UN GILIPOLLAS ARROGANTE

2 diciembre, 2014

por Sergio Barrejón.

Poco después de terminar la carrera, escribí una obra de teatro breve con una compañera de la facultad. Se titulaba “Coronel Redl” y estaba basada en un guión que presentamos a un taller de cortometraje, como ejercicio de clase. Nos gustó como quedaba el texto, pero no encontramos la manera de levantar el proyecto. Y de pronto, un día, vimos en un tablón de la Facultad un tríptico que anunciaba un concurso de teatro breve.

Sí, UN TRÍPTICO. Soy muy mayor, ¿vale? Era una época en la que la posibilidad de adjuntar archivos a un email nos parecía un invento revolucionario. Una época en la que imprimíamos en papel los emails importantes.

El concurso no incluía remuneración económica, pero el ganador vería su obra representada en una sala comercial, dirigida por un profesional acreditado. No voy a dar nombres. El caso es que ganamos el concurso. Y el profesional acreditado cogió nuestro texto, hizo un casting, encargó un cartel y se puso a ensayar…

Sin contar con nosotros para nada. Ni una llamada en dos semanas. Ni un email. Nada.

Mi compañera y yo no le dimos importancia al principio. Suponíamos que el profesional acreditado estaría muy liado y que dentro de nada nos llamaría. Al fin y al cabo, el tipo era… un profesional. Estábamos ilusionados.

Pasó una semana más. Nada.

Yo tenía entendido que, en teatro, lo normal era que el autor se implicase en las decisiones clave de la producción, incluyendo casting y ensayos. Había leído las autobiografías de Moss Hart, de Neil Simon, de Arthur Miller. Sabía de qué iba el rollo. O eso creía. Ya sólo estaba ilusionado a medias.

Mi compañera llamó a los organizadores del concurso, a ver si había algún problema. Parecían extrañados. Nos dijeron que el profesional acreditado estaba muy liado con otras producciones y tal y cual. Pero accedieron a darnos su email y mi compañera le escribió:

Hola Profesional Acreditado,

Soy Compañera, autora junto a Sergio Barrejón de la obra “Coronel Redl”. La gente de la Organización del Concurso me ha pasado tu email.

Te escribo para decirte que estamos a tu disposición si hace falta revisar el texto o lo que sea. Imagino que ya estaréis con ensayos. Nos gustaría mucho saber cómo avanza el proyecto, quién lo va a interpretar, etc. 

Si fuese necesario cualquier cambio en el texto, por favor no dudes en decírnoslo. Nos encantaría pasarnos por algún ensayo a conocer al reparto y al equipo… y bueno, a echar una mano si hace falta. 

Un cordial saludo,
Compañera.

Pasaron dos semanas más. Nada. Silencio absoluto. Silencio de western: silba el viento. Eco de una puerta mal cerrada golpeando contra la jamba. Tumbleweeds across the street.

Ya no estoy ilusionado. Estoy cabreado. Llamo a la organización en tono de qué coño pasa aquí. Los organizadores me entienden. Me dicen que van a escribir inmediatamente al profesional acreditado.

Apenas una hora después nos reenvían la respuesta del profesional acreditado:

Hola,

Estoy trabajando en la función, estoy muy contento con los actores que tengo y de momento no he necesitado ponerme en contacto con los autores. El texto es claro, y la propuesta también. Cómo a día de hoy no he realizado ningún cambio, por eso no he visto necesario comunicarme con ellos. Todo va bien,

Gracias a todos por vuestro tiempo,

un saludo,

Profesional Acreditado.

Ya no estoy cabreado. Me llamo Bruce Banner y ese email ha sido una explosión de rayos gamma.

Mi piel se pone verde y mis pantalones morados. Saltan los botones de mi camisa. Me abalanzo sobre el teclado, y media hora después envío este email:

Hola, Profesional Acreditado:

Soy Sergio Barrejón, uno de los autores de “Coronel Redl”. Acabo de recibir tu email y hay un par de cosas que no entiendo.

No entiendo cómo el director de una función “no ve necesario” comunicarse con sus autores. Yo pensaba que era lo habitual. Claro, que también pensaba que era habitual invitarles a los ensayos, comunicarles quiénes serán los actores, cómo será el cartel, etc. Pero parece que estaba equivocado. Sí, debe de ser error mío, porque yo sé mucho menos de teatro que tú

De lo que sí sé un poco más que tú, creo, es de cortesía. Porque no es sólo que no te dignes ni saludar a los autores. Es que ni siquiera contestas cuando te saludan: mi Compañera te escribió hace dos días para decirte que estábamos a vuestra disposición para lo que necesitases. Ese email es un buen ejemplo de lo que entiendo por cortesía. Ya no hace falta que lo contestes, pero te invito a que lo releas: igual aprendes algo de educación.

