LO MEJOR DE 2012, PARA MÍ (PUEDE CONTENER SPOILERS)

31 diciembre, 2012

Por Daniel Castro (Guionista en Chamberí)

Un lugar donde quedarse

Un viejo rockero, con el cerebro frito pero con un extraño sentido del humor, arrastra una maleta con ruedas. Cruza el océano en un trasatlántico para volver a Estados Unidos, ahora que su padre ha fallecido. Una vez allá, se entera de que éste dedicó los últimos años de su vida a intentar vengarse de una humillación menor que había sufrido en el campo de concentración nazi en el que fue internado. El protagonista decide continuar la misión de su padre. Busca por los Estados Unidos al viejo nazi. Por el camino encuentra juega partidas de ping pong, asiste a un memorable concierto de David Byrne, conversa con el tipo que decidió poner ruedas a las maletas, asiste a la combustión espontánea de un todoterreno que le prestó un mafioso y tiene memorables encuentros con ocas, bisontes y hombres tatuados.

Posiblemente, la película más libre del año. “Sólo lo raro es bello”, escribió Baudelaire, Pues eso.

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Take Shelter

El protagonista de “Take Shelter” repite una frase para si: “Hay algo que no está bien, algo no está bien” viene a decir. Es casi la misma frase que repite Sean Penn en “Un lugar donde quedarse”, creo que en el interior del coche. Dos presuntos desequilibrados que resultan ser, irónicamente, más cuerdos que quienes les rodean.

Pero así como “Un lugar donde quedarse” es una curiosa road movie protagonizada por un Buster Keaton disfrazado de Robert Smith, “Take Shelter” es una durísima historia sobre la locura, el amor y el miedo. Ésta, en cambio, no es una película libre. Aquí sabes que, escribiendo y dirigiendo, hay un tipo que sabe a donde va. Y conduce muy bien.

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Los descendientes

Un hombre corre en chanclas hacia la casa de unos amigos. Quiere asegurarse. ¿Es posible que sea verdad? Su mujer, ahora en coma, ¿es cierto que ha estado engañándole con otro hombre desde hace meses?

Sí, es cierto. Y Clooney, con sus chanclas y sus bermudas, llega a conocer al amante. Un hombre para el que su esposa significó demasiado poco. La extraña tristeza de Clooney en ese momento. Por lo menos, hubiera deseado que, para su amante, ella hubiera sido alguien extraordinario.

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Declaración de guerra

Otra carrera. Ésta desesperada, por los pasillos de un hospital. Valérie Donzelli se dirige a si misma, cuando, hace unos años, recibió la noticia. Su hijo estaba gravemente enfermo. Ella y su novio se encarnan a si mismos en una película sobre la enfermedad de su hijo y cómo les afectó. Ahora su hijo está mucho mejor. Pero ellos ya no son pareja. Una película dolorosa y, sí, divertida.

(Aquí, en Filmin)

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La cueva de los sueños olvidados.

Herzog entra en la cueva de Chauvet. Graba en 3D las pinturas rupestres. Los salientes de las rocas, los animales retratados. La mano de un artista, repetida en la pared. Tal vez es su firma. Tal vez es su voluntad de sobrevivir a la muerte y vencer al tiempo. Como la película que estamos viendo.

Y ese extraño epílogo del cocodrilo albino…

(Aquí, en Filmin)

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Diamond Flash.

La minúscula película de Carlos Vermut es una de las más desasosegantes y originales del año. Una mezcla de Tarantino, Shyamalan y Bergman. Os lo juro. Que la haya logrado en condiciones tan precarias es el mejor de los estímulos en estos tiempos de negros augurios sobre el futuro del cine.

(Aquí, en Filmin)

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Lo imposible.

Una película de catástrofes que no es una película de catástrofes, es la historia de una familia normal viviendo una experiencia extrema. Una historia de supervivencia contada con todos los recursos del cine más espectacular, pero también con honradez. No parece española. Efectivamente, parece una gran película de Hollywood. En el buen sentido.

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De óxido y hueso.

