CÓMO SER… ALEJO FLAH

12 noviembre, 2014

por Alberto Pérez Castaños. 

Tras inaugurar “Cómo ser…” la semana pasada con Fernando Navarro, hoy regresamos con un nuevo invitado para la sección: Alejo Flah.

Nacido en Argentina, Alejo Flah es guionista y director, coautor del guión de ‘Séptimo’ y de la serie ‘Vientos de agua’ entre otros trabajos. También ha colaborado unas cuantas veces en Bloguionistas con entradas realmente interesantes. En abril del año que viene se estrena en España su primera película como director: ‘Sexo fácil, películas tristes’, con Quim Gutiérrez, Marta Etura y Carlos Areces.

1) ¿Cuáles son tus hábitos de trabajo? ¿Eres más de mañana o de tarde? ¿Tienes un horario fijo o vas improvisando? ¿Qué es lo primero que haces cuando abres el ordenador? ¿Tienes alguna rutina de pre-calentamiento?

Mi mejor momento es la mañana: de 10 a 10:15, precisamente. Hablando más en serio: me levanto temprano, voy a nadar y suelo trabajar desde las 10, hasta la hora de comer. Y después de comer vuelvo a trabajar hasta la tarde/noche. Por lo general las mañanas son para el guión más “importante”: el que está en primer borrador. Las tardes son para la reescritura de algún otro guión más avanzado. Pero todo esto puede cambiar: quedo a comer con amigos, voy al cine… Como bien decía una canción de Sr. Chinarro: “yo no soy militar”.

2) ¿Qué software sueles usar para escribir? ¿Por qué?

Final Draft. Por costumbre. Lo llevo usando desde hace unos 13 años y, aunque para mí la mejor era la versión 6, lo he ido actualizando. Soy tan nerd que les escribí algunos mails pidiéndoles que vuelvan a poner algunas herramientas del 6 que quedaron fuera de otras versiones y me escribieron agradeciéndome y proponiéndome que testee una versión beta. Lo hice… y recibí un mail de agradecimiento: ni un mísero descuento para la siguiente compra.

3) ¿Escuchas música cuando trabajas? ¿Bandas sonoras, clásica, rock? Recomiéndanos algo de música inspiradora.

Alguna vez, pero no siempre. Hay un peligro al escribir con música: que creas que esas escenas tienen la emoción de la banda sonora y luego las lees sin música y… bueno, no serían tan emocionantes. Lo que sí me sirve es armarme “bandas sonoras” con el tono de la película que estoy escribiendo. Las voy escuchando por la calle, para pensar. Pero no para escribir. Últimamente escuché la de Boyhood.

4) ¿Trabajas en pijama?

No. Duermo en pelotas. Y trabajo vestido. ¿O era al revés?

5) ¿Café? ¿Té? ¿Botella de agua? ¿Comes delante del ordenador?

Agua, pero en una botella de metal que llevo en mi maleta hasta cuando viajo. La tengo hace más de diez años, un pequeño fetiche. No como delante del ordenador.

6) ¿Windows? ¿Mac? ¿Linux?

Mac.

7) ¿Escribes en papel? ¿Moleskine, folios sueltos, servilletas de bar? ¿Algún bolígrafo o pluma preferido?

Ordenador, siempre. Alguna nota en papel, pero confío en lo que decía Woody Allen: si la memoria no conservó una idea es porque no era demasiado buena.

8) ¿Eres capaz de escribir con Internet encendido?

Sí. De a ratos es necesario, es como salir a dar un paseo. Otras veces lo uso para buscar algún dato o investigar sobre algo que tenga que ver con lo que estoy escribiendo: fotos, películas, canciones… También pierdo bastante el tiempo. Pero es como decía Amos Oz: las ideas son nuestros clientes y hay que esperarlas, como un peluquero que espera con la peluquería abierta a los que quieran cortarse el pelo. Hay días que vienen más, días que vienen menos, pero lo mejor es siempre estar ahí.

9) ¿Qué te hizo pensar: “quiero ser guionista”?

El placer. Y mi escasa habilidad para hacer otras cosas.

10) ¿Cuándo empezaste a ganarte la vida como guionista? ¿Cómo metiste el pie en la puerta?

