“EL CHISTE PERFECTO ES POESÍA”

17 abril, 2019

Por Àlvar López y Carlos Muñoz Gadea. Fotografías de Tato Baeza.

Para Roger Drew, (Reino Unido, 1971) la buena comedia no tiene nada que envidiar al mejor de los dramas: no cree que dicho género sea superior ni en lo que se refiere a la construcción y profundidad de sus personajes, ni en la complejidad de sus tramas ni en la capacidad para establecer una critica sobre la realidad que nos rodea.

Aunque la comedia, eso sí, suele ser más divertida.

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Drew habla con conocimiento de causa. En sus más de 25 años de experiencia en la industria, ha escrito innumerables monólogos, sketches y capítulos de series de comedia y sátira política tan ilustres como The Thick of It o Veep, serie por la que incluso ganó un Emmy.

Gracias a EDAV, a la Fundación SGAE y a Lab de Series, el nuevo festival de series que acaba de celebrar su primera edición en Valencia, todo aquel que quiso pudo acercarse a una larga y completa Masterclass del guionista impartida de manera completamente gratuita. Todo un lujo.

Drew estructuró su charla en dos grandes bloques. El primero de ellos estuvo dedicado a reflexionar sobre el oficio del guionista. Para él, nuestro trabajo se sustenta en siete pilares. Pilares que, a su parecer, no siempre se enseñan en las escuelas. “Hay algo que solo se aprende trabajando”.

Según Drew, todo nace a partir de las ideas que tenemos. Ahora bien, ¿cómo saber si una idea es buena?

A su juicio, cualquier guionista con algo de callo puede tener dos ideas buenas por semana. Quizá, reflexiona, solo las que permanecen en nuestra cabeza más de 1 mes son aquellas a las que vale la pena dedicarle más tiempo.

Tras superar este filtro, su sugerencia es ir a Google para ver si alguien más está escribiendo sobre ello. A diferencia de lo que podemos pensar, Drew explicó que si no encontramos a nadie más interesado en esa idea, lo más probable es que no sea buena.

Si no hay al menos otros tres guionistas desarrollando la misma historia en Hollywood, probablemente es que estás escribiendo la historia equivocada“. La frase no es suya, se apresura a decir. No recuerda el autor, pero es lo de menos. La cita cumplió su función.

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Tras la idea, viene la historia. Para él, toda buena historia tiene en su ADN un giro irónico, una contradicción. El conflicto, apuntó, está precisamente en las buenas contradicciones.

Sobre las historias también destacó la importancia de compartirlas con cuanta más gente mejor, oponiéndose así a la idea del guionista que guarda con recelo sus ideas. “Las ideas no tienen copyright”, expresa, por lo que es muy interesante ver la reacción de la gente cuando escucha lo que tenemos que contarles.

Para acabar, destacó que, a su juicio, “la verdad psicológica del personaje siempre es más interesante que la verdad factual”. Es decir: como guionistas debemos conectar con las emociones por encima de respetar al 100% la historia en la que se inspira. “Si no eres fiel a los hechos, quizá puede molestarle a alguien que se viera envuelto en ellos, pero poco más”. Como ejemplo de ello, Drew expuso que incluso de una historia tan clara como el Titanic (básicamente, un barco que se hunde) pueden hacerse diferentes películas a nivel de trama, pero las emociones que resuenan de fondo son muy similares en todas ellas.

Localizada la emoción que queremos transmitir, viene, a su juicio, la parte más complicada: construir la trama. “Es como hacer un cubo de Rubbik montado en una montaña rusa”, ironiza al respecto. Drew resultó ser un gran defensor del modelo del Beat Sheet de Snyder. En su opinión, la “plantilla” que Snyder propuso en Save The Cat sigue muy vigente a día de hoy, y puede ayudarnos mucho para construir nuestras historias. Es más: para él, Hollywood entero está basado en las ideas de Snyder. “Todos lo odian, pero, a escondidas, todos lo usan”, a lo que añadió que “si quieres hacerte rico, el modelo de Snyder es un buen camino para lograrlo”.

Drew también lanzó una interesante reflexión sobre cómo gran parte de la teoría del guión puede aplicarse actualmente a las series. Para él, las series se basan cada vez menos en una trama episódica, lo que permite construir grandes y complejos arcos de transformación. Como ejemplo, citó la que, quizá, es la serie más seguida del momento: “Juego de Tronos no es más que una aplicación de Snyder a un modelo de una extensión masiva.”

Llegó el turno de hablar sobre los personajes. La base, la de siempre: debemos pensar qué quieren nuestros personajes, qué quieren realmente y, cómo no, qué les detiene para conseguirlo. Estas tres preguntas deben entrar en contradicción, con tal de conseguir personajes con conflictos ricos e interesantes.

Un ejemplo: Drew reflexionó sobre cómo Joey (Friends) es un personaje encantador, pero a su vez es estúpido y se comporta como un depredador sexual. Por ello, Drew cree que Joey es un gran ejemplo de contradicción interna que, además, consigue respetar cierta lógica y coherencia para que el personaje no se desmorone y entre en el terreno de lo poco creíble.

