FIRMAS INVITADAS: ANALIZANDO AL ANALISTA (y II)

5 diciembre, 2011

por Silvestre García.

(Esta entrada es continuación de la publicada el pasado 24 de Noviembre)

En lo que concierne a las biblias y nuevos proyectos, diré lo más importante que desde aquí creo que puedo decir. En dos años y pico, ni una, ni una sola de esas biblias que llegaban sin haberse encargado, se realizaron. Y ojo, sólo se recibían proyectos de productoras.

Sinceramente, la mayoría de esos proyectos eran malos. Malos según mi subjetivo criterio, sí. Criterio, que no gusto. Parte del trabajo era separar el gusto personal de la capacidad de valoración. ¿Y basándome en qué puedo decir tan rotundamente que eran malos?

Pues, por un lado, había un alto índice de proyectos con faltas de ortografía. Vale, puede que a mí mismo se me haya escapado alguna en este mismo texto. Pero esto no es un trabajo presentado a una cadena. Lo que revela un proyecto con faltas de ortografía son varias cosas: 1) Quien lo ha escrito no ha mimado/cuidado/revisado lo suficientemente bien su producto; 2) En su equipo no hay más personas ocupadas de hacer de filtro ; 3) Si se les ha pasado eso, ¿qué otras cosas no se les pasarán en un futuro?

Por otro lado, había muchos proyectos que decían lo que iban a ser, pero no lo mostraban por ningún lado. Proyectos de comedia recalcaban que su humor será desternillante, con unos personajes muy originales, y unas tramas muy imaginativas. De verdad, había muchísimas biblias basadas en intenciones.

Por haber, había hasta proyectos que te hacían pasar vergüenza ajena: Una serie sobre los buenos modales en la mesa; Un biblia que comenzaba –Género: ficción- Formato: grabado -Target: 25 años en adelante. Lo juro. Y otros casos sonrojantes.

¿Era todo malo? Por supuesto que no. Y ojo, entiendo y presupongo que la mayor parte de la culpa la tenían las productoras, que por “colar” y reunirse con la cadena mandaban biblias y proyectos que aún no estaban maduros, o que pedían a los guionistas copiar las series de moda.

Llegaron buenos proyectos, algunos muy buenos.

¿Por qué no se hicieron? Pues, habiendo trabajado desde dentro, te das cuenta de lo difícil que es dar con el momento y la idea adecuadas en el “lugar” indicado.

Y justamente eso fue lo que falló. Una de las series que gustó mucho, de una productora grande, no se llegó a hacer porque justo se tenían varias series de ese tono/corte, y se buscaba algo diferente. Vamos, que era juvenil y en ese momento estaban “El Internado”, Física, y “Los protegidos” en preparación.

 La otra serie que gustó mucho no se llegó a hacer porque no terminaba de tener el tono adecuado, era una serie muy adulta y seria. Y las hostias que se pegan las anteriores series marcan. En Antena, tras el varapalo que sufrió “Cazadores de hombres” se repensaron mucho las series más adultas. A “Karaboudjan” se le dio luz verde sólo cuando Hugo Silva dijo que entraba.

Es una putada, pero ciertamente las cosas de calidad, buena factura y tratamiento más cinematográfico… No despuntaban. Se podría entrar en un largo análisis que daría para otro post, pero la realidad, al menos la realidad que ve y quiere ver la cadena, es que funciona la dramedia y que los capítulos, cuanto más largos sean, más rendimiento económico dan. Y, como hasta ahora no se ha demostrado que ataña a la calidad… Podremos ponernos como queramos, (yo seré el primero en luchar por un estándar de menor duración), pero “Gominolas” no fue mejor que “Siete vidas”; ni “Cuenta atrás” mejor que “Los Hombres de Paco”. Siendo cada una diferente. Lo que quiero decir es que a ojos de la cadena, un capítulo de setenta minutos no desvirtúa la calidad.

Muy diferente es la labor de analista de guiones fuera de una cadena. Colaboro con bloguionistas y he analizado algunos proyectos y guiones de largo. Ahí de lo que se trata es de saber qué quiere el autor, y qué espera/necesita de tu ayuda. Idealmente, se debería llegar a un análisis que no haga sentir al autor que alguien desde “arriba” le dice cómo hacerlo mejor, sino que trate de situarse “dentro” de la historia para intentar descubrir qué late en ella y qué puede hacerse para potenciarla.

