ENTREVISTA A DAVID BRAVO

29 febrero, 2016

(Este post es continuación de El abogado de las mafias).

El sábado, tras conocer las declaraciones de Manuel Martín Cuenca sobre David Bravo, escribí a éste último por Twitter. No para pedirle que entrase al trapo -que también- sino para conocer en detalle su postura sobre la Ley Sinde y el derecho de los autores a una remuneración económica por su trabajo y por la explotación de sus obras.

Me contestó de inmediato (gracias).

David Bravo.

Manuel Martín Cuenca le define como un “servidor de las mafias de la piratería”. Como abogado experto en propiedad intelectual, ¿tiene usted una preferencia por defender a ciudadanos acusados de piratería? Si es así, ¿podría explicar el motivo?

Siempre he defendido que aquello que las multinacionales consideraban piratería, no lo era, y he defendido a la gente acusada de esas actividades que nunca he considerado delito. Hasta ahora todos han salido absueltos y los jueces nos han dado la razón, así que mi preferencia es más bien la de defender a gente acusada de delitos que no eran tal.

-¿Es usted empleado del departamento jurídico de alguna empresa relacionada con la difusión de contenidos en internet?

No.

-Usted ha manifestado muchas veces su rechazo a la Ley Sinde, que algunos autores consideran un elemento indispensable para proteger sus derechos de propiedad intelectual. ¿Diría usted que la Ley Sinde es efectiva en la protección de la propiedad intelectual? Es decir, independientemente de su valoración de la Ley como experto legal, ¿cree que la Ley Sinde realmente está ayudando a los autores a proteger la explotación de sus productos?

Parece evidente que la Ley Sinde no vale para absolutamente nada de lo que supuestamente pretende. Si lo que se quería era frenar los intercambios de bienes intelectuales en internet, se trata del enésimo intento fallido. Supongo que en algún momento habrá que buscar adaptarse al nuevo modelo que propone internet en lugar de intentar coger con las manos un puñado de unos y ceros.

No obstante me parece que no hay que valorar solo si consigue o no sus fines, sino valorar el medio, es decir, la propia ley. A no ser que consideremos que los primeros justifican al segundo. La Ley Sinde nace en un contexto en el que los jueces estaban dando la razón a las llamadas “páginas de enlaces”. Tras encadenar varios fracasos judiciales, desde el gobierno de EEUU se lanza un informe crítico con España que dice textualmente que la industria de ese país se siente “frustrada por los procesos judiciales” en España. Al poco tiempo de ese informe, se anuncia el desarrollo de la Ley Sinde, que aparta a esos jueces tan frustrantes para que ahora sea una Comisión del Ministerio de Cultura quien decida si existe o no infracción de propiedad intelectual. Tal y como dijo una abogada de la industria en esas fechas, la Ley Sinde nace porque “los jueces están aplicando mal el Código Penal”. Con las mismas normas del juego pero ahora con distinto árbitro, las multinacionales empiezan a ganar en vía administrativa ante el Ministerio de Cultura lo que perdían en vía judicial. Cualquier persona con una mínima cultura democrática y un mínimo respeto por la separación de poderes estaría en contra de un atajo tan burdo como este, incluidas las que están -con todo derecho- en contra de la existencia de este tipo de webs.

-El Sr. Cuenca dice irónicamente “no hemos entendido que nos tenemos que dejar robar y que no debemos aspirar a vivir de nuestro trabajo”. Parece que el sr. Cuenca piensa que está usted en contra de que los autores cobren una remuneración por la explotación de sus obras. ¿Es así? ¿Considera usted que los autores deberían renunciar al contenido económico de los derechos de autor? ¿Comparte usted la afirmación popular de que “los autores ya cobran un sueldo por su trabajo, no deberían cobrar además por la difusión de sus obras”?

Nunca he sostenido nada ni ligeramente parecido a eso. Lo que hace el Sr. Cuenca es utilizar la falacia del hombre de paja, es decir, se inventa un argumento débil del contrario (“lo que queremos es que trabajen gratis”) para poder combatirlo con facilidad. Esto es lo que yo escribí en el año 2005, es decir, hace ya más de una década:

“Hay quien piensa que los autores deberían crear solo por amor al arte sin necesidad de remuneración. Pero, si eso fuera así, la mayoría de las personas solo podrían dedicarse a la creación en el tiempo libre que les deja el trabajo, cuando algo les deja.

Es cierto que el dinero no es la motivación principal de los autores, pero eso no cambia el hecho de que sí lo sea para que el carnicero te venda su carne o para que el casero te mantenga el arriendo. También es verdad, como dicen muchos en Internet, que Cervantes era pobre y que eso no impidió que escribiera El Quijote. Pero, por un lado, muchos cervantes no fueron tan valientes como Cervantes y los perdimos por el camino y, por el otro, nadie en su sano juicio desea esa vida para los creadores solo porque el manco de Lepanto fuera capaz de resistirla.”

También escribí por esas fechas:

“Tampoco vale eso que dicen algunos de que los creadores deberían trabajar solo por amor al arte. De eso nada. Esa es sin duda la motivación principal, pero esa motivación solo la satisfacen los que pueden regalar su tiempo al desarrollo de su vocación y por desgracia de ese tiempo solo disponen los ricos. Ya se que algunos que no lo son compatibilizan el trabajo que les da de comer con sus aspiraciones artísticas pero no es un tiempo suficiente como para que esa aspiración deje de ser su hobby para convertirse en su profesión.”

