DAVID BRONCANO: “SI BUSCANDO HACER COMEDIA DE ALGÚN TEMA PASAS POR UN CAMINO ESPINOSO, HAY QUE HACERLO IGUALMENTE”

30 abril, 2018

Por Àlvar López y Carlos Muñoz Gadea

La resistencia se ha convertido, tres meses después de su estreno, en uno de los formatos de comedia referentes en la parrilla española. El programa, que sigue el formato de los late night, se emite en directo cuatro días a la semana, así que hemos querido preguntarle a David Broncano, codirector y presentador, cómo funciona el proceso de guionización del programa y, ya de paso, sobre su manera de entender la comedia.

David Broncano - La Resistencia.jpg

David Broncano en el plató de La resistencia. © #0 de Movistar+

Cuando la gente ve La resistencia, la sensación que muchas veces se percibe es que gran parte del contenido parece fruto de la improvisación y, sin embargo, como todo programa -sobre todo tratándose de uno diario con un tiempo limitado de emisión-, la escaleta y el guión juegan un papel importante.

Así como en La vida moderna sí que jugamos mucho más con la improvisación, La resistencia sí cuenta con un equipo de guión de puta madre. Claro que hay un guión, se nota sobre todo en ciertas partes como el monólogo inicial, vital para un formato así, y que efectivamente viene guionizado de manera literal. Para el resto de secciones, como por ejemplo la entrevista que es lo que más tiempo tiende a ocupar, trabajamos más con una documentación. Yo no hago preguntas literales, sino que trato de encadenar los distintos temas partiendo de esa documentación que se elabora cada día en la sala de guionistas, enfocando los aspectos de la vida del entrevistado a posibles chistes. Por otro lado, las secciones de colaboradores, como la de Jorge Ponce o Ricardo Castella, las suelen escribir ellos mismos. Lo que en mi opinión mola del formato es que es una mezcla entre un guión al uso y sus posibles salidas hacia la improvisación.

Imaginamos que precisamente la posibilidad de improvisar surge de esa estructura previa de guión, a partir de la cual podéis pactar entre vosotros y jugar en la medida de lo posible con los tiempos.

Sí. Lo que yo hago es jugar con el contenido concebido por los guionistas y los tiempos de cada sección. Me van dando indicaciones en directo sobre el tiempo que llevamos y yo trato de jugarlo a partir de esas premisas. Es la eterna pelea entre la dirección y la realización y en este caso yo como presentador. Pero es difícil medir con exactitud todo. Ocurre mucho, como decía, con la entrevista, en la que a pesar de tener el tiempo indicado antes de empezar, muchas veces puedes considerar que merece la pena seguir un poco, por el contenido o quizá porque quieras acabarla de otra manera. Y evidentemente eso tiene consecuencias sobre el resto de secciones, por lo que necesitamos de esa flexibilidad.

La resistencia como programa ha sido concebido para permitir esas idas y venidas. Forma parte de la idea misma del programa y vamos muy de cara con ello. Si un día queda menos tiempo o hemos alargado una sección, no tenemos ningún problema en decírselo directamente a la audiencia. De hecho, yo juego mucho con Ricardo Castella, que ejerce de director del programa, con toda esta chorrada de cuánto tiempo queda. La conversación que normalmente se tiene de manera interna o que se hace a través de órdenes, nosotros la explicitamos como parte del contenido mismo del programa, lo que considero que aporta comedia y ayuda a reforzar esa sensación de directo que queremos transmitir de cara al espectador.

Precisamente, y es interesante hablar de ese aspecto. Puede intuirse que hay una parte de pantomima, pero al final las órdenes y los tiempos se respetan dentro de esa flexibilidad. Ricardo ejerce de director pero también interactúa contigo y los entrevistados en directo. ¿Cuánto de real y cuánto de comedia hay en esa relación director/presentador?

Pues en realidad, todo lo que hablamos sobre aspectos internos del programa en directo es real al cien por cien. Nosotros no falseamos nada. Luego, a su vez, hay un monitor de órdenes, que de hecho está justo detrás de Ricardo, que también nos ayuda a poder medir los tiempos y seguir cierto orden durante la emisión. Y al mismo tiempo, durante el directo, Ricardo también se comunica con lo distintos actores de dirección y realización. Es algo que hacemos sistemáticamente y que forma parte de nuestras intenciones cada vez que hacemos el programa. Tratamos de hacer la menor pantomima posible, de falsear lo mínimo posible. Todo lo que dice Ricardo en directo como director del programa son órdenes tal cual, solo que nosotros hacemos a la audiencia partícipe de estas indicaciones. Nunca se genera un sketch ficcionando esas indicaciones técnicas.

Y para ello, seguramente necesitéis una buena preparación de la documentación y de los contenidos generados durante la fase de guión. Sin eso, es difícil explicar la rapidez y la naturalidad con la que fluyen los chistes en cada programa.

