RETRATO DEL GUIONISTA ADOLESCENTE

29 febrero, 2012

por Sergio Barrejón.

Desde hace ya unos cuantos años, para mí el mes de febrero está marcado por mi cita anual con el Master de Guión de la UPSA. Empecé dando una charla de 2 horas sobre Recursos para Guionistas en Internet. Al año siguiente la amplié a 4 horas. Al otro, aparecí con Cristóbal Garrido y Álex Montoya a explicar cómo preparamos nuestros proyectos para subvención. Al siguiente, convencimos a los alumnos de que ellos preparasen un tratamiento secuenciado y una memoria para presentar a las subvenciones a creación de guiones (hoy seguramente extintas, en la línea de decidido apoyo a I+D que viene mostrando este Gobierno).

Este año la cita fue el viernes pasado. Junto al cineasta uruguayo Carlos Morelli, monté una jornada teórico-práctica de guión de cortometraje de ocho horazas. La parte teórica la impartía Morelli, proyectando y comentando una cuidadísima selección de cortometrajes, que ilustran todo tipo de planteamientos dramáticos, problemas narrativos y estrategias de guión. Mientras tanto, yo me iba reuniendo, uno a uno, con los ocho grupos de trabajo que habían formado los alumnos para trabajar. Cada uno de los grupos había escrito un guión de corto de menos de 10 páginas, y nos lo había enviado tres semanas antes de la charla. Yo los llevaba leídos y anotados, y dedicaba a cada uno una sesión de script doctoring de unos 45 minutos.

Fue intensísimo, agotador y enriquecedor. Tanto para ellos como para mí. En primer lugar, descubrí que esta promoción del master tiene un nivel estupendo. De los ocho guiones, me pareció que tres estaban prácticamente para entrar en preproducción. Es una proporción insólitamente alta. Y en todos los guiones que me parecieron menos “redondos” podía encontrar elementos destacables: un planteamiento originalísimo, una gran habilidad para poner en juego ciertos “trucos de género”… Todos tenían algo bueno.

Pero no quiero aquí glosar las virtudes de los guiones, sino hablar de sus errores. Dicen que nadie aprende en cabeza ajena. Chorradas. Si así fuera, el drama no existiría. De los errores ajenos aprendemos tanto como de los propios, o incluso más. Porque los errores ajenos no intentamos ocultarlos bajo una capa de orgullo. Y el error más común de los guiones analizados en Salamanca (y quizá el error más común de los guiones amateur en general) era éste:

LOS PROTAGONISTAS NO CONFRONTAN A SUS ANTAGONISTAS.

¿Cuántos guiones de principiantes presentan un protagonista aislado, que apenas se comunica, que asiste a los acontecimientos de la trama como un mero testigo?

Un tipo que vive encerrado en su casa, observando el mundo a través del visor de su cámara de fotos.
Un tipo que vive obsesionado por las molestias que le produce un vecino al que nunca ve.
Un tipo que asiste a una situación absolutamente insólita e intolerable, pero la acepta sin más cuando alguien se la explica de manera poética.

La consecuencia lógica de un planteamiento antidramático suele ser el otro error más común de los guiones amateur:

LA HISTORIA ACABA DE UN ZAPATAZO.

Llega la policía.
Hay una explosión.
Alguien se pega un tiro.

Curiosamente, el zapatazo ocurre justo cuando el protagonista está a punto de abordar a su antagonista, o de enfrentar activamente los obstáculos que le separan de su objetivo.

El tipo intenta hablar con la chica que le gusta. El tipo sube a cantarle las cuarenta a su vecino. El tipo deja de correr por el bosque y decide enfrentarse a sus perseguidores. El segundo acto, vaya. Ahí, de pronto, BUM. Zapatazo y final. El Titanic se hunde antes de que Jack baile con Rose.

¿Por qué es tan frecuente este error, este terminar las cosas en el momento en que se ponen interesantes? Por un lado, evidentemente, está la cuestión de que el segundo acto es la parte más difícil del guión. Un principio original y un final de zapatazo, realmente, se nos ocurren todos los días. Y es divertido. Pero el público paga por el segundo acto. El público paga por ver cómo otras personas se enfrentan a sus dilemas. (Paga por aprender en cabeza ajena.) Desengañémonos: la gente no fue a ver Titanic porque se hundiese un barco. Eso ya se veía en el making of. Fue a ver cómo demonios lograban el chico y la chica estar juntos a pesar de todos los problemas que se lo impedían. El barco se hunde cuando llevas hora y tres cuartos en el cine. Si has aguantado allí ese rato, es porque resulta emocionante ver cómo Jack y Rose se enfrentan al problemón.