Otra descortesía: dar a entender que sólo “ves necesario” ponerte en contacto con nosotros en caso de que decidas hacer cambios en el texto. Te sugiero cortésmente que te olvides de hacer ningún cambio en nuestro texto sin contar antes con nuestra aprobación. Lo único que necesita cambiar en esta función es tu actitud

Para terminar: me gustaría saber quiénes son los actores, echar un vistazo al cartel, y presenciar los ensayos. (No porque tenga la más mínima duda sobre la calidad de tu trabajo. Es que yo también quiero estar contento). En caso contrario, tal vez no vea necesario permitirte que estrenes la obra

Espero que este texto haya sido tan “claro” como el de “Coronel Redl”.

Que tengas un buen día.
Sergio Barrejón.

Esa misma noche, el Profesional Acreditado nos contestó. Directamente a nosotros. Me consta que esa noche tenía un estreno. Imagino que terminaría cansado. Pero no se atrevió a irse a la cama sin antes escribirnos para comunicarnos el reparto, enviarnos el cartel de la obra e invitarnos a los ensayos.

Fue escueto. De hecho, fue seco. Incluso borde. Pero lo hizo. Hizo lo que se supone que cabe esperar de un profesional.

Habrá quien lea este post y piense que soy un gilipollas arrogante. Habrá quien piense que mi email podría haber sido más conciliador. Esto último es una posibilidad. Lo de que soy un gilipollas arrogante, sin embargo, es un hecho. Pero ambas cosas son anecdóticas cuando a uno le están pisoteando.

A pesar de mi aparente impertinencia cuando me disfrazo de bloguero, en persona tiendo a ser muy dialogante, un team player. Una de las cosas que más me gusta de esta profesión es la oportunidad de trabajar con gente completamente distinta a mí. Siento que aprendo mucho trabajando en equipo, tanto en lo profesional como en lo personal. Pero lamentablemente, hay gente que no lo ve así, que entiende las relaciones profesionales como relaciones jerárquicas. Gente que piensa que un currículum abultado o un par de éxitos recientes les da derecho a tratar a los demás con malos modos. Con esa gente sólo hay dos maneras de lidiar: una, evitarlos. Otra, a hostia limpia. Yo prefiero evitarlos. Pero no siempre es posible.

De todo esto hace 15 años. En parte por este primer desengaño, y en parte porque la televisión y luego el cine me ofrecían más dinero y menos malos recuerdos, he ido dejando de lado el teatro. Pero a finales de 2013 escribí una escena de Los miércoles no existen para Peris Romano… y el veneno del teatro volvió a hacer efecto. Después de aquello, he firmado dos obras más. Una de ellas, escrita con Alberto Pérez Castaños, se estrena esta noche a las 20:00, en Microteatro (Madrid):

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Interpretada por Juan Bey y Ainhoa Tato, y con dirección de Sara Pérez y Mercè Grané, La Marcha Radetzky estará en cartel todos los martes de diciembre. Y Alberto y yo estamos tan contentos con el texto, que a principios del año que viene, se convertirá en un cortometraje dirigido por Héctor Beltrán.

Héctor, Alberto y yo tenemos un grupo en whatsapp por donde discutimos todos los pormenores de la preproducción.


LA OTRA POMADA

1 julio, 2014

por Alberto Pérez Castaños.

Dos de mis post favoritos de Bloguionistas, como guionista joven y novato que soy, son estos: LA POMADA, de Chico Santamano, y CÓMO ENTRAR EN LA POMADA, de Sergio Barrejón. Las razones por las que me gustan son diversas: por una parte, “POMADA” me resulta una palabra graciosísima que no decimos lo suficiente. Y por otra, porque creo que contienen los mejores consejos que se le pueden dar a un guionista que está empezando.

Hace ya más de un año que tomé una de las decisiones más acertadas de mi vida: decidí ir a Salamanca a estudiar guión al Máster de la UPSA. Ya se ha dicho muchas veces por aquí que es el mejor lugar para estudiar la materia en España. Y no lo digo sólo yo, los Bloguionistas que dan clase allí y los alumnos que están publicando recientemente sus experiencias, también lo dice el periódico El Mundo. Parece que me paguen por decir esto, ¿eh? Pero no. De hecho, Pedro, Michi, si estáis leyendo esto: tenéis mi número de cuenta.

Sin embargo, creo que lo mejor del Máster de Salamanca es que es lo más parecido a la antes nombrada POMADA (nótese que hay que escribirla siempre en mayúsculas para lograr el efecto adecuado) que te vas a encontrar mientras te formas como guionista. Gracias a mi año allí conocí a la POMADA de la que habla Barrejón en su post y también a mi POMADA, la de creación propia de la que habla Chico en el suyo.