Efectivamente. Y a veces es complicado. Siguiendo con la figura de Ricardo Castella como director, que además participa de los chistes en directo, intento siempre que me preguntan resaltar su papel. El hecho de que Ricado dirija y al mismo tiempo actúe de verdad creando chistes me parece impresionante. Cuando lo probábamos, antes de que el programa se emitiese por primera vez vimos que tenía mucho de comedia que dirigiese, actuase y además tocase el piano al mismo tiempo. Requiere ser un genio, ser Ricardo Castella, para poder hacer eso. No sé cuanta gente existe que pueda hacer eso. Debe ser él y dos más. Ya de por sí, su figura como apoyo para la comedia ya es complicada, porque tienes que medir cuándo metes o no los chistes, cuándo metes una mano y cuándo te callas. Y a eso súmale que Ricardo está dando órdenes. De verdad que cada día que pasa me sigue sorprendiendo que lo haga tan guay, porque es una mezcla dificilísima que yo al menos no he visto nunca.

Desde luego, en este tipo de programas influye mucho la selección de todo el personal, incluidos por supuesto los cómicos. Tanto ellos, como el resto de personas que forman el equipo creativo, tienen que ser muy complementarios contigo, ¿verdad?

Yo siempre intento que el programa sea muy conversacional, que sea real en todos los aspectos. Pongamos el caso de Jorge Ponce, que es quien tiene su propia sección de manera más continua. Evidentemente, él parte de un guión elaborado previamente, aunque no siempre es un guión literal, sino más bien apuntes para saber por dónde va a tirar. Además, yo siempre pido no saber de qué van a hablar el resto de los cómicos, porque contribuye a esa mezcla de guión y calor del momento que aporta frescura al programa. Para ello, es necesario que exista muy buen rollo entre todas las personas que participan del proceso creativo del programa. Todos los que trabajamos aquí somos amigos, o nos llevamos muy bien, lo que sumado al hecho de que son grandes profesionales ayuda a que el contenido sea muy entretenido y ágil sin perder frescura. Esa mezcla puede ser peligrosa a veces, porque requiere una química que de no existir puede hacer que el resultado quede muy deslavazado, pero creo que en La resistencia funciona bastante bien.

Y sin duda es fruto de una cantidad de trabajo fuera de la hora que dura el programa, del que quizá la gente no es del todo consciente. ¿Qué podrías contarnos sobre cómo se organiza y prepara una emisión de La resistencia?

Desde el punto de vista de los contenidos, es el equipo de guión el que inicia la creación de los contenidos de cada programa. En La resistencia, contamos con cinco guionistas (Javi Valera, Fernando Moraño, Helena Pozuelo, Denny Horror y Borja Sumozas) y un coordinador de guión (Jose Molins). Ellos cinco se reúnen todas las mañanas, en torno a las diez. A esa reunión, como suelen recordarme muchas veces durante el programa, no suelo asistir (ríe). Creo que he ido una vez, pero me consta que la hay. Y básicamente, consiste en ir sacando temas interesantes, que muchas veces ya traen pensados cada uno de ellos.

IMG-20180426-WA0000.jpg

De izda. a dcha., y con mucho sueño a las 8 de la mañana, Javi Valera, Fernando Moraño, Helena Pozuelo, Denny Horror, Borja Sumozas y Jose Molins.

A esa reunión asiste normalmente Ricardo Castella como director -o codirector, junto conmigo- y también Jorge Ponce, que es un caso distinto porque abarca en general todos los procesos del programa. Creo que figura oficialmente como subdirector en los créditos, pero en realidad da para mucho más. Yo tengo tanta confianza en Jorge, y creo que es tan bueno, que ya cuando le propuse participar le comenté que su función sería la de estar atento a todos los aspectos del programa, opinar de todos ellos y ser escuchado. Y la verdad es que no ha dado una idea mala en todo este tiempo, vamos. Podríamos decir que es transversal a todos los aspectos del programa, además de hacer su sección.

Volviendo al trabajo de los guionistas en esa primera reunión, como te decía, lo que se hace es principalmente ir sacando los temas, sobre todo para al monólogo inicial que yo hago al empezar el programa. También se lanzan ideas para los momentos que salimos a la calle a preguntar a la gente, o sobre posibles preguntas al público. Y lo mismo ocurre con las entrevistas, que no tienen por qué tener una parte de sketch en sí, pero que de tener ya empieza a elaborarse por la mañana.

Y tras esa reunión se reparte el trabajo creativo que acabará una vez salgas tú en directo.

