LAS HISTORIAS IMPORTAN

16 julio, 2013

Por David Muñoz

A falta de estudios serios en los que apoyarme, reconozco que la mayor parte de las cosas de las que voy a hablar hoy son solo intuiciones, opiniones subjetivas. De  modo que es probable que esté equivocado y que acabe diciendo alguna que otra tontería. Pero sí que me parece interesante hablar de ello. Y también me parece que son asuntos que debería preocuparle a cualquier guionista o a cualquiera que se dedique a contar historias.

La cuestión es que después de ver Man of Steel (que, como ya sabéis, no me gustó nada), me puse a leer todo lo que pude encontrar en Internet sobre la película que me pareció medio interesante. El último artículo  que he leído ha sido la crítica de Film Crit Hulk.  Es un texto estupendo, como todos los suyos, que además de analizar la construcción dramática de la película de forma certera, está lleno de ideas interesantes sobre cómo contamos las historias en el cine en el año 2013 y porqué.

Pero pese a que leído mucho sobre el guión de Man of Steel, me ha sorprendido que en general se obvia algo que a mí me parece muy importante: la visión del mundo que transmite, las “lecciones” que pueden desprenderse de su desarrollo argumental, esa intención (involuntaria a veces) que emparenta cualquier historia con las parábolas o las fábulas.  

Habrá quien se tire de los pelos al leer lo que acabo de escribir, pero cada día estoy más convencido de que, entre otras muchas cosas, las historias nos sirven para explicar el mundo, nuestro lugar en él, y también para ofrecernos modelos de comportamiento. En cierta manera, son “guías para la vida” que decodificamos e incorporamos inconscientemente a nuestro bagaje emocional/cultural. Y como tales, también son vehículos transmisores de ideología y valores morales.

No todas lo son, pero sí la mayoría. O al menos nosotros las “usamos” así.

Desde luego este es un tema complejo que no se puede resumir en un artículo de tres folios de Bloguionistas. Lo que somos, lo que creemos, lo que sentimos, es el resultado de muchas influencias: nuestra educación, el ambiente familiar en el que nos hemos criado, nuestro temperamento, nuestra religión (o nuestro ateísmo). Pero creo que las historias están entre esas influencias. No tengo ni idea de hasta qué punto pueden ser determinantes a la hora de hacernos elegir un camino u otro en la vida, pero por poner un ejemplo que conozco bien, yo estoy convencido de que también soy como soy por culpa de todos esos tebeos de superhéroes (y de héroes a secas, como el Príncipe Valiente) que leí de pequeño.    

Lo más cómodo para los guionistas, novelistas, etc. es negarlo. Sobre todo porque nos liberaría de cualquier responsabilidad. Es más fácil creer que las historias no importan, o que al menos no importan hasta ese punto.

Importante: No quiero dar a entender que, por ejemplo, jugar a Call of Duty tenga relación con ser un asesino (o cualquier variante de esas que tanto les gustan a ciertos periodistas). A no ser que se esté mal de la cabeza, nadie mata por jugar a un juego de ordenador. De ser así, teniendo en cuenta las horas que pasé alrededor de los 30 años jugando a Doom, Half Life, etc., yo debería ser un asesino en serie muy peligroso.

Además, estamos tan saturados de historias, y a través de ellas nos llegan mensajes tan contradictorios, que su efecto seductor queda diluido. De hecho, hay quien cree que sucede lo contrario a lo que estoy diciendo: que no son las historias las que nos conforman, sino que nos sentimos atraídos hacia un tipo de historias porque ya somos previamente de una manera concreta. Lo que no explica por Ej. porque a un típico izquierdoso como yo le atraen tanto las fantasías individualistas y belicistas de John Milius. Pero en fin, ya os digo que es un tema complejo.

Aclaro también (aunque ya lo he dicho aquí), que yo no necesito estar de acuerdo con la ideología que transmite una película para disfrutar con ella. Solo estoy diciendo que creo que es algo que no se puede obviar a la hora de analizarla, ya sea que estemos ante un panfleto simplista obvio o ante una obra compleja que admita varias lecturas.

