FLASHBACK – MANUAL DE SUPERVIVENCIA PARA GUIONISTAS: EL 525.1

18 septiembre, 2011

por Pianista en un Burdel.

La reciente apertura de juicio oral a Javier Krahe por un delito contra los sentimientos religiosos (artículo 525.1 del Código Penal) me ha hecho reflexionar sobre los peculiares límites de la libertad de expresión en España, y la forma en que afectan a los autores audiovisuales en un país en que la Iglesia Católica sigue teniendo un sitio preferencial en el ordenamiento jurídico. La separación Iglesia-Estado, desde el inicio de la democracia hasta nuestros días, ha seguido una progresión notable, pero aún queda mucho trabajo por hacer (ver gráfico).

Y mientras no se haga ese trabajo, cambiando las leyes y colocando a la Iglesia en su sitio, seguiremos teniendo Torquemadas wannabe.

Resumamos los hechos del caso:

  • La obra por la que se acusa a Javier Krahe es el cortometraje “Cómo cocinar un Cristo“, de 1978. En él, de la manera más neutra y objetiva, se muestra la preparación un plato en el que el ingrediente principal es una escultura de Cristo, previamente retirada de un crucifijo, a la que se sazona de diversas maneras y se introduce en un horno, del que, según la locución, saldrá solo a los 3 días.
  • Dicho corto fue proyectado en la pantalla que aparecía tras los entrevistados en el programa Lo + Plus de 15 de diciembre de 2004. La directora del programa también ha sido imputada.
  • La querella criminal la ha presentado el Centro de Estudios Jurídicos Tomás Moro.
  • El caso fue sobreseído en 2007. El Centro Tomás Moro recurrió el sobreseimiento.
  • El lema que el Gabinete de Estudios Jurídicos Tomás Moro exhibe en su página web es “cristianizando el Derecho, cristianizando la Sociedad”.
  • El juez, aplicando el artículo 589 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal, ha dictado que Javier Krahe vaya pagando una fianza de 400 euros diarios, hasta un total de 192.000, por si se le encuentra culpable.

Krahe

Yo no sé mucho de derecho (ni mucho ni poco) pero me parece ACOJONANTE que te puedan sacar 192.000 euros por si acaso resulta que eres culpable. No vaya a ser que luego te condenemos y digas que no tienes dinero.

Desde la ignorancia lo pregunto: si puedo fingirlo tras la sentencia, ¿no podría fingirlo también ahora? ¿Si resulta que soy inocente, me devuelven la pasta con los intereses?

Y sobre todo, ¿adónde va ese dinero? En caso de que me condenen, digo. ¿Reparar los ofendidos sentimientos religiosos de un fanático cuesta más que comprar un piso? Oiga, y ya puestos, ¿no podrían sacarle 192.000 también al Centro de Obtusos Jurásicos Toma Moreno, por si acaso resulta que Javier Krahe no es culpable de nada? Digo, para repararle a él los sentimientos de justicia, que después de esta locura deben de haberle quedado bastante maltrechos, al pobre.

También me parece acojonante que EXISTA un artículo del código civil que pretende proteger algo tan absolutamente etéreo como los “sentimientos religiosos”. Digo etéreo por no decir maleable. Porque bajo esa definición se pueden amparar cientos, miles de denuncias arbitrarias y malintencionadas, como en mi opinión es la presentada contra Javier Krahe.

¿Qué es el sentimiento religioso? ¿Cómo puedo identificarlo? ¿Cómo puedo saber cuándo lo estoy ofendiendo? Yo puedo evitar atropellar a un niño con mi coche. Veo al niño cruzando la calle, me hago una idea bastante clara de lo que le ocurriría si le paso por encima con mi coche. Puedo comprender que me castiguen duramente por hacerlo. Puedo comprender que el castigo sea mayor si lo hago en un paso de cebra (porque puedo ver el paso de cebra). Me parece estupendo que la multa sea mayor si encima supero la limitación de velocidad (perfectamente visible), y le atropello de noche con las luces apagadas (de sentido común).

Pero ¿cómo sé dónde empieza la sensibilidad religiosa de cada cuál? En fin, cualquier día pueden oírse blasfemias en la televisión. Que yo sepa, nadie ha denunciado nunca a nadie por decir HOSTIA PUTA o ME CAGO EN DIOS en televisión o en el cine o en la radio. Y sin duda son blasfemias dichas públicamente. Hasta a mí me molesta oírlas. Pero el caso es que se dicen, y nada ocurre. Se dicen delante de los niños, y el mundo sigue girando.

¿Es aceptable en un país aconfesional, en el siglo XXI, que a uno puedan no ya condenarle, sino siquiera procesarle, por cometer un supuesto delito que no se sabe cuándo se está cometiendo?¿Es aceptable que determinados delitos -como la estafa- prescriban en pocos años, y mientras se procese a ciudadanos por obras de arte realizadas hace más de TRES DÉCADAS?

¿Cómo demuestra un presunto ofendido que su sentimiento religioso ha sido herido? ¿Hay PRUEBAS de eso? Que yo sepa, no se puede condenar a alguien sin pruebas. Y sin embargo, el juez ya ha visto INDICIOS de delito. ¿Cuáles son esos indicios, Señoría? ¿La propia denuncia? ¿Basta con el testimonio del presunto ofendido para considerar que hay una ofensa? ¿Por qué se imputa a la realizadora del programa y no se persigue a quien ha subido el vídeo a Youtube? Qué demonios, ¿por qué no se multa a Youtube?