Porque, ¿para qué sirve un guionista joven?, ¿dónde se esconden?, ¿a qué huelen? Todas estas preguntas tienen la misma respuesta: ¿a quién le importa? Sí, querido amigo guionista novato, como principiante que eres no le importas absolutamente a nadie. Ser guionista joven es duro: cuando te quejas, no hay nadie para escucharte. Por eso creo que lo mejor que puede hacer alguien que está empezando es montar su propia POMADA. Voy a hablaros de la mía:

Somos cuatro (como los Beatles); somos dos alicantinos, un valenciano y un ovetense (también como los Beatles); y tenemos en común el amor por la guasa y el uso constante de referencias aleatorias a los Beatles. También escribimos cosas juntos y vivimos en Madrid. Nuestros nombres: Sergio Granda, Héctor Beltrán, Vicente Bendicho y quien esto escribe. Algunos ya nos conocen como “Ya vienen esos cuatro pesados otra vez, corre, vámonos de aquí antes de que nos vean”.

Teniendo una POMADA, las preguntas que he formulado antes cambian de respuesta: ¿Para qué sirve un guionista joven? Para hacer COSAS. Muchas y variadas. ¿Dónde se esconden? En los rincones peor iluminados de Madrid. ¿A qué huelen? A pechuga de pollo y a Ron Almirante.

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Los Beatles bebiendo Ron Almirante

Personalmente, creo que la mejor manera de no venirte abajo mientras empiezas en el mundo del guión es creando tu propia POMADA. De hecho, si yo no tuviese una POMADA probablemente seguiría viviendo en Madrid, pero ahora sería el tercer heavy de la Gran Vía. Porque, con una POMADA puedes levantar proyectos que de otra manera no podrías. Y gracias a estos proyectos que, a lo mejor no llegan a ningún sitio, habrás conseguido lo que realmente importa: sentirte guionista y aprender a trabajar.

Con una POMADA puedes hacer locuras. Nosotros, por ejemplo, aprovechando que Vicent y Héctor hicieron unas prácticas en la productora La Competencia el año pasado gracias al Máster, escribimos un programa de sketches, nos colamos en el despacho del jefe y lo presentamos. ¿Nos lo compraron? Por supuesto que no. Recuerda que no le importamos a nadie. Pero al menos nos juntamos en agosto durante una semana en un piso en San Sebastián de los Reyes a escribir semidesnudos (insisto: agosto), nos reímos mucho y, de paso hicimos nuestro primer pitch ante un productor. Sin una POMADA no lo hubiésemos hecho. Es más, le cogimos el gustillo y volvimos a hacer otro hace unas semanas: fue ante los productores que formaban el jurado del premio Zona Pitching del Notodofilmfest. Nuestro pitch no ganó, pero quedamos muy satisfechos porque al llegar a casa seguíamos teniendo los calzoncillos limpios. Y porque seguimos aprendiendo. Ojo, que, afortunadamente, de vez en cuando algunos proyectos sí llegan a buen puerto y gracias a ellos podemos seguir permitiéndonos comprar pechugas de pollo y Ron Almirante en Madrid, donde, según Chico Santamano, hay que estar. Nosotros estamos de acuerdo.

Además de escribir cosas en calzoncillos también nos gusta conocer gente que, como nosotros, está empezando. Así que, si os apetece, podéis pasaros a tomaros una cerveza con nosotros los martes de este mes por el Microteatro de Madrid, en el que se estarán representando unas obras nuestras gracias al proyecto Microfusión en el que ha participado el Sindicato ALMA. Id con tiempo porque, ya sabéis, los martes de julio aquello está a rebosar. Nos reconoceréis porque al vernos dan ganas de abrazarnos con ternura.

En resumen, con todo esto lo que quiero decir es que sí, que la cosa está fatal, que vender un guión es prácticamente imposible, que en tele no hay trabajo y que es muy, pero que muy fácil desanimarse para un recién llegado al mundillo. Sin embargo, todas estas adversidades pueden serlo menos si trabajas en grupo y encuentras tus propias oportunidades; hay vida después de los másters de guión, pero hay que buscarla por cuenta propia. Y la mejor manera de empezar es siguiendo los consejos que Chico Santamano y Sergio Barrejón dan en esos dos textos. Ellos saben de qué hablan porque son de la POMADA. Nosotros los hemos seguido, de momento seguimos vivos y, lo más importante, con más ganas que nunca. Como los Beatles.


HABLANDO DE COMEDIA CON DIEGO SAN JOSÉ

28 noviembre, 2013

por Alberto Pérez Castaños

Diego San José es guionista de comedia. Ha trabajado en televisión (“Vaya Semanita”, “La Hora de José Mota”, “Qué Vida Más Triste”, ente otros), en cine (“Pagafantas”, “No controles”) y en teatro (“Más de 100 mentiras”). Hace unos días estuve con él hablando de comedia y de sus proyectos más recientes y éste es el resultado.