Al poco tiempo de llegar a Madrid (año 2002). Presenté algunos guiones míos a un productor que le gustaron y me encargó el proyecto de una serie. Como no tenía dinero para comprarme un ordenador, empecé escribiendo en un locutorio en Lavapiés entre gritos en todos los idiomas. (Algo de esto lo acabé poniendo unos años después en algunos capítulos que escribí de ‘Vientos de Agua’, la serie dirigida por Juan J. Campanella). Con el primer pago me compré un portátil, pero desde ese momento puedo escribir prácticamente en cualquier lugar, por más ruidoso que sea.

11) Escaleta: ¿Sí o no?

A veces.

12) ¿Prefieres escribir solo o en equipo?

Depende.

13) ¿Género favorito a la hora de escribir?

No hay un género en particular.

14) ¿Te ves incapaz de escribir algún género en concreto?

No. Me veo incapaz de escribir algunas películas, pero no por el género en sí.

15) ¿Qué aspecto tiene tu escritorio, o el refugio en el que te escondes para escribir?

Llevo varios años viajando bastante entre Buenos Aires y Madrid así que no tengo un escritorio fijo. Como decía antes, puedo escribir en cualquier lugar: bares, casas, hoteles, oficinas… Pero el mejor lugar sigue siendo el avión. Es más, deberían inventar un bar que fuera como un avión: sin internet, sin distracciones, con azafatas y con comida en bandejas. Esa sería mi oficina perfecta. La de ahora tiene una mesa cerca de una ventana, algunos libros y mi botella de agua, infaltable.

16) ¿Cuál es el lugar más extraño en el que has escrito un guión?

Cuzco, Perú. 4500 metros de altura. Tenía que hacer unas correcciones de un guión que rodaban tres días después. Lo hice tomando mate de coca para aliviar el mal de altura (desde ese momento creo que es un mito que el mate de coca alivie el mal de altura). En un momento se me rompió el ordenador (supongo que también sufrió el soroche) y tuve que ir a un locutorio, instalar el Final Draft y pasar ocho horas encerrado escuchando música andina a todo volumen. Creo que quedó bastante bien.

17) ¿Qué libros y películas te cambiaron la vida?

Muy complicado responder esto. Pero supongo que varias películas de Woody Allen, Truffaut, Clint Eastwood, Bresson, Leonardo Favio, Richard Linklater, Cameron Crowe o Tomás Gutierrez Alea. Libros de Bioy Casares, Isaac B. Singer, Philip Roth, Las aventuras de Isidoro Cañones. Discos de los Beatles, The Cure, Sumo…

18) ¿Qué lecturas, cursos, películas, etc… te han marcado como guionista?

Nada más salir del bachillerato, hice un curso de montaje con un gran montador argentino (Miguel Pérez). Creo que es fundamental para un guionista entender de montaje que es la mejor (o acaso la única) manera de entender el cine. También hice un curso de guión en la escuela de cine de San Antonio de los Baños en Cuba a la que vuelvo cada año como profesor. Son dos semanas que espero con bastante ansiedad.

En cuanto a los libros se me ocurren tres autobiografías: la de Chaplin, la de Buñuel, la de Capra. O los de entrevistas entre Hitchcock/Truffaut y Wilder/Crowe. De dramaturgia clásica sin duda el de Lajos Egri (“Cómo escribir un drama”). De montaje el de Walter Murch (“En el momento del parpadeo”). También me gusta mucho el libro de Chabrol (“Cómo se hace una película”) que, en pocas páginas, cuenta lo fundamental. Por último, creo que vale la pena leer guiones de películas que a uno le hayan gustado.

20) ¿Cuáles son tus referentes clásicos y modernos, españoles y extranjeros?

Alexander Payne, Clint Eastwood, Billy Wilder, Buñuel, Scorsese, Powell/Pressburger, Woody Allen, Cameron Crowe, Richard Linklater, Preston Sturges, Chaplin, Hitchcock, Hong Jin-Na, Campanella, Leonardo Favio, Tomás Gutierrez Alea, Louis C.K, Rossellini, Seinfeld, Los Tres Chiflados (creo que en España nunca la dieron … Mañana diría otros.

