DAMA AYUDA (V), O CÓMO LA TUTORIZACIÓN PUEDE MEJORAR TU HISTORIA

31 mayo, 2017

Por Àlvar López y Carlos Muñoz Gadea

Seguimos con la segunda y última parte de la entrevista a Diana Rojo respecto a su paso por DAMA AYUDA, donde, recordamos, presentó una sinopsis cuyo largometraje resultante tiene una opción de compra. Si en la primera de las publicaciones Diana se centró en hablar sobre el proceso de construcción de su sinopsis, hoy nos explica en qué consistió su tutorización y cómo mejoró esta el embrión de la historia que presentó.

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¿En qué se basó tu tutorización?

Para no enrollarme mucho, os remito a este otro artículo que escribimos Juan S. López (mi compañero de fatigas, también tutorizado por David) y yo, donde escribimos sobre nuestra experiencia en DAMA Ayuda y el proceso de trabajo. Éramos jóvenes, no habíamos trabajado nunca como guionistas de tele (ni teníamos esperanza de hacerlo) y Juan me acababa de descubrir lo que era un hashtag. Cada uno con nuestros correspondientes guiones, solíamos reunirnos para intercambiar impresiones y, como decimos en el otro post, la experiencia no pudo ser mejor.

Para resumir, diría que el tutor no es una persona que escribe por ti, sino alguien que te orienta sin anularte. Es como un guía que conoce el terreno mucho mejor que tú y que te puede aportar un punto de vista externo y más experimentado.

¿Qué has aprendido en el proceso?

Tengo la sensación de que he aprendido muchas cosas, pero cada vez que me pongo a escribir algo nuevo, vuelvo a sentirme como si no tuviera ni idea de nada. Y es que, a no ser que repitas siempre los mismos patrones, cada historia presenta unos retos distintos. Pienso que muchas de las estrategias que aprendes escribiendo las entiendes mejor cuando vuelves a ponerlas en práctica o cuando analizas otro guión.

Algo que sí me ha quedado claro es que la constancia ayuda. Marcarte objetivos a corto plazo, como obligarte a escribir un número de secuencias o páginas a la semana, te hace coger oficio. Hay días muy frustrantes, que no sacas ni un gramito de chicha o que tiras a la basura todo lo que has escrito, hay días que funden a blanco y no salen de ahí, pero incluso esos días que parecen no haber ocurrido, sí lo han hecho. A veces no llegas a ciertos lugares sin haber pasado por otros y entrenas tu capacidad de resolución, incluso cuando das con ideas que acabas descartando.

¿En qué aspectos crees que ha mejorado tu historia?

Algo que me gusta mucho es que ha dejado de ser una comedia dramática y se ha convertido en una comedia-comedia, que me divierte mucho más.

Por otro lado, ahora releo la subtrama que mencioné antes y me parece horriblemente paternalista. Como la persona que la escribió, claro. La cambié completamente y, de paso, ahondé un poco en mi gilipollas interior (Iannuci, creador de The thick of it, dice que cuando escribes comedia, tienes que entrar en contacto con él). Así que eso hice e incluso me vino muy bien para caracterizar mejor a alguno de los personajes.

En el proceso de escribir creo que también te vas conociendo, exploras tus rincones más podridos y a mí me gusta mucho reflexionar sobre eso. Krahe decía que últimamente se había dado cuenta de que las canciones no le servían para hablar de la opinión que creía tener sobre las cosas, sino para averiguarlo. Decía “Las escribo para saberlo. Y me digo, si escribo esto será porque es así como pienso y con toda seguridad eso es mío”. Con las historias creo que pasa algo parecido, aunque eso no significa que en tu película los personajes representen tu pensamiento. Es mucho más complejo que eso. Precisamente manejamos emociones, creamos seres humanos y escribimos historias de ficción, no artículos de opinión, pero escribir es también una conversación contigo mismo, una constante toma de decisiones y elección de puntos de vista y, en ese proceso, te puedes llegar a sorprender de tus propios automatismos. A veces lo que escribes te recuerda lo imbécil que eres. Pero no pasa nada, la comedia tiene mucho de eso. Es más divertido aprovecharse que mandarse callar.

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Extracto de Charlas con un vago burlón, texto de Krahe al que Diana hace referencia.

Otro de los cambios con los que estoy más satisfecha es un cambio de género que hice en uno de los personajes. Loli tenía un profesor de autoescuela, Roberto, y fue David quien me preguntó si me había planteado que Roberto fuera “Roberta”. Pues no, ¡no, maldito Sargento de Hierro!, no me lo había planteado. Probé y ahora tengo una relación de amistad entre dos mujeres que he disfrutado muchísimo escribiendo. Me sangran los oídos cuando escucho algo de tipo “cuando se juntan un montón de mujeres, se acabarán sacando los ojos las unas a las otras” o “una mujer jefa es peor que un hombre jefe”. Y lo que más me alucina es que hay quien lo piensa de verdad. Así que esta especie de vínculo a lo Jessica y Trish de Orcasitas es mi meada personal sobre estos lugares comunes.

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Diana: “Jessica y Trish, sacándose los ojos en Jessica Jones.”

¿Ha cambiado mucho a lo largo del proceso? 