A algunos no les gusta el título español. No acabo de entender porqué. Pocas cosas más físicas y duras que una película de Audiard. En ellas todo son cuerpos chocando, huesos partiéndose, cristales clavándose y sangre negra manando. De vez en cuando, un tímido rayo de sol. Un paso más cerca del melodrama, pero sin alejarse del género negro, Audiard y Bidegain adaptan libremente relatos de Craig Davidson, trasladándolos de Norteamérica a Francia sin que pierdan ni un gramo de verosimilitud en el camino.

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Un amor de juventud.

Sin llegar a la altura de “El padre de mis hijos”, la siguiente película de Mia Hansen Love es una preciosa historia de amor y nostalgia que parece hablar, sobre todo, sobre el paso del tiempo.

(Aquí, en Filmin)

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Esto no es una película.

Un director iraní, obligado por el régimen de Ahmadinejad a permanecer en su casa, sin poder rodar. Como un león enjaulado, pasea por el salón de su casa, grabado por la cámara de un amigo documentalista, arreglando detalles legales, preocupado por la seguridad de su familia, que queda atrapada en una manifestación contra el gobierno en las calles de Teherán y, sobre todo, leyendo el guión, interpretando los papeles, dibujando en el suelo las paredes de la casa imaginaria de una película que, posiblemente, nunca le permitan rodar. Pronto admite su fracaso. Una película no se puede contar. Si fuera así, no haría falta rodarla. Os recomiendo ver esta pequeña no-película sobre la necesidad de rodar. Cuando, como en el caso de alguien como Panahi, rodar es vivir.

Con escalofriantes títulos de crédito, por cierto.

(Aquí, en Filmin)

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LAS COSAS QUE HEMOS VISTO (y 4)

2 octubre, 2011

Por Daniel Castro

Acabo el repaso de las cosas que he visto el último verano. Esta vez son cuatro películas.

“La piel que habito“, de Pedro Almodóvar

Me resulta difícil escribir sobre esta película. No sé si me gustó o no. Tampoco sé si me angustió o no. Sé que sentí algo extraño cuando apareció un personaje disfrazado de tigre. Era una mezcla de vergüenza ajena y sorpresa incrédula. Era un personaje parecido al Paul Bazzo de “Kika” o al Ricky encarnado por Banderas en “Átame”: un semental con antecedentes penales.

Se suele hablar de las explícitas referencias que incluye Almodóvar en sus películas: una escena robada a “Opening Night” de Cassavettes, un diálogo de Johnny Guitar, una coreografía de Pina Bausch o unas esculturas de Louise Bourgeois. En algunos casos, esas referencias culturales pueden resultar algo irritantes (creo que el concierto privado de Caetano Veloso en “Hable con ella” es difícilmente soportable por una mente sensible).

Atención, espoilers a partir de aquí.

“La piel que habito”  empieza como una especie de thriller terrorífico, protagonizado por un inverosímil cirujano plástico en una increíble mansión de un improbable Toledo. La película, acaba, sin embargo, como el drama de un hombre literalmente encerrado en el cuerpo de una mujer. Lo mejor de Almodóvar es, en mi opinión cómo, utilizando géneros convencionales, acaba contando historias absolutamente personales. Almodóvar puede ser, según la opinión de cada uno, un buen guionista y director o uno muy malo. Pero, eso no lo discutirá nadie, es, desde luego, diferente. Personalmente, opino que ya hay muchos guionistas y directores que pretenden hacer las cosas de manera académica.

“El hombre de al lado“, de Cohn y Duprat

Es una largometraje argentino que demuestra una verdad muchas veces olvidada: hay películas argentinas en las que no aparece Darín. Y no todas son obligatoriamente malas.

Como sugiere el título, la película va de un problema entre vecinos. Un prestigioso diseñador ve cómo el vecino de al lado va a hacer una fea ventana que dará al salón de su propia casa. El pedante protagonista intentará evitar esa intromisión en su intimidad. Para ello, se verá obligado a tratar con el vecino, un tipo de clase mucho más baja, a veces entrañable, otras inquietante, y siempre rocoso.

