DANIEL REMÓN: “ES IMPORTANTE DEJARSE LLEVAR Y EXPLOTAR AL MÁXIMO LAS POSIBILIDADES DE CADA ESCENA”

12 octubre, 2017

Por Àlvar López y Carlos Muñoz Gadea

Un año más vuelven los martes de DAMA a la Cineteca de Madrid. Y lo hacen con Daniel Remón, que impartirá un curso titulado “El idioma de la película: la escena como punto de partida“. El guionista y director madrileño, en cuatro sesiones de dos horas cada una (17 y 31 de octubre y 14 y 28 de noviembre), explicará a los asistentes cómo desarrollar una historia partiendo precisamente de la concreción que supone la escritura de una escena. Esta manera de proceder, que en cierto modo supone seguir el proceso inverso a la hora de desarrollar una historia, tiene como objetivo favorecer la experimentación a la hora de escribir con tal de encontrar el lenguaje único de cada película. Pero mejor que sea él quien nos lo explique.

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Cuéntanos Dani, ¿en qué consiste exactamente este curso?

Mi objetivo con estas clases es tratar de salir un poco de la norma, de los manuales de guión y de las maneras de proceder que se enseñan en las escuelas. Evidentemente, son conocimientos importantes que los guionistas deben saber y manejar, pero en la práctica no necesariamente funcionan para todas las películas.  En mi opinión, cada película se escribe de forma diferente, por lo que es bueno adquirir otras herramientas además de las habituales. El proceso más frecuente a la hora de escribir una historia, que consiste en tener una idea y después una sinopsis y de ahí pasar al tratamiento y a la escaleta, ofrece sus ventajas, pero muchas veces se escribe sin saber hacia dónde se va. A mí es algo que me ocurre bastante, porque muchas veces no puedes tenerlo todo planificado desde el principio.

Y quieres tratar de mostrar esto a través del estudio de escenas concretas, ¿verdad?

La idea es trabajar sobre escenas, utilizándolas como punto de partida en lugar de como final del proceso, es decir, siguiendo el camino contrario. En lugar de tener una escaleta cerrada y haber realizado un estudio previo de los personajes, lo que quiero es que los alumnos prueben a planteárselo en dirección contraria, que cojan situaciones que se les ocurran o que hayan escuchado en la calle y a partir de ahí traten de hacer crecer la historia. En definitiva, podría decirse que de lo que se trata aquí es de utilizar el lenguaje como punto de partida.

¿Para qué tipo de alumnos va enfocado este curso?

Va enfocado a cualquier persona que esté interesada en escribir y busque ir más allá de la teoría, desde personas que estén empezando y busquen ir más allá de los manuales a profesionales del guión que trabajan habitualmente escribiendo. Como lo que se pretende es ofrecer otro enfoque a la hora de abordar la escritura de una historia, creo que el curso que planteo puede serles útil tanto a quienes buscan probar otras rutinas de trabajo como para los que quieran desarrollar una historia en concreto pero estén atascados en algún punto.

¿Cómo será el desarrollo de cada una de las sesiones de trabajo?

Para poder explicarme bien, utilizaré en gran medida mi propia experiencia, analizando las tres películas que he escrito hasta la fecha: Casual day, 5 metros cuadrados y El perdido. En mi caso, analizando mi experiencia como guionista a la hora de sentarme a escribir, pienso que cada película viene en cierto modo viciada por el proyecto inmediatamente anterior. Por ejemplo, cuando escribíamos 5 metros cuadrados, durante seis o siete meses tuvimos escaletas muy parecidas a las de Casual day y no fue hasta casi el final donde llegamos a una escaleta mucho más clásica con una trama principal marcada y con el viaje del héroe de por medio. Ese fue el punto de llegada en nuestro caso, y todo el recorrido que hicimos hasta llegar allí nos permitió conocer mejor a los personajes y por tanto nos ayudó a dialogar y a poder plasmar el tono de la historia de un mejor modo. En cambio, con El perdido sucedió lo contrario y nos planteamos hacer una película sin diálogos. En definitiva, se trata de pasar mucho tiempo con la película, dejar que vaya creciendo dentro de ti, para que puedas encontrar el idioma concreto que habla esa película. Y en este sentido, partir de la escena para hacer crecer la historia me parece un método acertado a la hora de librarse de esos vicios adquiridos por las otras cosas que uno ha escrito.

Tú también has trabajado, además de en estos largometrajes, como guionista de cortos, de documentales o incluso escribiendo teatro. ¿Está el curso únicamente pensado para cine o puede servir para otras disciplinas?

Los ejemplos con los que trabajaremos en el curso salen de proyectos para cine, pero creo que a pesar de las diferencias específicas de cada formato, el proceso sirve también para el teatro o el género documental. Una de las historias que escribí junto a mi hermano acabó convirtiéndose en una obra de teatro diez años después. Porque también se tarda en encontrar cuál es el medio más adecuado para contar la historia. Partir de una situación, de una escena, y tratar de crecer desde ahí también sirve de hecho para encontrar qué formato se adapta mejor a esa historia en concreto.

¿Qué crees que puede aportar esta manera de enfocar el trabajo de escritura? ¿Por qué sigues tú este proceso?

Hay gente que a la hora de escribir, en mi opinión, peca de querer conocer demasiado la historia. Guillermo Arriaga dijo una vez que era importante no saber demasiado sobre lo que estás escribiendo. Muchas veces se le da demasiada importancia a la documentación, o a la psicología de los personajes… Yo no trabajo de ese modo, sino más bien partiendo de la necesidad de escribir para que sea la propia película la que encuentre su camino. Y si no lo encuentra es que seguramente haya que escribir otra cosa. De este modo, sucede que lo que pensabas que iba a ser una comedia puede acabar siendo un drama, o al revés. Realmente no tenemos tanto control sobre el material como pensamos, y hay que aprender a echarse a un lado y dejar que hasta cierto punto el material funcione solo.

Desde luego, con esto no quiero decir en ningún momento que no sea importante fijarse en la estructura y trabajarla, pero creo que cómo hay que hacer las dos cosas, es interesante hacerlo invirtiendo el orden habitual. Así, para mí resulta más cómodo empezar por la parte más intuitiva, más de dejarse llevar, aunque en todo proyecto llegará un punto donde tengas que parar, poner distancia y analizar hacia donde ha ido esa historia, como si ese guión lo hubiese escrito otra persona. Y después volver a entrar en la historia. Es un proceso, el de la escritura de un guión, que implica muchas idas y venidas. Sin esa parte de escritura automática -por decirlo de algún modo- creo que se corre el riesgo de llegar a películas más vacías, donde a veces se ve demasiado el manual. Los manuales tienen de bueno que funcionan, porque se ha demostrado que así es, pero sin esa parte más intuitiva las historias pueden ser demasiado previsibles.

Además, seguir los manuales a raja tabla puede suponer encorsetarse demasiado. ¿No es así?