Una vez concluida la reunión, los guionistas ya se ponen a desarrollar las ideas hasta yo diría que las tres de la tarde, al menos in situ. De hecho, ellos envían una versión de guión un poco antes de esa hora. Esa versión la coordina Jose Molins y la revisan Ricardo Castella y Jorge Ponce para realizar los cambios ya definitivos. Y ya finalmente, a mí me llega como una hora y media antes de empezar el programa, que es cuando voy yo a plató. Lo que hago entonces es darle un último filtro, reescribiendo alguna frase para acomodarla a cómo lo diría yo o cambiando alguna cosilla de última hora.

Por lo tanto, la sala de guionistas tiene que tener todo listo a primera hora de la tarde, para que luego dé tiempo a hacer las distintas revisiones. Eso implica mucha inmediatez y agilidad para sacar el trabajo adelante.

Efectivamente, y sobre todo por la mañana su trabajo es más intenso. Hacia el mediodía tienen que tener ya muy claros los contenidos, y haber avanzado bastante en la escritura. Por suerte, el equipo de guión de La resistencia está formado por personas muy capaces, gente muy rápida. De todos modos, creo que hemos conseguido crear una rutina que favorece que el trabajo se saque a tiempo. Hay una parte que consiste en sacar adelante los contenidos más inmediatos, los del día mismo, pero luego cuando ellos se van a casa continúan lanzando ideas, ya no para la emisión de esa noche, sino para próximos programas ya previstos o para las distintas secciones, ya sean las consolidadas o las nuevas propuestas que puedan plantearse.

Una rutina así, con plazos tan cortos para sacar el trabajo adelante, precisa de mucha complicidad entre todos los que se encargan de las labores creativas. ¿Sueles trabajar siempre con equipos parecidos?

En cierto modo sí. Por ejemplo, cuando pasamos de hacer LocoMundo a hacer La resistencia, como yo estaba muy contento con el trabajo del equipo de guión, me llevé conmigo a varios de los que estaban allí. Y es algo que creo que es muy guay, y que ayuda mucho a mejorar la calidad del programa. Cuando gente que ya se conoce personal y profesionalmente, y que además ya sabe trabajar un tipo de contenido muy similar al que nosotros queremos para La resistencia, lo normal es querer seguir trabajando con esa gente. Y eso que el estilo de guión de LocoMundo es muy distinto al que precisamos ahora mismo, ya que es un programa que sí es orfebrería total del guión, donde el guión literal se utiliza prácticamente en la totalidad del programa debido a su periodicidad semanal, que permite más trabajo de escritura y de revisión.

Una revisión más concienzuda que ya no podéis permitiros, aunque no por ello renunciáis en La resistencia a tratar todo tipo de temas . Queríamos preguntarte precisamente por los límites el humor. Uno de tus monólogos en LocoMundo hablaba precisamente de eso, así que creo que la posición de La resistencia al respecto está clara. Aun así, vistos los problemas que mucha gente está teniendo, incluido tú mismo en algunos de tus programas, ¿crees que la gente puede llegar a autocensurarse inconscientemente?

Nosotros intentamos no hacerlo. Es complicado algunas veces, cuando se te pasa un chiste por la cabeza puedes llegar a pensar sí te van a caer o no las hostias, sobre todo de un tiempo a esta parte, después de los problemas que hemos tenido con algunos chistes. Pero es que, claro, en programas como La vida moderna o La resistencia, que generan varias horas de contenido diario, se acaban diciendo muchas cosas, y no todas vienen escritas y revisadas por guión. Tienes una décima de segundo para pensar y al final tienes que hacer un poco el ejercicio de no dar marcha atrás ni autocensurarte tú mismo. Hay días que cuesta más que otros, sobre todo después de haberla liado mucho justo antes, y más que nada porque ninguno queremos estar siempre con contenciosos que son un coñazo. Al final hay que intentar mantener el tipo en ese aspecto.

Claro. Además, en cierto modo, hacer comedia implica estar cerca de esos límites sobre lo que es correcto y lo que no. De no ser así, seguramente el programa se convertiría en algo más blanco que no gustaría tanto.

Hay muchos tipos de humor y muchos tipos de comedia. La hay muy neutra que es la hostia sin tener que tocar temas susceptibles de herir ninguna sensibilidad. Y en realidad nosotros no buscamos ofender, para nada, aunque a veces sucede sin ser nuestra intención. De hecho, yo siempre intento evitar que parezca que queremos provocar. Es lo que más rabia me da. Tratar de tener una pose que diga “mira qué provocadores somos” es algo que odio. Como cómico he tenido una época, sobre todo cuando empezaba, en la que buscaba eso en mis monólogos, para que la gente viera que era un punki. Pero con el tiempo todo eso pasa, y te das cuenta que ese postureo provocador tampoco va a ningún lado. Ahora ya, si buscando hacer comedia de algo pasas por un camino espinoso, considero que hay que hacerlo igualmente. Eso es lo que intentamos hacer nosotros. Luego es lo que te comentaba antes. Hay muchos momentos de los programas en los que no decimos ninguna barbaridad y hacemos buena comedia con eso, pero solo los chistes que ofenden a alguien son los que causan revuelo.