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Tras “Pagafantas” y “No controles”, “Ocho apellidos vascos” es tu nuevo guión de largometraje co-escrito con Borja Cobeaga, que se estrenará en abril del año que viene…

Sí. La idea es que vaya al Festival de Málaga y estrenarla inmediatamente después, pero ya veremos. Es una comedia romántica con tintes de humor “regional”. Tiene algo de nuestra época en “Vaya Semanita”, con mucho humor de lo vasco, aunque no muy político, porque creo que no era el guión para meterlo. Pero sí hay algo de política, de nacionalismo, de choque de ideas… La película es una especie de pez-fuera-del-agua, donde un señorito andaluz (Dani Rovira), de derechas, con gomina, pantalón de pinzas y con polo va a Euskadi y se ve obligado a hacerse pasar por vasco ante un posible suegro ultranacionalista vasco.

Esta vez no la va a dirigir Cobeaga, sino Emilio Martínez-Lázaro. ¿Ha sido un proceso de trabajo diferente sin Borja como director del proyecto?

Es una película que hemos escrito Borja y yo por encargo. Es decir, la cadena nos dio una idea general de lo que quería hacer y escribimos el guión en un proceso de un año y medio, más o menos. Con el guión ya escrito la cadena trajo un director, que en este caso es Emilio Martínez-Lázaro, para que la ejecute.

Es un sistema que está bastante bien, diferente al que estamos acostumbrados, en el que alguien tiene una idea en su casa, la escribe, pelea por venderla… Pero esta película se ha hecho con un mecanismo interesante. Creo que estaría bien que hubiese como diez proyectos al año así, donde una cadena busca un guionista para que escriba algo y luego busca a una persona que no está conectada al guión para que la dirija. Es un proceso mucho más corto. Pienso que facilitaría la entrada de muchos guionistas en la industria para hacer cine, ya que gracias a este sistema a lo mejor no tendrían que venir al Picnic a hacerse amigo de ningún director. Ojalá el sistema, independientemente de la película, sí funcione.

¿Crees que podréis hacer “Fe de etarras”, vuestra comedia sobre el terrorismo, a raíz de ésta?

Para hacer de “Fe de etarras” puede haber dos puentes. Uno sería que “Ocho apellidos vascos” salga bien económicamente hablando, de cara a la comercialidad de lo vasco. Y el otro estaría relacionado con un piloto que hemos hecho para ETB, que funcionaría también como TV Movie, titulado “Aupa Josu”. Lo he escrito con Juan Cavestany y lo ha dirigido Borja, y se estrena en diciembre. Por lo político sí se parece más a “Fe de Etarras”, ya que trata de un consejero del Gobierno Vasco que se propone acabar con ETA en dos días. Pero sobre todo se parece en el tono, más deprimente pero muy divertido, como una comedia oscura donde no está subrayada la carcajada. Creo que ha quedado realmente bien.

Borja comentó que Cavestany y tú os quedastéis alucinados con el nivel al que Carlos Areces, el protagonista de “Aupa Josu”, eleva el guión que escribisteis.

Fue brutal. Me asustó, incluso. Me impactó hasta qué punto había entendido bien los chistes. No sólo ha interpretado bien el guión sino que lo ha reforzado todo con una pausa o acabando una frase en un determinado punto porque ha sabido en qué palabra exacta está el gag. Eso es muy complicado pedírselo a un actor.

Hay pocos actores cómicos así, desgraciadamente…

Ya. Además, desgraciadamente no hay muchos en España que quieran ser actores cómicos, como Julián López o Gorka Otxoa, que te saben leer perfectamente un chiste. Ahora mismo vas a una escuela de actores y preguntas quién quiere ser cómico y no creo que salga nadie. Es decir, si les preguntas si quieren hacer comedia, te dicen que sí, pero si quieren ser cómicos, si quieren tener una conexión casi única con hacer comedia, no creo que haya muchos. Es una pena. Quizás por ese desprestigio que va siempre unido al género, que no da casi premios, y muchos no aceptan vivir sin ganar uno. También pasa una cosa con los actores de comedia, que es que la gente le atribuye su trabajo a su personalidad y se creen que de por sí ese tipo es gracioso; ves a un actor de drama y te crees que ha estado tres meses viviendo con yonkis preparando su papel, pero ves al de comedia y te crees que es gracioso porque con cinco años ya hacía reír a la gente de su barrio. Lo que falta es que la gente entienda que hacer reír tiene el mismo trabajo o más que el drama, que hace falta ser muy inteligente para eso.

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Jorge Guerricaechevarría dijo en el Encuentro de Guionistas de Bilbao que a él le gustaba trabajar con el director porque éste se iba imaginando la película en imágenes durante el proceso y eso le venía muy bien para escribir. Tú has escrito con el director y sin el director, ¿te pasa igual que a él?

A mí me pasan dos cosas que responden a por qué sí prefiero escribir con directores. Una es que yo no escribo solo. Escribir guiones de cine es un proceso muy largo y muy aburrido como para hacerlo en solitario. Y encima, al ser comedia te ayuda tener a alguien al lado, porque de vez en cuando te ríes, lo pasas bien y, además, puedes probar los gags.