Muchas veces, las películas tienden a cierta economía en las escenas, siguiendo la máxima de que cada una en particular debe hacer avanzar la trama, cuando no siempre es así. Yo creo que se tiende a intentar controlar la trama, precisamente porque es un elemento más fácil de analizar conscientemente y es verdad que todas las escenas tienen que servir para algo, pero no siempre es necesario que hagan avanzar la trama de un punto a otro. Por ejemplo, una escena puede ser también útil para que el espectador conozca mejor al personaje, o interiorice el tono de la historia. Lo que hace que las películas aguanten bien el paso del tiempo, más que su estructura,  son ciertos detalles y momentos concretos, o una determinada frase de un personaje, por lo que es importante dejarse llevar y explotar al máximo las posibilidades de cada escena.


‘CREACIÓN DE PERSONAJES PARA SERIES’, O CÓMO FUNCIONAN LOS PERSONAJES EN LA FICCIÓN ESPAÑOLA

17 marzo, 2017

Por Àlvar López y Carlos Muñoz Gadea

En un contexto como el actual, donde las producciones seriadas se están haciendo con una parte cada vez más importante del mercado audiovisual (y donde parecen abrirse por primera vez en años nuevas oportunidades con la entrada de las plataformas de pago), se podía echar hasta ahora en falta la publicación de un libro como el propuesto por los guionistas Francisco Javier Rodríguez de Fonseca y Raúl Serrano Jiménez: Creación de personajes para series (Instituto RTVE, 2017).

Portada CREACION DE PERSONAJES

Portada de ‘Creación de personajes para series’. Fuente: RTVE.es

El libro, un manual de consulta al uso, busca aportar al mismo tiempo un enfoque teórico sobre la tipología de las ficciones seriadas, trazar una línea temporal sobre la evolución de dichos formatos y, además, proponer en última instancia una serie de consejos sobre cómo enfocar la ideación y la escritura de una serie en el contexto productivo español. Y todo ello sin obviar (o por el contrario exaltar) que la punta de lanza es el modelo norteamericano de la televisión por cable, sino extrayendo valiosas lecciones de las mejores ficciones de éste (con una parte dedicada íntegramente al análisis de casos como Los Soprano, A dos metros bajo tierra, Frasier o The Wire, entre otras) y buscando su posible aplicación en las series de televisión de producción nacional.

Así, y por el hecho mismo de pertenecer al sector profesional del guión en España -tanto como autores como por sus actividades como docentes-, F.J. Rodríguez de Fonseca (Aquí no hay quien viva, Manos a la obra) y Raúl Serrano (La Rabia, Dreamland) abogan también por un amplio recorrido por algunas de las series españolas más vistas de los últimos años. Destacan entre otras Cuéntame, Velvet, El Ministerio del Tiempo, Siete Vidas o El príncipe, a través de las cuales explican las rutinas productivas de las series españolas actuales, aportando incluso mapas de tramas y diseños de personajes de algunas de ellas.

Desde un punto de vista más práctico, el libro también cuenta con un extenso apartado dedicado a los personajes y su creación, abordando temas tan centrales del proceso de diseño de un personaje como la caracterización, la evolución o hasta el uso de diferentes tipos de diálogo ya no sólo dependiendo del formato sino también de la misma identidad del sujeto creado para la serialidad.

Resulta igualmente interesante la última parte del manual, dedicada a reflejar el testimonio de figuras representativas de la escritura y la creación de ficciones seriadas en nuestro país. Así, por medio de toda una serie de entrevistas a profesionales como Javier Olivares, Eduardo Ladrón de Guevara, Ramón Campos, César Benítez, Alberto Sánchez Cabezudo, Victor García o Eduardo Villanueva, el lector también puede percatarse de la realidad cotidiana sobre la práctica del oficio de guionista en España.

Creación de personajes para series resulta, en definitiva, un manual útil tanto para los profesionales que busquen consultar aspectos concretos como para los neófitos que busquen aproximarse por primera vez a los mecanismos de ideación y escritura de las producciones audiovisuales seriadas.

 


ANA SANZ MAGALLÓN: “LEER UN GUIÓN DEBERÍA SER SINÓNIMO DE BUENA LECTURA”

24 febrero, 2017

Entrevista de Àlvar López y Carlos Muñoz Gadea.

Ana Sanz Magallón es una de las script doctors más reconocidas de España (sobre su trabajo como analista de guión, puedes leer aquí). A parte de dedicarse al cine, también escribe sobre él: Cuéntalo Bien es su aportación a los manuales de escritura, en el que “reivindica el sentido común como herramienta fundamental para entender y utilizar mejor las técnicas narrativas en la escritura de guiones.” Ahora, en 2017, ha visto la luz El Verano de Nunca Acabar (novela coescrita con Montse Ganges bajo el pseudónimo de Margarita Melgar), un libro en el que las diferencias ideológicas existentes desde la Guerra Civil se tratan con un humor cercano al surrealismo. Con Ana pudimos hablar sobre sus facetas de analista de guiones y escritora, así como de la creación de un libro cuya lectura recuerda, por su formato y estructura, a lo que debería ser un guión: claro, descriptivo, visual y entretenido.

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Antes de empezar a hablar del libro, parece interesante preguntarte sobre la decisión de firmar bajo un pseudónimo. ¿Por qué tomáis las dos esta decisión? ¿Por qué crees que no se suele hacer en el mundo editorial?

No se hace porque, básicamente, hay que estar promocionando el libro desde el minuto que sale: dar entrevistas, ir a la radio, hacer ruido en tus redes sociales… Tiene que haber una persona (aunque en nuestro caso sean dos) dando la chapa con la novela. Ser invisible como Elena Ferrante es un lujazo que casi nadie puede permitirse.

Lo primero que nosotras firmamos con el pseudónimo “Margarita Melgar” fue una Tv movie que nos encargó Distinto Films. Nos hizo ilusión un nombre nuevo que nos representara a las dos (hasta teníamos un dibujo como foto oficial), y también queríamos diferenciar nuestro trabajo juntas de lo que cada una hacía por su lado (los libros de Montse, mi storyediting). La verdad es que no pensamos en el lado práctico de la cosa, y ahora es tarde porque ya le hemos cogido cariño a Margarita…  

¿Por qué crees que la fórmula del pseudónimo común para más de una persona no se utiliza en cine?

Ahora que se reivindica en España la figura del guionista, y se lucha porque aparezca su nombre en las noticias sobre la película o que tenga acceso a la barra libre de los saraos -que a título personal me parece mucho más interesante-, el tema del pseudónimo lo haría más complicado. Además, aunque muchas veces el guión de cine se escribe a cuatro o más manos, no sé hasta qué punto son equipos constantes, o más bien son asociaciones temporales en las que a cada persona le interesa firmar con su nombre.

El libro tiene una estructura que en ocasiones recuerda a la de un guión: diálogos muy ágiles, escenas muy visuales, capítulos divididos casi a modo de secuencia… ¿crees que tu visión narrativa está influenciada por tu labor de analista de guiones?

Más que mi labor de analista, porque todas estas decisiones las tomamos a medias, supongo que influye la afición de las dos al cine y las series. En cualquier caso, se trata de contar una historia, y los formatos son vasos comunicantes que comparten recursos. Sobre los capítulos, que fueran muy cortos y estuvieran encabezados por una fecha ayudaba al tono de la historia, se leen casi como “anotaciones de un diario, ochenta años después de la guerra civil”.

