MADRID: EL FUTURO DE LAS SERIES

29 abril, 2019

La mejor forma de aprender es enseñando. Dar clases de guión me obliga a replantearme constantemente lo que sé sobre mi oficio. Porque es muy fácil venderse ideas a uno mismo. Pero cuando hay que vendérselas a un auditorio, la cosa cambia. Y cuando uno se enfrenta a un auditorio formado por estudiantes, cuyo estado natural es el cuestionamiento constante del dogma, uno aprende a descartar las ideas débiles muy rápido.

Es una herramienta muy útil para el guionista: ideas brillantes las tiene todo el mundo de vez en cuando. Lo que distingue a un profesional es, por un lado, la capacidad de desarrollar las ideas buenas y, por otro, la capacidad de descartar las ideas malas rápidamente, sin dedicarles demasiado tiempo ni energía.

Cuento todo esto porque el próximo curso voy a ser tutor de proyectos en un proyecto docente nuevo al que me incorporo con muchas ganas, porque lo organiza una escuela en la que he trabajado mucho, la ECAM, y lo coordina mi amiga (y co-fundadora de este blog) Ángela Armero. En su currículum, montones de créditos en TV y cine, una legislatura en la presidencia del sindicato ALMA y una abultada experiencia docente.

Nunca antes ha habido tanto interés internacional por la ficción seriada hecha en España. Plataformas mundiales como Amazon y Netflix han abierto sedes en Madrid. Series creadas en España están entre las más vistas del mundo. Parece evidente que el mercado va a necesitar guionistas formados específicamente en ese campo. En este contexto, Ángela ha tenido la idea de montar un máster específico en guión de series de ficción.

La suma del prestigio de la ECAM y la experiencia de Ángela Armero han facilitado que muchos profesionales de primera línea hayan querido sumarse al proyecto como profesores. Hace un par de semanas decidí reunirme con algunos de ellos para charlar del proyecto y que contasen cómo van a enfocar este nuevo máster. Empezando, lógicamente, por su coordinadora.

SERGIO BARREJÓN: Ángela, ya hay varios másteres de prestigio en España donde te enseñan cine, documental, cortometraje. El de la ECAM es exclusivamente de series de ficción. ¿No es esto una baza en contra?

ÁNGELA ARMERO: Yo creo que es una baza a favor. Por una parte, en la ECAM ya hay una formación de tres años que profundiza en todos esos ámbitos, e incluso se asoma a la literatura y el teatro. Pero este máster atiende a cómo es la televisión ahora. Y es un tablero de juego que cambia constantemente. Por eso nuestra formación está muy actualizada, te permite profundizar en formatos que hace diez años no existían. Pensamos que es un sector lo suficientemente variado como para hacer un máster específico.

Aparte de la asignatura propia, que consiste en desarrollar un proyecto de serie en grupos reducidos de 2/3 alumnos, hay varios talleres donde se profundiza en los géneros y formatos que vemos en la ficción seriada, que no se ven en el cine, ni en los programas de entretenimiento. Tratamos todo lo que cabe en el paraguas de la ficción, que es muy amplio y se reinventa cada día. Estudiamos Comedia, Serie de autor, Serie diaria, Ciencia ficción, Hechos reales, Transmedia… Y cada asignatura la enseña un guionista en cuyo currículum hay muchos trabajos de ese género.

Tener el tiempo necesario para centrarnos en todo esto es el valor distintivo de este máster. Eso, y por supuesto el prestigio de la ECAM, que es un valor seguro después de dos décadas formando a gente muy reconocida. Además, nosotros incorporamos un profesorado de alto nivel, que están en activo en el sector y por tanto son capaces de reflejar la realidad cambiante del mercado.

Ángela Armero.

S.B. Hablando de esa realidad cambiante: Netflix acaba de inaugurar su hub europeo en Madrid. Esto va a ser un polo de atracción para la industria audiovisual. ¿En este máster vais a tener profesores que puedan decir ‘vengo de hacer una serie en Netflix’?

