10 ERRORES FRECUENTES DE LOS ESTUDIANTES DE GUIÓN (I)

11 enero, 2016

por Sergio Barrejón.

Dar clases de guión no es particularmente lucrativo. La docencia quita tiempo y energía que uno podría emplear en trabajos mejor pagados, o en escribir esos proyectos personales que siempre está uno postergando. O mejor: en pasar más tiempo con la familia y amigos.

En 2014, analizando el guión "Repite conmigo, loro" en el Máster de Guón de Salamanca. Foto: Juan Medina.

En 2014, analizando el guión “Repite conmigo, loro” en el Máster de Salamanca. Foto: ©Jean Cité.

Pero dar clase es rentable, de una manera distinta a la económica. No quiero caer en el cliché según el cual “el profesor aprende más que los alumnos” (menudo fraude). Pero lo cierto es que uno se renueva como profesional. Cuando uno es un guionista “consagrado” (sea lo que sea eso) corre el riesgo de anquilosarse, de refugiarse en la zona de confort. Estar en contacto con jóvenes aspirantes obliga a repensar las técnicas, los arquetipos, los clásicos. Le recuerda a uno que escribir consiste en mejorar. Y es que cuando crees que eres bueno, es porque ya estás viejo. Enseñar rejuvenece. Te enseña a replantearte todo. A mirar los textos con ojo crítico. A seguir exprimiendo el limón, porque siempre hay una forma de apretar más fuerte y sacar otra gota de zumo de un limón que parecía seco.

Normalmente mi temporada de clases termina con el año. Y en enero siempre me vienen flashbacks de las clases que he dado. De las cosas que yo he aprendido (y que espero haber transmitido a mis alumnos). Juntando algunos de los flashbacks de este enero, me ha salido este decálogo de errores comunes de los estudiantes de guión:

1. Pensar que no tienen contactos. De hecho, quizá el error sería pensar demasiado en los malditos contactos y demasiado poco en lo verdaderamente importante, que es escribir más y mejor. Pero la cuestión es que la mayor parte de los estudiantes de guión, por definición, ya tienen “contactos”: sus profesores. Muchos, pero muchos profesionales de guión muy reputados, estarán encantados de echarles una mano a sus ex alumnos si preguntan con sentido común, con educación y con respeto. Naturalmente, si la pregunta es: “¿Cómo hago para conseguir trabajo de guionista?” vamos mal. ¿Le preguntarías a un hombre casado “cómo hago para encontrar esposa”? Pues eso.

2. Pensar que los estudios les dan más posibilidades de trabajar. Muchos estudiantes de guión piensan que, al poco de terminar su máster o su curso, alguien les hará llegar una de esas míticas PRUEBAS DE GUIÓN, mediante la cual demostrarán su TALENTO y verán abrirse ante ellos LAS PUERTAS DE LA INDUSTRIA. En realidad, a nada que uno lo piense, no hay ningún motivo lógico por el cual el productor ejecutivo de una serie esté dispuesto a contratar para una serie a jóvenes recién salidos de la escuela, sin ninguna experiencia, y cuya actividad literaria se limita a esperar que alguien les haga llegar una prueba. No funciona así. Uno sólo se acredita como escritor… bueno, escribiendo.

Por un lado, es casi imposible (¿Imposible del todo? No, pero CASI) que un chico de veintipocos haga una prueba brillante para una serie si antes no ha escrito unos cuantos cientos de páginas. Un largo, unos cuantos cortos, una obra de teatro, un proyecto de serie, un piloto…

Por otro lado, hacer una prueba brillante no garantiza que uno tenga los recursos para alimentar la exigente máquina de una serie semanal (ni hablemos ya de una diaria) durante meses, manteniendo un buen nivel y sin acabar en un psiquiátrico. Molaría mucho que así fuera, pero en la vida real las cosas no suelen ser así. (¿Acaso nunca ocurre así? Alguna vez, pero CASI nunca). En la vida real, uno puede haber entrenado con el mismísimo Yoda, pero si se enfrenta a Darth Vader demasiado pronto, lo más probable es que le corte una mano. Y en la vida real no te implantan una mano biónica al final.

3. Pensar que tienen vidas infinitas. El ambiente controlado y seguro de una escuela o facultad de guión es engañoso. Uno piensa que entregar un guión sin terminar, o lleno de erratas, o de incoherencias, o peor aún, FUERA DE PLAZO (insertar sonido de trueno y chillido de horror) no va a tener consecuencias, porque al fin y al cabo sólo están estudiando (léase PAGANDO) y “tienen derecho a equivocarse”. Esto es un error gravísimo. En primer lugar, nadie tiene derecho a equivocarse nunca, en ninguna circunstancia de la vida. Lo que ocurre es que todos nos equivocamos, y lo lógico es ser más o menos tolerante con los errores ajenos, especialmente con los errores de la gente que está empezando. Pero de ahí a pensar que tienes DERECHO a equivocarte va un abismo. Ni siquiera los alumnos más aventajados y los que aciertan siempre tienen DERECHO a llegar a trabajar de guionista. El mercado audiovisual es una jungla (como cualquier mercado laboral de cualquier ámbito, excepto el de los Registradores de la Propiedad y los Notarios, donde los méritos no cuentan, y personas apellidadas Rajoy Brey pueden medrar sin problema).