Imaginemos que yo establezco el límite de mi sensibilidad religiosa, pongamos por caso, en los Diez Mandamientos. Todo aquel que infrinja públicamennte los preceptos de este código básico y de todos conocido estará atacando a mi sentimiento religiosos, y por tanto conculcando el artículo 525.1 del Código Penal.

Bien. Pues que se preparen todos lo que pronuncien en mi presencia cualquier interjección con las palabras “Dios” o “Cristo”. Incluyo, naturalmente, “por el amor de Dios” o “por los clavos de Cristo”. Porque si eso no es tomar el nombre de Dios en vano, que venga Dios y lo vea.

Ups.

Y lo mismo con los mentirosos. Los que desean a la mujer del prójimo. LOS QUE NO SE AMAN LOS UNOS A LOS OTROS COMO ÉL LOS AMÓ.

¿Dónde está el límite?

Confío, Señoría, en que no sea usted quien lo marque, porque sería como mínimo dudoso que pueda usted dictar Justicia sobre los SENTIMIENTOS AJENOS.

A todo esto: ¿no sería más que razonable pedir, en este tipo de casos, que el juez demuestre no tener los mismos sentimientos religiosos que el denunciante? En fin, creo que a un católico de misa y comunión diaria le resultaría muy difícil ser imparcial en el caso de Javier Krahe.

¿Y si le diéramos la vuelta? ¿Y si mis sentimientos religiosos cristianos -que no católicos- se ven ofendidos cada vez que un cura de barrio suelta una diatriba contra las bodas homosexuales o contra los anticonceptivos? ¿No sería razonable ofenderse (religiosamente, digo) ante la noticia de que la Conferencia Episcopal, pongo por caso, tiene cientos de millones en fondos de inversión?

Digámoslo claro: la permanencia del 525.1 en nuestro Código Penal es una vergüenza intolerable para todos los Presidentes del Gobierno, Ministros de Justicia y, en general, Diputados del Congreso que la permiten. No tengo ni idea de si podría derogarse por decreto en el Consejo de Ministros. Pero de ser así, dudo que exista una justificación razonable para que no se haga ESTE VIERNES. Tampoco entiendo a qué dedican el tiempo ciertos congresistas, mientras en nuestro ordenamiento jurídico permanecen artículos propios de la Edad Media. Shame on you all.

Y que nadie vea esto como un ataque al catolicismo, ni a ninguna religión. Pero las cosas conviene ponerlas en su sitio. Los sentimientos religiosos pertenecen a la esfera privada. Y son intangibles. Luego no se pueden hurtar ni perjudicar. No tienen proyección en la vida social, como lo tienen por ejemplo otros intangibles (el honor, la identidad) por lo que no se pueden realmente menoscabar ni herir. La única manera razonable de que los fanáticos religiosos exijan que no se ofenda a sus sentimientos sería que exhibiesen su condición de fanáticos religiosos, y que dejasen claros sus sentimientos. No sé, una camiseta que diga

SOY CATÓLICO, TENGO UN BUFETE QUE TE CAGAS Y ME SOBRA LA PASTA. AL PRIMERO QUE SE CAGUE EN DIOS, LO EMPAPELO.

Por ejemplo.

A mí no me gusta blasfemar, pero hombre… en determinadas ocasiones no le queda a uno más remedio que cagarse esto y en aquello. Pero no se me ocurriría hacerlo delante de una monja. Porque eso son ganas de molestar a la señora. Pero si yo hago un corto en el que parodio la comunión y la resurrección de Cristo, y que se llama CÓMO COCINAR UN CRISTO… no veo dónde está el ánimo de ofender.

Si Javier Krahe hubiese enviado el corto a la Conferencia Episcopal con una nota invitándoles a verlo… entiendo que eso sí serían ganas de tocar los cojones (aunque jamás entenderé por qué se valora el delito en 192.000 euros).

Los consejos de supervivencia que se extraen de este caso son claros: ten mucho cuidado cuando te metas con la religión (y con los Borbones). Y si en tu guión hay un ataque contra la Iglesia (la Católica, las otras aún no tienen abogados poderosos), procura que el atacante sea un personaje concreto. Porque si no, los fanáticos entenderán automáticamente que el autor del ataque eres tú, el autor de la obra. Y nadie garantiza que entre los fanáticos no haya jueces y fiscales. Recordemos que el inicio del año judicial se celebra con una misa católica.

¿Qué quieres? Han estudiado derecho romano. No esperarás que también sepan ALGO sobre comunicación audiovisual.

Tened mucho cuidado, y sobre todo en esta época. Porque si todo esto fuera un guión de cine, a lo mejor habría un sheriff llamado Garzón, y un forajido llamado Tomás Moro, dispuesto a cualquier cosa para impedir que ningún sheriff entrometido se ponga a buscar cadáveres por los armarios.

Por supuesto, esto no es un guión de cine. Y la denuncia contra Javier Krahe seguramente no será una acción de castigo de la parte más reaccionaria de la judicatura contra la izquierda antifranquista para que ésta se entere de quién manda aquí.

Pero si lo fuera, tengamos en cuenta que los que han presentado una querella criminal por un corto de 1978 no sólo tienen dinero, poder y la convicción de que Dios está de su lado. Además disponen de un Código Penal hecho a medida para joderle la vida a cualquiera que no comulgue con sus ideas.

