MARTÍNEZ-LÁZARO, EL APELLIDO COMPUESTO DEL ÉXITO

7 octubre, 2015

Por Alberto Pérez Castaños. 

Fotos: Héctor Beltrán. 

Ya ha pasado más de un año desde ‘Ocho apellidos vascos’ y aún se sigue hablando de ella. El boom ha aguantado prácticamente hasta el estreno de su secuela, el próximo 20 de noviembre. Otra medalla más para la colección de la película. Sus responsables: dos guionistas jóvenes pero ya maestros de la comedia, y un director veterano y todavía más maestro en el género. Ayer, uno de esos guionistas –Borja Cobeaga– y ese director –Emilio Martínez-Lázaro– se reunieron en la Cineteca del Matadero de Madrid. El guionista entrevistó al director haciendo un repaso de su trayectoria, inaugurando así una nueva temporada de Los Martes de DAMA con ‘Martínez Lázaro, los apellidos del éxito’.

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Emilio Martínez-Lázaro y Borja Cobeaga.

Para iniciar esta conversación entre guionista y director, Borja Cobeaga resumió de manera perfecta la carrera de Emilio Martínez-Lázaro: es un director que ha llevado al cine y ha hecho reír a tres generaciones distintas. En los 90 fue la comedia madrileña con ese tándem que hizo con David Trueba al guión y que dio como resultado dos películas míticas: ‘Amo tu cama rica’ (1991) y ‘Los peores años de nuestra vida’ (1994). A principios del 2000 volvió a reventar taquillas, esta vez con la comedia musical: ‘El otro lado de la cama’ (2002) y su secuela, ‘Los dos lados de la cama’ (2005), esta vez con David Serrano escribiendo. Y, diez años después, los apellidos vascos. Casi nada.

Lo curioso es que son comedias muy distintas pero todas agradan al gran público. ¿Es consciente de eso el director? “Siempre he sabido lo que me gustaba”, respondió a Cobeaga, “no he cambiado mi punto de vista, tengo gustos invariables en comedia”, y nombró a Howard Hawks y a Ernest Lubitsch y ‘Ser o no ser’.

El nombre de Martínez-Lázaro siempre ha estado asociado a la comedia, pero él aseguró que no se trata de una asociación buscada. No olvidemos que su primera película, ‘Las palabras de Max’ (1978) era un drama y ganó el Oso de Oro en el Festival de Berlín. Según contó, la película que le abrió los ojos en cuanto a comedia se refiere fue ‘Ópera prima’ (1980), de Fernando Trueba: “Es una comedia personal pero con sentido del espectáculo”, dijo. Tras eso, el director empezó a experimentar con el género: ‘Sus sueños dorados’ (1980), ‘Todo va mal’ (1984), ‘El juego más divertido’ (1987) y la que fue la siguiente parada de Cobeaga en el repaso a la filmografía de Martínez-Lázaro: ‘La mujer lunática’ (1990), el capítulo del director dentro de la serie de Televisión Española ‘La mujer de tu vida’. Lo escribió y lo dirigió él mismo y lo produjo junto a Fernando Trueba: “Es un homenaje claro al cine americano de los años 30 y 40”, explicó. Curiosidad: los títulos del crédito son de Juan Carlos Eguillor, tío de Borja Cobeaga.

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Emilio Martínez-Lázaro.

Siendo el madrileño un director que ha hecho tanto drama como comedia, Cobeaga le preguntó por las diferencias a la hora de prepararse. Martínez-Lázaro dice que para dirigir drama prepara una dirección más cerrada, mientras que para la comedia lo deja más abierto. “Ahí entra en juego la vis cómica, que es algo muy sutil”, dijo, “y decirle a los actores que hagan la escena tal y como te la habías imaginado es una novatada”.

Tras pasar por las antes mencionadas ‘Amo tu cama rica’ y ‘Los peores años de nuestra vida’ –proyección de momentazos de Gabino Diego en esta última incluida– Cobeaga y Martínez-Lázaro repasaron el siguiente mega-éxito del madrileño: ‘El otro lado de la cama’. Para hacerlo, Borja puso este fragmento:

Esa patada junto a ese indignado “¿qué está pasando aquí?” de Javier, el personaje de Ernesto Alterio, levantó una carcajada entre los asistentes. No es para menos. Entrevistador y entrevistado analizaron la escena: “Es un momento mítico de la comedia española”, opinó Cobeaga. Algo con lo que estaba de acuerdo Martínez-Lázaro, que explicó que fue una idea de Ernesto Alterio. “Aunque ese momento no existiría sin el brillante diálogo anterior”, dijo.

Otro momento que todo el mundo recuerda de ‘El otro lado de la cama’ es la aparición del niño melón. Cobeaga no lo proyectó, hizo una cosa mejor: explicar su origen, para goce de los asistentes. Borja contó que, una noche, estaba en un bar de Malasaña con Nacho Vigalondo –¿soy yo o una anécdota que empieza así sólo puede molar?– cuando un chino entró vendiendo unos llaveros. Vieron uno que les hacía gracia: un muñeco con cabeza de melón al que no dudaron en bautizar como “niño melón”. Al parecer, el chino estuvo de acuerdo con ese nombre. Le contaron esta broma a David Serrano y el resto, bueno, ya se sabe.

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Borja Cobeaga.