Aún así, después de todo, uno de mis aprendizajes, en ese famoso “nadie sabe nada” de William Goldman, el analista, aún menos. Y es que he de reconocer que había muchas veces en las que no “veía” o entendía, o criticaba desde un punto de vista práctico algo de un guión, argumentaba de manera racional el por qué creía que debían quitarse o modificarse ciertas cosas, y mi interlocutor insistía en que no lo “podían” cambiar, que tenía que ser así.

No os toméis esto al pie de la letra, que ya hace mucho, pero la esencia de lo que cuento es que dicho interlocutor se posicionaba en contra de los cambios que yo le pedía. Pero tampoco lo argumentaba, sino más bien terminaba siendo un porque sí. Luego, cuando veía el resultado… Me tenía que comer mis palabras. Ahí había algo, inexplicable (o explicable a un nivel no racional, o por química de actores, de ritmo en la puesta en escena, u otros elementos que, analizando un guión, se escapaban), pero que ellos sí conocen y lo tienen en cuenta mientras escriben. Porque es su serie, así de simple.

Por eso creo que las genialidades surgen donde menos filtros se interponen. Y, así mismo, donde más filtros se establecen, más industria se genera, pues más acorde al gusto general y establecido se puede llegar.

¡Ojo!, es una opinión más personal que profesional. Un muestra de ello podrían ser los cortos. La gente suele hacer lo que le sale de… Del alma… Para bien, para mal y, en raras veces, para muy bien. Si de forma establecida se analizasen los guiones de todos los cortos, sería mucho más difícil que obras como los dos alumbramientos se hubiesen realizado.

En el cine español creo que también hay menos filtros, sobre todo cuando el guionista, y/o director son más conocidos. Así se pueden llegar a dar, gusten más o gusten menos, obras como “Hable con ella”, “Los amantes del círculo polar”, “Barrio” o “La buena vida”. Aunque también, como contrapartida negativa (y hay a quien le gustan) películas como “La piel que habito”, “Caótica Ana”, “Princesas” o “Bienvenido a casa”.

Mientras que en la tele… Sí, conseguimos audiencias que multiplican por 10 las del cine, a veces por 100, pero… Y no arremeto contra la calidad, ni quiero entrar en la eterna controversia entre un medio y otro, sólo creo que lo que se hace en tele es más industrial, más elaborado, genera más trabajo… Pero es menos libre.

Para finalizar, me gustaría plantear una duda: ¿El analista, debería ser, o haber sido, o querer ser guionista? Yo a priori creo que sí, que es fundamental para que tenga y entienda las herramientas con las que trabaja la persona que ha trabajado en el guión. Pero, como pasa respecto a los críticos, hay voces que opinan diferente. Y me sorprendió que Ana Sanz Magallón dijese en el encuentro que ella ni es ni quiere ser guionista.

Silvestre García ha sido guionista en Los Serrano, ha realizado varios cortometrajes (17 del 7), y ha sido Delegado de Ficción en Antena 3. En la actualidad ultima la puesta en marcha de una empresa de 3D, y es miembro del equipo de analistas de guión de Bloguionistas.


FIRMAS INVITADAS: CARLOS GARCÍA MIRANDA

8 diciembre, 2010

Carlos García Miranda ha sido guionista de las siete temporadas de la serie El Internado. Es autor de la idea original de Perros Muertos, la próxima película del director Koldo Serra, con el que escribió el guión. Actualmente escribe la segunda temporada de Los Protegidos.


EXTERNADO

Soy guionista y durante casi cuatro años he estado interno en El Internado. Lo bautizaron con ese nombre (no tuve ese honor porque me incorporé al equipo en el capítulo 2) por aquello de que la historia se desarrollaba en un colegio para niños pijos. La realidad es que ahí dentro había de todo menos estudiantes estudiando. Por sus aulas se pasearon nazis, niñas con los ojos en blanco, gnomos gigantes, fantasmas, una chica que podía verlos, un cocinero espía, una agente del Mosad que al tocar a alguien veía lo peor que había hecho en su vida…

Así contado suena de lo más marciano y al escribirlo un poco absurdo, pero en pantalla todo colaba y la serie funcionó como un tiro. Vale, perdimos un millón de seguidores en el camino, pero llegaron muchos hasta la meta (19,6% de share en el último capítulo). Hoy en día hay series que renuevan temporada sin sacar más de un once, así que en principio al internado le quedaban aún un par de años de clases, de esas a las que los alumnos no iban porque tenían que investigar.

