GUIONISTAS TRAS LA CÁMARA: RODANDO “ONIRIC” (y II)

9 enero, 2012

por Curro Royo.

(Este post continúa el publicado el pasado jueves, 29 de Enero.)

En el primer post analicé las razones por las que pasé del teclado a la cámara, así como los condicionantes con los que llegué a la dirección. En este post me gustaría analizar cómo el guión se transforma en el proceso de producción y rodaje, así como responder a las preguntas que surgieron el los comments al post anterior.

Del guión al rodaje

Los guionistas somos los primeros en llegar a los proyectos… y también los primeros en salir. Una vez que hemos entregado la última versión, sabemos que sólo nos queda cruzarnos de brazos hasta el estreno, y cruzar los dedos para que asistir al mismo haya merecido la pena. A veces, si te llevas bien con el director, haces una visita al rodaje, como ya nos explicaba hace poco Carlos López.  También es muy posible que te inviten a la proyección de la copia estándar en el laboratorio. Y ya definitivamente, la ves en el estreno. Entre la entrega de la última versión y el estreno pueden pasar tranquilamente de doce a dieciocho meses. De la última versión a lo que ves en pantalla han podido pasar de doce a dieciocho mil desastres.

A veces, también es verdad, lo que ves en pantalla te gusta y sorprende.  Lo reconoces, lo disfrutas, y al mismo tiempo ves que hay cambios que han mejorado la historia. Eso sí, nadie te dice cómo, cuándo y por qué se hicieron esos cambios.

Y es que lo que ocurre entre esos dos momentos, entrega y estreno, sea para bien o para mal, la auténtica historia de cómo se ha hecho la película, es un misterio. No es un secreto, ya que todo el equipo menos tú parece saberlo. Es un misterio del que tú, estás excluido.

Y queridos colegas, es una lástima que sea así, una lástima para todos, pero sobre todo para el resultado final, para la propia película.

Admitámoslo, el guión se sigue escribiendo a lo largo de toda la película, pero sin el guionista. Y contrariamente a lo que pensamos no es una traición, es un proceso lógico. La reescritura, quiero decir, no la ausencia del guionista.

El rey está desnudo

Cuando el director tiene el guión en la mano, no está sólo. Está rodeado de un equipo en el que cada cuál es un experto en su propio campo. Todos tienen dudas, preguntas, pero más importante aún… todos tienen sugerencias para mejorar el resultado final.

Dudas. Conviene estar atento a las dudas, y muy especialmente, a aquellas en las que coincidan varios miembros del equipo. La historia puede tener todavía incoherencias, fallos de continuidad, contradicciones… y recordemos que lo que en el guión habla, en la pantalla grita.

Preguntas, las habrá a miles. Cada miembro del equipo quiere hacer lo mejor posible su trabajo, pero buscando siempre ajustarse al criterio o el gusto del director. El trabajo del equipo es dar al director opciones, y el del director, elegir. Las preguntas se acumulan a tal velocidad que empiezas tirando de tus ideas, sigues con tu intuición, y finalmente llegas a un punto muy interesante… el reconocimiento de tu propia ignorancia. Cuando llegas a ese punto haces la pregunta más inteligente que puedes hacer dirigiendo: “¿Tú cómo lo ves?”

Sugerencias. Las ideas y aportaciones de tu equipo, valen su peso en oro. Por alguna razón que todavía no entiendo, nos han vendido que un director novel es un genio que sabe de todo, controla de todo, y tiene una seguridad apabullante. Según esta teoría, dudar es mostrar un flanco débil, bajar la guardia, exponerte al ridículo. Dirigir es mandar- te dicen- aunque mandes mal.

Sin embargo, para el equipo, eres transparente. Cuanto más inseguro e inexperto, más se te nota. Cuanto más te encastillas en tu ego, más ridículo eres. El rey está desnudo, y la única forma de empezar a vestirlo es admitir honestamente que sabes lo que quieres contar -es tu condición básica como narrador- e intuyes cómo podría ser… pero necesitas desesperadamente que cada miembro del equipo ponga lo mejor de sí para suplir todas tus carencias.