Sí, ha sufrido muchos cambios de unas versiones a otras. La protagonista, por ejemplo, tenía un hijo, que pasó a ser hija y que, finalmente, desapareció. El día que la sacrifiqué lo pasé muy mal porque ya estaba hasta dialogada… y un ser dialogado entra en la categoría de ser vivo. Te mira como un cachorro, con cara de “no haberme tenido”. Intentas justificar su supervivencia a toda costa, pero David te devuelve su mirada implacable: “¿Qué es lo que somos, Rojo?”. Y tú lo sabes y lo repites en voz alta: “¡Somos bastardas con un Final Draft en vez de pollas y queroseno en vez de sangre!” Lo hice. La maté. Lloré. Pero narrativamente gané algo fundamental en la historia: una buena razón para la antagonista, así que no hay dolor.

¿Con qué elementos de la escritura (escaleta, secuenciación, etc.) has trabajado durante la autorización y cuáles te han resultado más útiles?

Primero trabajé en un documento sin denominación oficial donde esquematicé los grandes pasos de la historia. Después hice una escaleta y, a partir de ahí, la primera versión de guión.

En un momento dado, tenía una tercera versión de guión que no tenía ya nada que ver con aquella escaleta, pero necesitaba reestructurar algunas cosas. Si en esos momentos me hubiera puesto a hacer una nueva escaleta a partir del guión, me habría acabado pegando un tiro, así que utilicé lo más eficaz en esos casos: papel y boli. A mí me resulta muy práctico hacer esquemas en folios y David también suele comunicarse así: yo, con el boli que me pille a mano, y Tuthor, con su famoso rotulador negro.

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Diana: “El software de guión que nunca falla.”

Por lo que sabemos, tienes una opción de compra de guión. ¿Surgió a lo largo del proceso y como consecuencia del mismo, o cómo ha sido este proceso?

Después de DAMA Ayuda (2014), seleccionaron “L de Loli” en un laboratorio de desarrollo que organiza el IES Puerta Bonita (el instituto donde yo estudié FP) con RTVE y EGEDA; y también en el CIMA Mentoring. En los dos tuve feedback de profesionales, analicé el guión desde otros puntos de vista, preparé pitch y desarrollé algunos documentos que me han venido muy bien para presentar el proyecto. Ana Puentes, una guionista que trabaja en el departamento de desarrollo de Potenza (la productora con la que he acordado la opción) estuvo en el pitch de CIMA, se leyó el guión, le gustó mucho y se lo pasó al productor, Carlo D’Ursi, que conectó con la historia. Resultó ser el tipo de película que a Carlo le apetece producir y, lo más importante, nos hemos entendido muy bien.

Así contado, suena a que todo ha ido sobre ruedas desde el principio, pero llevo un tiempecillo ya con el guión y también sé lo que es el silencio al otro lado. Cuando no tienes contactos en productoras y empiezas a enviar un documento de venta, inocentemente, a correos genéricos o tus compañeros te explican cómo está la realidad del mercado del guión en España, se te mete la frustración en el cuerpo y es muy difícil sacártela. Por eso, aunque sólo sea un paso y producir una película sea un camino muy largo, me parece un motivo de alegría encontrar a alguien que quiera defender esa historia con las mismas ganas que tú.

¿Cuáles son, para ti, las ventajas y puntos fuerte de DAMA Ayuda?

Es una oportunidad de aprendizaje enorme. Escribiendo mi primer guión de largo, me he dado cuenta de que no tenía ni idea de nada. Como cuando te vas a Inglaterra con el inglés del colegio. Un corto es muy diferente a escribir un largo y yo, además, no había hecho ningún Máster, no había vivido una tutorización de ese tipo.

El guionista es como un escarabajo pelotero, que va sumando cosas a su pequeño y amado excremento según avanza. La mayor parte del tiempo eres el Sísifo de los escarabajos. Por eso no me canso de destacar la importancia de estas iniciativas y laboratorios. Si no hubiera conseguido terminar una versión de guión en DAMA, no creo que la historia hubiera tenido los requisitos que buscaban en CIMA. Si el pitch funcionó bien en la clausura del CIMA Mentoring, es porque ya lo había probado en el laboratorio de Puerta Bonita y se había llevado sus correspondientes collejas. Y así. Vas aprendiendo a metabolizar las malas críticas (tras un puñetazo en el espejo, seguido de un Trankimazín y unas cervezas), a rescatar de ahí lo que te viene bien y a relativizar.

Si quieres aprovechar la entrevista, ¿mejorarías o cambiarías algún punto de cara a próximas ediciones?

Imagino que cada tutorización es muy distinta y creo que el trabajo de David ha estado por encima de lo que ofrecía la convocatoria. David, alias Tuthor, no debe cambiar. Yo lo dejaría como está y le regalaría además una suscripción a Rotuladores Edding para que no deje de escribir notas en los márgenes de sus aprendices.

¿Puedes avanzarnos algo de tu guión? 

“L de Loli” es una comedia de una gitana de Orcasitas que se apunta a la autoescuela en contra de la opinión de su marido y de una suegra que parece de la Gestapo calé. Es la Billy Elliot del volante, pero de risa. Una comedia desmitificadora, que se ríe de algunos tópicos manidos y que habla sobre la identidad.