21) ¿Cuál es el trabajo del que te sientes más orgulloso?

Él último, que se estrena en España en Abril 2015: “Sexo fácil, películas tristes”, que ha sido también mi primera película como director.


FIRMAS INVITADAS: SEXO FÁCIL, PELÍCULAS TRISTES por ALEJO FLAH

11 noviembre, 2013

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Por Alejo Flah (Fotos: José Haro)

Hace algunos meses me dejaron ocupar este mismo espacio después de mi visita al rodaje de Séptimo, una película de la que soy coguionista (que ya se ha estrenado en Argentina y este fin de semana se estrena en España).

Ahora acabo de terminar la primera parte del rodaje de mi primera película como director de la que también soy guionista: Sexo fácil, películas tristes

Duermo poco (no duermo nada). Como mal. Me duele todo el cuerpo.

Y nunca me he sentido mejor.

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Realidad y ficción

La película tiene dos partes: realidad y ficción (o “vida” y “cine” si es que pueden ser lo contrario).

La “realidad” transcurre en Buenos Aires y la “ficción” transcurre en Madrid. Los protagonistas son Ernesto Alterio, Quim Gutierrez y Marta Etura. El reparto se completa con Carlos Areces y Bárbara Santa Cruz (en la parte española) y Julieta Cardinalli, Luis Luque, María Alché y Mónica Antonópulos (en la parte argentina). Creo, sin exagerar, que no podía haber mejores actores en el mundo para cada uno de estos personajes.

La pregunta que se plantea la película es si es posible escribir una comedia romántica cuando la experiencia amorosa del que la escribe es un desastre.

La respuesta: en algunos meses.  “En los mejores cines”.

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Robert Smith

Después ser un teen angst escuchando The Cure muchos años, logré finalmente verlos en directo en algún festival de verano de España. En las primeras canciones me deprimí. Robert Smith se había convertido en una anciana (habría que preguntarse por qué tantos rockeros envejecen como señoras) y Simon Gallup encarnaba, como en el tango, toda la vergüenza de haber sido y el dolor de ya no ser.

Desde el escenario parecían estar pensando en su equipo de fútbol, en dónde iban a comprar los chorizos para el asado de esa noche, en el análisis de próstata que tendrían la semana siguiente. En todo, menos en sus canciones.

Era entendible: las letras que cantaban tenían, en algunos casos, veinticinco años. Él, con más de cincuenta, tenía que volver a sentir lo mismo que sentía con veintipocos. Volver a decir con convicción que el viernes estaba enamorado o que estaba perdido en un bosque, completamente solo.

Hasta que de pronto algo cambió. Una extraña conexión y todo volvió a ser como antes. O no. Pero era una mirada atenta, cariñosa sobre ese pasado.

O al menos es lo que pensé en ese momento.

Me acuerdo ahora de esto porque lo normal es que desde el momento en que empezamos un guión hasta que lleguemos a rodarlo pase mucho tiempo. Suelen ser varios años. Pueden ser dos (en un plan optimista) o cuatro. Inclusive, algunos más.

Por eso (si aceptamos que nosotros cambiamos y que todo cambia en el mundo, excepto en los malos guiones), siempre nos vamos a encontrar dirigiendo guiones de otras personas.

Y creo que es lo mejor que nos puede pasar.

A la hora de dirigir nuestros guiones no está mal volver a recordar entonces (una vez más) a Robert Smith. Volver a entender siempre quiénes éramos nosotros hace algún tiempo, acercarnos con cariño a quienes fuimos y tratar de entendernos una vez más: cuando los pelos parados nos quedaban mucho mejor.

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Metáforas deportivas

El costumbrismo porteño incorpora siempre alguna metáfora futbolera en el lenguaje cotidiano. “Te quedaste en offside”, “Te están dando un baile” se pueden incorporar para referirse a una discusión absolutamente extradeportiva.

Debo aclarar que detesto las metáforas deportivas.

Pero como siempre es más fuerte mi reacción de acabar haciendo aquellas cosas que critico, voy a usar una.

Voy a hablar del cine y la natación. (Insisto: estoy durmiendo poco).

