FIRMA INVITADA: POR EXIGENCIA DEL GUIÓN

13 noviembre, 2013

Por David Alonso.

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Nunca me he considerado a mí mismo un guionista.

Actualmente escribir guiones es algo que hago con cierta asiduidad, pero cuando empecé en el ámbito del cine y del audiovisual comencé escribiendo porque yo era el único que conocía que estaba dispuesto a poner en unos papeles las historias que “necesitaba” para (aprender a) rodar y (aprender a) dirigir.

Recuerdo ahora unas palabras de John Carpenter –uno de los directores de los 70, 80 y 90 que más me han interesado: “…creía ingenuamente que después de mi primera película todos los productores vendrían a buscarme en limousine. Y eso no ha sucedido nunca, así que he pasado unos años muy difíciles preguntándome si llegaría a ser director. Durante varios años me acostumbré a escribir guiones, algunos se rodaron y otros, afortunadamente, no.”

Me siento bastante identificado con esta frase –y no solamente por el interés y la admiración que me despiertan quien la pronunció. En cierta forma, como resumen de mi trayectoria como director, asociado a los guiones, hasta el punto en el que estamos ahora.

A lo largo de estos años de hacer películas y tv he escrito con varios guionistas distintos; en más de un caso, también, con guionistas asiduos de este blog. En todas esas ocasiones he aprendido algo nuevo y relevante sobre la técnica de escribir guiones, y sobre lo que suponen en el proceso de elaboración de una película (o una ficción en general); y diría que en muchas ocasiones no siempre he aprendido tanto en el propio proceso de escritura como en el de trabajar, hablar y discutir sobre la película con la otra persona.

11 - 1_20131106232659099En ese proceso en el que vas aprendiendo que es mucho más importante llegar a saber discutir sobre tema, tono, personajes, motivaciones, avances de la trama, conflictos, dificultades… Que sobre planos, movimientos de la cámara, travellings, ópticas, encuadres… Cuando empiezas a entender de lo que hablas en términos de guion –si en algún momento llegaras a dominarlo-, puedes empezar a entender el lenguaje audiovisual para lo que realmente tienes que hacer: contar historias de forma interesante.

Independientemente de que haya escrito con un guionista que también fuera director o con otro que únicamente fuera guionista, el proceso de escribir con otro me ha hecho aprender más, y mejor, sobre todos los procesos de “construcción” de una película.

No quiero decir que siempre que haya escrito con alguien haya sido el maravilloso mundo de Yupi. Hay un montón de historias que resulta que no eran tales, otro buen montón de ideas que no pudieron llegar a desarrollarse, a pesar del esfuerzo y la buena intención de ambos. Y también hay veces que es muy difícil escribir con otro, simplemente porque no se puede conectar con todo el mundo, lógico… Reutilizando  unas palabras que me comentaba uno de los guionistas habituales de esta página, el proceso de trabajo entre un director y un guionista juntos se puede resumir en un par de líneas: “se puede decir que si los dos tienen la misma película en la cabeza, guay; pero si están pensando en cosas distintas… Bueno…”

Con las horas que he pasado dirigiendo he podido comprobar que confiando en el guion, en una mano, y con la planificación en la otra, puedes conseguir que los actores, y el equipo técnico no anden demasiado despistados con respecto a lo que estás haciendo, y cómo lo vas a hacer. Es lo mínimo a lo que puedes aspirar para entenderte bien con los productores si quieres terminar de rodar la película, a no ser que seas Polanski, claro.

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De la misma forma, e igual que ocurre con la planificación (independientemente de que seas un gran dibujante y hayas hecho un story genial o de que hayas preparado unas plantas con las posiciones de cámara), llega un momento en que tienes que enfrentarte con la realidad del rodaje y olvidarte de lo que está escrito en el papel, al menos en parte.