(Publicado originalmente en Bloguionistas el 3 de junio de 2010)


FLASHBACK – MANUAL DE SUPERVIVENCIA PARA GUIONISTAS: LOS TIBURONES BLANCOS Y LA CARNAZA

20 agosto, 2011

por Pianista en un Burdel.

En el post anterior, La Primera Dama, les contaba la anécdota del productor, su mujer y su perro. Un título digno de Peter Greenaway, pero con una trama mucho más deprimente. Relatada la anécdota, vamos con la moraleja. Y la moraleja es:

Un buen guión no te protege de los tiburones blancos. De los tiburones blancos sólo te protege LA CARNAZA.

Y me explico: nos guste o no, hay todo un segmento de la industria que considera que el cine tiene que promover determinados valores sociales. Desgraciadamente, los ignorantes que piensan esto son imprescindibles para poner en pie proyectos cinematográficos en este país. Los llamaremos tiburones blancos. Son unos escualos robustos y voraces, que encuentran su habitat natural en las comisiones ministeriales, los jurados de concursos de proyectos, y los departamentos de desarrollo de las cadenas, donde apenas hay otros depredadores que amenacen su hegemonía. (Ni que decir tiene que en esas comisiones, jurados y departamentos también hay gente inteligente, ecuánime y talentosa. Pero los tiburones les superan en número.)

Conviene señalar que el tiburón blanco no es intrínsecamente violento. No mata por matar. Reflexionemos un momento sobre las razones más habituales de sus ataques:

  • El tiburón no ataca a la víctima con intención de comérsela, sino porque la considera un intruso en su actividad diaria al que interpreta como una amenaza potencial. Por ello, la mordida y posterior retirada no sería más que una simple aunque desproporcionada “advertencia”.
  • El animal se siente confuso ante algo que nunca ha visto antes y no sabe si es comestible o no. Por tanto, el fugaz ataque es una especie de “mordisco-prueba” con el que intenta hacerse una idea de si le conviene alimentarse en el futuro de ese nuevo elemento en su mundo.
  • El tiburón confunde a la víctima con su comida habitual. Los ataques registrados contra pequeñas embarcaciones pesqueras y de recreo podrían explicarse como confusiones entre éstas y los cuerpos de cetáceos de tamaño medio o elefantes marinos muertos a la deriva.

(Fuente: Wikipedia – Carcharodon carcharias)

Para mí, la conclusión está clara: más nos vale a los autores darles carnaza que morder. Porque son ignorantes y descastados, pero no ciegos. Y necesitan alimentarse. Quieren su banderita de Cruz Roja. Quieren su pegatina de Greenpeace. Quieren la foto con el pobre. Y si no la colocamos en el lugar adecuado, lo harán ellos. Y siempre, siempre se equivocarán.

Yo descubrí en este proyecto cuál era la carnaza favorita del tiburón blanco. Y siguiendo mi vocación de servicio público, compartiré este hallazgo con ustedes: procuren que su guión tenga un tema. Un tema clarísimo. Del tipo “las putas también son personas“. Del tipo “mucho jiji y mucho jaja, pero si te pasas con las rulas, la puedes palmar“. Del tipo, “todos los franquistas eran malos y feos, y todas las republicanas eran monísimas“. Cuanto más evidente mejor. Y procuren colarlo de manera burda: Un monólogo. Una escena que no contenga material clave para ninguna trama. Un personaje ad hoc que no interactúe demasiado con los protagonistas.

En resumen: procuren colocarlo de manera que pueda desaparecer en montaje sin dejar rastro.

Recuerden: el tiburón blanco es capaz de confundir a un humano con su comida habitual. Diablos, es capaz de confundir un barco de pesca con un elefante marino muerto. No debería ser difícil colocarle una carnaza en forma de tema. Ellos no son capaces de distinguir la estructura del guión (que es su verdadero alimento). Ellos sólo ven el tema (que no es más que el envoltorio).

Créanme: nueve de cada diez productores, diez minutos después de leer un guión,  sólo recordarán aquellos highlights que le preocupan personalmente. No se van a dar cuenta de cómo están introducidos. Metan en el guión todo lo que vean necesario para venderlo. Si el director y el montador tienen cerebro, el proceso natural de creación de la película acabará con todos los flecos inservibles. (Y si no tienen cerebro, da igual lo que hayamos luchado: la peli será basura.) En la fase de montaje, cuando ya hay un millón de euros menos en el banco, los productores se vuelven mucho más razonables. Entonces entienden que ese minuto de buenas intenciones por el que tanto han luchado… sencillamente sobra.

Pero no peleen con los biempensantes durante la fase de guión. No intenten explicarles que la gente no va al cine a ser aleccionada, sino a divertirse. Eso es como bañarse solo, lejos de la costa, en aguas cálidas y a la hora del atardecer: no sería extraño que apareciera un tiburón blanco viejo (los más violentos) y te arrancase una pierna, o medio segundo acto. Recuerden que estamos en un país en el que se le dice a la gente que su obligación es ir a ver cine español. Este país todavía tiene un concordato con el Vaticano. La Iglesia Católica tiene su casilla propia en la declaración de IRPF. Todavía tenemos un Rey, por el amor de Dios. Aquí la moral importa.

Dado que el próximo día 1 de marzo acaba el plazo de las subvenciones a desarrollo de guión del ICAA, el jueves que viene les hablaré de eso que tanto les preocupa: ¿qué demonios es un tratamiento secuenciado y qué aspecto tiene?