Al final, de lo que menos se habló fue de ‘Ocho apellidos vascos’. Pero fue por falta de tiempo, más que por otra cosa. Estos encuentros siempre se quedan cortos. Aún así, se rascaron minutos para hablar del fenómeno y, sobre todo, de su secuela. Director y guionista nos pusieron los dientes largos diciendo que ya habían visto la película. Borja Cobeaga dijo que estaba contento con el resultado, que los actores siguen en estado de gracia, incluidos los nuevos, y que en breve podremos ver el tráiler. Una pena no haberlo visto ayer mismo. Hubiese sido un buen cierre a ‘Martínez Lázaro: los apellidos del éxito’.

“Por cierto, eso está mal, Martínez-Lázaro es un apellido compuesto”, bromeó Emilio al terminar refiriéndose al título de la conferencia proyectado en la pantalla. “Es que ‘Martínez-Lázaro, el apellido compuesto del éxito’ no quedaba bien. No dejes que la realidad te estropee un buen título de conferencia”, se defendió Cobeaga. Lo dicho, dos maestros.

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MARTÍNEZ-LÁZARO, COBEAGA Y LA FÓRMULA DEL ÉXITO

23 septiembre, 2015

El director Emilio Martínez-Lázaro tiene una especie de fórmula del éxito: buscarse un guionista-director joven y “robarle” un guión de comedia para dirigirlo él. La repite una vez por década: en el ’91 con David Trueba y Amo tu cama rica; en 2002 con David Serrano y El otro lado de la cama, y el año pasado con Cobeaga y los apellidos.

Foto: Sergio Enríquez-Nistal

Emilio Martínez-Lázaro y Borja Cobeaga. Foto: Sergio Enríquez-Nistal

Si queréis saber más sobre esta hábil maniobra y otros secretos para petarlo, no faltéis al diálogo que mantendrá Martínez-Lázaro con Borja Cobeaga el próximo 6 de octubre en la Cineteca de Matadero (Madrid), que bajo el título Los apellidos del éxito inaugurará la nueva temporada de Los martes de DAMA.

En esta temporada, también regalaremos entradas para los lectores del blog. Aunque los precios son de chufla (2€ para estudiantes de audiovisual y 5€ para el resto), siempre mola que te regalen cosas, y sobre todo, estar seguro de que no te quedarás sin un asiento. Porque lo que empezó siendo un insider tip, ahora ya corre de boca en boca, y con mucha frecuencia los martes de DAMA agotan las localidades.

Así que no esperes más. Rellena este formulario si quieres conseguir una de las dos entradas gratis que regalamos para Los apellidos del éxito, el martes 6 de octubre a las 19:00 en la Cineteca de Matadero. Tienes una semana para participar: hasta el miércoles 30 de septiembre estaremos recibiendo vuestros correos.

(Participar en esta promoción supone que has leído y aceptas lo que se dice en nuestro disclaimer sobre Protección de Datos personales.)

Sergio Barrejón.


“LA PEREZA ES LO QUE MUEVE EL MUNDO”

13 marzo, 2015

A lo tonto, Borja Cobeaga lleva casi un año de promoción: junto a Diego San José hizo más entrevistas de las que cualquier guionista hubiese imaginado tras el estreno de ‘Ocho apellidos vascos’; luego publicaron ‘Venirse arriba’, su primera novela; al poco tiempo vio la luz ‘Aupa Josu’ y, justo hoy, estrena ‘Negociador’, su tercera película como director. ‘Negociador’ es una película muy especial porque está hecha con pocos medios, trata sobre un tema delicado y es muy diferente a los dos primeros largometrajes de Borja. Así que, como imaginaréis, teníamos muchas ganas de hablar con él.

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Foto: @Nacho Méndez

Una de las cosas que más me ha sorprendido de ‘Negociador’ es tu evolución como director de largometrajes, ¿qué piensas que ha cambiado del Cobeaga de ‘Pagafantas’ al actual?

Sobre todo tenía ganas de hacer algo muy personal. Con esto no quiero decir que ‘Pagafantas’ no lo fuese, aunque hubiese ganas de provocar la carcajada no creo que hubiese concesiones; era una comedia alocada y con un poso bastante melancólico. El siguiente paso fue ‘No controles’, que también era una comedia alocada, pero más clásica y sin esa melancolía. Sin embargo, los primeros cortos que hice, como ‘Éramos pocos’, funcionaron muy bien y no tenían ese sello de comedia loca. Pensé que a lo mejor me estaba perdiendo algo, ya que eran algo muy personal y no lo estaba imprimiendo en lo que estaba haciendo ahora. Y de ahí vino ‘Negociador’, de la necesidad de tener ese tono incluso antes de que se me ocurriera la historia. También me pasa que, como espectador cada vez me gustan menos las pelis “académicas” y que son más correctas y me gustan más las películas imperfectas y con personalidad.

Pero recuperar el tono de ‘Éramos pocos’ no te hace renunciar a la comedia de gag, porque, al menos, la sigues escribiendo…

No. Para mí lo ideal sería alternar. La comedia más de gag, de carcajada, da muchas satisfacciones. Ver que una línea de diálogo o una situación que has escrito funciona en una sala llena de gente que se ríe a carcajadas es muy satisfactorio y hace que sea muy difícil renunciar a eso. Lo que pasa es que si sólo me dedicase a eso sí que sentiría que estoy renunciando a algo que me gusta mucho. De la misma manera que en el thriller existe ‘La isla mínima’, que es una película comercial y que encima es de prestigio, a mí me encantaría combinar ambas cosas en una sola película. Pero, de momento, como eso parece la fórmula de la Coca-Cola, supongo que seguiré escribiendo y también dirigiendo comedias alocadas y comedias más del estilo de ‘Negociador’. Ahora tengo la sensación de que, en un mismo año, he hecho dos películas muy diferentes, una como guionista y otra como director, y que si pudiese mantener esto como modo de vida sería estupendo.