Luego, por otro lado, a nivel laboral creo que es la respuesta por cómo están cosas. Es por lo que comentábamos al principio. Ahora mismo es complicado que a un guionista lo contraten para escribir una película y luego se incorpore un director. Normalmente, el proceso arranca con un director y luego con un guionista; o bien porque el director no es guionista o bien porque el director no quiere escribir el guión entero él solo.

Y en cuanto a si me ayuda o no a la hora de escribir, creo que más que ayudarme a mí, escribir con el director ayuda a la película, porque el director ha ido viviendo todo el proceso de escritura y luego lo plasma tal y como se han concebido las ideas sobre el papel. Aunque no hace falta que sea el co-guionista en muchos casos. Javi Ruiz Caldera, por lo que tengo entendido está en el guión, en reuniones y tal. Cuando escribo con Borja, él lleva la chaqueta de guionista. Si piensa imágenes o planos concretos lo hace para él, juntos estamos centrados en el guión.

En los últimos meses se ha hablado mucho en diferentes medios mediante reportajes y demás de la llegada de una “nueva comedia española”, en la que os metían a Borja y a ti con “Ocho apellidos vascos”, a “La Gran Familia Española”, a “Tres Bodas de más” y a otras no tan mediáticas “Ilusión” de Dani Castro o “Gente en sitios”, de Juan Cavestany. Me resultaba curioso leer que definían como “nueva comedia” un estilo que, por ejemplo, ya habíais escrito Cobeaga y tú en “Pagafantas” y “No controles” hace años. ¿Qué opinas tú de todo eso?

A mí también me resultó curioso, porque además salieron todos estos reportajes casi al mismo tiempo, creo que coincidiendo con el estreno de “La Gran Familia Española”, cuando, para empezar, “La Gran Familia Española” es una comedia de Dani, de las suyas de siempre.

Mi opinión es que creo que la cosa está tan mal en el cine español que a cualquier pequeño peldaño que subimos le ponemos la etiqueta de nuevo con mucho énfasis, como celebrándolo, lo cual por otro lado me parece bastante natural. Pero no creo que estemos hablando de una “nueva comedia española”, de hecho, a lo que llaman “nueva comedia” es a un tipo de comedia más americana. Creo que podríamos llamar “nueva comedia” a algo hecho aquí sin esos referentes americanos que todos conocemos y que son los que todo el mundo va a ver en masa. Por ejemplo, podría ser lo de Cavestany y su “Gente en sitios” o “Ilusión” de Dani Castro, cosas más lowcost y no a nivel industrial. Pero esto existía también antes, estas pelis muy pequeñas han existido siempre. Para que sea “nueva comedia española” tendría que ser que este tipo de películas las vean ocho millones de espectadores.

De todos modos, una cosa que me molesta mucho es que estos periódicos que sacaban los reportajes sobre el tema, nombrando a “Gente en sitios” e “Ilusión” y celebrándolas como “nueva comedia” luego las ignoren y, por ejemplo, no saquen una crítica de ellas. ¿Por qué Boyero no puede hacer una crítica de “Gente en sitios”?

Por otra parte, aquí estamos más acostumbrados a ese tipo de cine de autor en el que es imposible que un director-guionista español diga: “Voy a hacer una película en la que el público salga deshuevado de la risa de la sala”. Ojalá pasase, pero siempre va a ser un tipo de comedia con sentimientos, con emociones, que gira alrededor de la familia… Es raro que alguien haga una película para meter 15 gags buenísimos y que la gente se ría. Creo que ese tipo de comedia nunca va a llegar por la vía autoral, por desgracia. Es más fácil que una cadena o una productora tenga esa visión y lo haga, como han hecho con “Spanish Movie” o “Promoción Fantasma”, que sería más el modelo de Estados Unidos; que un director con talento como Javier Ruiz Caldera coja un guión de comedia cada año y medio y lo ejecute estupendamente, sin exigir procesos de producción excesivamente. Harían falta cinco o seis más como él, directores que tengan ganas de dirigir un guión ajeno, directores de oficio que no tengan que cambiar el guión o tener que estar en el proceso de creación.

El lowcost también es una buena vía y no está del todo explotada para hacer una comedia de mucha risa, como sí ha hecho “Ilusión”, por ejemplo. Esto es porque el lowcost tiene una especie de pulso extraño con el humor. Parece que si haces una película de mucho descojono pierdes esa etiqueta intelectual que parece que necesita el lowcost, y que yo sepa, “lowcost” habla de un tipo de producción de bajo coste, no tiene por qué ser un estilo “enemigo de la risa”. Por eso espero que de aquí a un tiempo si salgan buenas películas de descojono hechas con poco dinero.

Entonces, ¿eres más de Adam McKay y Will Ferrell que de Wes Anderson, por ejemplo?

Absolutamente. Soy mucho más de Ferrell-McKay que de Wes Anderson que, de hecho, no me interesa mucho. Ferrell-McKay y Sacha Baron Cohen-Larry Charles me parecen los dos dúos más interesantes que hay hablando de comedia, de los más valientes a la hora de realizar un tipo de gag sin coartada, buscando directamente la carcajada. Me encanta esa valentía, que no te vengan vendiéndote una cosa megamoderna, una estética determinada, ni que vayas a poder copiarte las pintas del protagonista para ir a La Latina. Donde se la juegan es en la comedia.

De los británicos me gusta mucho Christopher Morris, que hizo “Four Lions” y además dirige capítulos de “Veep”, y ha hecho tele muy buena que me ha influido mucho. Me parece uno de los máximos exponentes de comedia incorrecta. De hecho, en ese sentido me gustan más los británicos que los americanos.

Volviendo a “Ocho apellidos vascos”. Se trata de tu tercera comedia romántica. Cuando estabas escribiendo “No controles” recuerdo que te leí que estabas algo saturado de este tipo de comedia. ¿Lo dejas ya con esta? ¿Qué otra comedia te gustaría escribir ahora?

Sí. Estoy bastante harto porque realmente no hay tantas maneras de contar el amor en una persona. Ya no tengo mucho más que contar sobre el tema. Además, pienso que el amor en el cine es demasiado complejo; en la vida real una chica te gusta pero es la novia de un amigo tuyo y ni lo cuestionas, pero en el cine tienes que justificarlo, que contarlo todo… Lo cual es curioso porque en el cine la vida es mucho más sencilla: la gente no va al baño ni trabaja ocho horas al día. Por eso ya no me interesa la comedia romántica.

La siguiente que estoy escribiendo con Cobeaga, que la dirigiría él también, habla de la relación padre-hijo y sobre hacerse mayor y la sensación de que tal vez te has perdido la vida. Va sobre un padre que se ha quedado viudo ocho meses atrás y llama a su hijo diciéndole que está preparado para volver a conocer chicas, a salir a ligar. Le pide que le eche una mano y ambos se lanzan a la noche, a ligar como colegas una semana en Canarias, sin contar que son padre e hijo.

Se podría decir que vuestra comedia y lo que queréis contar con vuestras historias va madurando con vosotros…

Totalmente. Además, Borja y yo siempre hemos hablado mucho de la relación con nuestros padres. Con el padre en concreto. No sé si es por ser vascos, pero es una relación en la que nunca se ha hablado de sexo, de alcohol, ni de ligar… Se hace muy incómodo, y creo que el escenario más infernal que se me puede ocurrir en la vida es ver a mi padre borracho bailando o entrándole a una tía. La comedia va un poco por ahí. No hay historia de amor. Ni se van a enamorar, ni a separar, ni nada eso, en todo caso sería la relación entre dos colegas.

Y, a parte de este, ¿tienes algún otro proyecto de cine en marcha?

Sí, estoy haciendo la segunda parte de “Días de fútbol” con David Serrano. Una secuela en la que se vería cómo están sus vidas 10 años más tarde. Si la primera parte hablaba de la crisis de los 30, ésta hablaría de la crisis de los 40; más que problemas con las chicas serían problemas con los divorcios, con la ex-mujer… Es una excusa para retratar la España de la crisis, que a los personajes les ha afectado mucho. Problemas con preferentes, con el Forum Filatélico, con las hipotecas… De hecho, el partido es contra el equipo de los banqueros, una especie de “España contra los malos”.

Además de tener una carrera en el cine, siempre has estado muy metido en televisión. ¿En que estás trabajando ahora?

Empecé escribiendo en televisión y la verdad es que me encanta, porque escribo más rápido y, además, es lo que me da un sustento estable. El cine está genial pero yo considero que lo que me da de comer es mi oficio, y lo que me da de comer es la televisión.

Ahora mismo estoy escribiendo el Especial de Navidad de ETB con Óscar Terol, que lo llevo haciendo un mogollón de años y me encanta hacerlo porque me dan libertad absoluta. Y, por otra parte, llevo meses colaborando con El Terrat en el departamento de desarrollo de proyectos. El año pasado estuve en “La Hora de José Mota” hasta que acabó e hice dos pilotos con Rubén Ontiveros y la gente de “Qué Vida Más Triste”.

Básicamente has hecho entretenimiento, ¿nunca te ha tentado escribir ficción?

La verdad es que me gusta más el entretenimiento que la ficción. A mí me encanta escribir sketches. Aún así, de todos modos, nunca me han llamado para hacer ficción. “Vaya Semanita” me encasilló mucho en el género. Pero sí que me gustaría, aunque ahora mismo no estoy viendo ninguna. Ni española, ni americana.