Lo cierto es que los errores que cometes en la escuela también te pueden pasar factura. Recuerda que tus profesores y tus compañeros son tus primeros “contactos”. ¿Quieres quedar como un vago delante de tus primeros contactos? No es buena idea. Tus tareas de clase deben estar tan bien trabajadas, tan bien formateadas y tan bien presentadas como si fueran encargos profesionales pagados en oro puro. Nunca es demasiado pronto para adoptar una actitud profesional. En el caso de que algún día yo tenga que recomendar a un guionista joven, es poco probable que elija al que en mis clases presentaba sus guiones tarde, sin portada, con erratas y escritos en Word con Comic Sans.

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4. Juzgar a sus profesores por sus créditos profesionales. El hecho de estar PAGANDO para aprender guión enturbia, en cierto modo, todo el proceso. Me explico: el objetivo final es que uno COBRE por escribir. Por tanto, parece ilógico empezar pagando por hacerlo. Y algunas personas, por su carácter sólo saben lidiar con esa falta de lógica adoptando una postura cínica ante el proceso: “qué me va a contar a mí de escribir guiones un dialoguista de Amar es para siempre“.

Un sano escepticismo hacia las presuntas capacidades del profesor siempre está bien. Le protege a uno de caer en el sectarismo de algunos gurús del guión. Pero no confundamos sano escepticismo con autodesprecio. Porque seguir acudiendo a unas clases que consideras una mierda no es más que una forma de autocastigo. Si eres tan bueno, los profesores tan malos y las clases tan caras, ¿qué haces ahí? Coge todo ese dinero que estás pagando e inviértelo en producir tu propia película low budget (que no “low cost”, no seamos horteras).

5. No creer en sus personajes ni en sus historias. Éste quizá es el peor error. Y tiene mucho que ver con el punto anterior. Cuando uno empieza a profundizar en el proceso de la escritura, se da cuenta de que es condenadamente difícil hacer esto bien. Y no hablo sólo de la técnica. Es que, apenas uno se pone en serio a escribir, se da cuenta de que la única manera de no escribir una basura banal es PROFUNDIZAR en la historia. Y profundizar en la historia duele. Porque consiste en poner algo PROPIO en el texto. Hay que dejar un trocito de la propia piel en cada página. Hay que vomitar. Hay que desnudarse. Hay que sacar a la luz cosas que la gente normal no va por ahí enseñando. Y eso DA MIEDO.

Para paliar la falta de autenticidad y de profundidad, muchos estudiantes recurren a EFECTOS: chistecitos de segunda; referencias culturales que no son más que una desesperada búsqueda de complicidad en la cobardía; giros impactantes por inesperados… pero que no afectan a la vida del protagonista, igual que el guionista quisiera no ver alterada su vida por la historia (cosa que es necesaria para que la historia valga algo); diálogos altisonantes o súper irónicos para demostrar que ellos, aunque cobardes, son inteligentes.

Como no conviene que los flashbacks se alarguen demasiado, voy a dejar este post aquí, y la semana que viene hablaré de otros cinco errores comunes. (Ver post: 10 errores comunes de los estudiantes de guión – II)

Mientras tanto, no olvidéis que ya hemos empezado a publicar LA SEPARATA, nuestra newsletter. Haz clic en la imagen para suscribirte y recibir noticias, convocatorias de guión y materiales exclusivos. Esta semana, por ejemplo, nuestros suscriptores han recibido el guión de Negociador en un PDF descargable.

LA SEPARATA: la newsletter de Bloguionistas

 


GUIONISTAS QUE SON NOTICIA, PELÍCULAS QUE HAY QUE VER Y OTROS ENLACES PARA EL FIN DE SEMANA

19 junio, 2015

Por Alberto Pérez Castaños. 

1. El primer enlace de esta semana es una recomendación. ‘Todos tus secretos’, el primer largometraje del Manuel Bartual, ya está disponible en todas las plataformas online. Es una de las películas más interesantes de los últimos años –tanto que hemos entrevistado a su responsable hasta en dos ocasiones en este blog– y merece la pena verla. En este artículo de Cinemanía podéis encontrar, además de dónde disfrutarla, un fragmento de cómo se hizo la película.

2. Guillermo Zapata no es el único guionista que ha sido noticia esta semana. El bloguionista Carlos López también lo ha sido, y sin tener que dimitir de ningún cargo público. Todo lo contrario. Gracias a Fórmula TV hemos podido saber que Carlos es el nuevo fichaje de Bambú para su serie ‘La Embajada’.

3. Sin embargo, uno al que se le echa de menos por no tener muchas noticias suyas últimamente es a Enrique Urbizu. Mientras esperamos que su próximo proyecto no se retrase mucho más podemos revisionar sus películas o ver cómo explica las claves del género policiaco.

4. Y de un maestro a otro. Martin Scorsese tiene una lista de 85 películas que hay que ver.

5. Así que, hablando de Scorsese, el guión de esta semana va a ser una película suya. ¿Qué tal ‘El lobo de Wall Street’, escrita por Terence Winter?

6. Por cierto, el Máster de Guión de la Universidad Pontificia de Salamanca, en el que algunos bloguionistas imparten sabiduría y mano dura, ha vuelto a ser considerado como el mejor máster dentro de la categoría de Comunicación Audivisual en el ránking anual de El Mundo.