Escribir es como nadar en una piscina. Estamos solos. Todo depende de nosotros. De nuestra fuerza, de nuestra resistencia por seguir adelante. No hay viento, no hay olas, no hay imprevistos. Nadie más nos obliga a llegar hasta el borde. Y una vez que llegamos, hay que volver a girar. Y así, una y otra vez. Brazada a brazada. O página a página.

Por eso creo que lo más importante para poder escribir es la resistencia. La capacidad de estar día tras día avanzando solos por un mismo carril. Con todas nuestras debilidades. Sin otro premio que el de la página terminada. Para pasar a la siguiente y volver a seguir. Como Sísifo…

Dirigir, en cambio, es como nadar en el mar. A veces vamos a favor de la corriente, otras en contra. A veces con sol, otras con lluvia. A veces, inclusive estamos a puntos de ahogarnos. Y de lo que se trata es de usar todo eso a nuestro favor para seguir adelante. Las horas de luz, el clima, el presupuesto, los imprevistos. Todos esos “accidentes” son la película.

Pero ya no es nuestra resistencia lo que nos mantiene a flote: porque afortunadamente ya no estamos solos. Y eso es algo mágico: de estar solo en casa escribiendo, pasas a estar rodeado de gente que lo da todo para que esa película que soñaste sea inclusive mejor de lo que pensabas. Esa es la sensación que tuve durante cada minuto de las tres semanas de rodaje en Madrid.

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Soledad y compañía

Disfruto mucho de la soledad de la escritura. De no salir a la calle hasta las 7 de la tarde. De no hablar con nadie en todo el día.

Pero los guionistas no somos escritores. Nuestro trabajo consiste crear en soledad un material que se va a transformar en algo nuevo gracias a la colaboración (comunión, en algunos casos) de un equipo de gente (Y podría insistir una vez más en la metáfora de Carriere de la oruga y la mariposa.) Vivimos siempre en ese equilibrio constante entre la soledad y la compañía. Entre el individuo y el grupo. Y por eso es fundamental esa conexión. Puede ser dirigiendo nuestros guiones, visitando los rodajes en los que los ruedan o simplemente compartiendo (discutiendo) nuestra escritura con otros amigos.

Acabo de terminar las tres semanas de rodaje en Madrid: la “ficción”. Al día siguiente  estuve en París: rodando un día. Al día siguiente salí para Argentina, dónde estoy ahora: para preparar tres semanas y rodar otras tres semanas más aquí: la “realidad”.

Y ya estoy sufriendo por el momento en que se termine.

Uno tiene la sensación de que podría seguir así eternamente. Rodeado por un equipo increíble. Por actores que hacen que eso que escribiste solo en tu casa tenga vida, emoción y un sentido. Por la adrenalina del tiempo que se nos viene encima. Por las nubes que tapan el sol en el momento justo y dan un brillo inolvidable a la sonrisa de la actriz. Por la magia del tiempo que queda atrapado en cada secuencia.

Pero después habrá que volver a la soledad. A escribir nuevamente.

Escribir y dirigir. Soledad y compañía: como Edward Norton en Fight Club.


PREMIOS GOYA: RANDOM THOUGHTS

4 marzo, 2010

por Pianista en un Burdel.

He dejado pasar un tiempecito antes de meterme con los Goya, para que no me apedreen. O mejor dicho, para que me apedreen lo justo, tampoco nos pasemos de optimistas. Por cierto, si quieren volver a ver la gala, la tienen en rtve.es, en dos partes: una y dos. No es el mejor reproductor streaming del mundo, pero qué le vamos a hacer.

Empezaré aclarando que estoy de acuerdo con la mayor parte de los premios principales. Y añadiré que, en general, la gala me pareció bastante digna. Para ser los Goya, se entiende. Buenafuente estuvo en su sitio. Aunque tampoco lo tenía difícil: con no gritar “¡melones llevo, señora!” ya quedaba por encima de Corbacho y Machi.