DAMA AYUDA (IV), O CÓMO SE ESCRIBIÓ UNA DE LAS SINOPSIS SELECCIONADAS

29 mayo, 2017

Por Àlvar López y Carlos Muñoz Gadea

Hace nada publicábamos en Bloguionistas una serie de posts dedicados a analizar a fondo todo lo que envuelve a la iniciativa DAMA Ayuda. Si en aquel momento el enfoque vino de la mano de Sara Antuña, tutora del programa, esta semana iniciamos una nueva tanda de publicaciones con Diana Rojo, alumna de DAMA en la sección de largometraje y guionista de series como Amar es Para Siempre, El Ministerio del Tiempo o de la parodia del anuncio de la Lotería Dimitri: historia de una venganza. Diana nos contó cómo preparó su sinopsis y en qué consistió su proceso de tutorización. Hoy, de momento, nos centraremos en conocer los pasos previos que tomó para presentar una sinopsis que, a día de hoy, y tras su paso por DAMA, ya cuenta con una opción de compra del guión.

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¿Seguiste algunos consejos o te basaste en referentes previos para preparar la sinopsis que enviaste?

Por aquel entonces no se había publicado nada del tipo “Consejos para presentar un proyecto en DAMA” en Bloguionistas, porque era la primera edición, pero leí algunos artículos sobre sinopsis en general (como este) que me orientaron sobre algunas dudas que me asaltaban. Por lo demás, intenté aplicar el sentido común y me gustaría poder decir que entregué una sinopsis estupenda, pero no. Yo la leo ahora y me da mucha vergüencilla haber presentado aquello. Una de las muchas cosas que le agradezco a David es que activara sus Rayos X en los ojos para ver el potencial en una sinopsis regulera.

¿Cuántas versiones hiciste hasta que quedaste satisfecha con el resultado?

No lo recuerdo bien, pero me parece que hice una especie de esqueleto, con una estructura en tres actos y luego fui concretando algunos giros. Me esforcé en no comerme las dos páginas con la presentación de la protagonista y su universo, así que, con cada reescritura, iba creciendo el segundo acto y sintetizando el primero. Pero creo que no hice reescrituras cambiando la historia, algo que, afortunadamente, sí hice después. Conseguir un equilibrio y la sensación de que con esos mimbres se podía escribir un largometraje fue de los pocos aciertos que tuve con la sinopsis, pero las tramas y personajes secundarios cambiaron muchísimo en cuanto me puse manos a la obra.

¿Hasta qué punto tenías desarrollados personajes y tramas cuando enviaste la sinopsis?

Tenía documentos donde había ido apuntando ideas, cuadernos llenos de notas, diálogos sueltos, etc. Mi protagonista se está sacando el carné y, cuando empecé a darle vueltas a la historia, yo no conducía. Un profe muy majo de mi barrio me dejó ir a algunas clases y, como era muy personaje, apunté un montón de cosas que explicaba y, sobre todo, cómo las explicaba. Después me matriculé en la autoescuela y, poco antes de presentar mi sinopsis a DAMA, era una de las pocas guionistas de España con carné de conducir (desde entonces no he vuelto a ponerme al volante, para no romper las estadísticas del gremio). Aunque de la sinopsis a la última versión del guión hay un mundo, aquellas experiencias, entre otras, me vinieron muy bien para ir dando forma a la historia.

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L de Loli es el nombre del largometraje que Diana ha desarrollado en el programa Dama Ayuda.

Ese fue mi caso, pero no creo que haya un nivel de desarrollo óptimo para enviar una sinopsis. Habrá quien entregue la punta de todo un iceberg y habrá quien tenga esas dos páginas como punto de partida. Antes me resultaba inconcebible lo segundo, pero la experiencia de DAMA Ayuda me ha hecho cambiar de parecer, porque el trabajo más duro empezó a partir de la sinopsis. Bueno, me ha hecho cambiar de parecer, pero no de forma de ser, porque sigo necesitando pensar mucho sobre la historia, documentarme (cuando es necesario), anotar ideas, etc. antes de ponerme a escribir. Sin embargo, soy consciente de que eso también me sirve como excusa para demorar el momento de sentarme frente al ordenador. Además, ese “todavía le falta” nos viene de puta madre a los inseguros y a los vagos para no presentarnos a las convocatorias. Por eso, yo no le diría a nadie que espere a tener la historia muy detallada para presentar una sinopsis a DAMA Ayuda. Es una tutorización, no un concurso de guión. Se supone que uno no se presenta para que le digan lo bien que ha hecho su trabajo, sino para aprender.

¿Cómo decidiste qué elementos eran importantes y cuáles podías descartar para la construcción de la sinopsis?

Intuía que hacía falta mostrar que aquello era un largometraje de ficción, no un corto estirado, por eso intenté especificar los hitos de la historia, concretar los obstáculos más importantes a los que la protagonista tenía que hacer frente a lo largo de la película y dejar muy clara cuál era la trama principal…

Mirad, lo acabo de releer y definitivamente no hice eso. Shame on me. Pero seguro que habría quedado mejor de haber sido así. Mi problema es que tenía una trama secundaria que puse al nivel de la trama principal, una trama que, por cierto, desapareció después de la primera reunión con David. Quiero pensar que, al tener un conflicto claro y ser la premisa una fuente de obstáculos, quedaba claro que existía una buena base para un largometraje, pero ya digo que mi sinopsis está lejos de ser el ejemplo ideal.

Algo que creo que sí funcionaba es que fui bastante escueta a la hora de describir el universo y a los protagonistas. A mí me parece un coñazo leer descripciones eternas de personajes sin verles en acción y, como no le deseo ningún mal a los demás, me limité a incluir lo imprescindible y plantear cuanto antes el conflicto.

Por otro lado, no hablé nada de la temática (que, en contra de lo que creía, también redescubrí al ir escribiendo el guión). Temáticas, intenciones, etc. son para la memoria de guionista, no para una sinopsis.

