre todo, que estaban protagonizadas por personajes interesantes, con grandes conflictos y objetivos muy bien definidos. Había muchos elementos de los que yo veía que podía tirar para escribir un buen guión.

-Obviamente, todo esto es muy subjetivo. Fijaos en lo que acabo de escribir: “idea central muy poderosa”, “personajes interesantes”, etc. Cada uno de nosotros calificaríamos de esa manera a ideas y personajes muy diferentes. Y eso mismo nos pasó a los tutores que leímos todas las sinopsis para elegir las finalistas. Seleccionamos creo que diez, y de esas diez solo coincidíamos en dos o tres. De hecho creo que el proyecto de Diana, la comedia “L de Loli”, lo elegí solo yo. Me parece que el de Juan contó con más votos, pero tampoco demasiados.

-Y alguien se preguntará:¿por qué fue seleccionado un proyecto con un solo voto? Pues porque no se trataba de elegir los proyectos más votados, sino de que los tutores eligiéramos proyectos que nos gustaran y que, a ser posible, nos entusiasmaran. Si voy a estar un año desarrollando un guión, reuniéndome a menudo con su autor, e intercambiando decenas de e-mails sobre él, necesito creer que estamos desarrollando algo que merece la pena.

-Así también se evita algo que pasa mucho en los concursos: que no gana necesariamente el proyecto más original, más especial (pues esos proyectos siempre despiertan grandes amores pero también grandes odios), sino el más normalito, el que menos molesta a unos y otros. Elegir “L de Loli” era un riesgo -y ya veréis porqué-, pero el riesgo ha merecido la pena. Estoy seguro de que no hay ni un solo guionista en España que haya escrito un guión ni siquiera parecido al de Diana. Que por otra parte, es un proyecto, creo, con potencial para ser muy comercial y convertirse en un número 1 en taquilla. No se trata de una marcianada (aunque tampoco pasaría nada si lo fuera). Y con esto no quiero decir que el guión de Juan, “Ausentes”, sea precisamente “normalito”, pero sí que parte de un patrón argumental más convencional (aunque al desarrollarlo, creo que Juan lo ha convertido en algo muy especial; tampoco se me ocurren muchas películas parecidas a la suya).

-Escribir ambos guiones no ha sido tarea fácil. Hemos dado muchos pasos en falso. Se han escrito subtramas enteras que luego han sido descartadas, algunos personajes han nacido y han muerto entre una y otra versión…. de todo ha pasado. Y es lo normal. Lo raro sería que no fuera así. Parte del trabajo de los tutores es hacerles saber a nuestros “tutorizados” que todas esas cosas que les están ocurriendo son normales. Que eso no quiere decir que sean malos guionistas. El proceso de escritura es un sube y baja continuo. Lo importante es asumirlo y no desanimarse. La cabezonería, confíar en que a base de trabajar vas a ser capaz de resolver los problemas de tu historia, es tan importante como el talento. Rendirse nunca debe ser una opción. Por muy detallada que sea la escaleta que escribas, cuando la desarrolles te verás obligado a cambiar muchas cosas, y la primera versión dialogada, pese a lo importante que es, siempre es solo un borrador a reescribir. Escribir es reescribir, modificar lo que se había fijado, reformular. A veces creo que el momento en el que los tutores nos ganamos el sueldo es cuando los guionistas empiezan a derrumbarse y estamos ahí para decirles (con sinceridad, porque lo creemos): “sigue adelante, no te rindas, tu historia merece la pena y vas a escribir un buen guión”.

-De la misma manera que esta vez he acertado con los proyectos, la próxima puedo equivocarme. No hay reglas (y menos mal). Quizá la próxima vez elija dos sinopsis cuyos autores no sean capaces de pasar del tratamiento. Puede ocurrir. Pero tampoco sería un fracaso. DAMAAyuda nació con la vocación de, no solo generar proyectos interesantes, sino de enseñar. Y llegaremos donde podamos llegar.

De manera que, resumiendo: si vais a presentaros a DAMAAyuda, no os obsesionéis con escribir una buena sinopsis desde el punto de vista formal, y tampoco os enredéis demasiado; contad de qué va la historia, quién la protagoniza, qué quiere, y, si el desarrollo tiene problemas, para eso están las tutorías. Pero lo que no podemos hacer es inventar una buena historia por vosotros.

Y, si os elegimos, preparaos para trabajar mucho. Probablemente más de lo que esperáis. Es la única manera de hacerlo. No existen recetas magistrales ni soluciones mágicas. Solo pico y pala.


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