¿PUEDO CONTAR UNA HISTORIA SIN EL PERMISO DE SUS PROTAGONISTAS?

2 febrero, 2015

por Carlos López

“Mi nombre es Eva y resido en Madrid. (…)Me estaba planteando la posibilidad de escribir un guión basado en un hecho real ocurrido en España hace cuarenta años, con protagonistas con nombre y apellido… Y me preguntaba si en este caso es posible simplemente escribirlo ya que los hechos son de conocimiento público y hacer una adaptación o si es necesario contactar con los protagonistas para obtener su permiso.

Muchas gracias. Un cordial saludo,
Eva”

La respuesta a tu consulta, Eva, es fácil, clara y directa: sí. Claro que puedes. Si los hechos son conocidos por el público o han aparecido en los medios de comunicación, donde probablemente tú misma has tenido noticia de ellos, su relato es también de dominio público y no necesitas autorización de nadie. Además, por si lo anterior no fuera suficiente, como narradora –guionista, novelista, dramaturga, inventora de ficciones en general– nadie te niega legalmente tu derecho a fabular con esas historias por todos conocidas, a alterar sus datos a tu entera libertad para con ellos alumbrar una obra nueva, tuya.

Suena bien, ¿verdad? Pero que puedas hacerlo no significa que eso no vaya a causarte problemas o que sea lo más conveniente. Al menos, no en todos los casos. Y como siempre, todo dependerá de qué historia se trate, de cuándo ocurrió, de si sus protagonistas o herederos están vivos, de su dimensión pública, de la repercusión que pueda tener tu obra o si de tu enfoque alguien puede sentirse perjudicado, por citar algunos de los elementos en juego.

Nadie puede negar tu derecho a contar el asesinato de Carrero Blanco, el crimen de Puerto Hurraco o un robo que apareció en las páginas interiores de un diario de provincias y cuya sentencia es, como todas las sentencias, de contenido público. De la misma manera que nadie puede quejarse si un fotógrafo publica fotos tuyas cuando te desnudas en una playa, a la vista de todos. Pero en cualquiera de esos casos, nadie puede negar tampoco el derecho de los protagonistas del caso a demandarte. Y pueden hacerlo por varios motivos.

¿Por qué me van a demandarme si me limito a contar lo que pasó?

En primer lugar, y esto es lo que más puede interesarte cuando te sientes a escribir ese guion, porque es imposible contar la versión estricta y aséptica de los hechos: vas a verte en la necesidad de inventar situaciones, personajes y diálogos que no han aparecido públicamente. Conversaciones de dormitorio, personajes que no corresponden exactamente con los originales, frases que nunca dijeron… Y además, todo ello manipulado, en el buen sentido del verbo, para que la historia tenga un sentido y un interés. Por ejemplo: en la vida de cualquiera hay docenas de personas necesarias para entenderla, pero en una ficción que adaptase esa vida ese número de secundarios sería inútil, además de inabarcable. En el primero de los casos, mira en esta noticia lo que opinaban los familiares del hombre que dio lugar a la historia que cuenta Intocable, con cuyo final feliz no comulgan, así como tampoco ven con buenos ojos que ellos no salieran bondadosamente retratados. Lógico. Ponte en su lugar. Millones de personas mirando la historia y ellos, que formaron parte de ella, no aparecen. O no reciben un céntimo, que eso también es una buena razón para intentar la demanda.

(Entre paréntesis: puede que cuentes con el permiso de los protagonistas… pero hay más personajes importantes en la historia, y otros que decidirás borrar sin preguntarles, claro, y otros a los que corresponde el papel de antagonistas, y a estos difícilmente vas a convencerles para que te dejen convertirlos en –con perdón– los malos de la película)

Ese enorme guionista que es Scott Alexander (que ahora tiene en pantalla Big Eyes y también firmó, con el mismo compañero, Larry Karaszewski, las notables Man on the moon, Ed Wood y El escándalo Larry Flint, todas basadas en personajes reales) cuenta algo de esa batalla del narrador contra la realidad en esta estupenda entrevista, en la que reconoce que Larry Flint tenía tres abogados, pero en la película se resumieron en uno solo para que su pelea tuviera cierto sentido del espectáculo.

El doble de Larry Flint y el abogado que vale por tres.

El doble de Larry Flint y el abogado que vale por tres.

Así que te pueden acusar de haber tergiversado la historia, o de haber inventado partes que no son de conocimiento público.

Supongamos que no te inventas nada, que todo lo que cuentas está contrastado y refrendado, aunque tu guion sea aburrido como un ladrillo. Bueno, pues incluso así pueden demandarte. ¿Por qué? Porque consideran que has dañado su honor o su reputación.

Aunque lo que cuentes sea verdad.

No podrán acusarte de calumnias, pero aunque tú demuestres punto por punto que no incurres en falsedad, te puedes buscar un problema. Quizá a los que te demandan no les importe que el juez, al final del proceso, vaya a darte la razón. De momento, la demanda les deja cumplir el papel de víctima, les otorga sus cinco minutos de fama y, con suerte, les procura el contrato de algún programa televisivo. O quizá, simplemente, esa demanda a la postre inútil viene a curar la herida que tu intromisión les ha causado, sea la que sea.