En el caso de Man of Steel, dudo que pueda calificarse de “involuntario” el aspecto de parábola de la película. Pensarlo sería creer que Snyder, Goyer y Nolan son idiotas, y dudo mucho que lo sean.

Resulta más fácil entender cómo funciona a ese nivel imaginando la historia contada, quizá en boca de un apóstol hace 2000 años.

¿Qué es lo que habríamos aprendido al escuchar Man of Steel?

Pues varias cosas:  

-Que la pena de muerte está justificada siempre que se aplique a un enemigo que no puede ser detenido de otra manera.

-Que los “daños colaterales” son aceptables si esas muertes contribuyen a la victoria sobre el enemigo.

-Que es necesario un poder militar fuerte, ya que es la única manera de enfrentarse al enemigo.

-Que las acciones del ejército no necesitan de supervisión civil en tiempos de guerra (es bastante sorprendente la total ausencia de políticos en la película; ni siquiera tiene la típica escena con el presidente).

-Algo muy como de Ayn Rand: que el individuo distinto, especial, superior, solo debe buscar su propio beneficio, y al hacerlo, paradójicamente es cuando más y mejor ayuda a la sociedad.

Y todo esto, sazonado de detalles que buscan colocar emocionalmente al espectador en los momentos inmediatamente posteriores al 11S. No puede haber una estrategia manipuladora más burda (y efectiva). 

Lo que me pasma es que nadie reflexione sobre lo que está contando Man of Steel, lo que subyace bajo las hostias y el espectáculo. Como, si al tratarse de una película de superhéroes, no hablará de nada, o no fuera mucho más radical en su defensa de ciertas tesis de la extrema derecha americana que por Ej. Zero Dark Thirty. Teniendo en cuenta que como forma de propaganda es mucho más efectiva que la película de Kathryn Bigelow. Sobre todo, porque no lo parece. Es un lobo en piel de cordero, más dañina aún tratándose de una película dirigida a un público infantil o adolescente.

Sin embargo, es algo que en general no se ha comentado. Es como si la película fuera una sucesión de escenas de tortas  que no cuentan nada. Y no me parece que sea mucho menos así. Es un cine tan político como el de Ken Loach.

A ver si consigo explicarme con otro ejemplo: la semana pasada vi la segunda película de Star Trek de J.J. Abrams. Partiendo de una base argumental muy similar a la de Man of Steel (el antagonista en un super ser malvado que amenaza con destruir la Tierra), las conclusiones a las que podría llegar su espectador después de verla son exactamente las contrarias a las que pueden extraerse de la película de Zack Snyder. Sería posible usar las dos películas para explicar qué piensan un votante del Partido Demócrata y otro del Partido Republicano estadounidenses sobre temas como la política exterior de su país, la pena de muerte, etc.   

Pero de la misma manera que creo que no podemos obviar la lectura ideológica de las películas al analizarlas con un mínimo de seriedad (o comportarse como si esta no existiera, como hacen el 90% de los críticos españoles cuando hablan de cine de género), tampoco podemos obviar que al escribir nos retratamos, que al elegir una opción de entre las cientos que ofrece el desarrollo de una historia, mostramos no solo nuestro criterio como narradores, sino cómo somos, cómo vemos el mundo. Creo que es algo inevitable.

Porque, como le leí una vez a Arturo Pérez Reverte (y cito de memoria, así que puede que la cita no sea exacta) como narradores somos el resultado de las historias que hemos leído y de la vida que hemos vivido.

Y esas historias no solo nos han ayudado a ser quien somos desde el punto de vista creativo.

¿Qué son las religiones sino historias que utilizamos como “manual de uso” de nuestras vidas?

¿Por qué un niño que jamás haya tenido problemas con un extranjero puede llegar a ser un adolescente racista? Pues porque ha creído las historias racistas que le han contado. En ese aspecto su forma de ver las cosas no es fruto de su experiencia.