Pero hace unos meses que el centro acabó consumido por las llamas. Fue porque así lo quisimos nosotros; por primera vez en nuestro país, la cadena y la productora escucharon las plegarias de los guionistas, que insistíamos en poner el punto y final antes de que las niñas de la serie fueran las nuevas estrellas adolescentes de la Superpop. Nos escucharon algo tarde, lo ideal habría sido terminar en el capítulo cincuenta, pero al menos no tuvimos que llegar hasta los cien y celebrarlo con un especial musical. En total fueron siete temporadas, 71 capítulos, y ni uno sólo bajó de los setenta minutos (acabo de darme cuenta de lo mucho que nos gustaba el número siete).

Siempre se hace arduo escribir episodios de series de prime time españolas, tan largas como la cola de guionistas en el paro, pero la cosa es aún más difícil cuando la trama de misterio, que podías haber contado enterita en diez capítulos, requiere continuidad. Sólo teníamos permiso para dar algún avance importante al final de algunos capítulos, así que no nos quedó otra más que dar vueltas, como en los culebrones. De ellos también tomamos prestado su esquema para las historias emocionales, que son las que de verdad te dan de comer durante cientos de páginas. Aunque a muchos les pese, lo que la gente quiere ver son besos y bodas horteras, y lo de dónde está el muerto desaparecido no le importa a nadie, a no ser que el difunto sea capaz de sacarle las lágrimas a borbotones al prota.

Pero no sólo de llorar vive el hombre. El Internado triunfó por muchas otras razones. La más sencilla es que fuimos los primeros, como Duchamp con su urinario… Bueno, vale, no hicimos vanguardia televisiva, pero sí es cierto que cuando la serie asomó por las televisiones, con esa mezcla extraña de dramedia picada con misterio y culebrón, no había nada parecido y mucho menos de pata negra. Por eso nos concedieron un Ondas con sólo seis capítulos emitidos (si llegan a ver más igual se lo habían pensado mejor). Detrás de nosotros vinieron unos cuantos productos parecidos y hace un par de años años el referente en las productoras para comprar proyectos era El Internado.

También ayudó a darle un  buen empujón a la serie el reparto. Un par de tíos buenos recién salidos del horno, como Yon González y Martín Rivas pusieron más de una braga en el techo. Ana de Armas, Marta Torné y Blanca Suárez hicieron lo propio con el público masculino, pero menos porque ya se sabe que la tele es de las chicas y para ellas escribimos eso de “Marcos, sin camiseta, abre la puerta de su habitación”. ¿A qué no adivináis dónde estaban los picos de audiencia?

Además de a los futuros relevos Fotogramas, teníamos unos cuantos actores de los de verdad, de los que tu madre dice: “Ésa es del teatro de toda la vida”. Cristina Marcos, Natalia Millán, Luis Merlo y sobre todo, Amparo Baró. El Internado fue lo primero que hizo después de Siete Vidas y había expectación por ver si era capaz de dejar de dar collejas. Seguro que no le faltaron ganas de soltarnos unas cuantas a los guionistas, porque la pobre se chupó todas las secuencias de comedia con esas dos niñas adorables, Evelyn y Paula (Denis Peña y Carlota García). Muchos fans odiaban esas tramas porque cortaban el rollo del misterio, pero estaban ahí justo para eso, como cortamiel. Entre tanto mal rollo que tenía la serie también había que sacarle una sonrisa a las abuelas (íbamos a por toda la familia que, a fin de cuentas, esto era Globomedia).

Aunque el verdadero secreto del éxito de la serie, lo que hizo que la gente se pasara horas en los foros elucubrando teorías, fueron sus (marcianos) guiones. En los capítulos de El Internado, el arranque era casi un resumen de los anteriores porque todo lo que pasaba era tan complicado que necesitaba masticarse de nuevo semana tras semana. En el segundo acto había ligeros avances, pero también muchas secuencias de “arroz con leche”, del tipo:

HECTOR

(preocupado)

Jacinta, ¿te acuerdas lo que pasó en esa habitación?

JACINTA

(tocada)

Pues claro que me acuerdo… No he podido olvidarlo.