7. Cuando era un adolescente obsesionado con la comedia, Judd Apatow se dedicaba a entrevistar a sus cómicos favoritos en un programa de radio para aprender de ellos. Y ahora que es un director, guionista y productor de éxito todavía obsesionado con la comedia ha decidido recopilar esas entrevistas en su libro ‘Sick in the Head’. En este enlace podéis leer una entrevista en la que habla sobre esas conversaciones y la importancia que tuvieron para él.

¡Buen fin de semana!


FIRMAS INVITADAS: LOS GUIONISTAS DEL FUTURO / 16

14 julio, 2014

Continuamos con la serie de artículos escritos por los alumnos del Máster de Guión de la Universidad Pontificia de Salamanca, donde varios de los autores de este blog colaboramos como profesores.

JÓVENES CREADORES QUE ASOMAN LA CABECILLA

Por Rakesh Bhagwan y Luis Jaraquemada.

Jóvenes creadores, jóvenes realizadores, jóvenes… ¿Jóvenes? Debemos reconocer que los autores de este post no somos ya tan jóvenes, pero sí nos consideramos nuevos creadores, incluso antes de entrar en el Máster de Guión de la UPSA, por un simple hecho, objetivo y demostrable: habíamos desarrollado proyectos que se habían llevado a cabo. En el caso de Luis, en el ámbito de la dramaturgia y por parte de Rakesh dentro de la realización audiovisual.

Esta experiencia a.M. (antes del Máster) , siendo de ayuda, se convertía también en una desventaja. El aferrarse a formas de trabajo propias, el no escuchar, el no dejarse aconsejar pueden ser un serio handicap. Pronto nos dimos cuenta de todo lo que teníamos que aprender, y de la necesidad de reciclarse y dejarse llevar. Cura de humildad necesaria, porque uno puede haber escrito y realizado cosas con mayor o menor éxito. Pero durante las clases uno llega a ser consciente de algo que no siempre se encuentra de manera innata en un aspirante a guionista, y que es necesario ejercitar: el sentido común narrativo, como nos cuenta una de las profesionales que nos han visitado, Ana Sanz, en su libro Cuéntalo bien.

Descubrimos, especialmente gracias a los talleres, la necesidad de equilibrio entre amor y distancia con lo que se escribe. Antes de estos talleres, nuestra relación con lo escrito era mucho más afectiva. El guión pre-máster es más intuitivo y basado en ideas recurrentes, mientras que los trabajos post-máster, sin perder su naturaleza fabuladora, sumergen sus raíces en la estructura y en la re-escritura.

En este proceso de cambio de nuestro “yo escritor” hemos ido de la mano de los talleristas antes nombrados. De sus clases se pueden extraer muchas enseñanzas pero sobre todo hay tres conceptos básicos conectados con las tres partes de toda historia: David Muñoz nos ha enseñado a diseñar la estructura de una película desde el sentido común y la verosimilitud (planteamiento); las palabras de Pablo Remón “el guión no se escribe, se forja” (desarrollo) vienen a nuestras cabecitas de guionistas cada vez que nos involucramos en el proceso de re-escritura. Y nunca olvidaremos la pregunta retórica de Sergio Barrejón el último día de su taller de cortometraje, pregunta que debe hacerse todo guionista al acabar un texto: “¿Es esto lo mejor que puedo dar de mí?” (¿desenlace?).

Pero no sólo de talleristas vive el máster, y hay otros grandes momentos para el recuerdo. El director y guionista Luis María Ferrández nos contó en la clase inaugural que lo que le motivaba a ser guionista es que su trabajo perdura en el tiempo. Y eso nos hace preguntarnos: ¿qué perdura en el público de los guiones de las películas? Pues posiblemente sean algunas diálogos tipo “Siempre nos quedará París” o “Afortunadamente estoy siguiendo un régimen de drogas bastante estricto para mantener la mente…, ya sabes… ágil.” En otras ocasiones el público puede recordar algunas imágenes: la pisada de un Tyrannosaurus Rex junto a la vibración de un vaso de agua, un chico con manos de tijera que moldea un arbusto con la forma de un alce, un patinete volador rosa que se mantiene a flote en un futuro lejano… Al igual que estas imágenes ya imborrables en la memoria de los espectadores, hay algunas perlas a modo de frases que se nos han quedado ya impresas y que precisamente se escucharon en los “días especiales”, en las clases magistrales de diferentes personalidades del cine español, y que estarán presente en nuestros procesos de escritura futuros:

“Yo busco en montaje la mejor película que tiene el director y el productor en su cabeza” – Fernando Franco

“El montaje es la culminación del guión” – Jorge Guerricaechevarría.

“Reescribir, reescribir y reescribir” – tres palabras con las que se despidió Enrique Urbizu.

Reescribir. Porque el Máster lo que te enseña es a no conformarte con el trabajo hecho, hay que ponerlo a prueba, desnudarlo… Ya que, aparte de apasionarnos, esto es un oficio. Escribir guiones es una profesión maravillosa, es una aventura intelectual e imaginativa, que requiere mucho del que lo realiza, pero es exactamente eso: una profesión.