(Publicado originalmente en Bloguionistas el 11 de febrero de 2010


FLASHBACK – MANUAL DE SUPERVIVENCIA PARA GUIONISTAS: LAS REBAJAS, EN EL CORTE INGLÉS

26 junio, 2011

por Pianista en un Burdel.

Uno de los mayores acontecimientos de mi adolescencia fue el momento en el que el primer de mis amigos se saca el carnet. De pronto, el grupo de amigos ya no depende de los autobuses y el Metro para llegar a los sitios. Ya no hay que hacer complicadas economías para tomar un taxi entre cuatro. De pronto, llega LA LIBERTAD.

¿Y qué se hace el primer fin de semana de LA LIBERTAD cuando uno tienen 17 ó 18 años en Madrid? Ir a la Casa de Campo a mirar a las prostitutas, naturalmente. El conductor va un poco más tenso de lo aconsejable para conducir, y los pasajeros van un poco más borrachos de lo aconsejable para llegar a viejo. El ritual suele estar entre lo ridículo y lo abiertamente tétrico, y consiste, básicamente, en dar vueltas y vueltas por la Casa de Campo, hasta que los pasajeros convencen al conductor de parar cerca de una prostituta en concreto y preguntarle, qué si no, cuánto cobra.

Recuerdo el diálogo más o menos así:

El coche se detiene frente a una prostituta.

Ella se acerca a la ventanilla del Conductor.

PROSTITUTA

Hola, guapo. ¿Quieres pasar un buen rato?

El Conductor vacila, mira hacia sus amigos. Por fin, uno de ellos se decide a hablar.

PASAJERO 1

Disculpe, señora puta… ¿Cuánto cobra usted?

PROSTITUTA

Dos mil chupar, tres mil follar.

Los amigos se miran entre ellos. Es evidente que no han ido allí a ser chupados ni mucho menos follados, así que nadie sabe muy bien cómo continuar la conversación.

El Conductor decide seguir con el juego.

CONDUCTOR

¿Y si te follamos todos, nos haces descuento?

La Prostituta resopla. Debe de haber oído esa frase cientos de veces.

PROSTITUTA

No, guapo. Las rebajas, en el Corte Inglés.

Y se aparta del coche, dando la conversación por terminada.

¿Y a qué viene este incorrecto recuerdo? Por un lado, nunca viene mal una buena punchline. Por otro lado, cualquier cosa relacionada con prostitución tiene cabida en un blog de guionistas, ¿no? Especialmente, si lo firma un tal Pianista en un Burdel.

Pero realmente, lo que me ha hecho acordarme de este episodio, concretamente, de la sabia frase final de la prostituta (toda una filosofía de vida que ningún guionista debería dejar de observar) ha sido un comentario al post que publicó Daniel Castro el pasado 20 de septiembre: CONSULTORIO: OPCIÓN DE COMPRA. El comentario, escrito por el lector Tomatóstenes, decía así:

Justo la semana que viene tengo una entrevista con un productor ejecutivo al que le ha gustado el guión de largo que le envié. Si me pide una opción de compra GRATIS, ¿qué debo hacer?

Soy guionista novel y la posibilidad de visitar otras productoras que lean mi trabajo es una utopía. Por otra parte, soy consciente de que si todos negociamos a la baja …

Desde mi ignorancia, que un productor mueva mi guión en busca de finaciación suena muy bien, aunque no pague nada a cambio. Los expertos habláis de que así lo pueden quemar. ¿Qué significa exactamente esto? ¿Acaso cambia la actitud del productor por la módica cantidad de 2000 euros de una opción?

¿Y si me pide una reescritura gratis? Primera versión de guión, opción de compra y reescritura, ¿por cuánto se está firmando?

Como veís, estoy muy desorientado.

Y aunque Daniel Castro le contestó cumplidamente, he pensado que convendría hablar del asunto en la portada del blog, para que más lectores puedan contactar DE UNA PUÑETERA VEZ con esa sabia filosofía de puta vieja. Vamos allá con mi respuesta:

“¿Qué hago si me pide que firme una opción gratis?”

Naturalmente, le dices que no. Que por una opción cobras seis mil. En la anécdota, la prostituta decía “dos mil chupar, tres mil follar”. Nótese el pareado, cuestión de puro marketing. Tú, redondeando al alza los baremos mínimos de ALMA, puedes parear así:

Seis mil opción, cuarenta mil guión.

En todo caso, si le viene mal aflojar la mosca de golpe, dile que te puede aplazar el pago a tres meses, o a seis meses si quiere. Pero que tú eres una puta, y las putas lo único que hacen gratis es enseñarte el género y decirte cuánto cobran. Él ya ha visto el género. Si quiere catarlo, que lo pague. Y las rebajas… pues eso.

A no ser, claro, que te gusta que te la metan a cambio de nada. En ese caso, ya no serías puta, serías sólo un adicto al sexo y muy probablemente un masoquista. Porque hace falta ser rarito para cederle algo gratis a una persona que, manifiestamente, planea ganar dinero con ello. Jamás nunca harías algo parecido en cualquier otro ámbito. ¿Me prestarías tu coche gratis para que yo se lo alquile a un colega?

“Que un productor ejecutivo mueva mi guión para buscar financiación suena muy bien”.

Es cierto. Suena bien en la medida en que suena bien “este Gobierno jamás recortará los derechos sociales”, o “voy a poner todo mi empeño en sacar al país de la crisis” o “tenemos la responsabilidad de llegar a un acuerdo para impedir el antitransfuguismo”. Pero el subtexto, naturalmente, es “chupa, chupa, que yo te aviso”.