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Drew también destacó que, en su opinión, los personajes cómicos siempre son más divertidos de construir que los dramáticos, puesto que los primeros suelen tener más profundidad y riqueza. Como ejemplo, puso a dos personajes similares pero de perfil opuesto. Por un lado, habló del Capitán Alatriste (del que se declaró fan) y expuso cómo se trata de un héroe, siempre correcto, siempre en la búsqueda de un ideal. Y, quizá, por ello, un personaje aburrido, que apunta siempre en la misma dirección y objetivo. Por otro, citó a Flashman, la versión británica de un coronel de la etapa del imperialismo británico. Flashman, a diferencia de Alatriste, es un cobarde, un desleal. Una persona horrible, en definitiva. Ahí está la contradicción. Y la comedia.

En lo que sí que está de acuerdo es en que tanto los personajes cómicos como los dramáticos ayudan al guionista a reflexionar sobre el mundo en el que sucede su historia y las reglas por las que se rige, por lo que siempre es buena idea construir en base a nuestros personajes.

El tono también está estrechamente relacionado con las reglas del universo sobre el que escribimos. Como ejemplo, contó la divertida anécdota de un momento de su vida en la que estaba escribiendo para HBO a la vez que guionizaba un programa infantil. Su cabeza no fue capaz de recordar la importancia del cambio de registro entre ambos formatos, por lo que lo despidieron del programa infantil con un duro mensaje: “estás mentalmente enfermo”. Conclusión: nunca debemos perder de vista el tono de la historia que estamos escribiendo.

Antes de acabar este apartado, reflexionó sobre la herramienta que, a su juicio, es imprescindible conocer para manejar el tono y registro de la historia. “Si os tenéis que quedar con algo de la charla de hoy, que sea con esto”, sentenció.

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Dibujo realizado por Scott Kolbo.

La herramienta en cuestión es el Triángulo Realista, de Scott McCloud. Drew aplicó los principios del triángulo a la escritura del guión. La explicación fue compleja, pero, en un intento de sintetizar, podríamos decir que en la punta superior del triángulo se encuentra la Realidad Borrosa (The Picture Plane). En ficción, dicha realidad correspondería con la ruptura de la cuarta pared, elemento que, para Drew, “es mucho menos original de lo que muchos guionistas pueden pensar”. A la izquierda del triángulo se encuentra la Realidad. “Se trata de la realidad aburrida. No hay que contar las cosas tal y como son, puesto que ese no es el trabajo del guionista“.

Para acabar, a la derecha se encuentra la Realidad Simplificada (The Word “Face”). Este es el elemento que le interesa a Drew. El buen guionista, para él, es aquel que consigue transformar y simplificar la realidad a un código comprensivo, interesante y lógico en términos audiovisuales. Es ahí donde podemos comunicar y contar nuestra historia. Aunque, eso sí, lanzó un claro mensaje. “No debemos abusar de la comunicación, ni soltar discursos que sobreexpliquen nuestra historia. Como dijo Glodwyn: si quieres enviar un mensaje, utiliza Western Union”.

Acto seguido, Drew se lanzó a reflexionar sobre las escenas. “Su escritura siempre debería ser igual a la de un partido de tenis”, contó, en referencia a la importancia de que el espectador nunca sepa quién gana y quién pierde conforme avanza el guión. “Nunca debemos estar de acuerdo al 100% con un personaje”, expuso, mientras recordaba varias “reglas”. Empezar tarde. Acabar pronto. Dejar lo más interesante para el final de la escena.

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Llegó el turno para hablar de los chistes. Su especialidad. “Llevo 25 años escribiendo chistes. De vez en cuando tengo suerte y escribo alguno bueno”.

Para él, el gran chiste es aquel que no cuenta con demasiados elementos, que no es demasiado complejo para evitar que sea claro y que no deja lugar a interpretaciones confusas. A su vez, contó que una buena forma de estructurarlos es pensar en 3 actos que siguen una norma básica: primero se utilizan dos ejemplos que marcan una pauta. El tercer elemento, contradice lo anterior.

De esa contradicción, justamente, nace el humor, lo que nos permite reflexionar que, para Drew, la contradicción es una de las bases del humor.

Drew lanzó una reflexión interesante sobre la construcción de los chistes, y expuso cómo Los Simpson estructuran sus chistes en una regla de cuatro. Dos ejemplos que marcan una pauta, un tercero que causa contradicción, y un cuarto que contradice a la contradicción.

Para acabar, Drew expuso que, para él, Seinfeld es una de las series que mejor ha sabido utilizar la teoría sobre la construcción de la buena comedia para avanzarse a las expectativas del espectador. “Siempre rompía los esquemas. Cuando pensabas que sabías por dónde iban, conseguían salir por otro lado. Sus chistes eran perfectos. Eran poesía”. Y de ahí, lanzó la bonita frase que quien aquí escribe ha decidido que era un buen titular. “El chiste perfecto es poesía”.