HECTOR

(angustiado)

Nunca debiste contármelo…

JACINTA

Tenías que saberlo, algún día lo harás tú…

HECTOR

(con miedo)

¡No, saldrá mal! Déjalo, no quiero volver a hablar de ello.

Así durante dos páginas. ¿De qué estaban hablando? Pues de la receta del arroz con leche. O sea, de nada, pero aparentemente de algo supermisterioso porque en esta serie lo de “arriba arriba” y “de más a más” era la religión. Hubo muchas secuencias arrozlechistas con avances tramposos, pero, ¿sabéis qué? Colaban.

Eso sí, las verdaderas estrellas eran los terceros actos. Al escribir este engendro televisivo aprendí que si tienes buenos finales, todo lo que hayas contado por delante, aunque sea algo irregular, la audiencia te lo perdona.  Más aun si le das un gancho de los de quedarte pegado a la silla. No es por tirarnos flores, pero nuestros ganchos eran más eficientes que el super glue. Y eso no fue moco de pavo a partir de la tercera temporada, cuando ya habíamos dejado a todos los protas al filo de la muerte un par de veces. Menos mal que Ana de Armas quiso irse a hacer las Américas y pudimos demostrar que íbamos en serio (el personaje al que interpretaba murió a mitad de la quinta temporada). Vale que algunos ganchos fueron tramposos, inverosímiles y un montón de adjetivos descalificativos más, pero molaban. A la audiencia le molaba que les engañáramos. Ay, y a mí me gustaba engañarles, pero ahora estoy externado…

A toro pasado, soy consciente de que en ninguna otra serie me dejarán escribir la historia de un colegio debajo del cual hay un laboratorio de experimentación genética en el que se está preparando una pandemia mundial, cuya única máquina para curar la construye un científico misterioso que también sabe colarse en los sueños ajenos.

 


LA FRASE (II)

28 abril, 2010

Por Chico Santamano

El 8 de mayo de 2008 escribí este post. Por aquel entonces, estaba aún en estado de shock tras oír determinada frase en el despacho de un director.

Éste quería dirigir un thriller en el que un psicópata violaba (repetidamente) a la protagonista. Me llegó el encargo de convertir en guión un tratamiento previo y propuse que quizá fuera buena idea que la primera vez  que el psicópata y la prota copulaban no fuera por la fuerza. Él, muy serio, me dijo:

“Si la primera vez es consentida,
la segunda no es violación”

Hoy repesco ese post como telonero de otras dos frases antológicas escuchadas en los despachos.

¿Recuerdan aquel programa de humor de cierta cadena joven que pretendía adaptar el clásico show por excelencia de la comedia televisiva norteamericana? Tuvo un arranque estupendo de audiencia. Lo que demuestra que a la gente le seducía la idea de sentarse un jueves para ver un programa diseñado en su país de origen para los sábados. (Fíjense en qué sutileza para dar pistas).

Pues bien, cuando el share empezó a caer en picado, semana tras semana, cuenta la leyenda que un responsable del programa espetó la siguiente frase…

“La culpa es de los guiones americanos,
que son una mierda”

No nos movemos de esa misma productora del programa de humor. Recientemente, durante una reunión de gerifaltes de la empresa, uno de los más grandes… sí, justo ese que están pensando… soltó supuestamente esta perla…

“Estoy harto de oír hablar a nuestros guionistas de The Wire, pero aquí nadie ha visto Los Protegidos, que es lo que se puede hacer en España”

Dramatic chipmunk, por favor…

Ojo, a ver… que no le falta parte de razón. Ya saben que siempre he sido un gran defensor de la idea de que, como profesionales que somos, tenemos la obligación de ver qué se cuece en nuestras parrillas y carteleras. Pero claro… déjennos soñar, señores jefes.

Permítannos creer que un mundo de ficción de calidad es posible más allá de los despelotes gratuitos en el primer capítulo, más allá de la inserción en los repartos de al menos una cara conocida no precisamente por su talento interpretativo y más allá incluso de nosotros mismos… Déjennos tomar aire fresco. Déjennos que al menos, si tenemos que copiar, lo hagamos de los mejores. Porque si no…

Si no, nos convertiremos en las pobres víctimas de esta, tan maravillosa como estilosa, película británico-holandesa.

Si tienen más frases locas locas locas oídas en los despachos… hagamos una hermosa recopilación en los comments. Anímense.


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