¿Utilizasteis herramientas propias del guión para estructurar el libro? Véase escaleta, puntos de giro…

Me resulta muy difícil pensar en una historia interesante que no siga una causa efecto, que no tenga conflicto, y en la que no parezca que todo va de una manera hasta que al final cambia y acaba de otra… Estoy convencida que eso que llamamos guión clásico no se deriva de una teoría que se inventó Aristóteles o ningún gurú, sino de cómo funciona el cerebro humano. Es lo que nos sale “naturalmente” al ir a narrar algo. De hecho acaba de salir un libro sobre esto, La mente narradora, de Marta Grau, que tengo muchas ganas de leer.

Otra cosa es que la intención de alguien al escribir una novela no sea narrar una historia, sino exponer su cosmogonía propia, proponer un juego cómplice entre el lenguaje y la metaleche, o compartir su estado anímico como en un gran muro de Facebook. Que está muy bien, pero que no era nuestro caso.

¿Cómo es el proceso de escribir un libro entre dos personas? ¿Crees que hay diferencias por lo que respecta a la escritura de un guión entre dos personas?

En nuestro caso, no ha habido diferencias entre una cosa y la otra. Influye que, para nosotras, leer un guión debería ser sinónimo de buena lectura. Vale, sí, serán también una herramienta para un rodaje… si hay suerte… en un futuro… y tal…

Pero en principio, y sobre todo, es un texto que tiene que gustarle a un lector (que es quien va a decidir si invierte o recomienda invertir en esa futura película, o si trabaja en ella) y por eso cuidamos las palabras del guión aunque sean descripción de acciones, y no vayan a afectar al resultado en pantalla. En imágenes será lo mismo “Clemente anda lentamente entre la gente” que “Clemente anda despacio entre la multitud”, pero la rima distrae, y la evitamos. Por supuesto que en las novelas el estilo es más importante, y nos esforzamos más porque no haya dos voces, la de Montse y la mía, sino solo la de Margarita Melgar. Pero, salvo por esto, el proceso es bastante similar. Hablamos y damos vueltas a las ideas mucho más de lo que tecleamos. Tenemos claro qué va a pasar en cada trozo, nos los repartimos, y luego nos intercambiamos los textos y nos editamos y reescribimos sin piedad, una y otra vez. A veces a alguna se le ocurre una idea nueva que saca la historia del cauce previsto, y entonces la comentamos y vemos adónde nos lleva y, si nos convence a las dos, pues adelante.

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Si hablamos del contenido del libro, parece evidente que queríais hacer una revisión de la rivalidad que todavía arrastramos desde tiempos de la Guerra Civil en tono de comedia. ¿Está presente este género a lo largo de todo el proceso, o surge tras un primer momento de documentación, sentar las bases de la historia, etc.? 

Desde el principio queríamos hacer humor, humor no con la Guerra Civil sino con el guerracivilismo y el frentismo de hoy, que mirados en frío pueden ser hilarantes. La manía de etiquetar a cualquiera como rojo o como facha; o de ver cualquier cosa (las vacunas, los toros, la educación pública, la Toma de Granada, los Goyas o el cine español en general) desde un punto de vista ideológico, es como para llorar o para matarse de risa, y mejor matarse de risa que acabar matándonos otra vez.  

Del mismo modo, parece que la conclusión con la que cerráis el libro es vuestra escena espejo, vuestra conclusión y opinión sobre esta rivalidad a día de hoy. ¿Lo teníais claro desde el principio?

Al ser dos personas que no pensamos igual de casi nada (y una de Barcelona y otra de Madrid, para más inri), la noción de que podemos llevarnos bien y construir algo en común, sin tener que renunciar a nuestras creencias, es fundamental.

¿Surge primero el tema, o la trama?

Partimos de la idea concreta: una familia muy de derechas de toda la vida y una familia de la izquierda exquisita heredan una finca a medias. Pero en esa situación ya está implícito el tema de las dos Españas, claro, y en el desarrollo de la trama sabemos que cada bando caerá en sus tics más tópicos: lo autoritario chungo, lo asambleario moñas… Sabíamos que era comedia, que íbamos a dar caña a partes iguales y que queríamos un final no-deprimente… Los detalles, los fuimos encontrando.

¿Cómo perfiláis los personajes de ambas familias? Van surgiendo por oposición, son perfiles de vuestro entorno, buscáis sintetizar las distintas opiniones existentes…

Con los personajes, simplificamos y llevamos al extremo los ejemplares más reconocibles de las dos Españas. A veces decimos que “los llevamos a pasear por el Callejón del Gato” para dejar claro que será una comedia ligera pero que hemos leído a Valle Inclán, solo faltaba. En la novela apenas hay complejidades ni medias tintas: en un bando hay señoras del Rastrillo, cardenales, marinos, abnegadas amas de casa, brokers. En la otra, feministas radicales, genderqueers, catedráticos de la memoria histórica, videojockeys, animalistas… Y en el medio, pero no tanto, una niña bien que a lo que aspira es a hacer malabares en el Retiro, y un okupa con rastas y moño amante de las tradiciones y del compromiso en la pareja.

¿Por qué os decantáis por el tono de comedia casi surrealista que respira el libro?

Decir que “nos salió así” no queda muy profesional, así que diremos que el frentismo político que vivimos hoy también es muy surrealista… Basta darse una vuelta por los hashtags de Twitter o por la sección de comentarios a cualquier noticia para darse cuenta.

El libro recuerda, a ratos, a Amanece que no es poco, o a Bienvenido Mr. Marshall. ¿Teníais algunos referentes a la hora de escribir?

Qué bien que saques tú la referencia berlanguiana porque podría quedar muy pretencioso si lo digo yo… Sí, somos muy fans de esas dos películas, de la Escopeta nacional… También de Eduardo Mendoza, Sin noticias de Gurb, y del humor inglés desde Wodehouse o algún Evelyn Waugh hasta La Víbora negra… Y siempre está la referencia, por hacer humor con tópicos políticos, a Ocho apellidos vascos. “Si te gustó ocho apellidos vascos, lee El verano de nunca acabar”, se anuncia por ahí. Y se lo comenté a Borja Cobeaga y Diego San José, un poco apurada por subirme a la chepa de su taquillazo, y con mucha retranca Borja me sugirió publicitarlo como “Si no te gustó ocho apellidos catalanes, lee El verano de nunca acabar”.

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Retrato de Margarita Melgar

¿Tenéis pensado llevarlo a la gran pantalla? 

La verdad es que estamos muy contentas con el formato libro, en el que además lo controlas absolutamente todo –bueno, el título y la portada, a medias con Harper Collins, la editorial. Nos sentimos cien por cien responsables de cada palabra de la novela, del resultado final, cosa que no siempre les pasa a los guionistas. Y eso que Margarita Melgar ha tenido suerte con sus guiones, que ha producido Miriam Porté y dirigido Sílvia Quer, divinamente. Pero de momento, y aunque nos llueven ofertas millonarias de Hollywood y otros puntos del globo, vamos a esperar a ver cómo va la novela.