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No quiso dejar de hablar del oficio del guionista sin antes reflexionar sobre el punto que, para él, es el más importante: la reescritura. “Ningún primer borrador debería ser grabado jamás”. Irónicamente, expuso que una de sus escenas favoritas de The Thick Of It, y de las que más orgulloso está, se rodó precisamente en su primer borrador, lo que viene a recordarnos la importancia de reflexionar sobre que, al final, no hay regla que funcione siempre ni que podamos aplicar en todo momento.

Sobre la reescritura también aconsejó a los presentes la importancia de no tener compasión alguna con nuestro material. “La reescritura es el momento en el que matas a tus seres queridos”, aunque también aconsejó disfrutar del primer borrador. “Es un momento de tranquilidad que no va a repetirse”.

Con esto hacía referencia a la cantidad de opiniones que entran en juego a partir de que el guión empieza a pasar por los diferentes departamentos. “Las opiniones son como los ojetes, todo el mundo tiene una”, ironizaba, aunque también reconocía que hay que saber qué opiniones escuchar. “Hay mucho que aprender en las opiniones de los demás para saber cómo mejorar tu trabajo”. Eso sí, se declaró firme opositor de las notas contradictorias. Notas que, reconoció, le hicieron llorar cuando en una ocasión le tocó una dura reescritura en una sola noche con notas por parte del productor y del actor principal que eran completamente opuestas.

Drew quiso finalizar su Masterclass lanzando algunas reflexiones sobre el trabajo del guionista en el marco de la industria actual. Cómo no, tratándose de un guionista de comedia al que, literalmente, expuso que “nada le ofende”, utilizó toneladas y toneladas de ironía para hacer un análisis mordaz de la industria.

Es cierto que dejó claro que lo más seguro es que todos los trabajos funcionen igual, y que dentro de nuestra industria siempre hay excepciones, que por supuesto hay gente bellísima e inteligente, pero, tras las aclaraciones, expuso que, básicamente, lidiar con parte de la industria es lidiar con “idiotas, cobardes, irresponsables e inmaduros completamente incompetentes”. Cosa que puede ser complicada, sobre todo, como dijo, “si tú también eres un idiota”. Las risas fueron generalizadas.

Más allá del humor, Drew se puso serio y sí reflexionó sobre la importancia de la actitud de cada uno a la hora de afrontar los desafíos de la industria, y lo hizo con una interesante metáfora. “Ante el mal tiempo, el viento y la lluvia, puedes quedarte en tu casa pensando que eres una víctima más de la meteorología, o puedes ponerte un abrigo y salir a la calle.” Puede que Drew no dejara de ironizar sobre la industria, pero no cabe duda que al menos parte de su triunfo viene de haber sabido afrontar y superar las adversidades que, como en todo trabajo, siempre acaban surgiendo.

Por último, también reflexionó sobre que, a su juicio, es mejor escribir algo cool y que pueda recibir algún premio que no algo que sea muy taquillero pero que se considere de poca calidad. “Todo el mundo sabe que eso no es bueno. No sirve”. Ahí queda el debate.

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Que Drew es un hombre que se toma la vida con humor es algo que quedó más que patente a lo largo de las dos horas y media en las que estuvo hablando sobre la profesión del guionista. Que el humor es una herramienta que puede servir para quitarle hierro a lo que nos sucede, también.

En esta línea, a lo largo de la Masterclass Drew no tuvo problema en hablar con humor de las múltiples veces que ha sido despedido de varios de sus trabajos, ni tampoco de tomárselo, solamente, como lo que es: una parte más del trabajo del guionista.

Drew tampoco tuvo problema en sintetizar lo que ha aprendido tras tantos años de carrera. “El mejor guionista es aquel que consigue un equilibrio entre tener la confianza exacta en uno mismo y a su vez la sensibilidad necesaria para aceptar lo que digan los demás de él y de su trabajo. Demasiada confianza puede provocar un problema con el ego de cada uno. Demasiada sensibilidad, que no sobrevivas en la industria”.

Quizá, el punto medio entre confianza y sensibilidad nos lo puede dar, precisamente, el hecho de encajar lo que nos ocurre con algo de humor. Y, quizá también, es posible que todos podamos aprender algo sobre la filosofía con la que Drew afronta nuestro oficio desde hace ya 25 años.


HAY UN GAFE EN EL BARCO

27 enero, 2016

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Por Juanjo Ramírez Mascaró.

Lo peor que te puede pasar en este mundillo nuestro es que te etiqueten como gafe.

Me refiero, sobre todo, al mundillo audiovisual. En otras disciplinas artísticas es distinto. Si pintas cuadros o escribes poemas puedes adquirir una fama de maldito que incluso te beneficie. En el audiovisual, sin embargo, la cosa es distinta. Porque el cine y la tele son INDUSTRIAS, y eso implica un montón de dinero en juego. Nadie se siente lo suficientemente valiente para arriesgarse a conservar un gafe entre sus filas cuando hay posibilidad de perder pasta en grandes cantidades.