Suena mucho mejor de lo que en realidad es.

Piensa una cosa: si el productor NECESITA el guión para obtener la dichosa financiación, ¿no podría decirse que el guión es LA PIEZA FUNDAMENTAL en el proceso de producción? ¿Y no te parece que es MUY POCO PROFESIONAL intentar conseguir la pieza fundamental por el morro y sin soltar un duro?

De nuevo, no existe otro ámbito profesional en el que nos pareciese tolerable una conducta así. Si ese productor ejecutivo realmente tiene probabilidades serias de conseguir financiar este proyecto, asumirá que hay que hacer una mínima inversión en el resorte fundamental que acciona la maquinaria. Que insisto, es eso que tienes en tu disco duro, y que hemos dado en llamar guión.

Dándole la vuelta al razonamiento: un tío que no está dispuesto a soltar unos miles de euros para asegurarse los derechos del guión, muy probablemente no es un verdadero productor ni tiene probabilidades de financiar nada. Muy probablemente es un filibustero con más ilusión que talento, que no se quiere jugar los cuartos porque sabe que, casi seguro, no conseguirá recuperarlos.

“¿Cómo hay que obrar en estos casos?”

Bueno, la manera más destroyer sería decirle al productor ejecutivo que sí, que lo mueva por ahí a ver qué tal… pero sin firmar nada. Y que cuando encuentre la dichosa financiación, que ponga dinero sobre la mesa, y entonces habláis. Mientras tanto, naturalmente, tú serías libre de buscarte otros productores más interesados.

La manera más lógica sería hacerte socio de ALMA inmediatamente, y recabar los servicios de su abogado, Tomás Rosón, que te informará cumplidamente del tipo de contrato que más te conviene, y de los tramos salariales a que puedes aspirar. Y cuando algún productor te diga que estás pidiendo más de “lo que se está pagando por ahí“, no le escuches: ven a este blog a informarte y, sobre todo, escucha a Tomás Rosón. Él es el que lee, revisa y confecciona la mayoría de los contratos de guionista en este país. Él sabe realmente cuánto se cobra por un guión en España. Y está de tu lado, así que te dirá la verdad.

Espero que estos comentarios le sean de utilidad a alguien. Y confío en que tú, Tomatóstenes, sepas disculpar el tono cortante. Sé que, mezclado con el uso de la segunda persona, puede tocar un poco los cojones. Y últimamente, me han criticado bastante por mi tono de superioridad. No era la intención hacerme el superior ni el sabelotodo. Y si a veces soy cortante es porque me hace más gracia que ser falsamente amable. En cualquier caso, si te ha molestado, lo siento.

(Mentira.)

(Publicado originalmente en Bloguionistas el 30 de septiembre de 2010)


MANUAL DE SUPERVIVENCIA PARA GUIONISTAS: LAS REBAJAS, EN EL CORTE INGLÉS

30 septiembre, 2010

por Pianista en un Burdel.

Uno de los mayores acontecimientos de mi adolescencia fue el momento en el que el primer de mis amigos se saca el carnet. De pronto, el grupo de amigos ya no depende de los autobuses y el Metro para llegar a los sitios. Ya no hay que hacer complicadas economías para tomar un taxi entre cuatro. De pronto, llega LA LIBERTAD.

¿Y qué se hace el primer fin de semana de LA LIBERTAD cuando uno tienen 17 ó 18 años en Madrid? Ir a la Casa de Campo a mirar a las prostitutas, naturalmente. El conductor va un poco más tenso de lo aconsejable para conducir, y los pasajeros van un poco más borrachos de lo aconsejable para llegar a viejo. El ritual suele estar entre lo ridículo y lo abiertamente tétrico, y consiste, básicamente, en dar vueltas y vueltas por la Casa de Campo, hasta que los pasajeros convencen al conductor de parar cerca de una prostituta en concreto y preguntarle, qué si no, cuánto cobra.

Recuerdo el diálogo más o menos así:

El coche se detiene frente a una prostituta. Ella se acerca a la ventanilla del Conductor.

PROSTITUTA

Hola, guapo. ¿Quieres pasar un buen rato?

El Conductor vacila, mira hacia sus amigos. Por fin, uno de ellos se decide a hablar.

PASAJERO 1

Disculpe, señora puta… ¿Cuánto cobra usted?

PROSTITUTA

Dos mil chupar, tres mil follar.

Los amigos se miran entre ellos. Es evidente que no han ido allí a ser chupados ni mucho menos follados, así que nadie sabe muy bien cómo continuar la conversación.

El Conductor decide seguir con el juego.

CONDUCTOR

¿Y si te follamos todos, nos haces descuento?

La Prostituta resopla. Debe de haber oído esa frase cientos de veces.

PROSTITUTA

No, guapo. Las rebajas, en el Corte Inglés.

Y se aparta del coche, dando la conversación por terminada.

¿Y a qué viene este incorrecto recuerdo? Por un lado, nunca viene mal una buena punchline. Por otro lado, cualquier cosa relacionada con prostitución tiene cabida en un blog de guionistas, ¿no? Especialmente, si lo firma un tal Pianista en un Burdel.