Hay que decir, no obstante, que los jueces tienen en cuenta algo tan inaprensible como la libertad de creación, y que esgrimiéndola como un derecho propio un guionista no tiene por qué ser fiel a la verdad, ya puede el protagonista de los hechos sentirse agraviado. Hace casi dos años, la Audiencia Provincial de Madrid rechazó la demanda interpuesta por la hija de los marqueses de Urquijo, “por intromisión ilegítima en el derecho al honor y la intimidad personal y familiar” contra los autores de la Tv movie El crimen de los marqueses de Urquijo. Tal como contaron los medios (aquí, por ejemplo) la demanda era algo serio, porque la hija de los marqueses se quejaba de que la serie televisiva daba a entender que ella tuvo parte en la autoría del asesinato. Pues bien, la justicia estimó que, aunque “la película deja cabos sueltos e interrogantes”, “no hay imputaciones directas en boca de ninguno de los personajes ni tampoco cabe deducir que se pueda llegar a esa conclusión de las expresiones utilizadas en los pasajes que se destacan en la película”.

Guionistas y productores respiraron aliviados.

Por todo lo que acabo de contarte, entenderás que no es tan extraño que para adaptar historias reales el guionista trabaje casi al dictado de un informe jurídico, cuyas recomendaciones conviene seguir casi al pie de la letra: cambiar nombres, diálogos o giros aunque con ello te alejes de la historia real, con tal de cubrirte las espaldas de cara a una posible acusación.

Con todo esto no quiero asustarte, ni mucho menos, no siempre hay que andarse con tanto miramiento ni todas las historias tienen por qué acabar en litigio, ni siquiera en discusión privada. Puedes lanzarte a escribir tu historia, manejarla a tu antojo sin dejar contaminar tu imaginación y tu talento por una empatía con los personajes reales que a veces termina por ser un lastre. Y cuando pongas el fin, cuando realmente has averiguado por qué querías contar esta historia que, de alguna manera, ya estaba contada, entonces miras hacia atrás y valoras los pros y los contras de buscar la colaboración de los protagonistas o ni siquiera intentarlo. Hay historias en las que vas a tener enfrente a los que las vivieron, sí o sí, que se van a negar a que tú las cuentes porque no quieren exponerse al ojo público, sobre todo si en el relato de los hechos figuran como culpables.

Pero en la mayoría de las historias contar con la colaboración de los protagonistas es más que recomendable. Te contarán mil y un detalles jugosos para un guionista, que siempre anda buscando la vida cotidiana de sus personajes, algunos tan increíbles que te obligarán a replantearte la credibilidad de la historia por muy reales y fidedignos que sean; aportarán a tu relato un punto de vista que no habrás encontrado en las noticias de los periódicos, y el punto de vista es quizá el elemento más necesario en un guion de estas características; y estarán a tu lado, y al lado de la serie o película, cuando se presente y haya que responder ante el público y los medios de la veracidad de todo lo que estás contando.

Piensa, por ejemplo, en el papel que jugó en el nacimiento de la película Lo imposible, en la construccion de su guion y en todas las tareas de promoción la madre real de la familia cuya tremenda historia cuenta la película: la presencia de María Belón otorgaba, qué duda cabe, mayor veracidad a la película. Y ese marchamo de veracidad también es algo necesario para que tu proyecto llegue al espectador.

María y Naomi, realidad y ficcion, de la mano en la promoción de Lo Imposible.

María y Naomi, realidad y ficcion, de la mano en la promoción de Lo Imposible.

En mi caso, en más de una ocasión he tenido que adaptar historias reales y lidiar con algunos de los asuntos que en esta respuesta he tratado de resumirte. Así fue en Los años bárbaros, en Horas de luz, en 11-M y en alguna más. Y si mi experiencia te sirve de algo, te sugiero que contactes con los protagonistas de los hechos, o con alguien de su entorno, lo antes posible (a no ser, como indico más arriba, que de antemano supongas que van a situarse en contra de la adaptación). Lo habitual es que, una vez que la película entra en producción, firmen un contrato de colaboración que viene a refrendar su compromiso con el proyecto y compensar, también, las horas de insomnio que tu proyecto les va a provocar. Después de esa firma, sólo te queda sacar el portátil y preguntar.

Una última prevención: cuando alguien recibe la llamada de un guionista que se muestra interesado en contar su historia, a menudo siente un cosquilleo, una vocecita que le repite que Hollywood ha llamado a su puerta. Se ve a sí mismo en la alfombra roja de los Oscar y da por hecho que la tele y el cine mueven millones y que la fortuna, con toda justicia, ha llamado por fin a su puerta. Ya puedes contarle que tú cobras una miseria y que aún ni siquiera sabes si el proyecto encontrará financiación. Disolver esa expectativa será, con toda probabilidad, la primera de tus tareas. Pero de eso, si te parece, hablamos otro día.