Sobre todo tratándose en algunos casos de programas como LocoMundo, enfocado a la actualidad, y que por lo tanto precisa de cierta crítica con respecto a lo que sucede en el mundo.

Desde luego. Ese es un poco el caso paradigmático. Cuando tratas un tema actual que además pique un poco, porque esa es la idea de la crítica, siempre tienes que transitar esos caminos. Si hubiésemos hecho un LocoMundo hablando de las lámparas victorianas, el programa se la hubiese sudado a todo el mundo. Cuando hablas de religión, o de veganismo, o de feminismo, o de cualquier tema que esté un poco más presente en la sociedad actual, tienes que apretar un poco y dar caña desde el guión, en nuestro caso a través de la comedia. Y que se ofenda alguien es inevitable. Si no, no tendría ningún sentido.

En definitiva es lo que se espera de un late night, o de cualquier otro programa adulto de comedia. Y es una lástima que la gente se ofenda tan rápido con algunos temas, cuando son tratados desde el prisma del humor.

Muchas veces, la gente debería distinguir un poco más entre realidad y ficción. Muchas veces, tú puedes utilizar un chiste, un concepto o un tópico para hacer una broma y eso no debería confundirse con hacer aquello que cuentas en la vida real. O sea, estás utilizándolo casi como una figura literaria.

Sobre lo que comentabas de que la gente se ofende enseguida, creo que hay gente que se ofende demasiado rápido, pero también que hay mucha más gente que no se ofende, pero tampoco protesta. Cuando hay una polémica por algo que alguien ha dicho en un contexto cómico, luego te das cuenta de que el porcentaje de personas ofendidas con respecto al total de la población no es tan amplio. Nadie ve un sketch o escucha un chiste de humor negro un poco duro y se mete en Internet a decir “qué poco ofendido estoy”.

Nos llamó especialmente la atención las declaraciones de cierto político, que la tomó con vosotros por hacer chistes sobre Huelva en La vida moderna.

En ese caso concreto, aunque no comparta muchas veces lo que nos dicen a nosotros, entiendo más a un señor que no conoce el programa, en este caso un señor de Huelva, que ve un extracto de un minuto en el Facebook de su primo en el que decimos “joder, qué fea es Huelva” y en un momento dado piense que somos unos cabrones porque Huelva es preciosa, que a los políticos que tratan de dar una respuesta institucional. Yo no reaccionaría como ese señor, pero puedo entender el mecanismo interno que le lleva a reaccionar así. Me cuesta mucho más aceptar, porque precisamente entiendo por qué lo hacen, que alguien que esté en la esfera pública y conozca cómo funcionan estos resortes, como un político, se haga el ofendido para avivar la llama y rascar cuatro votos.

Con esto quiero decir que todo el mundo tiene derecho a ofenderse, que yo lo entiendo y lo respeto, pero que eso es algo muy distinto a subir el tono de la manera en que suele subirse en estos casos. Sobre todo tratándose de un político, que decide ocuparse de este tema, en lugar de prestar atención a otros muchos, que son más importantes. Eso me parece lamentable.

Captura de pantalla 2018-04-29 a las 16.29.43.png

Creo que, además, si uno entiende que es un programa de humor, ya no puede darle esa seriedad. Es una cuestión de código. Seguramente no haríais un chiste, si de verdad pensaseis que una región estuviese realmente en una situación muy complicada.

Bueno, es que es un tema delicado. Incluso si yo lo pensase, debería tener derecho a hacer el chiste. Para mí, si es gracioso vale. Lo único que no debería valer es lo que no es gracioso, pero entiendo que muchas veces es difícil decidir qué es gracioso y qué no es. Como cómico, tu objetivo debe ser que todo lo que digas sea gracioso. Dicho esto, es evidente que fuera de un contexto de comedia, no puedas ir a reírte en la cara de un señor en concreto que está en la mierda. Eso sería ser un cabrón. Pero cuando tú haces un chiste en un medio, sin un oyente cara a cara, y lo haces para una audiencia global, debería estar claro que tu objetivo no es ofender a alguien en concreto. Y al mismo tiempo, el objetivo de la comedia tampoco es no ofender. No se puede pensar antes de crear un chiste que el requisito sea que no ofenda a nadie, porque eso es por definición imposible.


CUATRO AÑOS EN PARO

19 noviembre, 2015

por Enrique Herrero (‘Sé lo que hicisteis’, ‘El club de la comedia’).