Pero realmente, lo que me ha hecho acordarme de este episodio, concretamente, de la sabia frase final de la prostituta (toda una filosofía de vida que ningún guionista debería dejar de observar) ha sido un comentario al post que publicó Daniel Castro el pasado 20 de septiembre: CONSULTORIO: OPCIÓN DE COMPRA. El comentario, escrito por el lector Tomatóstenes, decía así:

Justo la semana que viene tengo una entrevista con un productor ejecutivo al que le ha gustado el guión de largo que le envié. Si me pide una opción de compra GRATIS, ¿qué debo hacer?

Soy guionista novel y la posibilidad de visitar otras productoras que lean mi trabajo es una utopía. Por otra parte, soy consciente de que si todos negociamos a la baja …

Desde mi ignorancia, que un productor mueva mi guión en busca de finaciación suena muy bien, aunque no pague nada a cambio. Los expertos habláis de que así lo pueden quemar. ¿Qué significa exactamente esto? ¿Acaso cambia la actitud del productor por la módica cantidad de 2000 euros de una opción?

¿Y si me pide una reescritura gratis? Primera versión de guión, opción de compra y reescritura, ¿por cuánto se está firmando?

Como veís, estoy muy desorientado.

Y aunque Daniel Castro le contestó cumplidamente, he pensado que convendría hablar del asunto en la portada del blog, para que más lectores puedan contactar DE UNA PUÑETERA VEZ con esa sabia filosofía de puta vieja. Vamos allá con mi respuesta:

“¿Qué hago si me pide que firme una opción gratis?”

Naturalmente, le dices que no. Que por una opción cobras seis mil. En la anécdota, la prostituta decía “dos mil chupar, tres mil follar”. Nótese el pareado, cuestión de puro marketing. Tú, redondeando al alza los baremos mínimos de ALMA, puedes parear así:

Seis mil opción, cuarenta mil guión.

En todo caso, si le viene mal aflojar la mosca de golpe, dile que te puede aplazar el pago a tres meses, o a seis meses si quiere. Pero que tú eres una puta, y las putas lo único que hacen gratis es enseñarte el género y decirte cuánto cobran. Él ya ha visto el género. Si quiere catarlo, que lo pague. Y las rebajas… pues eso.

A no ser, claro, que te gusta que te la metan a cambio de nada. En ese caso, ya no serías puta, serías sólo un adicto al sexo y muy probablemente un masoquista. Porque hace falta ser rarito para cederle algo gratis a una persona que, manifiestamente, planea ganar dinero con ello. Jamás nunca harías algo parecido en cualquier otro ámbito. ¿Me prestarías tu coche gratis para que yo se lo alquile a un colega?

“Que un productor ejecutivo mueva mi guión para buscar financiación suena muy bien”.

Es cierto. Suena bien en la medida en que suena bien “este Gobierno jamás recortará los derechos sociales”, o “voy a poner todo mi empeño en sacar al país de la crisis” o “tenemos la responsabilidad de llegar a un acuerdo para impedir el antitransfuguismo”. Pero el subtexto, naturalmente, es “chupa, chupa, que yo te aviso”.

Suena mucho mejor de lo que en realidad es.

Piensa una cosa: si el productor NECESITA el guión para obtener la dichosa financiación, ¿no podría decirse que el guión es LA PIEZA FUNDAMENTAL en el proceso de producción? ¿Y no te parece que es MUY POCO PROFESIONAL intentar conseguir la pieza fundamental por el morro y sin soltar un duro?

De nuevo, no existe otro ámbito profesional en el que nos pareciese tolerable una conducta así. Si ese productor ejecutivo realmente tiene probabilidades serias de conseguir financiar este proyecto, asumirá que hay que hacer una mínima inversión en el resorte fundamental que acciona la maquinaria. Que insisto, es eso que tienes en tu disco duro, y que hemos dado en llamar guión.

Dándole la vuelta al razonamiento: un tío que no está dispuesto a soltar unos miles de euros para asegurarse los derechos del guión, muy probablemente no es un verdadero productor ni tiene probabilidades de financiar nada. Muy probablemente es un filibustero con más ilusión que talento, que no se quiere jugar los cuartos porque sabe que, casi seguro, no conseguirá recuperarlos.

“¿Cómo hay que obrar en estos casos?”

Bueno, la manera más destroyer sería decirle al productor ejecutivo que sí, que lo mueva por ahí a ver qué tal… pero sin firmar nada. Y que cuando encuentre la dichosa financiación, que ponga dinero sobre la mesa, y entonces habláis. Mientras tanto, naturalmente, tú serías libre de buscarte otros productores más interesados.

La manera más lógica sería hacerte socio de ALMA inmediatamente, y recabar los servicios de su abogado, Tomás Rosón, que te informará cumplidamente del tipo de contrato que más te conviene, y de los tramos salariales a que puedes aspirar. Y cuando algún productor te diga que estás pidiendo más de “lo que se está pagando por ahí“, no le escuches: ven a este blog a informarte y, sobre todo, escucha a Tomás Rosón. Él es el que lee, revisa y confecciona la mayoría de los contratos de guionista en este país. Él sabe realmente cuánto se cobra por un guión en España. Y está de tu lado, así que te dirá la verdad.

Espero que estos comentarios le sean de utilidad a alguien. Y confío en que tú, Tomatóstenes, sepas disculpar el tono cortante. Sé que, mezclado con el uso de la segunda persona, puede tocar un poco los cojones. Y últimamente, me han criticado bastante por mi tono de superioridad. No era la intención hacerme el superior ni el sabelotodo. Y si a veces soy cortante es porque me hace más gracia que ser falsamente amable. En cualquier caso, si te ha molestado, lo siento.