SALVA AL PERRO

1 febrero, 2017

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Por Juanjo Ramírez Mascaró.

El otro día coincidí con el guionista Jorge Naranjo y estuvimos conversando sobre algo que nos define a ambos: Lo mucho que amamos a los perros.

No tengo nada contra los gatos, pero yo soy de perros. Crecí con perros, jugué con perros, añoré, añoro y añoraré a perros. Le comentaba el otro día a Jorge que mi novia y yo estamos deseando adoptar uno si algún día nos lo podemos permitir: Si algún día vivimos en una casa adecuada para ello, si algún día tenemos unos horarios y unas condiciones de vida que lo permitan, unas circunstancias que garanticen la felicidad del chucho en cuestión. La contestación de Jorge podría resumirse en algo así:

– Nunca es el momento adecuado para tener un perro. Si esperas esas circunstancias idílicas, nunca llegarán. Hay que lanzarse a la piscina y meter al animal en tu vida a pesar de todo. Entonces, poco a poco, tu vida se irá adaptando a esa nueva situación o, dicho de otra manera: Te irás adaptando tú a ello.

Bueno, él lo dijo con otras palabras y con acento sevillano, pero espero haber sido fiel al concepto.

¿Por qué os cuento esto en un blog sobre guión? Porque creo que lo que acabáis de leer sobre “el mejor amigo del hombre” puede aplicarse también a ese guión de largometraje que queréis escribir “cuando llegue el momento adecuado“, o a esa novela que deseáis trasladar de vuestra cabeza al papel “cuando las circunstancias os lo permitan“, o a ese proyecto tan bonito que ojalá algún día podáis permitiros desarrollar, cuando tengáis la tranquilidad y el tiempo necesarios.

Ya sea por miedo a enfrentarse al monstruo cara a cara, ya sea por agotamiento físico y moral… nos sucede en última instancia lo mismo que con el perro. Nos decimos a nosotros mismos que ya empezaremos esa obra tan personal cuando nuestro trabajo alimenticio deje de absorbernos; o cuando vivamos en una casa mejor, con más luz, con más intimidad, con más silencio; o cuando – pelis, libros y series mediante – estemos mejor documentados sobre el tema que pretendemos abordar…

Nos pasamos la vida postponiendo adoptar al puto perro y mientras tanto alguien se nos adelanta y lo adopta en nuestro lugar, o una voz sombría en nuestra perrera interior nos susurra que estamos hartos de él y hay que sacrificarlo.

Estoy acostumbrado a escuchar a guionistas quejándose porque esa nueva peli o esa nueva serie que de repente lo está petando “se les ocurrió antes a ellos”. A mí también me sucede constantemente: Se estrenan historias que pisan ideas que ya llevaban años macerándose en mi cabeza.

Creo que nos lo merecemos, por haber remoloneado a la hora de escribirlas.

Siempre podremos justificarnos pensando que, aunque hubiésemos escrito nuestra obra, no habríamos tenido los medios o los contactos necesarios para convertirla en un éxito de crítica o de público. Justificación de cobardes, bálsamo de adictos al autosabotaje.

No obstante, la justificación favorita de los inmovilistas tiene más enjundia, incluso más sentido: “Esta historia es distinta a las demás. No puedo tomármela a la ligera. No me puedo permitir escribirla mal”.

A nadie le apetece que su hijo tenga que nacer en un pesebre.

Cuando mis circunstancias personales dificultan mi implicación en esas criaturas que realmente me apetece escribir, me viene a la memoria algo que dijo una vez una muy buena actriz que conozco, Belén López Valcárcel:

– Haz todos los días algo que te acerque un poco más a tu sueño, aunque sea únicamente comprar el sello de correos que necesitas para enviar tu videobook.

Ese sello de correos no deja de ser una metáfora de otras muchas cosas. A mí me funciona pensar en ello, incluso en los días más ajetreados: ¿Qué sello de correos compro hoy?

En el submundo del escritor ese “sello de correos” puede consistir en anotar una o dos ideas para tu historia, o en buscar en Google información para documentarte sobre algún detalle relacionado con tu obra o, si estás mejor de tiempo o de energías, escribir una única secuencia, o un par de diálogos.

Hoy, por ejemplo, entre la escritura de este post y otras obligaciones, he dado un paseo en el que he imaginado cómo le vendería a un director el guión en el que estoy trabajando ahora. Gracias a esa conversación imaginaria han surgido ideas que han hecho crecer bastante el la historia.

En otros momentos del proceso “comprar el sello” podrá equivaler literalmente a comprar el sello (o su versión más postmoderna y económica, que es enviar un mail)

Le veo dos importantes ventajas a esta actitud vital de comprar el sello:

1- Es una forma efectiva de no olvidar lo que deseas hacer, incluso en días en los que no le puedes dedicar más de 5 minutos. Y todos sabemos lo fácil que resulta olvidar lo que queremos, e incluso por qué lo queríamos.

2- A veces sólo necesitamos ese “comprar el sello”, ese empujoncito inicial para no poder parar. Escribir algo que nos ilusiona es como empezar a comer pipas. De repente ese tiempo que no teníamos aparece como por arte de magia (simplemente era tiempo que teníamos defragmentado, disperso, embargado en ratos muertos, en divagaciones sin rumbo), o de repente esas fuerzas que nos faltaban aparecen como por arte de magia, porque igual lo que nos faltaba no eran las fuerzas, sino precisamente eso: El arte y la magia.


LO KE SIENPRE KISISTE SABER SOBRE EL BIAJE DL HEROE

18 mayo, 2016

viajedelheroe

Por Juanjo Ramírez Mascaró.

Hace unos años, cuando colaboraba en otro blog, ayudé a difundir el MANUAL PARA ESKRIVIR 1 LARGOMETRAGE del gurú Yeray Calero, que imparte clases de guión en la Universidad Politécnica de Jinámar.

A continuación reproduzco los primeros 7 de esos 12 párrafos de sabiduría ancestral que nos regaló el gurú Yeray:

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Ola si kieres scribir un largometrage animooooo es muy faciiiiil!!!!!