Bonita idea… me la quedo

Estamos en la escena nueve de una primerísima versión del guión. Es un sueño de Karen, nuestra protagonista. En él, Karen entra en la habitación que preparó para su bebé, un espacio mágico y plácido.

El texto dice:

11. INT. CUARTO BEBÉ – DÍA

KAREN entra en una habitación, la habitación de un bebé, prístina, inmaculada como si ningún bebé la hubiera ocupado todavía.

KAREN entra. Mira alrededor, cada rincón y detalle, con alegría, como si reconociera esa habitación.

Meses después de escribir esto, empiezo a desglosar el guión plano por plano con el director de foto, Ismael Issa. Enseguida nos damos cuenta de que este momento es clave. Nos estrujamos el cerebro para intentar hacer algo especial, mágico, que dé el tono de lo que es el mundo onírico de Karen.

Llego a esta propuesta, la última que escribo:

11. INT. CUARTO BEBÉ – DÍA

(Secuencia onírica)

KAREN entra la habitación de un bebé. Al fondo hay una cuna. Karen se dirige hacia ella. La paredes de la habitación están decoradas con imágenes de planetas, naves espaciales. Sobre la cuna hay un móvil de planetas.

Karen avanza hacia la cuna, y al hacerlo, las paredes de la habitación se expanden, y el techo se comba formando una inmensa cúpula. La decoración de las paredes llena la cúpula, y los dibujos se transforman en estrellas y constelaciones.

A Isma le gusta la propuesta, y decidimos que lo vemos como un plano fijo, contrapicado. La actriz entra por el lado derecho de cuadro y avanza hacia la cuna, que está al fondo. Mientras la actriz avanza, de espaldas a cámara, la habitación se está transformando en una cúpula, en el universo. Es un sitio que emana paz, el refugio de nuestra protagonista que le proporciona un descanso reparador. En el storyboard, la idea quedó plasmada así:

Evidentemente, el plano tenía que hacerse con efectos especiales, rodándolo sobre fondo chroma. Nuestro FX-Man, Gonzalo Caulonga nos dice que está seguro de que, si le damos tiempo,  puede hacer algo que quede muy bien. Pero necesita más concreción en lo que queremos de él. Exactamente… ¿cómo es el plano?

La directora de arte, Cristina Mampaso, dice que a ella, la escena le recuerda a una de esas lámparas de noche que proyectan sombras en la pared… mmm… una fuente de luz que gira y proyecta la forma de los planetas en las paredes del cuarto.

Alguien -prometo que no recuerdo quién- dice que tenemos una fuente de luz… el Sol del móvil de planetas diseñado por nuestra ayudante de decoración, Elisa Correa.

¿Y si el Sol se incendiara y proyectara con su luz a los otros planetas sobre las paredes del cuarto?

Diseño: Elisa Correa

Diseño: Elisa Correa

Finalmente llegamos a la siguiente planificación:

1.- General contrapicado de Karen avanzando en el cuarto, que por ahora es un cuarto de bebé minimalista con predominio de blancos.

2.- Detalle del móvil de los planetas girando, hasta que nos quedamos con el Sol, que se torna incandescente y con su luz… transforma el cuarto.

3.- General contrapicado de nuevo, vemos el cuarto plenamente transformado en el universo.

Gonzalo nos ha hecho una prueba de éste último momento, que no es ni de lejos definitiva, para abrir boca y que nos vayamos haciendo una idea de cómo podría quedar.

Vídeo disponible en http://www.oniric-the-movie.com, pestaña MAD/NYC

Así pues, el guión siguió escribiéndose, hasta el rodaje. Y seguirá, ya que estamos en la fase de montaje con Ángel Hernández Zoido, la reescritura final.

En todo este largo proceso el guionista estuvo presente porque también era el director. Pero mi pregunta, mi gran pregunta es: ¿Si no hubieran sido la misma persona, no podría haber estado también presente? Quiero decir, ¿los guionistas no estamos en ese proceso porque nuestro trabajo ha terminado, o porque tradicionalmente se nos excluye del mismo? Si se nos dejara estar en este proceso ¿no seguiríamos contribuyendo igual que lo hacemos hasta llegar a él? Y para ser justos, ¿sabríamos todos estar en nuestro sitio y estar por la película del director en lugar de intentar salvaguardar nuestra última versión de guión a toda costa?