Cada año aparecen estudiantes de cine, y también de otras disciplinas, que anhelan acceder al mundo profesional, desean hacer de su pasión una profesión, tal y como queremos hacer nosotros. Este mundo, el audiovisual, se presenta de difícil acceso a priori. Aunque una cosa es segura: todo el que trabaja en este mundillo está motorizado por su pasión al cine. Esta pasión es el Leit-motiv que una y otra vez descubrimos en cada uno de los encuentros con profesionales que tenemos en el Máster. Fernando Trueba decía que los que queremos formar parte de este mundillo tenemos un contrato con el cine y con nadie más.

Estamos de acuerdo. ¿Dónde hay que firmar?

“¿Cómo acceder al mundillo?” es la eterna pregunta. Parece que realizar un corto y que éste empiece a ganar premios en festivales sigue siendo la manera de “asomar la cabecilla”. Así lo hizo Roberto Pérez Toledo con “Los Gritones”, Álex Pastor con “La Ruta Natural”, Nacho Vigalondo con “7:35 de la mañana” o Rodrigo Cortés con “15 días”. Pero, ¿cuántos consiguen destacar de esta manera? Una o dos personas al año… Ni idea, pero pocos. La ventaja del máster es que hemos tenido la oportunidad de conocer a varios realizadores y guionistas que ya están en este mundillo, que forman parte de él y que, si nos llega el momento y asomamos la cabeza al menos al otro lado habrá alguien conocido.

Otra de las preguntas que se nos viene a la cabeza es: ¿Quién se considera profesional del mundo del guión? ¿El que trabaja de ello aunque sea de becario? ¿El que cobra por ello? ¿El que escribe un guión y consigue que una productora se lo compre?

Después de varios encuentros con los profesionales del entorno audiovisual español nos hemos dado cuenta de que lo que determina si uno es profesional o no, es una cuestión de números pero no precisamente económicos. Muchos de estos profesionales nos han transmitido que tienen varios proyectos en marcha, si no sale uno hay otro que ofrecer. Sería triste que en un pitch rápido con un productor en la barra de un bar te preguntara en qué andas metido y solo tuvieras una idea que contarle. David Muñoz nos decía algo que parece una perogrullada que a veces se nos olvida: “un guionista no es el que tiene un título, o un grado, un guionista es el que escribe guiones”.

¿Cómo se traduce este concepto de profesionalidad al alumno de Máster de Guión? Si te piden una escena, haz cuatro y elige la mejor.

Llegamos al final de este post y nos viene a la cabeza otra gran frase, esta vez de Robert Mckee; una frase que dice en la película “Adaptation, el ladrón de orquídeas”: “El final hace la película”.

Dudamos por no decir que estamos sudando abrumados por la importancia de los finales. Estamos punto de darle al botón de publicar. Quizás podríamos darle una vuelta a la estructura, conectar mejor los párrafos o volver a escribir otros post y elegir el mejor de los dos. ¿Serán eso algunos síntomas de que estamos asomando la cabecilla? No lo sabemos, pero por si acaso vamos a volver a reescribirlo.


LA OTRA POMADA

1 julio, 2014

por Alberto Pérez Castaños.

Dos de mis post favoritos de Bloguionistas, como guionista joven y novato que soy, son estos: LA POMADA, de Chico Santamano, y CÓMO ENTRAR EN LA POMADA, de Sergio Barrejón. Las razones por las que me gustan son diversas: por una parte, “POMADA” me resulta una palabra graciosísima que no decimos lo suficiente. Y por otra, porque creo que contienen los mejores consejos que se le pueden dar a un guionista que está empezando.

Hace ya más de un año que tomé una de las decisiones más acertadas de mi vida: decidí ir a Salamanca a estudiar guión al Máster de la UPSA. Ya se ha dicho muchas veces por aquí que es el mejor lugar para estudiar la materia en España. Y no lo digo sólo yo, los Bloguionistas que dan clase allí y los alumnos que están publicando recientemente sus experiencias, también lo dice el periódico El Mundo. Parece que me paguen por decir esto, ¿eh? Pero no. De hecho, Pedro, Michi, si estáis leyendo esto: tenéis mi número de cuenta.

Sin embargo, creo que lo mejor del Máster de Salamanca es que es lo más parecido a la antes nombrada POMADA (nótese que hay que escribirla siempre en mayúsculas para lograr el efecto adecuado) que te vas a encontrar mientras te formas como guionista. Gracias a mi año allí conocí a la POMADA de la que habla Barrejón en su post y también a mi POMADA, la de creación propia de la que habla Chico en el suyo.

Porque, ¿para qué sirve un guionista joven?, ¿dónde se esconden?, ¿a qué huelen? Todas estas preguntas tienen la misma respuesta: ¿a quién le importa? Sí, querido amigo guionista novato, como principiante que eres no le importas absolutamente a nadie. Ser guionista joven es duro: cuando te quejas, no hay nadie para escucharte. Por eso creo que lo mejor que puede hacer alguien que está empezando es montar su propia POMADA. Voy a hablaros de la mía:

Somos cuatro (como los Beatles); somos dos alicantinos, un valenciano y un ovetense (también como los Beatles); y tenemos en común el amor por la guasa y el uso constante de referencias aleatorias a los Beatles. También escribimos cosas juntos y vivimos en Madrid. Nuestros nombres: Sergio Granda, Héctor Beltrán, Vicente Bendicho y quien esto escribe. Algunos ya nos conocen como “Ya vienen esos cuatro pesados otra vez, corre, vámonos de aquí antes de que nos vean”.