Con lo aprendido de la experiencia, ¿qué crees que es lo más importante que debe incluir una sinopsis y qué crees que es imprescindible conocer de la historia para poder desarrollar este primer documento?

Para empezar, recomiendo los artículos que han escrito por aquí otros guionistas, que explican esto mejor y con más detalle que yo. Por ejemplo, el que mencioné antes de Sergio Barrejón o este de David Muñoz.

Para las sinopsis de DAMA Ayuda (máx. 2 páginas) se me ocurren las siguientes aportaciones, basadas en mi experiencia:

Presentar cuanto antes el conflicto y el detonante.

Quién es el protagonista, qué quiere, qué se le opone y qué sucede para que esa historia tenga lugar ahora y no antes. Yo incluso empecé con una línea resumen: “L de Loli” es una comedia dramática sobre una mujer gitana que se apunta a la autoescuela a espaldas de su familia. (Luego dejó de ser dramática, pero estamos hablando de lo que entregué a la convocatoria). Esto no creo que haga falta, pero yo lo hice así. Después seguí con un párrafo explicando quién y cómo es la protagonista y su universo, describiendo, en definitiva, la situación antes de la crisis. En el tercer párrafo ya hablaba del detonante y antes de la mitad de la primera página ya estaba la protagonista matriculada y dándose de bruces con el primer escollo. ¿Tiene que arrancar la sinopsis necesariamente así? Quizá no, pero sea como sea, yo aconsejaría claridad. En ocasiones, por miedo a parecer simplones o faltos de talento literario, acabamos creando una confusión innecesaria.

Confiar en tu trama principal.

A veces es la única que tienes. Otras, te pasa lo contrario: tienes varias tramas secundarias que te encantan y el cuerpo te pide extenderte con ellas. ¡Cuidao! Si lo traigo a colación es precisamente porque esta fue mi cagada mayor. David me lo ponía delante en forma de pregunta: “¿qué te pasa? ¡Sí, tú, Rojo! ¡mierdecilla! ¿qué coño te pasa? ¿Que no confías en tu trama principal? ¡Si insistes con esa otra trama hedionda, te voy a romper la mano con la que le haces pajas a tu novio!”. A riesgo de que a David le esté dando un ictus ahora mismo, me divierte imaginármelo como el Sargento de Hierro, precisamente porque nunca utiliza este tono. Lo que quiero decir es que en la sinopsis lo suyo es demostrar que la trama principal tiene la potencia emocional suficiente para tirar del carro.

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Tuthor es el apelativo cariñoso con el que Diana se refiere a David. Como muestra de ello, el póster que ella misma le diseñó.

Dedicarle un buen espacio al segundo acto.

En dos páginas de sinopsis caben unas cuantas cosas, así que yo traduciría el “vivirá emocionantes aventuras” en acciones o acontecimientos más concretos, aunque no estén explicados con todo detalle. Ni cabe ni hace falta contar toda la peripecia (además, en este punto, ni nosotros mismos la tenemos), pero sí algo que dé una idea de por dónde va a ir la historia y hacia dónde vamos con ella.

Esto es algo que yo no hice en su momento, pero que ahora intento hacer en sinopsis de venta, tratamientos, etc. y que no es fácil: que la escritura esté empapada del tono de la película. Si es comedia, no significa que haya que meter chistes, pero se puede aligerar la sintaxis, dejar asomar cierta mala leche en las descripciones, darle ritmo con la longitud de las frases o disponer de la puntuación como mejor nos venga.

¿Abordarías de manera diferente la sinopsis ahora?

Sí, sin descartar nuevas meteduras de pata.

* CONTINUARÁ EL MIÉRCOLES. 


GUIONES INVISIBLES

1 febrero, 2013

Invisible

Por Natxo López

Hace unos meses el guionista canario Juanjo Ramírez (a quien aconsejo sigan en twitter si les gusta la comedia descarnada y sin filtros) publicó este post  donde se proponía un reto: abría un plazo en el que solicitaba a los lectores que le dieran ideas para un largo en 140 caracteres. Él cogería la más repetida o la última en ser publicada antes del plazo, y con ella escribiría un guión de largometraje en 24 horas. Un guión de mierda. Y lo colgaría para que todo el que quisiera pudiera leerlo.

La propuesta invitaba a ser avispado; parecía claro que el último que publicara antes de plazo conseguiría que su idea fuera la elegida. Y ahí estuve yo, como siempre taimado, esperando a publicar mi tweet pocos segundos antes. Y conseguí mi objetivo. Mi propuesta rezaba así:

“Mujer robot convive con suicida para que no se mate. Atracción. Al final descubre q no es un robot, le mintieron desde niña”.

Más que un log-line era una gran hijoputada, lo sé. Pero Juanjo cumplió lo prometido, se puso manos a la obra y el resultado es éste maravilloso guión de mierda escrito en 24 horas, del que pueden disponer libremente y que les invito a leer con generosidad.

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El pasado diciembre, en el blog “Guionistas Vlc” se publicó esta entrada en la que se valoraban las posibilidades de que se pudiera llegar a crear aquí en España algo parecido a la “Blacklist” de EEUU, una lista de “mejores guiones por producir”, muchos de los cuales consiguen convertirse en películas. Recomiendo leer, también, los comentarios del artículo, así como echarle un vistazo a la web oficial de la Blacklist.