Lo primero q tienes q aser n primer lugar es dividir la historia n 3 partes q eso se llama 3 ACTOS y mola xq asi al pensar n trozos separados parese menos grande y t da menos peresa

n la primera parte o 1er acto pones las cosas de cuando el prota aun no le a pasado nada raro y es un mierda xq no a cumplido sus sueños y tal o xq no a prendido algo inportante o cosas asi

Luego pasa algo q deja al prota to descolocao y entonses pasa al 2 acto que es el + largo jejejeje por eso los gionistas le tienen miedo pero eso s xq no les mola d verdad el cine si t mola el cine el 2 acto s el + divertido porque ay es donde t cabe todo lo q ase q la peli mole n plan q el prota tiene q star todo el rato de un lao pa otro y teniendo peligros y eso, los q no les mola scribir el segundo acto es xq en ves de meter dinosaurios o ninjas en la peli meten a marisa paredes o algo asi

Luego pasa algo q se llama anticlimas q es cuando al prota se la meten ay por donde + le duele y se pone d bajona o sta a punto d morir o algo y eso es como el examen final que si supera ay la prueba chunga es xq a prendido to lo q en el acto 1 le asia ser 1 mierda pero aora se a entrenao con los dinosaurios y los ninjas del acto 2 y entonses s el tercer acto q es como q todo se arregla o se jode del todo

Pa q tu personaje mole lo suyo es q no sea perfecto xq a la gente perfecta dan ganas de inflarles a ostias x listillos d los cojones jejeje es mejor ponerles defectos y tal y x lo visto lo q al publico le mola es q los personages canbien y empiesen siendo de una manera y luego sean distintos al final q si enpiesa siendo malo acabe siendo bueno o si enpiesa stando tranki termine stando jodido x ejemplo

Otra teknica q mola conoser para aser guiones es lo del “viaje del heroe” q + o menos consiste n q tienes q conparar tu historia con Luk Eskaiwalker n la guerra d las galaxias y sino se parese entonses es que tu peli no mola

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Desde hace años, siempre que leo el manual de Yeray Calero siento una espinita clavada muy adentro, un desasosiego: El maestro Calero menciona “el viaje del héroe” pero no profundiza en ello. Así pues, me he puesto en contacto con él, y me ha concedido esta entrevista:

En tu “Manual para eskrivir 1 largometrage” sacas a colación el viaje del héroe, que ahora está tan de moda gracias a la saga de Star Wars. ¿Podrías explicarnos mejor en qué consiste?

La movida esa dl viaje dl heroe s lo d cuando stas to chungo xq quieres pirarte a tomar x culo pa ke no t rayen las movidas del barrio, ke son todos los dias la misma puta mierda pero al mismo tiempo stas d puta madre n casa d tus viejos sin pagar el alkiler jejeje, entonses pasa alguna movida ke t obliga a pirarte aunke no kieras xq as rebentao a algun niñato y la poli t sta buscando o tus viejos t disen q t largues xq stan asta la poya d ti xq eres 1 puto parasito y entonses como cambias de anbiente conoses a gente nueva ke t enseña movidas sobre la vida y t dan a probar nuevas drogas y lo tipico ke t pones farruco y t crees ke eres distinto al resto d la peña y t kieres comer el mundo y s como con la droga ke al prinsipio t piensas ke eres el puto amo pero luego t viene la bajona y tienes 1 mal viaje y esploras tu lado + chungo y + oskuro y t das cuenta d ke no eres el puto amo si no ke eres 1 mierda.

Vaya mensaje más desolador, ¿no?

Ke dises colega. Lo ke mola dl tema s ke sales to trasformao, como q todo el royo ese d irte d casa d los viejos y ponerte to mal ase ke seas + maduro y lo ke no t mata t ase + fuerte asi ke te vuelves a flipar y vuelves a intentar ser el puto amo pero resulta ke otra ves la cagas y t das cuenta d ke sigues siendo 1 mierda pero como ya as conosido peña nueva t hechan 1 mano o t enseñan + drogas nuevas asi ke al final por fin acabas siendo el puto amo de verdad y ya sabes lo ke es la puta bida. Asi ke t puedes enfrentar a lo ke sea poniendo los cojones ensima d la mesa y si algun pallaso t jode la bida lo rebientas a ostias jejejeje

O sea, que te conviertes en luchador y por fin rompes con tu pasado…

Ke va, compadre… Asiendo todo eso ya puedes volver al barrio y desirle a tu viejo ke ya no eres 1 puto mocoso ni 1 parasito y ke eres igual d macho ke el y mandarlo a tomar x culo y total, ke t das cuenta ke lo ke querias no era pirarte dl barrio si no volver al barrio pero siendo 1 puto crack y ke la peña t respete y les cuentas las batallitas en el bar pa ke sus bidas tengan sentido grasias a ti.

En otras palabras, lo que viene siendo madurar como todo hijo de vecino…

Lo ke pasa es ke n las pelis to eso se adorna con mostruos y nabes espasiales o animales ke ablan xq tanpoco es plan d ke la peña apokine 9 pavos pa entrar al cine del sentro comersial  y ke se encuentren con la misma puta mierda d sienpre k pa ver eso se asoman al patio interior del edifisio y lo ven gratis. Y tanbien ke lo asen en 12 pasos.

¿En 12 pasos? ¿12? ¿Igual que los 12 párrafos de tu manual? ¿Por qué?

No se pibe, lo mismo xq kieren ke sea como con las horas dl reloj pa poder ponerlo en un sírculo ke keda + guapo y tanbien como los meses dl año ke tanbien son 12 y asi es como con las cuatro estasiones ke enpiesas n primavera y t confias cuando t yega el veranito  pero luego t pones mas tranki rollo otoño y grasias a eso puedes enfrentarte al puto bajon dl invierno y si no la palmas luego es primavera otra ves. Weeeeee!!!

Impresionante. Es como si nuestro microcosmos fuese un reflejo del macrocosmos…

Y ensima t sirve pa vender calendarios dl viaje dl heroe xq pones un pibon n cada pajina y tienes 12 pibones, uno pa cada mes. Yo tengo un calendario ke no avansan los meses xq la foto de Miss Encuentro con el Mentor me pone to burro. Jejejeje

Ahora que lo dices, creo que no has mencionado en tu entrevista nada sobre ese tema, sobre el encuentro con el mentor.

Es le cuando creses en el barrio tu maestra es la calle, compadre.

Muchas gracias por solucionar nuestras dudas, maese Yeray. Ha sido un placer y un honor. Si te parece bien, volveré a entrevistarte dentro de un par de semanas para hablar sobre personajes.

Fa ke sí, cuando te apetesca. Pa personages los ke tengo aki n el barrio jjjjjj

 

 


FIRMA INVITADA: JUST DO IT! (COMO SI FUERA SENCILLO)

21 noviembre, 2013

por Nacho Faerna

No guru, no teacher, no method.
VAN MORRISON

Nota previa: Este artículo (y los emails a los que se refiere) fueron escritos antes de que Syd Field falleciera. Sin embargo, esta luctuosa noticia ha provocado la aparición de muchos comentarios en internet a propósito de la utilidad de los manuales de guión. Por ello me parece aún más pertinente la publicación de estas opiniones, que se suman al debate sobre este asunto.
 
Paradigma Syd Field

El otro día, dos compañeros se cruzaron una serie de mails sobre la utilidad de los manuales de guión en una conversación en la que estábamos copiados otros guionistas. No daré sus nombres, porque no creo que su identidad añada ni quite valor a sus interesantes opiniones. Sólo diré que son dos guionistas de larga experiencia tanto en cine como en televisión, y que ambos imparten clases habitualmente. O sea, que saben de lo que hablan.

Voy a copiar y pegar sus dos primeros mails sin apenas edición por mi parte; la mínima imprescindible para eliminar alusiones o ejemplos personales que no vienen al caso. A estos dos mensajes siguieron algunos más (de los que copio extractos) en los que ambos guionistas fueron acercando posiciones, demostrando que en el fondo ambos tienen razón. Eso es lo que pensé yo cuando los leí, que estaba de acuerdo con los dos, y por lo que me parece interesante compartir y comentar sus reflexiones aquí.