Teniendo una POMADA, las preguntas que he formulado antes cambian de respuesta: ¿Para qué sirve un guionista joven? Para hacer COSAS. Muchas y variadas. ¿Dónde se esconden? En los rincones peor iluminados de Madrid. ¿A qué huelen? A pechuga de pollo y a Ron Almirante.

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Los Beatles bebiendo Ron Almirante

Personalmente, creo que la mejor manera de no venirte abajo mientras empiezas en el mundo del guión es creando tu propia POMADA. De hecho, si yo no tuviese una POMADA probablemente seguiría viviendo en Madrid, pero ahora sería el tercer heavy de la Gran Vía. Porque, con una POMADA puedes levantar proyectos que de otra manera no podrías. Y gracias a estos proyectos que, a lo mejor no llegan a ningún sitio, habrás conseguido lo que realmente importa: sentirte guionista y aprender a trabajar.

Con una POMADA puedes hacer locuras. Nosotros, por ejemplo, aprovechando que Vicent y Héctor hicieron unas prácticas en la productora La Competencia el año pasado gracias al Máster, escribimos un programa de sketches, nos colamos en el despacho del jefe y lo presentamos. ¿Nos lo compraron? Por supuesto que no. Recuerda que no le importamos a nadie. Pero al menos nos juntamos en agosto durante una semana en un piso en San Sebastián de los Reyes a escribir semidesnudos (insisto: agosto), nos reímos mucho y, de paso hicimos nuestro primer pitch ante un productor. Sin una POMADA no lo hubiésemos hecho. Es más, le cogimos el gustillo y volvimos a hacer otro hace unas semanas: fue ante los productores que formaban el jurado del premio Zona Pitching del Notodofilmfest. Nuestro pitch no ganó, pero quedamos muy satisfechos porque al llegar a casa seguíamos teniendo los calzoncillos limpios. Y porque seguimos aprendiendo. Ojo, que, afortunadamente, de vez en cuando algunos proyectos sí llegan a buen puerto y gracias a ellos podemos seguir permitiéndonos comprar pechugas de pollo y Ron Almirante en Madrid, donde, según Chico Santamano, hay que estar. Nosotros estamos de acuerdo.

Además de escribir cosas en calzoncillos también nos gusta conocer gente que, como nosotros, está empezando. Así que, si os apetece, podéis pasaros a tomaros una cerveza con nosotros los martes de este mes por el Microteatro de Madrid, en el que se estarán representando unas obras nuestras gracias al proyecto Microfusión en el que ha participado el Sindicato ALMA. Id con tiempo porque, ya sabéis, los martes de julio aquello está a rebosar. Nos reconoceréis porque al vernos dan ganas de abrazarnos con ternura.

En resumen, con todo esto lo que quiero decir es que sí, que la cosa está fatal, que vender un guión es prácticamente imposible, que en tele no hay trabajo y que es muy, pero que muy fácil desanimarse para un recién llegado al mundillo. Sin embargo, todas estas adversidades pueden serlo menos si trabajas en grupo y encuentras tus propias oportunidades; hay vida después de los másters de guión, pero hay que buscarla por cuenta propia. Y la mejor manera de empezar es siguiendo los consejos que Chico Santamano y Sergio Barrejón dan en esos dos textos. Ellos saben de qué hablan porque son de la POMADA. Nosotros los hemos seguido, de momento seguimos vivos y, lo más importante, con más ganas que nunca. Como los Beatles.


FIRMAS INVITADAS: LOS GUIONISTAS DEL FUTURO / 12

15 mayo, 2014

La semana pasada retomamos, y hoy continuamos, una serie de artículos escritos por los alumnos del Máster de Guión de la Universidad Pontificia de Salamanca, donde varios de los autores de este blog colaboramos como profesores.

LA EXPERIENCIA DE PRÁCTICAS DURANTE EL CURSO

Nos presentamos en Bloguionistas Beatriz Arias y Carlos Crespo. Dos estudiantes del Máster de Guión de Ficción de la UPSA, enfrentados a una página en blanco que no sabemos muy bien cómo empezar a llenar. El objetivo es hablar de nuestra experiencia como becarios en la productora La Competencia: contar un poco acerca de nuestro encuentro con el mundo real de los guionistas y explicar cómo se vive todo eso siendo todavía estudiantes del máster. O sea, que tenemos tanto que contar que no sabemos bien por dónde atacar el asunto.

CARLOS: En un día ventoso de finales de enero, dos atractivos estudiantes de guion salen del metro en Alcobendas…

BEA: No te pases, que va a parecer esto el discurso de agradecimiento de Penélope Cruz en los Oscar.

C: Cierto… en fin. Podemos comenzar diciendo que nos reímos mucho en la productora.

B: Hombre, eso es verdad, pero igual no deberíamos empezar por ahí. Mejor hablar de lo que hacemos en un día normal, de cómo empezó todo… A ver, La Competencia contactó con el Máster para pedir dos personas que se pudiesen incorporar durante dos meses como becarios de guión para un nuevo programa de humor: ‘Ciento y la madre’.