Por tanto, jamás he sostenido tal cosa. Más bien la contraria. Lo único que sostengo es que en el mundo actual, donde las obras intelectuales se pueden convertir en un conjunto de unos y ceros resulta imposible -literalmente imposible- impedir su acceso por parte de terceros en internet, y solo cabe hallar nuevos modelos y nuevas vías de remuneración para los creadores. La remuneración de los creadores no creo que sea un interés particular y privado de estos, sino que lo considero un interés social: el interés de los ciudadanos por que los autores puedan sostenerse con su trabajo y sigan creando obras a las que poder acceder.

-¿Considera usted que la disponibilidad online no autorizada de libros, películas y música puede originar un lucro cesante al titular de los derechos de explotación de dichas obras?

No considero que cada obra descargada sea una venta menos pero sí considero que hay obras que se dejan de vender porque pueden ser descargadas. También considero que cuando se inventó el gramófono -y con él la industria discográfica- los teatros se vieron afectados porque dejaron de ser el único sitio donde podía escucharse música. De nada sirvió entonces y de nada servirá ahora intentar romper la máquina. Solo cabe la misma solución que en aquella época: aceptarlo y adaptarse al nuevo contexto.

-¿Considera usted legítimo que los titulares de los derechos de explotación de obras que se difunden de forma no autorizada usen los mecanismos legales a su alcance para retirar de internet sus obras?

Completamente legítimo. También creo que es inútil.

Tras más de una década intentando parar esta realidad, parece claro que hemos llegado al momento de abandonar esa pelea. La búsqueda de vías alternativas de remuneración para los creadores (como las propuestas por ejemplo por el profesor William Fisher o Richard Stallman, ambos citados y apoyados por Lawrence Lessig en Free Culture, o la Licencia General propuesta en Francia) y el apoyo y fomento de nuevos modelos de negocio, se revela como la única salida posible en este choque de trenes en el que llevamos encallados durante años. El que haya seguido este conflicto legal y político, sabe que no son los nombres de Sinde ni Wert los que han conseguido reducir el número de descargas, sino que lo son los de Netflix y Spotify.

Fin de la entrevista. Y de este tema, por mi parte. La experiencia me dice que, si discutes sobre esto durante más de diez minutos, alguien te va a acusar de estar a sueldo de algún partido, de cobrar sueldos obscenos gracias al dinero público, o de ser incapaz de ver más allá de tus narices.

Pero no me resisto a enlazar el post que escribí en su día, cuando el Consejo de Ministros de Zapatero decidió no aprobar el reglamento de la Ley Sinde. Se titulaba Cuatro tuiteros, cuatro ganapanes y un par de gilipollas. Quizá no sea un gran post, pero qué título más bueno para una canción de Siniestro Total. Por ejemplo.

Feliz semana.

Sergio Barrejón.


EL ABOGADO DE LAS MAFIAS

29 febrero, 2016

Manuel Martín Cuenca, guionista y director de La flaqueza del bolchevique y Caníbal, entre otras, se ha referido recientemente en estos términos al abogado y diputado por Almería David Bravo:

David Bravo es el “lacayo” (abogado) de las mafias de la piratería que se ha incrustado en Podemos para servir desde allí a sus amos. Sinceramente, no entiendo cómo Podemos se deja llevar por este populista barato que lo que oculta es a un servidor de las mafias de la piratería.

Claro, la culpa es nuestra, que no hemos entendido que nos tenemos que dejar robar y que no debemos aspirar a vivir de nuestro trabajo… Es mucho más “guay” hacer películas sin pagar a la gente, explotando a los amigos, en low cost…

(Noticia publicada en La Opinión de Almería)

Es reconfortante ver cómo algunos colegas tienen el valor de coger el toro por los cuernos y decirle las verdades a la cara a los enemigos de nuestra profesión. Porque ya está bien de perpetuar ciertos mitos absurdos, como el de que los autores escriben por amor al arte, y por tanto no deben aspirar a una remuneración por sus obras.

Hay quien piensa que los autores deberían crear sólo por amor al arte sin necesidad de remuneración. Pero, si eso fuera así, la mayoría de las personas solo podrían dedicarse a la creación en el tiempo libre que les deja el trabajo, cuando algo les deja.

También es verdad, como dicen muchos en Internet, que Cervantes era pobre y que eso no impidió que escribiera el Quijote. Pero, por un lado, muchos cervantes no fueron tan valientes como Cervantes y los perdimos por el camino y, por el otro, nadie en su sano juicio desea esa vida para los creadores sólo porque el manco de Lepanto fuera capaz de resistirla.

El hecho de que Van Gogh fuera pobre y a pesar de todo hiciera obras inmortales no es una explicación que abarque la generalidad de las situaciones posibles. Ese argumento hace regla de las excepciones.

¿Verdad? Estupendo. Pues los tres párrafos anteriores no son míos.

Los he copiado de un libro de David Bravo.

Publicado en 2005.

Oops.

A ver si Manuel Martín Cuenca y David Bravo no van a estar tan lejos en sus posiciones.

A ver si no estaremos simplificando demasiado este debate. Las declaraciones de Martín Cuenca (hechas en su Facebook, al fin y al cabo, lo cual no las hace más elegantes, pero quizá sí revela que no buscaban mayor repercusión) respondían a una crítica de David Bravo contra la Ley Sinde. Pero ¿de verdad podemos identificar las críticas a la ley Sinde con el rechazo a que los autores vivan de su trabajo?

David Bravo jamás ha afirmado nada parecido a que los autores “nos tengamos que dejar robar y que no debamos aspirar a vivir de nuestro trabajo”.

Es cierto que ha defendido a mucha gente en juicios por piratería. Pero llamarle por eso lacayo de los piratas sería equivalente a llamar lacayo de los terroristas al abogado que defiende a César Strawberry. A Guillermo Zapata. A los titiriteros del Alka-ETA.