Hoy hago cuatro años en el paro, o lo que es lo mismo 1460 días, o  2102400 minutos, o 96595468446682268716859 actualizaciones de la base de datos de Avast!. Cuando veía por televisión a gente que llevaba tanto tiempo en paro pensaba: “Tiene que ser una gran putada”, y ahora que lo estoy pienso: “Es una gran putada”, lo cual demuestra que además de guionista soy “mazo empático tía”

Pero mi vida no siempre fue así…

… Corrían los locos años 2000-2010, no existían políticos con coleta, los cuñados presumían de lo poco que contaminaba su Volkswagen, y Ricky Martin solo salía del armario para sorprender a niñas jugando con su perro y un bote de mermelada.

Por mi parte, tras acabar mis años de estudiante de dirección de cine que llevaba una pulsera Power Balance, me encontré con una sorpresa, la desaceleración no era desaceleración, era una crisis, a pesar de ello durante los años de escuela de cine trabajé en una productora (que ya no existe por culpa de la crisis), hice vídeos para otra empresa (que ya no existe por culpa de la crisis) y ahora vendría bien que pusiera que hice algo más y acabarlo con: “(que ya no existe por culpa de la crisis)” para cerrar mejor el párrafo, pero sería mentira, así que lo siento, aunque eso sí, para compensar lo cerraré con una palabra que nunca falla como cierre: ojete.

Como en aquella época todavía no hacía falta participar en “Los juegos del hambre” para obtener una plaza en un curso del paro, hice uno en una tele local donde además acabé teniendo un programa de humor. También dejé currículums en productoras que amablemente (o no) me ignoraban (sí o sí), hasta que me enteré de que en una productora hacían un máster de guión que te aseguraba prácticas, ¡¡¡ESTA ES LA MÍA!!! Grité mientras intentaban beber de mi cerveza en un bar, y luego ya después me inscribí en el máster.

Durante el máster tuve la suerte de asistir a clases impartidas por la gente que más sabe de guión de televisión, y la mala suerte de que muriera mi abuelo al que quería muchísimo, y que además coincidiera con mis miniprácticas en el programa en el que por mi perfil pensaba que más encajaba (no diré el nombre del programa por no comprometer a Wyoming) pero lo que si puedo decir es que debido a la muerte de mi abuelo tuve que hacer un Intermedio en mis prácticas, lo cual me impidió mostrar mis virtudes, mis defectos, y mis camisetas con mensajes divertidos en la redacción de ese programa que ponen antes de la hora de la cena y en el que no salen hormigas.

Wyoming-intermedio

El máster fue pasando, y en la muestra de trabajos tuve la fortuna de que a varios directores de programas les gustara mi vídeo de proyecto final de máster, así que casi al día siguiente ya estaba trabajando en uno de mis programas favoritos. Un día se me acercó un hombre y me ofreció caramelos, pero eso es otra historia… Un día se me acercó un hombre en el trabajo y me ofreció irme a un programa mítico de la tele que se iba a volver a hacer, yo le dije con total tranquilidad, que si a los del programa en el que estaba no les importaba, por mí genial. Más tarde descubrí que ese hombre al que traté con respeto pero sin mucha ilusión mientras pensaba “¿Y este hombre quién es?”  era uno de los mejores directores de programas que hay en la tele.

En el nuevo programa empezamos siendo muy poquitos, me encontraba trabajando con guionistas pata negra, aunque reconozco que estuve cohibidillo debido a la distancia en el tema de la edad y en la jerarquía, me reía muchísimo con mis compañeros. En ese tiempo todo pintaba bien, hacíamos buenas audiencias, gané un concurso de monólogos, y las mujeres se volvían locas por mí. (Una de esas tres cosas es mentira, pero como no he puesto mi foto en el post no podéis saber cual de las tres es).

Con el tiempo en la productora cancelaron varios proyectos, lo cual hizo que recolocaran a guionistas fijos de la productora en el programa, lo que fue positivo porque también eran pata negra y muy buena gente. Pero teniendo en cuenta sus incorporaciones, y las de los becarios que iban rotando, había tanta gente que cuando pasaban al lado de nuestra redacción nos preguntaban: “¿Esta es la cola para entrar en el Primark?”, así que cuando se me acabó el contrato me fui a la calle. (Dato: La anécdota del Primark podría no ser cierta).

Antes de dejar la productora le di mi currículum y un dvd con mis mierdas a uno de los directores a los que les gustó mi proyecto de final de máster, lo que provocó que a los dos días de estar en paro me volvieran a llamar para otro programa. Las cosas volvían a ir bien, además de estar en el número uno en Youtube con un vídeo, trabajaba en un nuevo programa con un equipazo, con un director que confiaba totalmente en mi trabajo, teniendo yo más rodaje, y estando más suelto, pero de lo de mi colon irritable hablaré en otra ocasión.

Por desgracia esta vez las audiencias nos acompañaron, pero hasta la cola del paro, o eso parecía… cuando la cancelación ya era un hecho, el director del programa anterior en el que estuve me llamó para que fuera al nuevo programa que iba a hacer en otra productora, parecía que tuviera una flor en el culo… pero como he dicho antes, de lo del colon irritable hablaré en otra ocasión.