(Mentira.)


MANUAL DE SUPERVIVENCIA PARA GUIONISTAS: EL 525.1

3 junio, 2010

por Pianista en un Burdel.

La reciente apertura de juicio oral a Javier Krahe por un delito contra los sentimientos religiosos (artículo 525.1 del Código Penal) me ha hecho reflexionar sobre los peculiares límites de la libertad de expresión en España, y la forma en que afectan a los autores audiovisuales en un país en que la Iglesia Católica sigue teniendo un sitio preferencial en el ordenamiento jurídico. La separación Iglesia-Estado, desde el inicio de la democracia hasta nuestros días, ha seguido una progresión notable, pero aún queda mucho trabajo por hacer (ver gráfico).

Y mientras no se haga ese trabajo, cambiando las leyes y colocando a la Iglesia en su sitio, seguiremos teniendo Torquemadas wannabe.

Resumamos los hechos del caso:

  • La obra por la que se acusa a Javier Krahe es el cortometraje “Cómo cocinar un Cristo“, de 1978. En él, de la manera más neutra y objetiva, se muestra la preparación un plato en el que el ingrediente principal es una escultura de Cristo, previamente retirada de un crucifijo, a la que se sazona de diversas maneras y se introduce en un horno, del que, según la locución, saldrá solo a los 3 días.
  • Dicho corto fue proyectado en la pantalla que aparecía tras los entrevistados en el programa Lo + Plus de 15 de diciembre de 2004. La directora del programa también ha sido imputada.
  • La querella criminal la ha presentado el Centro de Estudios Jurídicos Tomás Moro.
  • El caso fue sobreseído en 2007. El Centro Tomás Moro recurrió el sobreseimiento.
  • El lema que el Gabinete de Estudios Jurídicos Tomás Moro exhibe en su página web es “cristianizando el Derecho, cristianizando la Sociedad”.
  • El juez, aplicando el artículo 589 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal, ha dictado que Javier Krahe vaya pagando una fianza de 400 euros diarios, hasta un total de 192.000, por si se le encuentra culpable.

Krahe

Yo no sé mucho de derecho (ni mucho ni poco) pero me parece ACOJONANTE que te puedan sacar 192.000 euros por si acaso resulta que eres culpable. No vaya a ser que luego te condenemos y digas que no tienes dinero.

Desde la ignorancia lo pregunto: si puedo fingirlo tras la sentencia, ¿no podría fingirlo también ahora? ¿Si resulta que soy inocente, me devuelven la pasta con los intereses?

Y sobre todo, ¿adónde va ese dinero? En caso de que me condenen, digo. ¿Reparar los ofendidos sentimientos religiosos de un fanático cuesta más que comprar un piso? Oiga, y ya puestos, ¿no podrían sacarle 192.000 también al Centro de Obtusos Jurásicos Toma Moreno, por si acaso resulta que Javier Krahe no es culpable de nada? Digo, para repararle a él los sentimientos de justicia, que después de esta locura deben de haberle quedado bastante maltrechos, al pobre.

También me parece acojonante que EXISTA un artículo del código civil que pretende proteger algo tan absolutamente etéreo como los “sentimientos religiosos”. Digo etéreo por no decir maleable. Porque bajo esa definición se pueden amparar cientos, miles de denuncias arbitrarias y malintencionadas, como en mi opinión es la presentada contra Javier Krahe.

¿Qué es el sentimiento religioso? ¿Cómo puedo identificarlo? ¿Cómo puedo saber cuándo lo estoy ofendiendo? Yo puedo evitar atropellar a un niño con mi coche. Veo al niño cruzando la calle, me hago una idea bastante clara de lo que le ocurriría si le paso por encima con mi coche. Puedo comprender que me castiguen duramente por hacerlo. Puedo comprender que el castigo sea mayor si lo hago en un paso de cebra (porque puedo ver el paso de cebra). Me parece estupendo que la multa sea mayor si encima supero la limitación de velocidad (perfectamente visible), y le atropello de noche con las luces apagadas (de sentido común).

Pero ¿cómo sé dónde empieza la sensibilidad religiosa de cada cuál? En fin, cualquier día pueden oírse blasfemias en la televisión. Que yo sepa, nadie ha denunciado nunca a nadie por decir HOSTIA PUTA o ME CAGO EN DIOS en televisión o en el cine o en la radio. Y sin duda son blasfemias dichas públicamente. Hasta a mí me molesta oírlas. Pero el caso es que se dicen, y nada ocurre. Se dicen delante de los niños, y el mundo sigue girando.

¿Es aceptable en un país aconfesional, en el siglo XXI, que a uno puedan no ya condenarle, sino siquiera procesarle, por cometer un supuesto delito que no se sabe cuándo se está cometiendo?¿Es aceptable que determinados delitos -como la estafa- prescriban en pocos años, y mientras se procese a ciudadanos por obras de arte realizadas hace más de TRES DÉCADAS?

¿Cómo demuestra un presunto ofendido que su sentimiento religioso ha sido herido? ¿Hay PRUEBAS de eso? Que yo sepa, no se puede condenar a alguien sin pruebas. Y sin embargo, el juez ya ha visto INDICIOS de delito. ¿Cuáles son esos indicios, Señoría? ¿La propia denuncia? ¿Basta con el testimonio del presunto ofendido para considerar que hay una ofensa? ¿Por qué se imputa a la realizadora del programa y no se persigue a quien ha subido el vídeo a Youtube? Qué demonios, ¿por qué no se multa a Youtube?