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En el último Congreso Mundial de Guionistas celebrado en Barcelona (del que nos hicimos eco aquí y aquí) se presentaron los resultados de un estudio a escala internacional en el que se demostraba la casi nula representación de los guionistas en los festivales de cine, así como la necesidad de pelear para que dicha presencia fuera cada vez mayor, concienciando a los festivales de que los guionistas son también autores de los filmes.

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Justo ayer me llegó a través de las redes sociales una invitación a descargar este guión por un módico precio. No conozco al autor ni sé si esos 1,84 euros merecerán la pena, pero la iniciativa me parece valiente. Si no puedes ver la película (porque no se produce), al menos léela.

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En los últimos tiempos, de hecho, cada vez es más frecuente que se difundan en Internet (de manera legal o por filtraciones) guiones de films que todavía no han sido estrenados en pantalla. De hecho es un ejercicio muy instructivo leer algunos de estos guiones antes de ver el film en una pantalla. Yo lo he hecho así, por ejemplo, con “This is 40“, la última de Appatow y “Django Unchained“, la última de Tarantino. El hecho de publicarlos no sólo es una manera de facilitar que los amantes del guión podamos aprehender maneras de escritura de grandes profesionales, también es una medio para que la productora cree expectación y movimiento alrededor de un estreno.

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He unido todas estas informaciones en un mismo post porque todas ellas tienen que ver con un asunto del que por lo general no hablamos mucho los guionistas, excepto para quejarnos: la VISIBILIDAD de los guiones (o la falta de ella).

Por lo general, los guionistas nos quejamos de que no se le presta suficiente atención a nuestro sector, pero al mismo tiempo somos muy recelosos a la hora de mostrar públicamente nuestro trabajo. En nuestro país apenas se pueden encontrar guiones españoles en la red, y sólo unos pocos films -ya estrenados con cierto éxito- son editados en papel (gracias sobre todo al buen hacer de la editorial 8 y medio).

Lo que me llama la atención es que hoy en día se explota publicitariamente cualquier mínimo detalle relacionado con la realización de un film o una serie. Incluso el mero hecho de que el proyecto exista es una noticia con la que alimentar expectativas y lograr titulares. Se muestran fotos de gente dándose apretones de manos en feos despachos, imágenes de pruebas de vestuario, se lanzan virales primigenísimos y se muestran pantallas verdes donde se clonarán bichos y bombas. Se lanzan notas de prensa desgranando cualquiera de los aspectos más nimios de la pre y la postproducción, y en cuanto se tienen dos imágenes de video guarras se esparcen a los cuatro vientos del youtube, se twitean, se facebuquean, se da pábulo premeditado a las rumorologías y el cotilleo…

¿Por qué los guiones están absolutamente fuera de este proceso, más allá de alguna información fría donde se dice “fulanito está escribiendo la peli de menganito”? Nadie se atreve a enseñar nunca ni una sola escena escrita en papel, ni una frase, ni una coma. Como mucho se enseña el título.

Supongo que se podrían argumentar diferentes causas:

La inseguridad de los guionistas. Ya conocen esa máxima de que los guionistas vivimos con el miedo constante a que los demás descubran que somos un fraude. Ninguneamos nuestro propio trabajo, dudamos de nuestro talento, de nuestras capacidades. Nos hicimos guionistas y no actores o directores porque somos “un tipo concreto de creativos” a los que no nos atrae especialmente la idea de exponernos. Enseñar un guión siempre será un acto de valentía y una garantía de sufrimiento, especialmente en este país de críticos ingobernables prestos a saltar cual ninjas sobre el trabajo ajeno. Publicar un guión parece una invitación a que la gente diga: “ah, vale, queda confirmado oficialmente que eres un guionista de mierda porque esta vez no te puedes escudar en la excusa de que me lo rodaron mal“.

El miedo al plagio. Es frecuente que creamos que nuestras ideas son dignas de ser plagiadas. Casi nunca lo son, y de hecho los casos reales de plagio son muchos menos de lo que la mayoría de la gente imagina. Pero el miedo está ahí.

La eterna condición “provisional” de los guiones. Hasta que un film o un capítulo no está terminado todo es susceptible de ser cambiado, por lo que nos da mucho respeto mostrar algo que, seguramente, alguien nos acabará obligando a cambiar a lo largo del proceso (a pesar de que dicho proceso es algo ya muy asumido por el público, nadie se espanta al ver las pantallas verdes todavía sin los bichos y las bombas).

– En la mayoría de los casos, los guiones en los que ha habido un contrato de por medio ya no son “propiedad” del guionista, por lo tanto la decisión de mostrar el libreto, o no, está en manos del productor.

El carácter asustadizo de los guionistas. Creemos que mostrar un guión que no ha sido rodado podría suponer un impedimento definitivo para lograr, efectivamente, que se llegue a rodar. Tenemos el convencimiento de que los productores no se van a interesar por un guión que ha sido previamente expuesto. Que, de alguna manera, esa historia ya estará “quemada”.

Y yo me pregunto, ¿todo esto es realmente así? ¿No estamos dando por hecho convenciones mantenidas durante décadas que, quizá, ya no se adecúan al momento tecnológico y cultural que vivimos? Ojo, no lanzo la pregunta con la prepotencia de quien ya tiene decidida su respuesta; realmente dudo al respecto. Lo único que tengo claro es que me parecen preguntas que merecen la pena ser planteadas.