C: Y tuvimos la suerte de ser elegidos. Y ahí va lo que decía yo del día ventoso y Alcobendas.

B: Qué nervios, ¿te acuerdas?

C: Sí, pero nos duraron poco, porque hemos dado con un equipazo increíble y desde el primer momento nos hemos sentido muy integrados. ¡Si en la primera reunión de guionistas el coordinador repartió la escaleta entre todos, incluidos nosotros!

B: Fue un lujazo. Y si Billy Wilder solía decir que en el cine “escribir es reescribir”, nosotros os aseguramos que esa frase se puede aplicar perfectamente a la tele…

Solemos tener una o dos reuniones de guión cada día en las que el coordinador reparte el trabajo de la jornada. También, dependiendo de lo que se necesite, ponemos en práctica las famosas brainstorming o lluvia de ideas. Hay que perder el miedo a equivocarse y confiar en que el equipo puede dar forma a ideas que en tu cabeza suenan absurdas. De hecho, a veces es necesario que sean absurdas.

Además, al tratarse de un programa nuevo, hemos podido formar parte del proceso de creación. Al igual que en una serie o película, los guionistas se enfrentan al papel en blanco diariamente y de ahí debe nacer un programa.

C: Después de este párrafo ilustrativo… ¿Hablamos ya de lo mucho que nos reímos?

B: Venga, vale.

C: Pues eso, que nos reímos un montón, ¿verdad?

B: Sí, el ambiente en la oficina es muy divertido y (haciendo honor a la temática del programa) no paran de gastar bromas. Descubrimos desde el primer día que cualquiera puede ser el siguiente.

C: Ya te digo… ¿Y cómo de útil crees que nos ha sido en La Competencia todo lo aprendido hasta el momento en el Máster?

B: Hombre, hasta ahora en el Máster hemos estado con el módulo de cine, pero hay cosas que nos han venido muy bien y son comunes: aprender a dialogar, a crear situaciones de comedia, personajes…

C: ¡La escaleta!

B: ¡Sin duda! La escaleta, nuestra amiga la escaleta. Sin ella estaríamos perdidos. Carlos, pregunta: ¿qué es lo que más te ha gustado de este mes que llevamos como becarios?

C: Yo creo que pensar las bromas y cosas graciosas para plató. Bea, pregunta: ¿qué es lo más importante que has aprendido?

B: Me quedaría con la importancia del trabajo en equipo para sacar adelante un formato como este. El ego queda olvidado. ¿Y tú?

C: Que la primera versión NUNCA es la buena y que no pasa nada porque no sea la buena, que eso es lo normal y así tiene que ser para que salga bien.

B: ¡Ah, y no hemos hablado del montaje! Nos ha tocado editar vídeos y ahí te das cuenta de que en edición también hay que tener muy en cuenta la narrativa, ¿verdad?

C: Totalmente, en la sala de montaje se puede reescribir casi cualquier vídeo, el resultado final ha cambiado un montón con respecto a los brutos.

B: Por eso también tiene que estar presente el guionista…

Consideramos muy importante que los futuros guionistas como nosotros no olviden que, además de cine y series, también somos necesarios en los programas. El guionista de entretenimiento tiene mucho rodaje y conoce la profesión tan bien como cualquier guionista de 7 vidas o Cuéntame.

Tendemos a pensar primero en ficción (es lógico que llame más la atención a un guionista primerizo), pero no es ni mucho menos el único mercado donde nos podemos mover. En televisión son necesarias todas las herramientas que nos ofrecen en el Máster.

C: Hablando del Máster, ¿tú cómo llevas compaginar esto de trabajar en Madrid con estudiar en Salamanca?

B: Es un poco locura con tanto viaje. Trabajamos en Madrid de lunes a jueves y los viernes hay que asistir al máster en Salamanca. Se nota que hay menos tiempo libre, pero merece mucho la pena. Así que se sacan las horas de donde haga falta.

C: Al final se puede con todo. Yo firmaba por seguir a tope aunque haya que quitarse otras cosas, desde luego. Cada día me doy cuenta de lo mucho que me gusta esta profesión.

B: Igualmente. Ha sido estupendo poder hacer esto mientras estudiamos y salir en junio del Máster con algo de experiencia. Eso sí, se me está pasando muy rápido…

C: ¿El Máster o las prácticas?

B: Las dos cosas.

Tras varias semanas un tanto gélidas, al fin es un día soleado en Madrid. Dos atractivos estudiantes de guión piensan en la tele, en el cine, en su futuro como guionistas y tienen la osadía de sonreír optimistas mientras le ponen a este post su punto final.

Ciento y la madre se estrena esta noche a las 22:30 en Cuatro.

 


GREG DANIELS: EL NOMBRE QUE SIEMPRE APARECE

10 marzo, 2014

Por Adolfo Valor.

Adolfo Valor ha escrito en “El Intermedio” durante cinco temporadas, el año pasado estrenó la comedia “Promoción Fantasma” y en la actualidad trabaja en la productora Bambú Producciones en la serie “The Refugees” para Atresmedia y BBC.

GREGDANIELSEl Sindicato ALMA te trae a Greg Daniels y a
los guionistas de MAD MEN
 a Madrid. ¿Más info? Aquí y al final del post.