Mail guionista A

Yo es que soy muy de manuales.

Vamos, no es que me apasionen, pero el discurso anti manuales últimamente me disgusta. Estoy un poco harto de profesores de guión que reniegan de los manuales (y no va por ti, Guionista B), que dicen que escribir guiones no se enseña (si es así, no sé qué hacen dando clase) y que desprecian las escaletas, por ejemplo.

No podemos comportarnos como si no se hubieran escrito muchas cosas ya sobre guión, o sobre escritura dramática en general, como si no formáramos parte de una tradición, como si cada vez que nos sentamos delante de un ordenador estuviéramos inventando la rueda.

Y los manuales lo que cuentan es lo que ha pensando otra gente antes que nosotros sobre esto de escribir.

Los hay buenos, malos, y regulares, pero para mí la actitud anti manuales es una actitud anti cultura.

Me dan envidia los actores. No hay ni uno que no sepa lo que es un conflicto, o un objetivo. Ni uno.

¿Supuestos profesores de guión que no conocen su oficio?

A patadas.

Y así tenemos los resultados que tenemos.

La técnica sirve para poder expresar la emoción. No la constriñe.

Pero nada, las escuelas llenas de “profesores” de guión que no enseñan nada porque “no hay nada que enseñar”.

Mail guionista B

Yo estoy en contra de los manuales. No de los libros de guión. Ni de lo que escriben los guionistas sobre cómo trabajan, cómo escriben, a qué problemas se enfrentan, las herramientas que utilizan, cómo se dan siempre cabezazos en los mismos sitios.

Yo soy totalmente pro cultura y por eso soy anti manuales.

Los manuales de guión son algo tranquilizador, simplificador, reductor, tanto que al final no dicen más que perogrulladas que se pueden contar en cinco páginas. Tonterías que luego sueltan ejecutivos de la cadena como papagayos sin entender nada de las historias, ni de cómo funcionan. Armas para el enemigo.

Me parece que además da una falsa sensación de seguridad, de creer que sabes, piensas que con entender algo ya sabes hacerlo, y no es así.

Es una herramienta para forenses, para analizar cadáveres, no para dar vida.

Que sí, que para estudiar medicina tienes que ver algún muerto, pero eso es el primer año o el segundo… Los cuatro siguientes, más los del MIR, te los tiras pegándote para intentar comprender el rollo ese del milagro de la vida y cómo hacer que la gente no se muera.

Cómo decía alguien listo que no recuerdo, a escribir guiones no se enseña, pero se aprende… escribiendo.

Y si en ese aprendizaje alguien te puede echar una mano, pues genial, pero al final el curro lo tienes que hacer tú, los errores los tienes que cometer tú, y la gilipollez de los tres actos es algo que se tarda tres minutos en comprender, y cuando te pones a escribir es siempre el mismo infierno. Divertido, pero un infierno.

Yo a Syd Field, Mckee y compañía los sentaba en una silla y les decía: “Tienes un año para escribir un buen guión. Syd, si tu guión no le mola a Mckee, te mato. Robert, el colega Field se va a leer lo que escribas. Si le encuentra algún pero… degollado”.

Y dicho esto, ya acabo, estoy básicamente de acuerdo contigo. El otro día citaba (un dramaturgo y profesor), del que aprendo a cubos, a un sabio que decía de la gente que quiere escribir sin reglas, totalmente libre: “Si escribes sin seguir unas reglas conocidas, escribirás siguiendo unas reglas que desconoces”.

Qué gran verdad.

Más adelante, el guionista B añadía:

No hay reglas para que una peli sea buena. Eso es lo que creo que hay que decir a la gente respecto a los manuales. ¿Está bien que tu peli siga una estructura clásica que está en una tradición, un código que la gente entiende más rápido, que tenemos ya casi en el hardware? Pues sí, pero eso no es todo, ni mucho menos.

Y el guionista A respondía:

Yo creo que conocer las reglas básicas, o cómo se suelen escribir las historias en un determinado medio, es necesario. Que sí, que luego hay que escribir, pues claro. Pero tener algunas ideas en la cabeza te ayuda. Yo la mitad de las veces cuando estoy escribiendo un guión y no funciona es porque no he respondido bien (o creo que he respondido bien y no es así) alguna pregunta básica tipo: “¿Qué quiere el personaje?”. A ti muchas cosas te parecerán perogrulladas. Pero te lo parecerán porque las sabes. Te aseguro que el 90% de los alumnos que se supone que han estudiado guión se van de las escuelas sin saberlas. Igual lo de los tres actos. Vale, son cinco minutos. Pero cinco minutos que en muchos casos no se han empleado en eso. Conocer la teoría no te convierte en guionista. Pero te facilita las cosas.

A lo que el guionista B replicaba:

La movida es cuando estás en el follón y tienes que ver si has de respetar a ¿Syd Field, el género, a McKee, el materialismo dialéctico? Pues eso se llama intuición y es lo que un guionista tiene que encontrar trabajando mucho y currando mucho y, claro está, sabiendo mucho de las herramientas para construir historias.

Y para mí esa es la diferencia fundamental entre lo que estamos diciendo (el Guionista A) y yo. Que no es para tanto.

Yo prefiero decir herramientas. No reglas.

Vamos, que utilizar una estructura tradicional y clásica te puede ayudar a contar tu historia, pero a lo mejor lo que tú quieres contar necesita de otra estructura. Que es fundamental que sepas que si usas esa estructura no convencional tendrás más dificultades en ciertos puntos y lo mismo no será tan universal. Pero es eso: una herramienta, algo que te ayuda a ti a contar tu historia, y no algo a lo que tú tengas que supeditarte para meter tu movida en ese marco.

Lo mismo que supongo que un buen pintor debe controlar muchas técnicas y saber cómo pintaban otros y conocer la historia de la pintura, pues igual para el guionista.

Pero primero está tu historia y lo que tú quieres contar y luego las herramientas para conseguir eso.

Hasta aquí las reflexiones de A y B.

Como decía más arriba, yo creo (y ellos también, estoy seguro) que los dos tienen razón y que sus afirmaciones sólo difieren en matices. Tiendo a estar más de acuerdo con B en que la mayoría de manuales presenta el proceso de escritura como algo mucho más metódico y procedimental de lo que en realidad es. No hay fórmulas, recetas, reglas, pasos a seguir. Hay unas herramientas y ciertos criterios a la hora de usarlas. Coincido con A en que tenemos que conocer a fondo cómo afrontaron otros la escritura, estudiar cánones que pertenecen a nuestra tradición y a nuestra cultura para extraer enseñanzas que nos serán útiles incluso fuera de esos cánones.

A menudo cito el decálogo de Sister Corita, una monja y artista plástica de los sesenta que impartía clases de arte en California y cuya “regla número 8” dice así: “No intentes crear y analizar al mismo tiempo. Son procesos diferentes”. Pues bien, muchos manuales confunden ambos procesos. Los mejores son, en mi opinión, los que son conscientes de esta diferencia. Pero lo que dice Sister Corita es que no intentes hacer las dos cosas al mismo tiempo, no que renuncies a ninguna de ellas. Del análisis se pueden sacar muchas conclusiones que después puedes aplicar al trabajo creativo.

