SITGES 2016: ENTREVISTA A MATEO GIL

10 octubre, 2016

Entrevista y Fotografías de Àlvar López y Carlos Muñoz Gadea

El viernes 7 de octubre dio comienzo la nueva edición del Festival de Cine de Sitges y, junto con esta, una nueva serie de entrevistas a los escritores de las películas seleccionadas. Tras el estreno de Proyecto Lázaro (largometraje que compite en la sección oficial) durante la primera mañana del certamen, pudimos charlar con Mateo Gil, también guionista de proyectos como Mar adentro, Ágora o Abre los ojos.

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¿De dónde surge la idea?

Este proyecto surgió hace ya muchos años, mientras escribía Abre los ojos con Alejandro Amenábar. Ahí fue cuando me vino el germen de lo que ha acabado siendo la idea de la película. Recuerdo que por aquel entonces teníamos discusiones él y yo, también con amigos y compañeros de piso, sobre por qué habría que criogenizarse y para qué. Yo no podía dejar de preguntarme qué sentido podría tener para la gente del futuro resucitar a gente de nuestros días, más allá de la curiosidad. Y también qué sentido tendría para alguien de hoy el hecho de vivir en un mundo totalmente ajeno, en el que ya no están las personas que quieres ni las cosas que le dan sentido a tu vida, ya sea tu carrera o cualquier otra cosa. Llegar a un mundo poblado por gente que no te importa, con problemas políticos que no te importan, con estéticas que no te son reconocibles…Entonces, ¿qué sentido tiene? De todas esas preguntas surgió la idea, aunque luego se quedó mucho tiempo dormida, hasta que en 2008 leí una noticia -que aparece en la película- sobre un corazón de rata creado artificialmente a partir de células madre. Al leerla me dio como un escalofrío y me dije que tenía que escribir sobre ello. Además, me pilló en un momento emocionalmente delicado, por varias rupturas amorosas y la caída de un proyecto que yo consideraba un poco como el proyecto de mi vida. O sea, que me pilló en un momento bastante intenso (ríe), y escribí el guión bastante rápido.

La estructura de la película está basada en varios capítulos diferenciados, incluso con títulos distintos. ¿Cómo surgió la idea de utilizar este tipo de estructura?

En realidad, siempre me ha apasionado este tipo de estructuras. Si bien esta es la primera película que escribo y dirijo a la vez y que es un guión original al mismo tiempo, yo creo que si me dejaran las escribiría todas así porque me sale de manera natural romper la estructura. No lo puedo evitar. De hecho ahora se está rodando una comedia que he escrito y que también está pensada un poco de este modo. Además, es que las escribo del tirón con esta estructura. No tengo que pensarlo demasiado. En cualquier caso, para Proyecto Lázaro está jutificado porque presento dos vidas en paralelo y de esta forma se explicaba con bastante naturalidad.

Una vez tenías clara esta estructura en particular, ¿cuántas reescrituras has necesitado para llegar a la versión definitiva del guión?

Hubo tan solo una reescritura en realidad, debido a que la versión original me quedó un poco excesiva, y me sirvió para anclar un poco en la mitad del relato y cortar un poco las partes sobrantes. Pero no hizo falta una reescritura profunda, puesto que la primera versión salió bastante del tirón, después de tantos años con la idea en la cabeza. Lo mismo me ha sucedido con mi nuevo proyecto, en el que solo he cambiado tres o cuatro detalles menores durante la reescritura.

¿Se ha recortado entonces el guión durante la fase de montaje?

En realidad tampoco. Es verdad que sí ha habido un par de secuencias que se han caído porque no se entendían muy bien tras el rodaje. Por fortuna, pudimos sacarlas del montaje sin hacer mucho daño al guión y respetando la historia. En general, la película se mantiene bastante fiel al guión que escribí.

A la hora de crear una historia, ¿prefieres escribir solo o colaborar con otro guionista?

Pues depende de cada proyecto.

¿Cómo definirías el tema de tu película?

En latín, Carpe Diem (ríe). La verdad es que hay muchas cosas metidas dentro de este proyecto. Yo os diría que a mí me impulsó más un sentimiento que una reflexión consciente sobre el mensaje que buscaba transmitir. Por un lado, me interesaba tratar el tema del miedo a la muerte, pero en realidad eso sería como la primera fase. Hay algo que va más allá, y que es más bien el miedo a la vida. De hecho, el protagonista de la película apela a ese miedo en varios diálogos de la cinta. Que el verdadero miedo es que hay cosas que están vivas y que no deberían estarlo. El momento de la gallina descabezada, por ejemplo, está para mí en el corazón de la historia. La vida como fenómeno físico es aterradora si lo piensas fríamente. La comedia no tiene nada que ver con Lázaro, a excepción de un único punto en común: en las dos películas se habla de qué es la vida como fenómeno físico. En Lázaro, uno de los personajes define la vida como un estado de la materia y en esta comedia un científico también aborda el misterio en torno a la definición de la vida.