Una de las cosas que más molestan a la mayor parte de los actores con los que he trabajado –actores de todas los tipos, jóvenes y mayores, clásicos y modernos, de una escuela o de otra…-, es esa idea de que sea lo que sea lo que ocurra en el rodaje, hay que hacer lo que pone en el guion por la única razón de que es lo que está escrito. La misma confianza que has depositado en el guionista con el que, a lo mejor, has escrito y en su trabajo, y en el tuyo propio, visualizando la película has de ponerla en la situación que estás viviendo en la localización, en el momento, en el “estar ahí” y en lo que has trabajado con los actores.

Sinceramente, creo que el proceso del guion no termina, casi, hasta que no terminas la película. Ya has escrito (o coescrito, o no, simplemente has leído y has conseguido interiorizar la película que vas a contar), ya has rodado y has reaccionado a la realidad del momento y de lo que aporta el resto del equipo… Después, mientras estás en el montaje llega la nueva “reescritura del guion” (una expresión que aprendí justamente en la sala de montaje). Ahora tienes lo que hay, da igual lo que estuviera escrito, da lo mismo lo que planificaste o lo que te costó rodar aquel plano… Es curioso cómo, algunas veces, llegas a comprender que has rodado “en contra” del guion y has montado “en contra” de lo que rodaste; y no tiene tanta importancia si lo que has conseguido es no perder nunca la perspectiva de la película (que es por lo que se supone que te pagan cuando diriges) y no traicionar la historia que ibas a contar. Y no es solo con el montaje de la imagen, sino con el del sonido y con el proceso de las mezclas, cuando empiezas a ver que las escenas cobran vida en la pantalla, que compruebas que hay matices de la trama que técnica de la postproducción están ayudando a revelar. Son ese buen montón de detalles que estaban latentes en el guion y que se revelan justo cuando ya estás terminando de armar el puzzle.

11 - 1_20131106232222544El trabajo que he hecho con los guionistas con los que he escrito, en aquellos casos en los que ha merecido la pena o ha llegado a fructificar ha transcendido al papel y la Courier de cuerpo 12; ha llegado a extenderse a toda la producción. Algo que, por otro lado, tampoco habría de tomarse como una especie de privilegio especial por parte de los guionistas (el cine puede reducirnos a todos el peligroso ego). Por terminar por otra frase de ese mismo director con el que abría este post: “Si los guionistas se creen que son los autores de las películas, estupendo, vamos a cargar su guion en un proyector, y a ver qué sale…”

(John Carpenter entrevistado por la WGA sobre escribir guiones y dirigir: http://wga.org/content/default.aspx?id=4382)


FIRMAS INVITADAS: FERNANDO CÁMARA Y “CALLES TOMADAS”

15 julio, 2011

Fernando Cámara se inicia como guionista en series de televisión. Debuta en el cine con Memorias del Ángel Caído por la que es nominado al Goya a la mejor Dirección Novel. Es profesor de narrativa audiovisual y miembro de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas desde 1997. NecróParis es su primera novela. Con Calles Tomadas inicia una nueva aventura narrativa.

 

  1. ELLOS

Mientras se cocinaba mi primer hijo en el interior de mi mujer, desarrollé un notable insomnio. Me dormía tarde, entre lecturas y películas de repesca, y me levantaba pronto, lo que me permitió dar tempranos paseos por el barrio. Una mañana de domingo –para el insomnio no hay descanso- me fui topando con algunos bancos poblados por inmigrantes que dormían la mona del sábado noche, quizá arrojados de sus casas, o no regresados todavía para no ser echados. En el 2004 en que ocurría esto, todavía había muchos recién llegados que se estaban acoplando a este engañoso primer mundo que les exigía velocidades y reglas atroces, y el alcohol era su aliado inmediato. Todos ellos formaban una nueva raza que iba tomando sigilosamente las calles y dominaba el barrio. Su actitud sumisa, como de “que no se nos note”, los hacía aún más misteriosos. Y yo me encuentro paseando entre Ellos, sintiéndome solo, diferente, distinto. Debo escapar de allí para que no me descubran. Una vez más, se desata mi viejo pánico a los Ultracuerpos.