Sería tan tendencioso como decir que Manuel Martín Cuenca vive de las subvenciones por haber dirigido películas con el apoyo del ICAA.

Si odiamos ese estilo manipulador cuando lo usan para atacarnos, no lo usemos nosotros para atacar a nadie.

Menos puñetazos en la barra del bar y más reflexión. Si queremos llegar a algún sitio en este debate, discutamos con serenidad y sensatez. A ser posible, sin ataques ad hominem. No era tan difícil preguntarle a David Bravo por qué ataca la Ley Sinde. Por qué defiende a los presuntos piratas. Y a ver qué dice.

No era tan difícil. De verdad. Yo lo he hecho. Y dentro de un rato publicaré otro post con sus respuestas.

Mientras tanto, mitiguemos los efectos de esta irritante polémica leyendo otro texto de Manuel Martín Cuenca mucho más acertado: el guión de CANÍBAL. Gratis y en PDF. Cortesía de 70teclas.

Para que nadie diga que los autores están en contra del acceso libre a la cultura.

Sergio Barrejón.

 

 

 

 

 


DOS ENRIQUES MUY MACHOS

16 diciembre, 2011

por Sergio Barrejón.

La noticia del año de esta semana en el cine español la acaban de protagonizar dos Enriques. Y se resume tal que así: el presidente de la Academia de Cine, el veterano distribuidor y productor Enrique González-Macho, interpreta la no aprobación del reglamento de la ley Sinde como una rendición del Gobierno ante “los delincuentes”.

Enrique González-Macho

Y Enrique Dans, gurú oficial de la trendera emprendedora-startupista, interpreta que González-Macho está llamando delincuentes a todos los internautas, y se pica. Y decide que para Enrique, y macho, él más que nadie. Y va y dice en su blog, uno de los más populares (nunca mejor dicho) de España, que no piensa volver a comprar una entrada para ver cine español mientras González-Macho siga de presidente de la Academia.

Enrique Dans

Y se lía. Total, por un tal y cual, Pascual. A mí todo esto me parece de patio de colegio. Y se pone… Y salta el otro… Huy, me llega a decir eso eso a mí… Pero hay en este conflicto una cuestión de fondo que me irrita mucho. Y es precisamente el postureo. El rasgarse las vestiduras. La indignación vocacional.

Vamos a ver: a todo el mundo le cuesta comprender los inventos que aparecen después de la artrosis. Mi padre, por ejemplo, era un señor muy culto, jugaba al ajedrez que te cagas, se hacía el crucigrama de El País todos los días en diez minutos (el antiguo, el chungo), y había tocado profesionalmente el piano, el acordeón, el vibráfono, la tuba, el bajo y la batería. Tenía cabeza, vaya. Pero nunca aprendió a manejar el ratón por mucho que intentamos enseñarle. Simplemente, no le interesaba. Y es que había nacido en 1919, qué quieres.

Así es como yo valoro la actitud de González-Macho hacia el P2P e Internet. Sabe mucho de lo suyo, pero como cualquiera, ignora mucho más de lo que sabe. Y me apuesto una cena en el Miyama a que ni siquiera sabe qué coño significa P2P. Él ve que su negocio va a menos, y trata de protegerlo de quien cree que está causándole pérdidas. Lógico. Cualquiera de nosotros haría lo mismo. El problema es que el tiro es equivocado. Pero González-Macho cree honestamente que el P2P merma sus ingresos. Cree honestamente que la Ley Sinde es la solución a esos problemas. González-Macho no es malo. Simplemente, está mal asesorado.

Por otro lado, Enrique Dans sabe bastante de Internet, P2P y descargas (o al menos, vive bien aparentando que sabe mucho). Su presencia en el encuentro que interlocución con Alex de la Iglesia mantuvo con los detractores de la Ley Sinde fue determinante en el cambio de opinión del ex presidente de la Academia. ¿No sería estupendo que Enrique Dans, y los otros interlocutores de Alex de la Iglesia en aquella reunión, pudieran sentarse ahora con González-Macho para explicar su postura y acercar posiciones? En una entrevista concedida a ABC hace unos meses, a González-Macho le preguntaron si él se reuniría con los internautas, en clara referencia a aquel otro cónclave. Y él dijo “con los internautas siempre, con los piratas nunca”.

¿Sólo yo veo ahí una oportunidad para sentarse con este hombre y explicarle, con datos y argumentos, no con posturas radicales, unas cuantas verdades sobre la “piratería” y sobre la Ley Sinde? Haga el favor de convocar a los internautas, señor González-Macho. ¿O es  que tiene miedo de que le convenzan, como convencieron a Alex de la Iglesia? ¿Y usted, señor Dans? ¿Tan mal le fue en aquella reunión con el ex presidente que se niega a pisar de nuevo la Academia? ¿Tan pronto se ha olvidado de lo que usted mismo llamó la vía Alex: poner empeño en hablar, en obtener consenso, en hacer las cosas bien?

¿Acaso soy el único que está hasta las narices de golpes de pecho, puñetazos en la mesa y portazos airados? ¿Soy el único que echa de menos un poco de actitud adulta y responsable? Será que estoy viciado de tanto escribir telenovelas, pero me parece que aquí lo que hace falta es MÁS DIÁLOGO Y MENOS ACCIÓN.

En cualquier caso, como acción, la de Enrique Dans tampoco es como para grandes alharacas. ¿Quién va a creerse que, antes de este pifostio, Enrique Dans veía cine español? Yo no me lo creo ni aunque me enseñe los tickets. Y teniendo en cuenta el odio manifiesto que tienen sus seguidores hacia el cine español, yo diría que las pérdidas totales que va a provocar este boicot ascienden más o menos a lo que llevo ahora mismo en el monedero. Esta ronda la pago yo, que también soy muy macho.