Parece que en drama las series poco a poco van evolucionando en productos diferentes a los que estamos acostumbrados, más cuidados, más elaborados y contando historias más atractivas. Pero en comedia estamos más estancados y, salvo excepciones, parece que seguimos haciendo productos muy parecidos, con los estándares clásicos…

Yo me ilusioné mucho con “¿Qué fue de Jorge Sanz?”. Me gustó y pensé que iba a ser una especie de punto de inflexión. Tampoco es que fuese muy optimista, pero al menos esperaba que un par de series al año se pudiesen hacer; series un poco fuera de lo común, en las que no hace falta meter un chiste en cada diálogo, pero parece que Canal + ha dejado de producir ficción.

Creo que igual la vía para seguir haciendo comedias atractivas es aprovechar la TDT, ahora que hay tantos canales y tantas horas de ficción, con audiencias pequeñitas. Quizá ese sea el camino para hacer cosas un poco diferentes. Porque, ya te digo, a mí me irrita mucho eso de que en cada diálogo haya que meter un chiste o cuando entiendo cómo se ha hecho el gag, cuando se nota que se ha aplicado escuadra y cartabón para construirlo. Parecen gags industriales, como generados por un robot. Por eso, esa comedia en que no sabes muy bien de qué te estás riendo me parece muy dificil que se haga aquí. Ojalá algún día podamos llegar a hacer cosas como “Louie”, por ejemplo. Yo en “Louie” no veo donde está el gag pero aún así me río y, de hecho, hay veces que ni siquiera hay gag y me fascina. Me río mucho y me encanta porque no sé cómo lo hace, no le veo el mecanismo. Y esto lo tenía también “¿Qué fue de Jorge Sanz?”.

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Ahora está habiendo una sequía bastante importante en el género sketch nacional, como si se hubiese pasado de moda de repente, pese a que siempre ha estado ahí, tanto aquí como fuera.

A mí me parece que el monólogo ha sido un gran asesino del sketch, y no sólo a nivel televisivo, que también. Sobre todo creo que lo ha matado en la etapa inicial, donde nacen los cómicos. Igual que en los 80 había salas donde iban a actuar los cómicos, como la Sala Cleofás, donde empezaron gente como Cruz y Raya o Martes y Trece, ahora todo son bares de monólogos, teatrillos para monologuistas. Por eso creo que una de las razones por las que no hay sketches es porque no hay gente que los haga. Ya no surgen dúos cómicos. Ahora la palabra “dúo” suena a la España de “Cuéntame”. Ya no existe. Pero ahora sigue tan válido como en los años 80, y sin eso el sketch aquí no sobrevive. Ahora son todo monologuistas y es una pena, porque yo siempre he sido un gran fan de los cómicos de peluca, de acentos y de imitador de voces.

Por lo tanto, a tu juicio, ¿qué es lo que necesitaría el sketch español para tener un nivel de solidez y asentamiento como puede tenerlo el sketch norteamericano o el británico, con buques insignia como “Saturday Night Live” o joyas recientes como “Little Britain”?

“Saturday Night Live” o “Little Britain” se hicieron porque en su día hubo personas que quisieron hacer algo más allá del humor cotidiano, más allá que recorrerse bares haciendo monólogos. Lo que necesitaría el sketch español es que el chaval de 22 años de un pueblo de Badajoz que quiere ganarse la vida haciendo reir se ponga una peluca y se olvide de observar cómo es su cuñado o cómo se comportan las chicas cuando se cortan el pelo; que se proponga crear un personaje o sketches surrealistas sin ningún sentido… Pero ahora mismo eso no pasa, porque ven que si hacen un monólogo luego pueden ganarse la vida de eso, lo cual está muy bien para ellos, pero no para el sketch.

Es decir, que una posible nueva generación de sketches en España tendría que venir de la mano de los intérpretes en lugar de los propios guionistas y creadores como tú…

Se podrían dar ambos casos. Por ejemplo, en Estados Unidos, cuando crearon “Satuday Night Live” fueron a Second City y de ahí sacaron a los cómicos, y una vez los tenían, hicieron un programa de sketches. Pero ahora sería muy complicado hacer un programa de sketches más allá de la gente de “Saturday Night Live”. La única manera es coger a monologuistas que hagan de cómicos. Yo creo que si surgiera una pareja de cómicos o un cómico como es José Mota, por ejemplo, un cómico en el sentido más literal de la palabra, podría haber alguien que le diera un programa. Igual que en los 80 era impepinable que los viernes por la noche hubiese un programa de televisión con algún cómico o pareja de cómicos, ahora es imposible. Pero el caso es que no creo que la gente lo eche de menos. Yo porque soy un amante de los sketches y sé que en este tema hablo desde un punto de vista muy personal, pero la gente tiene ganas de monólogos. No creo que nadie esté pensando que ojalá vuelvan los sketches. Pero es algo que yo echo mucho de menos.