Mucha gente dice que fue la mejor gala en muchos años. Juraría que es lo mismo que se decía de la segunda gala de Corbacho. También se dijo de la de Wyoming, de la Segura, de la de Sardá… Quizá es simplemente algo que se dice cada dos o tres galas. Pasa igual con Woody Allen. Y con Clint Eastwood. Y con los capítulos de LOST. No tiene mayor importancia. La memoria es así.

Estuvo bien, para variar, que ganase una buena película con buen resultado en taquilla. No era la mejor de las cuatro, pero tampoco pidamos peras al olmo. Después de haber premiado cosas ignotas como Camino, La Soledad y La Vida Secreta de las Palabras, no me hubiera extrañado que le dieran el Goya a Mejor Película al corto de Mateo Gil.

Por cierto: llevar a Almodóvar tuvo su mérito, pero llevar a Mateo Gil ya habría sido la hostia: tiene ganados cuatro Goyas y no ha ido a recoger ninguno.

Los mejores agradecimientos fueron los de Marta Etura y Luis Tosar. No es casualidad que sean también dos de los mejores actores que hay en España. Etura empezó mal, diciendo que no se lo esperaba. Alerta tópico. Pero le temblaba la voz de verdad, y eso no tiene precio. Fue de los discursos más emotivos, sin por ello caer en el ridículo. En cuanto a Tosar, qué decir. se acordó del guión. ¡Se acordó hasta del novelista! Y reconoció que “todo el mundo sabe que los actores hacemos trabajos buenos cuando tenemos buenos personajes”. En realidad, no todo el mundo lo sabe, pero no por ello deja de ser una gran verdad. Dos grandes.

El discurso del presidente fue una mierda. No por el contenido (que también). Por definición. La solemnidad institucional de pacotilla no debería tener cabida en una gala. Si Álex de la Iglesia no puede, o no quiere, ahorrarnos el momento más bodrio de la noche, al menos que no lo prologue con un tirón de orejas a los premiados por “alargarse”. Literalmente dijo:

“Vamos a olvidar a los padres y a las madres

y vamos directamente al tema.”

(No aclaró cuál es el tema.)

Lo de “hay que ser humildes” fue todo un hallazgo. Lástima que a la segunda mitad del discurso le ocurriese lo que a la segunda mitad de casi todas sus películas: se fue por las ramas. Minuto 4.04 del vídeo:

“Este semestre mismo, el Gobierno ha asumido la Presidencia de la Unión Europea. Es una oportunidad única para reafirmar nuestro compromiso con Europa. El cine es, precisamente, uno de sus mayores y mejores altavoces. Por favor, utilícenlo. Estamos a su disposición”.

El análisis de texto de ese párrafo, probablemente el más desafortunado que un Presidente de la Academia haya pronunciado jamás en una gala de los Goya (y ya es decir), daría para varios posts. Pero no quiero extenderme. Sólo unas pocas cuestiones:

  • ¿En qué consiste esa oportunidad única?
  • ¿Cuál es nuestro compromiso con Europa? De hecho, ¿a quién se refiere esa primera persona del plural: a los cineastas españoles, a todos los españoles, a todos los europeos…?
  • ¿Cómo se reafirma ese compromiso? ¿Por qué durante este semestre la oportunidad de reafirmarlo es significativamente mejor que en otros semestres?
  • “El cine es uno de sus mayores y mejores altavoces”. ¿Altavoz de quién? ¿De Europa? ¿De nuestro compromiso con Europa? Hostias, no… ¿DEL GOBIERNO? Dígame que no, Presidente. Por cierto, ¿los otros altavoces cuáles son?
  • “Utilícenlo”. El cambio a la segunda persona es aterrador. ¿Con quién habla? ¿Con Europa? ¿Con el Gobierno? ¿Qué es lo que deben utilizar? ¿El semestre? Hostias, no… ¿EL CINE? Espera un momento: ¿Álex de la Iglesia está diciéndole al Gobierno que UTILICE EL CINE? ¿Que estamos a su disposición?

Ser humildes está bien, Presidente. Pero no olvide que debería usted representar a toda la profesión con su discurso. Y dudo mucho que ni la cuarta parte de la profesión sienta que está a disposición del Gobierno.

Fui una de las pocas personas EN EL MUNDO que entendió el comentario de Buenafuente a Amenábar (minuto 9.04 del vídeo):

“Estás un poco amarillo, por cierto”.