  1. LAS CALLES

2004, recuerden. Compro el periódico y descubro un mapa de España. «Intenciones de voto por comunidades». Y más detallado: intenciones de voto por ciudades. Y finalmente, por barrios. Madrid a vista de pájaro, dividido por sus calles, vecinos de diferente signo conviviendo casi sin saberlo. Un país que vuelve a estar dividido por los intereses de la clase política, apoyados por unos medios de comunicación agitadores que buscan el azucarillo de sus amos. Planos de una ciudad quebrada, sometida constantemente a los infantiles manejos de los líderes de opinión. Una ciudad que se desmorona y se radicaliza a cada golpe de urna.

  1. LAS CALLES Y ELLOS

La premisa era muy sencilla: cruzar la ciudad, de noche, y con la mayoría de las calles tomadas por… Ellos. Ya indagaría más adelante sobre quiénes eran esos Ellos. Ahora lo importante era no perder el ambiente, aroma de sueño, pesadilla, un estado de ánimo que nace del miedo. Miedo a cambiar. A que nos cambien. A descubrir que al final todos somos Ellos. Un miedo que suena. Que grita. Miedo de luz. Que huele a electricidad. Y ahoga.

Una aventura en mi ciudad. En las calles de siempre. Una crónica de gentes perdidas, desorientadas, como nosotros, enfrentados a un terror que nace de lo insólito y de lo cotidiano. Por eso se hacía imprescindible no indagar nunca en su origen. Evitar toda posible comprensión de los sucesos, nada que pudiera restar misterio, intriga u horror.

Ahora por fin estaba claro lo que había que contar: Un joven médico tiene que cruzar la ciudad de noche para visitar a su padre enfermo. Pero muchas calles, aunque parecen normales, están tomadas por gente que acecha en silencio. Una aventura terrorífica donde a cada paso pueden convertirle en uno de Ellos.

  1. LA NO PELÍCULA

La gente dice odiar sus pesadillas. Yo las adoro. Sobre todo las de niño, las más puras. Todavía hoy forman parte de mí y puedo resucitarlas con la misma intensidad y emoción de aquellos primeros juegos de infancia.

Calles tomadas me ha acompañado toda mi vida, pero comenzó a escribirse en 2004 como novela (Ciudad tomada). Dura, cruel, seca. Sin concesiones. Pero quedó aparcada tras unos primeros capítulos por proyectos más alimenticios –Trastorno-, acordes con la gestación de mi primer hijo (no artístico sino biológico en este caso).

Al año siguiente, terminada la postproducción de la película y finalizadas las clases, me reengancho a las Calles, pero con un enfoque muy distinto: sería un guión que diera origen a una película muy barata. Y así nació Ellos, planteada para poder rodarse en un entorno familiar, barrios y lugares clave de mi vida. La historia empezaba en mi apartamento de entonces, que ahora es de mi hermano, en la calle Blasco de Garay, y terminaba en Moratalaz, donde vive David Alonso, con quien dirigí Memorias del Ángel Caído. Durante un mes febril redacté el guión, tan manido mentalmente. Como decía William Goldman de sus Dos hombres y un destino, le llevó unas semanas redactarlo pero toda una vida escribirlo.

Y entonces se plantearon dos opciones: producirla en plan cooperativa, con unos cuantos colegas implicados, o someter el proyecto a los despachos de las consabidas productoras. Una cosa no tenía que ir contra la otra, así que empecé el turno de visitas, emails, llamadas… Pero el asunto no cuajaba. Quizá era algo demasiado arriesgado para un mercado que todavía no apostaba por un fantástico sin complejos. Terror sutil, casi invisible. Quizá demasiado localista, acusó un productor poco avispado, ya que si es cierto que en la historia nos movemos por el Retiro, Atocha o Moratalaz, no son menos localistas las películas que transcurren en la sudorosamente manida Quinta Avenida de Nueva York. A lo universal por lo local, proclamo.