“Nos jugamos demasiado dinero, así que más nos vale ser racionales.” Ése debería ser el discurso predominante, ¿verdad? No obstante, a la hora de la verdad prevalece el discurso contrario: “Hay demasiado dinero en juego, así que déjate de argumentos racionales. No voy a arriesgarme a contratar a un tío que, según los rumores, gafa los proyectos.”

No puedo evitar acordarme del holocausto, de los nazis… Aquellos tipos marcando las puertas de los judíos, estigmatizándolos, condenándolos, etiquetándolos.

Tampoco puedo evitar acordarme de esa obra maestra de Peter Weir: Master and Commander. Nadie como Weir para sobrecogerte con cosas muy chungas, y una de las (muchas) que me impactaron en Master and Commander fue cómo trataban el tema del gafe.

Hay una parte de nosotros (la más cobarde, la más desesperada) que prefiere acogerse a las supersticiones con tal de no reconocer que ha llegado la hora de asumir la responsabilidad de nuestros propios actos o, peor aún: Asumir que ciertas cosas no tienen una explicación sencilla.

Yo no niego la posibilidad de que existan los gafes, pero sí me niego a conceder demasiado poder a ese concepto, si tenemos en cuenta que somos una especie en la que ya desde niños juramos y perjuramos que no hemos podido entregar nuestros deberes porque “se los ha comido el perro”.

A veces me asusta la posibilidad de que en la industria audiovisual tengamos nuestra propia versión del perro que se come los deberes. ”Fulanito es gafe”. ”Este proyecto está gafado”.

Todavía recuerdo aquella ocasión en que, intentando sacar adelante mi primera (y única hasta la fecha) película como director, dije a Raúl López Serrano, mi director de arte: “Este proyecto está gafado”. Él me respondió: “Todos los proyectos sin presupuesto están gafados”. Y es cierto. Gran parte de eso que llamamos “suerte” es en realidad una combinación de malas decisiones y circunstancias desfavorables. Como en aquel sketch de Faemino y Cansado en el que decían que habían perdido un partido porque tuvieron la mala suerte de irse de cañas en vez de entrenar.

Pues bien: ahora este post va a dar un giro bastante brusco porque ha sucedido algo imprevisto entre este párrafo y el anterior:

Me han robado el móvil.

Estaba escribiendo el texto en el teléfono, como borrador de mail, mientras volvía a casa en el metro. Interrumpí la escritura para bajarme en mi parada y un tipo llegó a la conclusión de que el teléfono iba a estar mejor en su bolsillo que en el mío.

Os juro que no se trata de una invención para hacer el post más efectista. Me robaron el móvil mientras escribía un post sobre la mala suerte, así que he decidido incorporar el suceso al propio post.

Ese robo fue la culminación de un día especialmente ingrato. Era ese lunes que ahora se ha puesto de moda llamar “blue monday“. Según algunos, el día más triste y más proclive a la mala suerte de todo el año. Yo no lo creo, pero en este caso concreto, el blue monday sí estaba haciendo honor a su nombre.

¡Y eso que me había encontrado dos monedas de 20 céntimos del 2000!

Oh, vaya, creo que eso necesita una explicación adicional: Resulta que las monedas españolas de 20 céntimos del año 2000 son especialmente valiosas, porque hay poquísimas. Por alguna extraña razón, yo tengo imán para ellas. Encuentro más ejemplares de los que cabría esperar según la estadística. Ni siquiera me las quedo. Suelo regalárselas a un par de personas queridas que las valoran más que yo. A mí lo que me hace feliz no es el objeto en sí, sino la “suerte” de que llegue a mis manos. Hay algo de talismán ahí. Es una estúpida superstición personal que tengo:

“Si me encuentro una 20-2000, todo va a ir bien.”

El día que me robaron el móvil me había encontrado dos. Dos en un día. No sabéis lo improbable que es eso. ¡Todo iba a ir bien!

Entonces van y me roban el móvil mientras escribo este post sobre la mala suerte. ¿Qué conclusiones saco de ello? Muchas, y de muchos tipos, pero me quedo sobre todo con ésta: Perder el móvil me ha obligado a usar durante algunos días un móvil antiguo, estropeado. Un móvil que sirve para conectarse a internet pero no para hacer llamadas. Lo de no poder hacer llamadas es casi terapéutico. Creo que todos deberíamos “no poder recibir llamadas” tres o cuatro días al año. Es como ir a una clínica de desintoxicación.

Pero lo más importante de este móvil roto es que está lleno de retazos de mi pasado. Elementos que tenía olvidados. Fotografías antiguas, anotaciones de ideas para posibles guiones y novelas, recomendaciones de libros y pelis. De pronto, la obligación de regresar a ese teléfono antiguo me ha servido para recuperar una parte de mí, resetearme a mí mismo, reengancharme a ciertas piezas que se me habían caído por el camino.

Lo que intento decir con todo esto es que ese tipo, al robar mi móvil, ha terminado de definir mi opinión sobre el tema de este post, sobre la mala suerte en el mundo del audiovisual, y en el mundo en general. El concepto del “gafe” es sólo el más extremo de los casos. Rara vez llega la sangre al río hasta ese punto, pero sí es relativamente frecuente que cada departamento vaya descargando “las culpas” de todo lo que sale mal hacia otros departamentos. Luego, dentro de esos departamentos, cada persona va desviando el marrón hacia el peldaño inmediatamente inferior.