‘Negociador’ es la primera película que escribes sin Diego San José, ¿cómo ha sido no tener en esta ocasión un muro en el que rebotar ideas?

Es más complicado. Cuando escribes con otra persona lo bueno no es sólo lo que aporta, sino lo que quita, en el sentido de que las malas ideas te las lima mejor otra persona. Con ‘Negociador’ ha sido un proceso natural, porque surgió como entretenimiento propio y sin saber muy bien si iba a hacerla realmente. Entonces, en ese sentido, tenía que ser una apuesta personal. Es verdad que hay un par de ideas en el guión que son de Diego. Como la de que los negociadores oyen en la tele una frase que más tarde usan en la negociación. Creo que, de haber escrito el guión con otra persona, sería mejor, pero, por otro lado, yo siempre he visto esta película como un capricho, y si es un capricho de una sola persona es mucho más sencillo. Y lo he disfrutado incluso en esas imperfecciones que tiene escribir solo.

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Foto: @Nacho Méndez

Dices que empezaste el guión sin saber si la ibas a rodar y, cuando pudiste hacerlo, fue con un presupuesto reducido. Cuando la escribiste, ¿lo hiciste adaptando la historia a los medios de los que dispondrías más adelante?

Claro. Yo, en el fondo, la escribí porque sabía que en el caso de que se rodase iba a ser así. Tuve dos momentos que me hicieron hacer click la cabeza para ver cómo se podía hacer ‘Negociador’. Uno de ellos fue cuando hice un corto para el Notodo como jurado, entre ‘Pagafantas’ y ‘No controles’, llamado ‘Un novio de mierda’. Lo grabamos en una casa, con un equipo muy reducido y pensé: “¿no estaría bien hacer una película así?”. Cosa que se confirmó más tarde cuando estábamos produciendo ‘Extraterrestre’, de Vigalondo, que fue un proyecto que lo había escrito él para poder hacerlo porque la financiación de ‘Open Windows’ se estaba estirando. Las ganas de rodar le llevaron a escribir un guión del que era consciente que tenía que estar limitado. Entonces, yo recuerdo que visité el rodaje y me pareció que aquello estaba muy bien, le veía todo ventajas. Además, también escribí ‘Negociador’ porque me daban envidia algunos compañeros que hacían investigación. Yo hablaba con Urbizu, por ejemplo, y me decía que estaba documentándose con Gaztambide y eso era algo que a mí también me apetecía hacer. Así que sí, sí me mentía a mí mismo mientras escribía diciendo: “esto no sé si se va a hacer pero, por si acaso, no voy a meter figuración aquí”. Por ejemplo, cuando desayunan por primera vez Ramón Barea y Josean Bengoetxea dicen: “qué vacío está esto, ¿no?”.

¿Y qué tal ese proceso de documentación?

Justamente coincidió que salieron bastantes cosas, tampoco hay mucho escrito sobre el tema. Además, cuando Diego y yo empezamos a escribir ‘Fe de etarras’ ya habíamos leído bastante porque queríamos que tuviese ese punto de realidad pese a ser una comedia alocada. Jesús Eguiguren publicó un libro con Luis Rodríguez Aizpeolea (‘ETA, las claves de la paz’) que sirvió mucho de base; se hizo un documental, ‘Memorias de un conspirador’, que era sobre Eguiguren; en ETB también hicieron un estupendo reportaje en profundidad con él, más todo lo publicado en prensa… De repente, en poco tiempo había mucho material al que recurrir y, sobre todo, muy rico en detalles cotidianos. El otro día me juntaron en una entrevista con Luis Rodríguez Aizpeolea y me decía que cuando estaban escribiendo el libro le pedía a Jesús que le contase muchas cosas cotidianas, y son esas cosas en las que me he fijado y con las que no he podido evitar fantasear. Por ejemplo, si un día la traductora no acude a la negociación, yo, como guionista, pienso: “¿y por qué no fue?”. Lo que no quise hacer fue hablar con gente que había intervenido en estas conversaciones porque sabía el tono antiépico que iba a tener. Si llego a hablar con ellos me hubiese entrado Síndrome de Estocolmo y me hubiese dado pudor escribir o rodar ciertas cosas.

¿Hubo algún momento durante la escritura en el que dijeses “cuidado, esto mejor no lo pongo”?

No. Eso no pasó, y creo que vino por la confianza en trabajos previos. ‘Vaya Semanita’ vino más que nada de una audacia inconsciente, porque éramos muy jóvenes y en ETB hacíamos un humor político muy cotidiano, no hacíamos burla de nadie en concreto, sino sátira de lo cotidiano. Un ejemplo muy claro es que, justamente, el chispazo con el que nació ‘Negociador’ fue el Salvados que hace Jordi Évole con Jesús Eguiguren. En un momento del programa, Évole iba a Hernani, pueblo símbolo del nacionalismo radical, y le preguntaba a un quiosquero por los periódicos que se vendían: cuánto se vendía el Gara, el Diario Vasco… Y cuando le preguntó cuánto se vendía La Razón le dijo que “ahora más, porque regalaban un patinete”. A mí, ese padre de convicciones nacionalistas muy arraigadas pero que su hijo quiere el patinete y tiene que ir a comprar La Razón, es la política que me interesa.

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Foto: @Nacho Méndez

De hecho, ‘Negociador’ es una comedia política, pero donde haces comedia es con los personajes, con sus bajezas y sus miserias. Esto es algo bastante común en tus obras…

En el último Festival de San Sebastián hubo una especie de encuentro donde proyectaron varios cortos míos seguidos y el presentador del acto me dijo: “todos tus personajes principales son muy mezquinos”. Lógicamente no es algo a lo que fuese ajeno, pero verlos seguidos me impresionó mucho. Supongo que tiene que ver con una visión muy personal de las cosas. Yo creo se resumiría en que tengo un problema con Aaron Sorkin, con ese idealismo, con ese humanismo extremo, y yo no tengo ninguna fe en esas cosas. Creo que la pereza es lo que mueve el mundo. Incluida la política, y lo demuestran ahora. He estado escuchando la conversación de Iñaki González con los comisarios en la Puerta del Sol y, ¿de verdad nos quieren hacer creer que esto es un mundo serio, donde todo está calculado y milimetrado con dos tíos llamándose “tronco” el uno al otro, diciendo “buga”, todo muy cutre, todo muy sórdido… Yo es que creo que la vida es así. Mi visión es que tenemos que sobrellevar nuestras miserias y tirar para adelante.

Viendo la película me dio la impresión de que los momentos más delicados a la hora de escribir tuvieron que ser en los que aparece el personaje inspirado en Thierry, encarnado por Carlos Areces…

Pues sí. Yo lo que tenía claro era que no quería frivolizar. Por un lado estaba bajando a un nivel muy humano todo esto, pero por otro, los hechos históricos llevaban a que esa negociación llegó a dar muchas esperanzas y se truncó. Y lo hizo porque un sector de ETA que en ese momento tenía más peso decidió que así fuese. Luego vino la ruptura de la tregua, el atentado de la T-4, el asesinato de Isaías Carrasco, que era un amigo muy cercano de Eguiguren y lo cierto es que escamotear todo eso me hubiese parecido muy frívolo. Son acontecimientos que no puedes pasar por alto. Y uno de ellos fue la aparición de ese personaje inspirado en Thierry que hace Carlos Areces, un actor de marcado tono cómico. Thierry en la realidad era un tipo muy sociable, muy campechano, pero que luego tenía unos cambios de carácter muy fuertes. Y Carlos Areces es aparecer en la pantalla y la gente dice: “Ay, Areces, qué gracioso”. Tenerle a él ahí y que, de repente, su personaje se ponga inquietante me parece, por un lado muy fiel a la realidad y, por otro, me permitía ponerle el freno a los aspectos cómicos y meterme más en cosas como aquello que dijo de las corbatas negras o en el momento de su detención, que es algo muy icónico… Todo el mundo lo recuerda con un polo verde, esposado y gritando. Por eso me parecía que era necesario subrayar en ese sentido esa parte de la película.

Me preguntan mucho por qué Areces. Uno de los motivos es porque la película se hizo en un ambiente muy familiar, quería llamar a actores con los que había trabajado o con los que tenía ganas de hacerlo, como Josean Bengoetxea. Y Areces, además de ser muy buen actor, es de confianza porque somos amigos. Por otro lado, todos conocemos a Areces. Es uno de esos cómicos que tiene un lado muy inquietante y que pueden hacer papeles aterradores. Ya lo hizo en ‘Balada triste de trompeta’.

Tras ‘Negociador’, ¿estás más cerca de hacer ‘Fe de etarras’, una adaptación de vuestra novela ‘Venirse arriba’ u otro proyecto diferente?

Pasa una cosa muy curiosa con ‘Fe de etarras’; cuando teníamos tiempo para hacerla nadie la quería y ahora que hay quien quiere hacerla, no tenemos tiempo. Entre la escritura de la secuela de ‘Ocho apellidos vascos’, que es el eje laboral que tenemos Diego y yo ahora mismo, y recuperar un proyecto que se quedó un poco paralizado porque Javier Ruiz Caldera estaba rodando ‘Anacleto’ y nosotros escribiendo la secuela, que es ‘Superlópez’, creo que 2015 está ya muy adjudicado. Pero sí que creo que estoy más cerca de hacer ‘Fe de etarras’, sobre todo porque es una comedia muy diferente a ‘Negociador’, es ‘Friends’ con ETA, una comedia de compañeros de piso. El tono ha sido la razón para hacer ‘Negociador’ y con ‘Fe de etarras’ pasa lo mismo. Me apetece bastante hacerlo. Respecto a la adaptación de ‘Venirse arriba’, pues no lo sé, la verdad. Ahora mismo sólo tenemos en mente estos tres proyectos, que no está mal. Pero recuerdo que escribiéndola pensé que podía ser una buena película. La mayor complicación sería encontrar alguien que pudiese hacer del padre. Con el reparto adecuado me gustaría mucho hacerla. Habría que matizar mucho el tono, no caer en hacer un Alfredo Landa 2.0. Sería complicado llegar a un equilibrio entre un actor que sea muy gracioso y que no sea chusco y gritón.

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Foto: @Nacho Méndez

¿Y cómo está yendo la adaptación de ‘Superlópez’?

Al principio fue un proceso bastante reflexivo de leer los álbumes y ver si cada libro daba para estructura de película, y la verdad es que resulta complicado. Pero sí que, del mismo modo que hay adaptaciones de tebeos como ‘Anacleto’ o ‘Zipi y Zape’ que cogen los personajes y los ponen en un contexto totalmente diferente, aquí sí que queremos ser fieles al universo y al tono de la historia. Creo que el guión va a estar lleno de detalles que remiten de lleno al universo de ‘Superlópez’. Es curioso porque, por ejemplo, ‘Zipi y Zape’ tiene seguidores, pero no son tan fervientes como los de ‘Superlópez’. Ya me ha pasado muchas veces de encontrarme con alguien que me dice: “he visto que vas a hacer Superlópez, ten cuidado”. Y creo que hay una cosa del tono, de cómo afrontamos la adaptación, en la que Diego dio en el clavo: de la misma manera que en ‘Superman’ Clark Kent es un perdedor y cuando es Supermán es la hostia, ‘Superlópez’ en su faceta de López es un perdedor y como Superlópez, también. Y con esa premisa creo que haremos una buena peli.

