VOLVER A CASA… NO SOLO POR NAVIDAD

8 enero, 2015

Por Estefanía Salyers.

Estefanía Salyers es guionista de cine y TV. Ha trabajado para productoras como Viacom, Prisa, El Terrat, Grundy, Big Bang Media y, en la actualidad, lo hace para Plano a Plano. Es una de esas profesionales que han sido capaces de vender su propia serie de televisión y que tuvo la mala suerte de que la cancelaran antes de su emisión. También es de las que se atrevió a volar a Estados Unidos para ganarse la vida como guionista, experiencia que nos cuenta en este post. 

Las series están de moda. Lo sabe tu madre, tu gato y la señora de Cuenca. Pero, ¿somos conscientes de que las series que vemos, de las que hablamos, no son, ni serán, para las que escribamos? Es una mera cuestión de pertenencia a un determinado universo que marca nuestra ficción, que nos hace ser lo que somos. Nos puede gustar Fargo, Borgen o True Detective, pero si solo valoramos lo que se hace fuera nunca podremos escribir desde dentro. Desde nuestra verdad.

En un mundo globalizado tenemos la suerte de poder diferenciarnos precisamente por eso, por las historias que contamos. Podemos vestirnos igual en cualquier parte del mundo, pero no en cualquier parte del mundo van a entender lo que solo nosotros vivimos. Nuestro escaparate no es el americano, que todo el mundo ve y conoce, convirtamos eso en beneficio, lejos de siempre denostar nuestra ficción.

Son muchas las veces que oímos hablar –mal, para qué engañarnos– de nuestra industria. Lo triste es que un alto porcentaje de las críticas llegan desde nosotros mismos. Somos los propios guionistas los que atacamos lo que contamos. Una cosa es hacer análisis y crítica constructiva y otra muy distinta es hacer del ataque, de la infravaloración, una bandera.

Los que llevamos un tiempo en esto y sabemos lo que es luchar contra viento y marea, es decir, contra las grandes etapas de parón laboral, quizás valoramos más lo que hacemos o somos más conscientes de lo que cuesta que te paguen por escribir. Por eso no colgamos etiquetas y no nos negamos a hacer una serie diaria, una telenovela o una tira de sketches. Es trabajo y nuestro trabajo es contar historias lo mejor que podamos. ¿Que te has portado bien este año y los reyes te han traído un prime time? Enhorabuena, pero, afortunadamente, lo demás ya no es carbón. Y lo que nos llega de fuera, no siempre es oro, incienso o mirra. Vamos, que aquí también hay calidad y fuera también se hace basura.

Hace un año y medio, cuando me di cuenta de que ya no sonaba el teléfono y que no estaba entre serie y serie sino bien afiliada al Inem, decidí meter toda mi vida en una maleta de 23 kilos e irme a Nueva York. Para siempre, dije. Soy así de dramática. La suerte es que tengo pasaporte americano, por eso sí podía irme para siempre. Pero mi siempre duró hasta que volvió a sonar mi teléfono. Mi teléfono español. La decisión no fue fácil, porque primero tuve que decir que no. No a escribir en Estados Unidos, que era el objetivo a alcanzar y por el que había emigrado.

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Lo recuerdo perfectamente porque fue una cadena de acontecimientos un tanto peculiar.

Vivir en Nueva York es complicado y conseguir un trabajo de lo tuyo cuando no has trabajado en el país y no tienes contactos, más todavía. Por muy americana que seas sigue siendo difícil.

Allí los procesos de selección se pueden eternizar y me encontraba, tras unos dos meses, en la etapa final para entrar en dos networks importantes. El sueño americano a mi alcance tras unas cuantas pesadillas que pasaron por no menos de cuatro entrevistas, dos pruebas de guión –una de ellas en persona–, sendos test de drogas y background checks (comprueban todo, tus datos académicos, laborales y, por supuesto, historial delictivo). Algo impensable aquí.

El caso es que me llamaron para darme el “sí, quiero” de uno de los proyectos a los que optaba. La llamada se produjo justo antes de una quedada con unos amigos americanos. Les había invitado a ver Ocho apellidos vascos. La euforia por haber conseguido dar un pasito hacia adelante en mi carrera como guionista en Estados Unidos se mezclaba con unas buenas dosis de risas, pero también de nostalgia.

