#JORNADASPROFESIONALES: DÍA 3

11 diciembre, 2014

Por Alberto Pérez Castaños. 

Fotos: Héctor Beltrán.

El pasado lunes tuvo lugar la tercera y última sesión de las “X Jornadas Profesionales: Guionistas y Mercado Audiovisual” en la Sala Trovador de Madrid. Esta tanda final de conferencias estuvo centrada en la visibilidad del guionista y los protagonistas fueron Luis María Ferrández, que habló del mercado nacional; José Luis Acosta, que habló de los derechos de autor y del mercado internacional; y María José Díez, que dio las claves para hacer un buen pitching. Además, los asistentes pudieron poner en práctica esos consejos presentando sus proyectos ante la guionista Virginia Yagüe.

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Los asistentes a la tercera y última sesión de las Jornadas Profesionales.

El guionista y director Luis María Ferrández comenzó su intervención diciendo algo que los asistentes ya se empezaban a figurar a esas alturas de las Jornadas tras escuchar a tantos profesionales: “No os acojáis a ninguna verdad. Hay tantas opiniones sobre el mundo audiovisual como personas”, matizó. Ferrández, que ha estrenado este año ‘La Pantalla Herida’, el documental sobre el estado del cine español, habló sobre su visión de la profesión desde sus experiencias personales. “Me he dado cuenta de que hay un gran desconocimiento de cómo funciona realmente nuestra industria”, continuó. Además, insistió mucho en la importancia de la actitud y de saber moverse para lograr entrar en el mercado audiovisual. “Todo lo que ganaba en mi primer trabajo como guionista de televisión me lo gastaba en hacer cortos. Ahora no tengo coche, ni tengo casa, pero tengo cortos”, contó Ferrández. Esos cortos, según fue contando, fueron los que le ayudaron a seguir avanzando poco a poco, a hacer contactos y rodearse de buenos profesionales: “Trabaja con gente que sepa más que tú. Hacer cortos con colegas no sirve para nada”, recomendó. Además, sugirió a los presentes “no mandar su proyecto a todas las productoras”, sino que deben saber a dónde y a quién se dirigen. Sobre la importancia de tener contactos, dijo: “Hay que moverse siempre para conocer gente, pero nadie te da trabajo tomando copas, sino trabajando”.

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Valentín Fernández-Tubau presenta a Luis María Ferrández.

Sobre su documental ‘La Pantalla Herida’, Ferrández contó que el proyecto nació a raíz de una conversación con un productor sobre el estado de la industria y que, pese a que en las primeras tentativas de hablar con gente del medio se dio contra un muro, el proyecto logró avanzar y congregó ante la cámara a un gran número de profesionales de gran nivel. Además, el éxito del documental, según contó, le dio fuerzas para seguir avanzando hasta un nuevo objetivo: lograr repetir las Conversaciones de Salamanca. “Desde el año 55 el cine español no se ha sentado a hablar”, afirmó. Por eso, ya está en marcha la segunda edición, que promete ser un acontecimiento histórico: “En mayo, tras 60 años, haremos las segundas Conversaciones de Salamanca. Irán entre 60 y 70 personalidades de la industria actual con el objetivo de sacar conclusiones y redactar un manifiesto”, finalizó.

El siguiente ponente fue José Luis Acosta, guionista y actual presidente de la SGAE, que empezó dando un dato bastante poco alentador: “Sólo el 4% de los beneficios que se generan en Internet van a parar a los autores”, dijo. Acosta centró la primera parte de su ponencia en hacer ver a los presentes que Internet, de momento, no está siendo justo con los autores: “Quiero las mismas leyes que hay en la calle para el mundo digital. Que si me roban en Internet, se haga algo”, afirmó. Además, el director de la SGAE contó que no está del todo contento con la nueva Ley de Propiedad Intelectual porque “es muy confusa”, además de que cree que “generará problemas en los Tribunales”. Acosta continuó defendiendo a los guionistas alegando que “el derecho que más debe valer es el del autor porque es el que crea la obra, no de quien la transforma y la distribuye”.