Así pues, la reflexión que quiero hacer hoy podría resumirse en: No tiremos balones fuera. Asumamos nuestra parte de responsabilidad, para bien y para mal. No busquemos cabezas de turco, ni aceptemos sin rechistar que otros intenten convertirnos en cabeza de turco a nosotros. Si te dejas avasallar dos o tres veces, te caban colgando el sambenito.

Reconozco que es un tema que me preocupa un poco, porque conozco a gente cercana cuya imagen y cuya profesionalidad han sido mancilladas injustamente por ese tipo de mezquindades. Es algo que sucede también en otras profesiones, pero lo peliagudo de la nuestra es que resulta muy difícil juzgar si un producto audiovisual es bueno o malo, si habría merecido funcionar o no. Hablamos de arte e industria. Un terreno en el que dos más dos no siempre es igual a cuatro, pero donde unos señores con corbata nos dicen que las cuentas tienen que cuadrar.

También me viene a la cabeza el caso de un actor muy conocido que durante bastante tiempo tuvo fama de gafar los proyectos. Hoy día ese actor está en la cresta de la ola. Las cosas le han salido bien, y no os imagináis cuánto me alegro.

Me encanta que se puedan romper las maldiciones.

Mantengamos las supersticiones a raya. En un mismo día pueden caber los científicos diciendo que se avecina la mala suerte, los buenos presagios en forma de moneda, los hurtos de teléfonos móviles, los reencuentros con uno mismo…

Terminaré sacando a colación un capítulo de Los Simpson en el que construían un observatorio astronómico en Springfield. Gracias a ello descubrían que un meteorito venía hacia la Tierra para chocar contra ella. Cuando al final del capítulo se salvaban del asteroide, gritaban: “Destruyamos el observatorio para que no vuelva a ocurrir.”

Creo que a veces, en este mundillo nuestro, somos muy de destruir el observatorio.

 


MIL ENTRADAS Y OCHO ENLACES PARA EL FIN DE SEMANA

19 diciembre, 2014

Por Alberto Pérez Castaños y Sergio Barrejón

Cuatro años después de arrancar este blog, llegamos hoy a las mil entradas publicadas. Y lo hacemos así, sin alharacas ni fuegos artificiales. Después de todo, somos guionistas. Sabemos mantener el tipo. Ya estemos escribiendo una persecución, un duelo a espada, un diálogo metafórico un polvo memorable, lo hacemos siempre en la misma postura, apretando teclas en silencio, y en soledad.

Bueno, lo de la soledad hay que matizarlo, porque los bloguionistas nos sentimos muy bien acompañados (y enormemente agradecidos) por los tres millones y medio de visitas y los veinte mil y pico comentarios que ha recibido el blog.

No caeremos en la vulgaridad de glosar nuestros logros. Abrimos este blog para dar voz a los guionistas en castellano, y en ese camino sólo hemos dado los primeros pasos. Aún estamos en el primer acto. Con vuestra ayuda y vuestra compañía, tal vez contribuyamos a dar algunos giros a la situación del guionista. Mientras tanto, seguimos a lo nuestro: apretar teclas. Vamos con ocho enlaces para el fin de semana:

1. “Una de las grandes cosas de escribir tu primer guión es que realmente has terminado un guión. Es una especie de hito sólo haberlo hecho, incluso si es una mierda”. Palabras de Andy Kaufman. Y otras muchas, en inglés, en este enlace.

2. Javier Pineda no escribe guiones, pero es el único español que trabaja, desde hace 15 años, en la serie que todos habríamos querido escribir: ‘Los Simpson’. Lo hace como dibujante y lo cuenta aquí.

3. Otro año más vuelven los Premios Feroz, los galardones que la prensa especializada otorga al cine español. Aquí están las películas nominadas del 2014. Lidera la lista ‘La isla mínima’ con un total de 10.

4. Todavía no ha analizado el guión de ninguna nominada a los Feroz, pero seguro que no tarda en hacerlo. Éste es el blog del ex alumno del Máster de Guión de Salamanca Arnau Margenet, donde, como dice en su encabezado, desmenuza historias. Y con buen criterio. Como curiosidad, Arnau fue Antifirma Invitada de Bloguionistas hace casi dos años.

5. “La tecnología es fabulosa como herramienta pero odiosa en su tiranía, un poco de resistencia siempre viene bien. El cine donde mejor se mira es en la sala cálida como una vagina de paredes rojas y pasamanería dorada, un espacio psíquico ajeno al dominio del sol”. La analogía es grande, pero el artículo de Rubén Lardín en el que viene incluida lo es más.

6. En este enlace no salen vaginas, pero sí los mejores guiones no producidos del año. Exacto: la Black List 2014.

7. Y en éste puedes descargarte los guiones editados por 70 teclas, ver las últimas noticias del colectivo o incluso inscribirte para ser un tecla más.