¿Realmente alguien piensa que colgar en la red un guión significa, automáticamente, que millones de personas lo van a leer y que, por ende, esos millones de personas no irán a ver la película porque ya habrán leído el guión y ya “habrán disfrutado de él” y “sabrán lo que pasa”? Si esto fuera así, si realmente fuera lo mismo una cosa que la otra, ¿no sería mucho más fácil -y barato- publicar los guiones en lugar de rodar las películas?

Seamos sinceros, casi nadie lee guiones, y menos gente de fuera de la industria. Y cuando uno hace el esfuerzo de leer un guión que le interesa (porque casi siempre es un esfuerzo, no nos engañemos), si está razonablemente bien escrito, lo normal es que tenga muchas más ganas de ver la película que antes de leerlo, no menos.

Nos quejamos de tener una industria dirigista, que crea los proyectos desde los despachos y no desde las teclas, pero luego somos absolutamente timoratos a la hora de proponer, de enseñar, de vender, y nos dejamos apabullar por pistas peregrinas sobre “lo que se pide ahora” o “lo que es vendible”, sin atrevernos a llevar la iniciativa narradora. Creo que no conozco a ningún guionista que no critique más o menos apasionadamente la industria audiovisual nacional, lo erróneo, antiguo y cobarde de sus propuestas; pero casi ninguno se atreve a mostrar un guión escrito y decir, “esto es lo que yo haría si me dejaran”. Es una crítica de carácter colectivo y por tanto injusta, sí. Pero nos entendemos.

¿No será, también, que gran parte de las producciones se montan sobre la premisa de “engañar al espectador” con fuegos artificiales promocionales para que crea que va a ver un film, o una serie, mucho mejor de lo que es en realidad, y que, por tanto, hay miedo de “romper el hechizo” si se publica el guión antes de tiempo? ¿Será, tal vez, que los directores o los productores se negarían por principio a que se pudiera confrontar el resultado de su trabajo con el planteamiento previo que había en el guión original? (De hecho, es más habitual que los guiones que se publican sean de directores-guionistas, lo que responde en parte a la pregunta).

¿No va siendo hora de buscar estrategias entre todo el gremio para que el guión adquiera en este país el lugar que le corresponde como motor fundamental en la creación de una historia audiovisual? ¿Y no es Internet una herramienta que podría ayudar, de alguna manera, a lograrlo?

Todo esto son preguntas abiertas. No voy a afirmar algo así como que todos tenemos que colgar en Internet nuestros guiones. Pero sí creo que tampoco pasaría nada demasiado terrible por hacerlo, y que no está de más planteárselo. Y para que esto no quede en un alegato retórico, voy a colgar, aquí y ahora, dos guiones escritos por mí, para que me los destrocen.

El primero es fruto de una petición. Se trata del guión del cortometraje “La Media Pena” , dirigido por Sergio Barrejón, y que varias personas me han solicitado en los últimos meses. Aquí lo tienen. En este caso lo bueno es que es corto, y que pueden compararlo con el resultado final rodado (que, en mi opinión, mejora mucho lo escrito, como siempre debería ser). Se trata de la última versión antes de rodaje, y he de decir que, aunque Barrejón se negó a firmar como guionista, aportó varias ideas al libreto, entre ellas el final tal y como quedó en pantalla.

El otro es un largometraje llamado “Objetos”, escrito en 2011, que recibió una subvención del ICAA a desarrollo, lo que me permitió trabajar en él sin presiones creativas ni condicionantes comerciales. Escribí, grosso modo, lo que me salía de los huevos; un thriller oscuro, personal, seguramente fruto de una mente un poco sucia. La verdad es que lo pasé bien con él y he de agradecer a varios colegas que leyeron, desmenuzaron y aconsejaron. Eso sí, es un guión sin ningún viso por el momento de que llegue a rodarse algún día. Ha sido leído por productores y unos cuantos de ellos hicieron valoraciones positivas, pero no demostraron intención o posibilidad de producirlo, al menos no en un futuro cercano. Quizá es demasiado personal, quizá no es comercial, quizá es muy caro, quizá es muy malo. Aquí lo pueden descargar y comprobarlo.

Sé que haciendo esto me expongo, pero en fin, es que vivir es exponerse. Algunos de ustedes podrán decir “vaya puta mierda de guión y de guionista”, y seré yo el que se lo habrá servido en bandeja. Están en su perfecto derecho de criticar, y aquí se publicarán sus comentarios intactos, siempre que no rasguen esa fina membrana que nos protege del mal gusto. En la medida de lo posible responderé a cualquier pregunta que quieran plantearme.

Si el experimento no es un absoluto desastre, puede que más adelante comparta otros textos de los que menos me avergüenzan, entre ellos también pilotos televisivos, que es donde más me prodigo y donde, tal vez, se echan en falta propuestas más audaces.

Por supuesto, esto lo hago con el deseo de animarles a todos ustedes a que aireen también sus creaciones, aquí o en sus propias bitácoras o twitters. Sé que seguramente no lo van a hacer. Casi seguro consideran esto un acto de gilipollez supina o de onanismo bloguestúpido. Puede ser, lo mismo me dijeron muchas veces cuando empecé con “El Guionista Hastiado“.

Sinceramente, a mí me interesaría mucho leer proyectos de compañeros de profesión. Proyectos que nunca se rodaron, que no pasaron el filtro, que eran demasiado personales, o audaces, o malos, o que están todavía en la dura pelea por ser llevados a término.