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José Luis Acosta, guionista y presidente de la SGAE.

Desde hace años, José Luis Acosta está trabajando el mercado internacional y afirmó que, aunque le “ha costado”, ya tiene “una red de contactos bastante sólida”. “El potencial de la cultura española fuera es tremendo, cuando viajo veo que es el mayor prestigio del país”, dijo. Acosta contó que ha trabajado en los mercados de Miami, Los Angeles, Colombia, México y Perú donde, dijo, “los procesos son más rápidos y claros” y, aunque sigue habiendo culebrones, se está empezando a hacer “género y productos de mayor calidad”.

La productora María José Díez fue la encargada de continuar con esta última sesión de las Jornadas Profesionales y lo hizo con su ponencia sobre cómo hacer un buen pitch. Díez comenzó diciendo que el pitch es tan importante que puede ser “la primera puerta hacia un proyecto”, pero que “también puede ser la última”. “Un pitch se hace para una audiencia determinada. No siempre se hace la misma presentación”, dijo Díez sobre la importancia de plantear un pitch dependiendo del productor al que vayas a ver. “Quien va a escucharte tiene que pensar que no ha visto esa película así que, busca el concepto diferenciador”, continuó diciendo. Sobre la duda de si usar referencias a otras películas o no para vender un proyecto, Díez afirmó que éstas son “útiles” y puso el ejemplo de ‘Alien’, que se vendió diciendo que era “‘Tiburón’ en el espacio”. Otra de las dudas es si es adecuado decir en la presentación si hay reparto pensado, ante lo que Díez argumentó: “Si hay casting o director pensado, decidlo. También a qué público va dirigida vuestra película”.

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María José Díez explicó los secretos de un buen pitch.

Un guionista se puede jugar mucho con su presentación, por eso, Díez dijo que “el pitch, una vez escrito, siempre hay que testearlo, fijarse en las reacciones del oyente y reescribirlo”. Es decir, que “no se improvisa nada”, matizó. Y lo mismo para el material audiovisual con el que se apoye la presentación. Por otra parte, Díez dio su opinión sobre el debate de si hay que contar el final o no durante el pitch: “Soy de las que piensan que mejor no contarlo. Así se genera más interés”.

Durante la tarde, los asistentes pudieron poner en práctica estos consejos presentando sus proyectos ante la guionista Virginia Yagüe y, tras la sesión de pitching, Valentín Fernández-Tubau se encargó de cerrar estas “X Jornadas Profesionales: Guionistas y Mercado Audiovisual”.

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Virginia Yagüe escucha la presentación de unos de los asistentes de las Jornadas.


FIRMAS INVITADAS – CUESTIÓN DE RESPETO

11 marzo, 2013

Luis María Ferrández es doctor en ciencias de la Comunicación y profesor de cinematografía en la universidad Francisco de Vitoria (Madrid). Ha sido guionista y desarrollador en algunas de las productoras más importantes del país escribiendo largometrajes por encargo y trabajando como 2º de dirección en películas con directores de renombre. Ha producido, escrito y dirigido ocho cortometrajes.

CUESTIÓN DE RESPETO

Llevo diez años trabajando como guionista profesional, entendiendo como tal, el poder vivir de ello, aunque por supuesto, con los altibajos y parones irremediablemente anexados a dicho trabajo. Podríamos describirlo como la incertidumbre genética de la profesión.

Dos de estos años, los pasé trabajando como guionista y desarrollador en una importante productora de nivel nacional, donde se vendían proyectos a las grandes cadenas de televisión.

No he venido aquí a contar mis aventuras profesionales, si no a exponer una serie de conclusiones que he sacado a base de observar en estos años el comportamiento del mercado audiovisual de primera línea.

En esos años al servicio de productoras mastodónticas, aprendí una serie de cosas que han quedado grabadas en mi consciencia a sangre y fuego.

Tuve la suerte de asistir a algunas negociaciones en despachos de directivos de cadenas, comidas entre productores, reuniones formales y distendidas con el fin de sacar adelante algunos de los proyectos que yo realizaba para dicha productora. Nos jugábamos meses de trabajo y la facturación que mantendría la división de ficción de aquella empresa.

En este tiempo, tuve la fortuna de aprender tres cosas fundamentales que han marcado mi modus operandi hasta hoy:

1. Respeto. El enorme respeto, que no temor, que le he cogido a la profesión. Un respeto que se ha ido acrecentado a medida que he trabajado en los equipos de dirección de algunas películas junto a oscarizados directores, en la lectura de guiones como analista de proyectos, en el desarrollo de escrituras de películas por encargo, en los procesos de venta a grandes cadenas a través de mi agente o en las producciones cortas que he dirigido.

Un respeto que estalla como una crisálida en cada encargo o proyecto. Un respeto real y humilde que sólo se adquiere cuando te adentras en las fauces del monstruo y ves su afilada dentadura tan de cerca, que llegas incluso a dudar si volverás a mirarle a la cara.

Muchos de aquellos que empiezan en sus primeros cortos, o en sus primeros proyectos, no conocen esa sensación y no les culpo por ello. La inexperiencia muchas veces nos hace ser inconscientes, una inconsciencia que no deja de ser un atributo inherente al desconocimiento del ser humando por una materia. No confundamos esa inconsciencia con la valentía, que es el empuje que te hace adentrarte en la cueva aun sabiendo que dentro acechan peligros que uno ya sabe como enfrentarlos.

Cuanto mas trabajo en esto, más reparo tengo en auto designarme guionista o director o ayudante de dirección o lo que sea, porque se lo que pesa un cargo cuando lo ejerces bajo presión.

2. ¿Presión? Si, la presión. Ese elemento que no encontramos nunca hasta que eres contratado por un productor para que escribas o dirijas proyectos en los que la financiación, las ventas, la taquilla, el share, las decisiones palaciegas y los conflictos pseudopolíticos pesan tanto como la palabra escrita en el guión.

Un ejemplo gráfico: Hay miles de chavales que en categorías inferiores, en campos de arena, con 200 espectadores cada domingo, tienen un dominio del balón exquisito y casi prodigioso. Desean jugar, y cuando están en el campo, desean que el balón les llegue a los pies para demostrar lo buenos futbolistas que son. Disfrutan entre otras cosas, porque no tienen presión.

Ahora supongamos que uno de estos prodigios es fichado por un equipo de primera división, un Real Madrid o un Barcelona. Y llega el gran día. El entrenador del primer equipo les llama a desvestirse porque va a salir a ese estadio con el que tanto soñó. Pone un pie en el césped y de repente, sus tímpanos estallan ante el grito ensordecedor de noventa mil espectadores sedientos de espectáculo y de victoria. El escudo de la camiseta, representando mas de un siglo de copas en las vitrinas, pesa más que una losa de granito, los empujes y golpes de los adversarios son agresivas embestidas comparadas con los rivales que había tenido hasta ahora. El patrocinador que lleva en la camiseta, se juega cientos de millones de euros en hacer que este espectáculo funcione. Entonces,  el balón quema en los pies. El público será implacable en el fallo o agradecido en el acierto.

La presión se amarra a sus piernas como una hiedra desbocada y aquello que era un sueño, puede convertirse en una pesadilla.

Si el jugador consigue adecuarse a su entorno, escuchar y aprender, auto controlar su ego, acumular experiencia en estas lides y darse cuenta de que ni es tan bueno como creía ni es la estrella arrebatadora que iba a arrasar en una precoz temporada, quizás, sólo quizás, remarco quizás, consiga empezar a hacer sonar su nombre en los patios de los colegios o en las extravagantes tertulias deportivas.