CUATRO TUITEROS, CUATRO GANAPANES Y UN PAR DE GILIPOLLAS

8 diciembre, 2011

por Sergio Barrejón.

El pasado viernes, el Consejo de Ministros decidió in extremis no aprobar el reglamento de la Disposición Final Segunda de la Ley de Economía Sostenible. Lo que viene siendo la ley Sinde, vaya. Ha habido reacciones para todos los gustos. También ha habido dos reacciones de pésimo gusto:

El sociólogo Joan Navarro sugirió en su Eskup que la oposición a la Ley Sinde se reducía a “cuatro twiteros (sic) con el apoyo de unos pasmados medios de comunicación”.

Joan Navarro Martinez

Joan Navarro

Poco después, el cantautor Jaume Sisa afirmaba en El País que la no aprobación del reglamento “es el triunfo de unos lobbies de poder y de cuatro ganapanes“.

Jaume Sisa

Jaume Sisa

Yo trato de respetar todas las opiniones, salvo que estén fundamentadas en intereses espurios o en falsedades palmarias. Y a ser posible, prefiero que se expresen con un mínimo respeto.

En resumen: que me parece muy respetable estar a favor de la ley Sinde. Es más, me parece que en concreto la ministra ha impulsado la disposición final segunda convencida de que sería una herramienta útil y legítima para proteger la propiedad intelectual. También tengo colegas que están a favor de ley, supongo que porque piensan que es la única vía que tienen, hoy por hoy, de proteger su trabajo de la piratería. Y respeto su opinión, aunque no la comparta.

Pero cuesta mucho respetar opiniones como las de Navarro o Sisa. Minusvalorar de esa manera a quien se opone a la ley Sinde no es de recibo. Y no hablo de faltar al respeto. A mí, como titiritero subvencionado, socio de SGAE y guionista de telenovelas que soy, ya me han llamado de todo. No se me saltan las lágrimas porque me llamen ganapán. Hablo de minusvalorar numéricamente. Seremos ganapanes, pero somos más de cuatro.

Yo estoy en contra de la ley Sinde, y voy a intentar explicar por qué, sin insultar ni minusvalorar. A ver si me sale.

Prólogo: Considero que los derechos de autor son fundamentales, y muy progresistas. No estoy de acuerdo con que algunos se lucren con la explotación no autorizada de obras creadas por otras personas. Me jode especialmente si las obras son mías, claro. Vamos, que soy parte interesada. O sea, que estoy a favor de alguna medida para proteger la propiedad intelectual de los abusos ajenos. Pero no estoy a favor de esta medida en concreto.

Primer Acto: Creo que la ley Sinde no sirve para proteger la propiedad intelectual. Cerrar una web de enlaces, por mucho que se agilice el proceso, siempre llevará muchísimo más tiempo que trasladar los enlaces a una nueva web. Ya lo demostraron, en el pasado Festival de Donostia, los abogados David Bravo y Javier de la Cueva. Les llevó poco menos de una hora, con la ayuda de cuatro(mil) tuiteros. Llamaron al experimento Tabla Sinde.

Segundo Acto: Creo que a la industria audiovisual le habrían ayudado mucho más otro tipo de medidas. No soy un experto en producción ni distribución, así que hablo de oídas. Pero creo que, por ejemplo, sería muy de agradecer la eliminación de las ventanas de explotación. Que yo pueda, si me parece ventajoso, estrenar mi película en DVD y en la web al mismo tiempo que en salas. O antes. Que como productor y distribuidor, yo pueda diseñar mi propia estrategia sin perder por eso las ayudas ministeriales. Tampoco habría estado mal una buena ley antitrust que impida las prácticas abusivas de las distribuidoras norteamericanas.

A los autores, creo que nos habría ayudado mucho más el reconocimiento de nuestros derechos de explotación en web y DVD. A día de hoy tenemos una ley que nos reconoce los derechos en la explotación de VHS, pero no en la de DVD y web. Como guionista de Amar en Tiempos Revueltos, TVE me paga por la emisión de mis capítulos en televisión, pero no veo un duro por su edición en DVD ni por su difusión en rtve.es, donde es la serie más vista.

Vamos, que se agradece el intento, pero creo que han errado el tiro. La ley Sinde responde a unos modelos económicos que están siendo superados, y ha vampirizado un impulso político que podría haberse aprovechado para objetivos más realistas.

Tercer Acto: la ley Sinde permite que la autoridad para cerrar webs recaiga en partes interesadas, y abre la puerta a usos espurios y peligrosos de ese poder. Antes, para cerrar una web de enlaces hacía falta una instrucción y una resolución judicial. Y hay numerosas resoluciones judiciales que demuestran que publicar enlaces (incluso con publicidad) no va contra ninguna ley. Lógico: los enlaces sólo son direcciones. ¿Se me puede acusar de traficar con droga sólo por darle a alguien la dirección de un camello?

La ley Sinde pretende dejar la investigación y dictamen sobre la ilegalidad en manos de una comisión. Al juez sólo le quedaría ratificar el cierre, sin posibilidad de investigar. A mí eso me parece peligrosísimo. En primer lugar, porque la independencia de la comisión me resulta más que dudosa, dado su origen político, y dado que estaría administrando los intereses de agentes industriales muy poderosos. Véanse, si no, los esfuerzos diplomáticos norteamericanos por impulsar una ley de este tipo.

En segundo lugar, me parece peligroso por la propia definición de lo que se considera web de enlaces. Este blog podría ser cerrado por la comisión. Google mismo, como demostraba el experimento Tabla Sinde, podría ser cerrado por la comisión, aplicando estrictamente el reglamento de la ley. Sí, ya sé que no es eso lo que se pretende con la Ley Sinde, pero el mero hecho de que una comisión nombrada a dedo pueda decidir sobre el cierre de una web me parece un flirting with disaster muy tocho.