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Cuando empiezas a escribir humor sueñas con convertirte en el nuevo Woody Allen. Como todo sueño, es absolutamente legítimo. Como todo sueño, puede hacerse realidad o no. Pero cuando empiezas a dedicarte profesionalmente a escribir humor, esto es cuando logras pagar el alquiler escribiendo chistes (y si lo has hecho, sabes que no hay nada en el mundo comparable a pagar el alquiler escribiendo chistes) te das cuenta de que esto no va de tocar el clarinete, fingir hipocondrías o echarte una novia asiática (aunque si lo has hecho, sabes que no hay nada en el mundo comparable a echarte una novia asiática). Va de hacer bien tu trabajo. Siempre. Esta perogrullada no es nueva, antes que tú la descubrió mucha gente. Gente que basó toda su carrera en ser infaliblemente graciosa. Hombres y mujeres como S.J. Perelman, Pierre Etaix, Merril Markoe, Harold Ramis, Robert Smigel, John Swartzwelder o cualquiera de los 87 coguionistas que usaba Pietro Germi. Hoy quiero hablarte de uno de esos hombres. Porque si te fijas en las cosas más graciosas que ha creado la humanidad en los últimos treinta años hay un nombre que siempre aparece en los títulos de crédito: Greg Daniels.

Mi madre es lo que más quiero en este mundo pero no dudaría un segundo en mandarla a Siria con escala en Ucrania a cambio de tener la décima parte de logros profesionales de Greg Daniels. Fue a Harvard en los 80, donde dos acontecimientos marcaron su futuro: escribió en el Harvard Lampoon, el magazín humorístico del campus donde puso en práctica todo lo que había aprendido viendo en la tele a los Monty Python; y conoció a Conan O Brien, el futuro rey del Late Night con quien formaría equipo en sus primeros años. Recién licenciados, cogieron el coche y partieron rumbo a Hollywood, donde no tardaron en conseguir su primer empleo: Not Necessarily the news. Les echaron a la temporada siguiente por recortes de presupuesto. Pero ya se había corrido la voz de que esos chicos eran buenos, así que Lorne Michaels les recibió en su sancta sanctórum del número 30 de Rockefeller Plaza y les dio un puesto como guionistas en el Saturday Night Live (Si no sabes qué es SNL simplemente decirte que es el mejor programa de la historia del planeta, lo siento, no tengo tiempo ni ganas de explicarte por qué lo es, acéptalo y trata de cambiar tu estilo de vida ahora mismo). Juntos escribieron varios de los sketches más míticos de una etapa del Saturday que podríamos denominar la Era Edward G Robinson, con actores feos y pinta de secundarios de la Warner de los 40, pero acojonantemente graciosos: Phil Hartman, Jon Lovitz, Norm McDonald…

Como pasa tantas veces la pareja de amigos se separó para cada uno buscar su camino: Conan hacia el megaestrellato, Daniels a una serie que igual te suena de algo: Los Simpson. En las tres temporadas que trabajó en ella escribió episodios clásicos como “Bart vende su alma”, “La boda de Lisa” o “Homer y Apu”, incluida la canción “¿Quién quiere el badulaque?” (Pregunta existencial a la que el pobre Apu respondía con un quejío que rasga el alma: “pues yoooo…”).

¿No te parece suficiente? Tranquilo, aún hay más. Escribió el capítulo de la plaza de aparcamiento en Seinfeld, co-creó junto a Mike Judge El Rey de la Colina, dotando al universo de su autor de una consistencia y empatía de la que Beavis y Butt Head carecían y que permitió a la serie durar (flipa) 11 temporadas.

En 2005, la NBC le encargó adaptar The Office de Gervais y Merchant. Como showrunner absoluto, Daniels convirtió una serie inglesa de doce capítulos en nueve años de felicidad que hicieron que me planteara dejarlo todo e irme a Pennsylvania a vender papel. Debatir qué Office es mejor resulta estéril y nos llevaría lustros, pero aquí va un argumento ganador: a las chicas les gusta más la Office de Daniels. Ponles la tercera temporada, cuando adquirió voz propia y se alejó para siempre de su nave nodriza, y te estarán eternamente agradecidas. Vale, mientras ven la serie contigo estarán preguntándose por qué tú no puedes ser como Jim Halpert. ¿Pero sabes quién escribió el personaje de Jim Halpert? ¡Exacto, Greg Daniels!

A raíz del éxito de The Office, NBC le pidió un spin off. En vez de eso, les dio algo mejor: Parks and Recreations, que ya va por su sexta temporada y deja para los anales algo más que un personaje antológico, un nuevo modelo de masculinidad y la razón por la que quiero dejarme bigote y destilar mi propio whisky: Ron Swanson.

Parece que en los últimos dos años, Daniels ha tenido serios problemas para vender una nueva serie a NBC. De unos ocho proyectos presentados, la cadena no se ha quedado con ninguno. Y tú te quejas porque nadie quiere hacer tu serie de policías existencialistas en Extremadura. Aquí tienes a un tipo que lleva haciendo oro desde que salió del vientre materno y aún tiene que pelearse con los jefes de cadena. ¿Moraleja? Efectivamente, los posts de Bloguionistas siguen siendo demasiado largos.