Nuevo programa, nueva productora, pero con el director que me dio mi primera oportunidad en un proyecto grande, con los guionistas del primer programa con el que estuve tras acabar el máster, y con unos presentadores de Champions. Estaba claro que si a todo lo anterior le sumábamos mi buena suerte, nada podía ir mal, y así fue, no fue mal, fue fatal, aunque aguantamos bastantes meses, los informes de las audiencias eran tan tristes que parecía que en vez de Kantar Media los hacía Isabel Coixet.

Así que a pesar de currar con un equipo cojonudo, ingeniosos, buena gente, y currantes, nos fuimos a la puta calle, y de esto hoy hace cuatro años.

Debo suponer que poco antes sin darme cuenta, miré a un tuerto que se me cruzó con un gato negro en la mano mientras pasaba por debajo de una escalera vestido de amarillo cantando canciones de José Vélez: Primero cancelaron el programa, después ganó Rajoy las elecciones, al poco tiempo primero murió mi perro, y al poco mi adorada abuela, vamos… que todo eran buenas noticias, pero Dios aprieta pero no ahoga, por eso para animarme me llamaron de un programa de otra productora, me ofrecieron un buen trabajo, me pidieron mis datos, y me incorporaba el lunes de la semana siguiente, todo genial salvo por una cosa, la cadena decidió cancelar las contrataciones el viernes, así que Dios ahogar lo mismo no ahoga, pero te mete unas patadas en los huevos que son de penalti y expulsión.

Y durante estos cuatro años de paro esta ha sido la gin tónica general, en el mejor de los casos proyectos que no se llegan a hacer, en el peor colaboraciones sin cobrar en las que no te devuelven los emails, sitios en los que descartan por ser mayor de 30… lo mejor que puedo decir es que en ningún sitio se han chupado el dedo, me lo han metido en la oreja, y luego me lo han dado a oler (en ningún sitio buscando trabajo de guionista, que buscando “de cualquier cosa” ya es otra historia)

Mentiría si dijera que no echo de menos la pasta, ¿quién no va a echar de menos esos macarrones gordos y aceitosos del comedor de Glob… ehh… de esa productora?, pero he de decir que una de las cosas que más echo de menos de menos de no trabajar es no trabajar, me encantaba sentarme, abrir la escaleta, que me dieran mi tema, y ponerme a escribir, y todo eso rodeado de gente ingeniosa. Porque sinceramente, después del de probador de nuevos sabores de Donuts, ser guionista es el puto mejor trabajo del mundo, y no tengo del todo claro que haya gente a la que le paguen por comer Donuts.

De mi trabajo como guionista lo mejor que me llevo es la cara de orgullo que tenía mi padre cuando viendo la tele le decía: “Esto lo he escrito yo”, sin su ayuda no habría podido llegar nunca a ser guionista. Por desgracia, a pesar de su juventud y su extrema bondad, el cáncer se lo llevó hace unos pocos meses, pero hasta en su última época presumía de las cosas que hacía su hijo, salvo cuando me dejaba dada la luz de la habitación y me iba al salón, que eso no le hacía presumir, le hacía maldecir.

No sé si mi situación cambiará o no, y no le culpo solo a la mala suerte, el hecho de haber priorizado el tiempo con mi familia, amigos de toda la vida, etc… me ha condicionado a la hora de no hacer nuevos contactos, y de no mantener los que tenía en un mundo en el que las ofertas de trabajo no salen en Infojobs, y en el que tampoco existe la figura del agente de guionistas.

Solo espero que si lees esto, necesitas a alguien en tu equipo, y te apetece, me escribas para hacer una prueba, que si lees esto y te encuentras en la misma situación veas que no eres el único (que quieras que no algo de consuelo da) y que si quieres dedicarte a ser guionista veas que tiene cosas muy bonitas, pero que también tiene otras que son todo lo contrario… Ah, y que si me escribes para que te diga como funciona el máster de guión que realicé y me molesto en responderte, que al menos me mandes un mail para darme gracias, que aunque parezca sorprendente, hay gente (en plural) que no lo hace.

Muchas gracias por vuestro tiempo, de nada por el mío.


CONSULTORIO: ¿QUÉ SE COBRA POR ESCRIBIR UN MONÓLOGO?

17 diciembre, 2013

Por Pepón Fuentes

“Hola, Bloguionistas:

Llegué a un acuerdo a través del cual le escribiría un guión a un actor amateur para hacer monólogos por ahí adelante. Me dijo “te llevarás un porcentaje a convenir por cada actuación”. 
Por el momento, no es nada fijo. Pero quiero llegar al tema “económico” teniendo en mente una cifra aconsejable.
No me gustaría robar a ese pobre actor, pero desde luego me gustaría mucho menos la sensación de estar siendo robado.
Muchas gracias por vuestra atención y, sobre todo, por vuestro blog.