Un buen primer acto te hace preguntarte “¿qué haría yo en una situación así?”. Un buen segundo acto te cuenta qué hicieron los personajes, y te mantiene en vilo preguntándote “¿y qué pasará a continuación?”. Un buen tercer acto te cuenta una conclusión lógica, pero a la vez sorprendente, derivada de los actos de los protagonistas.

El clásico guión amateur tiene un primer acto, carece de segundo acto, y en el tercer acto te ofrece una conclusión más o menos sorprendente, pero en absoluto lógica ni derivada de los actos de los protagonistas. En el clásico tercer acto amateur, lo que ocurre básicamente es que entra el guionista y se carga a un personaje, para acabar con el tedioso esfuerzo de contar una historia de manera dramática.

Decir que “uno siempre escribe sobre sí mismo” es un cliché tan sobado como el de “nadie aprende en cabeza ajena”, pero creo que aquí viene a huevo para explicar por qué los guionistas principiantes escriben este tipo de historias. Hagamos un poco de psicología barata:

El protagonista elude la confrontación porque el guionista teme la confrontación.

Hay un tipo de guionista amateur, quizá más común en las escuelas de cine, que teme a su propia profesión. Que teme el momento de abandonar ese espacio protegido de la Universidad, de la escuela, donde “tiene derecho a equivocarse”. Que teme el momento de someter sus obras al implacable juicio del público. (El guionista sabe que el público es implacable, porque él mismo es implacable cuando ejerce de público de las obras ajenas.)

Dice Mamet en su “Manifiesto” que, para que una obra de teatro tenga sentido, es fundamental que el público pague por verla. En las escuelas de cine, es el guionista el que paga por escribir. Y sus únicos jueces, los profesores, están cobrando por analizar su obra. Es un ambiente espurio. Pero comodísimo. A la hora de juzgar un guión malísimo, el más déspota de los profesores va a ser más suave que el más diplomático de los críticos.

Y los guionistas lo saben. En este sentido, hay dos tipos de autores: los que están deseando rodar algo y presentarlo en público como sea, y los que piensan que aún no están preparados, que tienen mucho que aprender. Invariablemente, los primeros escribirán cosas más interesantes que los segundos.

Con esto no pretendo menospreciar la experiencia académica. Estudiar Ciencias de la Imagen en la Complutense me sirvió de mucho. Y no diré, como Amenábar, que “aprendí más en la cafetería que en clase”. Donde realmente aprendí fue escribiendo guiones sin pedir permiso a nadie, y grabándolos, y sobre todo, montándolos sin pedir permiso a nadie.

Creo que ésa es la clave de la madurez, ¿no? No sólo en esta profesión. En la vida en general. Has madurado cuando dejas de pedir permiso a nadie para hacer las cosas. Porque hacer las cosas sin permiso significa que te responsabilizas de ellas.

Si eres guionista, y estás estudiando en una escuela o universidad, enhorabuena. Tienes la suerte de recibir los consejos de profesionales, y de aprender en cabeza ajena. Pero nada de ello servirá si no dejas de pedir permiso para hacer las cosas, y te lanzas simplemente a hacerlas. Recuerda que, mientras tú escribes cortos para tus profesores, otros HACEN cortometrajes sin pedir permiso a nadie y los presentan al público. Sólo en el Notodofilmfest se presentan cientos y cientos de cortos cada año. Unos son buenos, otros son basura. Como los trabajos de clase. Pero los trabajos de clase no llegan al público.

Y presentar tu obra al juicio público es la esencia de tu profesión. Hazlo ya. No esperes a terminar la Universidad. No digo que dejes la Universidad. Pero tampoco dejes la vida real. Haz un corto. Equivócate. Pierde dinero. Haz el ridículo. No tengas miedo al ridículo. Es parte del trabajo. Y no necesariamente la peor parte.


ESTO NO ES LO QUE PARECE

8 julio, 2011

por Guillermo Zapata.