¿Mi respuesta?

Los guionistas estaríamos encantados de seguir acompañando el proceso, de no vernos apeados tan pronto de la película. Y seríamos francamente útiles. Pero para ello, y sé que muchos no estaréis de acuerdo conmigo, deberíamos aprender a ocupar el mismo sitio que ocupan los otros miembros del equipo: alrededor del director, ofreciendo alternativas y dejándole ejecutar su papel, es decir, dejándole dirigir.

Nuestros guiones no están escritos en piedra. Están escritos en papel con la voluntad de transformarse en imágenes, luz y sonido. En el camino hay tantas contingencias, imprevistos, condicionantes… que nosotros mismos cambiaríamos veinte veces el guión para buscar la mejor solución sobre la marcha. Si nos dejaran.

Gestión de tiempos y planificación

A petición de Panov, una breve nota sobre el tema, que podemos ir ampliando en comments. Todo en un corto responde a un simple binomio: tiempo y dinero. A falta de uno, tiene que haber mucho del otro. Los primeros mails que cruzamos sobre Oniric datan de un año antes de ponernos a rodar.

En los cortometrajes la gente te da su tiempo, es decir, dinero que no les puedes pagar. Te dan mucho, mucho tiempo. Debes apreciarlo, buscar la forma de que todo el mundo que está involucrado vea su trabajo y su nombre reflejado en el resultado final. Nunca se dice suficientes veces: “Gracias”.

De nuevo, la cosa está en confiar en el equipo. En mi caso, los productores Cecilio Chaves y Javier Ercilla por un lado, y mis ayudantes Aitor Basterretxea y Txemi Alonso por otra, a los que conocí gracias a Sergio Barrejón. Que no te cuenten ni la décima parte de las gestiones que hacen no significa que no las estén haciendo. Insisto, ser director no es controlarlo todo. Tu ansiedad no acelera las cosas, las hace más difíciles.

Y paciencia. Mucha paciencia. El rodaje se retrasa al menos un par de veces. No pasa nada. La localización perfecta es muy cara, o no dan permisos. Tu equipo ya tenía otra prevista. Tu protagonista empieza una película cuando ya estaba confirmado el rodaje ¿Y qué le vas a hacer? Es lógico que la haga… ya colaboraréis en otro proyecto.

Cuando llegues al rodaje, por extraño que parezca, el objetivo no es sufrir, gritar y estar tenso como si estuvieras al mando de una galera… sino todo lo contrario. Ya que todo el mundo ha hecho todo lo que podía hacer y más, solo queda disfrutar de la experiencia.

El trabajo con el actor

Mucho me temo que me estoy alargando y este es un tema que merece un post propio, pero a petición de Elena Cobos, intentaré dar un apunte.

Dirigir actores es en sí mismo un arte, como lo es actuar. Requiere años y un entrenamiento constante. Yo he dado mis primeros pasos, como en tantas cosas de este oficio. Como todos los primeros pasos, es emocionante ver que te tienes en pie. Pero el objetivo no es poner un pie delante del otro mientras te agarras a lo primero que tienes a mano, sino andar… y llegar a correr.

Tres consejos.

El primero, es dosificar la cantidad de información que se le da al actor. Los guionistas tenemos toda la información de la historia, toda ella en la cabeza, con sus detalles  y matices. El actor sólo necesita la información que pueda ayudarle a construir su personaje. Y además, en los ensayos, es preferible que el actor vaya descubriendo esa información paso a paso, de manera que llegue por sí mismo a las deducciones a las que llegaría su personaje. Debemos ayudarle a que transforme nuestra información en los pensamientos de su personaje.

El segundo consejo, cómo no, es buscar ayuda. En mi caso, conté con Inés Piñole, actriz y coach. Fue un lujo tenerla en el casting, los ensayos y el rodaje. Si puedes, búscate a alguien de confianza que pueda darte un feedback sobre cómo avanza el trabajo. Y a poder ser, en esto como en todo, busca alguien que sepa más que tú.