Con un tono que varía entre la comedia y el drama, la película explota todas las posibilidades de un conflicto aparentemente tan nimio. Acaba por convertirse en una pequeña metáfora sobre la lucha de clases, la incapacidad de las élites culturales para relacionarse con las clases  populares, el fracaso de la cultura, la incomunicación…

“Historias extraordinarias“, de Mariano Llinás

Es otra PASD (Película Argentina sin Darín). Pero eso es todo lo que comparte con la película anterior.

Si “El Hombre de al lado” es una inteligente película pequeña, casi minúscula, “Historias extraordinarias” es un proyecto monumental y desquiciado. 245 minutos, dividos en tres películas diferentes, narradas por una torrencial voz en off. Historias épicas, misterios, venganzas, tres narraciones principales que se bifurcan y vuelven a bifucarse de nuevo. Lo mejor de “Historias Extraordinarias” es, para mí, la pasión por la ficción, por narrar, que desprende cada uno de sus fotogramas. Lo mejor de “Narraciones Extraodinarias” es que existe. Y lo hace gracias a un tipo llamado Mariano Llinás que invirtió en ella muchísimo trabajo y muy poco dinero; sólo 30.ooo dólares. (No puedo imaginar cómo consiguió rodarla con ese dinero, teniendo en cuenta que es una película de aventuras, con crímenes, escenas de guerra e incluso un viaje a África). Aquí podéis ver una entrevista con Llinás en la que habla con Alan Pauls sobre su epopeya.

La película apenas se ha exhibido comercialmente (se proyectó durante largo tiempo en el museo de arte contemporáneo MALBA de Buenos Aires). Puede verse, eso sí, ilegalmente, aquí. Así la he visto yo. Si alguien quiere detenerme por ello, puede hacerlo. Imagino peores motivos para ir a la cárcel.

Aquí, la primera secuencia de la película, que me dejó pegado al asiento.

“Todo está perdonado” de Mia Hansen – Løve

Como la anterior, “Todo está perdonado” sólo puede verse en España por Internet. Es la ópera prima de Mia Hansen Løve, de la que ya hablé aquí por “Le père de mes enfants”. En este caso, por vía legal, aquí, en Filmin por sólo 1’95 euros.

Aunque me gustó un poco menos que su segunda película, en “Todo está perdonado” ya aparecen todas las mejores cualidades de Mia Hansen Løve. Mientras algunos directores y guionistas se hacen presentes en cada plano, en cada giro de la trama, en cada frase… otros consiguen una mágica invisibilidad. Se disuelven en la historia y logran que al espectador le ocurra lo mismo. Viendo una película de Mia Hansen Løve uno siente que está viendo la vida. Todo es de verdad. Los personajes se desplazan y actúan con fluidez. Cada gesto, cada acto transmite nueva información, sorprendente pero coherente. Todo es narrado sin énfasis, con una inmensa naturalidad. ¿Cómo consigue llegar a esta sabiduría una mujer de menos de treinta años?

Creo que parte de su secreto está en que conoce los asuntos que trata en sus películas. Para “Le père de ses enfants” se basó en un productor al que conoció. Para “Todo está perdonado”, en el caso de su tío heroinómano.

Pienso que para contar historias diferentes y originales, lo mejor es basarse en lo que uno ha vivido de cerca. De esto y algunas otras cosas intentaré hablar en el curso de Bloguionistas, en Hotel Kafka. “El cine y/o la vida. La aventura de la autoproducción”. Allí proyectaré una secuencia de mi pequeña peli “Ilusión”, que está aún en montaje. Me encantaría veros por allá.


ENTREVISTA: FERNANDO NAVARRO

16 septiembre, 2011

por Gorka Basaguren.

En Bloguionistas se ha escrito y reescrito en abundancia sobre cuál es la forma de acceder a este oficio. ¿Cómo se llega a ser guionista? Tengo 25 años y apenas he hecho unas prácticas en una serie de televisión así que no seré yo quien dé la clave mágica, pero tampoco creo que exista una respuesta concreta.

Recientemente, en el Verano de Guión de Córdoba, Valentín Fernández-Tubau decía que el oficio del guionista no es un trayecto en el que se asciende constantemente, si no una espiral en la que unas veces vas a estar arriba y otras abajo. Y tiene razón.