El decálogo de la Hermana Corita. Atentos a la Regla número ocho

El decálogo de la Hermana Corita. Atentos a la Regla número ocho

Escribir guiones es un oficio, y todos los oficios se aprenden practicándolos. La repetición es fundamental. Y, como en todos los oficios, ayuda tener a alguien cerca que lo conozca de primera mano, un tutor, para que te oriente en el aprendizaje. En mi opinión, es fundamental que esos tutores conozcan el oficio desde dentro, que lo ejerzan activamente. Algunos de los manuales de guión más célebres han sido escritos por personas que conocen la teoría, pero desconocen el oficio. Quizá su éxito radique precisamente en ese desconocimiento: prometen resultados. La práctica, sin embargo, nos enseña que los resultados no dependen sólo de fórmulas y procedimientos. Requieren trabajo, reescrituras,… tiempo. Es muy tentador pensar que basta con leer unos cuantos manuales y con acudir a un curso intensivo para saber cómo se escribe un guión. Pero no es cierto. El marco ideal para el aprendizaje sería un taller, un grupo de trabajo que se reuniera semanalmente durante un plazo de al menos seis meses y desarrollase las historias de los participantes bajo la tutela de un guionista experimentado. Desgraciadamente, parece más popular y atractivo acudir tres días a escuchar a un gurú que predica con la seguridad del que sólo ha visto los toros desde la barrera.

Como dice A, aprende todo lo que puedas sobre la escritura dramática.

Como dice B, no confundas entender cómo funciona con saber hacerlo funcionar.

Pero sobre todo, independientemente de lo que digan A y B, sigue su ejemplo:

Escribe sin descanso.


CATÁLOGO INCOMPLETO DE ERRORES FRECUENTES

10 mayo, 2012

por Carlos López

Durante mi último único viaje a Nueva York, hace unos meses, me escapé en solitario para echar un ojo a las novedades editoriales sobre guión. Entré en una conocida librería, subí la escalera mecánica, pregunté por el departamento de cine y televisión y…

No me lo podía creer. Un pasillo rebosante de libros de todos los tamaños y colores. Todos ofrecían la receta para escribir un guión. Allí estaban los secretos al descubierto, impresos y repetidos, listos para llevar. ¿He dicho cientos? De vuelta a casa, traté de comprobarlo: si tecleas screenwriting en la página de búsqueda de la librería, te encuentras con esto. Más de dos mil ochocientos títulos. Si me da un arrebato navideño y los compro todos para traerlos a España, podría regalar uno diferente a cada aspirante a guionista.

Yo contaba con media hora libre, así que lo primero fue asumir que sólo me daría tiempo a consultar una pequeña proporción de aquel ingente corpus. ¿Cuál escoger? Allí estaban sus chillonas portadas, con letras grandes y títulos chirriantes, como si los libros se dieran codazos entre ellos y me estuvieran pidiendo a voces elígeme a mí. Yo, qué os voy a contar, me sentía exactamente como Guillermo Brown cuando entra en la pastelería: los quería todos y no sabía decidirme por uno solo. Casi todos prometían trucos, secretos, claves, consejos, decálogos, cómo triunfar sin esfuerzo, qué contar y por dónde empezar a contarlo. En ese momento de capricho me dio por buscar justo el título que faltaba, quizá el más necesario a la vista de la demanda: Cómo escribir un libro de guión, que debería llevar incorporado un apéndice imprescindible, y cómo conseguir que destaque en el escaparate.

Aparte de algunos guiones de películas de culto o de recopilatorios de entrevistas con guionistas, y aunque también podías encontrar sesudos y voluminosos tratados, la verdad es que la mayoría se ofrecían como libros de autoayuda, ya desde el título y la grafía de la portada parecían decirte: yo sé cuál es tu problema y te lo voy a solucionar en dos patadas, no importa lo tonto o vago que seas ni lo lejos que vivas, tú también puedes triunfar con sólo comprarme. No dudo que más de uno de aquellos títulos pueda serle de utilidad a quien lo lea, incluso a mí mismo, pero me estomaga ese tono de teletienda, esa mentira repetida del triunfo al alcance de tu mano. Comprobé que muchos de ellos repetían las mismas recomendaciones, el propio índice los delataba. Normal. Siempre lo he pensado: quizá el arte de escribir guiones sea inabarcable, pero la ciencia que lo estudia no da para tanto. Imparto clase desde hace muchos años y de lo único que estoy seguro es de que no puedes enseñar a escribir. Y sin embargo, es algo que se puede aprender: sobre todo si tienes la paciencia y la humildad necesarias para mirarte a ti mismo y a lo que escribes.

De pronto, me saltaron a los ojos varios títulos que se salían de la norma. Que en lugar de presumir de saber la fórmula, hablaban de errores, de guiones que apestan, de cómo NO escribir un guión. Esto sí es un filón inagotable, me dije. Quizá no estemos tan seguros de cómo se escribe un guión bueno, pero cada día leemos varios guiones malos, los guiones apestosos son la norma. Cada día nos enfrentamos ante nuestra propia página y cada día comprobamos el horror. El horror.

Sí. Todos cometemos errores, vamos experimentando, borrando, corrigiendo, destrozando sobre el teclado lo que en la cabeza sonaba a gloria bendita. Aprendemos así, a base de equivocarnos. Aprendemos de los errores.

La mayoría de los guiones malos que salen de nuestra impresora contienen errores de bulto: qué historia estás contando, quién la cuenta, de qué habla y a quién. Preguntas que, aunque parezca mentira, a menudo siguen sin tener respuesta cuando estás a punto de rematar la primera versión.

Obviemos las grandes cuestiones: supongamos que tenemos algo que contar, incluso que sabemos por qué hay que contarlo. No un aroma, una intuición, un titular de periódico, una anécdota de barrio. No. Es el germen de un guión. Bien. Nos sentamos y lo escribimos (supongo que también se puede escribir de pie, yo conozco a alguien que lo hace, encargó una mesa de trabajo a la altura del pecho, él asegura que hace siglos se escribía así). Le ponemos fin, dejamos pasar una semana y volvemos a leerlo. No sé los demás, yo cuando releo mi propio trabajo no puedo creer que siempre cometa los mismos errores. Los mismos de siempre. Son los errores del CIEF: El Catálogo Incompleto de Errores Frecuentes. Seguro estoy de que alguno de estos ejemplos os suena familiar:

EL PRÓLOGO INTERMINABLE

Me propongo arrancar con la historia en marcha. Casi nunca lo consigo: páginas y páginas de farragosas presentaciones, personajes que conocemos al comienzo de su jornada, que se levantan, saludan, nos abren su nevera, nos cuentan con quién viven y en qué trabajan antes de que realmente les ocurra nada de nada. En un guión opté por la solución más drástica, la más dolorosa: amputar definitivamente las cincuenta primeras páginas. Al convertir la cincuenta y una en la primera, aquello ganó en intensidad, ya te digo, el arranque cobró un aspecto deliciosamente desordenado: las cosas pasaban sin que supiéramos por qué ni quiénes eran los que las hacían. Cada frase que decían era la punta de un iceberg. Despertaban tu curiosidad. Bingo.