Porque los proyectos aparcados, invisibles, deficientes, los que se quedan sin pareja en el baile, los que no prosperan, nos hablan también de cómo funciona esta industria, tanto o más que los que sí llegaron a las pantallas. Y, de cualquier manera, la lectura, la colaboración, el conocimiento y el compartir inquietudes y críticas nunca pueden suponer, a la larga, algo negativo. Levantémosnos los refajos y enseñemos un poco de carne.


ASESORANDO GUIONES EN CÓRDOBA

26 julio, 2011

por Sergio Barrejón. Fotos de Gorka Basaguren.

Ayer a las 13.42 llegué a Córdoba para incorporarme como asesor de proyectos al equipo de Un Verano de Guión. En la comida con el resto de asistentes pude comprobar la buena respuesta que ha tenido la convocatoria de este año.

El apoyo que varias instituciones públicas venían prestando al evento ha desaparecido, con la consabida excusa de la crisis. Pero Valentín Fernández-Tubau no se ha echado atrás: reduciendo el equipo al mínimo, ajustando el presupuesto drásticamente, y asumiendo una sobrecarga enorme de trabajo, ha conseguido sacar adelante una vez más esta convocatoria anual, que lleva ya siete ediciones consecutivas. Un aplauso para él.

A primera hora de la tarde, en uno de los salones de Bodegas Campos (una de las empresas que siguen patrocinando el evento), tuvo lugar el primer encuentro con los autores a los que voy a asesorar. Hicieron un breve pitching, hablamos de cómo ven su proyecto y qué esperan obtener de esta semana de asesorías, y nos marcamos una serie de objetivos para mejorar sus guiones.

Hay un guión de largo, un guión de corto y tres tratamientos de largo. Predomina la gente que quiere perfeccionar su material para presentarlo a las ayudas al ICAA, pero también hay un autor decidido a poner en marcha una producción en breve, y otro que apuesta por salir de aquí con las claves para una reescritura que le ayude a encontrar un productor.

El curriculum de los autores es totalmente dispar: desde gente que se gana la vida con el audiovisual, hasta gente que ha empezado a escribir hace pocos meses. Por eso era tan importante la primera sesión de grupo: para que las siguientes sesiones, que serán individuales (una hora diaria para cada autor, cara a cara con el asesor) resulten personalizadas, orientadas a la situación particular de cada autor.

Los horarios los hemos diseñado según la conveniencia de cada uno, para que los autores puedan también asistir a los cursos que más les interesen. Todos los días hay aproximadamente ocho horas de conferencias y seminarios. Y para mayor comodidad, hemos decidido mantenerlas en las magníficas instalaciones del Hotel Amistad, otra de las empresas que apoyan la convocatoria, y que está literalmente pegado a las murallas de Córdoba.

He tenido la primera reunión esta mañana a las 9.00, y el resultado ha sido muy satisfactorio para los dos, creo. En breve tendré la siguiente, y otras tres por la tarde. Van a ser días intensos, y de mucha concentración, pero quería encontrar un hueco para contarlo un poco en el blog y animar a todos los lectores a estar atentos a la convocatoria del año que viene. No se asusten por la retórica de su web: puede que no sean unos expertos en marketing. Pero Un Verano de Guión es, probablemente, la oferta formativa de guión con mejor calidad/precio/intensidad que se puede encontrar ahora mismo en España.

Y parece que la organización ya está en conversaciones con las instituciones que retiraron su apoyo el año pasado: imagino que a la vista de la respuesta de público (más de 20 autores en asesorías, docenas de inscritos a las charlas), están empezando a pensar que hicieron mal saltando de un barco que, hoy por hoy, no tiene visos de ir a hundirse.


FLASHBACK: CURRANDO DURO EN STARBUCK’S

25 julio, 2011

Por Daniel Castro (Guionista en Chamberí)

Ahora mismo estoy escribiendo un largometraje basado en una experiencia personal.

Y me está costando horrores.

Por ahora mis jornadas consisten en pasar mucho rato emborronando papeles en el Starbucks de la calle Fuencarral mientras escucho a Teenage Fanclub a todo volumen en mi mp3.

Hasta la fecha he escrito más de diez largos, casi todos en solitario. La mitad de ellos está en un cajón donde no puede hacer daño a nadie. Otros se rodaron. No hago esta presentación para presumir de nada, sólo para ilustrar la inmensa frustración que siento al darme cuenta de que este pequeño guión, cuya idea principal se me ocurrió durante una noche en una litera de un albergue de Pekín, el verano pasado, esté tardando tanto en cobrar forma.

En mi descargo, debo decir que no he estado todo este tiempo exclusivamente dedicado a este guión. Trabajé unos meses en una serie aún no estrenada y dediqué mucho tiempo a este videoblog, todas las semanas, también paso unas buenas horas escribiendo una entrada lo más presentable posible para este sitio en el que me estáis leyendo.

Aún así, es mucho tiempo el que ha pasado. Demasiado para no tener ni siquiera un tratamiento de guión sólido y convincente.

Tampoco puede decirse que esté atascado. Casi todos los días tengo buenas ideas que llevan mi guión en una nueva y prometedora dirección. Casi todos los días imagino un gran secundario, un par de gags que creo memorables…

Sin embargo, son retazos, algunos brillantes, creo, de una historia que insiste en escapárseme.

Como imaginaréis, he dedicado cierto tiempo a tratar de averiguar también cuáles son las razones por las que se está produciendo este fenómeno tan novedoso como doloroso.