0.- Soy Socio de la SGAE desde hace (creo) ocho años. Siempre me ha parecido razonable que se establezca un mecanismo para el reparto de los beneficios que genera mi trabajo. No creo que el actual modelo de gestión de derechos de autor sea el más adecuado ni el más justo para conseguir eso. Creo que existen formas de compatibilizar el libre acceso de la ciudadanía a los bienes del conocimiento sin que eso signifique que nadie tenga que renunciar a sus derechos laborales. Creo también que el colectivo en el que desarrollo mi trabajo (el guión, vamos) tiene problemas mucho más serios en el ámbito laboral que la remuneración de sus derechos de autor. Por poner un pequeño ejemplo: El control creativo sobre el fruto de su trabajo.

1.- El pasado viernes 1 de Julio, al día siguiente de las elecciones en la SGAE, fueron detenidos varios miembros de la junta directiva acusados de diferentes delitos de corrupción. Entre ellos estaba el presidente de la Sociedad, Teddy Bautista. El Domingo, Bautista y otros dos miembros de la ejecutiva eran puestos en libertad, sin fianza pero con cargos, y al día siguiente se anunciaba que a los otros detenidos se les había impuesto una fianza de 300.000 euros y se les acusaba de importantes delitos de corrupción.

En medio de éste follón mayúsculo, las entidades de gestión de derechos, socios de la SGAE y otras entidades, etc. Han insistido principalmente en una sola idea: “Esto no tiene que ver con el modelo de gestión de derechos que tenemos” Ha sido también el principal argumento que ha esgrimido Angeles González Sinde en su primer encuentro ante los periodistas.

2.- ¿Alguien cree que los casos de corrupción que se le imputan a Camps- por poner un ejemplo cercano- no tienen relación con el modelo de gestión pública de la Comunidad Valenciana?

¿Si no es el modelo de gestión de los derechos de autor lo que ha provocado esta situación por qué correr a defenderlo como primer y casi único argumento?

La respuesta inmediata es que hay gente que va a aprovechar la situación para poner en tela de juicio dicho modelo. El problema es que si esos que ponen en tela de juicio dicho modelo no estuvieran ahí… hoy no habría denuncia contra la SGAE por un hipotético caso de corrupción.

Son los abogados que sostuvieron la demanda contra el Canon, los que empezaron a mirar con cuidado los datos de recaudación y reparto de derechos. Fueron ellos quienes pusieron en marcha la maquinaria jurídica. Son ellos, en fin, los que están defendiendo la transparencia de la SGAE ante sus socios.

¿De verdad a nadie le parece sintomático que sea precisamente SDAE, la entidad de gestión de derechos digitales, la que esté en entredicho?

3.- Hay dos tipos de legitimidades jugando a la vez en las últimas semanas. Por un lado la legitimidad de la propia SGAE en relación sus socios y por otro la legitimidad de todo el entramado cultural en relación a la ciudadanía.

Los socios de la SGAE que se han pronunciado públicamente al respecto, parecen preocupados en exclusiva por una de las dos legitimidades (la que funciona hacia dentro) insistiendo en la necesidad de recomponer cuanto antes la sociedad para defender los derechos de autor.

Es razonable y una buena noticia que los socios de una entidad se preocupen por democratizarla, ampliar el censo electoral y hacer, en definitiva, más participativa la acción de sus socios, es una buena noticia (tanto en la SGAE como en cualquier otra parte, haya delitos o no) pero eso no va a recomponer la relación que la ciudadanía tiene con las entidades de gestión.

Personalmente, me preocupa mucho más la otra legitimidad. La legitimidad no ya de la SGAE, sino de la totalidad de estructuras de eso que se viene a llamar “El mundo de la cultura” hacia afuera. Es fácil amparar los argumentos sobre la base de que “ahí fuera” hay mucho idiota y muchos intereses cruzados. Si, como aquí dentro, como en todas partes.

Pero, además de idiotas y de intereses, hay gente sensata, muy razonable, que está planteando cuestiones de calado sobre la transformación del ámbito de producción, exhibición y distribución de cultura, de la remuneración, del acceso, de los derechos, del apoyo público, etc

Y me refiero a propuestas.

Las decisiones en torno a la cultura no pertenecen exclusivamente a quienes trabajan en ella, como la sanidad o la educación no son patrimonio exclusivo de médicos y profesores. Cualquier transformación en materia cultural que se haga sin escuchar a la ciudadanía y de forma exclusiva desde espacios que hoy se encuentran totalmente deslegitimados ante dicha ciudadanía está condenada al fracaso… y a aumentar una brecha cada vez mayor de desconfianza mutua.