Está siendo un proceso curioso porque es la primera vez que adaptamos algo, pero tenemos mucha confianza sabiendo que Caldera es el director. Todavía no he visto la película, pero el tráiler de ‘Anacleto’ me ha parecido bestial. Pensé: “¿este tío va a dirigir ‘Superlópez’? Pues lo que quieras, porque sería capaz de hacer una gran escena de acción con una hoja en blanco”. Luego, por otro lado, Diego y yo nos estamos divirtiendo mucho haciendo con las setpieces de acción, que es algo que no hemos hecho nunca. Pero ahí nos tenemos que limitar porque, pese a que va a tener un gran presupuesto para tratarse de una producción española, no tiene ese presupuesto que puede tener una película de superhéroes tipo ‘Los Vengadores’, nosotros estamos en una liga mucho más pequeña y por eso tenemos que ser muy selectivos en dónde ponemos la carne en el asador en cuanto a efectos y escenas de acción. En ese sentido, el trabajo con Javi está siendo muy racional.

Además de tener varios proyectos en marcha, por si fuera poco, también eres presidente de DAMA, ¿qué balance haces de este primer año?

La verdad es que, comparado con anteriores presidentes, está siendo tremendamente fácil porque DAMA ya ha llegado a un nivel de estabilidad brutal. Todo es como muy normal ya. Estamos creciendo y haciendo cosas; desde hace unos meses llevamos el catálogo de SACD, la entidad de gestión francesa, y eso hace que nuestro volumen crezca. Pero no es una obsesión crecer, yo me encuentro con amigos de SGAE y no les reparto panfletos de DAMA, de hecho Diego es de SGAE y yo de DAMA. Eso es algo que también quiero transmitir: estoy muy a gusto en DAMA, todo es muy racional y muy transparente, si te quieres venir estupendo y si no, también. Yo, si me pasé a DAMA, fue porque estaba en SGAE y no entendía cómo, por ejemplo, estaban comprando teatros o por qué estaba dominada por un sector pequeño que era el que menos recaudaba en la realidad. Era una espiral muy loca. Yo sé que muchos de los que están en SGAE siguen dentro para intentar cambiarlo, pero hay cosas que no entiendo por qué tienen que seguir aguantando. Pero siempre desde el respeto hacia ellos. Fíjate, si no respeto a Diego… Así que, todo aquel que quiera venir será bienvenido. En los últimos años se ha racionalizado mucho todo y no sólo crecemos en número de socios, sino también a nivel de infraestructura, pero siempre sin volvernos locos ni ponernos a comprar teatros.

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Foto: @Nacho Méndez

Entrevista: Alberto Pérez Castaños. 

Fotos: Nacho Méndez.

Peluquería y maquillaje: María Manuela Cruz

Estilismo: García Madrid


‘LA ISLA MÍNIMA’ Y ‘MAGICAL GIRL’: LO MÁS FEROZ DEL AÑO

27 enero, 2015

Por Alberto Pérez Castaños. 

Fotos de Héctor Beltrán. 

Tan sólo dos ediciones le han hecho falta a los Premios Feroz para ganarse el respeto de todos. La gala del pasado domingo, escrita por Eva Merseguer y Tomás Fuentes, dirigida por la propia Eva y presentada por la actriz Bárbara Santa-Cruz, fue divertida, entretenida y, lo que más se agradece a este tipo de actos: rápida. El mismo Raúl Arévalo lo dijo antes de abandonar el escenario junto a todo el equipo de ‘La isla mínima’ tras recibir el Feroz a la Mejor película dramática: “Gracias por una gala tan divertida y maravillosa”. Los periodistas cinematográficos, responsables de organizar y entregar los premios, tendrán un buen sabor de boca, sin dudas.

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La directora y co-guionista de la gala Eva Merseguer.

El año pasado los Feroz se caracterizaron por dar la campanada, por nominar y galardonar lo que nadie esperaba. La humilde ‘Stockholm’ se llevó el premio al Mejor drama; ‘Tres bodas de más’, Mejor comedia por encima de la favorita ‘Vivir es fácil con los ojos cerrados’; Antonio de la Torre, Mejor actor en lugar de Javier Cámara, que luego se llevó el Goya… Así que, este año se esperaba alguna sorpresa… Y así fue. Aunque las sorpresas empezaron ya con las nominaciones. Para empezar, la segunda película más taquillera del año pasado, ‘El niño’, se quedaba fuera de las principales nominaciones –algo que en los Goya no ha ocurrido: 16 en total– para dar paso a películas con menos repercusión como ‘10.000 Km’, ‘Hermosa Juventud’ o ‘Loreak’. Ya sólo por eso se podía llegar a pensar que no había favoritos: ¿premiarían los periodistas el cine low cost como en la anterior edición? ¿Seguirían la estela del Festival de San Sebastián y su amor a ‘Magical Girl’ o se decantarían por las marismas de ‘La isla mínima’? ¿Qué pasaría en la categoría a Mejor comedia?

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Aitor Arregi, José Mari Goenaga y Jon Garaño, guionistas de Loreak.

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El equipo de ‘10.000 Km’ al completo en la alfombra roja.

De todas estas posibles sorpresas, quizás la más llamativa fue ‘Carmina y Amén’ como vencedora del Premio Feroz a la Mejor comedia por encima de ‘Ocho apellidos vascos’, a priori la favorita por aquello de ser la película más taquillera de la historia de nuestro cine. La película de Paco León obtuvo buenas críticas, se llevó el premio al Mejor guión en el Festival de Málaga y recaudó una taquilla bastante aceptable, pero la apisonadora vasca escrita por Borja Cobeaga y Diego San José aplastó a todas sus competidoras en el género, al menos a nivel popular, y Carmina Barrios y su familia terminaron pasando más o menos desapercibidas.

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Paco León con su Feroz por ‘Carmina y Amén’.

Pero hay que recordar que estos premios los da la prensa especializada, a la que nunca le convenció ‘Ocho apellidos vascos’ y enseguida le colgaron el dichoso cartel de “es mala pero te ríes”, mientras que la mayoría ensalzó el salto de calidad de Paco León como narrador cómico desde su debut. Teniendo en cuenta que tampoco se llevó ninguno de los premios a la interpretación a los que optaba, podríamos decir que ‘Ocho apellidos vascos’ fue la gran perdedora de la noche, pero calificar de “perdedor” semejante fenómeno sería una idiotez como la copa de un pino, y por ahí hay 57 millones de euros para demostrarlo.

Más que sorpresa, lo de Carlos Vermut fue una confirmación. ‘Magical Girl’ ya pegó el pelotazo en el Festival de San Sebastián llevándose los premios a Mejor película y director, y desde entonces la bola de nieve no ha dejado de crecer. Los críticos la pusieron por las nubes. Almodóvar, también. Luego llegaron las nominaciones a los Goya: un total de siete. Ese atrevimiento de los Feroz a la hora de premiar del que hablábamos al principio llevaba a pensar que algo gordo se llevaría el madrileño y, finalmente, fueron un total de cuatro premios: Mejor actriz para Bárbara Lennie, Mejor actor de reparto para José Sacristán y Mejor cartel y guión para Carlos Vermut.

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Carlos Vermut posa con su premio al Mejor guión por ‘Magical Girl’.

El Feroz por su guión hizo creer por momentos que la rendición de los periodistas por ‘Magical Girl’ iba a ser total, pero los galardones a Mejor director para Alberto Rodríguez y Mejor película dramática para ‘La isla mínima’ confirmaron un justo reparto de premios entre dos historias diferentes pero igual alucinantes. Ahora bien, ¿se atreverán los académicos a repetir premios con ese criterio? Últimamente el Goya al Mejor guión va emparejado al de Mejor película y Mejor director. La última vez que esto no ocurrió así fue en 2007: ‘La soledad’ ganó Mejor película y Jaime Rosales, Mejor director, pero Sergio G. Sánchez se llevó el Goya al Mejor guión por ‘El Orfanato’.

Premiado o no, el guión que han escrito Rafael Cobos y Alberto Rodríguez para ‘La isla mínima’ es una verdadera joya. De hecho, la semana pasada se presentó su edición a cargo de 70 Teclas en la Librería Ocho y Medio de Madrid, donde ya se puede adquirir. Si eres guionista ya deberías tener tu ejemplar. Es una lectura obligatoria.

Además, Cobos y Rodríguez fueron los protagonistas junto al resto de nominados a Mejor guión de un divertido sketch en el que, tras leer una críticas anónimas, tenían que acertar a qué película pertenecían. Una idea que demuestra que esta gala está dispuesta a hacer cosas diferentes, a alejarse del tono didáctico y grandilocuente de los Goya y que no está ceñida al tradicionalismo ni las exigencias de una cadena.

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El equipo de ‘La isla mínima’ momentos antes de la gala.

En resumen, se podría decir que, mientras el año pasado los premios fueron más repartidos y sorprendieron en las dos principales categorías, este año no han sido tan “feroces” y la fiera se ha amansado un poco; que ‘La isla mínima’ y ‘Magical Girl’ son las dos películas españolas del año en la cosecha de premios; que académicos y periodistas piensan que ‘Ocho apellidos vascos’ ya se ha llevado suficientes alegrías y que, definitivamente, los Premios Feroz han llegado para quedarse.


TAQUILLAS HISTÓRICAS, GUIONES BERLANGUIANOS Y OTROS ENLACES PARA EL FIN DE SEMANA

12 diciembre, 2014

Por Alberto Pérez Castaños.

1. Que el 2014 iba a ser bueno para el cine español estaba claro desde el momento en el que ‘Ocho apellidos vascos’ detonó las taquillas. Pero ahora que se acerca el fin de año se están empezando a publicar análisis y conclusiones sobre el asunto. ¿Ha sido el mejor año de la historia? ¿Un buen año “relativo”? Sacad vuestras propias conclusiones.

2. No es necesario que seas un fan de Jackie Chan para que este vídeo te resulte, al menos, entretenido. O a lo mejor estás pensando en escribir una película de artes marciales y Bloguionistas te acaba de hacer un favor. Se trata de un análisis de la combinación entre acción y comedia en las películas del actor chino:

3. O también cabe la posibilidad de que lo que quieras sea publicar un libro. Entonces, estos consejos del bloguionista Carlos G. Miranda te van a venir bastante bien. Carlos es el autor de ‘Enlazados’ y su segunda novela con la editorial Planeta, que está a punto de ponerse a la venta, ya ha sido vendida fuera de España.

4. Además de los libros de Carlos no está de más leer algunos guiones. Ahora puedes ver online una recopilación maravillosa de los guiones de Luis G. Berlanga, algunos con notas manuscritas, correcciones y demás detalles golosos para todo guionista.