Epílogo y extras: ayer, desde mi cuenta de Twitter, le lancé a CUATRO TUITEROS una pregunta: ¿Por qué rechazas la ley Sinde? Esto es lo que me contestaron:

Juan Gómez Jurado (Escritor. Más de 100.000 seguidores en Twitter. Autor del ebook más vendido en Amazon España):

Porque es una ley instrumental, un horror legislativo y será inútil. Hay que construir un mercado viable, no sacar leyes al dictado. Urge más hacer una nueva LPI que contemple las realidades del s. XXI. La que tenemos es decimonónica.”

El Teleoperador (Bloguero. Más de 6.000 seguidores en Twitter. Premio Mejor Blog Personal 2007 del diario 20 minutos.)

Porque a pesar de lo que nos parezca éticamente, la actividad de las webs de descargas -con o sin publicidad- es legal, como así han indicado más de 20 resoluciones judiciales firmes. La ley Sinde es el truco miserable para sortear a una ley que no dice lo que queremos y aplicar administrativamente un cierre “preventivo”; truco chapucero porque lo que castiga no es la difusión no autorizada (ya dicen los jueces que no hay tal) sino el enlace a dicha obra, lo que abre la puerta a perseguir, por ejemplo, los enlaces de este blog a fragmentos de películas en YouTube; y truco inútil porque no va a servir para evitar la difusión no-industrial, bastará con alojar la web en otro país, convertirla en red social, publicar los enlaces como texto, pasarlos a docs públicos (como hizo David Bravo en una charla) o crear listas de correo privadas para distribuirlos. Y ni siquiera entro a calificar el infame origen de la ley con las presiones de EE.UU. de las que tuvimos que enterarnos por WikiLeaks y no por nuestro Gobierno.

José A. Perez (Director y guionista. Bloguero. Más de 90.000 seguidores en Twitter.)

Las industrias culturales pasan por un mal momento debido a la agonía del paradigma estructural. Paradigma que, como tantos otros a lo largo de la historia, se ha considerado eterno e inmutable. Pero no lo es. Ninguno lo es. Cuando un paradigma tontea con su extinción –la Historia está llena de ejemplos- empieza una lucha descarnada donde la supervivencia se convierte en su único fin. Como creador de contenidos, estoy convencido de que se necesita un marco jurídico que regule los derechos de los creadores. Y también estoy convencido de que la llamada ley Sinde, lejos de plantear un marco legal adaptado a nuestro tiempo, simboliza la última dentellada de un tiburón agonizante.

Javier de la Cueva (Abogado, experto en propiedad intelectual. Más de 9.000 seguidores en Twitter.)

Rechazo la ley Sinde porque los fines no justifican los medios. La Ley Sinde no es una ley antidescargas, como se nos intenta hacer creer, sino una ley que sirve para bloquear cualquier servicio de la sociedad de la información (traducido: cualquier conexión), según se manifiesta literalmente en su texto.

Es sintomático que esta posibilidad de bloquear cualquier servicio de la sociedad de la información, esto es, cualquier conexión vía Internet o smartphone, sea algo que los instigadores de la ley silencien, manifestándose únicamente como si la ley fuese dirigida contra las  webs de enlaces. No debemos olvidar que quien tendría que prohibir estas webs es la Ley de Propiedad Intelectual, que es la que define las infracciones, siendo así que la Ley de Propiedad Intelectual no se toca en la reforma.

El poder tiene miedo a Internet y es por ello que quiere tener la posibilidad de que el gobierno bloqueé cualquier conexión. Lo que la Ley Sinde hace es poner en manos de una comisión integrada por políticos nombrados por el gobierno la posibilidad de censura.

Por esto es por lo que afirmo que los fines no justifican los medios. Todo lo legítimo que pueden tener los intereses de los derechos de los titulares no justifica la implantación de sistemas de censura en manos del gobierno de turno. Este mecanismo censor responde a sistemas totalitarios. La solución a los problemas de la propiedad intelectual no puede venir de instituir sistemas totalitarios de control de las conexiones.

Recomiendo también leer el artículo La piratería no existe, de Juan Gómez Jurado, y el demoledor post del Teleoperador en respuesta al “cuatro tuiteros” de Joan Navarro, donde nos recuerda que el “amplio consenso” que invoca Navarro a favor de la Ley Sinde se reduce a 323 personas: los diputados que votaron a favor. Esa ley no se incluía en el programa electoral de ningún partido, así que malamente se puede decir que represente la voluntad de los votantes.

En definitiva: estemos a favor o en contra, tratemos de explicar nuestra postura civilizadamente. Porque puestos en plan macarra, donde unos dicen que la ley Sinde sólo la rechazan cuatro tuiteros y cuatro ganapanes, otros podrían contestar que la ley Sinde sólo la apoyan 323 diputados y un par de gilipollas. Y tampoco es eso.


FLASHBACK: A MEDIO CAMINO DE UNA SÍNTESIS (IM)POSIBLE

27 agosto, 2011

Por Guillermo Zapata

Me gustaría que éste texto no se publicara por la mañana, me gustaría que apareciera en el filo de las doce de la noche, entre un año y el siguiente, entre una década y la siguiente.

Quiero decir que es, como todo lo que escribimos y leemos estos días, estos meses y, probablemente, estos últimos (o primeros) años, una cosa provisional, un intento de mapa, un borrador de algo. Es imposible pretender llevar razón porque nadie puede saber qué va a pasar.