Á.A. Por supuesto. Estíbaliz Burgaleta ha escrito para Netflix en Las chicas del cable. Esther Martínez Lobato es una de las creadoras de La casa de papel. El profesorado es muy versátil, vamos a abarcar todos los aspectos de la industria. Y esa versatilidad a veces se ve incluso en un solo docente. Un ejemplo: Verónica Fernández acaba de coordinar y hacer la producción ejecutiva de Hache para Netflix. Pero antes venía de escribir Seis hermanas, una diaria. Y antes de eso, Ciega a citas, una comedia. También semanales como Hospital central y varias películas. Álvaro Fernández Armero ha escrito y dirigido muchas películas y series antes de crear Vergüenza para Movistar. Carlos Vila escribió Presunto Culpable y Los misterios de Laura, que tuvo su adaptación al mercado estadounidense.

La versatilidad es clave. Queremos que el alumno salga preparado para insertarse en el mercado de la ficción seriada, habiendo tratado todos los géneros, habiendo escrito mucho, y conociendo a los actores principales de la industria.

Efectivamente, el mercado de las series abarca mucho más que las plataformas. En España, por ejemplo, la franja de sobremesa sigue reuniendo a millones y millones de espectadores cada tarde, para ver telenovelas como Amar es para siempre o, dejadme barrer para casa un momento, Servir y proteger. Y si hablamos de escribir telenovelas, es complicado encontrar a alguien que sepa más que Aurora Guerra.

S. B. Aurora, estamos en un momento de fascinación por las plataformas. Pero las series diarias siguen siendo un maravilloso entrenamiento para guionistas. Son como el Vietnam de las series. Si sales vivo de ahí, eres indestructible. Tú has sobrevivido no ya a escribir una diaria… sino a coordinar dos series diarias a la vez durante años.

AURORA GUERRA. Sí, yo he estado con Puente Viejo desde 2010. Y la he dejado ahora, o sea que he estado nueve años. Y con Acacias han sido cinco años. Y lo de Vietnam es verdad. A los guionistas que aguantan el ritmo de una serie diaria, y son capaces de generar buenas ideas a ese ritmo, yo me los llevaría a cualquier sitio. Aunque está muy extendida la idea de que la serie diaria es un género menor, para mí lo único que tiene menor es el presupuesto.

De hecho, me parece mucho más complicado escribir diarias que prime-time. Yo ahora, cuando tengo que hacer un desarrollo para prime-time, lo hago con una relajación y una facilidad pasmosa, porque vengo de tener que sacar cinco capítulos a la semana, con sus cinco escaletas, y además escribir las biblias.

Aurora Guerra.

S.B. Claro, al ritmo que se genera argumento de las diarias, un escaletista no se puede permitir tener “un mal día”.

A.G. Cierto. Mis equipos de Acacias y Puente viejo en general han sido buenísimos, pero sí que hemos tenido un par de incorporaciones que no lo han resistido. Y eran gente experta, ¿eh? Pero no han podido soportar el formato. O sea, que imagínate alguien con poca experiencia. Además, cuando empiezas tienes ganas de experimentar, de ser muy libre, y el formato diario es muy rígido, te tienes que amoldar a una “plantilla”.

Pero también es verdad que es un formato muy bueno para desarrollar la imaginación y el ingenio para la elipsis. Porque tú en una diaria tienes que poder narrar un montón de cosas (un incendio, un terremoto, un diluvio), pero todo lo que tienes es un plató donde esas cosas no se van a ver. Como guionista, eso es un reto.

Lo que pretendo con mis clases en este máster es trasladar mi experiencia a la gente que empieza. Algo así como contarles en directo lo que es ser guionista, los problemas que se van a encontrar trabajando como guionistas, y específicamente como guionistas de diaria. Está bien hablar de teoría, de estructura de guión, de cuántos pulsos tiene que tener y de cómo dejar un capítulo en alto. Pero además de todo eso, voy a contarles las cosas como son de verdad, el día a día en la mina.

S.B. En este máster se van a enseñar todos los tipos de series. Desde sitcom a diaria, pasando por hechos reales y muchos más. ¿Es realista montar una coctelera con tantos ingredientes?

A.G. Yo creo que un buen guionista tiene que saber moverse y bailar todos los bailes. Después de nueve años haciendo diarias, a mí ahora me ven como “la de las diarias”. Pero curiosamente, antes escribí bastante humor y me veían como “la de la comedia”. Y ahora me he ido a Alea Media donde tenemos todo tipo de proyectos en desarrollo. Quién sabe, igual hago una de terror, me sale bien y empiezan a encasillarme como “la siniestra esa”.