CONSULTORIO: “NO TENGO GUIÓN, NO SÉ ESCRIBIRLO”

20 noviembre, 2013

sandro

Por Chico Santamano.

Desde que Bloguionistas apareciera en sus vidas y en la de un servidor, he ido esquivando la tentación de contestar las preguntas que los lectores nos mandan por mail periódicamente. Nunca he creído que tuviera la suficiente experiencia o talento didáctico como para explicar absolutamente nada, pero cuando llegó la siguiente pregunta me dije a mí mismo: “Si no sabes contestar a esto… ERES UN FARSANTE”. Así que ahí que voy.

——–

Estimados Sres:

Mi nombre es Fernando. Soy de Argentina, hace un par de años vivo aquí en España. Voy a ser sincero, yo soy director de cine, no guionista.

Pero igual estoy en busca de mi primera película. Pero no tengo guion, no sé escribirlo solo.

Por eso pienso presentar mi argumento de cuatro páginas a varias productoras y decirles que me financien la tutoría o curso de guión y con ese mismo guión llegar a negociaciones y yo dirigir la película.

¿Es una idea muy descabellada?

Un abrazo grande. Siempre leo el blog.

Saludos!!

——–

Amigo Fernando de Argentina, quizá habrías preferido que te contestara David Muñoz, lo siento. Te tocó Santamano.

La respuesta es:

SÍ, ES UNA IDEA DESCABELLADA.

¿Por qué? Por DOS RAZONES:

Primera razón: a mucha gente en tu situación la pregunta le parecerá interesantísima. Son legión los directores que están en tu misma situación. “¡Quiero dirigir, pero no sé escribir!” A mí, como guionista que no quiere ni sabe dirigir, tu consulta me parece un poco “indignante” (lo pongo entre comillas porque en realidad no me indigna para nada, pero es por darle un poco de drama al asunto). Voy a explicarte por qué la cuestión me saca de mis casillas con este práctico ejemplo

 blogactores

Imagínate que viviésemos en un universo paralelo tan loco como para que existiera un blog llamado BLOGACTORES y llegara la siguiente consulta:

——–

Estimados Sres:

Mi nombre es Fernando. Soy de Argentina, hace un par de años vivo aquí en España. Voy a ser sincero, yo soy director de cine, no ACTOR.

Pero igual estoy en busca de mi primera película. Pero no tengo PROTAGONISTA, no sé ACTUAR.

Por eso pienso presentar mi PROYECTO a varias productoras y decirles que me financien UN CURSO DE INTERPRETACIÓN, llegar a negociaciones y yo dirigir la película.

¿Es una idea muy descabellada?

Un abrazo grande. Siempre leo el blog.

Saludos!!

——–

¿Ridículo, verdad? ¿Para qué ibas a querer estudiar interpretación habiendo ACTORES en el mundo? Harías un casting, probarías a gente, encontrarías al más indicado, sacarías lo mejor de él, él lo mejor de ti y ambos lo petaríais en el mundo entero. Fácil, ¿verdad? Entonces… ¿por qué empeñarte en escribir tú mismo pudiendo encontrar a UN GUIONISTA DE VERDAD?

Creer que cualquiera es capaz de escribir un guión es tan absurdo como creer que cualquiera podría protagonizar su película, maquillar a sus actores, fotografiar sus planos, decorar el plató o elegir y remendar las enaguas de tus protagonistas.

Esto es cuestión de ¡RESPETO A LA PROFESIÓN!

La especialización de los gremios se inventó no para repartir las partidas presupuestarias o para inventarse nominaciones con las que rellenar las interminables galas de premios. Existen porque no somos hombres ni mujeres del Renacimiento que sabemos hacer de todo. Tenemos limitaciones. No pasa nada. Conocer las tuyas es un paso cojonudo para empezar a hacer bien las cosas.

Segunda razón: Te reconoces como director y no como guionista. ¡Perfecto! Hay muchos directores que creen que por el mero hecho de saber contar una escena en imágenes, también saben construir una escaleta de hierro o escribir un buen diálogo. Y va a ser que no. Así que no tienes por qué preocuparte. De hecho, voy a darte una gran noticia.

Si llevas un par de años en España sabrás que ahora mismo hay dos directores españoles que no paran de currar. Son los tíos con más proyección nacional e internacional del momento. Uno es J.A. Bayona y el otro Javi Ruiz Caldera. El primero es famoso por dar el campanazo con pelis como “El Orfanato” y “Lo Imposible” y el segundo por convertirse en el indiscutible rey de la comedia tras “Spanish Movie” y “Promoción Fantasma” (en diciembre estrena “Tres bodas de más”. No te la pierdas).