8. Ésta es el último post de enlaces que publicamos en 2014. Y en lugar de conmemorarlo con un discurso del Rey, vamos a hacerlo con uno de Lana Wachowski. Es absolutamente mítico, ¡y con subtítulos en castellano!

Buen fin de semana y feliz Navidad a todos.


CURSO BLOGUIONISTAS Y OTROS 4 ENLACES PARA EL FIN DE SEMANA

3 octubre, 2014

Por Alberto Pérez Castaños

1. Esta semana se ha estrenado la temporada 26 de ‘Los Simpson’ en Estados Unidos. ‘Los Simpson’ es una serie inmortal que ya nació haciendo historia. Así lo cuentan Al Jean, Mike Reiss, Jay Kogen y Jeff Martin, responsables de la serie desde sus inicios, en esta mesa redonda moderada por Conan O’Brien, que también fue guionista y productor ejecutivo del show. 80 minutos –me temo que en inglés y sin subtítulos– que son un regalo para todo fan de la serie. Por cierto, un consejo: no os perdáis el resto de Serious Jibber-Jabber de O’Brien, algunos como el de Mel Brooks  o el de Judd Apatow son verdaderas lecciones de comedia.

2. También será un regalo para los fans de ‘El Exorcista’ esta entrevista con William Peter Blatty, autor de la novela y de la adaptación cinematográfica. Además, Peter Blatty también dirigió y escribió ‘La novena configuración’:

3. En un rodaje, ¿de qué se encarga el departamento de dirección? ¿Y de qué se encarga el de producción? Una cosa está clara: si eres guionista pintas más bien poco, pero a lo mejor te interesa saber a quién preguntar dónde está el café en caso de que te apetezca pasarte a molestar por el set. En este interesante post de Eva Ferradas, Ayudante de Dirección, queda todo bastante claro.

4. Vuelve 70 Teclas. La librería Ocho y Medio de Madrid acogió ayer jueves 2 de octubre la presentación del nuevo guión del colectivo de guionistas. Esta vez era el turno del guión de la serie más votada: ‘Crematorio’. Los autores, Alberto y Jorge Sánchez-Cabezudo, asistieron a la presentación, que fue moderada por Carlos López. En este enlace podéis descargar los dos guiones publicados anteriormente: el largometraje ‘Caníbal’ y la TV Movie ’11-M’.

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Un instante de la presentación de ayer. Foto de Alberto P. Castaños.

5. Y para cerrar, otro regreso: los Martes de DAMA vuelven otro año más y lo hacen con el curso “Escribir en Televisión (II)”, en el que colabora Bloguionistas. Si quieres asistir a las clases que impartirán Carlos G. Miranda, Sergio Barrejón, David Muñoz, Verónica Fernandez y Natxo López durante octubre, noviembre y diciembre y andas algo flojo de dinero puedes participar en el sorteo de uno de los cuatro asientos con 50% de descuento que hacemos en Bloguionistas. Debes escribir antes del 8 de octubre a bloguionistas@gmail.com con el asunto DESCUENTO CURSO BLOGUIONISTAS-DAMA y con tus datos (nombre y apellidos, email y teléfono). El día 9 a primera hora de la mañana comunicaremos los ganadores para que puedan realizar el pago, pero antes debéis prescribiros al curso en DAMA.

Buen fin de semana.


GREG DANIELS: EL NOMBRE QUE SIEMPRE APARECE

10 marzo, 2014

Por Adolfo Valor.

Adolfo Valor ha escrito en “El Intermedio” durante cinco temporadas, el año pasado estrenó la comedia “Promoción Fantasma” y en la actualidad trabaja en la productora Bambú Producciones en la serie “The Refugees” para Atresmedia y BBC.

GREGDANIELSEl Sindicato ALMA te trae a Greg Daniels y a
los guionistas de MAD MEN
 a Madrid. ¿Más info? Aquí y al final del post.

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Cuando empiezas a escribir humor sueñas con convertirte en el nuevo Woody Allen. Como todo sueño, es absolutamente legítimo. Como todo sueño, puede hacerse realidad o no. Pero cuando empiezas a dedicarte profesionalmente a escribir humor, esto es cuando logras pagar el alquiler escribiendo chistes (y si lo has hecho, sabes que no hay nada en el mundo comparable a pagar el alquiler escribiendo chistes) te das cuenta de que esto no va de tocar el clarinete, fingir hipocondrías o echarte una novia asiática (aunque si lo has hecho, sabes que no hay nada en el mundo comparable a echarte una novia asiática). Va de hacer bien tu trabajo. Siempre. Esta perogrullada no es nueva, antes que tú la descubrió mucha gente. Gente que basó toda su carrera en ser infaliblemente graciosa. Hombres y mujeres como S.J. Perelman, Pierre Etaix, Merril Markoe, Harold Ramis, Robert Smigel, John Swartzwelder o cualquiera de los 87 coguionistas que usaba Pietro Germi. Hoy quiero hablarte de uno de esos hombres. Porque si te fijas en las cosas más graciosas que ha creado la humanidad en los últimos treinta años hay un nombre que siempre aparece en los títulos de crédito: Greg Daniels.