Uno de los profesores al que sería imposible encasillar es Carlos López. El autor de blockbusters de cine como La niña de tus ojos y coordinador de éxitos televisivos de prime-time como El príncipe, impartirá sin embargo en el máster un taller específico sobre otra de sus especialidades (como guionista y como docente): las miniseries basadas en hechos reales.

S.B. Carlos, ¿por qué un taller sobre series basadas en hechos reales?

CARLOS LÓPEZ. Siempre me ha llamado la atención el formato. Porque, en cierto modo, todo lo que escribimos nace de la realidad, pero cuando partes de algo concreto que ha ocurrido el formato tiene otros códigos. Y otra categoría, porque tienes que plantearte cómo le vas a contar al espectador algo cuyo final ya conoce. ¿Cuál es el interés?

En mis clases explicaré cómo manejar la documentación, cómo convertir lo increíble en algo verosímil, y cómo fabricar una mentira para contar una verdad. Van a ser unas cuantas sesiones en las que trabajaremos a fondo con ejemplos, y partiremos de un hecho real para que el alumno dibuje una serie o un proyecto de serie propio.

Carlos López.

S.B. ¿La ficción basada en hechos reales es un formato al alza?

C.L. Sí, ha ido a más. Hoy en día cualquier serie de ficción que arranque con un cartón que diga “Basado en hechos reales” tiene ya una categoría especial. En las nuevas plataformas también. Fíjate en Waco (Paramount/Movistar), Fuga en Dannemora (Showtime/Movistar), o A Very English Scandal (Amazon).

S.B. Estamos en mitad de un boom de las series, o en mitad de una burbuja, según a quién preguntes. ¿Cómo ves tú el momento actual?

C.L. Yo creo que no es una burbuja por dos razones. Por un lado, yo recuerdo cuando, hace muchos años, estando en la Facultad, se decía “llegará un día en que podamos decidir lo que queremos ver en la televisión desde el sofá de nuestra casa”. En aquel tiempo decir eso era igual de absurdo que decir “llegará el día en que puedas invitar a cenar a un selenita”. Pero ha pasado, y eso ha cambiado radicalmente los hábitos de consumo.

Por otro lado, está la globalización: las plataformas de streaming han roto las barreras territoriales. Tanto para los espectadores como para contarlas. Las series viajan mucho, es muy fácil encontrar espectadores que se interesen por ellas en la otra punta del mundo. Y ha cambiado por tanto la forma de escribirlas.

Y en ese sentido, internacionalmente se está corriendo la voz de que los guionistas españoles tienen mucho talento para escribir series. La casa de papel ha demostrado que aquí hay un producto muy exportable y muy competitivo. Los españoles llevamos muchos años haciendo, con pocos medios, series que conectan con el público. Y eso es muy atractivo para las plataformas. Y de repente están viniendo a España productoras de Latinoamérica buscando ideas para series.

S.B. ¿Y todo esto realmente se puede enseñar?

C.L. Yo no me creo capaz de enseñar una receta, una fórmula, un mecanismo. Pero los profesores que estamos aquí hemos trabajado suficientes años en esto como para advertir qué errores no debes cometer, qué cosas te puedes encontrar, qué forma de trabajo has desarrollado estos años, y luego aplicar un análisis sobre la obra hecha. A partir de ahí, también depende de cada uno, del talento y las ganas que traiga.

Uno de los profesores más curtidos profesionalmente en la industria es Javier Olivares, quizá el guionista más conocido de España gracias a su éxito El Ministerio del Tiempo. En el máster, Javier Olivares impartirá una clase específica sobre el oficio del showrunner.

S.B. Javier,¿Por qué parece que hoy en día todo guionista quiere ser showrunner?

JAVIER OLIVARES. Bueno, es mejor que antes, que todos querían ser directores (risas). No, cada uno tiene su trayectoria vital y puede hacer lo que le plazca. Pero tiene sentido que el creador de una serie aspire a ser showrunner, para asegurarse de que su serie sea lo que él tenía en la cabeza.