¿Qué tienen en común J.A. y Javi? Sus nombres empiezan por la letra jota, los dos son catalanes, los dos estudiaron en la ESCAC y sobre todo… Ninguno de los dos firma sus guiones. ¿Por qué iban a hacerlo? Son directores. Perdón, son SEÑORES DIRECTORES. Tienen un enorme talento, controlan su oficio y lo único que tienen que hacer es rodearse de buenos productores y conseguir un buen guión.

Habrá algunos que también piensen: “¿Y qué pasa con Medem, Coixet o de la Iglesia? Son directores y escriben sus cosas”. Bien, a juzgar por sus últimas pelis… ¿No creéis que necesitan urgentemente un guionista?

Y para terminar… Sobre tu plan de ir a un productor y proponerle que te pague un curso de guión a cambio de dirigir la peli mi consejo es:

NO LO HAGAS, LOCO.

Se supone que quieres que te respeten como a un profesional. Si te presentas de esa manera te desacreditarás en cuanto entres por la puerta. Y básicamente, lo que quieres es que te respeten, ¿no? Un profesional JAMÁS HARÍA ESO. Se presentaría confiado de su talento y su producto y nunca se vendería por nada que fuera un sueldo digno. El sistema del trueque estaba muy bien cuando comprábamos cabras en los mercados medievales. Así que, a no ser que te acepten cabras cuando tengas que pagar la factura del gas, ni se te ocurra proponer algo así.

Es más, si te pasas mi opinión por el orto (cosa que me parecería genial) y un productor acepta semejante trato… HUYE. ¿Por qué? Porque el tipo no sólo estará aún más loco que tú, además será un cara dura que te cagas. Nadie que prefiera pagar un curso de guión (por muy caro que sea) antes que un sueldo de director y el precio de un guión, merece que trabajes para él. ¡Te están estafando!

MORALEJA: si lo que quieres es tener un guión, este blog es un punto de encuentro de gran parte de la profesión y aspirantes a ella. Si alguien quiere echarle una mano al amigo Fernando… tenéis los comments para ofrecer vuestros servicios guionísticos y llegar a un acuerdo privado.

¡Mucha suerte, Fernando!


ATRÁS Y ADELANTE

25 junio, 2013

Por David Muñoz

El viernes pasado vi en el cine Man of Steel, la última reinterpretación del personaje Superman, escrita por David S. Goyer, dirigida por Zack Snyder, y producida por Christopher Nolan.

La película me pareció horrible, pero, como llevó varios días hablando sobre el tema en Twitter, la verdad es que no me apetece seguir dándole vueltas en Bloguionistas. Aunque si tenéis curiosidad por saber qué es exactamente lo que pienso sobre Man of Steel y porqué, podéis leer este texto escrito por Mark Waid –uno de los guionistas de los cómics de Superman-, con cuya opinión coincido casi totalmente.

La cuestión es que viendo Man of Steel me vino a la cabeza una reflexión que sí que me parece que puede ser interesante compartir aquí.

La película tiene una estructura muy curiosa, y que además me parece bastante acertada. En vez de contar la historia del personaje cronológicamente, se pasa de la inevitable escena en Krypton, con el científico Jor-El metiendo a su hijo, el recién nacido Kal-El -el futuro Clark Kent/Superman- en una nave espacial y mandándolo a la Tierra, etc., a una escena con Clark ya con 30 años. A partir de ese momento, las escenas del pasado de Clark se insertan dentro de la trama principal a modo de flashbacks, utilizando técnicas de toda la vida para crear vínculos entre unos momentos y otros. Por Ej., en el presente Clark ve un autobús escolar y eso le lleva a pensar en algo que le ocurrió con un autobús escolar. Un objeto lleva a otro objeto. Aunque también hay transiciones emocionales, donde no es un objeto lo que evoca el pasado, sino un estado de ánimo. O una situación. Pero no voy a entrar en detalles para no estropearos la película a quienes no la hayáis visto aún. Quién sabe. Quizá os guste más que a mí.

Clark con cara de estar a punto de empezar a pensar en su pasado.

Clark con cara de estar a punto de empezar a pensar en su pasado (por cierto, Henry Cavill es un gran Superman, que pena la historia).

Lo que más me llamó la atención es que se usara una estructura así en una película tan comercial. Está claro que sus productores no pensaron en ningún momento que los espectadores fueran a perderse. O que les fuera a resultar extraño tanto ir para atrás y para delante.

Sin embargo, no hace tanto tiempo, todo esto hubiera sido impensable en una película de este tipo (no estamos hablando de una de Iñárritu, por ejemplo).

Yo he tenido reuniones en las que los productores de los guiones que estaba escribiendo se mostraban yo diría que casi furibundamente contrarios al uso de los flashbacks. De hecho, entre algunos de ellos (y también entre ciertos directores y analistas de guión) era casi un dogma de fe. FLASHBACKS NO.

La única manera en la que permitían que se usaran era si no había más remedio que utilizarlos para clarificar algo que no podía contarse de otra manera en el presente.

Desde mi punto de vista, esa lógica obvia que a menudo el flashback se usa simplemente para poder mover a tu antojo las piezas de la historia que estás contando. Muchas veces su única razón de ser es hacer que la película sea más entretenida. Y no creo que haya nada de malo en ello.

Man of Steel podría haberse narrado de forma lineal. Richard Donner ya contó así la historia de Superman en su película de 1978. Y también funcionaba. Solo que de esa manera la trama de acción principal de la película (el enfrentamiento de Superman con Lex Luthor) arrancaba tardísimo. Había muchas cosas que contar antes: de dónde viene Kal-El, cómo es adoptado por los Kent y pasa  a ser Clark Kent, su llegada a Metrópolis, etc. De hecho ese primer Superman casi es dos películas en una, claramente divididas por la aparición de Luthor.

En realidad, ahora que lo pienso, con el tiempo eso ha sido una ventaja más que una desventaja. Por ejemplo, yo cada vez que me pongo a ver Superman suelo dejarlo la primera vez que el protagonista llega a la guarida subterránea de Luthor. A partir de ese momento la película deja de interesarme (el plan de Luthor es ridículo y me cabrea que Superman sea capaz de retroceder en el tiempo para salvar la vida de Lois Lane). Así que prefiero ahorrármelo. Me conformo con haber visto crecer a Superman y sus primeros días en Metropolis.

A ver si antes de que me muera alguien hace una película buena de Superman entera. Porque de momento solo funcionan trocitos de unas y otras.

En fin, que me pierdo. Vuelvo al tema de los flashbacks.

Gracias a la estructura de Man of Steel, su guionista ha evitado que le ocurra lo mismo que al Superman de Donner. Pese a contar cosas tan alejadas en el tiempo (y tan dispares en cuanto a tono), la impresión al verla es que estás ante una sola película. Y de paso, la amenaza de los Kryptonianos –y con ella, el arranque de la trama principal- puede llegar un poquito antes también.

Ambas razones me parece más que suficientes para justificar que se cuente de esa manera.

Pensando en todo esto, caí en la cuenta de que el guión de vampiros que colgué aquí hace unos meses, Frío, utiliza también una estructura fragmentada que saltaba atrás y adelante en tiempo y en la que además me permití dividir la acción en capítulos narrados desde diferentes puntos de vista. Una estrategia narrativa muy utilizada en la literatura pero mucho menos usada en el cine. Y fue lo que más me cuestionaron del guión algunos de los productores que lo leyeron. Me preguntaban: “¿Por qué lo has escrito así?” “¿Qué razón hay?”. Y mi respuesta era: “Porque es la forma más satisfactoria que se me ha ocurrido para contar esta historia”.

¿Podría haberla contado de otra forma? Pues sí. Pero no me habría sido tan interesante.     

Pero para muchos lectores era un problema importante. La estructura les parecía artificial, poco orgánica, arbitraria.

Y creo que entiendo por qué.

En el cine, nos tragamos cualquier tipo de flashback siempre que esté “justificado”. Y por “justificado” entendemos que surja del protagonista, que sean sus emociones quienes decidan qué vemos y cuándo lo vemos. Evidentemente, vemos lo que el guionista quiere (y necesita) que veamos, pero no lo parece. O más bien, no sentimos que sea así.

Por eso, en Man of Steel funcionan los flashbacks y los saltos en el tiempo, porque todo, o casi todo*, son recuerdos de Clark.

No sé si puede extraerse o no una regla de todo esto, pero me parece algo interesante sobre lo que pensar. ¿Qué está dispuesto a aceptar el espectador o no? ¿Hasta dónde podemos llegar? Porque de saberlo depende que nuestra historia sea disfrutada o no. Reparar en la artificialidad de lo que te están contando puede hacer que desconectes y que deje de importarte.

Otra estructura interesante es la de Lo imposible, la película dirigida por Juan Antonio Bayona en 2012.

Como ya sabéis todos, cuenta la historia real de una familia que sobrevive a un tsunami y sus intentos por volver a reunirse tras ser separados por la ola gigante.

Ese planteamiento tiene un problema estructural muy gordo: y es que el momento más intenso y espectacular de la historia (el tsunami) ocurre al principio. Visualmente (y emocionalmente) es un clímax que estructuralmente funciona como detonante de la historia. Es lo que provoca que la familia se separe.

La solución que encontró el guionista, Sergio G. Sánchez, me pareció interesante (además de bastante atípica): movió ese clímax al final de la película, escamoteándolo al inicio mediante un fundido a negro y mostrándolo en forma de flashback recordado por el personaje de Naomi Watts.   

Justo antes de la ola.

Justo antes de la ola.

Pero cuando vi la película, en el momento en el que apareció el largo fundido a negro después de que Naomi Watts ve aproximarse la ola, os juro que en el cine la gente empezó a gritar: “¡Pero qué pasa!”, “¡Que se han saltado de rollo!” (por estos comentarios, no hace falta que os diga que se trataba de gente de más de 50 años).

La verdad es que no sé qué habría pensado yo de ese momento de no haber escuchado esos gritos. Mi recuerdo está demasiado condicionado por ellos.