Es imposible saber qué va a pasar en la industria cultural y es imposible saber que va a pasar en la cultura (Son dos cosas distintas, parece que hay que recordarlo). Es imposible saber que va a pasar en el cine y en el audiovisual en general (Son dos cosas distintas también). Es imposible saber qué va a pasar con nuestras formas de trabajar y con las formas de retribuir nuestro trabajo.

Esa imposibilidad no viene determinada por una cuestión cronológica. No es que no lo sepamos porque resulta que es nochevieja y porque resulta que el futuro tiende a ser distinto del presente. No, no lo sabemos porque estamos afrontando un cambio de paradigma en las formas de producir, distribuir y exhibir la cultura. Estamos colgados entre dos décadas, pero sobre todo colgados entre dos mundos…

En estas semanas, a raíz de la votación de la Ley de Economía Sostenible y sobre todo, del rechazo de la disposición final segunda de la misma, conocida popularmente como “ley Sinde”, hemos leído dos tipos de cosas sobre el futuro.

Una de esas cosas explicaba la consecuencias concretas de la aplicación de la Ley Sinde.

Generalmente, eran cosas técnicas que explicaban abogados. Yo, por ejemplo, estaba y estoy de acuerdo con esos abogados y por eso me alegro que la Ley Sinde no saliera y me preocupa que pueda salir en el senado. Sin embargo, éste texto no va de eso (O no exclusivamente)

Además de los abogados hablando de la ley Sinde había otro montón de gente hablando la industria cultural y la cultura. Una parte importante de esos parecían tener clarisimo lo que iba a pasar con la industria cultural y la cultura en los próximos años. A saber, algo horroroso.

De entre esos que opinaban sobre el futuro de la industria cultural y la cultura algunos (lo menos, lamentablemente) han dicho: “No sé lo que va a pasar”.

Yo tampoco lo sé.

Si sé, sin embargo, que no es suficiente con no saber. No saber es un punto de partida, es la orientación mínima para “poder saber”. La mayor parte de los que han dicho “No lo sé” han añadido “Mientras tanto, estoy haciendo ésto”.

Ahora, una breve historia autobiográfica.

He dirigido tres cortometrajes en mi vida. Los tres se han estrenado en Internet y cuentan con licencias Creative Commons. Los tres permiten casi cualquier uso si se hace sin ánimo de lucro. Uno de ellos permite también los usos con ánimo de lucro. Ninguno a ganado ningún premio. Uno estuvo nominado a unos cuantos premios. Uno de ellos lo han visto más de cien millones de personas, otro cientos de miles y otro, el más nuevo, está cerca de de ser visto por diez mil.

Si trabajo con regularidad en esta industria es, principalmente, gracias a la red, a esos cortos y a esa repercusión, pero fue mi trabajo como guionista lo que me permitió financiarlos. (Si, es un pequeño bucle)

Y eran cortos de inversión pequeña, no eran largos, ni series. Su coste era muy bajo, pero sus posibilidades de negocio también lo eran. Al menos en relación a los largos y las series. Como cualquier otro corto.

Eso es lo que yo he estado haciendo “mientras tanto”.

Dos moralejas posibles a la historia…

1.- La cultura libre en el ámbito audiovisual no es rentable (o es incompatible con una industria cultural solvente) Es necesario restringir de alguna manera el acceso a los contenidos. Esas formas de gobierno, aunque desagradables y autoritarias, son la única manera de seguir financiando proyectos.

2.- La producción de una cultura libre en el ámbito audiovisual puede ser compatible con modelos de negocio porque parte de que la mejor manera de construir un público es ponérselo lo más fácil posible para que acceda (y utilice) los contenidos que produces.

Cuando digo “Cultura Libre” me refiero en realidad a lo que ya de por si pasa (El intercambio de contenidos en la red) Solo que existen ciertas herramientas para garantizar que aquello que pasa siga pasando y añadir “y me parece bien”, y algunas otras herramientas para intentar evitar que siga pasando o que siga pasando tal y como pasa ahora.

Y ahora tocaría que yo dijera que los próximos años serán el momento de una gran síntesis entre esas dos opciones. Ya sabéis, ¿no? tesis, antítesis, síntesis. Se llama dialéctica, se da en el colegio y es el motor de la mayor parte de las narraciones.

Pero como dije al principio, no lo sé. Eso tampoco lo sabemos. Entre otras cosas porque internet no es el mejor lugar para producir síntesis, sino al contrario. Internet no es el lugar dónde dos cosas se convierten en una, sino dónde una se convierte en dos.

Así que no lo sabemos. Solo tenemos pistas y experimentos. Solo tenemos lo que unos y otros vamos haciendo mientras tanto.

Lo único mínimamente exigible es tener la inteligencia y la determinación para conquistar la posibilidad de seguir experimentando.

Esa es la pelea, supongo.

Feliz Año Nuevo.

(Publicado originalmente en Bloguionistas el 31 de diciembre de 2010)

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GAFAS ESPECIALES PARA VER CINE EN INTERNET

9 junio, 2011

por Sergio Barrejón.

La revista Cinemanía ha preguntado a cinco directores de cine español qué opinan de la posibilidad de estrenar sus películas en Internet a la vez que en las salas. La pregunta venía a cuento del reciente lanzamiento del servicio Home Premiere de DirecTV: este canal norteamericano ha llegado a acuerdos con cuatro grandes majors para ofrecer por internet películas que aún están proyectándose en salas.

