VENCE EL BLOQUEO CREATIVO CAMBIANDO TU FORMA DE ESCRIBIR

2 mayo, 2018

por Sergio Barrejón.

Hace un par de años viví mi primer bloqueo. Después de una década larga trabajando como guionista, había empezado a pensar que eso del bloqueo creativo era una leyenda sin base real. Y de pronto, zas. Me atasqué a mitad de un guión de largo.

Era la adaptación de una novela. Tenía un argumento muy potente, un personaje protagonista maravilloso, me había documentado como dios manda y me había currado un outline muy majo, con mis tarjetitas dispuestas ordenadamente en mi panel magnético.

Y lo más importante: tenía una fecha de entrega en tres semanas. Eso suele ser el mejor acicate. Pero en este caso nada funcionó. Me sentaba al ordenador y me pasaba horas procrastinando.

Al principio me decía a mí mismo que estaba profundizando en la documentación. Pero llegó un día en que tuve que afrontar la realidad. Llevaba semanas sin avanzar. Por primera vez en mi carrera iba a tener que escribir a la productora y disculparme por no poder entregar a tiempo. El Mayor Pecado que puede cometer un guionista.

Entonces recordé algo que había leído en el libro “Correr, comer, vivir” de Scott Jurek. El tipo, un atleta de primera, sufrió una rotura de ligamentos a mitad de un ultramaratón de 100 millas. A pesar de ello, siguió corriendo, y no sólo ganó, sino que mejoró su marca personal. ¿Cómo lo consiguió? Atacando el problema en cuatro sencillos pasos:

  1. Permitirse a sí mismo sentirse mal y triste ante la inminente derrota.
  2. Analizar la situación. ¿Iba a morirse? ¿Podía apoyar peso en el pie? ¿Se lo había fracturado?
  3. Preguntarse qué acciones podía tomar.
  4. Separar las emociones de las acciones. El miedo, la vergüenza, todo eso… Fuera. Actuar, actuar, actuar.

Decidí aplicar la técnica de Jurek. Me permití a mí mismo decirme que era un puto fracasado, que por fin se iba a descubrir lo que yo ya sabía: que no valgo para guionista, que soy un fraude, que he tenido suerte durante unos años, pero que a la hora de la verdad… Blablabla. Después analicé la situación y decidí que la cosa se reducía a esto:

“Me siento al ordenador y, en lugar de escribir, me bloqueo y me paso las horas en Internet”.

¿Qué acciones podía tomar al respecto? No tenía ni idea de lo que debía cambiar para solucionar mi problema, pero siempre podía cambiar alguna cosa al azar, a ver qué pasaba. Como suelo decirles a mis alumnos del Máster de Guión de Salamanca: si no consigues escribir un buen guión, escribe uno malo de momento.

Como lo del bloqueo no podía cambiarlo, decidí cambiar la otra parte de la frase: decidí no volver a sentarme al ordenador. Traté de apartar de mi mente la angustia y la vergüenza, metí la SIM de mi móvil en un viejo Nokia sin conexión a Internet, agarré un bloc y una pluma y me largué a un bar a escribir. A mano.

En poco más de una hora conseguí garabatear una escena completa. La releí. Era una escena de mierda. Y sin embargo, era la solución al bloqueo. Porque al escribirla cobré perspectiva sobre el problema: el outline era una basura. Había que tirar a la papelera todo el segundo acto. Estaba llevando al protagonista por un camino completamente equivocado.

Por eso no conseguía avanzar. Ésa era la esencia del bloqueo: en el fondo de mi mente, de una forma inconsciente y que no era capaz de articular, yo sabía que no debía avanzar, porque el camino era equivocado. Cuanto más avanzase en ese desastre de segundo acto, más perdido estaría.

Volví a la pizarra, reorganicé el segundo acto, creé nuevas escenas y todo cobró sentido de repente. Y decidí escribir el resto del guión a mano. No es que me pareciese una solución mágica, pero había sido la llave para cambiar el chip, así que me parecía sensato mantenerme alejado del ordenador -ese invento del diablo que concentra ocio, vicio y negocio en el mismo recuadro iluminado- y escribir de la forma en la que aprendí a escribir de niño.

Durante las tres siguientes semanas, escribí el segundo y el tercer acto a mano en ese mismo bloc, en ese mismo bar y con esa misma pluma. Gasté media docena de recambios de tinta, pero taché muy poco y no arrugué más de ocho o diez páginas.

En otros dos o tres días lo pasé todo a limpio y entregué el guión con menos de un mes de retraso. La vergüenza tardó algo más en irse. Ayudó a conseguirlo que el productor se retrasó más de seis meses en pagarme las putas facturas. Pero eso es otro problema para el que de momento no he encontrado solución…

Si estás bloqueado con tu guión, te sugiero que pruebes a cambiar la forma en la que escribes. Yo lo hice pasándome al lápiz y el papel, pero conozco otras técnicas. El novelista y guionista de Vis a vis Jesús Cañadas, por ejemplo, trabaja en un viejo portátil que tiene estropeado el wifi. No hay forma de conectarlo a Internet. A todos los efectos, es como una máquina de escribir.

El novelista Juan José Millás, en su libro El Mundo (Premio Planeta 2007), cuenta que todas sus novelas las ha escrito en ayunas:

Me levanto pronto, sobre las seis de la mañana, y me siento a la mesa de trabajo sin tomar nada hasta las nueve. Considero como mío, y para mí, lo que escribo durante ese tiempo.

Lo que escribo después del desayuno está contaminado por las miserias laborales, por el imperativo de ganarse la vida. Mis novelas, así como los trabajos periodísticos que más aprecio, están escritos entre las seis y las nueve de la mañana.

Y el polifacético Mark Duplass tiene una técnica absolutamente maravillosa para dialogar sus guiones a base de grabadora y sprints por el campo:

Un bloqueo es como un tronco de árbol gigante caído en mitad del camino. El tronco te impide pasar. Pero ¿es el tronco el problema o es el síntoma del problema? Dado que tanto el tronco como el camino son imaginarios, es obvio que el tronco lo has puesto tú. Es una forma de decirte “no sigas por ese camino”. Así que la solución no es intentar rodear el tronco, pasar por encima de él ni traer una imaginaria grúa gigante para retirarlo. Lo que hay que hacer es imaginar un camino distinto.

Y para conseguirlo, a veces basta con algo tan tonto cambiar de postura, de herramienta… o de dieta.

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10 CONSEJOS PARA HACER CINE INDIE Y PETARLO COMO MARK DUPLASS

30 abril, 2015

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  1. Si ya sabes rodar sin saltarte el eje, si tienes conocimientos de montaje y en general conoces el ABC de la realización… no vayas a la Universidad. Convence a tu familia de que te dé la cuarta parte del dinero que gastarías en formación para hacer películas. Tampoco te empeñes en pegarte a alguien consagrado para aprender de él. Gastarás tiempo y energía y es posible que ni siquiera lo consigas. Además, estarías aprendiendo a imitar a alguien. Mejor aprender de tus propios errores.
  2. La caballería no va a llegar a salvarte. No dejes pasar los años esperando que alguien financie tu gran proyecto. La mejor manera de construir una carrera es a tu manera, haciendo pelis que puedas levantar tú solo.
  3. No hay excusas: haz cortos de 3€ con un iPhone y los amigos. Un corto cada fin de semana. No importa que los encuadres sean limitados, las historias sean básicamente gente en pisos hablando de chorradas, y que el sonido apeste. Tú haz cortos. Poco a poco irás mejorando, es inevitable. En algún momento, alguno de ellos entrará en un buen festival, ganarás un premio, ganarás algo de dinero. Y por el camino, conocerás a gente como tú, empezarás a formar un equipo de gente con la que hacer pelis.
  4. Cuando tengas un equipo más o menos consolidado, haz tu primer largo con 1.000€. Usa sólo lo que tengas a mano: el piso de tu pareja, la furgoneta de una amiga… Escribe un guión que ocurra en lugares donde puedes grabar gratis.
  5. Gasta esos 1.000€ fundamentalmente en dar de comer al equipo y en enviar la peli a festivales.
  6. Compra los materiales de rodaje en tiendas que devuelvan el dinero. Devuélvelo todo cuando termines el rodaje.
  7. Si tu primer largo funciona bien en festivales, aprovecha para contactar con un actor conocido y rico, y convéncele de actuar gratis en tu segundo largo. El actor perfecto es uno que lleve seis temporadas en una serie que no le llena, porque será rico pero estará quemado y deseando hacer algo fresco y creativo. Y ahí estarás tú, con tu largo recién estrenado. Pregúntale qué tipo de papel le gustaría hacer en ese punto de su carrera, y escríbele un papel así. Será tu segundo largo.
  8. Recuerda el punto 1: la caballería NO va a llegar. Aunque te digan lo contrario, no te lo creas. Haz tu segundo largo también por 1.000€. Ahora tienes un actor famoso en el cartel y podrás sacar 50.000€.
  9. Sé un comunista. Reparte los beneficios con tu equipo. En cuanto a la parte que le corresponde a tu actor conocido y rico… Convéncele de que renuncie a ella, que para algo es rico, y repártela también con tu equipo. Te interesa mantener una comunidad creativa donde todos os ayudáis mutuamente.
  10. Si tu segundo largo funciona bien y te ofrecen encargos como director, no los aceptes. Recuerda: la caballería no va a venir. Es el momento de dar el salto a la televisión. Ya tienes experiencia, ya has desarrollado un estilo. Tú y tu equipo podéis hacer una serie con poco dinero y venderla a un canal privado por mucho menos de lo que suelen pagar… que es mucho más de lo que tú sueles ganar. A ti te sale rentable, a ellos también.

Estos y otros muchos consejos se los he oído a Mark Duplass aquí:

Sé que muchos preferiríais comeros vuestros propios ojos con anchoas de lata antes que ver un vídeo de una hora en inglés, pero creedme: éste merece la pena. Se entiende muy bien, se hace cortísimo y está lleno de sabiduría. Sabiduría de la buena, de la que sale de la experiencia, no de la teoría. Mark Duplass ha estado en el fregao, sabe de lo que habla. Y lo hace de forma honesta y directa. Esta horita de Youtube enseña más que algunos másters.

Sergio Barrejón.

 


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