Pero sí que me pareció que quienes gritaban estaban reaccionando de forma instintiva a algo relacionado con lo que he comentado hace unos párrafos: ese fundido a negro era arbitrario, había llegado porque sí. Era una decisión del “dios director”, puramente narrativa, no emocional. No obedecía a una lógica vinculada a lo que le estaba pasando al personaje.

Luego pensé que habría sido muy distinta la reacción del público si se hubiera mostrado a Naomi Watts perdiendo el conocimiento al ser embestida por la ola. Entonces, si les habría parecido algo “natural”. No les habría parecido tan extraño**.

Resumiendo: mi impresión es que la estructura fragmentada que parece que solo obedece a la conveniencia del narrador, produce desconfianza en el espectador; mientras que si la justificas vinculando esos saltos atrás y adelante al arco emocional del protagonista, puedes colar casi cualquier cosa, por muy marciana que parezca.

Lo mismo estoy equivocado. Y seguro que a muchos se os ocurren ejemplos que demuestran justo lo contrario. Pero esta semana me propuse escribir una reflexión del tirón solo horas antes de subirla al blog, para no darme tiempo para reescribirme y afinar las ideas, y es lo que he hecho. En cierta manera, lo que he hecho ha sido pensar en voz alta.

Y a lo tonto, he acabado hablando bien de algo de Man of Steel. En fin…

Bonita escena. Aunque absurda. ¿A qué estaba jugando Clark? ¿A Superman antes de ser Superman? Porque el traje con la capa se lo encasquetó su papi, no lo pidió él.

Bonita escena. Aunque absurda. ¿A qué estaba jugando Clark? ¿A Superman antes de ser Superman? Porque el traje con la capa se lo encasquetó su papi, no lo pidió él.

 *También hay flashback del tipo “porque sí”, como el epílogo del niño con la capa. Pero en ese momento el espectador ya está en la historia y lo acepta. Aunque creo que no lo habría aceptado al principio de la película.

**A veces me he preguntado si esa decisión se tomaría en guión o en montaje. Pero eso es algo que solo pueden explicar quienes han hecho la película.

ACTUALIZACIÓN: Albert Monteys ha publicado una historieta en su tumblr. criticando Man of Steel. Podéis leerla aquí. Incluye esta viñeta que tiene que ver bastante con lo que comento en mi entrada:

Monteys


LO MEJOR DE 2012, PARA MÍ (PUEDE CONTENER SPOILERS)

31 diciembre, 2012

Por Daniel Castro (Guionista en Chamberí)

Un lugar donde quedarse

Un viejo rockero, con el cerebro frito pero con un extraño sentido del humor, arrastra una maleta con ruedas. Cruza el océano en un trasatlántico para volver a Estados Unidos, ahora que su padre ha fallecido. Una vez allá, se entera de que éste dedicó los últimos años de su vida a intentar vengarse de una humillación menor que había sufrido en el campo de concentración nazi en el que fue internado. El protagonista decide continuar la misión de su padre. Busca por los Estados Unidos al viejo nazi. Por el camino encuentra juega partidas de ping pong, asiste a un memorable concierto de David Byrne, conversa con el tipo que decidió poner ruedas a las maletas, asiste a la combustión espontánea de un todoterreno que le prestó un mafioso y tiene memorables encuentros con ocas, bisontes y hombres tatuados.

Posiblemente, la película más libre del año. “Sólo lo raro es bello”, escribió Baudelaire, Pues eso.

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Take Shelter

El protagonista de “Take Shelter” repite una frase para si: “Hay algo que no está bien, algo no está bien” viene a decir. Es casi la misma frase que repite Sean Penn en “Un lugar donde quedarse”, creo que en el interior del coche. Dos presuntos desequilibrados que resultan ser, irónicamente, más cuerdos que quienes les rodean.

Pero así como “Un lugar donde quedarse” es una curiosa road movie protagonizada por un Buster Keaton disfrazado de Robert Smith, “Take Shelter” es una durísima historia sobre la locura, el amor y el miedo. Ésta, en cambio, no es una película libre. Aquí sabes que, escribiendo y dirigiendo, hay un tipo que sabe a donde va. Y conduce muy bien.

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Los descendientes

Un hombre corre en chanclas hacia la casa de unos amigos. Quiere asegurarse. ¿Es posible que sea verdad? Su mujer, ahora en coma, ¿es cierto que ha estado engañándole con otro hombre desde hace meses?

Sí, es cierto. Y Clooney, con sus chanclas y sus bermudas, llega a conocer al amante. Un hombre para el que su esposa significó demasiado poco. La extraña tristeza de Clooney en ese momento. Por lo menos, hubiera deseado que, para su amante, ella hubiera sido alguien extraordinario.

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Declaración de guerra

Otra carrera. Ésta desesperada, por los pasillos de un hospital. Valérie Donzelli se dirige a si misma, cuando, hace unos años, recibió la noticia. Su hijo estaba gravemente enfermo. Ella y su novio se encarnan a si mismos en una película sobre la enfermedad de su hijo y cómo les afectó. Ahora su hijo está mucho mejor. Pero ellos ya no son pareja. Una película dolorosa y, sí, divertida.

(Aquí, en Filmin)

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La cueva de los sueños olvidados.

Herzog entra en la cueva de Chauvet. Graba en 3D las pinturas rupestres. Los salientes de las rocas, los animales retratados. La mano de un artista, repetida en la pared. Tal vez es su firma. Tal vez es su voluntad de sobrevivir a la muerte y vencer al tiempo. Como la película que estamos viendo.

Y ese extraño epílogo del cocodrilo albino…

(Aquí, en Filmin)

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Diamond Flash.

La minúscula película de Carlos Vermut es una de las más desasosegantes y originales del año. Una mezcla de Tarantino, Shyamalan y Bergman. Os lo juro. Que la haya logrado en condiciones tan precarias es el mejor de los estímulos en estos tiempos de negros augurios sobre el futuro del cine.

(Aquí, en Filmin)

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Lo imposible.

Una película de catástrofes que no es una película de catástrofes, es la historia de una familia normal viviendo una experiencia extrema. Una historia de supervivencia contada con todos los recursos del cine más espectacular, pero también con honradez. No parece española. Efectivamente, parece una gran película de Hollywood. En el buen sentido.

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De óxido y hueso.

A algunos no les gusta el título español. No acabo de entender porqué. Pocas cosas más físicas y duras que una película de Audiard. En ellas todo son cuerpos chocando, huesos partiéndose, cristales clavándose y sangre negra manando. De vez en cuando, un tímido rayo de sol. Un paso más cerca del melodrama, pero sin alejarse del género negro, Audiard y Bidegain adaptan libremente relatos de Craig Davidson, trasladándolos de Norteamérica a Francia sin que pierdan ni un gramo de verosimilitud en el camino.

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Un amor de juventud.

Sin llegar a la altura de “El padre de mis hijos”, la siguiente película de Mia Hansen Love es una preciosa historia de amor y nostalgia que parece hablar, sobre todo, sobre el paso del tiempo.

(Aquí, en Filmin)

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Esto no es una película.

Un director iraní, obligado por el régimen de Ahmadinejad a permanecer en su casa, sin poder rodar. Como un león enjaulado, pasea por el salón de su casa, grabado por la cámara de un amigo documentalista, arreglando detalles legales, preocupado por la seguridad de su familia, que queda atrapada en una manifestación contra el gobierno en las calles de Teherán y, sobre todo, leyendo el guión, interpretando los papeles, dibujando en el suelo las paredes de la casa imaginaria de una película que, posiblemente, nunca le permitan rodar. Pronto admite su fracaso. Una película no se puede contar. Si fuera así, no haría falta rodarla. Os recomiendo ver esta pequeña no-película sobre la necesidad de rodar. Cuando, como en el caso de alguien como Panahi, rodar es vivir.

Con escalofriantes títulos de crédito, por cierto.

(Aquí, en Filmin)

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BREVE CATÁLOGO DE PROHIBICIONES PARA DIRECTORES Y GUIONISTAS

27 diciembre, 2012

por Sergio Barrejón

He aprovechado estas fiestas para ver cine español. Me ha impresionado la descomunal “Lo imposible”. Como director, me superó totalmente. Me pasé media película pensando “¿eso cómo se hace?”. No me extraña nada su éxito.

Me fascinó “Una pistola en cada mano”. Como productor, aplaudí la inteligencia con la que aprovecharon un guión escrito a base de episodios breves en una herramienta para armar el casting masculino más impresionante de los últimos años.

Me gustó mucho el empaque visual de “El cuerpo”. No diré aquello de que parece americana. No parece americana. Parece de Óscar Faura. (Un Goya para este señor ya, por favor.) Como guionista, me pasé toda la película intentando desentrañar el misterio del cadáver desaparecido. Sólo lo conseguí a medias.

Con películas como éstas, capaces de reconectar con el público adulto, y títulos tan astutamente dirigidos a reconectar con el público joven, como “Tengo ganas de ti”, no me extraña que éste haya sido el año con mejor recaudación de la historia del cine español.

Pero eso ya lo están comentando todas los blogs de anuncios de cine, así que vamos a lo que vamos. Viendo estas películas y otras, me he encontrado con algunos de mis tabús personales como guionista y como director. Estuve comentándolos el otro día en Twitter, y alguien me preguntó “¿Qué pasa? ¿Que ahora el cine tiene prohibiciones?”

PUES SÍ. Éstas son mis prohibiciones para directores:

– Nunca filmarás a un actor llorando en primer plano de frente a cámara. Es una obscenidad, queda más ridículo que conmovedor y, sobre todo, ¿qué esperas conseguir? ¿Que el público se emocione con las lágrimas del actor? No funciona así. El público se emociona con lo que provoca esas lágrimas. No con las lágrimas. No lo olvides nunca: los mocos no son emocionantes.