LA ILUMINACIÓN REPENTINA

Pese a lo anterior, y como dice el brillante David S. Goyer en este artículo, lo más fácil es escribir el primer acto. Cualquier idea contiene gasolina suficiente para llegar a toda máquina hasta el minuto treinta. Los grandes problemas vienen después, claro. El desierto del segundo acto es tan largo, tan árido, que suelo llegar al minuto sesenta casi deshidratado, a menudo he perdido el norte y me temo que a la mitad de los lectores o espectadores también. Entonces me entra el agobio y sucede: el personaje toma conciencia repentina de todo. Una hora insistiendo en sus defectos, que queden bien claritos, que se note que son la causa de sus males… y de golpe, un tropiezo, una confidencia o una discusión se convierte en el momento de la revelación. Vale que necesitamos al prota así de dispuesto para el tercer acto, pero esta caída del caballo siempre me parece infantil. A veces llego a pensar que es imposible hacerlo bien.

EL ODIOSO CHIMPÓN

¿Dónde acaba una secuencia? ¿Por qué no me atrevo a dejarla en mitad de una discusión? Esa dichosa manía de envolverla en papel de regalo, de abrocharla hasta el último botón. Se acaba la conversación, un personaje amaga con el mutis… y siempre tiene que volverse en el último segundo para rematar con un chimpón. Casi todas las secuencias terminan así: chimpón. Si a eso añadimos que casi todas comienzan con un balbuceo, con alguien que entra o con un silencio incómodo —profusamente descrito en acotaciones de cinco líneas—, me queda un guión con una partitura más cansina que un politono de Philip Glass.

TODOS HABLAN

Trato de escribir sujetando los diálogos. Que nadie diga lo que se ve, que nadie cuente lo que ha pasado ni tampoco lo que va a pasar. Las reglas de oro. Ya. Es inútil. Nunca se te quita del todo el miedo a que no te entiendan. Todos hablan como cotorras, dicen lo que piensan y opinan sobre lo que piensa el de enfrente. Y casi siempre, en secuencias de dos personajes. Lo fácil. Cuando reescribo, me afano en quitar las líneas de diálogo prescindibles… y me quedo con un escuálido diez por ciento. Claro, tanto hablar, tanto hablar, y el guión termina por ser un collar de bisutería, una cuenta detrás de otra y todas juntas no valen nada. ¿Qué tal un respiro, un punto y aparte? ¿Por qué se me olvidó seguir al personaje, pararme con él, respirar? ¿Por qué voy de escenario en escenario, tengo vocación de vendedor de pisos?

EL MOMENTO DABADÁ

Empleo cuarenta páginas para contar dos semanas. A continuación, necesito contar que pasan unos meses en los que los personajes se acostumbran a su nueva vida y no parezco dispuesto a pensar una elipsis —las dos palabra mágicas: pensar, elipsis—, me da vértigo saltar en el tiempo, me avergüenza un rótulo. ¿Qué hacer? Ya está: una secuencia de montaje, la música ya-se-verá, siempre quedan tan bonitas. Para mí es fácil, encadeno unos cuantos desayunos, alguien que acelera al cruzar un paso de cebra, alguien que retira el libro cuando el otro se ha quedado dormido, el soplido que apaga las velas de la tarta, un momento de risa floja compartida… y por supuesto un atardecer, eso no puede faltar, si es con playa mejor que mejor. Odio las secuencias de montaje. Cada vez que veo una, doy por hecho que el guionista salió a tomar café.

¿POR QUÉ SE MIRA AL ESPEJO?

Otro momento de renuncia. Convencido de que no ha quedado claro que el protagonista sufre por dentro, cerrada la posibilidad de que lo diga en voz alta y ante el miedo a que todo parezca superficial… se mira al espejo. Amigo mío, qué profundidad, qué intensidad, qué drama. ¡Se está mirando! Ha de ser algo imprevisto, se da con su cara mientras se seca las manos en el lavabo, o se queda inmóvil cuando se ve a solas en el ascensor. Y se mira largamente, que nadie lo dude: a este le pasa algo. Ah, y si no hay espejo, también vale una ventana. Que no haga nada, tan sólo que mire, como quien ve llover.

LAS MADRES QUE HABLAN COMO MADRES

A menudo me saca los colores de la vergüenza el actor que junta sus cuatro secuencias y me las planta delante para demostrar mi racanería: tan pocas frases y hay varias repetidas. Eh, eh, bastante tenía yo con perfilar los personajes principales, no puedo estar en todo. Los que apenas salen se quedaron en borrador y, lo que es peor, de puro funcionales son un cliché vacío de contenido. Las madres preocupadas porque su hijo no come, los policías malencarados que exigen el informe sobre su mesa, los maîtres dicharacheros al ofrecer el menú, la vecina anciana que se cruza en la escalera, el profesor que acaba su clase en cuanto empieza la secuencia, el médico que ha hecho lo que ha podido… Ni uno se sale de lo previsto.

¿DÓNDE ESTÁ WALLY?

Me ocurre más en los guiones para una serie de televisión: trenzadas las tramas en la escaleta, repartidos días y noches y hasta puntos de inflexión en cinco actos… caigo en la cuenta de que el protagonista no participa en casi ninguna. Es más, está missing durante más de veinte minutos. Si justo ahí intercalan un corte publicitario, es posible que el fiel seguidor de la serie llame al 112, preocupado porque su héroe no aparece por ninguna parte. Urge revisión. ¿Qué puedo hacer? Lo fácil: que los demás personajes justifiquen su ausencia en un diálogo (véase Todos hablan), contar qué está haciendo en un montaje en paralelo (véase El momento dabadá) o… no, espera, ya está, escribirle una secuencia en la que se levanta y se mira al espejo. Mejor. Mucho mejor.

Todos estos errores pueden suelen convivir dentro del mismo guión. Y no es que tenga el día pesimista, pero son muchas las posibilidades de que la reescritura estropee una buena escena. Es lo más sorprendente de la escritura, que los errores son infinitos. Si os atrevéis, ayudadme a engordar el CIEC, o al menos añadid alguna equivocación de cosecha propia. Puede que entre todos completemos este pasaje del terror, que luego releeremos autoengañándonos, pensando que esto les pasa a los demás, pero no a mí.

Amor de padre: qué sería de nosotros sin nuestros errores. Y además, qué narices, quién quiere el guión perfecto, para qué sirve si es que existe alguno. A cualquiera de nosotros nos enseñan el guión de una obra maestra el día antes de comenzar el rodaje y lo llenamos de lápiz rojo. Si nuestra ciencia es la del ensayo y el error, la única manera de que sigamos aprendiendo es que continuemos cometiendo errores. Y como cita aquí John August, leer guiones malos es una práctica saludable y necesaria. Una buena forma de aprender. Porque en los guiones malos de los demás descubrimos los tropiezos con mucha más facilidad que en los propios.

Y además, claro que sí, ver que los demás escriben mal le da a uno mucha confianza.


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