Y es que de repente me vi haciendo algo tan complicado como explicar los chistes, las situaciones que marcan nuestra idiosincrasia como país. Entonces me di cuenta de que ése era mi universo. Las historias son globales, en todas partes encontramos diferencias entre el norte y el sur, pero explícale a un americano por qué un vasco no folla. ¿Qué le digo, que es como uno de Wisconsin? Pues hombre, no. Y que no se ofendan ni los vascos ni los de Wisconsin.

Entre tanta explicación hice un flashback emocional a mi infancia. Empecé a recordar cuando de pequeña les contaba a mis amigos americanos lo que eran los reyes magos, La bola de cristal o Verano azul. A los españoles, me tocaba traerles galletas oreo, mantequilla de cacahuete o videojuegos porque las animadoras o bailes de fin de curso ya lo veían en la tele. Ya lo conocían.

En España siempre sabemos o vemos a través de la ficción el universo americano, pero en Estados Unidos (u otros países) no saben cómo es nuestro mundo. Y eso no es ni bueno ni malo, solo es algo que nos hace únicos.

Saber esto hace que conectes con lo que quieres contar. Es más fácil transmitir lo que has vivido en primera persona, o lo que ves a tu alrededor, y llegar así de forma más directa a tu potencial espectador. Si lo que cuentas, la historia, está llena de verdad, está contada desde dentro y tiene alma, funcionará.

Ser guionista es un camino constante, en el que no siempre puedes marcar la meta a la que llegar, pero sí la dirección en la que ir. Decidí volver porque he vivido más aquí que allí, porque el equipaje de series que me han marcado tiene muchos títulos españoles. Grandes series que merece la pena sean recordadas y por qué no, recuperadas. Desde Anillos de oro, pasando por Brigada Central, Turno de oficio hasta otras como Raquel busca su sitio, Mujeres y más recientes como Desaparecida y Punta Escarlata.

anillos de oro serie

Nuestra ficción es amplia y va más allá de los títulos que primero se nos vienen a la cabeza, de las series más típicas. Y si hay que poner etiquetas, la primera que debiera salir es que es nuestra. Tanto las series como el cine. Hay que valorar eso para contarlo y para contarlo tenemos que vivirlo. Tenemos que verlo.

Por eso, estos Reyes Magos han traído una buena lista de series españolas que recuperar del olvido y valorar por su calidad. Algunas de ellas se pueden ver en el archivo de rtve.es. Otras, es más difícil dar con ellas.

Pero merece la pena saber lo que somos, qué queremos contar y qué queremos que nos cuenten.


FIRMAS INVITADAS: FERNANDO CÁMARA Y “CALLES TOMADAS”

15 julio, 2011

Fernando Cámara se inicia como guionista en series de televisión. Debuta en el cine con Memorias del Ángel Caído por la que es nominado al Goya a la mejor Dirección Novel. Es profesor de narrativa audiovisual y miembro de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas desde 1997. NecróParis es su primera novela. Con Calles Tomadas inicia una nueva aventura narrativa.

 

  1. ELLOS

Mientras se cocinaba mi primer hijo en el interior de mi mujer, desarrollé un notable insomnio. Me dormía tarde, entre lecturas y películas de repesca, y me levantaba pronto, lo que me permitió dar tempranos paseos por el barrio. Una mañana de domingo –para el insomnio no hay descanso- me fui topando con algunos bancos poblados por inmigrantes que dormían la mona del sábado noche, quizá arrojados de sus casas, o no regresados todavía para no ser echados. En el 2004 en que ocurría esto, todavía había muchos recién llegados que se estaban acoplando a este engañoso primer mundo que les exigía velocidades y reglas atroces, y el alcohol era su aliado inmediato. Todos ellos formaban una nueva raza que iba tomando sigilosamente las calles y dominaba el barrio. Su actitud sumisa, como de “que no se nos note”, los hacía aún más misteriosos. Y yo me encuentro paseando entre Ellos, sintiéndome solo, diferente, distinto. Debo escapar de allí para que no me descubran. Una vez más, se desata mi viejo pánico a los Ultracuerpos.

  1. LAS CALLES

2004, recuerden. Compro el periódico y descubro un mapa de España. «Intenciones de voto por comunidades». Y más detallado: intenciones de voto por ciudades. Y finalmente, por barrios. Madrid a vista de pájaro, dividido por sus calles, vecinos de diferente signo conviviendo casi sin saberlo. Un país que vuelve a estar dividido por los intereses de la clase política, apoyados por unos medios de comunicación agitadores que buscan el azucarillo de sus amos. Planos de una ciudad quebrada, sometida constantemente a los infantiles manejos de los líderes de opinión. Una ciudad que se desmorona y se radicaliza a cada golpe de urna.

  1. LAS CALLES Y ELLOS

La premisa era muy sencilla: cruzar la ciudad, de noche, y con la mayoría de las calles tomadas por… Ellos. Ya indagaría más adelante sobre quiénes eran esos Ellos. Ahora lo importante era no perder el ambiente, aroma de sueño, pesadilla, un estado de ánimo que nace del miedo. Miedo a cambiar. A que nos cambien. A descubrir que al final todos somos Ellos. Un miedo que suena. Que grita. Miedo de luz. Que huele a electricidad. Y ahoga.

Una aventura en mi ciudad. En las calles de siempre. Una crónica de gentes perdidas, desorientadas, como nosotros, enfrentados a un terror que nace de lo insólito y de lo cotidiano. Por eso se hacía imprescindible no indagar nunca en su origen. Evitar toda posible comprensión de los sucesos, nada que pudiera restar misterio, intriga u horror.

Ahora por fin estaba claro lo que había que contar: Un joven médico tiene que cruzar la ciudad de noche para visitar a su padre enfermo. Pero muchas calles, aunque parecen normales, están tomadas por gente que acecha en silencio. Una aventura terrorífica donde a cada paso pueden convertirle en uno de Ellos.

  1. LA NO PELÍCULA

La gente dice odiar sus pesadillas. Yo las adoro. Sobre todo las de niño, las más puras. Todavía hoy forman parte de mí y puedo resucitarlas con la misma intensidad y emoción de aquellos primeros juegos de infancia.

Calles tomadas me ha acompañado toda mi vida, pero comenzó a escribirse en 2004 como novela (Ciudad tomada). Dura, cruel, seca. Sin concesiones. Pero quedó aparcada tras unos primeros capítulos por proyectos más alimenticios –Trastorno-, acordes con la gestación de mi primer hijo (no artístico sino biológico en este caso).

Al año siguiente, terminada la postproducción de la película y finalizadas las clases, me reengancho a las Calles, pero con un enfoque muy distinto: sería un guión que diera origen a una película muy barata. Y así nació Ellos, planteada para poder rodarse en un entorno familiar, barrios y lugares clave de mi vida. La historia empezaba en mi apartamento de entonces, que ahora es de mi hermano, en la calle Blasco de Garay, y terminaba en Moratalaz, donde vive David Alonso, con quien dirigí Memorias del Ángel Caído. Durante un mes febril redacté el guión, tan manido mentalmente. Como decía William Goldman de sus Dos hombres y un destino, le llevó unas semanas redactarlo pero toda una vida escribirlo.

Y entonces se plantearon dos opciones: producirla en plan cooperativa, con unos cuantos colegas implicados, o someter el proyecto a los despachos de las consabidas productoras. Una cosa no tenía que ir contra la otra, así que empecé el turno de visitas, emails, llamadas… Pero el asunto no cuajaba. Quizá era algo demasiado arriesgado para un mercado que todavía no apostaba por un fantástico sin complejos. Terror sutil, casi invisible. Quizá demasiado localista, acusó un productor poco avispado, ya que si es cierto que en la historia nos movemos por el Retiro, Atocha o Moratalaz, no son menos localistas las películas que transcurren en la sudorosamente manida Quinta Avenida de Nueva York. A lo universal por lo local, proclamo.

Así que regresamos al planteamiento de la autoproducción, pero este no es buen sistema para cualquier tipo de historias –a no ser que tengas un colega rico y kamikaze-. A pesar de la ilusión de algunos amigos y alumnos, reconozco que me venció el miedo a que la película quedara demasiado amateur. Siempre he dirigido cine en formato sibarita, es decir, con un equipo profesional motivado por un sueldo lo suficientemente básico como para que soporten las quince horas diarias que se tienen que echar al cuerpo. Esta película, además, resultaba engañosa, porque aunque pretendía vendérmela como una terrorífica Al final de la escapada, no dejaba de estar plagada de sutiles efectos, complejas iluminaciones y permisos casi imposibles de obtener. Por no hablar de un casting de desconocidos asombrosamente convincentes para representar esta lúcida paranoia.

  1. EL BLOGSTORY

Así que, vuelta a las clases y a los asuntos alimenticios, y otros cuantos años con las Calles aletargadas. Y luego, por fin, de forma sorpresiva, casi neurótica, surgió NecróParis, mi primera novela. Una redacción enloquecida, imparable. Tras las galeradas, revisiones, portadas, teasers y demás, me quedó claro que Calles debía ser la siguiente novela, sobre todo ahora que había probado el adictivo éxtasis de no reparar en presupuestos a la hora de inventar cada escena.

Y así surgió la idea de utilizar la fórmula editorial más veloz del mercado: Internet. Publicar directamente, por capítulos, a lo Dickens, ¡y gratis!, para que no nos acusen a los autores de que siempre queremos comer a cambio de nuestro trabajo. Un blog era la plataforma perfecta porque confluyen narración textual y muchos otros elementos multimedia que permitían expresar estos fantasmas de las Calles en toda su amplitud. Al contenido adaptado del guión, simplemente hubo que añadirle unas cuantas entradas de cariz documental que fueran dando paso al cuerpo de la historia. Y por fin, la criatura: CALLES TOMADAS.

Trescientas cincuenta visitas el día de apertura. Respuestas de todo tipo. Confusión en muchos casos. Lo cual tuvo sus ventajas, porque siendo ésta una aventura tan marciana, no tardó en unirse a la causa el gran David Jasso, presidente de NOCTE, que ya había detectado a algunos extraños Ellos por su barrio. Y así nació la versión maña, CALLES TOMADAS ZARAGOZA, un spin off que fue dando cuenta de las zonas afectadas de su ciudad, así como de nuevas formas para identificar a estos seres, algunas de ellas tan extravagantes que hacen sospechar que el propio Jasso sea uno de Ellos.

Lógicamente, una vez terminado el blogstory, como he dado en llamar a este multiformato, solo faltaba conjuntar todas las entradas y publicarlas en forma de libro. Electrónico, claro, dada su anterior naturaleza blog. ¡Y aquí lo tienes!

EBOOK CALLES TOMADAS

Añado a esta edición el guión de la película, que recorre la misma aventura, con mínimas diferencias. Y lo hago, tanto por vocación pedagógica, como para reivindicar la validez literaria de los guiones cinematográficos. A veces, es mucho más fácil expresarse en cine-papel porque, a pesar de sus limitaciones, ofrece otras ventajas. He de advertir, no obstante, que este guión en concreto está escrito con cierta libertad de forma, un estilo poco ortodoxo, pero que sirve para hacer más viva y emocional su lectura. Al fin y al cabo, ¿no es esa la esencia del cine?

Y éste, amigos, es todo el recorrido de una novela inacabada, que devino en película no rodada, y que finalmente se ubicó como blog multimedia, para ser reconvertido en relato novelado, como originalmente fue concebido. Y quién sabe, quizá algún día, un aguerrido productor se anime a completar este misterioso puzzle.

En resumen, que no abandonéis vuestros viejos papeles, porque hoy más que nunca pueden adoptar diferentes formas de vida, e incluso puede que alguna de ellas le sea más propia que el cine. Al fin y al cabo, una historia, es una historia.

Os dejo con el cuento. Bajad luz y persianas. Y de vez en cuanto echad un ojo por la ventana. Nunca se sabe.

Fernando Cámara

fc@fernandocamara.com


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