Ahora bien, ¿todo el mundo puede ser showrunner? Bueno, hace falta experiencia, y no sólo de guión, porque entras en terrenos que no son de guión. Tienes que saber un poquito de todo. De recursos humanos, de trabajar con actores y directores…

Javier Olivares.

S.B. Tu currículum como guionista habla por sí solo, pero además eres uno de los pioneros en la lucha por el reconocimiento del guionista y por el derecho de los creadores a estar al frente de sus series.

J.O. Estudiar la forma en que se hacen las series ha sido mi obsesión y la de mi hermano Pablo toda la vida, desde antes de que Teresa de Rosendo y Josep Gatell publicasen ese libro tan estupendo, Objetivo Writers’ Room. Cuando Tom Fontana vino a dar un curso de tres días en Barcelona, allí sólo éramos doce, y yo creo que al final me odiaba de tanto como le preguntaba. Cuando vino Søren Sveistrup, el GAC me dijo “oye, modera tú la mesa con él” y yo dije “no, no, que si estoy en la mesa no aprendo. Yo quiero estar tomando notas”.

Mi conclusión es que el showrunner no es el que manda, así sin más. Es el que manda… con criterio. Es un gestor. Y tanto mejor showrunner serás cuanto mejor sea tu equipo, en el sentido de que incluya voces diferentes, y te planteen retos, que no se limiten a decirte “sí, señor”. Tu objetivo es hacer que la creatividad de toda esa gente sea positiva y haga crecer la serie. Es una especie de entrenador de fútbol que diseña una táctica, una forma de atacar y defender, una forma de crear. Tienes que fichar a la gente ideal para llevar a cabo esa táctica.

Me habría gustado reunirme con más futuros compañeros de máster, pero es complicado juntarlos, porque todos son guionistas que están hasta arriba de trabajo. Bien pensado, mejor así. Porque, si al principio decía que dar clases de guión me obliga a replantearme lo que sé sobre mi oficio, hacerlo en compañía de autores de tanto prestigio y trayectorias tan amplias me hace plantearme si sé algo sobre mi oficio.

El Máster en guión de series de ficción de la ECAM comienza en octubre de 2019 y ya está abierto el plazo de inscripción.

Texto: Sergio Barrejón. Fotografías: Ana Álvarez Prada


CUATRO AÑOS EN PARO

19 noviembre, 2015

por Enrique Herrero (‘Sé lo que hicisteis’, ‘El club de la comedia’).

Hoy hago cuatro años en el paro, o lo que es lo mismo 1460 días, o  2102400 minutos, o 96595468446682268716859 actualizaciones de la base de datos de Avast!. Cuando veía por televisión a gente que llevaba tanto tiempo en paro pensaba: “Tiene que ser una gran putada”, y ahora que lo estoy pienso: “Es una gran putada”, lo cual demuestra que además de guionista soy “mazo empático tía”

Pero mi vida no siempre fue así…

… Corrían los locos años 2000-2010, no existían políticos con coleta, los cuñados presumían de lo poco que contaminaba su Volkswagen, y Ricky Martin solo salía del armario para sorprender a niñas jugando con su perro y un bote de mermelada.

Por mi parte, tras acabar mis años de estudiante de dirección de cine que llevaba una pulsera Power Balance, me encontré con una sorpresa, la desaceleración no era desaceleración, era una crisis, a pesar de ello durante los años de escuela de cine trabajé en una productora (que ya no existe por culpa de la crisis), hice vídeos para otra empresa (que ya no existe por culpa de la crisis) y ahora vendría bien que pusiera que hice algo más y acabarlo con: “(que ya no existe por culpa de la crisis)” para cerrar mejor el párrafo, pero sería mentira, así que lo siento, aunque eso sí, para compensar lo cerraré con una palabra que nunca falla como cierre: ojete.

Como en aquella época todavía no hacía falta participar en “Los juegos del hambre” para obtener una plaza en un curso del paro, hice uno en una tele local donde además acabé teniendo un programa de humor. También dejé currículums en productoras que amablemente (o no) me ignoraban (sí o sí), hasta que me enteré de que en una productora hacían un máster de guión que te aseguraba prácticas, ¡¡¡ESTA ES LA MÍA!!! Grité mientras intentaban beber de mi cerveza en un bar, y luego ya después me inscribí en el máster.