5. Steven Knight es el guionista de películas como ‘Locke’, ‘Promesas del Este’ o ‘Negocios ocultos’, por la que le nominaron al Oscar. En esta conferencia de media hora habla del oficio y analiza las que considera que son las tres áreas más artesanales de sus guiones: la estructura, el diálogo y los protagonistas.

Buen fin de semana.


CHARLIE KAUFMAN, ‘VENIRSE ARRIBA’ Y OTROS TRES ENLACES PARA EL FIN DE SEMANA

31 octubre, 2014

por Alberto Pérez Castaños.

1. La Fundación SGAE ha anunciado un Taller de Coaching para Autores que tiene como objetivo mejorar gran parte de esos puntos débiles del guionista. Será del 5 de noviembre al 26 del mismo mes y tiene un precio de 80 euros (la mitad para socios de la sociedad). Programa, profesores y mucha más información, en este enlace.

2. La semana pasada tuvo lugar el Festival de Series de Canal + en Madrid. Por segundo año consecutivo, los guionistas tuvieron voz en este acto y, en esta ocasión, protagonizaron una mesa redonda que tuvo por tema el episodio piloto. Fue un éxito rotundo. Aquí la crónica.

3. El Diario de Sevilla entrevistó al guionista Rafael Cobos (‘La isla mínima’, ‘Grupo 7’…) y dejó algunas pequeñas perlas sobre el oficio en sus respuestas.

4. También está plagada de perlas esta Masterclass de más de una hora del guionista Charlie Kaufman, ganador un Oscar por ‘Eternal Shunshine of the Spotless Mind’ (me niego a poner el título traducido) y de una buena ducha tras esta ponencia (nunca he visto a nadie sudar tanto estando sentado).

5. Borja Cobeaga y Diego San José no han ganado un Oscar, pero lo están petando tanto que ya no nos extrañaría a ninguno. Están terminando de escribir la secuela de ‘Ocho apellidos vascos’, serán los encargados de llevar a la pantalla grande a Superlópez y acaban de sacar su primera novela, ‘Venirse Arriba’, escrita con la colaboración de Juan Cavestany. Aquí se puede leer el primer capítulo.


CÓMO ACABAR DE UNA VEZ POR TODAS

3 abril, 2014

por Carlos López

How I met

Tranquilos, esta entrada no contiene spoilers.

Lo dije públicamente aquí hace una semana: las series son organismos vivos. Después de una gestación a menudo complicada, nacen con la pretensión de vivir el máximo tiempo posible, pero nadie puede predecir lo que van a durar. Algunas vienen de nalgas, pero también las hay que berrean a pleno pulmón en cuanto ven a su público. Y a veces sucede que aquello por lo que nadie daba dos céntimos resulta que dura y dura, y dura y dura…

Hasta que los propios fans se preguntan: ¿cuándo acabará? (pronúnciese con temor o con hastío, según). La respuesta es sencilla: cuando quiera la cadena. Si pone el dinero sobre la mesa, alguien seguirá inventando. Así es. Se llama industria. Qué le vamos a hacer.

Esta industria, la nuestra, que pese a lucir tan esquelética últimamente no para de darnos alegrías. Ocho apellidos vascos lleva tres semanas haciendo historia, y se las ha visto nada menos que con El Capitán América. Y, ¿qué es lo primero que se ha sabido en cuanto su éxito estaba fuera de duda? Pues que habrá segunda parte. Claro. Y si funciona, seguro que hay una tercera. La ecuación no puede ser más simple. Hay que recordar que entre las diez películas más taquilleras de la historia de nuestro cine hay tres Torrentes.

En televisión, los planes se hacen sobre la marcha, mirando el dato, y los guionistas de una serie se reinventan el concepto cada temporada como si fuera la última. Y si luego resulta que no lo es, vuelven a reformularlo para la siguiente. Los fieles te siguen capítulo a capítulo y te seguirán hasta el último minuto… pero hagas lo que hagas no te lo van a perdonar nunca. ¿Cómo se te ocurre hacer eso con los personajes? Los espectadores consideran los personajes en propiedad; y también los actores, no sé si con igual o mayor derecho. A mi personaje, ni tocarlo. Mi personaje ha de tener un final digno. Pero no puede haber un final para cada uno.

Son personajes diseñados para no morir. Y de pronto, vas y los matas. O se marchan para no volver. O solucionan de golpe eso que parecía imposible desde la mera definición del personaje. Y claro, a nadie le parece bien.

No, no voy a hablar de Lost. Pero hoy toca mencionar How I Met Your Mother, que acabó hace sólo tres días con una audiencia récord en USA de trece millones de espectadores, que se dice pronto: veintiséis millones de ojos esperando a ver qué se les había ocurrido a los guionistas. Se emitió el lunes, y fue un capítulo doble en el que se rizaron varios rizos argumentales. Es la marca de fábrica de la serie, la reinterpretación del pasado y el futuro de los personajes, incluso se dice que parte de ese final ya estaba grabado desde que se grabó el primer capítulo de todos. Bueno, pues da igual. Pasearse estos días por twitter supone encontrarse llantos y golpes de pecho, insultos y mayúsculas. Y una pregunta más repetida que ninguna: ¿cómo se atreven?

Vale que es una serie que quizá se ha alargado más de la cuenta. Yo aún diría más: es el único éxito que conozco en el que desde la primera temporada (y han sido nueve) hasta los más fans odiaban a su protagonista. El anuncio de una renovación casi era un castigo para ellos. ¿Deberían haberla terminado antes? ¿Y de otra manera? Díselo hoy a los ejecutivos de la CBS, diles que están equivocados, ahora que están enmarcado los informes de audiencia y poniendo en sus tarjetas de visita: yo soy el de los trece millones.

En una serie de larga duración, y tribus vigilantes de fans, es literalmente imposible acabar a gusto de casi nadie. Sé de lo que hablo. Yo maté a Vilches.

Bueno, fui uno de los que lo mataron, tampoco voy a presumir de nada en primera persona. El final de Hospital Central llegó después de más de 300 capítulos. Es una serie que ha entrado en la historia de la televisión en nuestro país. Veinte temporadas. Para terminar la vigésima se grabaron dos finales diferentes, de la misma manera que se habían grabado dos finales del último capítulo de la temporada anterior, cuando se pensaba que esa iba a ser la última. FInalmente, la cadena decidió emitir el desenlace que acababa con el personaje víctima de un disparo (¿esto se sigue considerando spoiler? No creo, ¿no?). Y fue un final muy discutido por los fieles. Seré preciso: creo que nunca me han insultado tanto. Aunque probablemente aquella ola cargada de sapos y culebras que arreciaba en los foros no fue nada comparado con el tsunami que provocó el sueño final de Los Serrano, aún hoy tópico objeto de lapidación constante.

El caso es que en la mayoría de las ocasiones, en las que yo he conocido al menos, el final de una serie es algo poco menos que improvisado. Casi siempre, un despegue abortado: estás preparando los trece capítulos de la primera temporada y de pronto, cuando se acaba de emitir el tercero y tú estás escribiendo el sexto, te dicen que se detiene la grabación y que tienes que invertarte un cierre al final de ese mismo capítulo, y además algo que se pueda rodar dentro del plan. En estos casos, para qué engañarnos, se hace lo que se puede. Que a veces resulta que funciona.

Se puede exigir un criterio más razonado cuando el final está previsto de antemano. Sobre todo si el camino que ha recorrido la serie es aún manejable; o si se conoce desde el concepto cuál va a ser el cierre del relato. Porque no siempre se trabaja para un largo recorrido. Se nos olvida que Yo, Claudio, tan aclamada, sólo tuvo una temporada. Que Kung Fu (¿alguien se acuerda?) tuvo tres temporadas. Y Curro Jiménez sólo fueron cuatro.

Los hay que han podido negociar los términos del desenlace, laboral y creativamente, y hasta los espectadores sabemos ya que nos quedan dos minitemporadas de Mad Men. Igual que conocíamos la fecha de caducidad de Breaking Bad desde un año antes de que llegara el día.

¿Cuánto tiene que durar una serie, cuándo debería cerrarse el grifo? Si Homeland hubiera acabado en la primera temporada, hoy sería un clásico. La decisión, eso es lo difícil, hubo de tomarse en la cima del éxito.

Salvando las distancias, yo participé en una serie que tenía pensado su final desde el principio y de la cual siempre supimos que terminaría en el capítulo 26: Hay alguien ahí. ¿Conseguimos con tanta planificación que a los fieles les gustase el final? No estoy seguro. ¿Les gustó a los adictos el final de Breaking Bad, les gustará el final de Mad Men?

No, claro. Porque en el fondo no quieren que se acabe. Ese es el drama.

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Supongo que lo sabéis, no es ningún secreto: Cuéntame fue un proyecto rechazado por varias cadenas. A punto estuvo de no nacer. Esta noche se emite el capítulo 265 de la decimoquinta temporada, que está dando mucho que hablar. Y eso es lo más alucinante y un titular en sí mismo: que una serie española sea tan longeva y esté dando tanto que hablar da una idea de lo importante que la serie ha sido y sigue siendo en las vidas de muchos. Lo más increíble es que los espectadores de series estén acostumbrados a masacres sin cuento y de repente pongan el grito en el cielo por unos cuernos. ¿Qué habrían dicho si en un arrebato Antonio Alcántara saca la recortada y mata a Merche? No quiero ni pensarlo. Es cierto que esta polémica llega en un momento delicado de audiencia, en parte por el bajón que ha sufrido TVE, y eso hace todo más complicado.

Tampoco ayudan nada, a mi juicio, posicionamientos públicos como el que se ha apresurado a tomar su protagonista masculino. Estas declaraciones tienen algo de cobardía preventiva: salto del barco, no vaya a hundirse y me salpique. Ya lo ha hecho más veces: hace unos años aseguró (aquí) que si se suprimiese la publicidad en la televisión pública se iría inmediatamente de la serie. No lo hizo, y estaba en su derecho. Ahora me parece más grave, porque su opinión, como es lógico, pesa mucho en la definición de cada temporada, y no tiene mucho sentido desmarcarse de un argumento que él también aprobó sólo porque parece que arrecian las críticas.

Por mi parte sólo puedo decir una cosa: en mi casa casi nos habíamos descolgado de la serie y desde que están así las cosas nos sentamos cada jueves a recibir nuestra dosis. El capítulo en que se rompió la pareja al mismo tiempo que se conocía la victoria socialista me pareció modélico y hasta emocionante.

Hace dos días, un amigo me contó una historia de las que seguramente abundan: durante los años en que ha estado viviendo fuera de España, casado con una extranjera, él y su mujer se sentaban cada semana a ver el nuevo capítulo de Cuéntame casi con devoción; la serie era para ambos una lección de idioma español y de Historia, la mejor forma de contarle a su mujer cómo somos los de aquí. Mi amigo, que no suele seguir otras series, se siente en deuda con Cuéntame.

No tengo ni idea de cómo y cuándo terminará la serie, ni ésta ni otras. Sólo sé que el final a unos les parecerá prematuro y a otros, que llega demasiado tarde. Y puede que los dos tengan razón.


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