¿Ves? Te dije que Greg Daniels había escrito muchas de las cosas más graciosas de los últimos treinta años. Si no eres guionista, deberías estarle agradecido por haber hecho tu vida un poco más feliz. Y si lo eres, deberías adorarle y ponerle una vela en la Almudena para llegar a ser algún día la mitad de bueno que él. Puede que no sea Woody Allen, pero tampoco hay nadie que quiera verle en la cárcel por sus delitos. A Roma con Amor, ¿qué coño era eso?

ALMAMASTERCLASS

El SINDICATO ALMA organiza dos masterclass con Greg Daniels y guionistas de MAD MEN.

El 22 y 23 de Marzo en la Cineteca Matadero de Madrid, Greg Daniels nos hablará de su experiencia como guionista y showrunner de las series y programas de humor más importantes de las últimas décadas. El 10 de Mayo es el turno de André y Maria Jacquemetton, este matrimonio de guionistas, han escrito y desarrollado la producción ejecutiva de la multipremiada serie MAD MEN.

Dos formas de hacer y entender la ficción. Una oportunidad única para los guionistas españoles de aprender con los mejores.

Las plazas son limitadas y los precios muy muy muy asequibles para afiliados a ALMA y socios de SGAE y DAMA. Puedes asistir desde 25 euros, por eso os recomendamos que completéis cuanto antes la inscripción. Podéis hacerlo e informaros AQUÍ.


PALABRA DE TARANTINO

30 enero, 2014

por Sergio Barrejón.

Escribimos guiones para que sean transformados en películas. En productos audiovisuales. Escribimos con un bolígrafo o con un teclado. Pero ésas no son las herramientas con las que se cuentan las historias en el cine. El cine usa una cámara y un micrófono. Y el público recibe las historias mediante otras herramientas: una pantalla y un altavoz.

Sin embargo, según mi experiencia, el estudiante de guión promedio vive refugiado detrás de las palabras. Parapetado tras su teclado, ejecuta subterfugios retóricos para no tener que concretar qué va a ver la cámara. Y contándole al micrófono cosas que los personajes no tienen ninguna razón para decir en voz alta. El viernes pasado, terminé el taller de guión de cortometraje que imparto cada año en el Master de Guión de Salamanca. Analizamos los guiones que habían escrito los alumnos. Y me pasé toda la clase repitiendo las mismas palabras: “Sólo tienes una cámara y un micrófono para contar tu historia. Las explicaciones no te van a ayudar en el rodaje. Concreta”.

No sé cuántos profesores de guión insisten en esto. Sospecho que no los suficientes. Sospecho que gran parte de la enseñanza de guión está enfocada a la primera herramienta. Sospecho que, muy frecuentemente, nos olvidamos de que escribimos para grandes grupos de personas. Quizá porque estamos acostumbrados a esa falacia según la cual escribir pensando en el público es demagógico, banaliza la historia, y representa una derrota ante la tiránica “señora de Cuenca”.

Pero el hecho es que escribimos para el público. Y más nos vale ser consecuentes con ello. Para mí, uno de los ejercicios clave es leer los guiones en voz alta. Preferiblemente, para un grupo de personas. En su defecto, para una sola. Leer tu guión en voz alta tiene una diferencia fundamental con dar tu guión a leer, y es que tú marcas el ritmo de la experiencia. Tu público, o tu oyente, tiene que estar ahí sentado en la butaca, escuchando. Igual que ocurre en el cine, no puede levantarse a ponerse un café ni empezar a tuitear (hmmm).

Esa diferencia fundamental es la que hace que los intérpretes de música, de drama y de danza lleguen a ser estrellas, mientras que muy contadas personalidades de la literatura, la pintura o la escultura llegan por los pelos a serlo. La experiencia escénica es una liturgia. Y lo es porque el ritmo viene impuesto. Y viene impuesto porque el ritmo lo es todo.

Paul Schrader solía testar sus historias con el siguiente truco: quedaba con alguien en un restaurante y le empezaba a contar su historia. A mitad del relato, fingía recibir una llamada y se ausentaba cinco minutos. Al volver a la mesa, no retomaba la historia. Esperaba a ver si su acompañante se lo pedía. Si no lo hacía, ya sabía que la historia tenía problemas. Porque si la historia es buena, y el ritmo es adecuado, simplemente no nos podemos quedar a medias. Necesitamos terminarla.

Puedes escribir todo lo bien que quieras. Puedes adjetivar como un poseso y llenar tus acotaciones de adverbios en -mente. Pero nada de eso servirá para cautivar a tus espectadores. Sólo el ritmo lo hará. Y para llegar a conocer el ritmo de tu guión tienes que leerlo en voz alta. A ser posible, varias veces. Llegará un momento en que lo interiorices. Llegará un momento en que no necesites leer tus guiones en voz alta. (Aunque probablemente quieras seguir haciéndolo, porque la experiencia no tiene precio.) Pero cuando empiezas, es absolutamente fundamental.

Bonus track: Brian Koppelman (el de las lecciones de guión en 6 segundos) contaba ayer en un artículo que se encontró con Tarantino en un avión y el director le estuvo leyendo Kill Bill directamente de su bloc de notas. Y es que él siempre lee sus guiones en voz alta.

Así que recordad: hay que leer los guiones en voz alta. No lo digo yo, lo dice Tarantino.


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