Imaginemos que yo establezco el límite de mi sensibilidad religiosa, pongamos por caso, en los Diez Mandamientos. Todo aquel que infrinja públicamennte los preceptos de este código básico y de todos conocido estará atacando a mi sentimiento religiosos, y por tanto conculcando el artículo 525.1 del Código Penal.

Bien. Pues que se preparen todos lo que pronuncien en mi presencia cualquier interjección con las palabras “Dios” o “Cristo”. Incluyo, naturalmente, “por el amor de Dios” o “por los clavos de Cristo”. Porque si eso no es tomar el nombre de Dios en vano, que venga Dios y lo vea.

Ups.

Y lo mismo con los mentirosos. Los que desean a la mujer del prójimo. LOS QUE NO SE AMAN LOS UNOS A LOS OTROS COMO ÉL LOS AMÓ.

¿Dónde está el límite?

Confío, Señoría, en que no sea usted quien lo marque, porque sería como mínimo dudoso que pueda usted dictar Justicia sobre los SENTIMIENTOS AJENOS.

A todo esto: ¿no sería más que razonable pedir, en este tipo de casos, que el juez demuestre no tener los mismos sentimientos religiosos que el denunciante? En fin, creo que a un católico de misa y comunión diaria le resultaría muy difícil ser imparcial en el caso de Javier Krahe.

¿Y si le diéramos la vuelta? ¿Y si mis sentimientos religiosos cristianos -que no católicos- se ven ofendidos cada vez que un cura de barrio suelta una diatriba contra las bodas homosexuales o contra los anticonceptivos? ¿No sería razonable ofenderse (religiosamente, digo) ante la noticia de que la Conferencia Episcopal, pongo por caso, tiene cientos de millones en fondos de inversión?

Digámoslo claro: la permanencia del 525.1 en nuestro Código Penal es una vergüenza intolerable para todos los Presidentes del Gobierno, Ministros de Justicia y, en general, Diputados del Congreso que la permiten. No tengo ni idea de si podría derogarse por decreto en el Consejo de Ministros. Pero de ser así, dudo que exista una justificación razonable para que no se haga ESTE VIERNES. Tampoco entiendo a qué dedican el tiempo ciertos congresistas, mientras en nuestro ordenamiento jurídico permanecen artículos propios de la Edad Media. Shame on you all.

Y que nadie vea esto como un ataque al catolicismo, ni a ninguna religión. Pero las cosas conviene ponerlas en su sitio. Los sentimientos religiosos pertenecen a la esfera privada. Y son intangibles. Luego no se pueden hurtar ni perjudicar. No tienen proyección en la vida social, como lo tienen por ejemplo otros intangibles (el honor, la identidad) por lo que no se pueden realmente menoscabar ni herir. La única manera razonable de que los fanáticos religiosos exijan que no se ofenda a sus sentimientos sería que exhibiesen su condición de fanáticos religiosos, y que dejasen claros sus sentimientos. No sé, una camiseta que diga

SOY CATÓLICO, TENGO UN BUFETE QUE TE CAGAS Y ME SOBRA LA PASTA. AL PRIMERO QUE SE CAGUE EN DIOS, LO EMPAPELO.

Por ejemplo.

A mí no me gusta blasfemar, pero hombre… en determinadas ocasiones no le queda a uno más remedio que cagarse esto y en aquello. Pero no se me ocurriría hacerlo delante de una monja. Porque eso son ganas de molestar a la señora. Pero si yo hago un corto en el que parodio la comunión y la resurrección de Cristo, y que se llama CÓMO COCINAR UN CRISTO… no veo dónde está el ánimo de ofender.

Si Javier Krahe hubiese enviado el corto a la Conferencia Episcopal con una nota invitándoles a verlo… entiendo que eso sí serían ganas de tocar los cojones (aunque jamás entenderé por qué se valora el delito en 192.000 euros).

Los consejos de supervivencia que se extraen de este caso son claros: ten mucho cuidado cuando te metas con la religión (y con los Borbones). Y si en tu guión hay un ataque contra la Iglesia (la Católica, las otras aún no tienen abogados poderosos), procura que el atacante sea un personaje concreto. Porque si no, los fanáticos entenderán automáticamente que el autor del ataque eres tú, el autor de la obra. Y nadie garantiza que entre los fanáticos no haya jueces y fiscales. Recordemos que el inicio del año judicial se celebra con una misa católica.

¿Qué quieres? Han estudiado derecho romano. No esperarás que también sepan ALGO sobre comunicación audiovisual.

Tened mucho cuidado, y sobre todo en esta época. Porque si todo esto fuera un guión de cine, a lo mejor habría un sheriff llamado Garzón, y un forajido llamado Tomás Moro, dispuesto a cualquier cosa para impedir que ningún sheriff entrometido se ponga a buscar cadáveres por los armarios.

Por supuesto, esto no es un guión de cine. Y la denuncia contra Javier Krahe seguramente no será una acción de castigo de la parte más reaccionaria de la judicatura contra la izquierda antifranquista para que ésta se entere de quién manda aquí.

Pero si lo fuera, tengamos en cuenta que los que han presentado una querella criminal por un corto de 1978 no sólo tienen dinero, poder y la convicción de que Dios está de su lado. Además disponen de un Código Penal hecho a medida para joderle la vida a cualquiera que no comulgue con sus ideas.


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