Sobre ésta idea empezó a circular ayer un manifiesto que pone el énfasis precisamente en reconocer que lo sucedido no está aislado del contexto general y de la necesidad de la ciudadanía y los trabajadores de la cultura y el conocimiento de trabajar juntos para pensar soluciones colectivas a estos problemas.

(http://www.ladinamo.org/manifiesto/) Cuando el Modelo se Derrumba: Manifiesto de Trabajadores de la Cultura y el Conocimiento por un cambio en la gestión de los derechos de autor.


MANIFIESTO POR UN FORMATO COMÚN

14 enero, 2010

Por Pianista en un Burdel.

En el pasado post les propuse el uso de Celtx como opción gratuita para formatear sus guiones según el estándar norteamericano. Me consta, por las estadísticas del blog que ofrece WordPress, que muchos de ustedes han seguido el enlace a la página de descarga de Celtx. Me consta que algunos lo han descargado y ya lo están utilizado.

Concretamente, puedo darles el ejemplo de Borja Cobeaga, que me decía el pasado martes en Google Talk:

¡Te debo la vida! Celtx es lo mejor que me ha pasado en la vida. Esto sí que es un premio, y no la nominación al Goya.

(Por cierto: enhorabuena a Borja, y de paso a Gorka Otxoa, también nominado. Mucha suerte.)

Puedo confirmarles que el guión de la próxima película de Borja, “Retrasado”, se está redactando con Celtx 2.7. Esto quiere decir que, con un poco de suerte, en Telespan se darán por aludidos. Quién sabe si algún ayudante de producción estará dentro de poco investigando sobre las facilidades que da Celtx para hacer hojas de desglose. Ojalá.

El caso es que todo esto me ha hecho pensar: si somos tantos los profesionales que estamos de acuerdo en las ventajas de trabajar con un formato común a todas las productoras y todas las obras, ¿por qué no les explicamos esas ventajas a nuestros compañeros?

A continuación, voy a escribir un primer borrador de lo que podría ser el Manifiesto por un Formato Común:

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Los profesionales del audiovisual que en el desempeño de nuestro trabajo escribimos, editamos, analizamos, desglosamos, interpretamos o manipulamos de cualquier manera guiones audiovisuales, hemos decidido sucribir el presente

MANIFIESTO

Estamos convencidos de que la industria audiovisual española debe adoptar un formato común para la redacción de los guiones audiovisuales.

¿Por qué un formato común?

  1. Porque la mayor parte de los profesionales que trabajamos con guiones audiovisuales somos freelance. Tener que cambiar de formato cada vez que uno trabaja con una productora nueva es una pérdida de tiempo, y por tanto, de dinero.
  2. Porque la mayoría de los formatos alternativos al estándar norteamericano exigen demasiado esfuerzo a la vista, o tienden al gasto excesivo de tinta y papel.
  3. Por ergonomía. Programas como Celtx o Screenwriter (ver anexo) optimizan el uso del guión de cara a la preproducción, agilizando el diseño de hojas de desglose o planes de rodaje. Un formato común, además, permite mediciones aproximadas más eficientes, como la clásica “página/minuto”.
  4. Porque es un primer filtro que permite distinguir a primera vista una obra amateur del trabajo de un guionista profesional.
  5. Porque no hace falta crearlo: la industria norteamericana nos lo ha facilitado desde los tiempos de las máquinas Underwood. Hoy en día, hay multitud de opciones de software (ver anexo) que uniforman los guiones con arreglo al estándar norteamericano, así como libros especializados en dicho estándar.

Por todo ello, invitamos a todos los guionistas, productores, actores, directores y técnicos audiovisuales a usar el formato estándar norteamericano, y fomentar su uso entre los demás profesionales.

En Madrid, a 14 de enero de 2010.

ANEXO

Software gratuito para escribir guiones en formato estándar:

Celtx

Plantilla para OpenOffice de Bloguionistas

Software de pago para escribir guiones en formato estándar:

Scriptum

Final Draft

MovieMagic Screenwriter

Plantilla para Word de Abcguionistas

(Es gratuita, pero sólo funciona sobre un software de pago)

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Agradecería la colaboración de los lectores para perfeccionar este texto y, si obtenemos una versión satisfactoria, firmarlo y difundirlo entre sus compañeros, jefes o empleados.

Sería tan bonito que por una vez lográsemos ponernos de acuerdo en algo todos los profesionales.


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