Mi madre es lo que más quiero en este mundo pero no dudaría un segundo en mandarla a Siria con escala en Ucrania a cambio de tener la décima parte de logros profesionales de Greg Daniels. Fue a Harvard en los 80, donde dos acontecimientos marcaron su futuro: escribió en el Harvard Lampoon, el magazín humorístico del campus donde puso en práctica todo lo que había aprendido viendo en la tele a los Monty Python; y conoció a Conan O Brien, el futuro rey del Late Night con quien formaría equipo en sus primeros años. Recién licenciados, cogieron el coche y partieron rumbo a Hollywood, donde no tardaron en conseguir su primer empleo: Not Necessarily the news. Les echaron a la temporada siguiente por recortes de presupuesto. Pero ya se había corrido la voz de que esos chicos eran buenos, así que Lorne Michaels les recibió en su sancta sanctórum del número 30 de Rockefeller Plaza y les dio un puesto como guionistas en el Saturday Night Live (Si no sabes qué es SNL simplemente decirte que es el mejor programa de la historia del planeta, lo siento, no tengo tiempo ni ganas de explicarte por qué lo es, acéptalo y trata de cambiar tu estilo de vida ahora mismo). Juntos escribieron varios de los sketches más míticos de una etapa del Saturday que podríamos denominar la Era Edward G Robinson, con actores feos y pinta de secundarios de la Warner de los 40, pero acojonantemente graciosos: Phil Hartman, Jon Lovitz, Norm McDonald…

Como pasa tantas veces la pareja de amigos se separó para cada uno buscar su camino: Conan hacia el megaestrellato, Daniels a una serie que igual te suena de algo: Los Simpson. En las tres temporadas que trabajó en ella escribió episodios clásicos como “Bart vende su alma”, “La boda de Lisa” o “Homer y Apu”, incluida la canción “¿Quién quiere el badulaque?” (Pregunta existencial a la que el pobre Apu respondía con un quejío que rasga el alma: “pues yoooo…”).

¿No te parece suficiente? Tranquilo, aún hay más. Escribió el capítulo de la plaza de aparcamiento en Seinfeld, co-creó junto a Mike Judge El Rey de la Colina, dotando al universo de su autor de una consistencia y empatía de la que Beavis y Butt Head carecían y que permitió a la serie durar (flipa) 11 temporadas.

En 2005, la NBC le encargó adaptar The Office de Gervais y Merchant. Como showrunner absoluto, Daniels convirtió una serie inglesa de doce capítulos en nueve años de felicidad que hicieron que me planteara dejarlo todo e irme a Pennsylvania a vender papel. Debatir qué Office es mejor resulta estéril y nos llevaría lustros, pero aquí va un argumento ganador: a las chicas les gusta más la Office de Daniels. Ponles la tercera temporada, cuando adquirió voz propia y se alejó para siempre de su nave nodriza, y te estarán eternamente agradecidas. Vale, mientras ven la serie contigo estarán preguntándose por qué tú no puedes ser como Jim Halpert. ¿Pero sabes quién escribió el personaje de Jim Halpert? ¡Exacto, Greg Daniels!

A raíz del éxito de The Office, NBC le pidió un spin off. En vez de eso, les dio algo mejor: Parks and Recreations, que ya va por su sexta temporada y deja para los anales algo más que un personaje antológico, un nuevo modelo de masculinidad y la razón por la que quiero dejarme bigote y destilar mi propio whisky: Ron Swanson.

Parece que en los últimos dos años, Daniels ha tenido serios problemas para vender una nueva serie a NBC. De unos ocho proyectos presentados, la cadena no se ha quedado con ninguno. Y tú te quejas porque nadie quiere hacer tu serie de policías existencialistas en Extremadura. Aquí tienes a un tipo que lleva haciendo oro desde que salió del vientre materno y aún tiene que pelearse con los jefes de cadena. ¿Moraleja? Efectivamente, los posts de Bloguionistas siguen siendo demasiado largos.

¿Ves? Te dije que Greg Daniels había escrito muchas de las cosas más graciosas de los últimos treinta años. Si no eres guionista, deberías estarle agradecido por haber hecho tu vida un poco más feliz. Y si lo eres, deberías adorarle y ponerle una vela en la Almudena para llegar a ser algún día la mitad de bueno que él. Puede que no sea Woody Allen, pero tampoco hay nadie que quiera verle en la cárcel por sus delitos. A Roma con Amor, ¿qué coño era eso?

ALMAMASTERCLASS

El SINDICATO ALMA organiza dos masterclass con Greg Daniels y guionistas de MAD MEN.

El 22 y 23 de Marzo en la Cineteca Matadero de Madrid, Greg Daniels nos hablará de su experiencia como guionista y showrunner de las series y programas de humor más importantes de las últimas décadas. El 10 de Mayo es el turno de André y Maria Jacquemetton, este matrimonio de guionistas, han escrito y desarrollado la producción ejecutiva de la multipremiada serie MAD MEN.

Dos formas de hacer y entender la ficción. Una oportunidad única para los guionistas españoles de aprender con los mejores.

Las plazas son limitadas y los precios muy muy muy asequibles para afiliados a ALMA y socios de SGAE y DAMA. Puedes asistir desde 25 euros, por eso os recomendamos que completéis cuanto antes la inscripción. Podéis hacerlo e informaros AQUÍ.


UN SAMURAI CON GAFAS

23 mayo, 2010

Por Daniel Castro (Guionista en Chamberí)

El post del Pianista sobre el doblaje me ha hecho recordar mi experiencia personal sobre el asunto. Permitidme que os la cuente.

Hace unos años, cuando vivía en Pamplona, apenas tenía oportunidad de ver cine en versión original.

Tal vez por eso me fui construyendo la pequeña teoría de que el doblaje era un mal menor que permitía entender la historia de manera mucho más cómoda que leyendo esos fugaces subtítulos que, además, distraían la vista de la imagen. También escuché que nuestros dobladores eran unos profesionales estupendos.

Fue al venir a Madrid cuando empecé a frecuentar las salas de cine en versión original. Muchas de las películas que me apetecía ver sólo estaban ahí. No recuerdo muy bien cómo sucedió el proceso, pero supongo que me acostumbré a leer un poco más rápido. Sólo en algunas películas de diálogos frenéticos me daba la impresión de que la lectura me hacía perderme algo de la imagen o viceversa. En el resto de los casos, era capaz de ver y entender la película perfectamente.

Hablo inglés y francés pero, aún así, casi siempre suelo leer los subtítulos en películas en estos idiomas y mi impresión es que, pese a que los diálogos están ligeramente abreviados, nada sustancial se pierde en la adaptación.

Ahora, en cambio, cuando vuelvo a Pamplona, incluso antes de llegar, en el viaje en tren, me resulta ya casi imposible ver una película doblada. No es que tema que el traductor haya cambiado el texto original y así vaya a perderme importantes matices, no es que considere que los dobladores hacen un mal trabajo o que sus voces no están suficientemente preparadas. Es que… todo me suena falso. Tan falso que tengo que quitarme los auriculares y ponerme a leer. Sí, a veces incluso me pongo a leer.

El guionista de una película ha elegido que ésta ocurra en Boston y ha precisado, entre paréntesis, que el padre de familia tiene acento de esa región. El director ha decidido rodarla con sonido directo, (así se hace prácticamente todo el cine actualmente) para lograr mayor realismo y posiblemente la haya intentado rodar en el barrio de Boston en el que el guionista ha ambientado su historia. Ha elegido a cierto actor, entre otras características, por su voz. Éste ha decidido trabajar con cierto tono y se ha pasado una temporada practicando el acento de Boston. Algunos pasan meses buscando el acento correcto.

Lo que nos ofrecen es su trabajo. Meryl Streep con su leve acento italiano. Brad Pitt con un italiano algo rudimentario. Daniel Day Lewis con una voz que sale de algún lugar muy extraño e inquietante.

Lo que hace el doblaje es sustituir ese trabajo por otro grabado en un estudio por unos profesionales de la voz que, sin realizar las acciones de los actores hacen en la secuencia, intentan encajar un texto traducido y adaptado en los movimientos de los labios de unos intérpretes que hablan en otro idioma.

Sí, es complicado hacerlo bien. Nadie niega el mérito de los traductores, adaptadores y dobladores. Pero hay un montón de cosas complicadas que no son ni útiles ni inteligentes. Pese a todo, mucha gente las hace. Por ejemplo, esto.

Sí, las voces de los dobladores son estupendas. De hecho, lo extraño sería lo contrario: su única razón de ser es la calidad de su voz.

Sí, posiblemente en España, por la gran tradición de doblaje, tenemos un gran nivel en esta disciplina.

Sí, tal vez se pueda considerar que un buen doblaje es incluso una obra de arte.

Sin embargo, quien ve una película doblada no ve lo que el director, los actores y el guionista de la película querían contarle. Con “Los siete samurais” Kurosawa seguramente quería contarnos una historia verosímil sobre una aldea en el Japón del siglo XVI. Supongo que por eso descartó que los samurais utilizaran subfusiles o llevaran gafas. Tengo que revelaros algo que puede resultaros doloroso: los samurais tampoco hablaban español, al menos no en público. Y, si lo hacían en privado, parece poco probable que lo hicieran con acento de Valladolid. ¿No creéis que añadirles voces en ese idioma, por entrenadas que estén, daña ligeramente la verosimilitud del conjunto?

Creo que la Monalisa de Leonardo Da Vinci es una obra de arte.

También pienso que Los Simpson son, en cierto modo, magistrales.

Pero no opino que esto sea una obra maestra.

Como nos demuestra la MonaLisa Simpson, juntar dos trabajos, por estupendos que ambos sean independientemente, no siempre mejora el resultado final.

Al revés. Tal vez uno estropee al otro e impida ver algo que el artista original nos quería comunicar.

P.D.: (Sobre algunas consecuencias del doblaje, escribiré la semana que viene)


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