Buenafuente acababa de hacer un chiste sobre Ágora: “antes de verla, yo creía que Hipatia era como una enfermedad, ¿sabes?”. Yo no he tenido en las manos el guión de los Goya, pero me apuesto un brazo a que ahí venía algo del tipo “y el caso es que estás un poco amarillo. No tendrás hipatia.” Sólo que, con los nervios del directo, Buenafuente se olvidó de esa línea, y pasó directamente al cierre amable: “buenísima película, de verdad”.

Podía haberlo dejado ahí y no pasaba nada, pero pasa mucho que, cuando la gala está arrancando, el presentador está muy pendiente del guión, de hacerlo todo según lo previsto. Por eso, cuando ya iba a pasar al siguiente chiste, se acordó de repente del chiste, e hizo lo que nunca jamás hay que hacer en directo: rebobinar, volver atrás en el guión. Por eso soltó lo de “estás un poco amarillo, por cierto”. Y no funcionó, claro.

El siguiente chiste -“¡Tenemos aquí a Carlos Bardem y Mónica Cruz! Ah, no, que son los hermanos”- fue lo más brillante de todo el guión.

Nota para los guionistas de próximas galas: sólo puede haber un gracioso por noche. Y es el presentador. Una gala de entrega de premios es emotiva por naturaleza. El presentador está ahí para dar el contrapunto simpático y ligero. Pretender que los que entregan premios sean simpáticos y ligeros es tan absurdo como obligar al presentador a mostrarse serio y envarado. Esto funciona así: el conductor hace un chiste o dos (no más), y da paso a una o dos personas muy guapas y muy famosas que dicen siempre lo mismo:

“Buenas noches. Los nominados a [tal, tal, tal] son”, y luego dice “Y el Goya es para [Zutanito]”

Sale Zutanito, tiene su minuto de gloria, y vuelta a empezar el ciclo. No hay vuelta de hoja. Fácil, eficaz, testado. Funciona. Y además no se hace largo. Pero escribirle un chiste a Paz Vega es un suicidio profesional. No sé si os obligaron, pero aun así.

Hace unos años se llegó a la conclusión de que los números musicales, que en los Oscars quedan tan bien, en los Goya iban a apestar siempre. Y dejaron de hacerlos. Bien. A ver si para el próximo año se dan cuenta de que pasa lo mismo con los sketches en vídeo. Casi todos son una mierda pinchada en un palo. Incluso los que son medio buenos, quedan como un pegote raruno. Y de eso no se salvan ni los de Muchachada Nuí.

Alguien debería explicarle al realizador que no es buena idea proyectar dentro de la sala, en una pantalla descomunal, la salida de programa. La función de la pantalla de sala es que los invitados de las filas más alejadas puedan ver las caras de los presentadores y premiados. En esa pantalla sólo deberían pincharse las cámaras que enfocan el escenario con teleobjetivo. Si pinchas la salida de programa, cada vez que encuadres a alguien del público, se verá a sí mismo en la pantalla y reaccionará como un palurdo. Por eso durante la gala veíamos a tanto invitado mirar de reojo fuera de cuadro, como buscando al apuntador.

Álex de la Iglesia dijo “vamos a olvidar a los padres y a las madres”. Pero yo estuve toda la noche acordándome del padre del que hacía la locución. Daniel Castro defendía el lunes pasado la voz en off. Yo también. Menos la de los Goya. La de los Goya debería usarse en las escuelas de cine como ejemplo de lo que no hay que hacer. O mejor, debería usarse como castigo.

No hubo publicidad, pero la gala pasó de las dos horas y media. ¿Porque los premiados se alargaron? No. Es muy fácil coger el reloj y cronometrar los agradecimientos. Si lo hacen, comprobarán que el más largo de todos dura bastante menos que el discursito de los cojones. O que la aparición de Pedro Almodóvar, que se suponía que venía a entregar un premio, y se tiró 4 minutazos ahí arriba. Si quieren una gala ágil: líbrense del discurso, de las gracietas de parvulario, y de los sketches.

Y de Paz Vega.


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