De hecho, la relación romántica entre los personajes protagonistas no está tratada de manera idealizada, sino como una pregunta más de ese misterio sobre el sentido de la vida que abordas.

Para mí, en el resultado final que es la película, esta respuesta se da de una manera más evidente de la que me hubiese gustado. Yo quería que quedará más en el aire de como al final se ha mostrado.

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Cartel promocional de Proyecto Lázaro

 

Para armar una película así, puramente de ciencia ficción pero al mismo tiempo relativamente ligada a los avances reales de la medicina actual, ¿es necesaria una fase de documentación muy amplia?

No. Me documenté lo justo sobre todo por el tema de la criogenización, pero muchos otros aspectos vienen de mi afición a la ciencia, que también está bastante presente en mi siguiente proyecto. Sí es verdad que me cercioré de no decir ninguna tontería médica y le pedí ayuda a un médico que trabaja bastante asesorando en cine. Me ayudó incluso en la escritura de algunos diálogos para que sonaran lo más técnicos posible. Sin embargo, esta documentación no afectó a nada troncal de la idea original del guión.

Utilizas el recurso de la voz en off del protagonista para contar su propia historia de manera reflexionada y en primera persona. Es un recurso que tradicionalmente genera división en cuanto a su efectividad dentro del relato fílmico. ¿Cómo tomaste esta decisión?

La decisión de hacer el relato en primera persona viene de la historia que estoy contando, y que creo que solo tenía sentido contada de este modo. Para mí solo podía ser contada desde su punto de vista como testimonio, pero más allá de eso y a mi afición a contar la historias desorganizadamente, también es porque soy un gran fanático de este recurso y por fin esta vez me han dejado hacerlo. Muchas veces he escuchado o leído que la voz en off es un elemento muy poco cinematográfico, pero yo siempre me pregunto: ¿en qué otro medio de expresión puedes tener una voz comentando y acompañada de sonido, música e imágenes a la vez? En ningún lado. Es un recurso exclusivamente cinematográfico y es maravilloso. No sé por qué está denostado, pero yo vería películas con voz en off todo el rato. Es verdad que es arriesgado porque el espectador puede saturarse un poco. Confieso incluso que durante algún momento, ya con la postproducción cerrada, he llegado a pensar que uno de los fragmentos podría haberse recortado más por guión, un punto exacto de la película en el que creo haberme pasado de rosca al añadir algunas frases de más, y que perjudican cómo el espectador afronta el fragmento inmediatamente posterior.

Es una película de presupuesto relativamente alto si se compara con el grueso de producciones españolas. ¿Cómo conseguiste sacar el guión adelante?

Bueno, desde el momento que planteamos que se rodaría en inglés, ya sabíamos que la audiencia sería mayor y la inversión también. De todas formas yo creo que este chollo no va a durar demasiado, que este tipo de películas no van a poder seguir haciéndose fácilmente. Si yo pudiera escribir este tipo de películas, que tienen un poco de público en cada lugar, pero que llegan a muchos sitios y te permiten financiar, ya sería feliz. Son un tipo de historias que te permiten mucha libertad creativa. Seguramente, si hubiese tratado de venderla para rodar en Estados Unidos, no habría tenido esa libertad. Blackthorn ya era así, igual que Proyecto Lázaro. No son películas a priori muy comerciales, con un presupuesto medio, pero tienen un espectro de público relativamente amplio y eso ayuda a que los productores se sientan respaldados en cierta medida a la hora de financiarla. Ya veremos qué pasa, pero yo estoy asustado con Lázaro todavía, a ver si va también como Blackthorn, que acabó encontrando su público fuera de España y tuvo una carrera internacional muy decente. En cambio la comedia en la que trabajo ahora va a salir adelante porque es un género que exige menos presupuesto de rodaje y que tiene más posibilidades de encontrar su público en el mercado nacional al estar rodada en castellano, aunque cuenta con entrevistas a científicos internacionales.

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¿Qué puedes contarnos de esa comedia?

Se llama Las leyes de la termodinámica y es una mezcla de coemdia romántica y documental sobre las leyes de la física. Repasamos desde Copérnico, pasando por Newton, Einstein, la física cuántica… y llegamos hasta hoy. Y todas estas teorías vienen ilustradas a través de la historia de amor de los protagonistas. Es realmente sorprendente el paralelismo que existe entre el amor y las leyes universales de la física. Es un guión que tiene mucho de slapstick y que creo que puede resultar bastante divertida.

 


PREMIOS GOYA: RANDOM THOUGHTS

4 marzo, 2010

por Pianista en un Burdel.

He dejado pasar un tiempecito antes de meterme con los Goya, para que no me apedreen. O mejor dicho, para que me apedreen lo justo, tampoco nos pasemos de optimistas. Por cierto, si quieren volver a ver la gala, la tienen en rtve.es, en dos partes: una y dos. No es el mejor reproductor streaming del mundo, pero qué le vamos a hacer.

Empezaré aclarando que estoy de acuerdo con la mayor parte de los premios principales. Y añadiré que, en general, la gala me pareció bastante digna. Para ser los Goya, se entiende. Buenafuente estuvo en su sitio. Aunque tampoco lo tenía difícil: con no gritar “¡melones llevo, señora!” ya quedaba por encima de Corbacho y Machi.

Mucha gente dice que fue la mejor gala en muchos años. Juraría que es lo mismo que se decía de la segunda gala de Corbacho. También se dijo de la de Wyoming, de la Segura, de la de Sardá… Quizá es simplemente algo que se dice cada dos o tres galas. Pasa igual con Woody Allen. Y con Clint Eastwood. Y con los capítulos de LOST. No tiene mayor importancia. La memoria es así.

Estuvo bien, para variar, que ganase una buena película con buen resultado en taquilla. No era la mejor de las cuatro, pero tampoco pidamos peras al olmo. Después de haber premiado cosas ignotas como Camino, La Soledad y La Vida Secreta de las Palabras, no me hubiera extrañado que le dieran el Goya a Mejor Película al corto de Mateo Gil.

Por cierto: llevar a Almodóvar tuvo su mérito, pero llevar a Mateo Gil ya habría sido la hostia: tiene ganados cuatro Goyas y no ha ido a recoger ninguno.

Los mejores agradecimientos fueron los de Marta Etura y Luis Tosar. No es casualidad que sean también dos de los mejores actores que hay en España. Etura empezó mal, diciendo que no se lo esperaba. Alerta tópico. Pero le temblaba la voz de verdad, y eso no tiene precio. Fue de los discursos más emotivos, sin por ello caer en el ridículo. En cuanto a Tosar, qué decir. se acordó del guión. ¡Se acordó hasta del novelista! Y reconoció que “todo el mundo sabe que los actores hacemos trabajos buenos cuando tenemos buenos personajes”. En realidad, no todo el mundo lo sabe, pero no por ello deja de ser una gran verdad. Dos grandes.

El discurso del presidente fue una mierda. No por el contenido (que también). Por definición. La solemnidad institucional de pacotilla no debería tener cabida en una gala. Si Álex de la Iglesia no puede, o no quiere, ahorrarnos el momento más bodrio de la noche, al menos que no lo prologue con un tirón de orejas a los premiados por “alargarse”. Literalmente dijo:

“Vamos a olvidar a los padres y a las madres

y vamos directamente al tema.”

(No aclaró cuál es el tema.)

Lo de “hay que ser humildes” fue todo un hallazgo. Lástima que a la segunda mitad del discurso le ocurriese lo que a la segunda mitad de casi todas sus películas: se fue por las ramas. Minuto 4.04 del vídeo:

“Este semestre mismo, el Gobierno ha asumido la Presidencia de la Unión Europea. Es una oportunidad única para reafirmar nuestro compromiso con Europa. El cine es, precisamente, uno de sus mayores y mejores altavoces. Por favor, utilícenlo. Estamos a su disposición”.

El análisis de texto de ese párrafo, probablemente el más desafortunado que un Presidente de la Academia haya pronunciado jamás en una gala de los Goya (y ya es decir), daría para varios posts. Pero no quiero extenderme. Sólo unas pocas cuestiones:

  • ¿En qué consiste esa oportunidad única?
  • ¿Cuál es nuestro compromiso con Europa? De hecho, ¿a quién se refiere esa primera persona del plural: a los cineastas españoles, a todos los españoles, a todos los europeos…?
  • ¿Cómo se reafirma ese compromiso? ¿Por qué durante este semestre la oportunidad de reafirmarlo es significativamente mejor que en otros semestres?
  • “El cine es uno de sus mayores y mejores altavoces”. ¿Altavoz de quién? ¿De Europa? ¿De nuestro compromiso con Europa? Hostias, no… ¿DEL GOBIERNO? Dígame que no, Presidente. Por cierto, ¿los otros altavoces cuáles son?
  • “Utilícenlo”. El cambio a la segunda persona es aterrador. ¿Con quién habla? ¿Con Europa? ¿Con el Gobierno? ¿Qué es lo que deben utilizar? ¿El semestre? Hostias, no… ¿EL CINE? Espera un momento: ¿Álex de la Iglesia está diciéndole al Gobierno que UTILICE EL CINE? ¿Que estamos a su disposición?

Ser humildes está bien, Presidente. Pero no olvide que debería usted representar a toda la profesión con su discurso. Y dudo mucho que ni la cuarta parte de la profesión sienta que está a disposición del Gobierno.

Fui una de las pocas personas EN EL MUNDO que entendió el comentario de Buenafuente a Amenábar (minuto 9.04 del vídeo):

“Estás un poco amarillo, por cierto”.

Buenafuente acababa de hacer un chiste sobre Ágora: “antes de verla, yo creía que Hipatia era como una enfermedad, ¿sabes?”. Yo no he tenido en las manos el guión de los Goya, pero me apuesto un brazo a que ahí venía algo del tipo “y el caso es que estás un poco amarillo. No tendrás hipatia.” Sólo que, con los nervios del directo, Buenafuente se olvidó de esa línea, y pasó directamente al cierre amable: “buenísima película, de verdad”.

Podía haberlo dejado ahí y no pasaba nada, pero pasa mucho que, cuando la gala está arrancando, el presentador está muy pendiente del guión, de hacerlo todo según lo previsto. Por eso, cuando ya iba a pasar al siguiente chiste, se acordó de repente del chiste, e hizo lo que nunca jamás hay que hacer en directo: rebobinar, volver atrás en el guión. Por eso soltó lo de “estás un poco amarillo, por cierto”. Y no funcionó, claro.

El siguiente chiste -“¡Tenemos aquí a Carlos Bardem y Mónica Cruz! Ah, no, que son los hermanos”- fue lo más brillante de todo el guión.

Nota para los guionistas de próximas galas: sólo puede haber un gracioso por noche. Y es el presentador. Una gala de entrega de premios es emotiva por naturaleza. El presentador está ahí para dar el contrapunto simpático y ligero. Pretender que los que entregan premios sean simpáticos y ligeros es tan absurdo como obligar al presentador a mostrarse serio y envarado. Esto funciona así: el conductor hace un chiste o dos (no más), y da paso a una o dos personas muy guapas y muy famosas que dicen siempre lo mismo:

“Buenas noches. Los nominados a [tal, tal, tal] son”, y luego dice “Y el Goya es para [Zutanito]”

Sale Zutanito, tiene su minuto de gloria, y vuelta a empezar el ciclo. No hay vuelta de hoja. Fácil, eficaz, testado. Funciona. Y además no se hace largo. Pero escribirle un chiste a Paz Vega es un suicidio profesional. No sé si os obligaron, pero aun así.

Hace unos años se llegó a la conclusión de que los números musicales, que en los Oscars quedan tan bien, en los Goya iban a apestar siempre. Y dejaron de hacerlos. Bien. A ver si para el próximo año se dan cuenta de que pasa lo mismo con los sketches en vídeo. Casi todos son una mierda pinchada en un palo. Incluso los que son medio buenos, quedan como un pegote raruno. Y de eso no se salvan ni los de Muchachada Nuí.

Alguien debería explicarle al realizador que no es buena idea proyectar dentro de la sala, en una pantalla descomunal, la salida de programa. La función de la pantalla de sala es que los invitados de las filas más alejadas puedan ver las caras de los presentadores y premiados. En esa pantalla sólo deberían pincharse las cámaras que enfocan el escenario con teleobjetivo. Si pinchas la salida de programa, cada vez que encuadres a alguien del público, se verá a sí mismo en la pantalla y reaccionará como un palurdo. Por eso durante la gala veíamos a tanto invitado mirar de reojo fuera de cuadro, como buscando al apuntador.

Álex de la Iglesia dijo “vamos a olvidar a los padres y a las madres”. Pero yo estuve toda la noche acordándome del padre del que hacía la locución. Daniel Castro defendía el lunes pasado la voz en off. Yo también. Menos la de los Goya. La de los Goya debería usarse en las escuelas de cine como ejemplo de lo que no hay que hacer. O mejor, debería usarse como castigo.

No hubo publicidad, pero la gala pasó de las dos horas y media. ¿Porque los premiados se alargaron? No. Es muy fácil coger el reloj y cronometrar los agradecimientos. Si lo hacen, comprobarán que el más largo de todos dura bastante menos que el discursito de los cojones. O que la aparición de Pedro Almodóvar, que se suponía que venía a entregar un premio, y se tiró 4 minutazos ahí arriba. Si quieren una gala ágil: líbrense del discurso, de las gracietas de parvulario, y de los sketches.

Y de Paz Vega.


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