Resumiendo, esto es lo que han dicho los directores españoles:

Juan Carlos Fresnadillo, que bien:

“La gente va a ver pelis descargadas de todas formas”

(Este nuevo modelo) “intenta conseguir una conciliación entre la industria y la  la gran ventana de distribución del siglo XXI, internet”

Carlos Iglesias, que sí pero no:

“Cualquier cosa que minimice las pérdidas de una película en taquilla me parece bien”

“En España no se apuntaría ni Dios, porque todo el mundo puede conseguir películas gratis por el morro”

Montxo Armendáriz, que ya si eso lo vamos hablando:

“Disminuirían los ingresos de taquilla en los cines, lo mismo que la distribución por los canales habituales de dvd”

“Lo más conveniente y urgente es el análisis de estas y otras cuestiones por las partes implicadas”

Guillem Morales, que aquí se hace lo que él diga:

“Las películas se hacen para verlas en pantalla grande”

“La gente tendría que volver a reunirse”

Miguel Ángel Vivas, que cualquier tiempo pasado fue mejor:

“El recorrido lógico de una película es primero en los cines, y después en dvd e internet”

“Ya que hay gente intentando robar tu casa, es mejor que no les dejes la puerta abierta”

Exceptuando a Fresnadillo, casualmente el director de más éxito de todos, con sólo dos largos estrenados, todos los demás se muestran reticentes. Y sobre todo, hay una clara tendencia a considerar que lo “habitual” y “lógico” es seguir los cauces de distribución anteriores al auge de la banda ancha.

Todos ellos son profesionales a los que respeto, pero creo que alguno adolece de una cierta miopía. Entiendo que cuando a uno le van bien las cosas, entre en modo virgencita-que-me-quede-como-estoy. Entiendo menos que aquellos a los que les va mal no quieran ver nuevas oportunidades de negocio. Y no entiendo en absoluto esa tendencia a pensar que las nuevas maneras de explotación suponen la muerte de las anteriores.

Creo que tiene que ver con la confusión entre los conceptos de ventana y formato. Una ventana de explotación hace referencia al tipo de consumo que el cliente hace del producto. Un formato hace referencia a la manera en la que empaquetas ese producto. Son dos conceptos relacionados. Pero no son lo mismo.

Uno es muy libre de pensar que la distribución por internet supondrá el fin de las salas de cine. Pero no puede usar como ejemplo legítimo el hecho de que el DVD acabó con el VHS. Ni que el VHS acabó con el Super-8. DVD, VHS y Super-8 son tres formatos distintos, pero pertenecen a la misma ventana: el cine en casa.

La distribución en internet podrá acabar en todo caso con el DVD, aunque eso también es discutible. Yo creo que el DVD y el CD seguirán existiendo, sólo que con niveles de ventas muchísimo más pequeños que los que llegaron a alcanzar en su mejor momento.

Y estoy absolutamente convencido de que las salas de cine seguirán existiendo. Es más, creo que los cines ni siquiera reducirán significativamente sus niveles de negocio con el Home Premiere. Ni con ningún otro sistema de entretenimiento en casa. También con la llegada de la televisión se oyeron llantos y quejas contra el deterioro de su arte. También entonces se pensaba que sería el fin del cine. Lo mismo con los proyectores de Super 8 y el alquiler de películas. Y mucho más con la llegada del home video. Qué demonios, ¡con la llegada del cine sonoro ya hubo gente que advirtió del apocalipsis!

¿La realidad? En términos globales, cada avance tecnológico ha supuesto una nueva oportunidad de negocio. Sólo los mastodontes que insistieron en mantenerse inamovibles acabaron arruinados.

Mi opinión sobre el Home Premiere es muy sencilla: ¿hay gente que quiere comprar el producto así? ¡Véndeselo! Muy probablemente esa gente no iría al cine de todos modos. ¿Por qué renunciar a ese cliente? Carlos Iglesias hace una observación muy aguda, algo que no piensa casi ninguno de los artistas audiovisuales que viven en grandes ciudades y sólo se relacionan con gente que vive en grandes ciudades: también hay que pensar en los espectadores  “que viven en pueblos donde no hay cines, y que tienen que hacer 60 kilómetros en coche para ver una película en pantalla grande”.

El daño que haya podido hacer la piratería al cine de autor no es nada comparado con el daño que ha hecho la especulación urbanística en las grandes ciudades y la falta de protección cultural a la exhibición. Seriesyonkis no hace la mitad de daño que Gallardón cuando permite que en la Gran Vía se cierre un cine para poner una tienda de ropa cosida por esclavos. Si cientos de miles de espectadores potenciales tienen que desplazarse a las afueras para ver una película, el cine independiente no tiene nada que hacer. Sólo las grandes distribuidoras pueden permitirse un desembarco publicitario suficiente como para arrastrar a la gente hasta Kinepolis.

Y por otra parte, eso de que “las películas se hacen para verlas en pantalla grande” es un poco hipócrita. ¿Acaso Guillem Morales no ve películas en casa? ¿Acaso Guillem Morales no quiere que se vendan muchos DVD de Los Ojos de Julia?

Parece que van a hacer falta unas gafas especiales para ver las películas en Home Premiere. Unas gafas que curen la miopía empresarial. Porque hace falta estar muy miope para no ver que hay distintos tipos de espectadores. Están los que sólo ven las películas en el cine y en pareja. Están los que sólo las ven en casa. Los que no pueden ir al cine por cuestiones personales o geográficas. Los que pueden esperar y los que lo quieren todo ya. Algunos ven unas películas en cine y otras en casa. Y están, naturalmente, los que se compran en DVD las películas que ya han visto en cine.

Estos últimos que pagan dos veces y por los cauces “habituales” y “lógicos” son los ideales, claro. Nos ha jodido. Pero cualquiera que pretenda seguir viviendo exclusivamente de ellos, va a necesitar mucha suerte.