El tercer consejo, el más importante, es hacer un buen casting. Carla Sánchez, Rita Rodríguez, Priscilla Delgado, Aníbal Tártalo, Frank Feys y la propia Inés Piñole, son el elenco perfecto. Enamórate de tus actores, averigua cómo trabaja cada uno de ellos y busca la mejor forma posible de ayudarles a que saquen lo mejor de ellos.

Finalmente

No creo en el cliché del guionista resentido y amargado, que piensa que nadie ha conseguido hacer justicia a sus guiones. Mi trabajo termina cuando entrego el guión. Ahí empieza el trabajo de todo un equipo que, al igual que yo, acierta o se equivoca. Me encantaría seguir siendo parte de ese equipo hasta el final, pero por lo general, no puede ser.

Me niego a pasarme la vida pensando que si yo hubiera dirigido mis guiones, el resultado sería mejor. No quiero pensarlo, quiero intentarlo. Lo peor que puede ocurrir, es que me equivoque. Pero como dijo alguien, el que nunca se equivoca, es que nunca ha hecho nada.

(Podéis visitar la página oficial del corto y también su página en Facebook.)


GUIONISTAS TRAS LA CÁMARA: RODANDO “ONIRIC”

29 diciembre, 2011

por Curro Royo.

Alguien dijo que los guionistas dirigen en defensa propia. Es verdad. Después de años de escribir historias para otros, uno llega a la conclusión de que hay ciertas historias que nunca dejará que caigan en manos ajenas. La única alternativa posible, es intentarlo uno mismo.

Algunos guionistas dan el paso, otros no. Las razones para no dirigir nunca nada propio pueden ser el respeto, la falta de confianza en uno mismo, o simplemente la enorme pereza que te entra ya solo de pensar en levantar un proyecto, conseguir un equipo y un casting idóneos, localizar, ensayar, rodar, posproducir, estrenar y promocionar… y todo con el riesgo de, simple y llanamente, cargarte tu propia historia, es decir… de cagarla.

Finalmente, y tras un largo proceso que intentaré analizar en este post y en otro posterior, me decidí a dirigir Oniric, una historia rodada en inglés, en Madrid, pero ambientada en Nueva York, que explora la frontera entre el mundo real y el de los sueños.

La sinopsis sería tal que:

Después de sufrir una traumática separación y la pérdida de su bebé, Karen decide mudarse a Brooklyn y reconstruir su vida. Tras unos días en la nueva casa, comienza a sentirse cada vez más y más débil: siente mareos, oye ruidos extraños y su agotamiento es extremo. Por muchas horas que duerma, se despierta como si hubiera pasado la noche en blanco. La clave de lo que le sucede, está en sus sueños. Cada noche sueña con una niña, siempre la misma. Karen no la conoce de nada, pero ve con impotencia cómo la pequeña cada vez ocupa más protagonismo, como si noche tras noche estuviera, literalmente, adueñándose de sus sueños.

Cómo acabé dirigiendo

Yo creo hay tres vías principales por las que la gente llega a la dirección, marcadas por los tres pilares que sustentan una película: la técnica, los actores y la historia.

Primeramente están los realizadores. Son gente con formación técnica, que entienden de objetivos, encuadres, movimientos de cámara, iluminación, etc. Los realizadores suelen hacer películas con una buena o muy buena factura, con ritmo y momentos visualmente potentes. El peligro… y sé de lo que hablo pues he trabajado para algunos, es que a veces el realizador puro se enamora de sus propias imágenes, de “momentos”, casi visiones…  y fuerza la historia para poder meter esos momentos, vengan o no a cuento. Incluso los hay que articulan la historia entera en base a esas tres o cuatro visiones que les han arrebatado. Resumiendo, no tienen una visión de conjunto de la historia.

Además, los realizadores puros suelen desconocer, recelar o ignorar la técnica y la sensibilidad de los actores, que se sienten abandonados en medio del plató y terminan dirigiéndose unos a otros, ya que las únicas indicaciones del director son, como han llegado a confesarme,  “Más alto” o “Más lento”.

La segunda vía de acceso a la dirección suele ser la interpretación. Actores y actrices que se ponen detrás de la cámara. Tienen a su favor, teóricamente, un conocimiento privilegiado del mundo del actor, de su forma de preparar los personajes, de encarar las escenas, de sacar lo mejor de la interacción entre los miembros del elenco. La única vez que estuve a punto de escribir un guión para que lo dirigiera una actriz, bastante consagrada por cierto, tuve la sensación de estar en manos de alguien bastante inseguro y neurasténico, con escasa preparación técnica y mucha intuición, mucho sentido del arco dramático del personaje, pero de nuevo una enorme carencia de visión del conjunto, del entramado de la historia, de la estructura.

Por último, estamos los guionistas. Empecemos por decir que somos señores y señoras que escribimos, y además lo hacemos en nuestra casa. No puede haber nada más alejado de escribir que estar en medio de un plató respondiendo todo tipo de preguntas, desde el color de un vestido a la ondulación de un peinado, pasando por el tamaño de un plano o si la mirada del personaje tiene raccord con algo ya grabado.

Rodaje en exteriores de "Oniric"

En cuanto al apartado técnico, el territorio del realizador, he decir que los guionistas sabemos de planos y narrativa audiovisual mucho más de lo que nosotros mismos nos imaginamos. De entrada, somos los primeros en ver la película… en nuestra cabeza. El noventa por ciento de nuestro esfuerzo consiste en transcribir en el papel una historia que ya podemos ver y sentir. Al contrario que otros profesionales, somos capaces de ver el conjunto y el detalle, somos los únicos que tenemos toda la película en la cabeza, a excepción tal vez del montador, que no deja de ser alguien que reescribe la última versión del guión con lo ya rodado.

Sin embargo, el que sepamos qué queremos contar, no significa que sepamos cómo contarlo… o incluso peor aún, que lo que queremos contar sea técnica o económicamente viable.

En cuanto a los actores, los guionistas no solemos tener trato con los intérpretes de nuestras series o películas. Acudimos al plató a una lectura de guión, o de visita. Estamos deseando conocer y tratar a los que encarnan nuestros personajes. Aunque lo disimulemos, no somos totalmente inmunes al glamour, al encanto del estrellato. La mayoría, simplemente, nos sentimos cortados ante las estrellas. Si eres actor y lees esto, créeme, cuesta muy poco acercarte a un guionista y decirle simplemente que te gusta su trabajo. Cuesta lo mismo que lanzarle una sardina a un león marino de Faunia, y el efecto es el mismo… aplaudirá hasta con las orejas. Actor, actriz… la próxima vez que veas un guionista suelto, salúdalo, alégrale el día.

Trabajando con actrices

Volviendo al tema, yo diría que los guionistas no tenemos la pericia técnica de los realizadores, ni un lenguaje común con los actores. Muchas películas hechas por guionistas noveles, parecen pobres visualmente, y carecen de interpretaciones potentes, o contienen trabajos actorales desenfocados, en los que el actor ha campado por sus anchas y ha ido a su bola de acuerdo a su idea del personaje.

Y es que, admitámoslo, la dirección es un arte multidisciplinar, que requiere del director o directora conocimientos, habilidades y sensibilidades que superan lo que uno haya vivido o aprendido cuando comienza a dirigir.

Ante las carencias propias, sólo cabe formarse, aprender con la práctica, equivocarse, y sobre todo, ser lo suficientemente humilde como para admitir lo que uno sabe y empezar a beneficiarse del conocimiento y la pericia del gran protagonista del cine: tu equipo.

Una buena idea es hacer tus pinitos en un ambiente protegido. Es lo que yo hice durante mi estancia en Carlisle, Inglaterra. Después de mi primer año allí, me apunté a un Master en Producción de Cine Digital en la Universidad de Cumbria. La cosa iba de que los alumnos dirigiéramos nuestros propios cortos. Allí dirigí Randomness, cuatro minutos que me enseñaron un montón y que sirvieron, como digo, para coger confianza.

El curso era más práctico que teórico, por lo que apenas pude rellenar mis lagunas, más bien mares, de conocimientos técnicos. Soy plenamente consciente de mis limitaciones en este campo. Lo era antes de dirigir, pero ya después de haber dirigido el corto, lo tengo claro como el agua.

Si eres de los míos, compañero guionista, estás de suerte, porque eso se puede compensar con un excelente director de fotografía.

Yo jamás sabré ni la cuarta parte de lo que sabe de encuadres, objetivos y movimientos de cámara mi director de foto, Ismael Issa. Consciente de ello, planifiqué el corto, plano a plano, con él. Desde cero. Fue un proceso apasionante y muy creativo. Era una especie de tenis de mesa de “No sé cómo hacerlo, pero yo lo veo así” respondido con un “¿Y si…?”. No se diferenció mucho de una buena reunión de guión, ya que al igual que me ocurre muchas veces con colegas, al final, da igual a quién se le haya ocurrido la idea mientras sea buena.

Los beneficios diferidos de estas maratones de planificación fueron inmensos. Sobre todo en términos de complicidad. He oído muchas veces de historias de pulsos entre directores y su directores de foto, de cómo cada uno quiere hacer su película. Si eres un guionista metido a director, creo que llevas las de perder si te pones a echar pulsos. Yo que tú, invertiría toda esa energía en intentar trasmitirle a tu director de foto la idea que tienes de la película y dejarte sorprender por lo que pueda proponerte.

En cuanto a la dirección de actores, he pasado muchas horas formándome como actor. Mi objetivo no era ni es actuar, sino dirigir.

Mi amor por los actores empezó con un mítico curso dirigido por Mariano Barroso, organizado por la Unión de Actores y ALMA. Aquel curso nos marcó a muchos. Allí descubrí por primera vez que los actores, los de verdad, los buenos, los que aman su oficio… son unos currantes de primera. Los que merecen llamarse actores y actrices con todas las letras pueden echarle todas las horas que hagan falta, realizando un trabajo riguroso y poniendo al descubierto las virtudes y los defectos del texto, que respetan y miman… si está bien escrito.

Después seguí con los cursos de Fernando Piernas. Comenzamos un grupo de guionistas y directores, pero luego nos integramos en los cursos de actores propiamente dichos, haciendo los mismos ejercicios que ellos. Improvisaciones, trabajos con texto, escenas… el lote completo.

Recomiendo vivamente a todo guionista que atraviese la experiencia del actor. No hay nada más formativo… ni más divertido. Todo mi empeño al estudiar con Fernando Piernas era poder adquirir un lenguaje común con el actor, con el objetivo de poder ayudarle, de poder nombrar de forma precisa aspectos técnicos concretos.

El buen actor/actriz intuye por dónde ir, pero necesita alguien que le ayude a escoger entre las posibilidades que se le presentan a cada momento. Todas son válidas, pero no todas colaboran a contar lo que debe ser contado en ése momento. El buen actor sólo necesita eso, una mirada externa que le ayude a elegir y le dé confianza.

Creo que de las tres columnas de las que hablaba antes, la técnica, la dirección de actores y la historia, la primera es la que más fácilmente puede subsanarse. Todo consiste en dejarte el ego en casa y dejar que ese espacio lo ocupe alguien mucho más capacitado que tú en quien puedas confiar. Con el tiempo y la práctica aprendes, espero, y ganas seguridad y perfilas tu propio criterio.

Lo que se refiere a la historia, es nuestro fuerte. Sea buena o mala, eso ya es otra cuestión, conocemos bien la historia que estamos contando, en su conjunto y en su detalle.

Y es en la dirección de actores donde yo diría que el director está más solo o menos protegido, y por tanto el aspecto que requiere un sobreesfuerzo de formación o experimentación. Para cada tarea del rodaje, cuentas en el equipo con un experto, con alguien que sabe mucho más que tú de luz, maquillaje… de lo que sea. Pero el actor, es cosa del director y sólo de él (o ella, se entiende).

En fin, espero todos los comentarios, críticas, adhesiones…. que iré leyendo mientras escribo el siguiente post, con un análisis pormenorizado del paso del guión al rodaje pasando por storyboard.

Mientras tanto, os invito a que visiteis la página oficial del corto y también su página en Facebook.


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