Atentamente, Omar”.

Hola, Omar.

David Muñoz me ha pedido que me encargue de responder a tu correo porque, además de mi experiencia como guionista de comedia, llevo ya varios años dedicándome a esto del stand-up, he grabado cuatro de mis textos con Paramount Comedy y, en general, tengo una idea aproximada de cómo funciona este mundillo.

Pero vamos con tu consulta. Preguntas a los alegres chicos de Bloguionistas qué porcentaje del dinero ganado por el actor que represente tu texto deberías embolsarte tú, ¿verdad? Es muy sencillo: Pues depende.

Verás, incluso aunque en ningún momento he dudado de tu capacidad como guionista de comedia hay una cosa que siempre será igual para ti, para Louis CK e incluso para George Carlin, si estuviera vivo: la primera versión de un texto de stand-up nunca, nunca es la definitiva.

Y yo sé que esto desde fuera parece sencillo, que ves un capítulo de Louie y piensas “joder, esto está chupado”. Pero no. De hecho, lo más probable es que de esa primera versión queden muy pocos bloques, por no decir ninguno, que no necesiten un retoque, por no decir un lavado de cara completo. Y luego están los que, sintiéndolo mucho, tendrás que tirar a la basura directamente porque no funcionan ni funcionarán nunca por mucho cariño que le pusieras al escribirlos. Lo siento mucho, la vida es así, no la he inventado yo.

En otras palabras, si tu intención es escribir un texto y luego desentenderte de todo el durísimo trabajo posterior que implica rodarlo por salas creo que un pedir 15% de las ganancias que reporte es lo más justo; pero también has de tener en cuenta que si el actor con el que has llegado al acuerdo no sabe escribir no podrá mejorar el texto a medida que lo vaya probando en salas y en consecuencia no tendrá bolos porque no le hará gracia ni a su señora madre. Y si no hay bolos tú no vas a ver un duro, es así de sencillo.

Mi recomendación es que, en lugar de abandonar tu texto en manos de ese actor como si fuera un recién nacido en un canastillo, le propongas criarlo juntos. Termina una primera versión relativamente corta, de unos diez o quince minutos, y empezad a patear open mics, lugares donde no se cobra pero te permiten probar bloques de texto y además te regalan cervezas sólo por el hecho de subirte al escenario. Eso te permitirá no sólo comprobar cuáles son los puntos débiles del texto, sino estudiar su forma de actuar, la imagen que proyecta sobre el escenario y mil pequeños detalles más que te permitirán adaptar el texto a su estilo particular, a su persona, algo imprescindible si tenemos en cuenta que el mejor stand-up ha ido siempre muy ligado a la figura de su creador. Cuando el mismo texto funciona tanto si lo hace su autor como un señor que pasaba por allí, mal.

En caso de que aceptes mi humilde sugerencia y decidas involucrarte en este proyecto yo te recomendaría que pidieras un 40% de las ganancias. He estado a punto de decirte que fuerais al 50%, pero luego he caído en la cuenta de que, a diferencia de ti, ese pobre actor se va a pegar hostias muy gordas y la mayoría de las veces será por tu culpa mientras tú lo miras desde la seguridad del patio de butacas con una cerveza en la mano, así que eso, mejor un 40% y todos contentos.

Ah, y una cosa más: ¿Si te ves capacitado para escribir un texto de stand-up por qué no te dejas de actores y de porcentajes y te subes tú mismo al escenario?


FIRMAS INVITADAS: LOS GUIONISTAS DEL FUTURO / 1

11 abril, 2013

Varios de los autores habituales de este blog somos profesores del Master de Guión de la Universidad Pontificia de Salamanca. Con este post, comenzamos una serie de “firmas invitadas” muy especiales: los alumnos del Master.

Con ustedes, los guionistas del futuro.

——————————————–

FRASES TATUADAS EN EL ALMA DE UN ASPIRANTE A GUIONISTA

por Luis Jara y Alejandro Campos.

 

Atrás quedan ya cuatro duros meses de trabajo intenso en el Master de guión de ficción de la Universidad Pontificia de Salamanca. En las teclas de nuestros portátiles han caído gotas de café, ceniza de cigarrillo y alguna que otra lágrima. Queremos compartir con vosotros algunas sentencias recogidas en el master que nos han marcado y que tenemos muy presentes a la hora de sentarnos a escribir…

“ No, no, eso no lo escribas…”

“Ale, llevamos una hora para escribir este párrafo.”

“Lo de la ceniza y las lágrimas, no. No seas melodramático”

“…”

“¿Qué te pasa, Luis?”