Y el cine es un arma propagandística de gran fuerza. La catarsis emocional del clímax, que podemos vivir con la misma intensidad del protagonista, como si fuéramos él (dicen que por las neuronas “espejo”), nos puede hacer también compartir sus motivos, sus razones. Cuando Superman mata a Zod, si estamos en la película, si no hemos perdido la emoción por el camino -como me pasó a mí-, sentimos, creemos, que está haciendo lo correcto, que está haciendo lo que debía de hacer. Quizá queda sembrada la semilla que nos permitirá justificar un hecho similar en el mundo real.

¿O no?

La verdad es que no lo tengo nada claro. Solo tengo intuiciones, no certezas.

Otra película que he visto recientemente es Hannah Arendt, la biografía de una filósofa judía alemana que en 1961 escribió una serie de artículos para la revista The New Yorker sobre el juicio en Israel del nazi Adolf Eichmann. Los artículos, más tarde recopilados en libro, sostenían que Eichmann no era un Saurón o un Darth Vader, o sea, un maligno y despiadado criminal, sino un funcionario mediocre que se había limitado a hacer bien su trabajo. Además, Arendt hablaba también de la complicidad de los líderes de los consejos judíos con los nazis. Algo que según ella había provocado la muerte de un mayor número de judíos de los que hubieran fallecido de no darse esa complicidad.

Al publicarse los artículos, fueron muchos los intelectuales judíos (entre ellos varios amigos suyos) que empezaron a atacarla, acusándola de estar traicionando a su pueblo.

¿Cuál había sido el pecado de Arendt?: Cuestionar la historia que los judíos se estaban contando unos a otros para sobrellevar el horror del holocausto. Era más fácil pensar que se habían enfrentado a un poder imposible de combatir, al mal en estado puro, que a unos mediocres a los que cabía la posibilidad de haber plantado cara. Resultaba más seductor pensar que habían sido víctimas de un genocidio y no de un “asesinato en masa administrativo”. Además, ese relato de lo ocurrido convertía a las víctimas en héroes. Y por supuesto, los héroes no colaboran con sus asesinos.

El delito de Arendt había sido cuestionar una historia.

Porque al final va a ser que sí, que las historias importan.


ATRÁS Y ADELANTE

25 junio, 2013

Por David Muñoz

El viernes pasado vi en el cine Man of Steel, la última reinterpretación del personaje Superman, escrita por David S. Goyer, dirigida por Zack Snyder, y producida por Christopher Nolan.

La película me pareció horrible, pero, como llevó varios días hablando sobre el tema en Twitter, la verdad es que no me apetece seguir dándole vueltas en Bloguionistas. Aunque si tenéis curiosidad por saber qué es exactamente lo que pienso sobre Man of Steel y porqué, podéis leer este texto escrito por Mark Waid –uno de los guionistas de los cómics de Superman-, con cuya opinión coincido casi totalmente.

La cuestión es que viendo Man of Steel me vino a la cabeza una reflexión que sí que me parece que puede ser interesante compartir aquí.

La película tiene una estructura muy curiosa, y que además me parece bastante acertada. En vez de contar la historia del personaje cronológicamente, se pasa de la inevitable escena en Krypton, con el científico Jor-El metiendo a su hijo, el recién nacido Kal-El -el futuro Clark Kent/Superman- en una nave espacial y mandándolo a la Tierra, etc., a una escena con Clark ya con 30 años. A partir de ese momento, las escenas del pasado de Clark se insertan dentro de la trama principal a modo de flashbacks, utilizando técnicas de toda la vida para crear vínculos entre unos momentos y otros. Por Ej., en el presente Clark ve un autobús escolar y eso le lleva a pensar en algo que le ocurrió con un autobús escolar. Un objeto lleva a otro objeto. Aunque también hay transiciones emocionales, donde no es un objeto lo que evoca el pasado, sino un estado de ánimo. O una situación. Pero no voy a entrar en detalles para no estropearos la película a quienes no la hayáis visto aún. Quién sabe. Quizá os guste más que a mí.

Clark con cara de estar a punto de empezar a pensar en su pasado.

Clark con cara de estar a punto de empezar a pensar en su pasado (por cierto, Henry Cavill es un gran Superman, que pena la historia).

Lo que más me llamó la atención es que se usara una estructura así en una película tan comercial. Está claro que sus productores no pensaron en ningún momento que los espectadores fueran a perderse. O que les fuera a resultar extraño tanto ir para atrás y para delante.

Sin embargo, no hace tanto tiempo, todo esto hubiera sido impensable en una película de este tipo (no estamos hablando de una de Iñárritu, por ejemplo).

Yo he tenido reuniones en las que los productores de los guiones que estaba escribiendo se mostraban yo diría que casi furibundamente contrarios al uso de los flashbacks. De hecho, entre algunos de ellos (y también entre ciertos directores y analistas de guión) era casi un dogma de fe. FLASHBACKS NO.

La única manera en la que permitían que se usaran era si no había más remedio que utilizarlos para clarificar algo que no podía contarse de otra manera en el presente.

Desde mi punto de vista, esa lógica obvia que a menudo el flashback se usa simplemente para poder mover a tu antojo las piezas de la historia que estás contando. Muchas veces su única razón de ser es hacer que la película sea más entretenida. Y no creo que haya nada de malo en ello.

Man of Steel podría haberse narrado de forma lineal. Richard Donner ya contó así la historia de Superman en su película de 1978. Y también funcionaba. Solo que de esa manera la trama de acción principal de la película (el enfrentamiento de Superman con Lex Luthor) arrancaba tardísimo. Había muchas cosas que contar antes: de dónde viene Kal-El, cómo es adoptado por los Kent y pasa  a ser Clark Kent, su llegada a Metrópolis, etc. De hecho ese primer Superman casi es dos películas en una, claramente divididas por la aparición de Luthor.

En realidad, ahora que lo pienso, con el tiempo eso ha sido una ventaja más que una desventaja. Por ejemplo, yo cada vez que me pongo a ver Superman suelo dejarlo la primera vez que el protagonista llega a la guarida subterránea de Luthor. A partir de ese momento la película deja de interesarme (el plan de Luthor es ridículo y me cabrea que Superman sea capaz de retroceder en el tiempo para salvar la vida de Lois Lane). Así que prefiero ahorrármelo. Me conformo con haber visto crecer a Superman y sus primeros días en Metropolis.

A ver si antes de que me muera alguien hace una película buena de Superman entera. Porque de momento solo funcionan trocitos de unas y otras.

En fin, que me pierdo. Vuelvo al tema de los flashbacks.

Gracias a la estructura de Man of Steel, su guionista ha evitado que le ocurra lo mismo que al Superman de Donner. Pese a contar cosas tan alejadas en el tiempo (y tan dispares en cuanto a tono), la impresión al verla es que estás ante una sola película. Y de paso, la amenaza de los Kryptonianos –y con ella, el arranque de la trama principal- puede llegar un poquito antes también.

Ambas razones me parece más que suficientes para justificar que se cuente de esa manera.

Pensando en todo esto, caí en la cuenta de que el guión de vampiros que colgué aquí hace unos meses, Frío, utiliza también una estructura fragmentada que saltaba atrás y adelante en tiempo y en la que además me permití dividir la acción en capítulos narrados desde diferentes puntos de vista. Una estrategia narrativa muy utilizada en la literatura pero mucho menos usada en el cine. Y fue lo que más me cuestionaron del guión algunos de los productores que lo leyeron. Me preguntaban: “¿Por qué lo has escrito así?” “¿Qué razón hay?”. Y mi respuesta era: “Porque es la forma más satisfactoria que se me ha ocurrido para contar esta historia”.

¿Podría haberla contado de otra forma? Pues sí. Pero no me habría sido tan interesante.     

Pero para muchos lectores era un problema importante. La estructura les parecía artificial, poco orgánica, arbitraria.

Y creo que entiendo por qué.

En el cine, nos tragamos cualquier tipo de flashback siempre que esté “justificado”. Y por “justificado” entendemos que surja del protagonista, que sean sus emociones quienes decidan qué vemos y cuándo lo vemos. Evidentemente, vemos lo que el guionista quiere (y necesita) que veamos, pero no lo parece. O más bien, no sentimos que sea así.

Por eso, en Man of Steel funcionan los flashbacks y los saltos en el tiempo, porque todo, o casi todo*, son recuerdos de Clark.