– Nunca cambiarás de plano para dar paso a una acción concreta. Si has filmado una conversación entre dos personas en plano/contraplano, digamos en plano medio, y una de ellas se va a levantar, dejarás que empiece a levantarse en el plano medio y después cortarás a un plano más amplio. Pero NUNCA montarás el plano amplio antes de que se levante. La cámara nunca debe anticipar lo que van a hacer los actores. Otro ejemplo: es muy típico pasar de trípode a cámara al hombro cuando en mitad de una escena se produce una pelea. Ningún problema con eso, pero ni se te ocurra pasar a cámara al hombro antes de que empiece la pelea. Como espectador, resultad odioso adivinar que alguien se va a llevar un guantazo sólo porque la cámara ha empezado a temblar un poco.

– Nunca filmarás insertos de un actor vomitando. Más concretamente, nunca filmarás un inserto de váter, con el actor entrando en cuadro en primer plano de perfil y vomitando. Montar un set up exclusivamente para que el público pueda valorar la verosimilitud de ese chorro de vómito falso me parece, además de una obscenidad, una insensatez. Y esto nos lleva al siguiente punto:

– Nunca filmarás un inserto sin entidad narrativa y dramática. Un inserto, en términos sintácticos, es una cochinada. Es como una frase entre guiones -que no digo que haya que prohibirlas, pero ¿a que joden?- y debería usarse con respeto. Si no aporta nada a la historia, ni respeta el punto de vista planteado, no tiene lugar en una buena película.

– Nunca montarás el mismo plano de un actor antes y después de un plano subjetivo. Es decir: si tienes un plano medio de un actor mirando algo, y luego montas su plano subjetivo, después no puedes volver al plano medio del actor. Es feo. Es pobre. Es aburrido. Si filmas un plano subjetivo es porque al personaje le importa lo que está viendo. Y se le importa al personaje, debería importarte a ti. Y si te importa a ti, saca un primer plano, no seas cutre.

— Excepciones a esta norma: si filmas dos planos subjetivos muy seguidos, no hace falta cambiar de plano las dos veces. Sólo la primera:

 

 

Del mismo modo, si inmediatamente después del plano subjetivo va a haber una acción física que cambie drásticamente el encuadre, entonces sí puedes aprovechar el plano anterior sin que quede cutre:

 

Y unas pocas prohibiciones para guionistas:

– Nunca harás caer al suelo a un actor durante una huida desesperada sin que haya una razón convincente para ello. Y sobre todo, nunca harás que continúe la huida arrastrándose si no hay una razón clarísima para ello. Si necesitas ese tipo de chapuzas para darle emoción a una huida, tal vez debas replantearte toda la escena, o incluso todo el acto.

– Nunca harás que un actor llame a otro “hermanito”, a no ser que interprete a un gilipollas profundo. Si no encuentras otra manera mejor de explicar que dos personajes son hermanos, tal vez necesites un coguionista.

– Nunca harás que un personaje le diga a otro cosas que el otro ya sabe, a no ser que haya una buena razón para ello. Y “dar información al espectador” no cuenta como buena razón. Dar información al espectador es algo que, en general, no debería preocupar a un guionista, y mucho menos a un director, no digamos ya a un productor. El espectador, por lo general, ha visto cien mil películas más de las que cualquier director podría hacer en media docena de vidas. Por lo tanto, a no ser que una película explore áreas muy específicas de oficios muy particulares, no hace falta proporcionar mucha información para que el espectador se haga una idea de cómo va la cosa. Por lo demás, el espectador no se pone a ver una película para obtener información. Para eso ya tiene el telediario. Concretando: nunca hagas que un policía le diga a otro cosas como “no podemos entrar sin una orden judicial, sería allanamiento de morada”.

– Nunca harás que a un actor se le caiga una pistola en un momento crucial sólo porque está nervioso. A no ser que el personaje ya haya sido presentado como un redomado torpe. No harás esto, concretamente, con actrices jóvenes y guapas. En la historia del cine ya ha habido suficientes personajes femeninos interpretados por actrices jóvenes y guapas quedando como gilipollas en momentos cruciales. Basta de esta mierda.

– Nunca harás que un personaje pronuncie rematadamente mal una palabra en inglés para hacer gracia, a no ser que sea un verdadero analfabeto. Hoy en día, cualquier español con estudios primarios sabe pronunciar perfectamente palabras como Facebook, smartphone o Hollywood.

– Y nunca nadie jamás debe decir “como en las películas”.

Éstas y otras normas, naturalmente, me las salto con gran alegría cuando escribo y cuando dirijo. Y si quieren comprobarlo, pueden ir hoy a las 17.30 a la Academia de Cine, donde se proyecta en DCP uno de mis últimos cortos, “La media pena”, junto a otros tres preseleccionados al Goya 2013 a mejor corto de ficción. La entrada es libre, pero el aforo limitado. Que lo disfruten.

Y feliz año nuevo.


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