El mercado audiovisual de ficción es igual. No es lo mismo hacer tus primeros cortos o largos auto producidos, donde tu escoges el equipo, tu te autofinancias, tu eres tu jefe, no hay sueldos de por medio, tu te lo guisas y tu te lo comes, a ser fichado por una productora para desarrollar el proyecto de una serie o una película donde un resbalón, puede hacer que ese fracaso, manche tu historial, el de la empresa y corra la noticia como la pólvora por los oídos de una familia tan pequeña y endogámica como es la del mundo de la ficción audiovisual, deseosa de despellejar a un compañero con tal de mermar las posibilidades de la competencia.

Esa presión hace que tomes un profundo y especial respeto por lo que haces. Y no quiero decir que los que no hayan pasado por esto no lo tengan, pero si puedo asegurar que si lo tienen, será en un grado y esencia muy diferentes al que trato de contar aquí.

3. Jean Claude Carriere dijo que para ser un buen guionista hay que tener adquiridas tres premisas innegables: Saber que la película va a ser del director, conocer profundamente la industria cinematográfica y tener un talento innato para saber encontrar y contar historias.

En la gran mayoría de los casos amateurs que me encuentro ya sea como analista de guiones, como profesor universitario, impartiendo talleres, seminarios o conferencias, como amigo o conocido, echo absolutamente en falta cualquiera de estos tres puntos.

Todos queremos hacer y tener el dominio absoluto de nuestra historia, porque el ego nos atrapa de tal manera, que no concebimos el escribir para otros y compartir el posible éxito o fracaso del producto. Craso error del que voy procurando desprenderme más cada día. Y gracias a ello, aprendo de gente que acumula mucha mas experiencia y sabiduría que quien escribe.

Muy poca gente, muy poca, salvo los amigos que llevan trabajando en esto muchos años o que han conseguido posicionarse en series o películas de una manera más o menos continuada, me han demostrado saber o conocer de manera profesional los entresijos de la industria audiovisual, por lo que vender un guión, un proyecto, hacer negocio, industria o generar ingresos de su propio trabajo y creatividad les resulta evidentemente mucho más difícil que aquellos que llevan ya un tiempo toreando bestias de quinientos kilos en plazas de primera.

Todos sospechamos ser grandes guionistas incomprendidos, grandes directores por descubrir, grandes fotógrafos por demostrar, grandes actores por eclosionar, pero pocos han tenido la fortuna o la desgracia de trabajar en las primeras divisiones de esta liga, donde esa presión de la que hablo, lleva a generar el respeto que describí y que hace darnos cuenta de nuestras verdaderas limitaciones, capacidades y herramientas. Si te mueves donde juegan los grandes, más te exiges, más te exigen, más palos te llevas, más aprendes, más trucos descubres, más conoces los entresijos y más te das cuenta de la realidad de un mundo que para muchos, es como el de Alicia, y para otros como el infierno de Dante.

Puedo asegurar, que la alta industria audiovisual a la hora de vender o mover proyectos propios, es una selva amazónica comparado con ese neonato jardín que representa ahora los nuevos modelos de financiación, las autoproducciones amateurs y la gran mayoría de los cortos no profesionales que tan necesarios son como escuela de aprendizaje universal.

Y para acabar, el talento. Todos creemos tener la mejor historia, todos creemos ser talentos incompletos por la falta de éxito en nuestros proyectos. Todos creemos ser una bestia de la creatividad llamada a probar la corona laureada que nos pondrá nuestro César particular: El público espectador, el cual es el César más cruel y tajante que ha deambulado por las páginas de la historia.

Como dice un buen amigo mío, “Ahora con un móvil, cualquiera puede hacer una película en HD, pero lo más seguro es que sea una mierda, porque en este país todos creemos saber contar una historia en condiciones

Pensamos que nuestro guión es esa pieza sublime que hará las delicias de millones de espectadores, pero no olvides, que siempre hay alguien con una idea mejor que la tuya, con más conocimientos técnicos y con más horas en esos campos de primera división. Tantas, que ahora cuando sale, el escudo no le pesa, los gritos no le ensordecen y el balón ha dejado de quemarle en los pies.

Pero nunca ha dejado de temblar por dentro cuando tiene que salir al campo.

Es una cuestión de respeto.


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