En cuanto acabe el guión, voy a intentar dirigirlo y protagonizarlo. Sí, será un proyecto de muy bajo presupuesto, que irá en la línea de estas pequeñas piezas que he ido grabando en mi casa en los últimos tiempos. (Aquí la primera de estas piezas, el corto After Shave)

¿Será que la perspectiva de dirigir mi primer largometraje me bloquea y me hace pensar en cosas que un guionista no suele plantearse?

¿Será que el imaginarme como protagonista me impide escribir con libertad?

Es cierto que algo de esto está ocurriendo: cada vez que pienso que una música sería apropiada para acompañar cierta escena, calculo los años desde la muerte del autor, la vigencia o no de los derechos de autor. Lo mismo ocurre cada vez que imagino una escena en un tren, un restaurante de lujo o una manifestación pro-vida. ¿Cómo carajo haré esto de manera digna? ¿Podré meter la cámara en el tren sin pedir permiso?

Por otra parte, cada vez que se me ocurre una secuencia desgarradora en la que la intensa mirada del protagonista nos revela el drama que esconde en su interior, me imagino a mí mismo siendo ese protagonista y… suelo acabar desechando la climática escena.

Siendo estos obstáculos importantes, sin embargo, creo que el mayor es otro.

Cuando uno escribe un guión no basado en hechos reales, es decir, cuando se trata de “pura” ficción, el proceso suele ser más o menos así: uno tiene una idea de lo que quiere contar que, normalmente tiene que ver con la trama, aunque en algunos casos surge de un personaje. Esa idea suele ser una especie de raspa que uno va desarrollando, a la que uno va dotando de carne. El proceso, habitualmente, consiste en ir añadiendo a esa pequeña trama. ¿Quién es el protagonista? ¿Cómo habla? ¿De dónde viene y qué pretende? ¿Qué le ocurre ahora que conoce a esta chica? ¿Cómo es ella, por cierto, de dónde viene? Evidentemente, muchas veces estos detalles, estas caracterizaciones, acaban alterando esa trama inicial, pero esto no provoca demasiados problemas: uno ha inventado la trama y puede modificarla todo lo que quiera.

En cambio, cuando uno está trabajando con hechos reales que no puede (o quiere) alterar sustancialmente, el proceso es casi el inverso. Los acontecimientos están ahí; concretos, exhaustivos… pero no ordenados. Si uno trata de hacer una película sobre el Solitario, el grotesco y sanguinario atracador que tuvo en jaque a la Guardia Civil durante casi catorce años, puede saberlo casi todo sobre él. Un poco de investigación le permitirá conocer todos los detalles: el primer banco que atracó (en Adamuz, Córdoba), los detalles del tiroteo a los guardias civiles que trataron de detenerle en la Ribera de Navarra (en junio de 2004), uno puede incluso ir a visitar a sus antiguos vecinos e interrogarles sobre su comportamiento… En principio, suena como una gran facilidad para un guionista: la documentación suple a la imaginación. No tengo que inventar cómo es la ex mujer del individuo: es una tal Anita Sharrock y tal vez pueda entrar en contacto con ella por Facebook.

Sin embargo, aunque pueda parecer lo contrario, tratar de elaborar un guión directamente a partir de hechos reales es, al menos para mí, un esfuerzo muy considerable. Parte del problema viene de que la realidad es mucho más compleja que las historias, más desordenada y mucho más hermética. ¿Cuántas veces tomamos decisiones y… ni siquiera nosotros conocemos porqué? ¿Cómo averiguar cuáles fueron los motivos reales por los que El Solitario tiró del gatillo aquella noche en Castejón y pasó de ser un atracador a un asesino? Sin embargo, sabemos que tal cosa ocurrió en junio de 2004 y así tenemos que contarlo.

Tras la labor de documentación, llega un trabajo muy complicado que es el de buscar lógica en los acontecimientos: ¿debo presentar la infancia del personaje, ya que tal vez fue ahí cuando se decidió que él fuera atracador? ¿O estoy así justificando al delincuente, con un argumento psicologista más bien barato? ¿Hago lo contrario? ¿Presento como única causa de su carrera delictiva la crisis económica? ¿Es esto justo con el personaje? ¿Y con los demás, que se las arreglan para sobrevivir en el paro sin ser delincuentes?

Creo que establecer cuáles son las causas reales, las aparentes y las profundas de los acontecimientos es una labor casi detectivesca. Además, una vez extraídas las posibles causas, deben plasmarse en el guión de la manera adecuada y en las proporciones justas.

Trabajar con hechos reales, además, pone a prueba la integridad del guionista. Tal vez me fuera útil dramáticamente enfatizar la difícil infancia del delincuente (tal vez inventar un padre tiránico lo solucionaría todo), sin embargo así, en cierto modo, cualquier acción que el protagonista realizara posteriormente parecería casi justificada. Tal vez obtuviera un guión más compacto pero… tal vez no sería demasiado honesto con la realidad a la que me refiero (sí, esta es básicamente mi crítica a La cinta blanca”)

Investigar honesta y profundamente los hechos, establecer sus consecuencias, descartar lo accesorio y plasmar lo importante de manera equilibrada es, os lo aseguro, un trabajo ímprobo.

Y luego, con todo esto… hay que escribir un buen guión, que se vea como si fuera pura ficción.

Si alguna vez me veis en el Starbucks de Fuencarral y parece que sólo estoy mirando pasar a las guapas pijas que frecuentan la zona, no os fiéis, tras esa apariencia distraída hay un guionista trabajando. Muy duro.

Deseadme suerte.

(Publicado originalmente en Bloguionistas el 29 de junio de 2010)


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