Y si alguno está esperando que con la llegada de la ley Sinde se acaben las descargas “ilegales” y todo vuelva a ser como hace diez años, tengo malas noticias para él: no va a ocurrir. En primer lugar, porque nunca ocurre que las cosas vuelvan a ser como hace diez años. Y en segudo lugar, porque la ley Sinde tiene un par de pequeños problemas. Sigan el enlace para comprender, en minuto y medio, por qué la ley Sinde no va a funcionar.

Lo peor de todo es que, insistiendo en que se aprobase ese texto inoperante, la industria ha gastado su último cartucho. En las próximas legislaturas, nadie querrá volver a meterse en el avispero de los derechos de autor.

En resumen, que no se le pueden poner puertas al campo, que prohibir no es la solución, y que todo el mundo sabe que mola más ver las pelis en pantalla grande. No hace falta que venga ningún director a decírselo. La gente irá o no al cine en función de lo mucho que le interese una película, y del esfuerzo que tenga que hacer para ir.

P.S. Quedan sólo dos días para inscribirse en la charla “Recursos para Guionistas en Internet” que doy este lunes en Madrid. De 10.00 a 14.00 en la sede de la SGAE. Más información en la web de Fundación Autor.


DESPUÉS DE LOS PREMIOS GOYA (I)

21 febrero, 2011

Por Daniel Castro (Guionista en Chamberí)

(- Primero: disculparme por el retraso en publicar. Tengo dos excusas, eso quiere decir que ninguna de ellas es buena. Estoy fuera de casa, con algunas dificultades para conectarme y, dos, ayer domingo trabajé tanto que no pude escribir. La auténtica es que… anoche se me olvidó ponerme a ello.

– Segundo, tal vez por el punto primero, este post va a ser algo diferente, algo más precipitado y menos reflexivo de lo habitual. Tal vez todo ello sea para bien. )

Vi los Goya con amigos, en una de estas reuniones en las que apenas ves la tele, sólo el tiempo suficiente para poder pensar un chiste supuestamente ingenioso que impide que el resto de los presentes puedan enterarse de la ceremonia.

Eso no me impide sacar unas pequeñas reflexiones sobre la Gala y especialmente sobre los enmascarados Anonymous que abuchearon a muchos de los invitados a la gala y, en cambio, corearon el nombre de Álex de la Iglesia a la entrada al acto. Al parecer, alguno de  ellos tiró algunos huevos. Al parecer también, otros Anonymous afearon la conducta al de los huevos (al que los había tirado, quiero decir).

Algunos medios apenas se hicieron eco de estas protestas, otros se centraron mucho en ellas. Otros medios criticaron a los primeros, por ignorar la realidad. Otros, al contrario, criticaron a los que dieron excesiva importancia a los Anonymous.

Muchas crónicas hablaban sobre la gran tensión con que se vivió toda la ceremonia. Al parecer, uno de los momentos álgidos fue el discurso de De la Iglesia, que, al parecer, algunos han adoptado como una especie de Nuevo Evangelio, el Gran Sopapo en la Cara de la Industria. A otros casi todo el discurso nos pareció escrito por Pero y Grullo.

Si me permitís mi opinión… para mí nada es para tanto.

Que un Gobierno intente, por medio de un mecanismo legal y unas sanciones, defender los intereses de una Industria, es lógico.

Que las personas afectadas por esas sanciones protesten, invocando a las libertades o derechos fundamentales, también es normal. Que, entre estos se cuele un tipo que tire algo tan inofensivo como un huevo, tampoco parece especialmente grave.

Hace pocos meses, el mismo Gobierno aprobó una ley antitabaco que prevé graves sanciones para fumadores y locales que la incumplan. Muchos ciudadanos se han visto perjudicados por ella. Han invocado derechos fundamentales para defender su derecho a fumar. Unos han protestado colectivamente, otros han elegido una vía de “martirio individual”. La ley se ha cumplido. Algunos están contentos, otros están enfadados e incluso resfriados gracias a ella.

Pienso que el consenso absoluto es imposible de alcanzar, aunque sería lo óptimo. A veces lo bueno es enemigo de lo óptimo. Gobernar, tomar decisiones, implica generarse “enemigos” a cada paso. Un gobernante debe saber que no todo el mundo va  a quererle. Un individuo que expresa una opinión política también debe asumir que encontrará que otros muchos no están de acuerdo con él.

Como reflejaba, a modo de simple ejemplo, en esta entrada, gran parte de la opinión pública (y publicada) en España es espectacularmente crítica con el cine que se produce en nuestro país. Posiblemente no haya ningún otro sector que sufra críticas tan constantes. Muchas de las críticas inciden en qeu se trata de un sector muy dependiente de las ayudas públicas. Sin embargo, otros sectores muy subvencionados como la minería o la agricultura no concitan, descalificaciones comparables. Otro argumento que utilizan los críticos (tiene que ver con el anterior) es que se trata de un cine poco taquillero y escasamente popular. Sin embargo, en nuestro país hay docenas de sectores económicos que no se distinguen por su gran nivel internacional. Por ejemplo, nuestra investigación científica no parece comparable a la de otros países europeos. Sin embargo, a pesar de que se trate de otro sector que subsiste casi exclusivamente por la inversión pública, no se insulta o critica a los científicos, sino que se les compadece por las difíciles condiciones en que trabajan y se solicita que los subsidios públicos se incrementen en la medida de lo posible.

Es decir, ni la financiación pública ni el escaso éxito comercial son las razones de fondo que explican la gran aversión que se produce en muchos medios (y muchos ciudadanos) al cine producido en España. En mi opinión, la razón principal de la mala imagen de nuestro cine en amplios sectores de España es otra. Creo que podemos buscarla en el día 1 de febrero del año 2003.


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