Pero en el caso concreto de “Saturday Night Live”, muchos de sus mejores actores vienen del stand-up. Gente como Eddie Murphy, Chris Rock o Adam Sandler empezaron en el stand-up y acabaron triunfando como actores cómicos. Allí es un salto bastante natural. ¿Es porque el cómico norteamericano es diferente al que hay aquí?

En muchos casos el monologuista norteamericano es bastante diferente al de aquí, porque interpretan desde un personaje, no como ellos mismos. Se crean una especie de caparazón. Eso es lo que hacían los cómicos de los 80. Se inventaban una lectura de la vida, un estilo personal por el cual deformar la realidad, que es lo contrario a lo que hacen los monologuistas de aquí, donde todos tienen un mismo patrón con el que deforman lo cotidiano, sacándole pequeños fallos al comportamiento y las torpezas de las personas. De esta manera hay chistes que podrían ser de diez cómicos diferentes. En cambio, un chiste de Cruz y Raya lo diferencio de uno de Martes y Trece, o de uno de Faemino y Cansado. Eso es lo que me gustaría. Tener este tipo de cómicos con humor personal, y no escuchar un chiste sobre la pelea de una pareja por el mando a distancia.

Entonces, del stand-up actual o clásico, tanto de aquí como de fuera, ¿con qué te quedas?

De aquí me gustan mucho Ernesto Sevilla, Julián López y Raúl Cimas. De fuera, admiro a Louis C.K. Su último especial, “Oh my God”, me parece espectacular. Y clásicos, pese a que no creo que se pueda meter dentro del monólogo, Andy Kaufman me gusta mogollón. También George Carlin, Bill Hicks, Eddie Murphy… Me gusta mucho lo que hace Zack Galifianakis con el piano, que lanza one-liners totalmente absurdos. Y volviendo a lo nacional, más clásico, Chiquito de la Calzada, pese a ser un cuentachistes, me parece un cómico portensoso. Me da mucha pena que a Chiquito se la haya defendido mucho desde el frikismo, cuando es uno de los cómicos más acojonantes que ha habido en España. Creó un lenguaje, un personaje y un estilo físico con el que estuvo a un nivel brutal. Luego, el estilo de Eugenio también me gustaba mucho, ese mismo tono siempre, como de funeral, contando chistes desde la seriedad. Es, de nuevo, un personaje, el “qué pasaría si te comunican la muerte de tu madre y te obligan a contar un chiste”. Ese choque es una gran idea, un gran personaje. Esas son las cosas que admiro.

Además de cine y televisión, también has trabajado en teatro, concretamente fuiste unos de los autores del musical “Más de 100 mentiras”. ¿Tienes algún otro proyecto teatral en marcha?

En “Más de 100 mentiras” yo me incorporé para trabajar en los gags, mi aportanción fue para la parte más cómica de la obra, aunque al final acabas haciendo de todo.

Ahora he escrito una obra de teatro, una comedia que se llama “Doble o nada”, para intentar levantarla el año que viene. Y también tengo un proyecto con David Serrano que se llama “El Manual del Pillador”, en el que la idea es hacer una especie de simposio, una obra de teatro que sería una master class de cómo ligar con mujeres, interpretado por un personaje que supuestamente es un megafollador pero sus consejos son de alguien patético que no ha pillado cacho en la vida.

Ahora hay guionistas que siempre han escrito cine y televisión que se lanzan a escribir teatro. ¿A qué crees que se debe esto?

Creo que se debe a una razón principalmente laboral y económica más que por espíritu y vocación teatral. Está todo tan mal que muchos se ven obligados a hacer cosas que nunca han hecho antes, como, en este caso, es el teatro. Luego también hay mucha gente haciendo Microteatro, que parece que está muy de moda.

Todas estas alternativas teatrales que hay están muy bien también porque ofrecen una vía de hacer algo que no ofrecen ni la tele ni el cine. Si quieres hacer sólo cine, te cuesta años ver realizado algo que has hecho y la ventaja que tiene el teatro es que son procesos mucho más cortos. Y escribir un Microteatro está genial porque también es un proceso menos elitista que escribir, por ejemplo, una serie. Si eres un guionista novel, escribes una serie y la llevas a una cadena, no te la van a leer, pero escribes un Microteatro y es posible que hasta lo acabes haciendo, y de esta forma ves como con veintipico años ya hay un texto tuyo representándose. Creo que esto es muy necesario, porque si no, mucha gente joven tiraría la toalla. En esta etapa en la que estamos, en la que es tan complicado encontrar trabajo, se pueden perder muchos guionistas jóvenes capaces de escribir cosas de calidad. Por eso está muy bien el teatro, tanto en circuitos más comerciales, como en salas más alternativas o en Microteatro. Es, sin duda, la mejor forma que hay ahora mismo de aguantar la espera hasta encontrar trabajo o, los más jóvenes, una oportunidad.


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