“Mira, Ale, lo mejor es que cada uno escriba sus frases, porque es que no hay manera de ponernos de acuerdo”

“Vale, bien, empiezo yo y no me interrumpas…”

“¿Y si te presento yo, y tú me presentas a mí luego?”

“Cuidadito con lo que escribes”.

FRASES DE ALEJANDRO CAMPOS ESPAÑA:

Sevillano y trianero, amante del flamenco y de Almodóvar. El género en el que más a gusto se siente como guionista es en la comedia costumbrista, disparatada y con toques  de humor negro; y sobre todo, eso sí, en el melodrama. Esta ha sido su elección.


1. Alberto Marini: “Bayona emplea unas premisas muy potentes en sus películas: madre busca a su hijo en El orfanato; y madre/padre busca a sus hijos en Lo imposible”.

Sin premisa no hay película y mucho menos si esta no es lo suficientemente potente como para arrastrar a los personajes a la aventura de solucionar los conflictos que se le presentan.

¿Hay acaso un conflicto más potente que el hecho de que una madre busque a su hijo desaparecido, o viceversa? Las historias con esta premisa se repetirán una y otra vez, lo importante es el cómo se cuenta más que lo que se cuenta. Este supuesto, que trata la unidad de la familia, funciona porque debajo de la premisa se esconden muchos sentimientos con los que cualquier espectador se sentirá identificado, pues todos tenemos o hemos tenido una madre o un padre, o hijos a los que queremos con locura.

2. Natxo López: “El vestuario da comedia”.

El vestuario resulta fundamental en la comedia. Es un elemento visual que no sólo sirve para caracterizar al personaje, sino que además da mucha fuerza dramática a la historia que se quiera contar, y más aun si se trata de hacernos reír.

Ejemplos de ello hay muchos: quizás los más conocidos son Tony Curtis y Jack Lemmon vestidos de mujeres durante todo el metraje de Con faldas a y lo loco; Dustin Hoffman en Tootsie; Robin William en la Señora Doubfire; los enormes pendientes de cafetera que llevaba María Barranco en Mujeres al borde de un ataque de nervios; el inamovible e inalterable peinado de Marcia Cross en la serie Mujeres desesperadas; o el disfraz de tigre que llevaba Roberto Álamo en La piel que habito.

¿Es tarea del guionista o del director decidir la ropa o complementos que deben llevar los personajes en las historias? Tratándose de comedia estoy convencido que deben ser los guionistas los que deben dejar marcado esta decisión, siempre y cuando aporten una mayor caracterización a los personajes, esté al servicio de la historia, y den una mayor fuerza visual. Recordemos que la comedia suele prestarse a la inclusión de una paleta de colores mucho más estridente que a primera vista puede impresionar y marcar un ritmo dentro de este género.

3. Pablo Remón: “En la comedia los personajes se toman su papel muy en serio. Nos resulta ridículo eso que a los personajes les parece vital”.

Natxo López, coordinador del taller de escenas, dijo también algo muy parecido: Los monólogos funcionan muy bien en la comedia cuando lo que cuenta el personaje le importa mucho”.

Esto que el personaje puede contar o no, a modo de monólogo, visto con una cierta distancia por parte del espectador es lo que nos hace reír. Pues vemos lo patético que resulta aquello en lo que el personaje cree con total convicción.

Generalmente, estos monólogos vienen acompañados de sinceridad y desnudez psicológica por parte del personaje. Es aquí donde los conocemos mejor, pues descubrimos sus errores, sus torpezas, su ignorancia o sus debilidades. Y es esto justamente -lo que los hace vulnerables- lo que los hace tronchantes, a la vez que nos permite identificarnos con ellos.

En ocasiones esa vulnerabilidad puede ser reconocida por el personaje, y en otras no, pero en ambos casos, colabora a que nos riamos y sintamos empatía hacia ellos.

Llegados a este punto, me pregunto: ¿cuáles son los límites entre el humor blanco y el humor negro?

El humor negro quizá se fundamente en la mayor distancia que adopta el espectador frente al personaje y aquello que le ocurre.

Bajo mi punto de vita, puede coincidir también con que el personaje adopte por sí mismo una mayor distancia frente a los conflictos que se le presentan.

Estos personajes me parecen más inteligentes, pues son capaces de identificar y reconocer con madurez y crudeza aquello que les ocurre y reírse de sí mismos.

Esto no quiere decir que el espectador no se sienta identificado en alguno de los defectos o debilidades por parte del personaje.

Ejemplo de ello podría ser la película Carmina o revienta, donde el personaje de Carmina es capaz de distanciarse de lo todo lo que le sucede, se ríe de sí misma, y busca soluciones poco ortodoxas que nos hacen reír y que nos colocan en una posición como espectador mucho más distante. Quizás aquí nos sintamos unidos al personaje de ella, a pesar de todos sus defectos, por el mero hecho de ser una luchadora.

(Continuará)



A %d blogueros les gusta esto: