CÓMO FIJAR OBJETIVOS ÚTILES Y CUMPLIRLOS

9 marzo, 2017

Hemos querido rescatar este post de la excelente Bang2Write para resaltar la importancia de fijarte objetivos cuando aspiras a dedicarte al guión profesionalmente. Pero no sólo se trata de fijar objetivos, sino también de cumplirlos…


Cómo fijar objetivos útiles y cumplirlos.

Título original: How To Set Meaningful Goals And Stick To Them.

Texto original de Lucy V Hay (Bang2Write). Traducción de Nico Frasquet. 

Una cosa que mis compañeros escritores siempre me dicen es: ¿Cómo consigues escribir tanto y además hacer otras cosas? ¿No tienes hijos? ¿Acaso puedes estirar el tiempo

Bueno, primero reconozco que tengo el privilegio de llamar “escribir” a mi trabajo. Como freelancer, profesora y bloguera soy capaz de elaborar mi propio horario. Trabajo a propósito dentro de la industria creativa porque de esta manera puedo alimentar mi hábito de la escritura (si os suena como si estuviera hablando de una droga, es porque para mí lo es) y encima ganar dinero.

Pero no siempre fue así. Yo CONSEGUÍ que así fuera. Y tú también puedes, – si es que convertirte en un escritor freenlancer o a tiempo completo es tu meta – Aquí te explico como:

1) No esperes a que sea “el momento adecuado para escribir”. Consigue que siempre sea “el momento adecuado para escribir”.

 ¿De cuánto tiempo dispones? Si tienes un trabajo y otros compromisos y responsabilidades como la familia, puedo apostar a que no dispones de mucho. Así que bienvenido al club.

Pero todo el mundo – y me refiero a todo el mundo – tiene un tiempo de trayecto de ida y vuelta hacia el trabajo, una hora para almorzar, tiempo para tomarse un respiro o incluso tiempo en el baño. (Se de gente que ha escrito guiones completos y novelas en el baño, lo digo en serio).

Además, hay cosas que tienes que hacer en tu vida diaria que requieren esfuerzo físico, pero no un esfuerzo mental. Por ejemplo, en mi caso te hablo de planchar. Tengo tres hijos y mi marido necesita cinco camisas para su jornada laboral. Si le dejara hacerlo a él, parecería que se ha revolcado por el suelo. ¡Y no! Mi orgullo no me lo permite… Así que mientras plancho, escribo. O, mejor dicho, escribo posts para el blog. Justo ahora estoy planchando, así que ya sabes. Y sí… también yo odio planchar.

2) Establecer una fecha límite.

Las personas a menudo saben QUÉ es lo que quieren (por ejemplo, convertirse en un guionista profesional), incluso pueden llegar a saber CÓMO lo van a conseguir… pero a menudo se olvidan de establecer CUANDO lo van a conseguir, es decir se olvidan de establecer una fecha límite (o deadline).

Así que seamos claros: NO quiero decir que fijar una fecha límite signifique que si no has hecho tal cosa para esa fecha tengas que abandonar. Con mucha frecuencia oigo a escritores decir cosas del estilo de “Me voy a dar cinco años para ver si lo consigo”.  ¡¿PERO QUÉ CO**…?! Bajo tales condiciones negativas de partida, por supuesto que no vas a “conseguirlo”. Por lo que a mí respecta casi es mejor que ni comiences…

Lo que necesitas es establecer un plazo mucho más positivo y alcanzable. Por ejemplo: Si tu objetivo es convertirte en guionista profesional, ¿por qué no estableces fechas límites como estas?:

  • Quiero un guión de un corto de bajo presupuesto producido para X fecha.
  • Quiero haber ganado o haber quedado finalista en al menos tres prestigiosos concursos de guión este año.
  • Para X fecha quiero empezar y terminar un curso de guión.
  • Quiero escribir [número] cortos, largometrajes, pilotos de TV (etc) para X fecha.
  • Quiero conocer a [número] productores y agentes este año
  • Para X fecha quiero haber ido a [número] eventos de networking.

… Y así seguiría. En otras palabras, es necesario que te asegures de que has hecho una variedad de cosas que te llevarán hacia ese objetivo final de convertirte en guionista profesional.

3) Consigue que tus objetivos sean “masticables”

¿Qué quieres hacer? Piénsalo, ahora mismo: ¿Puedes escribir, digamos, dos páginas al día de un guión de noventa páginas? ¿O 500 palabras de una novela que llegaría hasta las 80.000?

Ahora averigua cuanto tiempo te llevaría esta tarea. Pero de esos “pedazos masticables” fija tres objetivos finales y márcalos en tu diario:

  • OBJETIVO PROBABLE: (Número de palabras fijadas por día más un 10%)
  • OBJETIVO POCO PROBABLE: (alrededor de un 25% antes)
  • OBJETIVO IMPROBABLE: (alrededor de un 50% antes)

No voy a mentirte, la probabilidad de alcanzar tu objetivo “improbable” es muy pequeña. Creo que yo sólo lo he conseguido en tres ocasiones. Pero cuando lo consigues, lo celebras con mucho más entusiasmo.

4) No trabajes duro, hazlo de manera inteligente.

 La gente no logra lo que quiere porque se siente abrumada por la cantidad de trabajo, o desanimado por la perspectiva de este. Pero hay una razón por la que la gente suele decir “Si quieres que algo se haga, pídeselo a alguien ocupado” Esto es debido a que las personas ocupadas son las que no hablan sobre hacerlo, sino la que lo están haciendo… Y lo están haciendo de manera inteligente.

Pero, ¿Qué significa esto de hacerlo de manera inteligente? Bueno, significa que hay que ser realista con la productividad, la gestión del tiempo y la delegación. Si no sabes lo que esto significa para ti, entra aquí.

5) Conoce la diferencia entre objetivos “débiles” y objetivos “fuertes”

Debes reconocer la diferencia entre lo que yo llamo un objetivo “débil” y uno “fuerte”. Aprendí esto durante mi formación como profesora, cuando se aseguraron de que entendíamos la diferencias en términos de objetivos de aprendizaje.

Todos los alumnos de mi clase deben aprender algo en esta sesión

O

La mayoría de la clase debería saber la diferencia entre X e Y al final de la sesión y ser capaz de describirla.

¿Notas la diferencia? Estoy hablando de especificar. Es difícil establecer “objetivos” y medir como de efectivos son si no somos capaz de especificarlos bien. Así que si tu objetivo es:

Quiero escribir un guión

Esto es un objetivo débil, y por lo tanto necesitas ser más específico.

Quiero escribir un guión de largometraje de terror en los próximos tres a seis meses.

Mucho pero que mucho mejor. Mucho más fuerte. ¿Pero qué te parece esto?

Quiero escribir y desarrollar un guión de largometraje de terror en los próximos tres a seis meses y de esta manera entrar con él en X certámenes el próximo año.

¡Bingo!

6) No te olvides de “Evaluar”

Las personas tienden a olvidarse de evaluar, no sólo sus fracasos ocultándose de ellos, sino incluso sus propios éxitos. Pueden llegar a ser demasiado modestos y decir que ha sido pura suerte, o están tan centrados en el próximo gran proyecto que no se dan cuenta de cómo consiguieron alcanzar lo que tienen ahora. ¡Qué locura!

Si tú quieres avanzar en lo que sea que estés haciendo, necesitas ver que estás haciendo MAL y que estás haciendo BIEN. Y como es de esperar, si estás haciendo las cosas mal, es necesario que dejes de hacerlas. Si por el contrario estás haciendo las cosas bien, ¡Sigue haciéndolas! Parece simple, pero te sorprendería saber cuánta gente se olvida de estas tácticas.

Aquí también es dónde tenemos que ser realistas. No vamos a ser capaces de cumplir con todos nuestros objetivos, eso es un hecho. Pero no por eso significa que sea un fracaso. Porque incluso si fallas, en sí mismo es una experiencia de aprendizaje. Así que aprovecha esta experiencia y sigue avanzando desde allí con la lección aprendida.

¡Buena suerte!


La versión original del post la podéis encontrar en este enlace: http://www.bang2write.com/2016/11/how-to-set-meaningful-goals-and-stick-to-them.html

 


CHAT CON UNA ESTUDIANTE DE GUIÓN

20 septiembre, 2013

por Sergio Barrejón.

Sabe Dios por qué razón, a veces me escriben estudiantes de guión y aspirantes a guionista para pedirme consejo profesional. Y yo, por razón de mi inmodestia, les contesto como si supiera de qué hablo. Y luego, en un alarde de insensatez, vengo a este blog y publico las conversaciones. Esta que reproduzco a continuación la tuve hace unos días con una ex alumna mía de la ECAM:

ALUMNA: Me gustaría trasladarte una inquietud que tengo, muy de principiante y muy de idiota a la vez.

Tengo muchas ganas de escribir un largo. Nunca he escrito uno completo y creo que ya toca. Sé que es imposible que el primer guión sea bueno, vendible o producible. Pero tampoco quiero escribir sólo con la idea en la cabeza de: esto es para aprender, aún te quedan 1000 páginas para hacer algo mínimamente decente. Me gustaría tener la ilusión de que lo que estoy haciendo puede llegar a valer.

ABUELO CEBOLLETA: Lo único que te detiene es la presión de “hacer algo bueno”, lo que en mi curso El oficio de guionista definí como un “objetivo subjetivo”. Ese tipo de objetivos suelen ser paralizantes. Hay que buscar “objetivos objetivos”. No te impongas una tarea tan abstracta como escribir un buen guión. Oblígate sin más a escribir un guión. Como decía Louis CK:

Por fin tengo el cuerpo que deseaba. Y ha sido fácil conseguirlo: sólo consistía en desear un cuerpo patético.

O sea, que si te da miedo no ser capaz de escribir algo bueno, plantéate escribir una soberana mierda. Parece más fácil, ¿no?

ALUMNA: OK, pero yo lo que quiero es que tú, desde tu posición experimentada, me recomiendes qué tipo de largo escribir: algo tipo ILUSIÓN (autoproducible, pequeño) u otro tipo de historia más comercial pero con algunos requisitos que estén pidiendo ahora.

ABUELO CEBOLLETA: No, no, no. Sin limitaciones. Escribe lo que te dé la gana. La experiencia demuestra repetidamente que las ideas más susceptibles de triunfar son aquellas que se escriben de espaldas a objetivos como “triunfar”. Todos los grandes éxitos provienen de maniobras inesperadas, insólitas, poco recomendables. Si pones a trabajar el lado pragmático del cerebro estás perdida. No puedes plantearte tus objetivos artísticos en función de lo vendibles que serán los resultados. Eso ya llegará cuando seas vieja.

Ese es el problema de ir a másters y escuelas de cine: que nos escucháis hablar a los viejos y cogéis los vicios. Esa forma de pensar tiene sentido cuando ya has hecho músculo, tienes 7 guiones escritos y sabes que puedes enfrentar un proyecto sin morir. Entonces puedes escoger de entre tus doce o catorce ideas que siempre tienes a fuego lento y decir “ésta es la que parece más razonable escribir ahora”. Pero cuando no has escrito ningún guión tu objetivo es ESCRIBIR TU PRIMER GUIÓN. Punto. No hay más requerimientos.

El mejor consejo profesional que me han dado en mi vida fue “Estás en tercero de carrera. Tienes que hacer un corto ESTE AÑO. Bueno o malo, no importa. Tienes que hacerlo ya, PORQUE estás en tercero de carrera”. (El tipo que me dio ese consejo ahora tiene un Oscar, por cierto).

Si te fijas por ejemplo en la carrera de alguien como Vigalondo, ves que tiene una especie de alergia a parar. Al ritmo que este hombre hace sus cortos, comprenderás que no hay tiempo para tener mieditos. Ya sabes lo que dice Woody Allen: “80% of success is just showing up”.

Y hablando de show up, voy a dejarme de dar la chapa y voy a seguir con mis guioncitos de telenovela. Hablando de lo cual…

El próximo miércoles 25 llega a las librerías esta obra magna de la literatura mundial:

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Mi primera novela.

Dudo mucho que la novela resulte de interés para el lector promedio de este blog, pero le encantará a vuestros padres. A mi madre, al menos, le ha FASCINADO. Si gracias a esta sutil maniobra de marketing alguien siente el irrefrenable deseo de leerla, puede echar un vistazo a este adelanto de la novela en la web de Antena 3.


UN PERSONAJE, UN OBJETIVO

5 abril, 2011

por David Muñoz

AVISO: Esta entrada incluye “spoilers” de “El Gran Vázquez”. Así que si queréis verla… mejor saltárosla. Intentaré no desvelar demasiado sobre los detalles más importantes del argumento, pero aún así, yo que vosotros no me arriesgaba.

Hace un par de entradas o tres creo que dije algo así como todas las películas necesitan que su protagonista tenga un objetivo que le ponga en marcha. Y que cuanto más concretos sean esos objetivos, mejor impulsaran la trama. Resulta más sencillo contar la historia de alguien que busca recuperar un maletín que le han robado que contar la de un tipo que necesita encontrar el sentido de la vida, aunque al final lo del maletín sirva para lo mismo y para eso hablemos de objetivos conscientes/inconscientes, de lo que el personaje quiere y lo que necesita, etc.

A mí me parece de cajón. Vamos, que esto no es algo que diga yo, sino todos los que alguna vez han escrito algo sobre cómo se escriben los guiones de cine o televisión. Aún así, en los comentarios había quien lo ponía en duda, utilizando ejemplos de películas que aparentemente estaban protagonizadas por personajes sin objetivos claros, como “Bajo las estrellas” o “De latir mi corazón se ha parado”. En la discusión subsiguiente, otros lectores de este blog explicaron bastante bien cómo a pesar de todo sí que veían esos objetivos en guiones que aparentemente no los tenían. Lo que no quiere decir que no haya películas de ese tipo. Otra cosa es que la mayoría sean un tostón.

Y precisamente días después de ver aquella entrada, vi una película, que además de gustarme mucho (para los que os interese lo que me pareció, ya lo comenté en mi blog), es una de esas historias que aparentemente tienen como protagonista a un personaje sin objetivos.

Se trata de “El gran Vázquez”, la biografía del mítico dibujante de Bruguera Manuel Vázquez que ha escrito y dirigido Óscar Aibar y protagonizado Santiago Segura. Como casi cualquier “biopic”, “El gran Vázquez” corría el peligro de haber vagado sin rumbo narrativo y haber resultado un rollo. La vida no tiene estructura, no existe necesariamente una relación de causa y efecto entre los diferentes momentos que protagonizamos, la mayoría no tenemos “arco”. Pero sin embargo, el largo de Óscar Aibar funciona muy bien. No resulta aburrido en ningún momento y pese a no contar con una trama convencional, sí se tiene la sensación de que existe una progresión dramática, de que no estamos ante una sucesión de viñetas intercambiables sino de una historia.

Pensando en todo esto, decidí ponerme a analizar la película para descubrir cómo lo había hecho Óscar Aibar (un ejercicio que os recomiendo que alguna vez hagáis todos con las películas que por alguna razón os llamen la atención; se aprende mucho).

Y la conclusión a la que llegué fue que en realidad “El gran Vázquez” es una película mucho más convencional de lo que aparenta en un primer vistazo. Por supuesto, uso “convencional” sin ninguna intención peyorativa.

Estas fueron las notas que tomé mientras veía la película (y aviso: mis análisis no son muy exhaustivos, no son análisis de crítico o teórico sino de guionista):

-Vázquez sí que tiene un objetivo: vivir cómo le da la gana. Para quien no conozca al personaje, Vázquez, además de ser el creador de personajes como Anacleto, agente secreto o Las hermanas Gilda, se jactaba de ser prácticamente un moroso profesional. Compraba a plazos y nunca pagaba las letras; estaba siempre en deuda con sus caseros; vivía por encima de sus posibilidades; estafaba a sus jefes en la editorial Bruguera cobrándoles páginas que nunca había entregado, etc. Vamos, que se pasaba el día tratando de escapar de los primos que se habían dejado estafar por él. Y en lo personal también era un prenda de cuidado. Combinó varias parejas al mismo tiempo en varias ocasiones. Incluso varias familias, ya que tuvo hijos con algunas de las pobres inocentes que se cruzaron en su camino.

Volviendo al objetivo, está claro que el de Vázquez es demasiado abstracto para impulsar una trama. Pero este objetivo abstracto se convierte en objetivos concretos (pasar varias noches en un hotel sin pagar; librarse de sus “mujeres”, etc.) que son sustituidos por otros una vez han cumplido su utilidad. Lo importante es que todos responden al mismo “superobjetivo” inicial que marca el camino a seguir: la necesidad casi enfermiza de Vázquez de vivir a su manera, aunque tenga que pagar un alto precio por ello.

-Vázquez tiene un archienemigo, un antagonista clarísimo, su propio Darth Vader: Peláez, el segundo de a bordo de Bruguera (interpretado por Alex Angulo). Se trata de uno de los únicos personajes de la película que no existió realmente y su función es darle voz a la miríada de tipos que se enfrentaron a Vázquez en la vida real. Ruin y patético al mismo tiempo, Peláez representa todo lo que Vázquez desprecia más en la vida. Es el antagonista perfecto. Su existencia, como le ocurre a Batman con el Joker, hace que nos resulten simpáticos incluso las acciones más criticables  del héroe (como cuando Vázquez decide estafar a Bruguera falseando cheques; algo que ya más que una picardía es un delito).

-El patrón narrativo de la película sobre el que se construye la película también es muy clásico. Se trata del esplendor y la posterior decadencia, con agridulce remontada final, de un héroe. En ese sentido, no está tan lejos de una película de deportes. Vázquez es el Rocky de los jetas. Primero, le conocemos disfrutando de la vida a su peculiar manera. Agobiado por los acreedores, pero feliz. Sabe perfectamente que si quiere seguir viviendo como le gusta, tiene que aguantar ciertas cosas. Y mejor tener que salir corriendo que tener que vivir como un pringado. Entonces, conoce a Rosa, una chica bastante inocentona que acaba de llegar a Barcelona para servir en una casa, a la que Vázquez engatusa después de llevársela a pasar unos días con él en un hotel de lujo (sin pagar, claro).

Rosa aparece entre los diez y los quince minutos de película.

Fascinada con la nueva vida que le ha mostrado el dibujante, Rosa se convierte en la cómplice de sus planes más descabellados. Y durante un tiempo todo va bien. Hasta que Rosa descubre alguno de los secretos que le oculta Vázquez y su relación empieza torcerse. Al mismo tiempo, Peláez decide tenderle una trampa que le ofrece a Vázquez la posibilidad de realizar una estafa que puede provocar que acabe dando con sus huesos en la cárcel. Y eso es exactamente lo que ocurre. Además, Rosa le deja. Estamos más o menos a los 100 minutos de película. Final del segundo acto. Ese momento en el que todo lo que podía ir mal va mal o peor.

Vázquez en prisión

Tras cumplir su pena, Vázquez, harto de todo y deprimido, vuelve a Bruguera con el rabo entre las piernas (la empresa ha seguido publicando historietas de sus creaciones dibujadas por otros) y hace acto de contrición. Intenta recuperar a Rosa, pero ésta no quiere saber nada de él. Realmente parece que ha sido destruido como persona y como personaje. Pero, cuando todo parece perdido, Vázquez renace de sus cenizas (no cambió, se rindió) y le marca un gol en toda la escuadra a Peláez, haciéndole caer en una trampa que le pone en dificultades con la policía, como le ocurrió a él con el tema de los cheques.

Los archienemigos

Después, ya todo lo que queda es epílogo, un breve recordatorio de lo que fue la vida de Vázquez tras el fin de la editorial Bruguera. Y por supuesto, la película tiene muchas más subtramas (quizá la más emotiva sea su relación con el mucho más famoso Ibañez, pero hay más, como la que tiene con su hijo; el guión es mucho más complejo de lo que parece, tiene que haber sido realmente difícil escribirlo). Pero de cara a estructurar el guión creo que lo que he contado es lo más importante: Vázquez y Rosa y Vázquez y Peláez. La evolución de ambas tramas (y la desaparición en el momento adecuado de la de Rosa) es lo que impide que tengamos la sensación de estar ante una sucesión de sketches.

Gracias a ellas, aunque la película tiene muchos momentos que sí que podrían eliminarse tranquilamente si sólo pensáramos en dejar las escenas que avanzan alguna trama, no importan que haya relativos “parones”, porque cuando se corre el peligro de perder el interés, en seguida se vuelve a las dos historias que han conseguido engancharnos emocionalmente.

En este tipo de película, el héroe busca un objetivo, su búsqueda le lleva a meterse en problemas (final del primer acto) y tras darse un buen batacazo a entender que ser cómo es le está impidiendo ser feliz (final del segundo acto), pero, tras un momento de duda, se da cuenta de que no puede evitar ser cómo es, se anima y tira para delante. En cierto sentido, el suyo es un arco de “ida y vuelta”. Todo cambia para que al final no cambie nada. Quizá por eso no suele dar lugar a películas muy comerciales. Parten de un planteamiento que es precisamente la antítesis del cine comercial. No se consiguen cosas, se pierden. Son historias de renuncia.

Dos Ej. de una estructura de este tipo que siempre uso en clase son “Superman Returns” (Bryan Singer, ), y “El hombre del tiempo” (Gore  Verbinsky, 2). En principio parece que no tienen nada que ver entre sí, pero pensadlo un poco y veréis cómo en el fondo cuentan exactamente lo mismo. En ambas el personaje consigue su objetivo primario (vencer a Lex Luthor; conseguir su nuevo puesto de trabajo) pero pierde el secundario, el emocional (Superman, recuperar a Lois Lane y ser un padre para su hijo; el “hombre del tiempo”, conseguir que su ex mujer vuelva con él). ¿Por qué? Pues porque justo lo que les hace ser buenos en lo suyo les impide llevar una vida normal.

Exactamente como a Vázquez.


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