Así que regresamos al planteamiento de la autoproducción, pero este no es buen sistema para cualquier tipo de historias –a no ser que tengas un colega rico y kamikaze-. A pesar de la ilusión de algunos amigos y alumnos, reconozco que me venció el miedo a que la película quedara demasiado amateur. Siempre he dirigido cine en formato sibarita, es decir, con un equipo profesional motivado por un sueldo lo suficientemente básico como para que soporten las quince horas diarias que se tienen que echar al cuerpo. Esta película, además, resultaba engañosa, porque aunque pretendía vendérmela como una terrorífica Al final de la escapada, no dejaba de estar plagada de sutiles efectos, complejas iluminaciones y permisos casi imposibles de obtener. Por no hablar de un casting de desconocidos asombrosamente convincentes para representar esta lúcida paranoia.

  1. EL BLOGSTORY

Así que, vuelta a las clases y a los asuntos alimenticios, y otros cuantos años con las Calles aletargadas. Y luego, por fin, de forma sorpresiva, casi neurótica, surgió NecróParis, mi primera novela. Una redacción enloquecida, imparable. Tras las galeradas, revisiones, portadas, teasers y demás, me quedó claro que Calles debía ser la siguiente novela, sobre todo ahora que había probado el adictivo éxtasis de no reparar en presupuestos a la hora de inventar cada escena.

Y así surgió la idea de utilizar la fórmula editorial más veloz del mercado: Internet. Publicar directamente, por capítulos, a lo Dickens, ¡y gratis!, para que no nos acusen a los autores de que siempre queremos comer a cambio de nuestro trabajo. Un blog era la plataforma perfecta porque confluyen narración textual y muchos otros elementos multimedia que permitían expresar estos fantasmas de las Calles en toda su amplitud. Al contenido adaptado del guión, simplemente hubo que añadirle unas cuantas entradas de cariz documental que fueran dando paso al cuerpo de la historia. Y por fin, la criatura: CALLES TOMADAS.

Trescientas cincuenta visitas el día de apertura. Respuestas de todo tipo. Confusión en muchos casos. Lo cual tuvo sus ventajas, porque siendo ésta una aventura tan marciana, no tardó en unirse a la causa el gran David Jasso, presidente de NOCTE, que ya había detectado a algunos extraños Ellos por su barrio. Y así nació la versión maña, CALLES TOMADAS ZARAGOZA, un spin off que fue dando cuenta de las zonas afectadas de su ciudad, así como de nuevas formas para identificar a estos seres, algunas de ellas tan extravagantes que hacen sospechar que el propio Jasso sea uno de Ellos.

Lógicamente, una vez terminado el blogstory, como he dado en llamar a este multiformato, solo faltaba conjuntar todas las entradas y publicarlas en forma de libro. Electrónico, claro, dada su anterior naturaleza blog. ¡Y aquí lo tienes!

EBOOK CALLES TOMADAS

Añado a esta edición el guión de la película, que recorre la misma aventura, con mínimas diferencias. Y lo hago, tanto por vocación pedagógica, como para reivindicar la validez literaria de los guiones cinematográficos. A veces, es mucho más fácil expresarse en cine-papel porque, a pesar de sus limitaciones, ofrece otras ventajas. He de advertir, no obstante, que este guión en concreto está escrito con cierta libertad de forma, un estilo poco ortodoxo, pero que sirve para hacer más viva y emocional su lectura. Al fin y al cabo, ¿no es esa la esencia del cine?

Y éste, amigos, es todo el recorrido de una novela inacabada, que devino en película no rodada, y que finalmente se ubicó como blog multimedia, para ser reconvertido en relato novelado, como originalmente fue concebido. Y quién sabe, quizá algún día, un aguerrido productor se anime a completar este misterioso puzzle.

En resumen, que no abandonéis vuestros viejos papeles, porque hoy más que nunca pueden adoptar diferentes formas de vida, e incluso puede que alguna de ellas le sea más propia que el cine. Al fin y al cabo, una historia, es una historia.

Os dejo con el cuento. Bajad luz y persianas. Y de vez en cuanto echad un ojo por la ventana. Nunca se sabe.

Fernando Cámara

fc@fernandocamara.com


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