No sé si puede extraerse o no una regla de todo esto, pero me parece algo interesante sobre lo que pensar. ¿Qué está dispuesto a aceptar el espectador o no? ¿Hasta dónde podemos llegar? Porque de saberlo depende que nuestra historia sea disfrutada o no. Reparar en la artificialidad de lo que te están contando puede hacer que desconectes y que deje de importarte.

Otra estructura interesante es la de Lo imposible, la película dirigida por Juan Antonio Bayona en 2012.

Como ya sabéis todos, cuenta la historia real de una familia que sobrevive a un tsunami y sus intentos por volver a reunirse tras ser separados por la ola gigante.

Ese planteamiento tiene un problema estructural muy gordo: y es que el momento más intenso y espectacular de la historia (el tsunami) ocurre al principio. Visualmente (y emocionalmente) es un clímax que estructuralmente funciona como detonante de la historia. Es lo que provoca que la familia se separe.

La solución que encontró el guionista, Sergio G. Sánchez, me pareció interesante (además de bastante atípica): movió ese clímax al final de la película, escamoteándolo al inicio mediante un fundido a negro y mostrándolo en forma de flashback recordado por el personaje de Naomi Watts.   

Justo antes de la ola.

Justo antes de la ola.

Pero cuando vi la película, en el momento en el que apareció el largo fundido a negro después de que Naomi Watts ve aproximarse la ola, os juro que en el cine la gente empezó a gritar: “¡Pero qué pasa!”, “¡Que se han saltado de rollo!” (por estos comentarios, no hace falta que os diga que se trataba de gente de más de 50 años).

La verdad es que no sé qué habría pensado yo de ese momento de no haber escuchado esos gritos. Mi recuerdo está demasiado condicionado por ellos.

Pero sí que me pareció que quienes gritaban estaban reaccionando de forma instintiva a algo relacionado con lo que he comentado hace unos párrafos: ese fundido a negro era arbitrario, había llegado porque sí. Era una decisión del “dios director”, puramente narrativa, no emocional. No obedecía a una lógica vinculada a lo que le estaba pasando al personaje.

Luego pensé que habría sido muy distinta la reacción del público si se hubiera mostrado a Naomi Watts perdiendo el conocimiento al ser embestida por la ola. Entonces, si les habría parecido algo “natural”. No les habría parecido tan extraño**.

Resumiendo: mi impresión es que la estructura fragmentada que parece que solo obedece a la conveniencia del narrador, produce desconfianza en el espectador; mientras que si la justificas vinculando esos saltos atrás y adelante al arco emocional del protagonista, puedes colar casi cualquier cosa, por muy marciana que parezca.

Lo mismo estoy equivocado. Y seguro que a muchos se os ocurren ejemplos que demuestran justo lo contrario. Pero esta semana me propuse escribir una reflexión del tirón solo horas antes de subirla al blog, para no darme tiempo para reescribirme y afinar las ideas, y es lo que he hecho. En cierta manera, lo que he hecho ha sido pensar en voz alta.

Y a lo tonto, he acabado hablando bien de algo de Man of Steel. En fin…

Bonita escena. Aunque absurda. ¿A qué estaba jugando Clark? ¿A Superman antes de ser Superman? Porque el traje con la capa se lo encasquetó su papi, no lo pidió él.

Bonita escena. Aunque absurda. ¿A qué estaba jugando Clark? ¿A Superman antes de ser Superman? Porque el traje con la capa se lo encasquetó su papi, no lo pidió él.

 *También hay flashback del tipo “porque sí”, como el epílogo del niño con la capa. Pero en ese momento el espectador ya está en la historia y lo acepta. Aunque creo que no lo habría aceptado al principio de la película.

**A veces me he preguntado si esa decisión se tomaría en guión o en montaje. Pero eso es algo que solo pueden explicar quienes han hecho la película.

ACTUALIZACIÓN: Albert Monteys ha publicado una historieta en su tumblr. criticando Man of Steel. Podéis leerla aquí. Incluye esta viñeta que tiene que ver bastante con lo que comento en mi entrada:

Monteys


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