Durante el máster tuve la suerte de asistir a clases impartidas por la gente que más sabe de guión de televisión, y la mala suerte de que muriera mi abuelo al que quería muchísimo, y que además coincidiera con mis miniprácticas en el programa en el que por mi perfil pensaba que más encajaba (no diré el nombre del programa por no comprometer a Wyoming) pero lo que si puedo decir es que debido a la muerte de mi abuelo tuve que hacer un Intermedio en mis prácticas, lo cual me impidió mostrar mis virtudes, mis defectos, y mis camisetas con mensajes divertidos en la redacción de ese programa que ponen antes de la hora de la cena y en el que no salen hormigas.

Wyoming-intermedio

El máster fue pasando, y en la muestra de trabajos tuve la fortuna de que a varios directores de programas les gustara mi vídeo de proyecto final de máster, así que casi al día siguiente ya estaba trabajando en uno de mis programas favoritos. Un día se me acercó un hombre y me ofreció caramelos, pero eso es otra historia… Un día se me acercó un hombre en el trabajo y me ofreció irme a un programa mítico de la tele que se iba a volver a hacer, yo le dije con total tranquilidad, que si a los del programa en el que estaba no les importaba, por mí genial. Más tarde descubrí que ese hombre al que traté con respeto pero sin mucha ilusión mientras pensaba “¿Y este hombre quién es?”  era uno de los mejores directores de programas que hay en la tele.

En el nuevo programa empezamos siendo muy poquitos, me encontraba trabajando con guionistas pata negra, aunque reconozco que estuve cohibidillo debido a la distancia en el tema de la edad y en la jerarquía, me reía muchísimo con mis compañeros. En ese tiempo todo pintaba bien, hacíamos buenas audiencias, gané un concurso de monólogos, y las mujeres se volvían locas por mí. (Una de esas tres cosas es mentira, pero como no he puesto mi foto en el post no podéis saber cual de las tres es).

Con el tiempo en la productora cancelaron varios proyectos, lo cual hizo que recolocaran a guionistas fijos de la productora en el programa, lo que fue positivo porque también eran pata negra y muy buena gente. Pero teniendo en cuenta sus incorporaciones, y las de los becarios que iban rotando, había tanta gente que cuando pasaban al lado de nuestra redacción nos preguntaban: “¿Esta es la cola para entrar en el Primark?”, así que cuando se me acabó el contrato me fui a la calle. (Dato: La anécdota del Primark podría no ser cierta).

Antes de dejar la productora le di mi currículum y un dvd con mis mierdas a uno de los directores a los que les gustó mi proyecto de final de máster, lo que provocó que a los dos días de estar en paro me volvieran a llamar para otro programa. Las cosas volvían a ir bien, además de estar en el número uno en Youtube con un vídeo, trabajaba en un nuevo programa con un equipazo, con un director que confiaba totalmente en mi trabajo, teniendo yo más rodaje, y estando más suelto, pero de lo de mi colon irritable hablaré en otra ocasión.

Por desgracia esta vez las audiencias nos acompañaron, pero hasta la cola del paro, o eso parecía… cuando la cancelación ya era un hecho, el director del programa anterior en el que estuve me llamó para que fuera al nuevo programa que iba a hacer en otra productora, parecía que tuviera una flor en el culo… pero como he dicho antes, de lo del colon irritable hablaré en otra ocasión.

Nuevo programa, nueva productora, pero con el director que me dio mi primera oportunidad en un proyecto grande, con los guionistas del primer programa con el que estuve tras acabar el máster, y con unos presentadores de Champions. Estaba claro que si a todo lo anterior le sumábamos mi buena suerte, nada podía ir mal, y así fue, no fue mal, fue fatal, aunque aguantamos bastantes meses, los informes de las audiencias eran tan tristes que parecía que en vez de Kantar Media los hacía Isabel Coixet.

Así que a pesar de currar con un equipo cojonudo, ingeniosos, buena gente, y currantes, nos fuimos a la puta calle, y de esto hoy hace cuatro años.

Debo suponer que poco antes sin darme cuenta, miré a un tuerto que se me cruzó con un gato negro en la mano mientras pasaba por debajo de una escalera vestido de amarillo cantando canciones de José Vélez: Primero cancelaron el programa, después ganó Rajoy las elecciones, al poco tiempo primero murió mi perro, y al poco mi adorada abuela, vamos… que todo eran buenas noticias, pero Dios aprieta pero no ahoga, por eso para animarme me llamaron de un programa de otra productora, me ofrecieron un buen trabajo, me pidieron mis datos, y me incorporaba el lunes de la semana siguiente, todo genial salvo por una cosa, la cadena decidió cancelar las contrataciones el viernes, así que Dios ahogar lo mismo no ahoga, pero te mete unas patadas en los huevos que son de penalti y expulsión.

Y durante estos cuatro años de paro esta ha sido la gin tónica general, en el mejor de los casos proyectos que no se llegan a hacer, en el peor colaboraciones sin cobrar en las que no te devuelven los emails, sitios en los que descartan por ser mayor de 30… lo mejor que puedo decir es que en ningún sitio se han chupado el dedo, me lo han metido en la oreja, y luego me lo han dado a oler (en ningún sitio buscando trabajo de guionista, que buscando “de cualquier cosa” ya es otra historia)

Mentiría si dijera que no echo de menos la pasta, ¿quién no va a echar de menos esos macarrones gordos y aceitosos del comedor de Glob… ehh… de esa productora?, pero he de decir que una de las cosas que más echo de menos de menos de no trabajar es no trabajar, me encantaba sentarme, abrir la escaleta, que me dieran mi tema, y ponerme a escribir, y todo eso rodeado de gente ingeniosa. Porque sinceramente, después del de probador de nuevos sabores de Donuts, ser guionista es el puto mejor trabajo del mundo, y no tengo del todo claro que haya gente a la que le paguen por comer Donuts.

De mi trabajo como guionista lo mejor que me llevo es la cara de orgullo que tenía mi padre cuando viendo la tele le decía: “Esto lo he escrito yo”, sin su ayuda no habría podido llegar nunca a ser guionista. Por desgracia, a pesar de su juventud y su extrema bondad, el cáncer se lo llevó hace unos pocos meses, pero hasta en su última época presumía de las cosas que hacía su hijo, salvo cuando me dejaba dada la luz de la habitación y me iba al salón, que eso no le hacía presumir, le hacía maldecir.

No sé si mi situación cambiará o no, y no le culpo solo a la mala suerte, el hecho de haber priorizado el tiempo con mi familia, amigos de toda la vida, etc… me ha condicionado a la hora de no hacer nuevos contactos, y de no mantener los que tenía en un mundo en el que las ofertas de trabajo no salen en Infojobs, y en el que tampoco existe la figura del agente de guionistas.

Solo espero que si lees esto, necesitas a alguien en tu equipo, y te apetece, me escribas para hacer una prueba, que si lees esto y te encuentras en la misma situación veas que no eres el único (que quieras que no algo de consuelo da) y que si quieres dedicarte a ser guionista veas que tiene cosas muy bonitas, pero que también tiene otras que son todo lo contrario… Ah, y que si me escribes para que te diga como funciona el máster de guión que realicé y me molesto en responderte, que al menos me mandes un mail para darme gracias, que aunque parezca sorprendente, hay gente (en plural) que no lo hace.

Muchas gracias por vuestro tiempo, de nada por el mío.


FIRMAS INVITADAS: LOS GUIONISTAS DEL FUTURO / 10

7 julio, 2013

Última entrega de la serie de artículos escritos por los alumnos del Máster de Guión de la Universidad Pontificia de Salamanca, VIII Edición. Reconocido como el mejor máster audiovisual de España, tiene abierto el proceso de selección de alumnos para la edición 2013/2014. Varios de los autores habituales de este blog, como David Muñoz, Natxo López o Sergio Barrejón, se cuentan entre sus profesores.

Y AHORA, ¿QUÉ?

Por Pablo Bartolomé Jiménez.

Cuando este post se haya publicado, mis compañeros y yo habremos terminado de cursar el Máster de Guión de la UPSA. Para entonces, ya habremos ahogado nuestras lágrimas de despedida en alcohol y los que eran compañeros hoy serán amigos.

Es probable, también, que para cuando este post vea la luz, los 24 alumnos del Máster estemos regresando a nuestras ciudades de origen, a nuestras vidas “pre-Máster”, haciéndonos pasar por aquellos que fuimos, como si pudiéramos engañar a alguien.