En mi caso, después de cursar el máster de guión de la Universidad Pontificia de Salamanca, a través de una prueba entré como guionista en prácticas (sí, existen los becarios de guión) a Bambú Producciones. Hay que tener en cuenta que esas pruebas eran exclusivas para los alumnos del máster, y no conozco otra forma de entrar a trabajar en una serie de televisión que no sea por prueba o por enchufe contactos.

Pero al terminar el convenio que sostenía esas prácticas, de nuevo me vi en la línea de salida. Volvía a estar abajo en la espiral. Ya han pasado varios meses desde entonces, y como otros tantos aspirantes a guionista, sigo desempleado, vagando entre trabajillos de mierda esporádicos. Aún así, el tiempo que pasé en Bambú cuenta, porque aún recuerdo lo que aprendí y la gente que conocí. Porque de no haber estado ahí, no habría coincidido con profesionales como Fernando Navarro, guionista de series como Pelotas, ¿Qué fue de Jorge Sanz?, Hispania, la leyenda… Y en consecuencia no estaría escribiendo estas líneas.

Como dice Chico Santamano, lo importante es estar ahí, pero sobre todo, estar en movimiento. Porque cuanto más te mueves, más gente te ve. Y puede que algún día alguien se acuerde de ti.

En definitiva, no creo que ningún guionista haya accedido al oficio de la misma forma, y la de Fernando es una de esas trayectorias fuera de lo común que merecen ser destacadas.

Foto: Natxo López

¿Por qué decidiste ser guionista? ¿Buscaste la oportunidad o se te presentó de forma casual?

Medio tocaba la batería e intenté armar un grupo, pero en Granada todos mis amigos tenían uno. Así que me pareció que escribir cine o televisión podría ser igual de lucrativo y algo más relajado. Siempre me han interesado la escritura y el cine, y si juntas las dos cosas: sale un guionista.

Ahora están a la orden del día los cursos de guión, masters, etc. pero tus comienzos fueron muy distintos. ¿Cómo entraste en el gremio? ¿Recomiendas cursar este tipo de estudios?

Escribí mi primer guión de largometraje en Granada, antes de haber hecho otra cosa, en los ratos libres que me dejaban los trabajos mal pagados de camarero o crítico de música para un periódico local. Le pasé ese guión a un actor al que conocí casi de casualidad y él se lo llevó a una productora. Les gustó y me lo compraron. Como suele pasar, la película no se rodó, pero lo cobré íntegramente. Con ese dinero, conseguí tiempo para seguir escribiendo y moviendo cosas.

Respecto a los cursos, a pesar de mi formación, creo que está muy bien escuchar a guionistas con más experiencia, poner en práctica distintas técnicas de escritura, coincidir con más gente que también quiere escribir, aprender el paradigma, los tres actos y todas esas cosas de Aristóteles.

¿Qué hay de los libros? ¿Hay algún manual de guión, o algún libro de cualquier tipo, que te haya servido de guía o de inspiración?

De pequeño medio hojeé uno de Michel Chion cuyo nombre no recuerdo, pero que me parece que estaba bien escrito. Y alguien me dejó el que escribió Jean Claude Carrière, que es uno de los guionistas a los que más admiro. Sobre el proceso creativo a mí me han ayudado cosas muy variadas como el “Mientras escribo” de Stephen King o las “Oblique Strategies” de Brian Eno.

Y para aprender sobre el oficio recomiendo el “Backstory 4” (cuarto volumen de una serie dedicada a entrevistas a guionistas americanos, en este caso a los de los 70), y, sobre todo, “El Vendedor de Naranjas” de Fernando Fernán-Gomez, una novelita sobre un guionista que persigue a un productor para cobrar un guión.

¿Eres el típico guionista con un oficio alternativo? ¿Tienes un Plan-B por si lo de los guiones al final no funciona?

Dios proveerá.

Ahora, desde la distancia, ¿cómo recuerdas tus primeros trabajos de guionista?

No pienso mucho en los trabajos que ya he hecho. Y la realidad es que yo aún estoy empezando, con lo que mis primeros trabajos se remontan a antes de ayer. De todos modos, cuando empecé me sentía torpe en la escritura en sí. Me costaba encontrar las palabras justas, las más exactas o la manera de afrontar cada una de las secuencias. Hoy más o menos es igual.

Dicen las malas lenguas que curraste un tiempo de negro para un guionista famoso (si es que eso existe). No te pido nombres, pero sí anécdotas.

Las malas lenguas se equivocan. No era un guionista famoso. Y no conservo muchas anécdotas. Pero aprendí el oficio a su lado. No hice muchos trabajos para él. Dejó de llamarme pronto. Supongo que pensó que ya estaba preparado para ir por mi cuenta. No sé donde está ahora, pero si está leyendo esto, me gustaría invitarlo a una caña. Pago yo.

Has trabajado tanto en cine como en televisión. ¿Cuál es tu visión de estos dos medios hermanos y tan diferentes a la vez? ¿Dónde te has sentido más cómodo / has encontrado más facilidades para trabajar?

Escribir cine es un trabajo más parecido al literario. Es más personal y, a ratos, mucho más solitario. De la  televisión me gusta su inmediatez, el hecho de poder trabajar mano a mano con otros compañeros, conocer distintos métodos de escritura, ser disciplinado. Se mejora muchísimo como profesional cuando se escribe televisión.

¿Cómo crees que se podría mejorar la situación actual del cine español? ¿Y la calidad de las producciones televisivas?

Quitándolo de la sección “Cine Español” de las tiendas. “Rec” tiene que ir con cine de terror, “Pagafantas” con comedia y, no sé, “La Mujer sin Piano” en cine de autor. Por lo demás, para mí, el cine español no tiene ningún problema. Si que lo hay en la forma que tiene de percibirlo cierto sector del público. Pero no pasa nada, Spain is pain.

Mójate: ¿Cuál es el mejor guión español del año? ¿Y el mejor guión del mundo este año? ¿Y el mejor guión DE TODOS LOS TIEMPOS?

Uff. No sé. De lo que llevo visto este año, me han encantado los guiones de “Dispongo de Barcos” de Juan Cavestany y el de “Cerro Bayo”, una preciosa película argentina. Y estoy impaciente por ver “No Habrá Paz para Los Malvados”, de Enrique Urbizu y “La Piel que Habito”. Respecto a guiones de fuera, ahora mismo recuerdo los de “The Kids Are Allright” de Lisa Cholodenko, “I Saw the Devil” de Jee-woon Kim o “El Padre de mis Hijos” de Mia Hansen Love.

No me atrevo a decir cuál es el mejor guión de todos los tiempos. Puedo empezar a decir guiones que me gustan, no sé… “Río Bravo” de Leigh Bracket y Jules Furthman me parece uno de los mejores, quizá mi favorito por su tono, tan ligero. Están muy bien “La Piel Suave” de Truffaut y Jean Louis Richard, “El Apartamento” de Billy Wilder y I.A.L. Diamond, el guión de “Yi Yi” de Edward Yang, que es como una novela, los guiones de Robert Benton y David Newman (que escribieron casi seguidos) para “Bonnie & Clyde”, “¿Qué me pasa, Doctor” y “El Día de los Tramposos”) y “Superman” o “Two-Lane Blacktop” de Rudolph Wurtlitzer. Si me preguntas mañana, seguramente te diría otros.

¿Cómo llega un joven de Granada a recibir el encargo de desarrollar un guión de largometraje para los hermanos Weinstein?

Llevo tiempo escribiendo con uno de mis mejores amigos, el director Gonzalo López-Gallego. A raíz de la buena acogida de su película, “El Rey de la Montaña”, en el festival de Toronto, se le abrieron las puertas del mercado americano. Un día le encargaron una película de terror y él se atrevió a sugerir mi nombre para escribirlo, aún sabiendo lo difícil que era que aceptaran a un guionista español, desconocido. Les mandamos un tratamiento escrito en inglés, les gustó y encargaron el guión. Todo es mérito de Gonzalo y de nuestros agentes en ICM, que han ayudado mucho con el papeleo.

Hay gente que piensa que “los del cine” os bañáis en champán. ¿Es tu caso? ¿Qué te pilla más cerca: el ranking de Forbes o el comedor de Cáritas?

“Hemos pasado de las más bajas cotas de la pobreza a las más altas cotas de la indigencia”.

¿Cuáles son las claves que te han permitido acceder al mercado internacional? ¿Cómo ha sido el sistema de trabajo con los productores estadounidenses?

La única clave está en la confianza que Gonzalo tiene en mi trabajo. También han ayudado la suerte y un moderado conocimiento del inglés para la escritura del primer tratamiento y la comunicación con ellos. Respecto al sistema, nos han dejado trabajar con bastante libertad. Como en cualquier trabajo, nos mandaban algunas notas desde Red Wagon -la productora- y más tarde, Dimension Films -el estudio- daba el visto bueno a los borradores que íbamos mandando. No ha sido especialmente traumático ni horrible. Son muy educados y muy amables. De todos modos, no me gusta mucho hablar mucho de este guión, porque como todo en Hollywood, no sabemos qué va a pasar con él.

¿Cómo es tu rutina de trabajo? ¿Eres de los que escriben a mano en un café, con jersey de cuello vuelto y fumando sin parar? ¿O tienes una mesa de diseño con un iMac y un sillón ergonómico? ¿Eres de los que no salen sin su libretita en el bolsillo, o trabajas en horas fijas?

¿Alguien escribe con jersey de cuello vuelto? Yo me levanto más o menos temprano, leo la prensa, pongo música y escribo hasta la hora de comer. Después, continúo hasta la caída de la tarde. Trabajo en un despacho sencillo, pequeño, siempre con música, con luz natural y ayudándome muy de vez en cuando de una libreta, que luego casi no miro.

¿Qué les recomendarías a un guionista novel para llegar a vivir de esto?

Que lea. Un guionista es un escritor. Y un escritor tiene que leer. Todo el tiempo y todo lo que caiga en sus manos.


EL CINE Y/O LA VIDA

9 mayo, 2011

Por Daniel Castro.

I

En 2004, Mia Hansen-Løve (ponedle mentalmente a este último apellido esa rayita que cruza la “o” en algunos idiomas nórdicos. Yo soy incapaz de encontrarla en mi teclado. Gracias a Kikoso la he encontrado en alt + o), una joven actriz, guionista y directora francesa estaba preparando su primer largometraje. Uno de los productores con los que se entrevistó era Humbert Balsan. Según Hansen-Løve, Balsan era uno de los tres mosqueteros de la producción francesa, un tipo que elegía los proyectos según impulsos, sin darle mucha importancia a la posible viabilidad económica de estos. Cuando era joven, Balsan apareció como actor en un largometraje de Bresson, “Lancelot del Lago“, y, al parecer, según una entrevista que aparece en el último número de “Cahiers du Cinema España”, recibió a la joven aspirante a directora bajo un cartel de esta película.

Este era Balsan en un fotograma de “Lancelot del Lago”.

Y este debía de ser su aspecto aproximado cuando, años más tarde, se entrevistó con Mia Hansen.

Sin embargo, algo impidió que Balsan, que en esos momentos coproducía “Manderlay” de Lars Von Trier, se uniera al proyecto que le presentaba esa joven directora. Como ese “algo” que ocurrió tiene mucho que ver con la película de la que os quiero hablar (y que os quiero recomendar encarecidamente), “Le père de mes enfants” (“El padre de mis hijos”), la segunda que ha dirigido Hansen Løve, os advierto de que, si leéis a partir de aquí, os enteraréis de un elemento importante de su trama.

Bien, sigo.

Lo que ocurrió fue que ese quijotesco productor, embarcado en más proyectos de los que podía sacar adelante, ese tipo encantador y enérgico, se pegó un tiro.

En “Le père de mes enfants”, Balsan pasa a llamarse Grégoire Canvel y tiene este aspecto, el del actor Louis Do de Lencquesaing.

Canvel está endeudado hasta las cejas. Intenta obtener créditos del banco, tiene hipotecado todo su catálogo pero se resiste a venderlo, mientras, debe gestionar los caprichos de un temperamental director nórdico cuyo rodaje se prolonga interminablemente. Sin embargo, Canvel se muestra como un torbellino entusiasta, un seductor que consigue que sus hijas y su mujer le perdonen sus eternas llamadas telefónicas, sus largas ausencias. De pronto, cuando su empresa está asediada por las deudas, cuando no hay más salida que la quiebra, Canvel se dirige a su coche, quema unos papeles, saca una pistola y se pega un tiro, en plena calle.

Mia Hansen-Løve acabó dirigiendo “Todo está perdonado”, que, por cierto, le fue inspirada por la muerte de su tío. La película tuvo el éxito suficiente como para permitirle, unos años más tarde, dirigir esta segunda que, por fin llega a nuestra pantalla. Lo digo en singular porque… que en Madrid yo sepa, una de las mejores películas de 2010 sólo se podrá ver en la pequeña pantalla de un cine adosado a un Foster’s Hollywood. Un local que precisamente está cerca de mi casa, en Chamberí, que cuenta con menos de cien butacas (posiblemente también menos de cincuenta) y en el que el taquillero hace, a la vez, de acomodador, el Pequeño Cine Estudio. (Eso sí, acabo de comprobar aquí que la película podrá verse también en cines de Barcelona, Girona, Vitoria y Bilbao).

En unos cuantos momentos de la película, Canvel habla con un chico joven que lleva su guión a la productora. No es difícil imaginar que Mia Hansen-Løve se ha retratado a sí misma un poco en ese chico que es, en cierto modo, testigo y personaje secundario de la historia de ese productor. Resulta curioso pensar que Balsan vaya a ser tan recordado por las películas que llevó a cabo como por las de Mia Hansen-Løve, a la que nunca produjo. Resulta impredecible saber qué cosas quedarán de nosotros cuando ya no estemos aquí. Por qué cosas nos recordarán.

II

Esta semana ha muerto un vecino, un hombre anciano que había sido ebanista durante muchos años. Tiene un hijo y varios nietos que, evidentemente, le conocieron mucho más que yo. Él y su esposa, que siempre fueron muy amables conmigo, nos dejaron utilizar un sofá para algunas escenas de “Ilusión”. Como casi todos los muebles de su casa, lo había hecho él con sus propias manos. Este es el sofá.

Yo puedo hablar un poco en este post sobre cómo era mi vecino. La cámara puede retratar cómo era su sofá hace un par de meses, cuando nos lo prestaron. Mia Hansen-Løve ha contado cómo era aquél hombre que estuvo a punto de producir su primera película.

A veces pienso que, más que crear de la nada nuevos mundos o personajes extraordinarios, nuestra función como guionistas o cineastas es mostrar, con las herramientas de la ficción si nos son útiles, cómo eran las cosas o las personas, en el momento en que las conocimos, en el momento en que se pusieron ante nuestros ojos o ante nuestra cámara.

Todos hemos vivido situaciones que nos resultaron extraordinariamente impactantes: enfrentamientos familiares, humillaciones públicas, amores apasionados y/o enfermizos… Todos hemos conocido a personas memorables: seres que nos hicieron, de pronto, ver el mundo de otra manera, personas que siempre recordaremos, pese a haberles encontrado brevemente, ya que nos permitieron intuir, como por una puerta entreabierta accidentalmente, que una vida muy diferente a la nuestra era posible. Una vida más emocionante, más terrible o más peligrosa. Todos, en nuestro interior, en los estantes más recónditos de nuestra memoria, en esos estantes que nos empeñamos estúpidamente en olvidar, tenemos un millón de historias que esperan para ser contadas.

Tal vez ha llegado el momento de dejar de contar historias idiotas. Tal vez ha llegado el momento de desempolvar esos recuerdos, de contar las cosas que nos importan, de hablar de quienes nos marcaron realmente.

III

“Que la vida iba en serio
uno lo empieza a comprender más tarde.
Como todos los jóvenes, yo vine
a llevarme la vida por delante.

Dejar huella quería
y marcharme entre aplausos
– envejecer, morir, eran tan sólo
las dimensiones del teatro.

Pero ha pasado el tiempo
y la verdad desagradable asoma:
envejecer, morir,
es el único argumento de la obra.”

No volveré a ser joven” por Jaime Gil Biedma, “Poemas póstumos” 1968


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