Pero todo eso es una cuestión temporal. La ilusión que llevamos con nosotros, el ímpetu que arrastramos después de un año escribiendo y tramando se acabará, se agotará como la batería del móvil -espero que dure más que la de mi smartphone-. Ese día llegará, seguramente, más pronto de lo que esperamos, y se nos presentará en forma de pregunta: ¿Y ahora, qué?

Lo normal es que cuando eso ocurra, nos metamos corriendo en la cama, nos tapemos hasta la cabeza con la manta, y nos quedemos quietos, aterrados, sin atrever a asomarnos. Porque la realidad se nos puede aparecer en cualquier momento. Así, de golpe. Sin avisar.

Y esa realidad, cruda, hiriente, despiadada, es que… ¡CUIDADO!… somos guionistas… (no es broma, no quiero arrancar una sonrisa, es una advertencia real).

Porque ese “título” que recae sobre nosotros ahora es una responsabilidad, quiero decir: ahora nuestro futuro depende de nosotros. Ya no hay que escribir para terminar la tarea, ahora tenemos que escribir porque nos gusta, porque nos proporciona placer… Y eso es tremendamente difícil, tediosamente duro.

Durante un año nos han estado guiando, llevando de una trama a otra, indicándonos cuáles eran los atajos para llegar antes a la cima. Pero ese camino ya se ha acabado y el final no era como creíamos. De repente, nos encontramos solos al borde de un precipicio, un precipicio abismal. Y es entonces cuando tenemos que arriesgarnos, tenemos que saber si queremos ser guionistas… y lanzarnos al vacío, dispuestos a estamparnos contra el suelo.

Lo normal es que ante este paso una persona racional dude. Es fácil mirar hacia atrás, darte cuenta de que puedes huir fácilmente, buscarte otros objetivos, otros curros y sobre todo otro hobby, porque “al fin de cuentas esto no es más que un hobby”.

Todo esto que estoy intentando explicar de manera patética, en realidad responde al miedo que tengo sobre mi futuro -y que hago extensible al resto de mis compañeros-. Esta situación es dura para los que hemos tenido la genial idea de querer pasar nuestra vida golpeando de manera mecánica un teclado de ordenador. Cuando se acabe el verano y no recibas en el mail ninguna prueba de guión o el corto que tenías entre manos se haya caído, ¿cómo puedes justificar que eres guionista?…, ¿cómo justificas a tu familia que eres guionista? o ¿cómo convences a tu ego -o lo poco que quede ya de él- de que en realidad tampoco eres tan malo, que todavía te mereces esa oportunidad?

Yo creo que la única manera de justificarte es escribir, no por gusto, sino por obligación, por pura y estricta obligación. Esa es tu arma, tu escudo y tu caballo… para vencer al miedo. Es tu salvavidas, tu comida y tu antorcha… para salvarte del naufragio.

Y sé que este miedo es un miedo general. Cuando leo -como he leído aquí-, a grandes guionistas como Carlos López, “aterrado” ante la falta de expectativas, ante lo amargo de esperar esa llamada de curro que no llega, me echo a temblar… “Si no sirve de aval firmar el guión de La niña de tus ojos, igual no debería seguir moviendo yo mi corto sobre un robot homosexual que viaja en el tiempo hasta el Londres victoriano -yo lo veo-“.

Por eso creo que es mucho más difícil para nosotros, los que empezamos, mis 24 compañeros del Máster. Porque no tenemos nada a lo que agarrarnos. Porque estamos solos en medio de la nada.

Porque no es verdad que tengamos el futuro en nuestra mano.

Aunque en realidad, tenemos otra cosa.

Cuando hayamos terminado de leer esta entrada en Bloguionistas y nuestro camino como estudiantes haya llegado a su fin y, habiéndonos acercado hasta el borde del precipicio, al mirar hacia abajo solo veamos un futuro negro, entonces, nosotros, no dudaremos en saltar. Sin miedo a darnos contra el suelo, sin miedo a que nos duela al caer -porque nos va a doler-. Pese a que en nuestras cabezas se repita todo el rato la misma pregunta:

¿Y ahora qué?


A %d blogueros les gusta esto: